Preludio en Fornax (NGC 1097)

Hay noches en las que la gran estabilidad atmosférica y el cielo oscuro invitan a lanzarse a por aquellos desafíos que tenemos pendientes, objetos que, por alguna u otra razón, siempre han permanecido incompletos en nuestra mente. La noche del 13 de Noviembre fue una de esas ocasiones, desde los cielos del Purche, cerca de Granada pero a una altura suficiente para que, en determinadas noches, la condiciones sean ideales para la observación. No recuerdo haber visto nunca tantas estrellas brillando en Orion, parecía como si todo el cielo estuviera impregnado de polvillo blanco que no eran sino cientos de estrellas que por primera vez asomaban a mis ojos. En mi lista de asuntos pendientes estaba una galaxia de la constelación del Horno, conocida como Fornax. Ya hemos visto en ella a NGC 1360, pero esconde muchos objetos más, en concreto una gran variedad de galaxias, la mayoría de las cuales pertenecen al conocido Cúmulo de Fornax, el segundo más rico existente en un radio de 100 millones de años luz alrededor de nuestra Vía Láctea.

NGC 1097 es una galaxia que no Foto 1097 jetspertenece a dicho cúmulo, sino que se encuentra a medio camino, a unos 45 millones de años luz, con una envergadura similar a nuestra galaxia. Es una espiral barrada de tipo SBr, donde “r” quiere decir que posee una estructura anular. Esta estructura no se aprecia en primera instancia, ya que lo más llamativo a primera vista son sus dos largos y retorcidos brazos espirales, algo deformados, que salen de una barra central muy brillante. La disposición de sus brazos le ha granjeado un puesto en la clasificación de Arp, con el número 77, y también pertenece a la lista de objetos Caldwell, denominándose C67. En esos brazos se encuentran regiones HII dispersas en las que se están gestando estrellas continuamente. Otra zona especialmente interesante es su núcleo, en el cual reside un gran agujero negro. De hecho, NGC 1097 es una galaxia de tipo Seyfert, con un núcleo activo al que rodea un anillo de estrellas que giran a grandes velocidades. Se han encontrado cuatro “jets” o chorros de material que parecen salir disparados del núcleo, constituyendo los más largos de los que se tiene constancia hoy en día. Al principio se achacaba al núcleo activo, pero parece que son los restos de antiguas colisiones con otras galaxias.

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Con estas grandes fuerzas en juego no es de extrañar la peculiar forma de sus brazos, pero es que además hay otro elemento que parece participar en esta marejada, la denominada NGC 1097A. Es una galaxia enana satélite de NGC 1097 que orbita a tan sólo 42.000 años luz del núcleo de su compañera. Es cuestión de tiempo que alcance su núcleo, quizás deformando nuevamente su estructura espiral para dar lugar a una composición totalmente distinta. En materia de astronomía no se puede saber a ciencia cierta el resultado final del lienzo.

NGC 1097 no es fácil de encontrar desde nuestras latitudes, menos aún teniendo en cuenta que la mayoría de sus estrellas principales son de magnitud mayor a 5. Una vez enfocada a bajo aumento resplandece claramente un núcleo redondo y pequeño, casi puntiforme, con un halo muy estrecho y alargado que sale de él a modo de alas, extendiéndose unos 3 ó 4 minutos de arco por cada lado. A 214 aumentos fue cuando noté el cambio más importante. El núcleo central destacaba más claramente, y los bordes nebulosos llegaban más lejos aún. Al principio no pude apreciar nada más, pero tras adaptar la vista completamente noté una zona más brillante y alargada que formaba una diagonal con la barra central. Esa región continuaba hasta llegar a uno de los extremos del halo central, apreciándose entonces claramente uno de sus brazos. Al otro lado y tras varios minutos más pude apreciar el otro brazo, más débil e impreciso, pero claramente visible con un poco de paciencia y la vista descansada. Una estrella se encontraba inmersa en la barra, entre el núcleo y uno de sus extremos.

NGC 1097

Casi en contacto con este extremo, lo que al principio me había parecido una estrella más brillante, se convirtió en una estrella engrosada y difusa, como si fuera una región HII. Por entonces no lo sabía, pero lo que estaba viendo tan claramente no era sino NGC 1097A, la pequeña compañera de la gran galaxia, como pude comprobar a posteriori con fotografías. Si bien los brazos no los pude apreciar en toda su longitud, fue suficiente como para sentir que, por fin, había conseguido conocer a fondo a esta increíble galaxia.

Sorpresas en la ballena (M77 y NC 1055)

El horizonte avanzaba hacia nosotros velozmente formando un túnel de estrellas que se alargaban  como fideos y se perdían a nuestras espaldas. En cuestión de unos minutos pudimos ver, a lo lejos, nuestro siguiente objetivo. Su núcleo brillaba tanto que parecía querer cegarnos, proyectando sombras contra la pared de la sala de mandos. Rodeándolo, dos brazos en espiral salen del centro, perdiéndose en la periferia, y un halo con forma de anillo engloba el resto de la galaxia. Decidí ponerme las gafas de visiFoto aguejero negroón especial y pulsé el botón de Rayos-X. Un espectáculo apareció ante mis ojos conforme nos íbamos acercando. Pude ver enormes masas de gas que estaban siendo absorbidas por el núcleo, como si cayeran engullidas por un torbellino en el agua, girando tan rápidamente que brillaban y expulsaban chorros de radiación hacia los polos de la galaxia. ¿Por qué ocurría eso? ¿Qué empujaba a ese gas a moverse tan rápidamente? La respuesta no se hizo esperar. Nos acercamos lo suficiente al núcleo, atravesando miles de estrellas, como para ver su interior. Mejor dicho, como para no verlo, porque una esfera completamente oscura ocupaba el centro de la galaxia, rodeada por gases y material de acreción que giraban a su alrededor atraídos por ella. Un agujero negro…

M77 es una galaxia especial, no sólo por su inmenso tamaño (170.000 años luz) o fuerte luminosidad, sino porque esconde en su interior un secreto. A 47 millones de años luz, se descubrió en 1908 que esta galaxia presentaba en su espectro líneas de misión similares a la mayoría de nebulosas planetarias, algo que no es lo que corresponde a una galaxia normal (en esa época ni siquiera se sabía realmente lo que era una galaxia). Cuarenta años después, Seyfert se dio cuenta que había más galaxias que, al igual que M77, producían líneas de emisión, y éstas provenían de un núcleo puntual. Dicho espectro era concordante con la idea de gases moviéndose a altas velocidades, del orden de los 8.500 kilómetros por segundo en las zonas más internas (la velocidad habitual de las estrellas y material cerca de los núcleos de galaxias es de 300 kilómetros por segundo en los más veloces…).

Hoy se sabe que en el corazón de estas galaxias, que reciben el nombre de Galaxias Seyfert, hay objetos altamente densos, agujeros negros supermasivos que atraen la materia que hay a su alrededor, de una manera tan intensa que provocan fuertes corrientes y velocidades. El disco de gas que se forma en su periferia, al caer rápidamente al centro del agujero negro, transforma su energía potencial en una explosión de energía en casi todas las longitudes de onda, especialmente en Rayos-X y Ultravioleta, formando lo que debe ser un espectáculo para los seres que puedan identificar dichas formas de energía.

Se distinguen dos tipos de galaxias Seyfert, en función de la visibilidad de sus dos bandas de gases, la cercana (BLR) está situada a apenas 1-2 años luz del núcleo, y la lejana (NLR) lo hace a partir de esa distancia (al estar más lejos, sus líneas de emisión son más estrechas, siendo las BLR las más anchas debido a la alta velocidad que presentan. Entre ambas nubes se dispone una región de gases oscuros con forma de toroide (de donut), que, en determinadas posiciones oculta la banda más interna. En las galaxias Seyfert tipo 2, la banda toroidal impide la observación de la BLR, mientras que en las Seyfert tipo 1 podemos apreciar las dos nubes de gas.

Dicho esto nos vamos directamente a M77, o NGC 1068, una galaxia espiral prototipo de las galaxias Seyfert tipo 2. Se encuentra junto a la brillante estrella delta Ceti, compartiendo ocular con pocas estrellas, y especialmente cerca de una de la décima magnitud. Ya a bajos aumentos se aprecia una fuerte nebulosidad redondeada, con un brillante núcleo central. A 125 aumentos el halo de la galaxia casi toca a la estrella vecina y el núcleo adquiere cierta forma ovalada. Con visión periférica pude apreciar el comienzo de los brazos espirales, especialmente el meridional, visible como una prolongación del núcleo a ese nivel. El otro brazo, más débil, se extiende tímidamente hacia el norte.

M77

No acaba aquí la cosa. Si tuviera un ocular de gran campo casi podría verlo a la vez, pero el caso es que muy cerca de M77 tenemos otra galaxia igualmente interesante y totalmente distinta. Ambas forman un marco espectacular en cualquier fotografía de larga exposición. NGC 1055 es una galaxia espiral barrada que tiene la particularidad de ofrecernos su silueta vista de canto y, al igual que M104, nFoto M77 NGC 1055os muestra una barra oscura central que atraviesa su núcleo y la divide en dos. La parte inferior no es tan brillante como en la galaxia del sombrero, pero con amplia abertura y buena noche puede cazarse sin problemas. Esta galaxia se encuentra a apenas 440.000 años luz de M77, formando ambas un par físico, siendo parte del Grupo de Galaxias de M77, con ésta última como eje central. NGC 1055 mide 115.000 años luz y muestra una formación estelar especialmente activa, como se puede apreciar por la emisión de radiación en la longitud de onda del monóxido de carbono caliente, característico de las estrellas en formación.

 NGC 1055 ya se aprecia a bajos aumentos como una mancha difusa alargada, formando un bonito triángulo con dos brillantes estrellas que parecen gemelas. El efecto es especialmente agradable. Necesité subir a 214 aumentos para poder distinguir la parte inferior de la barra oscura, como un débil parche de luz alargado, junto a otra estrella brillante. La mala calidad del seeing me hacía verla intermitentemente, pero allí estaba, enviando sus fotones desde tan lejos.

NGC 1055