Viajando en el tiempo (M22)

Hoy vamos a hablar de un “gigante del pasado” con todas las de la ley, uno de los más brillantes cúmulos globulares que podemos ver desde la “estación espacial” que llamamos Tierra. Pero, para hablar de M22, antes tenemos que tener algunas nociones sobre los cúmulos globulares, para no limitarnos a ver con los ojos. Retrocedamos en el tiempo, concretamente 12.000 millones de años atrás, cuando el universo tenía apenas 2.000 mil millones de años de edad.

Vamos en nuestra nave espacial recién lavada, propulsada por antimateria, y el universo es tan distinto a como lo conocemos que nos perderíamos si no fuera por nuestro sofisticado sistema de navegación. Miramos por el gran ventanal de la sala de mandos. El gran vacío se abre ante nosotros, un vasto universo negro como el carbón con pequeñas islas de luz dispersas. Algunas tienden a agruparse, formando el caldo de cultivo de futuros cúmulos galácticos. Nos acercamos a una de estas jóvenes galaxias, un hervidero de estrellas en ebullición en el que predominan los tonos azules. En uno de los brazos nos sorprende la aparición súbita de un brillante punto de luz que nos deslumbra. La observamos maravillados, sonriendo por la gran casualidad que supone estar escuchando en ese mismo momento “Champagne Supernova” de Oasis. Esa estrella que acaba de explosionar será la responsable de la formación de un centenar de progenitores. Pero hay algo más que llama la atención. Rodeando a la galaxia hay pequeñas nubes redondeadas, dispersas, que se concentran sobre todo alrededor del núcleo. Dirigimos la nave hacia una de esas nubes y vamos viendo que está formada por cientos, no, miles de estrellas, densamente agrupadas. Están tan juntas en el centro que apenas pueden distinguirse individualmente. En unos minutos nos encontramos en sus redes, entre un millar de estrellas tan brillantes que proyectan nuestra sombra contra la pared. Me asombra pensar que esa inmensa formación de estrellas seguirá ahí en la época de la que venimos…

Así es, los cúmulos globulares son formaciones de estrellas que surgieron al mismo tiempo que se formaron las galaxias, son fósiles vivientes que han pasado entre 10 y 12 mil millones de años aislados, ajenos a los procesos de formación estelar de los brazos de las galaxias. De hecho, en ellos no quedan restos de las nubes y polvo que formaron sus estrellas, tan solo decenas o cientos de miles de astros, la mayoría en un estado evolutivo bastante avanzado. Estudiando sus componentes podemos conocer de primera mano cómo eran las estrellas primigenias que dieron lugar a nuestra galaxia, de ahí su gran importancia. Se piensa, además, que los cúmulos globulares más masivos llegaron a ser el núcleo de galaxias enanas que, al colisionar con la nuestra, terminaron por descomponerse. Sea como sea, es impresionante poder ver desde nuestro planeta a estos solitarios cuerpos que viajan a nuestro alrededor. Tras ellos sólo hay vacío, el inmenso vacío intergaláctico (que no es tan vacío como parece) y, después, más y más galaxias, hasta donde la imaginación esté dispuesta a llegar.

M22 se encuentra a tan sólo 10.600 años luz de nosotros, en dirección al núcleo galáctico. Tenemos que agradecer que su brillo no quede eclipsado por las enormes masas gaseosas que suelen poblar esta zona. Este cúmulo globular fue de los primeros en ser descubierto, en 1665, por Abraham Ihle. Es un monstruo formado por 83.000 estrellas, todas ellas hermanas que nacieron hace unos 12.000 millones de años. Su fuerte brillo lo hace visible a simple vista cuando la noche es oscura, sorprendiendo a cualquiera que se acerque a él mediante un telescopio. Realicé este dibujo desde el Puerto de la Mora, cerca de Granada, la noche en que la presencia de un jabalí me hizo recoger las cosas y volver a casa.

La mejor visión la obtuve con el Hyperion de 13 mm, que proporciona unos agradables 125 aumentos, más que suficientes para disfrutar de este espectáculo. Un fuerte núcleo repleto de estrellas perfectamente resueltas domina el centro de la imagen, con una región periférica también colmada de puntos brillantes. Una gran cantidad de estrellas se pierde, además, en una nebulosidad que se deja entrever tras las más brillantes. Destaca, en esta periferia, la agrupación de estrellas en forma de “salientes” radiales con origen en el núcleo. Es como si de la zona central salieran dos “espinas” hacia arriba. En el centro, de forma horizontal, se aprecia también una franja más brillante que termina sobresaliendo hacia la derecha. Una estrella centellea con una intensa tonalidad rojiza, como si fuera el guardián de ese cúmulo de joyas. Mayores aumentos tampoco desmerecen la imagen, destacando las brillantes estrellas del núcleo, tan juntas que parece como si fueran a fusionarse.

M22

Pero aquí no termina el interés de este objeto. En 1989 se describió la presencia de una nebulosa planetaria en su interior, convirtiéndose así M22 en uno de los cuatro cúmulos globulares en los que se conoce la existencia de estos cuerpos. Por otro lado, recientemente se ha corroborado, gracias a ondas de radio, que en su interior residen 2 agujeros negros, de una masa entre 10-20 masas solares. Además, los cálculos pertinentes parecen indicar la presencia de 5 a 100 de estos cuerpos dispersos en M22 (al final va a resultar que estamos rodeados de agujeros negros…).

Por si fuera poco (y por último), trabajadores del Hubble monitorizaron el brillo de las 83.000 estrellas cada 3 días durante 4 meses, y obtuvieron resultados interesantes. Pudieron comprobar que algunas estrellas alteraban muy levemente su brillo durante unas horas (una durante 18 días), debido al efecto de “microlentes” que produce la gravedad cuando altera el recorrido de la luz (ya hablaremos de ello en otro momento). Dicho estudio mostró la presencia de cuerpos de una masa 80 veces mayor que la de la Tierra que van “flotando” a través de M22 sin orbitar ninguna estrella en concreto. Son planetas “errantes”, nunca mejor dicho, que parecen haber perdido la atracción por su sol. Imaginemos por un momento al habitante de uno de estos planetas gaseosos (si fuera posible el mantenimiento de su atmósfera) en su periplo a través de un cielo poblado por mil estrellas tan brillantes, e incluso más, como Venus. Él sí que se encontraría con una noche estrellada.

Nucleo m22

(Detalle del núcleo de M22, Hubble)

Navegando por M8

A veces las circunstancias parecen alinearse y empujarnos a hacer algo que no teníamos previsto. Anoche cogí el telescopio y salí hacia el Puerto de la Mora, una zona cercana a Granada lo suficientemente oscura para que la Vía Láctea se muestre densa y brillante. Poco antes de llegar una nube densa pero fina amenzaba la zona norte, pero me he acostumbrado a que la mayoría de las veces se desvanecen al caer la noche. Pero no fue así.
Había hecho una lista con algunos objetos para ver en la región circumpolar, desde Draco hasta Cassiopea, aprovechando que ahora están en su mejor momento. Además, dejé anotado junto a la lista “dibujar M8”, como alternativa si me sobraba tiempo. Sin embargo, la nube fue aumentando de tamaño y expandiéndose de forma radial, llegando a cubrir todo el cielo excepto las constelaciones de Sagitario y Escorpio. Entre ambas brillaba a simple vista una pequeña condensación, M8, que parecía querer arrastrar al buscador de mi telescopio hacia ella. No me opuse. Me senté y, con toda la paciencia del mundo, comencé a dibujar las estrellas más brillantes primero, las más débiles después, y, finalmente, el mar de nubes que había en el ocular (no me refiero aquí a nubes atmosféricas). La nebulosa lindaba con la cúpula de luz de Granada, y aún así me retuvo una hora frente a ella. No quiero imaginarme cómo tiene que ser desde un cielo limpio y meridional.
M8 final
M8, también conocida como NGC 6523 o Nebulosa de la Laguna, es una inmensa aglomeración de gases y estrellas que se encuentra a casi 5.000 años luz de nosotros. Más que una tranquila laguna, es una tormenta de hidrógeno cuyos fuertes vientos promueven la formación de estrellas, un verdadero hervidero estelar cuyos fotones nos regalan una de las imágenes más impactantes de todo el cielo. Como muestra de tan alta actividad proliferativa, en M8 se han encontrado Glóbulos de Bok (nubes oscuras de gas y polvo en cuyo interior se forman estrellas, son cuerpos muy fríos que favorecen de esa manera la condensación de las partículas) y objetos de Herbig-Haro (nebulosas que salen de estrellas recién formadas, en forma de chorros a presión).
Recibe el nombre de M8, pero en realidad se compone de distintos tipos de objetos. Por un lado, el cúmulo de estrellas recién formadas (NGC 6530), formado por un centenar de ellas, que proporcionan una interesante visión a cualquier aumento. Por otro lado, la propia nebulosa que ha dado lugar a dichas estrellas, que pertenece a la región Sagitario OB1. Es una nebulosa de emisión que brilla cuando la radiación de sus estrellas ioniza el hidrógeno que la compone. Encontramos tres zonas más diferenciadas de gases, denominadas NGC 6523, NGC 6526 e IC 1271, cada una con características peculiares y unidas en un gran marco.
Esa noche estaba decidido a ver M8 con la dedicación que se merece, como si fuera el objeto más difícil de observar. Comencé con el Hyperion 13, con 125 aumentos, y el filtro UHC. Como quien ve algo por primera vez, empecé a mirar detenidamente cada parte del ocular, que se encontraba ocupado plenamente por nebulosidad heterogénea. La gran “laguna” me recuerda en realidad a un gran río que, serpenteando, rodea una inmensa isla de luz. A un lado de este canal brilla NGC 6523, la parte más brillante. En ella destacan dos estrellas y un aumento de la densidad del gas conocido como el Reloj de Arena. Nunca había intentado verlo porque no me imaginaba que fuera posible. Ayer lo conseguí sin problema, tanto a 125x como 214x. Es una zona muy densa y caliente ionizada por Her36 y 9 Sgr, en la cual tienen lugar fuertes vientos que estimulan la formación de estrellas. Es impresionante en esta fotografía del Hubble. Sentí un escalofrío cuando la reconocí tan fácilmente.
HST_Lagoon_arXiv
Me extrañó ver, así mismo, una especie de entrante oscuro entre las dos brilantes estrellas 9 Sgr y HD 164816. No obstante, lo plasmé en el dibujo para comprobarlo al llegar a casa. Allí estaba esa porción de nube oscura. Es muy gratificante ver algo que no conoces sin tener que recurrir a fotografías previamente (es relativamente fácil “adivinar” algo cuando sabes el punto exacto).
Al otro lado del “río” encontramos el cúmulo estelar inmerso en más trazos de nebulosidad, con distintas densidades y formas, llenando el ocular a cualquier aumento. A 65x la zona ocupada por nebulosa aumenta considerablemente, siendo para mi gusto más impresionante que la mayoría de fotografías. Aquí os dejo un dibujo con los detalles de los principales objetos:
M8-detalles
Una vez terminado el dibujo me dispuse a ver M22, pero entonces el gruñido de un jabalí enfadado en un matorral cercano me hizo subirme al coche (al capó, no dentro) de un salto. Consideré en ese momento que la noche había sido suficientemente provechosa y estimulante (y no tengo entre mis planes enfrentarme a un jabalí), así que lo dejé tranquilo en su territorio y volví a mi guarida.