Dos planetarias de verano (NGC 40 y NGC 6826)

La estación estival nos brinda la oportunidad de observar un buen número de nebulosas, tanto planetarias como difusas. En esta ocasión nos vamos a centrar en dos nebulosas planetarias, el vestigio de la muerte de dos estrellas, en Cefeo y en el Cisne.

NGC 40 o Caldwell 2, situada muy cerca de Errai o gamma Cephei, es una planetaria que se encuentra a 3.500 años luz de nosotros, y presenta una serie de peculiaridades que la hacen digna de observar. Por un lado su estrella central es bastante brillante, con una magnitud de 11.6, y se considera una estrella de Wolf-Rayet (en esta entrada hablábamos sobre ellas). Esto es equivalente a altas temperaturas (50.000 ºC), rápida pérdida de su envoltura y fuertes vientos que modelan los gases que la rodean. A estos vientos se deberá, probablemente, el curioso revestimiento que la rodea, que semeja un óvalo que es cortado en dos lados opuestos, de forma que la estrella central parece flanqueada por dos paréntesis o líneas curvas independientes.

Al telescopio es realmente interesante. A 65 aumentos ya se aprecia como una estrella ensanchada y borrosa, que queda perfectamente definida cuando usamos 125 aumentos. Entonces se ve cierta forma ovalada en su forma, y se aprecian perfectamente los dos “paréntesis” que rodean a una brillante estrella central. Uno de los paréntesis parece tener distinto grosor en uno de sus extremos. Hacia el interior, una clara nebulosidad inunda el resto del espacio hasta llegar a laestrella. A 214x el contraste mejora notablemente, es una nebulosa que aguanta muy bien los aumentos, así que decidí hacer el dibujo con el ocular Omegon de 7 mm. El campo, para ser hecho a tanto aumento, es bastante rico en estrellas.

Tras un rato de adaptación pude ver algo que se situaba en la envoltura de la nebulosa, un nódulo, pensé primero. Tras mirar con detenimiento comprobé que era una pequeña estrella inmersa en la capa externa, muy cerca de uno de los paréntesis, aportando a todo el conjunto un agradable broche.

NGC 40

El siguiente objetivo fue NGC 6826, otra nebulosa planetaria que brilla en un campo plagado de estrellas en la constelación del Cisne, bajo una de sus alas.  El cisne vuela, pero lo hace lentamente, de forma que dispondremos de varios meses para recorrerlo entero, gracias al alargamiento de las noches de otoño. Esta nebulosa forma parte también del catálogo Caldwell, con el número 15, y es conocida como la Nebulosa Parpadeante (Blinking planetary).

NGC 6826 se encuentra un poco más cerca que NGC 40, a 2.000 años luz de distancia, y su diámetro es algo menor. Como la mayoría de nebulosas planetarias, tiene forma esferoidal, con algunos matices que vamos a ver. En fotografías puede apreciarse cómo NGC 6826 está compuesta por dos capas superpuestas, una mayor redondeada, y otra menor This gallery shows four planetary nebulas from the first systematic survey of such objects in the solar neighborhood made with NASA's Chandra X-ray Observatory. The planetary nebulas shown here are NGC 6543 (aka the Cat's Eye), NGC 7662, NGC 7009 and NGC 6826. X-ray emission from Chandra is colored purple and optical emission from the Hubble Space Telescope is colored red, green and blue. A planetary nebula is a phase of stellar evolution that the sun should experience several billion years from now, when it expands to become a red giant and then sheds most of its outer layers, leaving behind a hot core that contracts to form a dense white dwarf star. A wind from the hot core rams into the ejected atmosphere, creating the shell-like filamentary structures seen with optical telescopes. The diffuse X-ray emission is caused by shock waves as the wind collides with the ejected atmosphere. The properties of the X-ray point sources in the center of about half of the planetary nebulas suggest that many central stars responsible for ejecting planetary nebulas have companion stars.más elíptica. Estudios de 1990 sugieren que la forma elíptica de la nebulosa se debe a la presencia de una estrella compañera que fue evaporada por la estrella central. Al parecer, esto explicaría su forma ovoidea, mientras que la capa más externa, invisible al telescopio visual, es perfectamente redonda.

Además la nebulosa posee dos zonas polares iluminadas de forma características que son conocidas como FLIERs (o Regiones de Emisión Rápida de Ionización-baja… Sería una traducción aproximada), que podemos encontrar en otras nebulosas planetarias. Parece que provienen de fulguraciones de la estrella central y alcanzan velocidades supersónicas. Nuevos estudios en el futuro podrán comparar su movimiento actual y establecer un poco mejor su naturaleza.

Su estrella central brilla con una magnitud 10.6, y es este alto brillo el responsable de su efecto “parpadeante”. Efectivamente, cuando observamos NGC 6826 a bajo aumento se produce un curioso fenómeno, una especia de ilusión óptica. Si miramos la estrella fijamente, la nebulosa desaparece, y cuando miramos a otro lado, la nebulosa resurge ante nuestros ojos, como si estuviera parpadeando realmente. Este efecto dejé de notarlo a mayores aumentos.

Como la mayoría de planetarias, soporta estupendamente altos aumentos sin pérdida de la calidad de visión, siempre que la noche sea estable. A 214x la imagen era estupenda. La brillante estrella rodeada de una clara esfera nebulosa, con gran brillo superficial, al lado de una bonita estrella. Pero esa noche buscaba algo más. Había visto imágenes de los FLIERs y me pregunté si estarían al alcance de mi telescopio. Dediqué un buen rato a NGC 6826, usando la visión periférica en distintos ángulos, respirando más rápido, menos… hasta que finalmente noté un punto brillante en uno de los lados de la nebulosa. Al principio pensé que había sido sugestión, pero volví a intentarlo de nuevo y pude comprobar reiteradas veces que ese “algo” estaba ahí. Posteriormente confirmé por su posición que era uno de los FLIERs, el opuesto a la estrella más cercana. El otro me fue totalmente imposible, habrá que buscar mejores noches (y más horas de práctica).

NGC 6826

Decesos marinos (NGC 7293 y NGC 7009)

Acuario es una de esas constelaciones “difíciles” que no tiene una forma clara, como podríamos decir del Escorpión o el Cisne, por ejemplo. Está en una zona, además, que no tiene grandes estrellas que ayuden a orientarse, ni famosos objetos para ver. Pero objetos tiene, y lo suficientemente interesantes como para dedicarles una entrada sólo para ellos. En el cielo encontramos distintas etapas de la vida de una estrella, desde que nace hasta que muere. Ahora nos vamos a centrar en esta última fase, usando a dos grandes exponentes, como son NGC 7293 y NGC 7009.

NGC 7293, también conocida como la nebulosa de la Hélice o el ojo de Dios, es una nebulosa planetaria famosa en el mundo entero, aunque la mayoría de la gente no conozca su nombre ni su naturaleza. Ha tenido el honor, además, de ser la portada de la versión de 2014 de la mítica serie Cosmos, de Carl Sagan. Es una nebulosa peculiar por varios motivos. A diferencia de la mayoría de nebulosas planetarias (poniendo como comparativa a M57), NGC 7293 es enorme, ocupando 25 minutos de arco. Este gran tamaño se debe, sencillamente, a que es una de las más cercanas a nuestro sistema solar, flotando a unos 700 años luz. No está formada simplemente por una envoltura de gas, sino que estudios recientes indican que tiene dos discos gaseosos, producidos en distintas épocas. Uno inicial que se formó hace unos 12.000 años, y otro, que se desplaza más rápidamente, hace 6.600 años. Son, ambos, el resultado de la expulsión de las envolturas más superficiales por parte de una estrella moribunda que va siendo comprimida por la fuerza de la gravedad. Al calentar el hidrógeno de las capas más superficiales (su interior ya es rico en Helio), el gas se expande y es expulsado hacia el exterior.  Esta estrella, que va camino de convertirse en una enana blanca, emite una gran cantidad de radiación al comienzo de su muerte, lo cual excita los átomos de la nebulosa y los hacen brillar. Fotografías de larga exposición revelan la presencia de “cometas”, nebulosidades pequeñas que parecen desplazarse de la periferia al centro, con una cola a sus espaldas. En un principio se planteó la hipótesis de que fueran verdaderos cometas procedentes de una “nube de Oort” de la nebulosa, pero posteriormente se comprobó que cada uno de esos núcleos cometarios tiene un diámetro superior al de nuestro sistema solar, dinamitando dicha hipótesis. Qué contienen realmente, sigue siendo un misterio, pero no deja indiferente contemplar esas nubes que son golpeadas por la radiación de la estrella y vestidas con una iridiscente estela de gas.

CometariosNGC 7293 es una buena oportunidad para estudiar las nebulosas planetarias, gracias a su ya mencionada cercanía. Es un objeto muy amplio y con un brillo superficial muy bajo, factores por los cuales probablemente pasaría desapercibido hasta su descubrimiento 1.824. Con prismáticos ya se aprecia como una mancha amplia y difusa, por encima de la constelación Piscis Austrinus (Folmahaut nos puede servir de referencia).

A bajos aumentos, con el telescopio, ya se aprecia como una gran esfera en forma anular, vagamente discernible si no es con filtros, en medio de tres brillantes estrellas que forman un triángulo. Una vez colocamos el filtro OIII, la nebulosa aparece ante nosotros sin atisbo de timidez. Personalmente la mejor visión, para captar ciertos detalles, la obtuve a 125 aumentos. Se puede apreciar la estrella central, no especialmente brillante, acompañada por una decena de tenues estrellas inmersas en la nebulosidad. Ésta tiene una clara forma de anillo de humo, con el centro de menor brillo superficial. La adaptación a la oscuridad es crucial en este tipo de objetos. Al cabo de varios minutos pude percibir que la circunferencia interna no era una circunferencia perfecta. Tenía un entrante en su zona norte, un cabo que penetraba en el vacío interior (no es vacío realmente, a simple vista se aprecia cierta nebulosidad de menor intensidad que la periferia). Poco después pude comprobar que la parte exterior del anillo tampoco era redonda, destacando un “pico” que se prolongaba hacia una de las estrellas que lo rodean. Con visión periférica se adivinaban ciertas irregularidades más a lo largo del disco, dando una imagen espectacular. Eché en falta, sin embargo, la sensación de “doble hélice” que muchos refieren. Supongo que será cuestión de práctica y buenos cielos (esa noche tenía buenos cielos, así que me queda practicar).

NGC 7293

La otra nebulosa planetaria que esconde la constelación de Acuario es NGC 7009, también conocida como la nebulosa Saturno. Descubierta por Herschel y nombrada por Lord Rosse, se encuentra a una distancia entre 2.000 y 4.000 años luz de nosotros, bastante más lejos que NGC 7293. Su nombre proviene de la forma característica que presenta desde nuestra perspectiva, con dos nódulos bipolares que semejan los anillos de Saturno, visto de perfil. La causa de esta formación se desconoce, como tantas cosas: distintas densidades, vientos intensos dentro de la nebulosa… Pero eso no nos impide poder disfrutar del espectáculo que supone.

Al telescopio hacen falta ciertos aumentos para ver esta estructura característica. A 65x ya muestra un alto brillo superficial, viéndose como una estrella engrosada que resalta sobre el resto. A 125 aumentos, en una buena noche, ya se aprecian sin problema los dos nódulos, a modo de asas. El filtro OIII ayuda a verla más brillante, pero, personalmente, no obtuve mayor definición, con lo cual prefiero la imagen sin filtro. A 214x resaltan algo más las “asas” y, siendo la calidad atmosférica aceptable, decidí dibujarlo con el ocular de 7 mm. A los pocos minutos noté cómo un halo rodeaba a la parte más brillante, no sé si sería reflejo o gaseoso, pero lo plasmé en el dibujo. Su estrella central tiene una magnitud de 11.5, fácilmente alcanzable con cualquier instrumento óptico… Sin embargo me fue totalmente imposible apreciar cualquier atisbo de estrella. Quiero suponer que fue debido a que está rodeada por una capa de gas brillante que lo enmascara ante la vista. Sea como sea, es un buen aliciente para observarla una y otra vez, buscando esa estrella que juega al escondite.

NGC 7009

Superhéroes en Andrómeda

No, no vamos a hablar de la Galaxia de Andrómeda. Ella tendrá su momento de gloria en otro momento, pero hoy le toca el turno a tres objetos de su propia constelación que tienen el valor de plantarle cara con sus interesantes detalles. Vamos a hablar de dos peculiares galaxias (NGC 891 y NGC 404) y una bonita nebulosa planetaria (NGC 7662), todas ellas accesibles a telescopios de pequeña abertura, aunque para distinguir ciertos detalles necesitaremos más anchura y, sobre todo, buenos cielos.

Comenzamos por una galaxia, NGC 891, que está incluida además en el catálogo Caldwell con el número 23. Tiene una importante peculiaridad: es una galaxia extremadamente similar a la nuestra, así que podemos apreciar cómo nos vería un extraterrestre desde una galaxia vecina, viéndonos de perfil (desde NGC 891 no podrían vernos, porque estaríamos ocultos por el plano medio de su “vía láctea”, tras oscuras nebulosas, como ahora veremos). Se encuentra a unos 32 millones de años luz, bastante lejos de los límites de nuestro Grupo Local, y mide 110.000 años luz de diámetro. Pertenece al denominado Grupo de NGC 1023, acompañando a esta y a otras 40 galaxias, que se alejan de nosotros a unos 500 km por segundo. Para hacernos una idea, cuando la luz de NGC 891 salió hacia nosotros, en la tierra ni siquiera existían los simios. Fue en esa época cuando se congeló la Antártida y los mamíferos se diversificaron y comenzaron a evolucionar rápidamente.

Foto - NGC 891

Su característica más llamativa, quizás, sea la impresionante franja oscura que atraviesa la galaxia de extremo a extremo, que puede apreciarse en todo su esplendor en fotografías de larga exposición. Además, se ven entrantes oscuros perpendiculares a esta línea, como desgarros violentos que son muestra de que el universo es cualquier cosa menos estático. Estos “dedos” oscuros pueden llegar a medir 4.500 años luz, y se deben probablemente a explosiones de supernovas. En su núcleo hay una gran región HII que hace patente su activa formación de estrellas y hace suponer, gracias a recientes estudios, la presencia de una barra central similar a nuestra galaxia.

Al telescopio es fácil de ubicar, al lado de la impresionante estrella Gamma Andromedae o Almach, que ya podemos aprovechar para ver de camino (dos componentes a 9.8’’ de distancia y con un contraste de color impresionante, azul y amarillo) y que merece una entrada a parte. NGC 891 es una galaxia de relativo bajo brillo superficial, cosa que hay que tener en cuenta al buscarla. Una vez en el ocular, obtengo la mejor visión a 125 aumentos, como la mayoría de los objetos que he visto últimamente (el Hyperion 13 mm es una maravilla…). Se aprecia perfectamente su silueta de perfil y un brillo de mayor intensidad en el núcleo, que se va perdiendo hacia los extremos. Es grande, más de lo que parece en un primer momento. La primera vez que la vi no tenía apuntado ningún detalle sobre ella, así que tuve que pestañear y volver a mirar varias veces para convencerme de que estaba viendo una línea oscura que la atravesaba por el centro, de modo similar a NGC 4565 (un poco más débil, según recuerdo). Mayores aumentos disminuyen el brillo global pero no hacen desaparecer la barra oscura.

NGC 891

El siguiente objeto es NGC 7662, una nebulosa planetaria a medio camino entre las constelaciones de Andrómeda y Lacerta, situada a una distancia de 2.000-6.000 años luz. Es una nebulosa de forma circular que brilla con una magnitud de 8.6.  El núcleo de su estrella central, una enana azul, es de los más calientes que se conocen, con una temperatura cercana a los 75.000 grados. Además, esta estrella es variable, cambiando su magnitud de 12 a 16, por lo que en algunas ocasiones no podremos ver rastro de ella (de hecho es difícil de ver incluso en sus máximos, ya que se halla parcialmente cubierta por una capa de gas).

A 65 aumentos ya muestra su aspecto redondeado, mayor que las estrellas que la rodean, pero no deja ver ninguna irregularidad. Una pequeña pelota que flota en un campo no especialmente rico en estrellas. A 125x la imagen mejora considerablemente, aumentando el tamaño de NGC 7662. Ver o no el detalle interno depende de la noche, tanto de la oscuridad del cielo como del seeing. El 10 de septiembre, en lo alto de un monte cerca de Granada, las condiciones fueron suficientemente buenas como para apreciar el anillo interno, más pequeño y de mayor brillo que el resto de la nebulosa, que resaltaba especialmente con mirada periférica. Una tímida estrella brilla en su centro, así que puedo considerar afortunado por observarla en un buen momento. Poniendo el ocular de 7 mm, con 214x, la imagen no pierde excesivo brillo (NGC 7662 aguanta bien los aumentos), pero las turbulencias me impedían visualizar correctamente el anillo interno. Los filtros tampoco me ayudaron mucho. Me he dado cuenta de que cuando la noche es buena no suelo apreciar mejoría en las nebulosas planetarias con el OIII, es más, incluso empeora el contraste (me refiero a las planetarias pequeñas y densas, claro, no a los Velos o la Hélice, por ejemplo). Como siempre, dediqué unos minutos a recrear en mi mente e imaginar el escenario desde un punto de vista más cercano, la diminuta estrella ionizando esa inmensa capa de nubes e impregnándola de un brillo fantasmagórico (se estima un diámetro de 0.8 años luz a la nebulosa).

NGC 7662

Para terminar esta sección de superhéroes hay que nombrar a NGC 404, también conocida como el fantasma de Mirach, por encontrarse lindando con dicha estrella, Beta Andromedae. El espectáculo de ver una estrella tan brillante y con ese tono a medias entre amarillo oscuro y anaranjado, junto con una débil mancha de luz redondeada y difusa, no tiene precio. Esa luz difusa no es sino una galaxia lenticular que se encuentra a 10 millones de años luz, muy cerca de nuestro Grupo Local pero sin estar atraída por él. Este tipo de galaxias se caracteriza por presentar una población de estrellas en fase avanzada de evolución, con abundantes gigantes rojas. Sin embargo, recientes estudios han encontrado dos anillos de estrellas azules y jóvenes concéntricos al núcleo de la galaxia, así como regiones de hidrógeno, que son reflejo de un proceso importante de formación estelar. ¿Cómo es posible que una galaxia “vieja” esté creando estrellas? Parece ser que NGC 404 era anteriormente una galaxia espiral que, hace mil millones de años, colisionó con otras galaxias, alterando su estructura y reactivándose su proliferación de estrellas. Un agujero negro reina en su interior, con una masa de entre 100.000 y 400.000 soles.

NGC 404

Al telescopio la vista es sobrecogedora a cualquier aumento. El fuerte brillo de Mirach no es suficiente para eclipsar a NGC 404, que da la cara como una mancha difusa y perfectamente redondeada, con un núcleo brillante. Cualquier aumento es bueno para observar a este par, ya que la galaxia resiste altos aumentos sin ningún problema. Su alto brillo superficial la hace un buen objetivo para observar desde ciudad, y su cercanía a Mirach la hace idónea para no perderse. No hay excusa para no saludarla siempre que rondemos cerca.

Un enjambre y un suspiro (NGC 6712 e IC 1295)

El Escudo, también conocido como Scutum o Escudo de Sobieski, es una pequeña constelación que se encuentra entre Sagitario y Águila, conocido más bien por la inmensa condensación de la vía láctea que se llama popularmente “La Nube del Escudo”. En ese espacio encontramos también dos famosos cúmulos abiertos, M11 y M26. Lo que no podía imaginarme era lo que descubrí en él la otra noche, en uno de los mejores cielos que hay cerca de Granada, en el Camino de la Cabra. Me refiero a NGC 6712 e IC 1295, una peculiar pareja que han pasado directamente a formar parte de mi lista de objetos a enseñar.

NGC 6712 es un cúmulo globular peculiar en varios sentidos. Físicamente, por su gran cercanía al núcleo de la galaxia. Es un cúmulo que se localiza a 22.500 años luz de nosotros, pero roza el núcleo a tan sólo 1.000 kilómetros. En el interior de NGC 6712 no se han encontrado estrellas de masa menor a la del sol, probablemente debido a que las enormes fuerzas de marea que se producen en el centro galáctico han “arrastrado” consigo a las estrellas más pequeñas. De hecho, parece que estas corrientes han producido una especie de forma de cometa en el cúmulo, que no es apreciable desde nuestra situación.

NGC 6712 - IC 1295

A bajos aumentos ya se adivina que NGC 6712 no es una “nebulosa”. Algunas estrellas parecen titilar en esa nube redondeada, especialmente en su periferia. A 125 aumentos la visión es espectacular, resolviéndose ya la mayor parte de las estrellas. Es uno de esos cúmulos pequeños que son extremadamente sugerentes y delicados. Con visión periférica se evidencia una banda negra que lo atraviesa por uno de sus lados. Posteriormente lo he corroborado con fotografías y con testimonios de otros observadores, teniendo así otro aliciente para observarlo.

IC 1295 es una bonita nebulosa planetaria que se encuentra a apenas 25 minutos de arco de NGC 6712. Con oculares de bajo-medio aumento se ven ambos objetos en el mismo campo, proporcionando una agradable sensación a la vista. IC 1295 tiene una forma perfectamente redondeada y responde excepcionalmente bien al filtro OIII, quedando mucho más marcada y dejándose ver, con visión periférica, una disposición anular, soportando bien altos aumentos. En su centro brilla tenue una pequeña estrella. En fotografías de larga exposición o con grandes aberturas se aprecia una segunda cubierta externa más tenue que la interna, fruto de las distintas etapas en las que la estrella expulsa sus gases.

Ver al mismo tiempo dos objetos tan distintos entre sí es algo que no se puede olvidar fácilmente. Uno está compuesto por un millón de estrellas ancianas. El otro es una estrella que ha expelido su último aliento de forma silenciosa, como le ocurrirá a nuestro sol cuando nosotros ya no estemos aquí.

Los tres tesoros del Delfín

Hay constelaciones que pasan desapercibidas por no contener en su interior los objetos más observados, que están en un segundo plano sin llamar la atención. Sin embargo, a veces esconden tesoros dignos de ver con detenimiento y asombro. Es el caso de la constelación del Delfín, un pequeño grupo de estrellas cuya forma, más que al acuático mamífero, me recuerda a una cometa volando. Su presencia en el cielo obedece, según las leyendas, al delfín que encontró a Anfítrite, una nereida que escapaba de Poseidon, que finalmente accedió a casarse con éste. El dios de los océanos, agradecido con el delfín, lo colocó en el cielo estrellado.

La otra noche, en el Purche, decidí explorar esta constelación que tenía completamente olvidada. Apunté tres objetos para ver, aunque supongo que habrá muchos más. Comencé por NGC 6905, una planetaria conocida como Blue Flash o “Destello Azul”. Iba sin conocer ningún detalle previo, así que me sorprendí al encontrar una agradable nebulosa redondeada que, a 65 aumentos, brillaba en un rico campo estelar. Al usar más aumentos la visión mejoró, quedando patente algunos detalles interesantes. Una estrella brillaba tímida en pleno centro de la nebulosa, la culpable de formar esa bola de gas. Por otro lado se apreciaba una región más densa a un lado de la esfera. A 214 aumentos el disco de la nebulosa dejaba entrever, tras pasar un buen rato delante del ocular, ciertas irregularidades en el disco, como filamentos extremadamente débiles que a veces me hacían dudar de si realmente los estaba viendo. Al otro lado de la zona más densa se apreciaba otra pequeña condensación entre la estrella y la periferia. Con una gran motivación por dar con esta sorpresa, salté hacia el siguiente objetivo.

NGC 6905

NGC 6934 es un cúmulo globular descubierto por Herschel en 1785. Se encuentra de nosotros a 52.000 años luz, y conforme entra en el ocular de bajo aumento sorprende con la delicadeza de su periferia, en la que parece haber un centenar de estrellas espolvoreadas. A 125x y 214x la imagen es espectacular, resolviéndose una inmensa cantidad de estrellas, con un núcleo de aspecto “granujiento”. Conforme hacía el dibujo podía ver cómo el halo aumentaba de tamaño y se perdía de forma difusa. Con este tipo de objetos me ocurre como con los cúmulos abiertos: en ocasiones, los cúmulos más débiles me resultan mucho más sugerentes y atractivos que los “gigantes” en los que se ve todo perfectamente a la primera vista.

NGC 6934

Y hablando de objetos sugerentes, la tercera pieza del Delfín es NGC 7006, otro cúmulo globular bastante más tenue. Y no es para menos, porque se encuentra a una distancia mucho mayor, a 135.000 años luz, siendo uno de los más lejanos conocidos Al apuntar con el telescopio se aprecia como una mancha redondeada, con un núcleo más brillante y un gradiente importante con la periferia. A altos aumentos el núcleo muestra ese aspecto ya comentado, semirresoluble, como de un tazón con cereales (chocokrispies blanquecinos más bien).

NGC 7006

Los cúmulos globulares son verdaderos ancianos en la escala astronómica, habiéndose formado al mismo tiempo que las galaxias. De hecho, se piensa que son los potenciales núcleos de galaxias enanas que al final no consiguieron formarse. Su distancia se determinó gracias a estrellas variables (tipo RR y cefeidas) y dieron una idea de las dimensiones de nuestra galaxia, cambiando el concepto que tenían los astrónomos a comienzos del siglo XX. La observación de cúmulos globulares es siempre interesante. Personalmente me gusta compararlos con “lunas” que rodean a nuestra galaxia, formadas por su mismo material. Cuando alguien ve un globular por primera vez, su impresión queda plasmada, sin lugar a equivocaciones, en forma de exclamación (o el típico “oh…”).

PD: si hablamos de los tesoros del Delfín no podemos terminar la visita sin mencionar a Gamma Delphini, una de las estrellas dobles más bonitas y sencillas para ver durante el verano. Es un sistema binario formado por dos estrellas brillantes y amarillentas, separadas por unos 9’’, lo cual la hace asequible a pequeñas aberturas. Ya sí podemos poner el broche de oro a la visita, con este par que baila a 100 años luz de nosotros, completando una vuelta cada 3.249 años.

Antepasados (IC 2003 y NGC 1514)

La semana pasada hizo una de esas noches en las que el calor no deja descansar. La casualidad quiso que tuviera el telescopio montado en la terraza (cubierto por una manta) y, a las 05:00 de la madrugada, decidí salir al fresco y aprovechar lo que pudiera. El cielo estaba limpio, aunque la enorme luna al 80% brillaba en el cénit, enmascarando la mitad de las estrellas que hay normalmente, pero a veces hay que adaptarse. Busqué en mi lista algunas nebulosas planetarias, que son objetos que normalmente resisten bien la contaminación lumínica. Aprovechando que Perseo y Taurus estaban entre la luna y el horizonte, apunté a ellos con mi Dobson 305 mm.

Comencé con IC 2003, también conocida como PK 161-14.1, a los pies de Perseo. Es una nebulosa planetaria, el exoesqueleto de una estrella que murió hace miles de años, probablemente millones. La verdad es que apenas he encontrado nada publicado de esta nebulosa, salvo su distancia (unos 15.000 años luz) y alguna fotografía sin mucho detalle.

En un campo poco llamativo, aparece como una estrella más a 65x, aunque al verla, “se sabe” que no es una estrella. Es a partir de 125x cuando se aprecia un discreto aumento de tamaño y su forma perfectamente redonda. El filtro OIII oscurece el fondo y resalta aún más la nebulosa, aunque de ninguna manera pude ver la estrella central (es de magnitud 15.3 y la luna no deja lugar para acrobacias esa noche), habrá que probar otro día. A 214 aumentos, aprovechando que el seeing no era malo, me extrañó, tras permanecer un rato al ocular, que a veces me parecía notar cierta forma anular, como si fuera una versión más pequeña y tenue de M57. Miré nuevamente fotografías en Internet, en las que no pude ver ningún detalle salvo un disco uniforme y redondo… Tendré una nueva cita con ella para corroborarlo bajo algún cielo más oscuro y sin luna.

IC 2003

El siguiente objeto no entraba en la lista, pero en el atlas (Triatlas C) lo vi redondeado con fosforescente, captando mi atención. Me refiero a NGC 1514, otra nebulosa planetaria situada un poco más al sur, en la constelación de Taurus. Encontré la zona sin grandes dificultades y saltó a la vista conforme me asomé al ocular. A diferencia de IC 2003, NGC 1514 es bastante mayor en cuanto a tamaño, destacando como una importante nebulosidad con forma redonda en cuyo centro brilla una estrella brillante. Fue descubierta en 1790 por William Herschel, que hasta entonces estaba convencido de que todas las nebulosas eran en realidad aglomeraciones de estrellas tan tenues que no se podían distinguir de forma individualizada. Al mirar NGC 1514, no pudo evitar su asombro cuando vio una estrella bien definida con una “atmósfera débilmente luminosa de forma circular”. Es una nebulosa que soporta bien los aumentos, aunque la luna y la contaminación lumínica no me dejaron adivinar su estructura algo irregular. Aun así me ha resultado un objeto bastante agradecido.

NGC 1514

En realidad la nebulosa se ha formado en torno a dos cercanas estrellas que forman un sistema binario muy cerrado. En 2010 el telescopio WISE encontró que conformaba una extraña estructura compuesta por dos anillos, muy distinta a las imágenes tradicionales que de ella tenemos. Cómo se habrá formado, es un misterio. Probablemente el hecho de ser una estrella binaria y el encuentro con objetos de su propio sistema hayan contribuido a ello.

NGC 1514 - foto

El cielo de otoño trae consigo una buena muestra de estos gigantes cadáveres que se van de este mundo por lo más alto, contribuyendo con ello a la formación de nuevas estrellas. Debemos tenerles un gran respeto, pues los elementos que forman nuestro vulnerable cuerpo proceden de estas enormes explosiones, son realmente nuestros antepasados más antiguos. Somos, sin lugar a dudas, hijos de las estrellas.

De vientos estelares y un embrión (NGC 6888 y NGC 7008)

Los días en los que la luna empieza a menguar van dejando una tregua de cielo oscuro al anochecer, progresivamente alargándose hasta la luna nueva. Aprovechando la hora que disponía hasta que nuestro satélite apareciera por el horizonte, saqué el telescopio en mi terraza de Monachil, un lugar lo suficientemente lejos de Granada como para sentir que puedo disfrutar de un cielo medianamente decente (no deja de ser una sensación, aunque los días de atmósfera nítida se dejan notar).

NGC 6888 es un interesante objeto situado en el corazón de la constelación del Cisne. También denominado Caldwell 27, pertenece a la categoría de nebulosa de emisión, más concretamente “nebulosa de Wolf-Rayet” (en el mismo cupo que NGC 2359, la nebulosa del “casco de Thor”).

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Imagen tomada por Miguel Barrero (Miguelyx)

Esta nebulosa se ha formado en torno a HD 129163, una estrella situada a más de 4.000 años luz de distancia, prototipo de las estrellas de Wolf-Rayet. Estos cuerpos se caracterizan por presentar una gran masa y perder rápidamente su envoltura debido a los intensos vientos que sufren. HD 129163 se formó hace tan sólo 4,5 millones de años (para hacernos una idea, nuestro sol tiene 5.000 millones de años de vida a sus espaldas) y, sin embargo, tiene una luminosiad 500.000 veces superior a la del sol. Hace unos 250.000 años expulsó las capas externas de su atmósfera y ahora, ya en fase de estrella de Wolf-Rayet, los fuertes vientos que se han formado han empujado dicho gas de forma caprichosa, mostrándonos su característica apariencia.

Después de informarme sobre lo que iba a ver, apunté mi Dobson 305mm a NGC 6888. A 125x se dejaba intuir algo de nebulosidad alrededor de una estrella, de forma alargada, ni atisbo de lo que he llegado a ver desde cielos oscuros. Sin embargo tenía tiempo y paciencia, así como filtros oportunos para usar. Con el OIII comencé a ver la nebulosidad que hay junto a HD 129163, el centro de la característica forma de letra “M”. Poco a poco fueron apareciendo trazas de manchas difusas, sólo visibles con visión periférica, que definían las porciones más brillantes de la nebulosa. Tras cuarenta minutos frente al ocular quedé satisfecho con lo que había percibido (a pesar de las ventanas iluminadas de los vecinos) y lo plasmé en este dibujo. Otro día lo haré desde un cielo más oscuro.

NGC 6888

La cúpula de iluminación lunar subía por el horizonte, y me propuse abordar otra nebulosa que había cerca. NGC 7008 es una nebulosa planetaria situada entre Deneb y la constelación de Cefeo, conocida como la “Nebulosa del feto”. La localicé rápidamente gracias al filtro OIII, obteniendo la mejor imagen a 225 aumentos, sin que por ello perdiera brillo.

Es una nebulosa de gran brillo superficial que hace honor a su nombre. Resalta de forma especial la región de la cabeza y la parte inferior de la espalda. Su estrella central, de magnitud 12, brilla tímida en donde se situarían las manos del feto.

NGC 7008

Su forma también resulta enigmática en las fotografías, debido a las irregularidades de su silueta. Se piensa que se formó cuando la envoltura de la estrella, dispersándose a miles de kilómetros por hora, evaporó a su paso grandes planetas e incluso una posible estrella enana marrón, contribuyendo todo ello al desbarajuste de la habitual esfera perfecta. No obstante, parece que no quedó desmerecida la obra de arte.

La enorme luna hizo su aparición estelar sobre la montaña, empequeñeciendo objetos miles de millones de veces mayores que ella, exigiendo una visita a sus cráteres, valles e interesante paisajes. Hay tiempo para todo.