La estrella de fuego (IC 405) y NGC 1664

Hace unos 2 millones de años, cuando en la Tierra no se había descubierto el fuego, una llama se estaba preparando en el cielo, a 1.500 años luz de distancia. Tenemos que transportarnos al Trapecio de Orion, ese grupo de estrellas que se encuentra en pleno corazón de M42, un lugar donde se están gestando estrellas. Allí ocurrió en esa época una colisión entre algunas de las estrellas recién formadas, y fueron expulsadas bruscamente por la gravedad, alejándose de sus compañeras en diferentes direcciones. Tres de estrellas fueron AE aurigae, Mu columbae y 53 arietis, hecho que se ha descubierto gracias al seguimiento de su rápido movimiento. Volvamos al momento de la colisión y sigamos a AE aurigae, una estrella gigante azul que acaba de formarse y tiene una luminosidad 33.000 veces mayor que la de nuestro sol, con un radio 5 veces mayor. La estrella, empujada de su cúmulo, fue vagando por el espacio hasta encontrarse donde hoy podemos observarla, en el centro de la constelación de Auriga. A su paso por un espacio lleno de gas y nubes de polvo va dejando su huella. La inmensa luz que desprende va iluminando esta red enmarañada de gases su paso, que brilla fantasmagóricamente y cuyos fotones podemos percibir desde nuestro planeta en forma de llama, motivo por el que se conoce a este objeto como “The flaming star” (la estrella llameante).

IC 405 hace referencia a toda esa masa de gases que, en este Foto IC 405momento, es huésped del paso de una estrella que no encuentra su lugar. Es, a la vez, una nebulosa de reflexión y una nebulosa de emisión. Por un lado, la región iluminada por AE aurigae brilla en forma nebulosa de reflexión, reflejando la luz de la gigante azul. Por otro, la energía de la estrella es suficiente para ionizar la gran masa de hidrógeno molecular que rodea a la región, cuyos átomos excitados comienzan a brillar con luz propia en forma de nebulosa de emisión. En la fotografía anterior la nebulosidad de un tono morado corresponde a la zona de reflexión, mientras que la difusa y rojiza es la nebulosa de emisión. Es interesante fijarse en esta distinción, pues la región morada, de reflexión, es la que distinguiremos a través del telescopio (más o menos según el telescopio y las condiciones de observación). Todo el conjunto queda perfectamente plasmado en la APOD del pasado 10 de noviembre por parte de astrónomos de Cádiz:

Foto IC 405 APOD

Después de esta introducción podemos afrontar la observación de IC 405 de una forma más interesante, y conscientes de lo que estamos viendo. Se encuentra muy cerca del centro de Auriga, donde podemos ver, a simple vista, una hilera de estrellas que presentan aspecto nebuloso. Justo encima encontramos a AE aurigae, rondando la magnitud 6 (es una variable de corta amplitud). Para ver IC 405 es mejor no usar aumentos muy elevados. La mejor vista la obtuve con el Hyperion de 13 mm, a 125 aumentos, ya que es el que más me oscurece el cielo sin perder detalles. De entrada lo primero que se ve es una débil nebulosidad rodeando a la estrella principal, que forma un característico grupo con otras 5 estrellas, una especie de rectángulo que nos ayudará a orientarnos. La adaptación a la oscuridad y al campo de estrellas tiene que hacer su función y para ello tenemos que dejarle el tiempo que haga falta. Lo siguiente que pude apreciar claramente fue otro jirón de nebulosidad rodeando a la otras estrella brillante que forma uno de los vértices de este rectángulo, que se extiende un poco hacia AE aurigae. Tras dibujar estos detalles aparece como por arte de magia otro arco nebuloso por encima de la estrella principal, siguiendo la línea de tres pequeños astros. Los filtros no parecían ayudar mucho, así que prescindí de ellos.

IC 405

Lo interesante de dibujar algo sin conocer la forma del objeto por medio de fotografías es que la sugestión no juega ningún papel, y lo que se ve, se ve. Tras varios minutos más la principal nebulosidad se alargaba hacia arriba, con un saliente hacia otro lado que se perdía en la oscuridad del cielo. Otro manchón aparecía a unos 10 minutos de arco, aislado del resto. Supongo que si hubiera estado dos o tres horas habría acabado por unirse al resto de la nebulosa. El resultado final fue una curiosa y débil nebulosa con formas totalmente asimétricas y con delicadas curvas, como se puede apreciar en el dibujo. No me resultó fácil en absoluto, pero es un objeto agradecido a quien le eche algo más que un vistazo. Así es como una débil nube alrededor de la estrella pasa a ser una emocionante historia de colisiones, viajes a grandes velocidades a través de nubes de gas, prendiendo fuego a su paso como una gran llama… Conociendo lo que vemos y dedicando tiempo a ello tenemos el placer asegurado (teniendo buenos cielos, más aún).

No muy lejos de allí, por encima de Capella, tenemos un bonito cúmulo abierto, fácil de ver y de disfrutar, para contrarrestar el esfuerzo de ver la nebulosa. Se trata de NGC 1664, un bonito cúmulo situado a 3.900 años luz de nosotros. Está formado por unas 40 estrellas y no me di cuenta de su característica forma hasta revisar hoy el dibujo que hice esa noche. Ahora entiendo por qué se conoce como el “cúmulo de la cometa”, aunque a mí me recuerda más a un globo con forma de corazón, con la cuerda en su parte inferior. Hay una estrella brillante ajena al cúmulo que da un efecto interesante al conjunto. El ocular de 125 aumentos, como la mayor parte de las veces, fue el que dio la imagen perfecta. Más aumentos, para mi gusto, expanden demasiado el cúmulo y pierde atractivo. Pero para gustos, colores, y Auriga es una constelación tan rica en cúmulos abiertos que nos va a permitir ver una inmensa variedad de ellos. Sólo hay que coger un atlas y empezar a buscar.

NGC 1664

Iridiscente (NGC 7023)

Imagina una estrella gestándose, inmersa en una enorme cantidad de polvo y gas, que se va condensando gracias a la gravedad. Ahora ponle a la estrella de nombre SAO 19158 y comprueba cómo ese gas que rodeaba a la estrella hace millones de años no ha terminado de extinguirse, quedando a su alrededor como brazos de un fantasma que no quiere marcharse.

Realmente ha habido cierta discordia en cuanto a nomenclatura, refiriéndose realmente NGC 7023 a un cúmulo abierto colindante con esta estrella (personalmente no vi ningún cúmulo por el telescopio), y LBN 487 a la nebulosa propiamente dicha. Este increíble objeto seFoto NGC 7023 encuentra a 1.300 años luz de nosotros y recibe el nombre de Caldwell 4 o Nebulosa de Iris, concepto que se entiende al ver fotografías de larga exposición y comprobar su semejanza con dicha flor. A diferencia de otras que hemos visto, ésta es una nebulosa de reflexión, lo cual implica que no brilla por la ionización de su estrella, sino porque la luz de ésta se “refleja” en sus partículas de polvo en suspensión que no han desaparecido desde que se formó la estrella. Observaciones en infrarrojo indican que la nebulosa podría contener moléculas de carbono complejas conocidas como PAHs, así como anillos de benceno, lo cual dota a LBN 487 de un mayor interés.

Predominan en ella los colores azules, característicos de las zonas de reflexión, y contiene algunas partes con nebulosas de emisión, pequeñas regiones HII de formación de estrellas que generan una luz rojiza en las imágenes.

Se encuentra en uno de los laterales de Cefeo que, con su forma de “casa”, alcanza en estas noches su posición óptima para observar, en lo alto hacia el norte. Una vez la tengamos en el telescopio podremos apreciar, a bajos aumentos, una pequeña nebulosidad rodeando la estrella en cuestión. Es un objeto que requiere cierto tiempo para ver detalles, así que paciencia y oscuridad son los principales ingredientes para verlo en condiciones (una abertura importante ayuda, claro). Con mi Dobson la mejor imagen la obtuve a 125 aumentos, con los cuales empecé a notar ciertas irregularidades. Por un lado había dos zonas bien diferenciadas, una pequeña nebulosa encima de la estrella y otra más alargada por debajo, que se curvaba como si quisiera tocar a una estrella inferior. Una prolongación salía de este último filamento hacia el lado contrario, hacia otra estrella cercana. Toda la zona brillaba con un tenue resplandor fácilmente visible con visión periférica, una inquietante sombra en el cielo. Mientras dibujaba lo que veía tras el ocular fui siendo consciente de que había otras dos regiones más densas, finas, en lados opuestos y mirando al centro. Una vez estuve seguro de verlas las plasmé en el papel.

NGC 7023

Al probar a usar filtros quedé desconcertado. Ni el UHC ni el OIII parecían surtir efecto, llegando a oscurecer incluso la nebulosa, por lo que me basté del Hyperion 13 mm a secas. Tiene sentido, ya que las nebulosas de reflexión no responden a estos filtros, ya que no “emiten” por sí mismas la luz, como lo hacen las nebulosas de emisión. Más aumentos también disminuían el contraste y el detalle (no merece la pena en objetos como éste, amplios y de bajo brillo superficial).

Terminé de observarla con un buen sabor de boca y fui a compararla con fotografías, especialmente para saber si las dos últimas franjas que había visto eran realmente así. Al ver las imágenes quedé sorprendido por la riqueza de formas y el entramado de nubes que presenta esta nebulosa. En próximas salidas habrá que visitarla de nuevo, con el pretexto de buscar el resto de filamentos más débiles.