Danza de gigantes (NGC 4038 y NGC 4039)

A quien espere con paciencia y temple en estas noches invernales, o a quien madrugue bastante, el cielo le tiene preparado un espectáculo sobrecogedor, a medio camino entre lucha de titanes y escena romántica intergaláctica. Estamos hablando de NGC 4038 y NGC 4039, más conocidas como las Galaxias de las Antenas. Son, sin duda, el ejemplo de interacción entre galaxias más claro y detallado que podemos observar con nuestros instrumentos. Su distancia, a unos 45 millones de años luz, contribuye enormemente a ello. En las fotografías de larga exposición podemos apreciar una explosión de formas y colores totalmente característica de este par. Dos masas de luz encorvadas sobre sí mismas se unen en uno de sus extremos, desde donde salen dos largos filamentos curvados que triplican su longitud y se pierden en direcciones opuestas. Se pueden distinguir dos núcleos galácticos bien definidos y brillantes, amarillentos, lugar de residencia de las estrellas más ancianas. Sin embargo, la periferia de ambos cuerpos es un mar de estrellas azules, cúmulos y nebulosas de tonos rojizos, muestra del hidrógeno ionizado típico de regiones HII.

Foto NGC 4038 antenas.png

El Telescopio Espacial Hubble ha encontrado más de un millar de cúmulos abiertos, la mayoría de apenas un millón de años de edad, formados por enormes estrellas azuladas de tipo espectral O y B. Tanta formación de estrellas se debe a la interacción entre ambas galaxias y las corrientes de marea que dominan la dinámica interestelar. La mayoría de esos cúmulos desaparecerá en breve, diseminándose sus estrellas por la tormenta producida. Se piensa, además, que al menos un centenar de los cúmulos más poblados pasarán a formar, en unos mil millones de años, cúmulos globulares como los que pueblan la periferia de nuestra galaxia. Estamos viendo, por tanto, a un par galáctico extremadamente joven que proseguirá su relación hasta convertirse en una galaxia gigante elíptica.

Pero no siempre han estado las Antenas en interacción. Hace poco más de mil millones de años eran galaxias normales, NGC 4038 una barrada espiral y NGC 4039 una espiral, sin nada especial que animara sus vidas. Entonces vino el encontronazo, comenzando hace 900 millones de años de forma tímida, como se encuentran ahora NGC 2207 e IC 2163, que ya hemos observado en el Can Mayor. Poco después la interacción fue mayor, provocando desgarros y deformidades en los discos galácticos, y hace apenas 300 millones de años se formaron lo que se conoce hoy como “las antenas”, esos regueros compuestos por estrellas que han sido dispersadas por las fuertes corrientes producidas.

Foto NGC 4038

NGC 4038 ha sido víctima de 5 supernovas en el último siglo, una muestra más de la gran dinámica a la que está sometida. Dos de ellas ocurrieron en 1921 y en 1972, pero las tres restantes han tenido lugar en apenas nueve años (2004, 2007 y 2013), así que podemos decir que esta galaxia es un verdadero hervidero de estrellas.

Las Antenas se encuentran al Oeste de la constelación Corvus, el Cuervo, justo encima de la estrella 31 crateris, de magnitud 5.26. A bajo aumento, con el Dobson de 30 cm, ya pude apreciar su naturaleza “bífida”, en forma de dos pequeñas manchas alargadas unidas por un extremo en forma de corazón. El cielo era bastante oscuro, a más de 2.000 metros de altura en Sierra Nevada, por lo que decidí subir los aumentos. Comprobando que las galaxias los soportaban perfectamente, y a pesar de un molesto vendaval que no había cedido en toda la noche, decidí usar mi ocular Konus de 5 mm, que me dio unos respetables 300 aumentos. Respetable fue la imagen que obtuve, que me erizó el vello y me hizo mirar dos veces para comprobar lo que estaba viendo. Allí estaban las galaxias, con la forma perfectamente definida como si fuera una fotografía. Tan impresionante era que no eché en falta la visión de las “antenas”, para las cuales, al parecer, necesitaré un cielo más oscuro todavía.

NGC 4038 era la galaxia más brillante, con una forma arriñonada, encorvada sobre sí misma. En sus bordes se apreciaban irregularidades, pequeñas zonas más brillantes que el centro, que en general permanecía más apagado, con el núcleo destacando como un punto más intenso en la bahía formada. Se estrechaba poco a poco hasta entrar en contacto con NGC 4039, más débil pero igualmente sorprendente. Su región central es la más brillante, la que mira hacia su compañera, con un caparazón difuso que se pierde rápidamente en la negrura del cielo. Una estrella brillaba en su zona central, pero al mirar posteriormente fotografías comprobé que no era tal, sino el núcleo de la galaxia, que brilla con una fuerte tonalidad amarillenta. Los minutos volaron mientras los detalles iban aflorando ante mis ojos, y me costó retirarme del ocular para realizar el dibujo.

NGC 4038

Se ha encontrado en estas galaxias unos niveles muy altos de Neón, Magnesio y Silicio, materiales necesarios para la vida tal y como la conocemos. ¿Habrá seres en alguno de aquellos soles contemplando el espectáculo celeste desde la primera fila? No me cabe la menor duda.

Despidiendo la primavera (1ª parte)

Cada día el sol se va acostando más tarde y eso, unido a la natural circunvolución de las estrellas, trae como consecuencia un “aceleramiento” de las constelaciones, que parecen avanzar bastante más rápido de lo habitual (a diferencia de lo que ocurre a partir de Julio, cuando parece que el “triángulo de verano” no quiere moverse del cénit).

Por eso hay que aprovechar las noches sin luna que ahora vienen para ultimar y despedirnos de los objetos que nos brinda el cielo de primavera. El viernes 8 de Mayo decidí probar cielos nuevos en la cima del Purche, a 15 minutos de Granada, llegando con tiempo de sobra para montar “el chiringuito” (de nuevo con mi Dobson 300 mm, que he bautizado como “la Pepa”, y los prismáticos Celestron 15×70). Las vistas a la Sierra eran impresionantes, con esos parches de nieve que todavía no quieren marcharse.

El Purche

A medida que se oscurecía el cielo comprobé que la zona noroeste no perdía la luz, pero no se le pueden pedir peras al olmo tan cerca de la ciudad. Aun así, la zona sur y el cénit iban a ser mis objetivos esa noche, y la miríada de estrellas fue poblando rápidamente toda la zona. Mi objetivo fue una serie de galaxias, principalmente, en las constelaciones de Corvus, Virgo y Canes Venatici.

Sin embargo comencé con una nebulosa planetaria que se encuentra en Hydra, la NGC 3242 o el “Fantasma de Júpiter”. Ya la había ojeado desde cielos más contaminados, pero esa noche estaba decidido a ver algo más. Y efectivamente así fue. Desde el primer momento llama la atención su enorme brillo y tonalidad azulada (un azul claro que no había visto antes), pero es a 214x cuando se puede apreciar ese algo más. De forma difusa, y sobre todo en los segundos en que la atmósfera acompañaba, se apreciaba una especie de círculo interno, de forma elíptica, de mayor densidad que el resto de la nebulosa. Me extrañó no ver la estrella central, que es tan sólo de magnitud 12 (supongo que el brillo de la nebulosa la eclipsa), pero la imaginación es suficiente para figurársela a 1.400 años luz,  exhalando esa enorme cantidad de gases hacia el espacio.

NGC 3242

El siguiente objetivo fue otra asignatura pendiente en mi lista, NGC 4038/4037 o las galaxias de “Las antenas”, en Corvus. Fáciles de encontrar saltando de estrella en estrella a partir de Gamma corvus, una vez en el ocular son una bonita visión a 125x, viéndose como dos pequeñas galaxias ovaladas unidas por su extremo oeste, simulando verdaderamente un corazón. Es una pena que no puedan verse las características antenas que se aprecian en fotografías de larga exposición.

Un poco más arriba de ƞ corvi, y siguiendo un camino marcado por estrellas que señalan a ella, llegamos a M104. Creo conveniente dedicarle una entrada completa a esta maravilla del cielo (pulsa aquí). Para animarte a verla te enseño cómo se ve a través  del telescopio.

M104

Siguiendo el recorrido, tras saltar de estrella a estrella, fui a parar a NGC 4782, sin recordar muy bien lo que era (la lista de observación la había hecho días antes), por lo que me sorprendí al ver dos galaxias prácticamente unidas, dos pequeñas manchas redondeadas que están en interacción a la friolera de 170 millones de años luz. Hace tal cantidad de tiempo la Tierra estaba inmersa en el período Jurásico y los grandes dinosaurios dominaban el planeta, planeta que, por cierto, tenía una superficie totalmente diferente a la actual. En ese época Pangea, la única porción de tierra compacta, se había dividido en dos continentes, Laurasia y Gondwana (ha llovido desde entonces…). Junto a esas dos galaxias (NGC 4782 y 4783) se aprecia otra de la misma quinta, NGC 4794, con una forma ligeramente alargada. Un poco más abajo podemos ver NGC 4756, otra galaxia pequeña y alargada, difusa, que se encuentra a 180 millones de años luz, un poco más todavía que las anteriores.

NGC 4782