Entre el pez y la cuerda (M74)

Otra de las constelaciones desapercibidas del otoño es Piscis, aunque guarda en sus dominios interesantes objetos que conviene buscar en una noche clara y con el horizonte sur despejado. A pesar de ser una constelación zodiacal, ninguna de sus estrellas es especialmente brillante, siendo la principal de ellas, alfa piscium o Al Rischa, de magnitud 3.62. El nombre de esta estrella viene a significar “la cuerda”, y hace referencia a que forma el nexo de unión entre los dos peces que dan nombre a esta constelación, y que se disponen formando una gran “V”. Esta constelación está estrechamente relacionada, mitológicamente hablando, con Afrodita y su hijo Eros, y hay muchas versiones de su historia. Personalmente una de las que más me gusta es aquélla en la que ambos dioses huían despavoridos de Tifón, un antiguo monstruo con serpientes en las manos. Justo cuando iba a alcanzarlos, saltaron a un río y se convirtieron en peces. Para no perderse en las rápidas aguas se ataron una cuerda entre ellos, y posteriormente fueron llevados a los cielos por los dioses para conmemorar ese episodio.

Foto pisces.jpg

La constelación llega, en su vertiente más septentrional, hasta rozar a Mirach en Andrómeda y a la constelación del Triángulo, y desde ahí baja hasta alcanzar el vértice de la “V”. A medio camino entre estos dos puntos hay una brillante estrella, eta piscium, que será la guía para encontrar el objeto que nos ocupa, que no es otro que M74. Descubierta en 1780 por Mechain y añadida posteriormente al catálogo de Messier, M74 es una espectacular galaxia que el azar ha querido colocar de frente para mostrarnos una imagen inolvidable (eso sí, parece que no ha querido ponernos las cosas fáciles, otorgándole un brillo superficial tan bajo que nos hará sudar para observar detalles al telescopio). En fotografías se aprecian dos imponentes brazos en una armonía casi perfecta que salen de un núcleo compacto y redondeado. Una gran cantidad de condensaciones pueblan su superficie, regiones HII de importante formación estelar y enormes cúmulos de estrellas. Se encuentra a algo más de 30 millones de años luz de nosotros y se acompaña de un pequeño séquito conocido como “grupo de M74”, si bien no pueden verse en el mismo campo. Su diámetro se estima en 95.000 años luz, siendo pues algo menor que nuestra Vía Láctea, con unas cien mil millones de estrellas.

Esta galaxia pertenece al grupo de galaxias conocido como “Galaxias espirales de gran diseño”, haciendo referencia a la presencia en ella de dos brazos bien definidos, en contraposición a las galaxias espirales floculentas o con múltiples brazos (aproximadamente un 10% de las galaxias pertenecen a este grupo). Foto m74Han ocurrido en su seno tres supernovas, en 2002, 2003 y 2013, que han ayudado a calcular con mayor precisión la distancia de esta galaxia. La magnitud de M74 es de 10, pero no debe confundirnos, ya que se considera a este objeto como el más difícil de observar del catálogo Messier. Como siempre, habrá que buscar el sitio más oscuro posible.

He disfrutado de ella varias veces en el último mes, y en la última ocasión me decidí a dibujarla, desde un oscuro sitio a 30 minutos de Granada. Pese a mi incredulidad, hace una semana comprobé que era visible en unos prismáticos 15×70 apoyados sobre un trípode, no como un etéreo reflejo que apenas se ve, sino como un pequeña pelota nebulosa claramente discernible. En ese momento sí hace justicia a su décima magnitud, pero al telescopio la cosa cambia. Ese brillo se ve obligado a dispersarse por un área mucho mayor, con lo que parece evaporarse drásticamente. A bajos aumentos destaca el núcleo redondeado, brillante y denso, con un halo redondeado a su alrededor. Es a 125x cuando la imagen mejora drásticamente, aumentando el contraste con el cielo estrellado. Con visión periférica, así como con la vista perfectamente adaptada a la oscuridad, sus dos brazos saltan a la vista con una facilidad pasmosa, saliendo de su núcleo y retorciéndose en el sentido contrario a las agujas del reloj, perdiéndose en la lejanía. Impresiona poder ver los brazos de una galaxia mirando por un ocular, creo que es algo a lo que nunca terminaré de acostumbrarme. No son tan evidentes como los de M33 o M101, pero bajo un buen cielo tengo que admitir que son agradecidos.

M74

Piscis esconde otras galaxias más tenues, cerca de “la cuerda” que ya conocemos, y que serán protagonistas de una entrada en otro momento. Lo bueno de la astronomía es que las prisas no existen; si algo no se ve un día, ya habrá otra oportunidad.

Una visita a Capricornio

Capricornio es una de esas constelaciones relativamente desapercibidas que a los observadores de cielo profundo nos dice más bien poco. Sus estrellas, ninguna especialmente brillante, forman una especie de triángulo que parece ir persiguiendo a Sagitario. Representa, mitológicamente, a Amaltea, una ninfa con cuerpo de pez y cabeza de cabra, que protegió a Zeus cuando era pequeño de su padre, Cronos (al igual que a Disney, a los griegos les encantaban las tragedias familiares). Zeus, agradecido, le hizo un hueco en los cielos para la eternidad.

Estas noches de Noviembre, a primera hora, Capricornio está en una posición relativamente apta para observarlo, en la región Suroeste del cielo. Si disponemos de un buen horizonte en esa dirección, relativamente libre de contaminación lumínica, podemos intentar cazar sus principales objetos de cielo profundo, entre los que se encuentran una galaxia y dos cúmulos globulares. La oferta será mucho más amplia si nos vamos a magnitudes menores, pero para una primera visita de rigor no está mal.

El primero de estos objetos es NGC 6907, una bonita galaxia cuya existencia desconocía por completo. Situada a unos 150 millones de años luz, es una galaxia espiral barrada con dos brazos muy bien definidos en fotografías. En uno de ellos se aprecia una condensación, que durante 150 años se asoció con una región HII, como tantas podemos observar en otras galaxias. Sin embargo, un estudio reciente con imágenes eFoto NGC 6907.jpegn infrarrojo descubrió que se trata de otra galaxia, NGC 6907, una pequeña galaxia elíptica que se superpone a su brazo. Además se comprobó que ambas se alejan de nosotros a una velocidad similar (algo más de 3.000 km por segundo), con lo cual se ha logrado saber que ambas están a la misma distancia y, de hecho, que están interactuando entre sí. NGC 6908 atravesó el disco de su compañera y ahora está frenando su velocidad, lo cual implica que está volviendo a ser arrastrada hacia el núcleo de NGC 6907. En un futuro no muy lejano ambas galaxias serán una sola.

Visualmente, NGC 6907 es fácilmente visible a bajos aumentos como una pequeña mancha alargada con un brillante núcleo redondeado y pequeño, como una estrella engrosada. Son necesarios mayores aumentos y una buena estabilidad atmosférica para poder distinguir, con visión periférica, uno de los brazos que sale de su extremo, girando en forma espiral. Una pequeña zona más brillante delata la posición de NGC 6908, tremendamente débil, apareciendo de forma intermitente. La mejor imagen la obtuve a 214 aumentos, ya que por debajo de ahí tan sólo llegaba a distinguir la forma ovalada del halo galáctico.

NGC 6907

Al otro lado de la constelación tenemos a M30, un cúmulo globular muy interesante, que comparte con M15 su gran densidad conforme avanzamos hacia el centro, denominado “core collapse” o colapso del núcleo. De esta forma, el núcleo de M30 es una gran aglomeración de estrellas que promueve las colisiones entre ellas, encontrando así las denominadas “Blue Stragglers” o azules rezagadas, que ya vimos en M3. Básicamente, son estrellas rojas, de edad avanzada, que al chocar con otras estrellas sufren un “rejuvenecimiento”, aumentan su temperatura drásticamente volviendo a adquirir un color azulado. Esta bola de estrellas se encuentra a 26.500 años luz de nosotros y tiene un diámetro de unos 90 años luz. Messier lo descubrió en 1764 y fue resuelto, como la mayoría de los globulares del catálogo Messier, por Herschel un siglo después.

M30 ya es apreciable con unos modestos prismáticos como una pequeña nube redondeada, al lado de una estrella relativamente brillante. Con el telescopio, bajo un cielo decente, 125 aumentos son suficientes para mostrar una chispeante nebulosidad redondeada con diminutas estrellas que aparecen en toda su superficie. A mayores aumentos destacan con mayor brillo, con un gradiente no especialmente marcado y un núcleo muy luminoso. Cerca de este núcleo salen tres ramificaciones de estrellas más brillantes que destacan sobre el resto. Es una bonita imagen, a medias entre los grandes globulares que ya conocemos y aquellos pequeños e irresolubles.

M30

Para terminar esta breve visita en la constelación vamos a ver algo más complicado, un cúmulo globular que pertenece al catálogo conocido como Palomar. Aunque dedicaremos un capítulo entero a este catálogo, como introducción cabe decir que es una lista de 15 cúmulos globulares que fueron encontrados muy recientemente, en la década de los 50, en placas fotográficas tomadas por el telescopio de 1,2 metros del “Palomar Observatory Sky Survey”, o el mapa del cielo del observatorio Palomar en California. Además, fueron descubiertos por personajes de sobra conocidos en el mundo de la astronomía, como Edwin Hubble, Halton Arp (nos sonará por el catálogo de galaxias peculiares Arp) o George Abell (igualmente, el catálogo de grupos de galaxias que lleva su nombre). Son un grupo de cúmulos globulares especialmente débiles, motivo por el cual no se descubrieron antes (excepto dos de ellos que pertenecen también al catálogo NGC e IC).

El que nos ocupa en esta ocasión es Palomar 12, un cúmulo globular situado muy cerca de M30, a más del doble de distancia de la Tierra, a 62.300 años luz. Su edad es un 30% menor que la de la mayoría de cúmulos globulares de nuestra galaxia. Recientemente se ha descubierto que este cúmulo perteneció una vez a la Galaxia Enana de Sagitario, siendo absorbido por las fuerzas de marea de la Vía Láctea, explicando de esa manera la diferencia etaria.

Palomar 12

Su poca densidad supondrá un desafío a la hora de verlo, si bien es fácil de encontrar a partir de M30. Con pocos aumentos el cielo de fondo era demasiado brillante como para distinguirlo, pero al usar el ocular de 7 mm, con 214 aumentos, mientras movía el telescopio por la zona, pude percibir un destello de luz difusa, muy débil, que al hacer vibrar el tubo podía percibir como una pequeña esfera blanquecina, apenas visible, cercana a un triángulo característico de estrellas más brillantes. Conforme iba dibujando el pobre campo de estrellas pude comprobar que dos débiles estrellas brillaban en el interior de esta tenue mancha, una de ellas en el centro y otra en la periferia. La adaptación fue ganando terreno hasta que pude ver la mancha sin ningún problema, con visión periférica. Ninguna estrella visible del cúmulo, ninguna forma especial, pero el hecho de ver uno de estos globulares ya debe ser motivo de alegría.

Dueto meridional (NGC 246 y NGC 255)

Seguimos en la constelación de Cetus, esta vez para hablar de una pareja de objetos, a la altura de otras parejas como NGC 6712 e IC 1295, NGC 253 y NGC 188, o NGC 6940 y NGC 6946… Este tipo de objetos tiene algo especial, al mostrarnos al mismo tiempo dos variedades de cuerpos celestes completamente diferentes, independientes entre sí, pero que parecen haber nacido el uno para el otro. En esta ocasión nos referimos a una nebulosa planetaria y una lejana galaxia, NGC 246 y NGC 255, ambas fáciles de encontrar cerca de Deneb Algenubi o eta Ceti, el vértice izquierdo del triángulo que marca la cola de Cetus. Como recuerdo mitológico cabe decir que Cetus era el que iba a ser verdugo de Andrómeda, sacrificada por sus padres (Casiopea y Cefeo) como ofrenda por haber ofendido a Poseidon diciendo que su hija era la más bella. Por suerte Perseo llevaba encima una cabeza de Medusa que usó para petrificar al monstruo marino y rescatar a su amada Andrómeda (esta historia viene a ser los tres cerditos de los griegos, así salían de aquellos niños esos guerreros que no conocían el miedo…).

Un ocular que nos proporcione un grado de campo visual ya nos permite apreciar cómodamente a estos dos objetos. NGC 246, también conocida como Caldwell 56 o la nebulosa del esqueleto, es una nebulosa planetaria relativamente grande y con varios misterios a su espalda. Por un lado Herschel la describe en 1785 como un trapecio de cuatro o cinco brillantes estrellas en cuyo interior hay cierta nebulosidad lechosa… Ya de entrada hay algo que no cuadra, ¿cuatro estrellas o cinco? Si son brillantes no debería haber ninguna duda… De hecho, al ver fotografías se ven claramente las estrellas brillantes, y la nebulosa no está encuadrada dentro de ningún trapecio. Observadores con experiencia, en la década de los 80, manifestaron no ser capaces de ver la estrella central de la nebulosa, que brilla con una magnitud 12. Para más inri, dicha estrella a principios de siglo brillaba con una magnitud 9, por lo que ha ido perdiendo brillo gradualmente. ¿Cómo es posible que haya tantas disparidades? Según O’Meara, puede deberse a que una parte de la nebulosa es bastante más débil, por lo que si no se tiene en cuenta esa región, la zona central caería en zona de nebulosa sin estrella central. El hecho de que sea una nebulosa de bajo brillo superficial la hace predisponente a estos errores, que en ocasiones son más bien ilusiones ópticas.

Foto NGC 246Lo que sí está claro es que no todos los días podemos ver una nebulosa planetaria de esta disposición, con estrellas tan brillantes sobre ella. Además, su estrella central es en realidad doble, con una compañera a 3’’8 de distancia. Sería relativamente fácil de separar si no fuera porque brilla con una magnitud 14, inmersa además en la nebulosidad, lo que la pone fuera del alcance de la mayoría de telescopios de aficionado.

NGC 246 es el resultado de la rápida muerte de una estrella, rápida en el sentido astronómico (hablamos de un proceso de unos 10.000 años). Su estrella central va camino de convertirse en una enana blanca, con un diámetro poco mayor que el de la Tierra. A 1.600 años luz de nosotros, es un objeto relativamente cercano que nos permite poder estudiarlo con detenimiento.  Ya a bajos aumentos podemos apreciar “algo” en el ocular que resulta extraño. Con mirada periférica y fijándonos bien somos capaces de apreciar un disco relativamente amplio, de unos 4 minutos de arco, siendo la imagen bastante mejor a 125 aumentos. Vemos claramente entonces su forma redondeada, con cuatro brillantes estrellas en su interior, una de las cuales linda con el borde. El filtro OIII ayuda bastante a aumentar el contraste de esta bonita planetaria, y a altos aumentos ya podemos comprobar que su superficie no es completamente regular. Tras un rato de adaptación conseguí ver dos regiones más oscuras, una situada en el centro y otra un poco hacia la periférica, englobando a una de las estrellas. Es de agradecer estos detalles que aumentan aún más el interés de la planetaria.

NGC246-255

A apenas medio grado de NGC 246 podemos encontrar a su compañero visual, NGC 255, una galaxia espiral que sitúa miles de veces más lejos que la nebulosa, a unos 60 millones de años luz. Es, concretamente, una espiral barrada que se nos presenta de frente, si bien es demasiado pequeña y débil como para apreciar ningún detalle. Sus brazos están plagados de regiones HII y zonas de formación de estrellas azules, lo cual indica que es una galaxia relativamente joven.

Visualmente sólo se aprecia como una mancha redondeada y difusa, fácil de ver a cualquier aumento, si bien no hay detalles que ver, aunque no deja de ser una interesante visión. Contemplar dos objetos tan dispares y tan lejanos al mismo tiempo le hace a uno sentir pequeño, una de las sensaciones de la astronomía, sin duda, que más enganchan.

La reina del norte (M101)

Es, sin duda, una de las mejores exponentes de galaxias en espiral, algo delicada y exigente, pero pocas galaxias nos muestran sus brazos de la forma en que lo hace M101. Descubierta por Pierre Mechain y catalogada por Messier a finales de siglo XVIII, ninguno de sus coetáneos se podía imaginar que la difusa nebulosa que observaban por sus primitivos telescopios era en realidad uno de los grandes universos islas que forman el cosmos.

M101, también conocida como NGC 5457, es una galaxia en espiral que nos mira de frente desde una distancia de 27 millones de años luz. Está compuesta por un billón de estrellas… Es una cifra fácil de decir pero difícil de entender. Para hacernos una idea, se les estima a nuestra galaxia una cantidad entre 100.000 y 400.000 millones de estrellas, por lo que M101 tiene de 2.5 a 10 veces más componentes. Pertenece al “grupo M101”, compuesto por una decena de galaxias, que se sitúa cerca del grupo M51 y del grupo NGC 5866, ambos situados a una distancia similar de nosotros.

Ya conocida su región, nos centramos en ella. Es una galaxia con una importante formación estelar, patente en las más de 3.000 regiones HII que se han descubierto a lo largo de sus brazos, algunas de ellas, comFoto M101o veremos, visibles al telescopio. En su centro, a diferencia de muchas de sus congéneres, no se ha encontrado ningún agujero central masivo (hemos pasado de una época en la que difícilmente se podía creer en la existencia de agujeros negros, a otra en la que lo difícil es que no haya ninguno en una galaxia). Las fotografías muestran el esplendor de unos inmensos brazos en espiral que se extienden por un diámetro de 170.000 años luz, algo mayor que la nuestra. En ellos destaca cierta asimetría, producida por anteriores interacciones con las galaxias que la rodean (tiene cinco compañeras a relativamente corta distancia). Esta singular estructura la ha hecho meritoria de entrar a formar parte del catálogo de galaxias peculiares con el nombre de Arp 26.

Su gran tasa de formación estelar la hacen protagonista de frecuentes procesos de novas y supernovas, habiéndose detectado en ella tres novas en el último siglo. La última de ellas tuvo lugar en 2011, conocida como SN 2011fe, apareciendo en uno de sus brazos en forma de brillante estrella que fue aumentando su intensidad hasta alcanzar, en apenas dos semanas, la increíble magnitud de 9.9, fácilmente visible por cualquier tipo de instrumento. Brillaba, en ese momento, con la fuerza de 2.500 millones de soles…

Al apuntar mi telescopio en mayo de este año no vi en ella ninguna supernova, pero sí una de las mejores galaxias que he visto hasta ahora. El lugar de observación, entre Jaén y Granada, era especialmente oscuro, si bien la noche no era lo diáfana que podía ser. Iba con la idea predefinida de que vería lo mismo que antiguamente, con mi Dobson 200 mm: una “mancha” muy difusa y sin detalles definidos. Por eso noté un hormigueo cuando vi claramente, en cuanto adapté la vista, dos brazos espirales con una nitidez increíble, sin esfuerzo, ambos saliendo de un núcleo redondeado bien definido. Después de M51, los brazos de M101 fueron los segundos que pude ver.

M101

Pero no terminó ahí la cosa… Tras varios minutos observando fui consciente de que había algunos “parches”, condensaciones en los brazos. Luego pude comprobar que son regiones HII tan brillantes que cuentan incluso con un lugar propio en el catálogo NGC. Había dos en el brazo más inferior y otro al final del brazo superior. Un tercer brazo hacía su aparición tímidamente en uno de los laterales del núcleo, de una forma menos definida que los principales.

M101 detalles

Creo que no le dediqué todo el tiempo que pude, así que estoy deseando tenerla a tiro en un cielo oscuro para poder completar esos brazos y ver más condensaciones, para sacarle jugo. Ya, por estas fechas, habrá que esperar unos meses y visitarla antes del amanecer. El hecho de saber que siempre estará ahí otorga cierta tranquilidad a esta afición.

De espirales y destellos (M33)

El tercer miembro en tamaño de nuestro Grupo Local se encuentra a 2.8 millones de años luz de nosotros, dentro del campo gravitacional de la Galaxia de Andrómeda. M33, conocida como la galaxia del Triángulo o NGC 598, se acerca a nosotros a 200 km por segundo (velocidad relativamente pequeña). Se han encontrado puentes de hidrógeno neutro y estrellas entre M33 y M31, lo cual parece ser testimonio de una interacción entre ambas que tuvo lugar entre 2 y 8 mil millones de años atrás. Se estima que en 2.500 millones de años sufrirán una colisión más violenta (y un tiempo después le tocará a la Vía Láctea…).

M33 es una galaxia espiral menor que la nuestra, con un diámetro de 60.000 años luz y una población que ronda las 40 mil millones estrellas (diez veces menos que la Vía Láctea). Fue descubierta por el italiano Giovanni Battista Hodierna cien años antes de que Charles Messier diera cuenta de ella en su catálogo. Sin embargo, no se conoció su estructura espiral hasta 1849, cuando Lord Rosse la describió como tal. Pasarían décadas hasta que se conociera su verdadera naturaleza extragaláctica.

Foto M33

Su luz llega a nosotros con una inclinación de 55º, si estuviera completamente de frente sería mayor el espectáculo. En fotografías de larga exposición podemos ver una miríada de pequeñas regiones rosadas y condensaciones, que corresponden a regiones HII en las que se están formando estrellas. Algunas de ellas, como veremos a continuación, son visibles con el telescopio, especialmente una que cuenta con un puesto propio en el catálogo NGC: NGC 604. Es una inmensa nebulosa de emisión con una composición similar a la de la Nebulosa de Orion, y de un tamaño mucho mayor, que llega a los 1.500 años luz. No es, por el contrario, una galaxia rica en supernovas (ocurre, de media, una cada 147 años), y sin embargo se han detectado casi 200 remanentes de supernova en sus brazos, los restos de anteriores supernovas, la mayoría de las cuales produce intensas emisiones de Rayos X. Se ha encontrado también en M33 el mayor agujero negro de masa estelar conocido hasta la fecha, que forma sistema binario junto a una estrella, eclipsándola cada 3.5 días, que se ha denominado M33 X-7.

M33 es, al ocular, un objeto tremendamente grande (su diámetro equivale a dos lunas llenas) y un brillo superficial, por ende, muy bajo. Tener en cuenta estos detalles será básico para verlo. Con prismáticos se puede apreciar sin ningún problema, cerca de Alfa Triangulum o Ras al Muthallath, como una difusa nube grisácea, más evidente con visión indirecta.

La primera vez que apunté mi Dobson 305 mm a M33 recuerdo sentir un poco de decepción. Había unos focos cercanos, y apenas distinguí en ella nada más que una vaga nebulosidad. Tuve que esperar a estar bajo mejores cielos para maravillarme con su estructura y sentir verdadero vértigo. A 65x apenas distingo detalles, pero a 125 aumentos sus brazos aparecen como por arte de magia. En primer lugar dos bien definidos, con forma de “S”, uno de ellos terminando en una brillante condensación que corresponde a NGC 604, la inmensa nube de gas ya comentada. El filtro OIII mejora un poco su visión, pero bajo buenos cielos me parece totalmente innecesario.

M33

Unos minutos más bastaron para darme cuenta de que otros dos brazos hacían su aparición desde el brillante núcleo, más cortos y tenues pero perfectamente visibles, mejorando su visión con mirada periférica. Entonces, para rematar, fue cuando comencé a ver que había varias condensaciones que se dejaban notar en sus brazos, perfectamente definidas. Cogí la imagen que llevaba impresa y comprobé que coincidían con zonas HII con nombre propio y, en medio de la emoción, comencé a plasmarlas en el dibujo. Fue el plato fuerte de esa noche (y de otras que le han seguido).

Os muestro el dibujo con anotaciones acerca de los objetos NGC observados para que sirva de referencia, hay muchas más regiones que no pude ver, necesitando mejores cielos y mayores aberturas, pero el hecho de ver estos detalles en un mundo que está a 2.8 millones de años luz…

M33-detalles

PD: ayer encontré un detalle que me llamó mucho la atención, un dibujo que hizo Lord Rosse (el primero en distinguir su estructura espiral). No pude evitar sonreír cuando vi el gran parecido con mi dibujo, y me hizo pensar lo importante que es plasmar todo lo que vemos, el vínculo que se crea con alguien que vio lo mismo que tú hace 200 años, o en el otro hemisferio del planeta…

Dibujo M33 1800

Paciencia, o NGC 6946

Hay objetos que le piden a uno tiempo, lo exigen sin miramientos, y ése es el caso de NGC 6946. Las primeras dos veces que la vi a través del telescopio, apenas distinguí una mancha difusa, grande, pero difusa. La tercera vez, en un lugar más oscuro y tras varios minutos, sus dos brazos más brillantes aparecieron ante mis ojos. Y, por último, un tercer brazo apareció en la última observación, dejando claro que la práctica y constancia son fundamentales en esta afición.

NGC 6946, también denominada Caldwell 12 o Arp 29, es una pequeña galaxia espiral de unos 40.000 años luz de diámetro (poco más de una tercera parte de la nuestra) que se encuentra en la constelación de Cefeo, a una distancia de 18 millones de años luz, flotando solitaria sin pertenecer a ningún grupo de galaxias. Resulta extraño entonces encontrar en ella una tasa de formación de estrellas muy alta, ya que las galaxias más “productivas” son aquellas que están rodeadas por otras galaxias, con las cuales pueden interactuar y usar su material para formar estrellas. No, NGC 6946 flota sola en el espacio, con tan sólo dos galaxias satélite pequeñas situadas a bastante distancia como para que sean las causantes de su proliferación. Y esto no es lo más llamativo de esta galaxia.

Foto - NGC 6946

Es conocida popularmente como “Fire Cracker Galaxy”, o la Galaxia de los fuegos artificiales. Dicho nombre procede de la aparición de continuas supernovas en el último siglo. Desde 1917 se han observado en ella nueve supernovas, visibles muchas de ellas con telescopios de aficionado, habiendo sido las últimas en 2002, 2004 y 2008. Este gran número de explosiones refuerza el concepto de su importante actividad estelar (en comparación, en nuestra galaxia tiene lugar, en promedio, una supernova por siglo).

Como he comentado al principio, NGC 6946 no es una galaxia especialmente fácil de ver, debido principalmente a que tiene un brillo superficial bajo (se encuentra “tapada” parcialmente por la vía láctea, restándole un brillo importante). Sin embargo, conforme pasamos tiempo ante el ocular, los detalles van apareciendo. A 65x apenas se distingue algo más que una mancha difusa de unos 10’ de arco. A 125x NGC 6946 nos empieza a mostrar sus encantos. Llama la atención, de entrada, un núcleo redondo e intenso con un halo alargado. Dos brazos son fácilmente visibles, en lugares diametralmente opuestos, perdiéndose en la oscuridad. La visión periférica revela mejor su curvatura y su posición. Un poco más difícil es el tercer brazo, que tiene su origen en un lado del halo y es más cerrado que los anteriores. En fotografías se aprecia un cuarto brazo que no fui capaz de distinguir, así que tengo un motivo más para apuntar a ella en la próxima salida. A mayores aumentos la imagen se atenúa bastante, perdiendo con ello detalle.

NGC 6946

Apuntemos a ella el telescopio en estas noches de verano y otoño, porque no sabemos cuándo volverá a aparecer otra supernova. Sólo veremos en ese caso una diminuta estrella en alguno de sus brazos, pero la espera habrá merecido la pena.

PD: por cierto, podemos sacar más provecho a esta visita. Muy cerca, compartiendo ocular a pequeños aumentos, tenemos a NGC 6939, un bonito y llamativo cúmulo abierto con un gran número de estrellas pululando a todo lo ancho.

Ultimando galaxias

Anoche, aprovechando que estaba en Almería, hice una visita a la zona de Calar Alto con el telescopio. Es una pena imaginar el antes y el después de esos cielos que ahora se ven estropeados por las luces de la capital y otros pueblos, sobre todo en la zona sur. Hace pocos años tenía que ser impresionante ver estrellas desde allí arriba. Yendo en el coche iba temiendo que el dichoso polvo del Sáhara fuera un impedimento, ya que apenas podían verse las montañas más próximas. Tenía fe en que al subir unos cuantos cientos de metros el polvo quedara por debajo del lugar de observación, y aparentemente así fue. Un cielo limpio me saludó al subir, así como un viento de mil demonios, tan fuerte que movía el telescopio a su antojo. Un mal menor, incómodo, pero menor.

Ya entrados en faena comencé con un par de objetos que nunca había visto por su localización sureña. El primero de ellos, M83, es una galaxia localizada en la constelación de Hydra. Sin embargo, la campana de luz de esa zona no permitió ver gran cosa. Un núcleo pequeño y brillante se encontraba rodeado de un halo débil con forma circular. No había ni rastro de los brazos espirales que se ven en fotografías, por lo que habrá que probar en sitios más oscuros.

Le tocó el turno después a un objeto que no estaba seguro de poder ver. Se trata de Abell 33, una nebulosa planetaria muy débil que se encuentra cerca de la cabeza de la Hydra. Aquí tuve el error de no haberme informado previamente sobre ella, buscar imágenes para tomar como referencia, por lo que no sabía realmente cómo era lo que estaba buscando. Es una nebulosa anular muy tenue que se halla prácticamente en contacto con una estrella relativamente brillante. Mañana lo intentaré otra vez, esta vez con mejores referencias.

La sorpresa de la noche llegó justo después, cuando entraron en el ocular NGC 4485 y NGC 4490. Son dos galaxias en interacción que se encuentran en la constelación de Canes Venatici, al lado de su estrella  β, y reciben también el sobrenombre de Cocoon Nebula (nebulosa del capullo) o Arp 269. No me esperaba verlo tan claro, tan similar a las fotografías. Conforme apareció en ocular pude apreciar la curiosa silueta de NGC 4490, que parece describir una curva en forma de “S” invertida, prolongándose su extremo inferior en dirección a NGC 4485, otra pequeña galaxia que ha perdido su estructura debido a la confrontación con su compañera mayor. Esa gran colisión, que ocurrió hace millones de años, ha producido después el alejamiento progresivo de ambas galaxias, separadas ahora por 24.000 años luz, distancia muy pequeña, comparable a la de la Tierra con el centro de nuestra Galaxia.

NGC 4490

La mejor imagen se obtiene a 125x, especialmente por el conjunto de las galaxias con el campo estelar circundante. A 214x el contraste mejora y se aprecian más fácilmente algunas zonas de condensación cerca del núcleo de NGC 4490. Sin duda, el descubrimiento de la noche y un objeto al que recurrir una y otra vez.

El siguiente objeto fue la galaxia M106, también en Canes Venatici, una galaxia espiral gigante que se encuentra a 21-25 millones de años luz de nosotros. A pesar de no poder distinguir sus brazos (salvo cierta sensación de “grumos” cerca de su núcleo), daba la fuerte impresión de estar inclinada, me transmitió una sensación de tridimensionalidad que luego pude comprobar con imágenes. A 125x presenta un núcleo brillante y un gran halo ovalado, de brillo relativamente uniforme.

Cerca de Cor Caroli (alfa de Canes Venatici) se encuentra M63, la galaxia del Girasol. Sinceramente, con ese nombre esperaba ver algún detalle más, pero parece que ese nombre le hace justicia en fotografías de larga exposición o aberuras mayores. Al ocular se aprecia una mancha brillante, elíptica, más densa en el centro, de unos 8′ aproximadamente en su eje mayor. Aunque no tenga detalles visibles, no deja de ser increíble el hecho de ser capaces de ver algo tan lejano. A 37 millones de años luz, forma parte de un grupo de galaxias junto a M51. En fotografías se aprecia su estructura de galaxia espiral floculenta, presentando una multitud  de brazos espirales (de ahí su sobrenombre).

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Para terminar, NGC 4725 es una bonita galaxia situada a 41 millones de años luz, en la constelación de Coma Berenices, muy cerca de NGC 4565 (que ya vimos el otro día). Es una galaxia espiral barrada, que a 125x presenta un brillo muy elevado y un gran tamaño, que salta a la vista conforme entra por el ocular. Su forma ovalada no presenta alteraciones, aunque en teoría debería de poder intuirse su brazo en forma de anillo, que es el elemento más característico de esta galaxia. Mañana intentaré verlo de nuevo en un lugar más oscuro, y si consigo distinguirlo lo plasmaré en un dibujo. Lo que sí pude ver son dos galaxias compañeras (esta zona se encuentra plagada de manchas), NGC 4712 y, en dirección contraria, NGC 4747, ambas pequeñas y elípticas pero bien definidas, con núcleo brillante.