Entre nube y nube (NGC 1245, M76 y Gamma Andromedae)

El otoño trae objetos muy variados, pero también esporádicos ejércitos de nubes con los que hay que lidiar para aprovechar la noche. Ayer fue uno de esos días con una previsión del tiempo optimista que se tuerce cuando llega la hora de observar y ese 10% de nubes que marca el tiempo ocupa realmente una franja de más de 80% del cielo. Aun así había claros con estrellas brillando en un cielo bastante limpio. Las siguientes observaciones las realicé desde mi casa en el Barrio de la Vega, un pueblo a diez minutos de Granada con un cielo relativamente decente.

Tras comprobar que la calidad del cielo era adecuada, comencé con un cúmulo abierto que tenía en mi lista de asuntos pendientes. NGC 1245, o Melotte 18, está situado en Perseo, en pleno centro de la constelación, lindando con Melotte 20, la brillante agrupación estelar que rodea a Mirfak, o  Alpha Persei. Se encuentra en una zona ricamente poblada de estrellas, como corresponde a su localización en plena vía láctea otoñal. Sus estrellas tienen una media de edad de mil millones de años, 5 veces más jóvenes que nuestro sol, y flotan en el espacio a más de 8.000 años luz, distancia nada despreciable.

NGC 1245

Con 65 aumentos ya es visible como una mancha blanquecina de unos 10 minutos de arco, inmersa en un triángulo formado por tres brillantes estrellas. En esta especie de nebulosa resaltan pequeñas estrellas titilando tímidamente, y otras aún más tenues se adivinan. Mayores aumentos aumentan el número de estrellas visibles de forma más clara, pero la sensación de fondo neblinoso no llega a desaparecer. Llegué a contar una treintena de astros, aunque intuyo que bajo cielos oscuros debe ser impresionante.

Mi siguiente objetivo era M76, pero no pude evitar hacer una parada en Almach y leer sobre ella (de hecho, las nubes que iban y venían invitaban a leer tranquilamente esperando que dejasen libre la estrella). Almach, o Gamma Andromedae, es la tercera estrella más brillante de la constelación de Andrómeda, una de las protagonistas de esta estación, tanto por su situación como por ser huésped de M31 (además de otros objetos interesantes de los que ya hablábamos con anterioridad). Se encuentra a una distancia de unos 350 años luz y, personalmente, ocupa el podio de las estrellas dobles, junto con unas pocas más. Forma uno de los extremos de la constelación, una estrella que brilla con una magnitud de 2,26 y tono amarillo-naranja intenso, siendo de clase espectral K3. Es una gigante naranja con un diámetro 96 veces mayor que nuestro sol y una temperatura de 4.200ºC (básicamente, una estrella que se encuentra relativamente cerca de su final, el paso siguiente que le espera al Sol, cuando a empiece a hincharse y volverse rojizo). Cualquier aumento es suficiente para desdoblar su compañera, una bonita estrella azul a 9.6 segundos de arco de la principal. Juntas suponen una magnífica visión en cualquiera de los oculares. Esta segunda estrella es de clase B9, lo que la sitúa en el extremo opuesto del ciclo de la vida, una estrella muy caliente y joven que completa un giro a la primaria en 67 años. Guarda, además, otra sorpresa, y es que la estrella secundaria está formada en realidad por tres estrellas, tan cercanas que quedan fuera del alcance de telescopios de aficionado. El resultado final: una estrella cuádruple de variadas formas y colores.

El término Almach deriva del nombre de un animal arábigo, una especie de tejón o lince. Pero, lejos de ser un animal solitario, Almach es una pequeña familia, y ver las dos estrellas principales a través del ocular es una de las visiones más agradables de las que podemos disfrutar en las noches frías de otoño. El resto lo hará la imaginación, vislumbrando la vida en un planeta en el que cuatro soles juegan al escondite. Uno, enorme y brillante, llega a deslumbrar al resto, pero cuando se está poniendo tras el horizonte y adquiere un tinte aún más rojo, se puede ver otro sol de un color azul que se confunde con el agua, rodeado por otras dos pequeñas estrellas blanquecinas. Pocos planetas podrían presumir de una puesta de sol más bella.

Almach

Finalmente llegamos a M76, entre cúmulos y cirros que atraviesan rápidamente el cielo. Tradicionalmente se ha considerado uno de los objetos más difíciles de observar del catálogo Messier. Personalmente discrepo de esa afirmación, encontrando muchas otras galaxias más tenues y desafiantes. M76 es una nebulosa planetaria descubierta por Pierre Mecháin en 1780, muy cerca del límite entre Perseo y Andrómeda. Herschel fue el primero en distinguir su naturaleza bilobulada, pero habría de pasar más tiempo para vislumbrar sus dos lóbulos bien definidos, a modo de orejas o alas de mariposa. Su curiosa forma ha sido objeto de investigación, e incluso hoy en día no se tiene seguridad acerca de su mecanismo de producción. Estudios recientes hacen referencia a que el material que eyectó la estrella ha escapado principalmente por su región ecuatorial, formando una especie de torus que, visto de perfil, es el responsable de su estrambótica forma, que recuerda enormemente a la de M27. Su estrella central va camino de convertirse en una enana blanca, y los gases que la rodean se irán diseminando poco a poco hasta desaparecer por completo, dando lugar, en el mejor de los casos, a la gestación de nuevas estrellas.

M76

Es un objeto fácilmente visible ya desde bajos aumentos, a pesar de que lo observé desde un cielo suburbano. A 65x se aprecia una especie de rectángulo bilobulado, con los dos extremos más brillantes. A mayores aumentos esta forma se acentúa, estrechándose algo en el centro. El verdadero desafío es captar los dos lóbulos que salen de los extremos, y para ello, en un cielo de calidad normal, hay que recurrir a la visión periférica. La otra noche tardé unos minutos en comenzar a notar la salida de una de estas “orejas” en la región superior, mejorando la imagen en momentos de buen seeing. En la parte inferior también se aprecia el origen de otro de los lóbulos, menos definido que el anterior. Los filtros no ayudaron especialmente, si bien se podía notar nebulosidad difusa rodeando al cuerpo principal, especialmente a su derecha (anoche la observé desde cielos bastante más oscuros y pude apreciar los dos lóbulos perfectamente, con un poco de esfuerzo pero con claridad). No deja de sorprender la inmensa variedad de formas que pueden adquirir las estrellas a la hora de su muerte. ¿Qué figura nos mostrará el sol cuando llegue su hora? ¿Será un anillo o regalará caprichosas formas a los extraterrestres que nos examinen desde la distancia?

Superhéroes en Andrómeda

No, no vamos a hablar de la Galaxia de Andrómeda. Ella tendrá su momento de gloria en otro momento, pero hoy le toca el turno a tres objetos de su propia constelación que tienen el valor de plantarle cara con sus interesantes detalles. Vamos a hablar de dos peculiares galaxias (NGC 891 y NGC 404) y una bonita nebulosa planetaria (NGC 7662), todas ellas accesibles a telescopios de pequeña abertura, aunque para distinguir ciertos detalles necesitaremos más anchura y, sobre todo, buenos cielos.

Comenzamos por una galaxia, NGC 891, que está incluida además en el catálogo Caldwell con el número 23. Tiene una importante peculiaridad: es una galaxia extremadamente similar a la nuestra, así que podemos apreciar cómo nos vería un extraterrestre desde una galaxia vecina, viéndonos de perfil (desde NGC 891 no podrían vernos, porque estaríamos ocultos por el plano medio de su “vía láctea”, tras oscuras nebulosas, como ahora veremos). Se encuentra a unos 32 millones de años luz, bastante lejos de los límites de nuestro Grupo Local, y mide 110.000 años luz de diámetro. Pertenece al denominado Grupo de NGC 1023, acompañando a esta y a otras 40 galaxias, que se alejan de nosotros a unos 500 km por segundo. Para hacernos una idea, cuando la luz de NGC 891 salió hacia nosotros, en la tierra ni siquiera existían los simios. Fue en esa época cuando se congeló la Antártida y los mamíferos se diversificaron y comenzaron a evolucionar rápidamente.

Foto - NGC 891

Su característica más llamativa, quizás, sea la impresionante franja oscura que atraviesa la galaxia de extremo a extremo, que puede apreciarse en todo su esplendor en fotografías de larga exposición. Además, se ven entrantes oscuros perpendiculares a esta línea, como desgarros violentos que son muestra de que el universo es cualquier cosa menos estático. Estos “dedos” oscuros pueden llegar a medir 4.500 años luz, y se deben probablemente a explosiones de supernovas. En su núcleo hay una gran región HII que hace patente su activa formación de estrellas y hace suponer, gracias a recientes estudios, la presencia de una barra central similar a nuestra galaxia.

Al telescopio es fácil de ubicar, al lado de la impresionante estrella Gamma Andromedae o Almach, que ya podemos aprovechar para ver de camino (dos componentes a 9.8’’ de distancia y con un contraste de color impresionante, azul y amarillo) y que merece una entrada a parte. NGC 891 es una galaxia de relativo bajo brillo superficial, cosa que hay que tener en cuenta al buscarla. Una vez en el ocular, obtengo la mejor visión a 125 aumentos, como la mayoría de los objetos que he visto últimamente (el Hyperion 13 mm es una maravilla…). Se aprecia perfectamente su silueta de perfil y un brillo de mayor intensidad en el núcleo, que se va perdiendo hacia los extremos. Es grande, más de lo que parece en un primer momento. La primera vez que la vi no tenía apuntado ningún detalle sobre ella, así que tuve que pestañear y volver a mirar varias veces para convencerme de que estaba viendo una línea oscura que la atravesaba por el centro, de modo similar a NGC 4565 (un poco más débil, según recuerdo). Mayores aumentos disminuyen el brillo global pero no hacen desaparecer la barra oscura.

NGC 891

El siguiente objeto es NGC 7662, una nebulosa planetaria a medio camino entre las constelaciones de Andrómeda y Lacerta, situada a una distancia de 2.000-6.000 años luz. Es una nebulosa de forma circular que brilla con una magnitud de 8.6.  El núcleo de su estrella central, una enana azul, es de los más calientes que se conocen, con una temperatura cercana a los 75.000 grados. Además, esta estrella es variable, cambiando su magnitud de 12 a 16, por lo que en algunas ocasiones no podremos ver rastro de ella (de hecho es difícil de ver incluso en sus máximos, ya que se halla parcialmente cubierta por una capa de gas).

A 65 aumentos ya muestra su aspecto redondeado, mayor que las estrellas que la rodean, pero no deja ver ninguna irregularidad. Una pequeña pelota que flota en un campo no especialmente rico en estrellas. A 125x la imagen mejora considerablemente, aumentando el tamaño de NGC 7662. Ver o no el detalle interno depende de la noche, tanto de la oscuridad del cielo como del seeing. El 10 de septiembre, en lo alto de un monte cerca de Granada, las condiciones fueron suficientemente buenas como para apreciar el anillo interno, más pequeño y de mayor brillo que el resto de la nebulosa, que resaltaba especialmente con mirada periférica. Una tímida estrella brilla en su centro, así que puedo considerar afortunado por observarla en un buen momento. Poniendo el ocular de 7 mm, con 214x, la imagen no pierde excesivo brillo (NGC 7662 aguanta bien los aumentos), pero las turbulencias me impedían visualizar correctamente el anillo interno. Los filtros tampoco me ayudaron mucho. Me he dado cuenta de que cuando la noche es buena no suelo apreciar mejoría en las nebulosas planetarias con el OIII, es más, incluso empeora el contraste (me refiero a las planetarias pequeñas y densas, claro, no a los Velos o la Hélice, por ejemplo). Como siempre, dediqué unos minutos a recrear en mi mente e imaginar el escenario desde un punto de vista más cercano, la diminuta estrella ionizando esa inmensa capa de nubes e impregnándola de un brillo fantasmagórico (se estima un diámetro de 0.8 años luz a la nebulosa).

NGC 7662

Para terminar esta sección de superhéroes hay que nombrar a NGC 404, también conocida como el fantasma de Mirach, por encontrarse lindando con dicha estrella, Beta Andromedae. El espectáculo de ver una estrella tan brillante y con ese tono a medias entre amarillo oscuro y anaranjado, junto con una débil mancha de luz redondeada y difusa, no tiene precio. Esa luz difusa no es sino una galaxia lenticular que se encuentra a 10 millones de años luz, muy cerca de nuestro Grupo Local pero sin estar atraída por él. Este tipo de galaxias se caracteriza por presentar una población de estrellas en fase avanzada de evolución, con abundantes gigantes rojas. Sin embargo, recientes estudios han encontrado dos anillos de estrellas azules y jóvenes concéntricos al núcleo de la galaxia, así como regiones de hidrógeno, que son reflejo de un proceso importante de formación estelar. ¿Cómo es posible que una galaxia “vieja” esté creando estrellas? Parece ser que NGC 404 era anteriormente una galaxia espiral que, hace mil millones de años, colisionó con otras galaxias, alterando su estructura y reactivándose su proliferación de estrellas. Un agujero negro reina en su interior, con una masa de entre 100.000 y 400.000 soles.

NGC 404

Al telescopio la vista es sobrecogedora a cualquier aumento. El fuerte brillo de Mirach no es suficiente para eclipsar a NGC 404, que da la cara como una mancha difusa y perfectamente redondeada, con un núcleo brillante. Cualquier aumento es bueno para observar a este par, ya que la galaxia resiste altos aumentos sin ningún problema. Su alto brillo superficial la hace un buen objetivo para observar desde ciudad, y su cercanía a Mirach la hace idónea para no perderse. No hay excusa para no saludarla siempre que rondemos cerca.