Los brazos de Hércules (NGC 6207)

La disposición de los objetos celestes resulta relativamente arbitraria, y por ello no resulta infrecuente encontrar que un objeto eclipse a otro que ha ido a parar a sus inmediaciones. Es el caso de NGC 6207, una bonita galaxia que se encuentra bajo la sombra de la imponente y brillante M13.

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Crédito: fuente

Ambos objetos pueden verse en el mismo campo del ocular si usamos bajos aumentos, aunque poca gente disfruta con la presencia de esa pequeña mancha alargada cuando las mil estrellas del cúmulo globular reclaman (exigen) su atención. No en vano, su existencia pasó desapercibida hasta 1787, cuando los atentos ojos de William Herschel dieron con ella. NGC 6207 es una galaxia espiral con tres brazos que salen de su núcleo, visibles sin mayor problema gracias a su inclinación moderada. Están salpicados de regiones HII, lugares de candente formación estelar, aunque no tiene cerca otras galaxias que puedan haber estimulado esta proliferación. Su distancia varía enormemente según las fuentes consultadas, coincidiendo la mayoría en una distancia de entre 30 y 40 millones de años luz, aunque hay quien la sitúa mucho más allá, a unos 60 millones de años luz, en cuyo caso formaría parte de una estructura conocida como la Nube de Draco. Su núcleo parece ser excesivamente brillante, aunque el efecto se lo debemos nuevamente a una superposición casual, ya que una estrella de nuestra propia galaxia, de tipo espectral F, ocupa el centro de NGC 6207. En 2004 otra estrella “apareció” momentáneamente en su halo, una supernova que alcanzó la magnitud 15.7.

Foto NGC 6207

Con una magnitud de 11.6, NGC 6207 es visible incluso con telescopios de 10 cm de diámetro. Sin embargo, si queremos vislumbrar algunos de sus detalles tendremos que usar mayores aperturas y disfrutar de un buen cielo. Tiene una longitud de 3 minutos de arco y 1.1 minutos de ancho, y necesitaremos usar aumentos elevados para distinguir algo más que una mancha alargada. La observé con el Dobson de 40 cm del Moral y, tras disfrutarla a bajo aumento en el mismo campo que M13, decidí acercarme más, hasta llegar a los 450 aumentos que me proporcionaban el ocular Zoom Baader (de hasta 8 mm) y una barlow de x2. La galaxia se apreciaba con visión directa sin mayor problema, destacando su núcleo intruso, de aspecto estelar (nunca mejor dicho). Ya desde un primer momento pude notar que su superficie no era homogénea, y un mínimo de atención bastó para notar uno de sus brazos, retorciéndose hacia el este de forma difusa. Al otro lado destacaba una débil alineación fantasmagórica que correspondía al brazo opuesto, rico en regiones HII, que parecía flotar en el halo alargado de la galaxia. Sin duda, una visión para retener en la memoria y un recuerdo de que los actores secundarios pueden llegar a relucir con brillo propio.

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En la palma de la mano celeste (Sh2-157)

Casiopea OB2 es el nombre de una de las asociaciones estelares con las que más podemos disfrutar desde nuestra posición en la galaxia. Se encuentra a unos 8000 años luz de nosotros, ocupando un lugar importante en el brazo de Perseo (uno de los dos principales brazos de la Vía Láctea). Un gran número de objetos conocidos se engloban en esta región, destacando entre ellos M52 y NGC 7635, la nebulosa de la Burbuja. Hoy vamos a ver su mayor región de proliferación estelar, una enorme masa nebulosa que actúa como principal motor de formación de estrellas. En la siguiente imagen podemos apreciar, arriba a la derecha, a M52, y justo a su izquierda asoma NGC 7635. El centro está presidido por el objeto protagonista de este artículo:

Se trata de Sh2-157, descubierta en 1959 por Sharpless, una nebulosa de emisión con un diámetro que supera los 200 años luz. Presenta dos regiones bien diferenciadas: la primera de ellas (también conocida como Simeis 274) es una burbuja de gas que se ha formado en torno a un pequeño cúmulo denominado Basel 3. El centro está presidido por WR 157, una estrella Wolf-Rayet cuyos potentes vientos están moldeando el entorno de la nube, ionizando el gas con su radiación ultravioleta. También se llama SAO 20512 y tiene una magnitud de 9.6, visible por tanto con cualquier instrumento óptico. La nebulosa en torno a la estrella adopta una disposición anular muy extensa y difusa, fácilmente apreciable en fotografías de larga exposición. La parte más meridional es más débil, ionizada por algunas estrellas de tipo espectral OB, y en ella podemos ver Sh2-157a, una pequeña zona más brillante que destaca sobre el resto. Se pueden individualizar hasta 11 regiones HII en la gran masa de hidrógeno, y se han encontrado múltiples objetos extremadamente jóvenes (cuerpos Herbig-Haro y estrellas T Tauri, entre otros), muestra directa de que esta fábrica de estrellas sigue trabajando a pleno rendimiento.

Si queremos observar Sh2-157 tendremos que elegir una noche especialmente oscura, lejos de las nocivas farolas de la ciudad. La busqué hace unos meses con mi Dobson de 30 cm, si bien la noté extremadamente débil, motivo por el cual decidí esperar a observarla bajo mejores condiciones. Éstas aparecieron la pasada noche desde el observatorio del Moral, contando además con la suerte de poder observar por el Dobson de 40 cm. Apunté el grueso tubo hacia la nebulosa en cuestión (haciendo antes una visita de rigor a M52 y NGC 7635, que se encuentran colindantes) y puse el ojo tras el ocular de menor aumento, un Televue Panoptic de 41 mm. El campo se llenó de estrellas perfectamente puntuales y cristalinas, dándome la sensación de estar mirando por la escotilla de una nave espacial. Me sorprendió poder distinguir algunos trazos nebulosos, me animé a colocar un filtro UHC sobre la marcha y entonces el asombro hizo mella en mí. Un filamento de nebulosidad apareció en el campo del ocular, claramente definido y curvado, una de las partes más características de este objeto. El resto de la nebulosa cobró vida entonces, mostrándose de forma similar a las fotografías de larga exposición, aunque de una manera más tenue. Sh2-157 me recuerda enormemente a una mano semiabierta con tres dedos, y sus cuatro estructuras principales eran fácilmente visibles, sobre todo con visión periférica. Los dos “dedos” más meridionales aparecían con mayor claridad, ligeramente curvados, y una tercera prolongación se dejaba ver más allá, en dirección al cúmulo abierto NGC 7510 (que ya vimos en esta entrada).

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Los tres filamentos partían de una masa mayor de nubes en la que se distinguían al menos tres zonas diferenciadas, con la pequeña Sh2-157A brillando en torno a una estrella, como una fantasmagórica envoltura situada justo debajo de la prolongación central. Si hubiera dedicado más tiempo a su observación podría haber observado más detalles, no me cabe la menor duda, pero no todos los días puede uno disfrutar de 40 cm de apertura, así que con todo el dolor de mi alma tuve que apartar la mirada para viajar a otros lugares.

Sh2-157 - detalles

Una diminuta y lejana espiral (NGC 6068)

La Osa Menor es una gran desconocida en cuanto a objetos de cielo profundo, de forma que los únicos objetos “sonados” son el cúmulo abierto NGC 188 y la nebulosa planetaria IC 3568. Hoy vamos a añadir alguno más a esta escueta lista, un objeto cuyo aliciente es, además, que puede ser observado en cualquier momento del año, si bien es en estas noches cuando más provecho podemos sacarle. Lo observé con el Dobson de 40 cm que instalamos en el observatorio del Moral, es algo que hay que matizar porque, siendo objetivos, es un objeto pequeño y débil.

Foto NGC 6068

NGC 6068 es una galaxia espiral barrada que fue descubierta por William Herschel en 1801. Presenta dos prominentes brazos que se abren a lo largo de un halo alargado que alcanza los 3 minutos de arco de longitud. No se distinguen en fotografías de larga exposición condensaciones ni regiones HII, probablemente sea una galaxia bastante pobre en gas. Se encuentra lejos, a la considerable distancia de 300 millones de años luz, dato que nos ayuda a entender la dificultad de su observación. A su lado presenta una compañera aún más débil, conocida como NGC 6068A (o, si preferimos, MCG+13-11-017), una galaxia alargada de magnitud 14 que nos ofrece su perfil, apareciendo como una fantasmagórica franja luminosa, apenas perceptible con visión periférica. Sin embargo, el Dobson de 40 cm me sorprendió con NGC 6068, mostrándola inicialmente como una mancha difusa y alargada al lado de un grupo de cuatro estrellas más brillantes, entre las cuales se disponía, por cierto, su alargada compañera, en un segundo plano. El centro de NGC 6068 relucía con mayor intensidad y mostraba una franja destacada perpendicular al eje mayor, y fue tras varios minutos observando cuando uno de sus brazos se dejó ver sin gran dificultad, engrosado y muy débil, pero claramente visible. El brazo opuesto, más tenue, necesitó unos cuantos minutos más, pero finalmente se rindió a la persistencia. Dudo mucho que pudiera repetir esa misma observación con mi Dobson de 30 cm, y debo admitir que me sorprendió el nivel de detalle que podían suponer 10 cm de más (para que luego digan que el tamaño no importa). Sin embargo, la mayor sorpresa estaba aún por llegar…

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IC 1434, las cien estrellas del lagarto

La constelación del lagarto, Lacerta, es apenas reconocible entre la brillante porción de Vía Láctea que queda tras el Cisne. Sus dispersas y débiles estrellas no muestran ninguna forma especialmente llamativa, tan sólo una vaga versión de Casiopea. No es rica en objetos conocidos de cielo profundo, aunque el aficionado a los cúmulos abiertos puede saciar su sed en esta región, y hoy veremos uno de ellos: IC 1434.

Su descubrimiento se atribuye generalmente a Thomas Henry, en 1893, aunque hay quien apunta a Johann Elert Bode como su verdadero descubridor, en 1777. La galaxia M81, por ejemplo, también es conocida como la galaxia de Bode en honor a este astrónomo. Sin embargo, hay algunas lagunas en torno a IC 1434, siendo la principal debida a la descripción de Bode, que definió el cúmulo como un “cúmulo de estrellas”. Sí, tenía razón, pero lo cierto es que nunca podría haber resuelto sus estrellas con su telescopio habitual, sobre todo si tenemos en cuenta que las estrellas más brillantes del cúmulo alcanzan la magnitud 12. Por tanto, sólo hay dos opciones: o Bode usó un telescopio de mayor apertura que no menciona en ningún sitio u observó un cúmulo diferente (NGC 7243, más brillante, no dista mucho de IC 1434). Sin embargo, las coordenadas descritas por el astrónomo coinciden exactamente con la posición del cúmulo, por lo que el misterio permanecerá sin resolver. La distancia a IC 1434 se ha estimado entre 8.000 y 10.000 años luz, y la edad de sus estrellas parece llegar a los 800 millones de años, según un reciente estudio de 2011.

Alcanza un diámetro de 7 minutos de arco, que a la distancia referida supone unos 17 años luz, un cúmulo pequeño para su avanzada edad. Aunque la magnitud de sus estrellas más brillantes, como comentábamos con anterioridad, es de 12, su brillo conjunto alcanza la novena magnitud, haciéndolo distinguible con unos simples prismáticos bajo un cielo oscuro. Al telescopio IC 1434 es una sorpresa digna de disfrutar si estamos lo suficientemente alejados de la contaminación lumínica. Una nubecilla alargada se transforma en una horda de débiles estrellas que pueblan el centro del ocular. La mejor visión la aprecié con el ocular de 12 mm, a 125 aumentos, pudiendo contar casi un centenar de diminutas estrellas abigarradas. Se disponían longitudinalmente y se podían distinguir algunas alineaciones de estrellas más marcadas. Una neblina bañaba el fondo del cúmulo, con algunas prolongaciones que se adentraban más allá de sus bordes y que eran la manifestación de un mayor número de astros, demasiado débiles para ser distinguidos de forma individual.

IC 1434

Los cambios de BL Lacertae

En 1929 Cuno Hoffmeisler descubrió una estrella que sufría grandes cambios de brillo, clasificada entonces como estrella variable: su nombre era, simplemente, BL Lacertae (se encontraba en la constelación Lacerta, el lagarto). No podía imaginar por aquel entonces la exótica naturaleza de ese pequeño punto cambiante, y es que aún faltaba que la tecnología diese algunos pasos de gigante. Medio siglo después la radioastronomía se fue abriendo un hueco en los observatorios, y en 1968 se pudo comprobar que la estrella en cuestión producía una gran cantidad de ondas de radio, destacando del resto de estrellas. Poco después, con la mejora de los instrumentos ópticos, se vio cierta nebulosidad a su alrededor, llegando a la conclusión de que la estrella no era tal sino el núcleo de una lejana galaxia. Su elevado brillo, así como la alta emisión de ondas de radio, supuso un misterio durante un tiempo más, sorprendiendo a los astrónomos de todo el mundo cuando se reveló su verdadera naturaleza. Hoy en día los términos “quásar” o “blázar” resuenan por doquier, y fue precisamente BL Lacertae la que dio nombre a estos últimos.

Estos objetos se engloban dentro de las llamadas Galaxias de Núcleo Activo (AGN por sus siglas en inglés) y son un grupo de objetos muy particulares. Básicamente están formados por una galaxia en cuyo núcleo hay un agujero negro supermasivo: de las características de este último, así como de su orientación, dependerá el nombre que le demos al objeto en cuestión. En los quásares el agujero negro emite chorros de partículas de alta energía; las galaxias Seyfert son de naturaleza similar, pero en ellas la energía emitida es menor; por último, y centrándonos en el tema de hoy, un blázar es una galaxia con un agujero negro cuyo chorro de partículas, denominado jet, apunta directamente hacia el observador, de manera que quedamos deslumbrados por la energía desprendida. Podríamos decir que quásares y blázares son un mismo objeto cuya definición depende de la orientación de su agujero negro. En los blázares, por tanto, el chorro de energía golpea directamente nuestra retina. El año pasado estuvimos hablando de estos objetos con el pretexto de observar CTA-102, el blázar en Pegaso que aumentó súbitamente su brillo. Y aquí tenemos una importante característica de los blázares, algo que los hace incluso más exóticos, y son sus rápidos cambios de brillo. En BL Lacertae esta variabilidad es prodigiosa, de manera que su brillo puede variar entre la magnitud 12.5 y la 17 en intervalos de tiempo extremadamente cortos. De hecho, se han registrado cambios de hasta una magnitud en períodos de tiempo menores a una hora, lo cual da una idea de su comportamiento tan extremo. La gran variabilidad de es los blázares se debe a que su región emisora es muy pequeña, prácticamente limitada al disco de acreción. La luz se produce en forma de radiación sincrotón, debido a la gran velocidad que adquieren los electrones al salir disparados por las regiones polares. Éstos, al alcanzar una importante fracción de la velocidad de la luz en un intenso campo magnético, generan este tipo de radiación tan intensa. Además, cada cierto tiempo el agujero negro despedaza y engulle a alguna despistada estrella, produciendo un súbito y sorprendente aumento en su brillo habitual.

En el momento actual BL Lacertae permanece relativamente quiescente, brillando con una magnitud que ronda la 13, fácilmente visible con equipos de 30 cm de apertura. Basta con conocer su situación, en la débil y misteriosa Lacerta, el lagarto, con lo cual es una buena excusa para conocer un poco esta constelación. Podemos encontrarla a partir de 6 lacertae, una estrella de tipo espectral B y magnitud 4.5, saltando de estrella en estrella hasta dar con nuestra particular galaxia. La veremos como una estrella más, disfrazada en un campo relativamente pobre de estrellas. Se encuentra flanqueada por dos estrellas: una de ellas tiene una magnitud visual de 12.9, mientras que la otra alcanza la magnitud 14.2. Entre ellas brilla el peculiar blázar, con una intensidad similar a la primera, con lo cual podemos estimarla rondando la treceava magnitud. Es fascinante pensar en la naturaleza de lo que estamos viendo, así como en la distancia tan grande a la que está para que algo tan grande parezca tan pequeño.

 

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Inauguración del observatorio del Moral (Cuenca)

Algunos ya habéis visto las fotografías del nuevo observatorio que vamos a inaugurar este viernes 28 de julio en el complejo rural El Moral, al lado de Valdecañas, a 20 minutos de Cuenca. El pasado jueves fuimos a impartir un curso sobre astronomía de cara a instruir a los futuros monitores que harán uso del observatorio. El curso duró desde el jueves por la tarde hasta el viernes por la mañana, y en él tratamos de manera general los distintos aspectos de la astronomía: historia, astrofísica, evolución del cosmos, orientación celeste… La noche del jueves pudimos estrenar, entre nube y nube, los distintos instrumentos que hemos instalado en el complejo, destacando el enorme Dobson de 40 cm de apertura y un C11 que se encuentra a resguardo en el observatorio motorizado. Los instrumentos que completan el arsenal son un Maksutov-Cassegrain de 180 mm de apertura, unos prismáticos 20×80 mm y otros tres prismáticos más pequeños, perfectos para navegar por el cielo a bajo aumento. Las imágenes que obtuvimos con el Dobson de 40 cm fueron dignas de recordar a pesar de tener que atravesar varias capas de nubes, aunque la noche inolvidable fue la siguiente, cuando el cielo se tiñó con el blanco de la Vía Láctea, esta vez sin nubes que importunaran. Las nebulosas deslumbraban la mirada tras el ocular, sin necesidad de filtros, y Saturno mostraba sus anillos con una nitidez asombrosa, así como las franjas de su superficie. La noche se fue sucediendo entre galaxias, cúmulos y nebulosas de todo tipo, destacando las planetarias que pudimos observar a elevados aumentos. A las 3 de la madrugada los asistentes se fueron y me quedé sólo con el Dobson, pudiendo explotarlo con más calma, con exóticos objetos que os iré enseñando a lo largo de estos días. El próximo viernes 28 de julio estaremos allí para la inauguración y para realizar una nueva observación, ¡os esperamos si estáis por la zona!

Semana de inactividad

Esta semana el blog sufrirá un letargo hasta el domingo, ya que nos vamos al complejo rural El Moral, al lado de Valdecañas (Cuenca) para impartir un curso de astronomía a los futuros monitores del observatorio que hemos montado allí. Observaremos a través del Dobson de 40 cm y del C11 que hay bajo la cúpula en uno de los cielos más oscuros de la península, trayendo más historias e interesantes objetos sobre los que hablar. ¡Espero que la calima nos dé un respiro estos días!