Floculenta perfección (NGC 2775)

La constelación de Cáncer es famosa por contener los cúmulos abiertos M44 y M67, conocidos por todo aficionado, pero el tercer objeto más brillante de la constelación no es un cúmulo, sino una galaxia. NGC 2775 cuenta con el privilegio de pertenecer al catálogo Caldwell con el número 48. Descubierta por William Herschel (cómo no) en 1783, su gran atractivo queda patente al contemplar la siguiente fotografía:

Foto NGC 2775.jpg

Pocas galaxias tan perfectas podemos ver con tal nitidez. Es una espiral de tipo Sa, con múltiples brazos en disposición circular que se arremolinan en torno al núcleo. Varias cosas llaman nuestra atención en cuanto a ellos: por un lado, su origen no está en el núcleo brillante y redondeado que preside la galaxia, sino que comienzan a una distancia prudencial, como si surgieran bruscamente de una profunda niebla. Por otro lado, no vemos unos brazos definidos, sino multitud de ellos que, además, parecen estar fragmentados, como otras galaxias floculentas que ya hemos visto. Una gran cantidad de polvo se interpone entre estos brazos formando una red marronácea que añade un gran atractivo a su visión, a lo que hay que añadir la presencia de múltiples condensaciones azuladas que corresponden a regiones HII, lugares de intensa y reciente formación estelar. NGC 2775 se nos presenta levemente inclinada, con una perfecta simetría que produce una agradable sensación a la vista. Tiene un diámetro de unos 75.000 años luz, y su masa se estima en 17.000 millones de masas solares.

Esta galaxia es el miembro más destacado del denominado grupo de NGC 2775, un pequeño grupo que abarca otras galaxias como NGC 2773 o NGC 2777 (con esta última se encuentra relacionada mediante una nube de hidrógeno atómico, aunque no hay evidencias claras de que hayan interaccionado en el pasado). Se sitúa a unos 55 millones de años luz, distancia comparable a la del Cúmulo de Virgo, al cual se haya unido de la misma manera en que lo está nuestro Grupo Local. NGC 2775 forma parte, además, de una agrupación de galaxias conocida como la nube de Antlia-Hydra, un largo filamento formado por más de 100 universos que comparten movimiento a través del cosmos. Hay fuentes que indican la presencia de hasta 5 supernovas en NGC 2775 durante los últimos 30 años, aunque la única que he encontrado registrada ocurrió en 1993, alcanzando una magnitud de 13.9.

NGC 2775 se encuentra a maś cerca de Hydra que del centro de Cáncer, motivo por el cual pertenecía a la primera constelación hasta que, a principios del siglo XX, se redefinieron los límites de las constelaciones, quedando la galaxia englobada dentro del cangrejo. Con una magnitud 10.1, NGC 2775 es fácilmente visible con instrumentos de pequeña apertura, con los cuales destacará, sin duda, su brillante núcleo, que reluce como una potente estrella rodeada de un débil resplandor. Con el Dobson de 30 cm el halo de la galaxia aparece con claridad alrededor del brillante núcleo, una redondeada nube apreciable incluso con visión directa, cuyos bordes se pierden abruptamente en la periferia. No resulta tan llamativa como puede serlo en las fotografías de larga exposición, pero verla en directo, captando sus fotones en el mismo momento, es algo difícil de superar.

NGC 2775

Observando la materia oscura (NGC 672 e IC 1727)

La materia oscura es uno de esos misterios de los que todo el mundo ha oído hablar y que, a pesar de los grandes avances tecnológicos, todavía no llegamos a conocer en profundidad. Sabemos de su existencia porque, aunque no podemos verla, vemos los efectos que causa en su entorno, ya que la materia oscura hace que la materia bariónica (de la que estamos formados nosotros) se mueva de una forma diferente a la esperada. Para entenderlo basta un ejemplo sencillo, usando datos ficticios y cotidianos: imagina un hombre extremadamente delgado que da vueltas sobre sí mismo, sosteniendo una cuerda en cuyo extremo hay una piedra de 1000 kilos girando a su alrededor a gran velocidad. No es de extrañar que nos resulte poco creíble, ya que el sujeto, de apenas 50 kilos de peso, no tendría la fuerza suficientemente para soportar el peso de la piedra. El hombre debería pesar, según podríamos calcular, unos 2000 kilos para que la piedra girase a la velocidad que observamos. ¿Cómo puede ser? Además de los 50 kilos que pesa el individuo debería haber otros 1950 kilos a su alrededor, invisibles, que eviten que él salga disparado tras la pesada piedra. Esa sería la materia oscura, y esa es una de las cosas que podemos observar al escudriñar el universo. Hay muchos movimientos de galaxias que no se pueden explicar con la masa visible, de manera que existe una masa invisible que ha recibido el nombre de materia oscura. Que no la veamos no ha impedido que podamos conocerla a fondo, y de hecho se ha pesado cuánta materia oscura hay en el universo, encontrando que hay cinco veces más masa en forma de materia oscura que en forma de materia visible (un 27% de toda la masa del universo es materia oscura). Se ha comprobado, incluso, que adopta una forma de telaraña cósmica, con filamentos que se unen en nodos en los que se encuentran los cúmulos de galaxias. La materia oscura, por tanto, podría ser el escenario que determina la localización de las galaxias que pueblan el cosmos, una red de caminos que organiza el universo de manera anónima y discreta.

Hoy vamos a estudiar uno de estos filamentos de materia oscura, o, al menos, algunas de las galaxias que lo pueblan, cuya disposición se ha visto enormemente influenciada por este concepto tan abstracto. Viajamos a la constelación del Triángulo, a unos 25 millones de años luz, donde encontramos una bonita pareja de galaxias que nos asegurarán un buen rato de disfrute bajo un cielo oscuro. La principal es NGC 672, una espiral barrada que fue descubierta por William Herschel en 1786. Presenta unos brazos muy débiles y elongados con algunos parches rosados que manifiestan la presencia de regiones de formación estelar, aunque el protagonismo recae, sin duda, sobre la larga y destacada barra central, que brilla con la luz amarillenta de millones de soles. Su tímida compañera es IC 1217, otra galaxia que muestra una débil barra y unos fantasmales brazos apenas distinguibles, probable fruto de su interacción con NGC 672. De hecho, ambas galaxias están a tan sólo 85.000 años luz, menos de lo que mide nuestra Vía Láctea, por lo que no es de extrañar que se dejen notar sus efectos gravitaciones. Se ha detectado, recientemente, un puente de hidrógeno entre ambas galaxias que no hace más que apoyar esta unión estrecha.

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Crédito: Adam Block

El grupo de NGC 672 contiene, además, otras cuatro galaxias, que reciben los matemáticos nombres de AGC 110482, AGC 111945, AGC 111946 y AGC 112521 que, como podemos suponer, quedan fuera de nuestro alcance visual, siendo la mayoría galaxias enanas con una masa excepcionalmente pequeña (el 97% de la masa total del grupo de NGC 672 recae sobre NGC 672 e IC 1727). Todas las galaxias de este grupo han sufrido dos grandes episodios de proliferación estelar, uno antiguo y otro más reciente, coincidentes en el tiempo en cada una de ellas. El primer boom estelar ocurrió hace más de 10.000 millones de años, en el universo joven, mientras que la segunda oleada tuvo lugar hace apenas 8 millones de años luz. Más aún, el grupo de NGC 784, que comparte movimiento con el de NGC 672, también presenta en sus miembros estos dos mismos períodos de brote estelar, sugiriendo que el motivo de esta proliferación debería ser similar tanto en un grupo como en otro. Esto descarta las interacciones entre galaxias como causa principal, ya que entonces no tendrían por qué coincidir los períodos de formación. Recapitulando, hay “algo” capaz de producir que 14 galaxias hayan tenido una intensa proliferación estelar en los últimos millones de años, tras permanecer miles de millones de años en letargo… ¿Cuál es el causante de esa extraña sincronicidad?

El interesante estudio de Adi Zitrin y Noah Brosch publicado en 2008, que podéis encontrar al final del artículo, propone algo extremadamente interesante. Estas 14 galaxias se encontrarían dispuestas a lo largo de un filamento de materia oscura, causa primordial de esta sincronicidad en todas ellas. De hecho, el eje mayor de siete de estas galaxias es muy similar en cuanto a su dirección, eje que coincidiría con el paso del filamento de materia oscura. Podríamos entender este filamento como un tornado que va girando sobre sí mismo, y este giro contribuiría a la rotación de las galaFoto NGC 672 remolinoxias que se encuentran en su camino. El filamento de materia oscura, como comentábamos al principio del artículo, cumple las reglas de la gravedad, de manera que atrae objetos a sus inmediaciones. Ahora supongamos que hay una gran nube de hidrógeno flotando en una zona cercana al filamento. La gravedad haría que la nube se acercara al filamento y, por tanto, a las galaxias, produciéndose la acreción del gas, que llegaría prácticamente por igual a cada una de ellas. Este hidrógeno interactuaría con las galaxias, produciendo una importante proliferación estelar que es la que Adi Zitrin y Noah Brosch analizaron en su trabajo.

Pero vamos a coger ya nuestros telescopios para observar a NGC 672 e IC 1217 en persona, ya con la base teórica a nuestras espaldas. Su localización, cerca del vértice más agudo del Triángulo, resulta fácil de encontrar debido a la presencia de brillantes estrellas en el camino. Necesitaremos, eso sí, un cielo oscuro para poder disfrutar de ellas. NGC 672, la más brillante, posee una magnitud algo menor de 11, al alcance de la mayoría de instrumentos. Con mi Dobson de 30 cm pude apreciar, desde un primer momento, su brillante barra central, que destacaba sobre el fondo del cielo entre dos discretas estrellas. Con visión periférica la barra quedaba confinada en una nube ovalada, extendiéndose el halo hasta alcanzar unos 5 minutos de arco de extensión, quizás algo más. El halo era débil pero fácilmente visible, difuminándose rápidamente hacia sus bordes. IC 1727 tiene una magnitud de 11.5, pero su brillo superficial es muchísimo menor que el de su compañera. De hecho, de entrada no pude apreciarla, ni siquiera con visión periférica. Tuvieron que pasar varios minutos, adaptando mi vista a la oscuridad, para que sus fotones comenzaran a estimular mi retina. Entonces pude notar una nubecilla extremadamente difusa, alargada, que se disponía muy cerca de NGC 672. Al mirarla directamente desaparecía sobre la marcha, para volver a asomarse cuando usaba visión indirecta. Poco a poco su presencia se fue reafirmando y me acabó acompañando de manera más continua, aunque en ningún momento dejó de ser eso, una débil mancha alargada de bordes poco definidos. Una mancha, sin embargo, compuesta por miles de millones de estrellas…

NGC 672.png

Terminé la observación con muy buen sabor de boca. No sólo por el aspecto visual, sino por saber que había estado contemplando dos galaxias atravesadas por un inmenso torbellino invisible, una prueba más para la existencia de un universo enmarañado en el que la materia oscura y la materia bariónica se relacionan entre sí formando enormes telarañas cósmicas.


*Fuente: https://academic.oup.com/mnras/article/390/1/408/974955/The-NGC-672-and-784-galaxy-groups-evidence-for

Taller de astronomía en Don Domingo (19-21 de mayo 2017)

Para los interesados, os comparto la información sobre el taller de astronomía que daremos en Don Domingo, en el Parque Natural de Cazorla, el cielo más limpio y oscuro que he conocido hasta ahora. Será el fin de semana del 19 al 21 de mayo de 2017, y para apuntaros podéis hacerlo a través del siguiente enlace:

Taller de astronomía en Don Domingo

Os dejo el programa de ese fin de semana:

Viernes

19:00 Bienvenida

          1.- Introducción a la astronomía

          2.- Nuestro lugar en el cosmos

20:30 Cena

21:30 Observación nocturna

Sábado

10:00 Desayuno

11:00 Observación solar

12:00 Sesiones didácticas:

          1.- Historia de la astronomía

          2.- Sistema solar

          3.- Estrellas dobles y variables

          4.- Cielo profundo

14:30 Comida

16:00 Ruta de naturalaza

20:30 Cena

21:30 Observación nocturna

Domingo

10:00 Desayuno

11:00 Observación solar

12:00 Ruta de naturaleza

14:30 Comida

15:30 Despedida

Duración: fin de semana.

Alumnos: 6 mínimo, 10 máximo.

Incluye: Albergue en régimen de pensión completa. Clases teóricas y prácticas. Desplazamientos desde el hotel en coches particulares (compartidos) para realizar las rutas. (consultar otras condiciones y acompañantes).

Idiomas: castellano, inglés.

Precio: 169 euros en habitación compartida (pensión completa), 149 euros (media pensión).

Solo asistencia al taller un día 50 euros, (1-2 niños hasta 12 años acompañados de un adulto, gratis).  

Solo asistencia al taller los dos días 75 euros, (1-2 niños hasta 12 años acompañados de un adulto, gratis).

Solo observación un día 30 euros, (1-2 niños hasta 12 años acompañados de un adulto, gratis).

Solo observación dos días 50 euros, (1-2 niños hasta 12 años acompañados de un adulto, gratis).

 

El sitio de alojamiento es la casa rural Don Domingo, y doy fe de que la calidad de su comida está a la altura de la del cielo que hay sobre su tejado. En el siguiente enlace podéis entrar en su sitio web:

Casa rural Don Domingo

Unión en Piscis (NGC 520)

Un verdadero espectáculo nos espera en la constelación de Piscis, situado a unos 90 millones de años luz de distancia, un objeto celeste que ha confundido a los astrónomos desde hace cientos de años. En 1784 William Herschel describió a NGC 520 como “débil y considerablemente alargada”, siendo el primer ser humano de la historia en captar sus lejanos fotones. Posteriormente, a medida que mejoraban los instrumentos ópticos, los detalles de esta galaxia fueron asombrando a sus observadores, y no sin razón, como podemos intuir por su inclusión en el catálogo Arp de galaxias peculiares con el nombre Arp 157.

Foto NGC 520 SHT

En los años 60 se consideraba una galaxia proliferativa, de características similares a M82, aunque poco después se comprobó que la verdad era bien distinta: NGC 520 no era una, sino dos galaxias. El estudio de su hidrógeno neutro permitió conocer que NGC 520 era el resultado de la unión entre una galaxia rica en gas y otra con escaso material gaseoso, en una fase similar a la de las famosas Antenas (NGC 4038 y NGC 4039). Podríamos decir, por tanto, que la visión que tenemos de NGC 520 puede ser algo parecido a lo que verán extraterrestres en un futuro cuando miren a nuestro Grupo Local; la Vía Láctea, en unos 4.000 millones de años, bailará con la galaxia de Andrómeda y sus siluetas se fusionarán en caprichosas formas.

Foto NGC 520

Al observar a NGC 520 en el infrarrojo podemos apreciar un número importante de fuentes luminosas, fruto de la gran proliferación estelar que está motivándose a raíz de la interacción. El telescopio Chandra de rayos X dedicó un tiempo de su actividad a analizar este peculiar objeto, distinguiendo dos núcleos que brillaban intensamente en dicha longitud de onda, cada uno representando el centro de cada miembro de la pareja. El núcleo más brillante en rayos X, el más masivo, es, sin embargo, el que menos se aprecia en luz visible, ya que se encuentra oculto por el disco de la galaxia, que vemos de perfil. En su interior se producen estrellas a una velocidad de 0.7 masas solares al año, hasta 35 veces más de lo esperado para estas regiones internas en una galaxia solitaria. La fuente más brillante en luz visible es la más septentrional, y representa el núcleo de la galaxia menos masiva, que vemos de frente y, por tanto, sin polvo que disminuya su intensidad. Ambas galaxias tomaron contacto hace 300 millones de años, quedando destinadas desde entonces a bailar juntas  hasta que la intensidad de la música intergaláctica las fusione en una mayor galaxia, probablemente una gran elíptica.

NGC 520 se encuentra a unos 90 millones de años luz, algo que debemos tener en cuenta cuando lo observemos con nuestros telescopios: no busquemos una galaxia de la magnitud de las Antenas (que se encuentran a la mitad de distancia). Tiene algo más de 100.000 años luz de diámetro, que en el ocular se traducen en una extensión de 4.4 x 1.8 minutos de arco. Si podemos disfrutar de un cielo oscuro nada nos impedirá distinguir a NGC 520, aunque usemos un telescopio de pequeño calibre. Con mi Dobson de 30 cm pude aprecia, ya a pequeños aumentos, que no era una galaxia normal. Su forma parecía algo irregular, alargada, algo ensanchada en uno de sus extremos. Decidí usar mayores aumentos, y a 214x pude exprimir algo más sus detalles. Su forma aparecía entonces casi triangular, con dicho ensanchamiento más patente, siendo el otro extremo bastante más estrecho, casi terminando en punta. Me recordaba en cierta manera a una versión más brillante de NGC 6745, algo que no es de extrañar si la comparamos en fotografía. En los mejores momentos de estabilidad atmosférica los bordes que se abrían hacia la zona más ancha aparecían resaltados, como dos franjas más brillantes que dejaban entre ellas, un espacio más oscuro, atisbo de polvo y gas que separan a estos dos universos en colisión.

NGC 520

Las nubes moleculares de Orión-Monoceros (NGC 2149 y NGC 2170)

El universo está enormemente jerarquizado, y siempre hay una estructura que está por encima de otra. Hemos estado en varias ocasiones la nube molecular de Orión, y ahora vamos a conocer la región en la que se engloba. El complejo de nubes moleculares de Orión-Monoceros es una maravillosa estructura que abarca una gran área del cielo, cuya fascinante historia se remonta a la época en la que se extinguieron los dinosaurios.

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Según numerosos estudios, hace 60 millones de años tuvo lugar un encuentro entre una nube de hidrógeno neutro (una masa de gas conocida como “high velocity H1 cloud” o nube de H1 de alta velocidad) y el disco de nuestra galaxia. La nube de alta velocidad tendría un diámetro de unos 1250 años luz y entraría en el disco galáctico desde el hemisferio sur, avanzando a la vertiginosa velocidad de 100 km por segundo (de ahí el adjetivo que las define). Esta colisión sería la que determinaría la formación, 20 millones de años después, de una inmensa nube molecular, formada también por hidrógeno, aunque en su forma molecular en vez de atómica (dos hidrógenos unidos entre sí). Esta gran estructura se vería esculpida, a posteriori, por las fuerzas de marea de nuestra propia galaxia, así como por la influencia de numerosas supernovas y los vientos de jóvenes estrellas supermasivas. El resultado final lleva a la disgregación del complejo molecular en nubes moleculares más pequeñas, formándose así sus principales componentes, las nubes de Orión A, Orión B y Monoceros R2.

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Las nubes de Orión fueron las primeras en nacer, hace unos 30 millones de años, mientras que la de Monoceros se formó más adelante, hace unos 10 millones de años. Las primeras, más cercanas, se encuentran a unos 1500 años luz de distancia, situándose la de Monoceros a 2500 años luz, a pesar de lo cual están estrechamente relacionadas entre sí y comunicadas a través de filamentos. En el seno de la nube molecular de Monoceros R2 comenzaron a destacar algunos núcleos más densos, dando lugar a las nebulosas que nos ocupan hoy.

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NGC 2170, fotografía de Adam Block

NGC 2170 fue descubierta por William Herschel en 1784, mientras que NGC 2149 permaneció oculta a la vista del hombre hasta cien años más tarde, cuando fue descubierta por Édouard Jean-Marie Stephan (el mismo que dio nombre al famoso quinteto de galaxias). Esta última se encuentra en el límite de las nubes de Monoceros R2 y Orión A, la cuales se encuentran unidas y formando una estructura anular, probablemente fruto de la burbuja en expansión producida por una supernova reciente. NGC 2170, la nebulosa más brillante de Monoceros R2, se encuentra a 3 grados y medio de su compañera. Al igual que ocurre con la Nebulosa de Orión, estas masas de gas ocultan tras de sí un enjambre de estrellas recién nacidas, así como otras tantas que están aún por nacer.

NGC 2149 es la más débil de estas nebulosas, precisando un cielo relativamente oscuro. Su tamaño de 3 minutos de arco hace aconsejable usa aumentos elevados, siempre y cuando no perdamos demasiado contraste. Con mi Dobson de 30 cm llegué a apreciarla con mayor claridad a 214 aumentos, apareciendo como una nebulosidad extremadamente débil que se disponía alrededor de una pequeña estrella. Ligeramente alargada, la nubecilla desaparecía por complejo cuando fijaba la vista, aunque con mirada periférica se dejaba ver con relativa facilidad.

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Mucho más brillante es NGC 2170, a pesar de contar con unas dimensiones similares. Aparece como una nebulosidad más densa en torno a una llamativa estrella, con dos prolongaciones que se disponen a ambos lados, abarcando otras dos estrellas como si fueran sus brazos. Con visión periférica se extienden algo más lejos, aunque no llegan a superar los 3 minutos de arco. Es emocionante pensar que estamos contemplando dos pequeñas cimas de un enorme iceberg que se encuentra oculto a nuestros ojos, haciendo patente, una vez más, que el universo se encuentra entrelazado e interactuando en todo momento.

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NGC 925, la otra galaxia del triángulo

NGC 925 es otra de las galaxias que esconde la constelación del Triángulo, frecuentemente dejada de lado, si bien comparte bastantes características de M33, su hermana mayor. Se encuentra a 30 millones de años luz, distancia que Hubble estimó con precisión gracias a la observación de las estrellas cefeidas, como podemos leer en este artículo. Es una galaxia de tipo SAB(s)d, una espiral barrada con una elongación considerable (parámetro indicado por la letra “d”). La “s” hace referencia a la ausencia de un anillo en la barra, estructura que a veces se forma en su interior. Fue descubierta en 1784 por William Herschel y, tras estudiar sus propiedades cinéticas, se ha adscrito como miembro del grupo NGC 1023, junto con otras galaxias como NGC 891.

Una de sus peculiaridades radica en una patente asimetría que domina la galaxia en todos sus rincones. Presenta un brazo sur homogéneo y continuado, relativamente normal, mientras que el septentrional aparece subdivido en múltiples zonas sin orden aparente, como si fuera una galaxia floculenta. Además, el centro de la barra no se correlaciona con el centro dinámico de la galaxia, lo cual ha dado que pensar a los astrónomos. Podría deberse a la presencia de una nube de H1 (hidrógeno neutro) gigante de un millón de masas solares que está interactuando con la galaxia, aunque nada contradice la hipótesis de que se deba a una interacción con otra galaxia. La barra es un elemento interesante, poco densa y con una importante proliferación estelar, además de estar ligeramente desviada del centro de la galaxia, lo cual hace pensar que es una estructura determinada por ondas de presión, más parecida a los brazos en espiral que a típicas barras centrales. Quizás habría, por tanto, que redefinir el término barra. En NGC 925 encontramos una gran proliferación estelar, probablemente fruto de las mencionadas interacciones, que se fundamenta en dos zonas más destacadas, en la barra central y en el extremo del brazo sur, el más “tradicional”.

Visualmente, queda patente desde un primer momento su gran parecido a M33. Un brillo superficial bajo, de 14.2, a pesar de tener una magnitud que ronda la décima. No obstante, su tamaño de 10 minutos de arco hace que la luz se disperse por un área relativamente extensa. Aparece ya a bajo aumento como una mancha alargada y muy difusa, que puede necesitar visión lateral si las condiciones no son idóneas. Mayores aumentos no ayudan a revelar más detalles, aunque con mayor apertura es posible apreciar sus brazos espirales destartalados. Se encuentra enmarcada por cuatro estrellas que forman un trapecio y que pueden ayudar a localizarla si usamos poco aumento. En mi caso el ocular por el que me decanté fue el Hyperion de 13 mm que, a 115x, proporcionaba un interesante campo visual, aunque las estrellas no son especialmente numerosas en esta región del cielo. No obstante, merece la pena hacer una visita a esta peculiar galaxia, aunque sea por dar algo de protagonismo a una constelación que carece de grandes figuras astronómicas, al margen de M33.

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Ahondando en el grupo Leo II

 

La constelación de Leo, rica en galaxias, es un lugar que puede pasar desapercibido al lado de otras constelaciones como Virgo o Coma Berenices Sin embargo, tiene sorpresas escondidas en cualquiera de sus rincones. Pequeños grupos de galaxias pueblan una zona comprendida entre 30 y 70 millones de años de distancia, y en su conjunto forman una gran familia conocida como Leo II, situada al lado del Cúmulo de Virgo. Hoy veremos uno de estos pequeños grupos en cuyo dentro destacan dos galaxias, NGC 3607 y NGC 3608. La primera de ellas da nombre al grupo, que está compuesto por unas 14 galaxias y se encuentran en el centro de la constelación.

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NGC 3607 es una lenticular gigante, una familia de estrellas que desprenden una importante cantidad de rayos X calientes, tanto en el interior de la galaxia como en el espacio intergaláctico que la separa de sus compañeras. En su región central reside un agujero negro supermasivo con una masa estimada en 100 millones de masas solares. Presenta un disco de unos 15 segundos de diámetro con un anillo de polvo a su alrededor, similar al que rodea a M104, con la particularidad de que rota en sentido opuesto al del resto de la galaxia. Esta característica la comparte con NGC 6308, una elíptica de baja luminosidad cuyos 10 segundos de arco más internos (el equivalente a 4000 años luz de radio) giran también en sentido contrario al resto. Rota lentamente, a unos 15 km/s, lo cual es más típico de las elípticas gigantes.

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Una posible explicación para la existencia de estos núcleos independientes es la fusión con pequeñas galaxias elípticas, cuyos núcleos son lo suficientemente densos como para sobrevivir parcialmente a este proceso y mantener su velocidad de rotación, aunque esta teoría parece poco probable en el caso de estas galaxias. Otra posibilidad hace referencia a la presencia de brotes de formación estelar, como ocurre en NGC 1023, que alterarían la dinámica interna. En este tipo de galaxias la edad de las estrellas centrales es mucho menor que las del resto del disco, pero en NGC 3607 y NGC 3608 no se cumple esta premisa, con lo cual no permiten despejar esta incertidumbre. Esta última hipótesis podría ser cierta, sin embargo, si las galaxias fueran elípticas, por lo que se ha sugerido que NGC 3607 podría ser realmente una elíptica que ha arrastrado hacia sí parte de las estrellas de NGC 3608, adoptando el aspecto de una lenticular clásica. Se necesitarán nuevos estudios más precisos para conocer el origen de estos núcleos que viajan a contracorriente.

Con una magnitud de 10.8 y un tamaño aparente de 4.9×2.5’, NGC 3607 es fácilmente visible como una bonita esfera ligeramente alargada, con un centro brillante que destaca incluso con visión directa. NGC 3608, muy cerca, forma la pareja perfecta de su compañera. Redondeada y algo más débil, también muestra un núcleo más brillante, aunque sus bordes se difuminan antes y se pierden en la oscuridad del cielo. Una tercera galaxia completa este retrato familiar: NGC 3605 es una pequeña elíptica que parece refugiarse en el regazo de NGC 3607. Es la más débil de las tres, aunque con el Dobson de 30 cm se aprecia sin ninguna dificultad a bajo aumento. Podría parecer una más de este grupo pero, según parece, se encuentra ahí por efecto de perspectiva, situándose a una distancia bastante mayor.

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