Burbujas y medusas cósmicas (Abell 6 y HFG1)

El 14 de marzo salió publicada en AAPOD2 una fotografía que me cautivó y me obligó a mirar al cielo buscando algún retazo de lo que pudiera ver. La fotografía en cuestión es ésta, de Frank Iwaszkiewicz:

Foto Abell 6.jpg

En ella podemos ver dos protagonistas indiscutibles, ambas nebulosas planetarias pero muy distintas entre sí. Abell 6, la pequeña que vemos a la derecha, fue la única que vi, y realmente es la excusa que utilicé para hablar sobre la otra, mucho más interesante y fuera de lo habitual. Ambas se encuentran en la constelación de Casiopea, muy cerca de los límites con Draco. Abell 6, también conocida como PK 136+4.1, es una nebulosa planetaria relativamente joven, que aparece con la habitual forma de burbuja cósmica de un color azulado verdoso, característico del oxígeno ionizado. Presenta algunas irregularidades en su zona central, pero llama la atención la perfección de sus bordes, que se muestran ligeramente engrosados. De la enana blanca que ocupa su centro apenas podemos atisbar un tenue reflejo.

Sin embargo, la otra planetaria llama poderosamente nuestra atención. Su nombre ya es peculiar, ya que se conoce como HFG1, en honor a Heckerthorn, Fesen y Gull, sus descubridores en 1982 (también se denomina PK 136+0.5). Su estrella precursora es V664, de magnitud 14.5, un tipo de estrella denominada binaria precataclísmica, formada por dos estrellas que giran a distancias cada vez más cercanas. Una de ellas es una enana blanca, mientras que la otra es una gigante roja, y completan un giro completo en apenas 14 horas, lo cual da una idea de su proximidad. Fuertes vientos en la zona condicionan la pérdida de abundante gas por parte de la gigante roja, y esto, añadido al hecho de la gran velocidad a la que recorre el medio interestelar, ha propiciado la formación de su elemento más característico. Como se puede apreciar en fotografías de larga exposición, HFG1 va dejando tras de sí un reguero de gas ionizado, una estela de material que se desprende al paso de la estrella como la cola de un enorme cometa. Serpentea a lo largo de unos 20 minutos de arco de longitud, como una víbora rojiza en cuya cabeza se encuentra la porción principal de la planetaria. Podemos apreciar un arco bien definido en uno de los lados de la nebulosa, el frente de choque que nos informa de la dirección hacia la cual se mueve este portento cósmico.

Estos objetos son especialmente interesantes en fotografías de larga exposición, aunque que su bajo brillo superficial los reserva para grandes telescopios y cielos especialmente oscuros. Desde mi lugar de observación habitual me enfrasqué en su búsqueda hace un mes, con Casiopea ya perdiéndose hacia el horizonte, pero quería conocer lo que podía ver antes de que descendiera demasiado. Encontré fácilmente la posición de Abell 6, aunque verla no fue tan sencillo. Tuve que ubicarla perfectamente, en medio de un pequeño triángulo de estrellas, y luego estuve bastante rato intercambiando oculares, probando con los filtros OIII y UHC. Finalmente, con el Hyperion de 13 mm y el filtro OIII conseguí intuir algo, vagamente al principio, aunque con un poco de persistencia pude llegar a apreciar la fantasmagórica forma redondeada de Abell 6. Resoplé aliviado y descansé la vista, dispuesto a afrontar la observación de HFG1. Sin embargo, he de admitir que se me resistió. La constelación se estaba sumergiendo en el hongo luminoso de la periferia de Granada, con lo cual tuve que darme por vencido. Sin embargo, ya está en mi lista de segundas oportunidades, porque estoy seguro de que está al alcance de un Dobson de 12 pulgadas. Solamente hay que buscarla cuando ocupe el lugar más alto del cielo y más lejos aún de cualquier fuente de contaminación lumínica. El otoño que viene habrá que intentarlo nuevamente.

Abell 6

El enigma de Markarian 205

El estudio de la radiación electromagnética ha sido uno de los hitos principales a la hora de conocer el universo, tanto su naturaleza como sus verdaderas dimensiones. Ya en el siglo XIX se conocía el efecto Doppler, según el cual un objeto que se alejara de nosotros nos enviaría ondas más anchas que las habituales (desplazadas hacia el rojo), mientras que serían más estrechas si venía directamente hacia nosotros (todos conocemos ya el clásico ejemplo del tren). De esta manera, Vesto Slipher ya se da cuenta, a principios del siglo XX, de que muchas “nebulosas espirales” presentan desplazamientos al rojo extremadamente importantes, siendo Hubble quien cuantifica dicho desplazamiento y lo relaciona entre ellas, de manera que logra uno de sus principales descubrimientos: las galaxias se alejan de nosotros, y lo hacen más rápido conforme más alejadas están, lo cual lleva a la ineludible teoría de la expansión del universo.

Por tanto, el desplazamiento al rojo se ha convertido en una de las pruebas de que el universo se encuentra en expansión, aunque en ciertos momentos ha llegado a tambalearse. Hoy vamos a presentar uno de los principales enigmas que han generado controversia con respecto a este fenómeno. En 1971, Halton Arp, el creador del célebre catálogo Arp de galaxias peculiares, descubrió que había una conexión entre la galaxia NGC 4319 y una fuente de luz estelar, llamada Markarian 205, que se correspondía con un quásar. La galaxia, una bonita espiral barrada de brazos abiertos, presentaba un desplazamiento al rojo, o redshift, de 0.0045, lo cual la situaba a unos 77 millones de años luz de distancia. Inmersa en su halo estaba Markarian 205, cuyo desplazamiento, de 0.070, lo situaba a la considerable distancia de 950 millones de años luz. Por ese motivo, Arp se quedó fascinado al comprobar que entre ambos parecía existir un puente de materia que los conectaba, débil pero claramente presente. De estar unidos y, por tanto, a distancias similares, el fundamento del desplazamiento al rojo podría quedar invalidado, resquebrajando uno de los principios más importantes en cosmología. Si ambas estuvieran a la misma distancia, ¿cómo podríamos confiar en el desplazamiento al rojo para determinar las distancias de otras galaxias?

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Por suerte, con la adquisición de mejores imágenes se pudo comprobar que el puente de materia no era tal, sino que pudo deberse a un artefacto en las primeras imágenes obtenidas, posiblemente debido a una estrella cercana. No obstante, sí parece haber algo de materia situada entre ambos objetos, aunque estas prolongaciones de NGC 4319 también se han encontrado en otras partes de la galaxia, sin ninguna relación con otros cuerpos, por lo que debemos desechar su unión con Markarian 205. Este quásar es una gran fuente de radiación ultravioleta, y poder verla en longitudes de onda visibles no hace más que apoyar el hecho de que ha tenido que viajar a través de una gran cantidad de espacio para que se desplace hacia el rojo, disminuyendo la frecuencia de sus ondas. El propio Halton Arp descubrió otros pares de galaxias y quásares en los que había grandes diferencias en cuanto a su distancia, aunque el caso que nos ocupa hoy es el más llamativo de todos.

Lo mejor de todo es que podemos ver a NGC 4319 y a Markarian 205 con un telescopio de mediana apertura, y no sólo eso, sino que comparte campo de visión con otra llamativa galaxia, NGC 4291. Esta última se encuentra a 85 millones de años luz, formando parte del mismo grupo que NGC 4319. Esconde en su interior un agujero negro de una masa bastante superior a la que cabría esperar según el tamaño de la galaxia. La mayoría de galaxias presentan una relación similar entre la masa del agujero negro y la masa estelar de la galaxia, pero en el caso de NGC 4291, así como en el de NGC 4342, la teoría parece fallar. Un estudio reciente se centró en detectar el gas caliente que rodea a estas galaxias, como una medida indirecta del halo de materia oscura que las rodea, y encontró que la materia oscura sí parecía relacionarse directamente con el tamaño del agujero negro. ¿Cómo puede influir la materia oscura en el tamaño del agujero negro central de una galaxia? Por suerte, la respuesta no se conoce todavía, y es que una de las cosas más apasionantes de la astronomía es el gran número de preguntas que aguardan respuesta. En los próximos años, con la puesta en marcha de telescopios mucho más potentes, nuestro conocimiento crecerá de forma exponencial y muchos de estos misterios quedarán resueltos.

Foto NGC 4291

Con esta información a la espalda, nos disponemos a observar estos interesantes universos que se encuentran en la constelación de Draco. NGC 4319 nos llamaría la atención como una esfera nebulosa, algo alargada, que brilla con una magnitud de 12.8. Con 3 minutos de arco de diámetro mayor, sus brazos están reservados a cielos completamente alejados de la contaminación lumínica, aunque nuestro objetivo será otro bien distinto. Con una magnitud de 14.5, Markarian 205 brilla tímidamente a la sombra de la galaxia. Con ayuda de visión periférica podremos apreciarlo como una diminuta estrella, apenas destacada sobre el halo de NGC 4319. Sin embargo, cuando alcancemos a ver sus fotones no perdamos de vista las dimensiones: su luz ha recorrido unos vertiginosos mil millones de años luz hasta llegar a nuestra retina, teniendo que atravesar, además, parte del halo de NGC 4319.

NGC 4319

NGC 4291 brilla simpáticamente formando un interesante trapecio con otras tres brillantes estrellas, de manera que no puede pasar desapercibida. Aparece como una nubecilla redondeada, con el centro algo más brillante, que se va debilitando rápidamente conforme se aleja, alcanzando un diámetro de unos dos minutos de arco. Esta es, sin duda, una postal para recordar en la dispersa constelación del dragón, así como una excusa para profundizar en estos fascinantes temas.

NGC 4319 - detalles

La primera gigante de Virgo (M49)

La primera galaxia descubierta del Cúmulo de Virgo no fue otra sino M49, la galaxia más brillante de esta gran familia de estrellas. Messier fue el primer ser humano que la observó en 1771. Ocho años después fue descubierta, de forma independiente, por Barnabas Oriani (nos sonará por ser el descubridor de M61), y por eso el almirante Smith y William Herschel atribuyeron, erróneamente, el hallazgo a este último.

Foto M49.jpg

Como ya hemos mencionado, M49, con una magnitud de 8.4, es la galaxia más brillante del Cúmulo de Virgo, formando parte del subgrupo B. Este grupo se dirige hacia el subgrupo A, y su onda de choque, visible en rayos X, se encuentra muy cerca de M49. También conocida como NGC 4472 o Arp 134, la galaxia se desplaza a gran velocidad a través de gas a enormes temperaturas, como ocurre en las regiones centrales de los cúmulos galácticos. De hecho, M49 está dejando una débil estela tras de sí, como si el gas intracúmulo estuviera “peinando” sus estrellas, como si fuera un cometa que exhibe una llamativa cola. En inglés este fenómeno se conoce como “stripping” y tiene lugar frecuentemente en estas regiones densas y calientes. A las peculiaridades de M49 hay que sumar el número de cúmulos globulares, que rondan los 6000, como ocurre en las grandes elípticas. En dos de estos cúmulos se ha inferido la presencia de agujeros negros, algo digno de ovación cuando hablamos de una distancia de 60 millones de años luz. M49 presenta un tamaño de unos 160.000 años luz de diámetro en su extensión mayor, aunque su densidad de estrellas es menor que la de M87. Como la mayoría de elípticas, en su interior se esconde un agujero negro supermasivo, con una masa cuyos valores oscilan entre 500 y 2600 masas solares.

M49 rige el movimiento de sus galaxias vecinas, bastante más pequeñas, aunque presenta especial interés su relación con UGC 7636, una pequeña galaxia satélite que está sufriendo su acción de una forma mucho más acusada, siendo despojada de gran cantidad de estrellas. En poco tiempo, UGC 7636 habrá sido completamente canibalizada, y para entonces M49 tendrá otras galaxias cercanas listas para alimentarse nuevamente. En 1969 se registró en M49 una supernova que llegó a alcanzar una magnitud de 13, siendo visible con telescopios de mediana apertura.

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Podemos buscar M49 a unos 4 grados de epsilon Virginis, la estrella que conocemos como Vindemiatrix. Es una estrella de magnitud 2.8 que significa “la vendimiadora”, una gigante amarilla de tipo espectral G que pertenece al grupo de las Hyades, el famoso grupo de Tauro. De allí, saltando de estrella en estrella, llegaremos a la brillante M49. Con una magnitud de 9.4, es fácilmente con unos simples prismáticos, aunque es con el telescopio como disfrutaremos de su grandeza. Ya a bajo aumento destaca su intenso núcleo, que brilla con una forma redondeada, abrazado por un halo que alcanza los casi 10 minutos de arco de diámetro. Como en la mayoría de elípticas, no hay más detalles que podamos alcanzar con nuestra vista, aunque en este caso podemos disfrutar de algunas otras galaxias que la acompañan en el cúmulo. Al sur encontramos a NGC 4470, una espiral de magnitud superior a 12 que aparece como una pequeña mancha difusa y con centro brillante. NGC 4464, al otro lado, es una elíptica de magnitud 12.8, algo más débil pero fácil de ver con visión periférica. Por último, NGC 4492 es algo mayor, aunque su brillo superficial es menor, por lo que puede resultar una poco más difícil de distinguir, aunque bajo un cielo oscuro no supondrá ningún problema.

M49 - detalles.png

Explorando la Osa Mayor (NGC 4088, NGC 4085 y NGC 4157)

Hoy le toca el turno a otra galaxia que proporcionará una agradable sorpresa al observador que se atreva a buscarla. Se trata de NGC 4088, una galaxia espiral que está interaccionando con NGC 4085, ambas visibles en el mismo campo del ocular. Conocida como Arp 18, NGC 4088 fue descubierta por William Herschel en 1788, mientras que su compañera no formó parte del catálogo hasta el año siguiente.

Foto NGC 4088.jpg

Ambas galaxias se encuentran a unso 51 millones de años luz de distancia, formando parte del grupo de M109, del que ya conocemos a algunos de sus componentes (M109, NGC 3718…). De hecho, forman parte del extremo del grupo más cercano a nosotros. Lo más llamativo de NGC 4088 es, sin duda, su morfología tan peculiar, que no son más que cicatrices de interacciones con otras galaxias (principalmente con NGC 4085, aunque no se descartan encontronazos con otras más lejanas en épocas más remotas). Los indiscutibles protagonistas, como podemos apreciar en la fotografía anterior, son sus dos brazos espirales, que se encuentran formando un ángulo demasiado forzado: No es difícil hacerse una idea de la fuerza a la que deben haberse visto sometidos. Además, destacan también un sinnúmero de cúmulos de jóvenes estrellas recién formadas, esas condensaciones azuladas que se pueden distinguir en sus brazos. El núcleo no ha sufrido tanto las fuerzas de marea generadas por las interacciones, por lo que presume de una textura más homogénea y el color amarillento de las estrellas de edad más avanzada.

Con una magnitud de 11.1, no es difícil encontrar NGC 4088 a bajo aumento, muy cerca de la mencionada M109. Con una longitud  de 5.7 minutos de arco, presenta una forma alargada con su centro más brillante, en forma de barra, y no será difícil sorprendernos cuando distingamos sus brazos, que se extienden formando un ángulo que no es el habitual, ambos en direcciones opuestas. Esta característica la pude ver desde el primer instante con mi Dobson de 30 cm, y sospecho que debe ser visible también con telescopios de menor apertura bajo cielos oscuros. NGC 4085, algo más tímida, se deja ver sin ningún problema como una mancha de menor extensión, llamando la atención su perfil tan fino, como corresponde a una galaxia espiral vista de canto. Ambos universos forman una pareja realmente impresionante que, probablemente, no reciben toda la atención que se merecen.

NGC 4088.png

Pero aún hay más. Una de las veces que estaba observando estas galaxias moví sin querer el tubo, y mientras las buscaba nuevamente fui a dar con otra galaxia brillante y con cierta personalidad. La busqué en el atlas, confirmando que se trataba de NGC 4157, curiosamente otra de las componentes del grupo de M109. Es otra galaxia espiral que nos ofrece su perfil, con una leve inclinación que permite distinguir algunos detalles de su núcleo, al menos en fotografías de larga exposición. Presenta también un importante número de regiones HII, así Foto NGC 4157.jpgcomo abundante polvo oscuro que atenúa la luz de sus regiones más centrales. Tres supernovas se han registrado en esta galaxia, ocurridas en 1937, 1955 y 2003.

Visualmente debo decir que esta galaxia me recordó enormemente a NGC 1055, en Cetus, sobre todo por la compañía de dos brillantes estrellas con las que forma un atractivo triángulo. NGC 4157 es un conspicuo trazo nebuloso en el cielo, algo más extenso que las anteriores galaxias, cuyo centro destaca como una barra brillante. Sus extremos se van agudizando poco a poco hasta desaparecer por completo. Cabría destacar, sin embargo, que la mitad superior de la galaxia, la que incluye al núcleo, se encuentra más iluminada que la inferior, que corresponde con los brazos más cercanos a nosotros, un efecto que no es difícil de apreciar con nuestros propios ojos. Sin duda, un objeto para rematar una visita a estos recónditos y exóticos lugares de la Osa Mayor.

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Una espiralada sorpresa (M61)

La noche del 18 de marzo tuve uno de esos momentos en los que el corazón se acelera y se eriza la piel. Ojeé el atlas para ver qué galaxias del cúmulo de Virgo me quedaban por ver y vi remarcada M61, en la zona sur de este grupo de galaxias. No sabía muy bien qué tipo de galaxia era, supuse que una elíptica, así que cuando miré a través del ocular no pude evitar soltar una exclamación, de la que solo fueron testigos las lechuzas y alguna que otra vaca que mugía en la distancia. Tres brazos en espiral se arremolinaban alrededor del centro de esa llamativa galaxia, haciéndome sentir como los antiguos astrónomos que miraban intrigados las “nebulosas espirales” sin saber que eran inmensos universos poblados por miles de millones de estrellas…

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Crédito: Adam Block/NOAO/AURA/NSF

M61 fue descubierta el 5 de mayo de 1778 por Barnabus Oriani mientras observaba un cometa. Esa misma noche los ojos de Messier se posaron en la galaxia, pero la confundió con el cometa en cuestión, y no fue hasta 6 días después, cuando volvió para observarla nuevamente, que fue consciente de que permanecía estática en el cielo: se había confundido con uno de esos objetos celestes, principal motivo que, unos años atrás, le había llevado a comenzar su famoso catálogo.

También conocida como NGC 4303, M61 es una galaxia espiral barrada que se encuentra a algo menos de 55 millones de años luz, perteneciente a la Nube S del Cúmulo de Virgo, uno de los suburbios de esta gran metrópolis. Posee unos prominentes brazos de cierto aspecto deshilachado y es considerada una galaxia de brote estelar, deducible gracias a una inmensa cantidad de regiones HII y a la intensa emisión de luz ultravioleta que caracteriza a toda la galaxia. Un 16% de esta emisión se encuentra confinada en el núcleo, que ha sido catalogado como LINER (Low-ionization nuclear emisión-line region), lo cual puede explicarse por la presencia de un agujero negro o de un enorme cúmulo abierto con jóvenes y masivas estrellas. De hecho, muy cerca del núcleo se ha encontrado un supercúmulo estelar con una masa de 100.000 soles y 4 millones de edad. Los últimos estudios sugieren, además, que este cúmulo podría coexistir con un agujero negro supermasivo de baja actividad, explicando de este modo la intensa emisión de ultravioleta.

La alta tasa de actividad proliferativa puede deberse a interacciones recientes, siendo importantes candidatas a estos encuentros las cercanas galaxias NGC 4292 y NGC 4303B. M61 produce al año el equivalente a 2 masas solares al año, una tasa de formación que duplica a la de nuestra Vía Láctea. Como resultado de tanta producción estelar, las supernovas son frecuentes en M61, habiéndose registrado 7 de ellas, siendo las últimas en 1999, 2006, 2008 y 2014.

Visualmente, M61 es un regalo inesperado. Se encuentra en una zona relativamente pobre de estrellas, lo cual no hace sino realzar su belleza. A bajo aumento se aprecia como una mancha nebulosa de unos 6 minutos de arco y una magnitud visual de 10.2. Si la noche es oscura puede intuirse que su superficie no es homogénea, pero para comprobarlo es mejor usar mayores aumentos. En mi caso, con el Dobson de 30 cm pude distinguir el mayor número de detalles a 214 aumentos. El núcleo redondeado de la galaxia, brillante, aparecía rodeado de tres prominentes brazos. Tras observar con detenimiento pude intuir que dos de esos brazos eran en realidad uno sólo que mostraba dos zonas más definidas. El restante, más rectilíneo, apuntaba a la única estrella que se atrevía a rondar la galaxia. Con visión periférica resultaba más sencillo distinguirlos e incluso llegaban a alcanzar una mayor extensión, conformando una inesperada obra de arte en este lienzo infinito que tenemos sobre nuestras cabezas y que, poco a poco, lo estamos haciendo desaparecer.

M61

SERastrónomo: 5) Semana Santa y Astronomía

Os adjunto el enlace de la quinta sesión del programa SERastrónomo, en el que hablamos de la liosa relación entre el ciclo lunar y la Semana Santa. En el siguiente enlace podéis escucharlo:

SERastrónomo – Episodio 5 (Semana Santa y Astronomía)

Por cierto, esquematizo aquí la adjudicación de la fecha a esta festividad, es más fácil verlo escrito que oírlo:

-Entrada a la primavera (21 de marzo)

-Siguiente luna llena (Pascua judía)

-Próximo domingo a dicha luna llena – Domingo de Resurrección

Más y más cometas de primavera

El pasado 3 de abril observé el cometa C/2017 E4 (lovejoy) desde la terraza de mi casa, pudiendo adivinar una fina y tenue cola. A la mañana siguiente, ayer, decidí volver a salir a un lugar más oscuro, para intentar cazarlo con un Dobson de 250 mm y una focal de 1200 mm. La calidad del cielo me ofreció una imagen mucho más impresionante, pudiendo apreciar mejor la forma arriñonada de su coma gaseosa, así como una cola más larga aún, especialmente con visión periférica. Seguiremos atentos a su evolución, a ver si nos muestra más detalles y nos vuelve a sorprender:

C.2017 E4 lovejoy 2.png

No obstante, este cometa no es el único que podemos apreciar en el cielo. Ya hablamos hace poco del 41P/Tuttle-Giacobini-Kresak, ese cometa que suele sufrir algún que otro estallido. Le eché un vistazo antes de pasar al siguiente objetivo, vislumbrando una imagen similar a la de días previos: una gran esfera visible con prismáticos, una nube difusa con su centro brillante y un halo deformado en dirección opuesta al sol. Captar su fina cola supondrá un interesante desafío cuando la luna no sea un impedimento. El cometa C/2015 V2 (Johnson) fue el siguiente de la lista. Es un cometa nuevo, de largo período, que proviene de la lejana Nube de Oort. Desde el año 2015, apenas visible con CCD, ha ido acercándose paulatinamente hasta suponer, hoy en día, una bonita visión a través de cualquier telescopio. El 5 de junio se acercará a unos 120 millones de kilómetros de la tierra, mientras que su perihelio (momento más cercano al sol) será el 12 de ese mismo mes. Aunque ahora presenta una magnitud que ronda la novena, es previsible que vaya ascendiendo hasta alcanzar la séptima magnitud, y su cola irá creciendo ostensiblemente a medida que el sol peine su cabellera.

Visible con prismáticos como una pequeña estrella borrosa, busqué al cometa sin saber muy bien qué vería. Me sorprendió, de entrada, su brillante núcleo central, redondeado, pero aun más su definida cola que se prolongaba unos 10 minutos de arco. Conforme fijé la mirada me llamó la atención que la cola aparecía curvada hacia un lado, añadiendo a su aspecto un interesante cariz. Posteriormente pude comprobar, observando fotografías, dicha curvatura, lo cual no hace más que aumentar las ganas de observarlo más cerca de su perihelio.

C.2015 V2 Johnson

Por cierto, como colofón de este período verdaderamente activo de cometas, cabe decir que el 4 de abril se detectó un estallido en el cometa C/2015 ER 61 (PANSTARRS), que aumentó bruscamente hasta presentar una magnitud entre 6 y 7,  fácilmente visible con prismáticos. Hablaremos de este cometa en otra ocasión, probablemente cuando la luna se vaya retrayendo y el cometa sea aun más brillante…