La reina de las galaxias (IC 1101)

Los superlativos siempre nos han causado gran admiración, y la astronomía no se queda atrás, de manera que llama nuestra atención ver los objetos más lejanos, los más grandes, más brillantes… En este aspecto, la observación de quásares puede suplir nuestra sed, ya que son los objetos más brillantes y distantes que podemos apreciar a través de un telescopio (recordemos esta entrada sobre el quásar 3C 273 o esta otra sobre la variable CTA-102). Sin embargo, cuando hablamos de observar galaxias el margen se estrecha considerablemente. Para un Dobson de 30 cm podríamos definir como galaxias débiles aquéllas que se encuentran en torno a los 400 o 500 millones de años luz, de las cuales ya hemos visto unas cuantas en este blog. Sin embargo, hoy vamos a ir más allá, vamos a vislumbrar la galaxia más masiva que conocemos, así como la más lejana que podemos captar con telescopios modestos.

Se trata de IC 1101, una galaxia que, con una magnitud rondando la 14.5, se encuentra a la singular distancia de mil millones de años luz, algo que sólo habíamos podido saborear con los mencionados quásares. IC 1101 ocupa el centro de un gran cúmulo galáctico conocido como Abell 2029. En imágenes de larga exposición podemos ver a la gran IC 1101 rodeada de todo un séquito de pequeños puntos, galaxias enanas que nada pueden hacer para evitar ser devoradas por la galaxia mayor. IC 1101 es una galaxia elíptica bastante alargada, y de ahí la dificultad de establecer sus límites son seguridad. Por un lado, la mayoría de fuentes mencionan las dimensiones en torno a 4 o 6 millones de años luz. Si tenemos en cuenta que entre la galaxia de Andrómeda y la Vía Láctea hay unos 2.5 millones de años luz, podemos hacernos una idea de lo que esos 6 millones significarían. Sin embargo, la realidad no es tan superlativa. El radio efectivo es aquel en el que se emite la mitad de la luz de la galaxia y nos da una idea de las medidas del cuerpo principal. En este sentido, el radio efectivo de IC 1101 es de algo más de 200.000 años luz, de manera que su diámetro estaría en torno a los 500.000 años luz, medio millón de años luz… No son 6 millones, pero sigue siendo una cifra que desafía la lógica. La luz sigue difundiéndose más allá de ese radio efectivo, billones y billones de estrellas que se encuentran formando un enorme y difuso halo, la mayoría de ellas procedentes de otras galaxias. Si tuviésemos en cuenta todas estas estrellas el diámetro de la galaxia se extendería más allá de los 4 millones de años luz, pero entonces habría que adoptar esos mismos criterios al resto de galaxias, y muchas de ellas crecerían sobremanera. No obstante, si adoptamos como reales esos 500.000 años luz podríamos estar más seguros de su veracidad, a riesgo de ser más conservadores.

Foto IC 1101

Dicen que las comparaciones son odiosas, pero en este caso nos van a ayudar a comprender la magnitud de estos números. Nuestra galaxia tiene un diámetro estimado entre 100.000 y 150.000 años luz, con un área de influencia que supera los 300.000 años luz. M87, la galaxia masiva más cercana a nosotros, tiene un tamaño de 120.000 años luz, aunque sus efectos se extienden a un radio de casi 500.000 años luz. Y aquí entra en juego IC 1101, con su diámetro de 500.000 años luz y un área de influencia de más de 2 millones de años luz de radio. Ahora parece verdaderamente grande… ¿Cómo puede formarse un cuerpo tan colosal? La respuesta es sencilla y adaptable a los seres humanos: comiendo. IC 1101 es una galaxia muy antigua que se ha generado en un entorno rico en galaxias, de manera que desde un primer momento se ha ido fusionando con otras. Poco a poco, IC 1101 se ha convertido en un gran atractor: la gran mayoría de puntos que vemos en la fotografía, pequeñas galaxias satélite, habrán desaparecido en unos pocos miles de millones de años.

Este portento de la naturaleza fue descubierto, curiosamente, por Edward Swift, el hijo de Lewis Swift, el famoso cazador de cometas, a través de un refractor de 40 cm de apertura en el año 1890 (Edward contaba entonces con 19 años de edad). El telescopio, después de su descubrimiento, tuvo que moverse, y padre e hijo no llegaron a un acuerdo en cuanto a la posición de la galaxia, de manera que IC 1101 permaneció largo tiempo sin una descripción en el catálogo IC. El joven Edward jamás habría pensado que había sido el primer ser humano en contemplar el objeto más grande conocido de nuestro universo.

La distancia de IC 1101 juega en contra de su grandeza, así que el simple hecho de detectarla ya debería servir para que nos sintamos satisfechos. Se encuentra en la constelación de Virgo, apenas rozando el límite con Serpens Caput.  Para detectarla necesitaremos observar desde un lugar oscuro y, preferiblemente, con una atmósfera muy estable que nos permita usar altos aumentos. De hecho, decidí dibujarla a través del Celestron C11 de mi amigo Leo, con un ocular Explore Scientific de 17 mm y 92º de campo que permitía obtener un amplio campo visual con un buen contraste de imagen. IC 1101 es un objeto pequeño, con una longitud aparente de 1.2 minutos de arco, aunque relativamente grande si tenemos en cuenta su distancia. Su magnitud de 14.7 restringe la calidad del cielo necesaria para verlo, así como la proporcional dosis de paciencia. Es fácil de situar si localizamos una hilera de cuatro estrellas, apreciables en el dibujo, que se abren a la galaxia. Ésta se sitúa entre dos estrellas extremadamente débiles, brillando como una nubecilla difusa, apenas perceptible, que podemos captar con visión lateral. Aparece ciertamente alargada de norte a sur, y ningún detalle más podremos apreciar con nuestros instrumentos. Aquellos que posean telescopios mucho más potentes podrán distinguir algunas de las galaxias satélite que circundan a IC 1101, como pequeñas estrellas débiles y borrosas que vuelvan a su alrededor. La mayor galaxia del cosmos es un fantasma ante nuestros ojos, y de ahí la importancia de abordar la astronomía aprendiendo a observar “con la mente”: sólo así IC 1101 se convierte en uno de los objetos más impresionantes que podemos ver a través de un humilde juego de cristales y espejos.

IC 1101

M88, un frisbee al corazón de Virgo

Volvemos hoy a los dominios del Cúmulo de Virgo dando protagonismo a Charles Messier y a otro de sus objetos descubiertos en esta gran familia galáctica, M88.

Messier_88_galaxy

Crédito: Mt Lemmon

También conocida como NGC 4501, es una galaxia espiral cuya distancia se estima entre los 50 y 60 millones de años luz, en consonancia con las galaxias de este cúmulo. Fue descubierta en 1781, y un siglo después fue una de las 14 espirales que observó Lord Rosse, en una época en la que nadie podía imaginarse la verdadera naturaleza de estos objetos difusos.

Es un objeto de tamaño considerable, pero, cuando hablamos de la gravedad, el más grande es el que manda, de manera que M88 se está acercando rápidamente hacia M87, el núcleo masivo del cúmulo. De hecho, se mueve hacia él de canto, como si fuera un enorme frisbee cósmico que, en su camino, está siendo despojado de la mayor parte de su hidrógeno neutro. Es un fenómeno que se conoce como stripping, que en español vendría a significar pelar, y ocurre especialmente en los cúmulos, zonas con una gran densidad de galaxias y un medio intergaláctico denso y caliente. M88 es una galaxia de tipo Seyfert II, cuya emisión confirma la presencia de un agujero negro supermasivo que alcanza unas 80 millones de masas solares, algo considerable si tenemos en cuenta que el agujero negro de nuestra galaxia tiene unas 4 millones de masas solares. En el centro sí que encontramos una importante cantidad de hidrógeno neutro, que al parecer ha sido desplazado al interior a través de los brazos espirales, una misión que suelen llevar a cabo las barras centrales, en este caso ausentes. La masa de hidrógeno en esta región central alcanza las 42 millones de masas solares, suficiente para generar una importante cantidad de estrellas, aunque su destino está claro: irá acercándose progresivamente al centro del núcleo, perdiendo cada vez más gas, hasta ser devorada por la gran M87, pasando a formar parte de su población estelar.

Con una magnitud de 10.4, M88 es fácilmente visible con unos simples prismáticos si la noche es oscura, apareciendo como una pequeña mancha informe. Sin embargo, al telescopio la galaxia se revela como un interesante objeto. A bajo aumento se aprecia ya su característica forma, un óvalo de luz que alcanza los 7 minutos de longitud y que podría recordar a una versión en miniatura de la Galaxia de Andrómeda, ya que comparten la misma inclinación. Una débil estrella aparece superpuesta en uno de sus extremos, y otra pareja de ellas, más brillantes, lucen algo más alejadas. A mayores aumentos se comienza a notar cierta irregularidad en el disco galáctico, aunque no conseguí apreciar con claridad sus dos brazos. Quizás en mejores condiciones resulte más sencillo, pero aun así M88 nos regala una bonita visión y, a la vez, nos permite conocer un poco mejor la metrópolis más cercana de nuestro entorno.

M88

Afilada NGC 5170

Al sur del Cúmulo de Virgo se extienden una serie de galaxias esparcidas que llegan hasta más allá de M104, todas ellas ligadas al núcleo del cúmulo pero fuera de los subgrupos más céntricos. Son, por así decirlo, los pequeños pueblos periféricos de la gran metrópolis. En su conjunto se conocen como los grupos Virgo II, y encontramos numerosos subgrupos y algunas galaxias independientes. Una de estas galaxias con pocos amigos es NGC 5170:

Foto NGC 5170.png

NGC 5170, situada por debajo de Spica, es una espectacular galaxia espiral con una considerable inclinación, tanto que prácticamente podemos decir que se nos presenta de perfil. En fotografías de larga exposición puede apreciarse cómo una línea oscura atraviesa su región ecuatorial, lo cual nos indica la separación entre un brazo y otro. Detrás, el núcleo brilla incandescente, protegido por la ingente cantidad de polvo y estrellas que lo rodean. Su diámetro se estima en unos 130.000 años luz y numerosos estudios sitúan a la galaxia en torno a los 65 millones de años luz de distancia, al parecer un poco más allá del Cúmulo de Virgo.

Se han llevado a cabo algunos estudios interesantes en esta galaxia, siendo uno de los principales el que ha intentado obtener información de su sistema de cúmulos globulares. Gracias al telescopio Hubble se ha podido estimar una población de 600 de estos cúmulos, todos ellos con características similares a los que ya conocemos de nuestro entorno, dispuestos en su mayoría alrededor del núcleo. De hecho, en la siguiente fotografía se pueden apreciar muchos de ellos, como minúsculos granos de arena que rozan el borde de la galaxia. Entre ellos destaca uno que presenta un desplazamiento hacia el azul, indicando una metalicidad elevada, algo que no cuadra con la población general de cúmulos globulares, que por lo general presentan una metalicidad muy baja (por haberse formado en épocas primigenias en las que el hidrógeno y helio eran más abundantes). Este punto azulado podría ser el núcleo de una galaxia ultracompacta, una pequeña galaxia que habría perdido las estrellas de su halo, quedando tan sólo el núcleo al descubierto. Lo que está claro es que, con los grandes telescopios venideros, vamos a obtener datos tremendamente interesantes.

Foto NGC 5170 GC

La zona donde reside NGC 5170 es parca en estrellas: podemos usar para guiarnos la estrella 69 Virginis, una gigante roja de magnitud 4.76 con la cual podemos deleitarnos unos momentos antes de sumirnos en la oscuridad de la lejanía. NGC 5170 ronda la magnitud 12 y presenta una longitud de 10 minutos de arco. Su anchura apenas supera el minuto de arco, así que ya podemos imaginarnos su aspecto. A 214 aumentos aparece como una delicada franja luminosa extremadamente fina, mostrando primeramente un núcleo más brillante, que con visión periférica adquiere una forma alargada. A ambos lados del núcleo se extiende el halo de la galaxia como dos extensas alas que se van afinando hacia sus extremos, desapareciendo en la oscuridad de un campo sin estrellas.

NGC 5170

Rincones anónimos de Virgo

Al observar el cielo de primavera podemos llegar a sentirnos verdaderos exploradores del infinito, buscadores de galaxias lejanas, sintiendo el impulso de encontrar y registrar la mayor parte de ellas. El cúmulo de Virgo es uno de los principales candidatos en el cual perdernos y pasar horas y horas navegando entre sus muchos universos. Ya hemos visto en el blog un buen número de objetos Messier y de otros catálolgos en esta gran familia de galaxias. La otra noche, observando desde un cielo bastante oscuro, abrí el atlas por la zona del cúmulo y eché un rápido vistazo, buscando qué zonas densas me quedaban aún por explorar. Vi un grupito de galaxias cercano a M49, en la zona más meridional, que se agolpaban en un pequeño espacio, y decidí echarles una visita.

Foto NGC 4273

Esta agrupación de galaxias, situadas en el subgrupo B del cúmulo, forma una bonita aglomeración de considerable brillo, siendo sus principales componentes NGC 4273 y NGC 4281. A su alrededor, en una noche oscura podemos ver innumerables galaxias, aunque hoy vamos a ceñirnos a las que se engloban en unos 30 minutos de arco, el campo de visión que me da el Hyperion de 13 mm en mi Dobson de 30 cm. Vamos a empezar describiendo esta pareja de galaxias que dominan la vista. NGC 4273 es una interesante espiral barrada de magnitud 11.7, descubierta como la mayoría de ellas por Wiliam Herschel en 1786. En fotografías de larga exposición muestra unos brazos ensanchados y retorcidos, azulados, plagados por numerosas condensaciones, regiones donde se están formando estrellas de forma activa. Tiene unos 2 minutos de arco, apareciendo al telescopio como una mancha poco definida aunque brillante, ligeramente alargada y de bordes difusos. NGC 4281 resalta a su lado con un brillo ligeramente mayor, alcanzando la magnitud 11.1. Es una espectacular galaxia espiral que se nos muestra ligeramente inclinada. En la siguiente imagen obtenida con el Hubble podemos apreciarla en todo su esplendor. Misteriosas franjas de polvo rodean su núcleo, restos de un intenso crecimiento estelar no muy lejano en el tiempo, una imagen que podría recordarnos a un sistema solar en formación con el disco de polvo sobre el cual desfilan los planetas recién nacidos.

Original NGC 4281.png

Muy cerca de NGC 4273 podemos atisbar NGC 4277, una pequeña espiral de magnitud 13.7 y apenas un minuto de arco de diámetro. Para verla es necesario usar la visión periférica, apareciendo simplemente como una pequeña y tímida mancha. Justo al otro lado se dispone otra galaxia, esta vez lenticular. Se trata de NGC 4268 y, con una magnitud de 13, está al alcance de telescopios de menor apertura. Nos alejamos ahora un poco hacia el norte para encontrar a NGC 4259. Es una espiral de magnitud 13, y su desplazamiento al rojo la sitúa fuera del cúmulo de Virgo, a la considerable distancia de 110 millones de años luz. Podemos imaginar que no resulta fácil calcular distancias en este mar de manchas diminutas y lejanas…

NGC 4273

NGC 4270 es una lenticular más brillante, de magnitud 12 y 2 minutos de arco de longitud. Posee un halo irregular, con plumas en sus extremos que probablemente sean debidas a su interacción con una pequeña galaxia que hay al lado. Por último, y en mi opinión la más interesante, NGC 4266 es una galaxia espiral que nos muestra su perfil. Es de magnitud 14 y, por si eso fuera poco, se encuentra al lado de una estrella de magnitud 9.1, lo cual convierte su observación en todo un desafío. Con un poco de esfuerzo lograremos evadir el brillo de la estrella, y entonces veremos aparecer, momentáneamente, un surco fantasmal que se alarga un poco más allá del halo de la estrella. Su forma alargada y definida será una justa recompensa por el tiempo empleado. Puede que acabemos exhaustos tras observar este grupo de galaxias, pero la sensación de conocer un poco mejor este gran cielo hará que merezca la pena.

NGC 4273 - detalles

La primera gigante de Virgo (M49)

La primera galaxia descubierta del Cúmulo de Virgo no fue otra sino M49, la galaxia más brillante de esta gran familia de estrellas. Messier fue el primer ser humano que la observó en 1771. Ocho años después fue descubierta, de forma independiente, por Barnabas Oriani (nos sonará por ser el descubridor de M61), y por eso el almirante Smith y William Herschel atribuyeron, erróneamente, el hallazgo a este último.

Foto M49.jpg

Como ya hemos mencionado, M49, con una magnitud de 8.4, es la galaxia más brillante del Cúmulo de Virgo, formando parte del subgrupo B. Este grupo se dirige hacia el subgrupo A, y su onda de choque, visible en rayos X, se encuentra muy cerca de M49. También conocida como NGC 4472 o Arp 134, la galaxia se desplaza a gran velocidad a través de gas a enormes temperaturas, como ocurre en las regiones centrales de los cúmulos galácticos. De hecho, M49 está dejando una débil estela tras de sí, como si el gas intracúmulo estuviera “peinando” sus estrellas, como si fuera un cometa que exhibe una llamativa cola. En inglés este fenómeno se conoce como “stripping” y tiene lugar frecuentemente en estas regiones densas y calientes. A las peculiaridades de M49 hay que sumar el número de cúmulos globulares, que rondan los 6000, como ocurre en las grandes elípticas. En dos de estos cúmulos se ha inferido la presencia de agujeros negros, algo digno de ovación cuando hablamos de una distancia de 60 millones de años luz. M49 presenta un tamaño de unos 160.000 años luz de diámetro en su extensión mayor, aunque su densidad de estrellas es menor que la de M87. Como la mayoría de elípticas, en su interior se esconde un agujero negro supermasivo, con una masa cuyos valores oscilan entre 500 y 2600 masas solares.

M49 rige el movimiento de sus galaxias vecinas, bastante más pequeñas, aunque presenta especial interés su relación con UGC 7636, una pequeña galaxia satélite que está sufriendo su acción de una forma mucho más acusada, siendo despojada de gran cantidad de estrellas. En poco tiempo, UGC 7636 habrá sido completamente canibalizada, y para entonces M49 tendrá otras galaxias cercanas listas para alimentarse nuevamente. En 1969 se registró en M49 una supernova que llegó a alcanzar una magnitud de 13, siendo visible con telescopios de mediana apertura.

M49.png

Podemos buscar M49 a unos 4 grados de epsilon Virginis, la estrella que conocemos como Vindemiatrix. Es una estrella de magnitud 2.8 que significa “la vendimiadora”, una gigante amarilla de tipo espectral G que pertenece al grupo de las Hyades, el famoso grupo de Tauro. De allí, saltando de estrella en estrella, llegaremos a la brillante M49. Con una magnitud de 9.4, es fácilmente con unos simples prismáticos, aunque es con el telescopio como disfrutaremos de su grandeza. Ya a bajo aumento destaca su intenso núcleo, que brilla con una forma redondeada, abrazado por un halo que alcanza los casi 10 minutos de arco de diámetro. Como en la mayoría de elípticas, no hay más detalles que podamos alcanzar con nuestra vista, aunque en este caso podemos disfrutar de algunas otras galaxias que la acompañan en el cúmulo. Al sur encontramos a NGC 4470, una espiral de magnitud superior a 12 que aparece como una pequeña mancha difusa y con centro brillante. NGC 4464, al otro lado, es una elíptica de magnitud 12.8, algo más débil pero fácil de ver con visión periférica. Por último, NGC 4492 es algo mayor, aunque su brillo superficial es menor, por lo que puede resultar una poco más difícil de distinguir, aunque bajo un cielo oscuro no supondrá ningún problema.

M49 - detalles.png

Una espiralada sorpresa (M61)

La noche del 18 de marzo tuve uno de esos momentos en los que el corazón se acelera y se eriza la piel. Ojeé el atlas para ver qué galaxias del cúmulo de Virgo me quedaban por ver y vi remarcada M61, en la zona sur de este grupo de galaxias. No sabía muy bien qué tipo de galaxia era, supuse que una elíptica, así que cuando miré a través del ocular no pude evitar soltar una exclamación, de la que solo fueron testigos las lechuzas y alguna que otra vaca que mugía en la distancia. Tres brazos en espiral se arremolinaban alrededor del centro de esa llamativa galaxia, haciéndome sentir como los antiguos astrónomos que miraban intrigados las “nebulosas espirales” sin saber que eran inmensos universos poblados por miles de millones de estrellas…

Foto M61.jpg

Crédito: Adam Block/NOAO/AURA/NSF

M61 fue descubierta el 5 de mayo de 1778 por Barnabus Oriani mientras observaba un cometa. Esa misma noche los ojos de Messier se posaron en la galaxia, pero la confundió con el cometa en cuestión, y no fue hasta 6 días después, cuando volvió para observarla nuevamente, que fue consciente de que permanecía estática en el cielo: se había confundido con uno de esos objetos celestes, principal motivo que, unos años atrás, le había llevado a comenzar su famoso catálogo.

También conocida como NGC 4303, M61 es una galaxia espiral barrada que se encuentra a algo menos de 55 millones de años luz, perteneciente a la Nube S del Cúmulo de Virgo, uno de los suburbios de esta gran metrópolis. Posee unos prominentes brazos de cierto aspecto deshilachado y es considerada una galaxia de brote estelar, deducible gracias a una inmensa cantidad de regiones HII y a la intensa emisión de luz ultravioleta que caracteriza a toda la galaxia. Un 16% de esta emisión se encuentra confinada en el núcleo, que ha sido catalogado como LINER (Low-ionization nuclear emisión-line region), lo cual puede explicarse por la presencia de un agujero negro o de un enorme cúmulo abierto con jóvenes y masivas estrellas. De hecho, muy cerca del núcleo se ha encontrado un supercúmulo estelar con una masa de 100.000 soles y 4 millones de edad. Los últimos estudios sugieren, además, que este cúmulo podría coexistir con un agujero negro supermasivo de baja actividad, explicando de este modo la intensa emisión de ultravioleta.

La alta tasa de actividad proliferativa puede deberse a interacciones recientes, siendo importantes candidatas a estos encuentros las cercanas galaxias NGC 4292 y NGC 4303B. M61 produce al año el equivalente a 2 masas solares al año, una tasa de formación que duplica a la de nuestra Vía Láctea. Como resultado de tanta producción estelar, las supernovas son frecuentes en M61, habiéndose registrado 7 de ellas, siendo las últimas en 1999, 2006, 2008 y 2014.

Visualmente, M61 es un regalo inesperado. Se encuentra en una zona relativamente pobre de estrellas, lo cual no hace sino realzar su belleza. A bajo aumento se aprecia como una mancha nebulosa de unos 6 minutos de arco y una magnitud visual de 10.2. Si la noche es oscura puede intuirse que su superficie no es homogénea, pero para comprobarlo es mejor usar mayores aumentos. En mi caso, con el Dobson de 30 cm pude distinguir el mayor número de detalles a 214 aumentos. El núcleo redondeado de la galaxia, brillante, aparecía rodeado de tres prominentes brazos. Tras observar con detenimiento pude intuir que dos de esos brazos eran en realidad uno sólo que mostraba dos zonas más definidas. El restante, más rectilíneo, apuntaba a la única estrella que se atrevía a rondar la galaxia. Con visión periférica resultaba más sencillo distinguirlos e incluso llegaban a alcanzar una mayor extensión, conformando una inesperada obra de arte en este lienzo infinito que tenemos sobre nuestras cabezas y que, poco a poco, lo estamos haciendo desaparecer.

M61

En el reino de las grandes galaxias (M59 y M60)

El cúmulo de Virgo está repleto de objetos descubiertos por Messier, pudiendo encontrar 16 de ellos. Hoy vamos a estudiar una de estas fascinantes galaxias situada al este del cúmulo, conocida ya en 1779, cuando Johann Gottfried Koehler la descubrió mientras observaba un cometa que pasaba por la región. Curiosamente, Messier la observó por primera vez tres días después, motivado también por el mencionado cometa, catalogándola como M60. Un siglo después, el almirante Smith distinguió a su compañera, NGC 4647, y sugirió que podrían ser una pareja de lejanos universos compuestos a su vez por numerosas estrellas, girando uno alrededor del otro: no estaba lejos de la realidad.

Foto M60.jpg

Crédito: Adam Block

M60 es una galaxia gigante elíptica, situada a 55 millones de años luz y con un diámetro que supera los 120.000 años luz. Cuenta en su haber con la inmensa cantidad de un trillón de estrellas (el triple que nuestra galaxia, a groso modo) y se ha convertido en la tercera galaxia más brillante del cúmulo de Virgo, justo por detrás de M87 y M49. Como muchos de estos gigantes, M60 cuenta con una gran cohorte de cúmulos globulares, estimándose su población en 5800. Está rodeada, a su vez, por numerosas galaxias satélite, destacando especialmente M60-UCD1. Es una galaxia enana ultracompacta que, con apenas 300 años luz de diámetro, tiene una masa de 140 millones de estrellas. En su interior reside un agujero negro supermasivo con un 15% de dicha masa, siendo probablemente el mayor agujero negro en proporción a su galaxia huésped. Esta pequeña galaxia parece haber sido, en su juventud, una galaxia masiva, pero encuentros repetidos con M60 hace unos 10.000 millones de años causaron su progresiva desnutrición, alimentando a su compañera como tantas otras galaxias satélite. M60-UCD1 es, por cierto, una de las galaxias más densas que existen, con un centenar de estrellas por año luz cúbico. Es, por tanto, como un inmenso cúmulo globular: el corazón de un monstruo ya extinguido.

Hubble image of Messier 60 and M60-UCD1

M60 y M60-UCD1

Volvemos a la gran M60, que guarda alguna que otra sorpresa. En su núcleo reside un inmenso agujero negro, con una masa estimada entre 3400 y 4500 millones de masas solares, convirtiéndose en uno de los mayores conocidos. Sin embargo, dicho agujero negro no es suficiente para explicar la velocidad de sus estrellas, gracias a lo cual se ha deducido la presencia de un halo de materia oscura bastante considerable. En las zonas más cercanas al núcleo, sin embargo, la batuta la siguen llevando las estrellas y el agujero negro, por lo que es probable que la materia oscura se encuentra dispersa a lo largo de toda la galaxia e incluso más allá.

Al lado de M60 podemos ver una bonita galaxia espiral, a apenas 2.5 minutos de arco de distancia, denominada NGC 4647. Su presencia motivó a Halton Arp a incluir ambas galaxias en su catálogo de galaxias peculiares bajo el número 116. El desplazamiento al rojo nos indica que NGC 4647 está algo más alejada de nosotros que M60, a un máximo de 10 millones de años luz de ella, a pesar de lo cual están gravitacionalmente ligadas entre sí. Durante mucho tiempo esta idea se desechó, ya que su apariencia es totalmente inmaculada, no se aprecian brazos retorcidos ni los signos típicos de interacciones intergalácticas. Sin embargo, en 2012 el Telescopio Espacial Hubble encontró algunas zonas en las que ambas galaxias estaban intercambiando estrellas, captando in fraganti el comienzo de una nueva y longeva relación.

Otras galaxias pueblan el campo, pudiendo apreciar otra considerable galaxia del catálogo Messier, M59, también conocida como NGC 4621. A caballo entre las galaxias elípticas y las lenticulares, M59 ha sido motivo de discusión desde hace tiempo. La principal razón es que, aunque posee todas las características de una galaxia elíptica, cerca de su núcleo contiene un disco de estrellas, algo distintivo de las Foto M59lenticulares. Se encuentra a 60 millones de años luz y su tamaño, menor que M60, se estima en unos 90.000 años luz. Posee, así mismo, un importante número de cúmulos globulares, alcanzando los 2200 (nuestra galaxia, con poco más de 150, empalidece ante estas cifras). La característica más llamativa de M59 quizás sea que su disco de estrellas, de unos 200 años luz de radio, gira en sentido opuesto al del resto de la galaxia. Como hemos visto en otras entradas, este comportamiento podría deberse a una anterior fusión entre dos galaxias, de manera que la rotación de una de ellas se mantiene a pesar del ajetreo. En el núcleo de M59 habita, como podemos imaginar, otro agujero negro supermasivo, esta vez con una masa de 270 millones de masas solares. Puede parecer poco comparado con M60, pero no olvidemos que el agujero negro de nuestra Vía Láctea contiene tan sólo 4 millones de masas solares…

Al ocular estas galaxias no muestran detalles especialmente llamativos. Con una magnitud de 8.8, M60 se lleva el protagonismo, apareciendo como una brillante esfera nebulosa con un centro especialmente intenso, pequeño y redondeado. Con un poco de imaginación, uno puede sentir la fuerza que desprenden sus 5800 cúmulos globulares o su inmenso agujero negro. NGC 4647, a su lado, brilla tímidamente como una débil mancha redondeada, sin rastro aparente de sus brazos espirales, aunque el contraste con su compañera no deja de ser atractivo. Al otro lado tenemos a M59, en la que se adivina cierta forma alargada. No muestra un núcleo tan destacado como M60, sino que presenta un brillo homogéneamente disperso, más tenue. Por último, tenemos una cuarta galaxia que se cuela en el ocular, NGC 4638, que parece implorar algo de atención entre tanta galaxia brillante. Es bastante débil, con una magnitud de 11.1, y presenta, de nuevo, características intermedias entre galaxias lenticulares y elípticas. A la vista, sin embargo, no es más que una nubecilla muy difusa y sin forma aparente que, a pesar de ello, contribuye a dar sensación de profundidad al marco del que forma parte.

M59