Rincones anónimos de Virgo

Al observar el cielo de primavera podemos llegar a sentirnos verdaderos exploradores del infinito, buscadores de galaxias lejanas, sintiendo el impulso de encontrar y registrar la mayor parte de ellas. El cúmulo de Virgo es uno de los principales candidatos en el cual perdernos y pasar horas y horas navegando entre sus muchos universos. Ya hemos visto en el blog un buen número de objetos Messier y de otros catálolgos en esta gran familia de galaxias. La otra noche, observando desde un cielo bastante oscuro, abrí el atlas por la zona del cúmulo y eché un rápido vistazo, buscando qué zonas densas me quedaban aún por explorar. Vi un grupito de galaxias cercano a M49, en la zona más meridional, que se agolpaban en un pequeño espacio, y decidí echarles una visita.

Foto NGC 4273

Esta agrupación de galaxias, situadas en el subgrupo B del cúmulo, forma una bonita aglomeración de considerable brillo, siendo sus principales componentes NGC 4273 y NGC 4281. A su alrededor, en una noche oscura podemos ver innumerables galaxias, aunque hoy vamos a ceñirnos a las que se engloban en unos 30 minutos de arco, el campo de visión que me da el Hyperion de 13 mm en mi Dobson de 30 cm. Vamos a empezar describiendo esta pareja de galaxias que dominan la vista. NGC 4273 es una interesante espiral barrada de magnitud 11.7, descubierta como la mayoría de ellas por Wiliam Herschel en 1786. En fotografías de larga exposición muestra unos brazos ensanchados y retorcidos, azulados, plagados por numerosas condensaciones, regiones donde se están formando estrellas de forma activa. Tiene unos 2 minutos de arco, apareciendo al telescopio como una mancha poco definida aunque brillante, ligeramente alargada y de bordes difusos. NGC 4281 resalta a su lado con un brillo ligeramente mayor, alcanzando la magnitud 11.1. Es una espectacular galaxia espiral que se nos muestra ligeramente inclinada. En la siguiente imagen obtenida con el Hubble podemos apreciarla en todo su esplendor. Misteriosas franjas de polvo rodean su núcleo, restos de un intenso crecimiento estelar no muy lejano en el tiempo, una imagen que podría recordarnos a un sistema solar en formación con el disco de polvo sobre el cual desfilan los planetas recién nacidos.

Original NGC 4281.png

Muy cerca de NGC 4273 podemos atisbar NGC 4277, una pequeña espiral de magnitud 13.7 y apenas un minuto de arco de diámetro. Para verla es necesario usar la visión periférica, apareciendo simplemente como una pequeña y tímida mancha. Justo al otro lado se dispone otra galaxia, esta vez lenticular. Se trata de NGC 4268 y, con una magnitud de 13, está al alcance de telescopios de menor apertura. Nos alejamos ahora un poco hacia el norte para encontrar a NGC 4259. Es una espiral de magnitud 13, y su desplazamiento al rojo la sitúa fuera del cúmulo de Virgo, a la considerable distancia de 110 millones de años luz. Podemos imaginar que no resulta fácil calcular distancias en este mar de manchas diminutas y lejanas…

NGC 4273

NGC 4270 es una lenticular más brillante, de magnitud 12 y 2 minutos de arco de longitud. Posee un halo irregular, con plumas en sus extremos que probablemente sean debidas a su interacción con una pequeña galaxia que hay al lado. Por último, y en mi opinión la más interesante, NGC 4266 es una galaxia espiral que nos muestra su perfil. Es de magnitud 14 y, por si eso fuera poco, se encuentra al lado de una estrella de magnitud 9.1, lo cual convierte su observación en todo un desafío. Con un poco de esfuerzo lograremos evadir el brillo de la estrella, y entonces veremos aparecer, momentáneamente, un surco fantasmal que se alarga un poco más allá del halo de la estrella. Su forma alargada y definida será una justa recompensa por el tiempo empleado. Puede que acabemos exhaustos tras observar este grupo de galaxias, pero la sensación de conocer un poco mejor este gran cielo hará que merezca la pena.

NGC 4273 - detalles

La primera gigante de Virgo (M49)

La primera galaxia descubierta del Cúmulo de Virgo no fue otra sino M49, la galaxia más brillante de esta gran familia de estrellas. Messier fue el primer ser humano que la observó en 1771. Ocho años después fue descubierta, de forma independiente, por Barnabas Oriani (nos sonará por ser el descubridor de M61), y por eso el almirante Smith y William Herschel atribuyeron, erróneamente, el hallazgo a este último.

Foto M49.jpg

Como ya hemos mencionado, M49, con una magnitud de 8.4, es la galaxia más brillante del Cúmulo de Virgo, formando parte del subgrupo B. Este grupo se dirige hacia el subgrupo A, y su onda de choque, visible en rayos X, se encuentra muy cerca de M49. También conocida como NGC 4472 o Arp 134, la galaxia se desplaza a gran velocidad a través de gas a enormes temperaturas, como ocurre en las regiones centrales de los cúmulos galácticos. De hecho, M49 está dejando una débil estela tras de sí, como si el gas intracúmulo estuviera “peinando” sus estrellas, como si fuera un cometa que exhibe una llamativa cola. En inglés este fenómeno se conoce como “stripping” y tiene lugar frecuentemente en estas regiones densas y calientes. A las peculiaridades de M49 hay que sumar el número de cúmulos globulares, que rondan los 6000, como ocurre en las grandes elípticas. En dos de estos cúmulos se ha inferido la presencia de agujeros negros, algo digno de ovación cuando hablamos de una distancia de 60 millones de años luz. M49 presenta un tamaño de unos 160.000 años luz de diámetro en su extensión mayor, aunque su densidad de estrellas es menor que la de M87. Como la mayoría de elípticas, en su interior se esconde un agujero negro supermasivo, con una masa cuyos valores oscilan entre 500 y 2600 masas solares.

M49 rige el movimiento de sus galaxias vecinas, bastante más pequeñas, aunque presenta especial interés su relación con UGC 7636, una pequeña galaxia satélite que está sufriendo su acción de una forma mucho más acusada, siendo despojada de gran cantidad de estrellas. En poco tiempo, UGC 7636 habrá sido completamente canibalizada, y para entonces M49 tendrá otras galaxias cercanas listas para alimentarse nuevamente. En 1969 se registró en M49 una supernova que llegó a alcanzar una magnitud de 13, siendo visible con telescopios de mediana apertura.

M49.png

Podemos buscar M49 a unos 4 grados de epsilon Virginis, la estrella que conocemos como Vindemiatrix. Es una estrella de magnitud 2.8 que significa “la vendimiadora”, una gigante amarilla de tipo espectral G que pertenece al grupo de las Hyades, el famoso grupo de Tauro. De allí, saltando de estrella en estrella, llegaremos a la brillante M49. Con una magnitud de 9.4, es fácilmente con unos simples prismáticos, aunque es con el telescopio como disfrutaremos de su grandeza. Ya a bajo aumento destaca su intenso núcleo, que brilla con una forma redondeada, abrazado por un halo que alcanza los casi 10 minutos de arco de diámetro. Como en la mayoría de elípticas, no hay más detalles que podamos alcanzar con nuestra vista, aunque en este caso podemos disfrutar de algunas otras galaxias que la acompañan en el cúmulo. Al sur encontramos a NGC 4470, una espiral de magnitud superior a 12 que aparece como una pequeña mancha difusa y con centro brillante. NGC 4464, al otro lado, es una elíptica de magnitud 12.8, algo más débil pero fácil de ver con visión periférica. Por último, NGC 4492 es algo mayor, aunque su brillo superficial es menor, por lo que puede resultar una poco más difícil de distinguir, aunque bajo un cielo oscuro no supondrá ningún problema.

M49 - detalles.png

Una espiralada sorpresa (M61)

La noche del 18 de marzo tuve uno de esos momentos en los que el corazón se acelera y se eriza la piel. Ojeé el atlas para ver qué galaxias del cúmulo de Virgo me quedaban por ver y vi remarcada M61, en la zona sur de este grupo de galaxias. No sabía muy bien qué tipo de galaxia era, supuse que una elíptica, así que cuando miré a través del ocular no pude evitar soltar una exclamación, de la que solo fueron testigos las lechuzas y alguna que otra vaca que mugía en la distancia. Tres brazos en espiral se arremolinaban alrededor del centro de esa llamativa galaxia, haciéndome sentir como los antiguos astrónomos que miraban intrigados las “nebulosas espirales” sin saber que eran inmensos universos poblados por miles de millones de estrellas…

Foto M61.jpg

Crédito: Adam Block/NOAO/AURA/NSF

M61 fue descubierta el 5 de mayo de 1778 por Barnabus Oriani mientras observaba un cometa. Esa misma noche los ojos de Messier se posaron en la galaxia, pero la confundió con el cometa en cuestión, y no fue hasta 6 días después, cuando volvió para observarla nuevamente, que fue consciente de que permanecía estática en el cielo: se había confundido con uno de esos objetos celestes, principal motivo que, unos años atrás, le había llevado a comenzar su famoso catálogo.

También conocida como NGC 4303, M61 es una galaxia espiral barrada que se encuentra a algo menos de 55 millones de años luz, perteneciente a la Nube S del Cúmulo de Virgo, uno de los suburbios de esta gran metrópolis. Posee unos prominentes brazos de cierto aspecto deshilachado y es considerada una galaxia de brote estelar, deducible gracias a una inmensa cantidad de regiones HII y a la intensa emisión de luz ultravioleta que caracteriza a toda la galaxia. Un 16% de esta emisión se encuentra confinada en el núcleo, que ha sido catalogado como LINER (Low-ionization nuclear emisión-line region), lo cual puede explicarse por la presencia de un agujero negro o de un enorme cúmulo abierto con jóvenes y masivas estrellas. De hecho, muy cerca del núcleo se ha encontrado un supercúmulo estelar con una masa de 100.000 soles y 4 millones de edad. Los últimos estudios sugieren, además, que este cúmulo podría coexistir con un agujero negro supermasivo de baja actividad, explicando de este modo la intensa emisión de ultravioleta.

La alta tasa de actividad proliferativa puede deberse a interacciones recientes, siendo importantes candidatas a estos encuentros las cercanas galaxias NGC 4292 y NGC 4303B. M61 produce al año el equivalente a 2 masas solares al año, una tasa de formación que duplica a la de nuestra Vía Láctea. Como resultado de tanta producción estelar, las supernovas son frecuentes en M61, habiéndose registrado 7 de ellas, siendo las últimas en 1999, 2006, 2008 y 2014.

Visualmente, M61 es un regalo inesperado. Se encuentra en una zona relativamente pobre de estrellas, lo cual no hace sino realzar su belleza. A bajo aumento se aprecia como una mancha nebulosa de unos 6 minutos de arco y una magnitud visual de 10.2. Si la noche es oscura puede intuirse que su superficie no es homogénea, pero para comprobarlo es mejor usar mayores aumentos. En mi caso, con el Dobson de 30 cm pude distinguir el mayor número de detalles a 214 aumentos. El núcleo redondeado de la galaxia, brillante, aparecía rodeado de tres prominentes brazos. Tras observar con detenimiento pude intuir que dos de esos brazos eran en realidad uno sólo que mostraba dos zonas más definidas. El restante, más rectilíneo, apuntaba a la única estrella que se atrevía a rondar la galaxia. Con visión periférica resultaba más sencillo distinguirlos e incluso llegaban a alcanzar una mayor extensión, conformando una inesperada obra de arte en este lienzo infinito que tenemos sobre nuestras cabezas y que, poco a poco, lo estamos haciendo desaparecer.

M61

En el reino de las grandes galaxias (M59 y M60)

El cúmulo de Virgo está repleto de objetos descubiertos por Messier, pudiendo encontrar 16 de ellos. Hoy vamos a estudiar una de estas fascinantes galaxias situada al este del cúmulo, conocida ya en 1779, cuando Johann Gottfried Koehler la descubrió mientras observaba un cometa que pasaba por la región. Curiosamente, Messier la observó por primera vez tres días después, motivado también por el mencionado cometa, catalogándola como M60. Un siglo después, el almirante Smith distinguió a su compañera, NGC 4647, y sugirió que podrían ser una pareja de lejanos universos compuestos a su vez por numerosas estrellas, girando uno alrededor del otro: no estaba lejos de la realidad.

Foto M60.jpg

Crédito: Adam Block

M60 es una galaxia gigante elíptica, situada a 55 millones de años luz y con un diámetro que supera los 120.000 años luz. Cuenta en su haber con la inmensa cantidad de un trillón de estrellas (el triple que nuestra galaxia, a groso modo) y se ha convertido en la tercera galaxia más brillante del cúmulo de Virgo, justo por detrás de M87 y M49. Como muchos de estos gigantes, M60 cuenta con una gran cohorte de cúmulos globulares, estimándose su población en 5800. Está rodeada, a su vez, por numerosas galaxias satélite, destacando especialmente M60-UCD1. Es una galaxia enana ultracompacta que, con apenas 300 años luz de diámetro, tiene una masa de 140 millones de estrellas. En su interior reside un agujero negro supermasivo con un 15% de dicha masa, siendo probablemente el mayor agujero negro en proporción a su galaxia huésped. Esta pequeña galaxia parece haber sido, en su juventud, una galaxia masiva, pero encuentros repetidos con M60 hace unos 10.000 millones de años causaron su progresiva desnutrición, alimentando a su compañera como tantas otras galaxias satélite. M60-UCD1 es, por cierto, una de las galaxias más densas que existen, con un centenar de estrellas por año luz cúbico. Es, por tanto, como un inmenso cúmulo globular: el corazón de un monstruo ya extinguido.

Hubble image of Messier 60 and M60-UCD1

M60 y M60-UCD1

Volvemos a la gran M60, que guarda alguna que otra sorpresa. En su núcleo reside un inmenso agujero negro, con una masa estimada entre 3400 y 4500 millones de masas solares, convirtiéndose en uno de los mayores conocidos. Sin embargo, dicho agujero negro no es suficiente para explicar la velocidad de sus estrellas, gracias a lo cual se ha deducido la presencia de un halo de materia oscura bastante considerable. En las zonas más cercanas al núcleo, sin embargo, la batuta la siguen llevando las estrellas y el agujero negro, por lo que es probable que la materia oscura se encuentra dispersa a lo largo de toda la galaxia e incluso más allá.

Al lado de M60 podemos ver una bonita galaxia espiral, a apenas 2.5 minutos de arco de distancia, denominada NGC 4647. Su presencia motivó a Halton Arp a incluir ambas galaxias en su catálogo de galaxias peculiares bajo el número 116. El desplazamiento al rojo nos indica que NGC 4647 está algo más alejada de nosotros que M60, a un máximo de 10 millones de años luz de ella, a pesar de lo cual están gravitacionalmente ligadas entre sí. Durante mucho tiempo esta idea se desechó, ya que su apariencia es totalmente inmaculada, no se aprecian brazos retorcidos ni los signos típicos de interacciones intergalácticas. Sin embargo, en 2012 el Telescopio Espacial Hubble encontró algunas zonas en las que ambas galaxias estaban intercambiando estrellas, captando in fraganti el comienzo de una nueva y longeva relación.

Otras galaxias pueblan el campo, pudiendo apreciar otra considerable galaxia del catálogo Messier, M59, también conocida como NGC 4621. A caballo entre las galaxias elípticas y las lenticulares, M59 ha sido motivo de discusión desde hace tiempo. La principal razón es que, aunque posee todas las características de una galaxia elíptica, cerca de su núcleo contiene un disco de estrellas, algo distintivo de las Foto M59lenticulares. Se encuentra a 60 millones de años luz y su tamaño, menor que M60, se estima en unos 90.000 años luz. Posee, así mismo, un importante número de cúmulos globulares, alcanzando los 2200 (nuestra galaxia, con poco más de 150, empalidece ante estas cifras). La característica más llamativa de M59 quizás sea que su disco de estrellas, de unos 200 años luz de radio, gira en sentido opuesto al del resto de la galaxia. Como hemos visto en otras entradas, este comportamiento podría deberse a una anterior fusión entre dos galaxias, de manera que la rotación de una de ellas se mantiene a pesar del ajetreo. En el núcleo de M59 habita, como podemos imaginar, otro agujero negro supermasivo, esta vez con una masa de 270 millones de masas solares. Puede parecer poco comparado con M60, pero no olvidemos que el agujero negro de nuestra Vía Láctea contiene tan sólo 4 millones de masas solares…

Al ocular estas galaxias no muestran detalles especialmente llamativos. Con una magnitud de 8.8, M60 se lleva el protagonismo, apareciendo como una brillante esfera nebulosa con un centro especialmente intenso, pequeño y redondeado. Con un poco de imaginación, uno puede sentir la fuerza que desprenden sus 5800 cúmulos globulares o su inmenso agujero negro. NGC 4647, a su lado, brilla tímidamente como una débil mancha redondeada, sin rastro aparente de sus brazos espirales, aunque el contraste con su compañera no deja de ser atractivo. Al otro lado tenemos a M59, en la que se adivina cierta forma alargada. No muestra un núcleo tan destacado como M60, sino que presenta un brillo homogéneamente disperso, más tenue. Por último, tenemos una cuarta galaxia que se cuela en el ocular, NGC 4638, que parece implorar algo de atención entre tanta galaxia brillante. Es bastante débil, con una magnitud de 11.1, y presenta, de nuevo, características intermedias entre galaxias lenticulares y elípticas. A la vista, sin embargo, no es más que una nubecilla muy difusa y sin forma aparente que, a pesar de ello, contribuye a dar sensación de profundidad al marco del que forma parte.

M59

El núcleo de Virgo (M87)

Hoy ponemos el broche al Cúmulo de Virgo por todo lo alto, ya que a medida que pasan los días está más baja hacia el horizonte y tendremos que esperar unos meses para volver a sumergirnos en las profundidades de esta gran ciudad galáctica. Como recordamos de anteriores entradas, el Cúmulo de Virgo, situado a unos 65 millones de años luz, se podía subdividir en varios grupos, destacando los tres centrales: Virgo A, grupo de M86 y Virgo B. Ya observamos en su momento al grupo de M86, y hoy le toca el turno al mayor de los subgrupos, así como el más céntrico, Virgo A.

Este grupo está presidido por la inmensa M87, que también es la reina indiscutible del Cúmulo de Virgo, el eje de la rueda que gira interminablemente. Por su posición y su gran tamaño, M87 ha ido absorbiendo a un sinnúmero de galaxias menores, que han ido alimentando poco a poco al gigante hasta formar lo que podemos ver hoy. De hecho, el seguimiento de 300 nebulosas planetarias de la galaxia ha puesto de manifiesto que en los últimos mil millones de años M87 ha devorado por completo a una galaxia de tamaño medio. Es una galaxia elíptica con más de un trillón de estrellas entre su población, entre 2 y 3 veces más que nuestra Vía Láctea. Sus dimensiones son difíciles de estimar, ya que sus límites no están bien definidos, encontrando estrellas propias situadas a casi un millón de años luz. Por tanto, si bien su parte central, más visible, mide unos 120.000 años luz, dicha cifra puede quedar en ridículo si se tienen en cuentan las zonas periféricas.

Foto M87.jpg

También es rica, como otras grandes elípticas, en cúmulos globulares, contando con la monstruosa cantidad de 12.000 de ellos, dispuestos a su alrededor y visibles en fotografías de larga exposición como diminutas estrellas que flanquean a la galaxia. Hoy en día apenas queda actividad proliferativa, es una galaxia antigua que ha perdido gran parte de su potencial genésico, pero su núcleo no está precisamente muerto. En él habita un agujero negro supermasivo cuya masa se ha estimado en 3.500 millones de masas solares. Un gran disco de acreción gira a su alrededor, cayendo poco a poco en sus dominios y produciendo una emisión enorme de radiación. De hecho, M87 es famosa también por presentar un jet gaseoso que surge a raíz de su agujero negro, produciendo radiación por un mecanismo que vimos con anterioridad (radiación sincrotrón). Haces de electrones salen disparados por las altas velocidades que sufren alrededor del agujero negro y chocan contra el gas del medio interestelar, excitando los átomos de hidrógeno y produciendo rayos X, convirtiendo a M87 en una de las mayores fuentes de dicha radiación que podemos observar desde la Tierra. Este jet se está alejando rápidamente de la galaxia, cambiando de manera tan acelerada que podemos seguir su evolución. En la siguiente foto podemos ver los cambios que han presentado distintas partes del jet en un período de 13 años.

Foto M87 jet

De hecho, se pensaba que las partículas del jet eran supralumínicas, es decir, que avanzaban a una velocidad superior a la de la luz. Esto, al parecer, no es así, sino que hay que sumar la velocidad propia del chorro (a un porcentaje importante de la velocidad de la luz) y la velocidad a la que M87 se aleja de nosotros, por lo cual la percepción siempre será de una velocidad superior. Este jet, además, es apreciable a través de grandes telescopios sin gran dificultad, siempre que se disponga de una atmósfera estable y de elevados aumentos para usar. En 2014 se encontró en M87 el primer cúmulo globular hiperveloz del que se ha tenido constancia, un cúmulo que viaja a más de 2000 km/s y que está escapando de la influencia de la galaxia. Siguiendo su trayectoria y velocidad se ha llegado a la conclusión de que el agujero negro supermasivo que ocupa el centro de M87 podría no ser uno, sino dos agujeros negros, cada uno proveniente de una galaxia en colisión. Habrá que esperar para conocer la respuesta.

Si bien M87 presenta un gran atractivo en cuanto a información astrofísica, no tendrá muchos detalles que mostrarnos en el apartado visual. Es brillante, eso sí, y visible con cualquier instrumento. Con el Dobson de 30 cm se aprecia como una esfera brillante y bien definida, con un núcleo extremadamente brillante algo más grueso de lo que sería una estrella. Usé más de 400 aumentos en un intento de ver el jet, pero la atmósfera turbulenta no me dejaba enfocar, así que tendré que probar suerte en otra ocasión. Dudo mucho que pueda ni siquiera intuirlo con mi telescopio, pero he aprendido que hay que dar nada por sentado hasta que uno mismo lo compruebe (y ni así siquiera). Otro aliciente que presenta M87 al telescopio, además de conocer que estamos mirando al mismísimo centro del Supercúmulo de Virgo, es cazar a otras galaxias que comparten campo. A 125 aumentos pude detectar 4 de ellas. Las más evidentes son NGC 4478 y NGC 4476, de magnitudes 11.2 y 12.4, respectivamente. Son dos galaxias elípticas fáciles de reconocer a unos 8 minutos de distancia de M87. Las otras reciben, curiosamente, la misma denominación que M87 seguida de una letra: NGC 4486A, de magnitud 13.5, tiene un aspecto estelar, mientras que NGC 4486B, de magnitud 13.3, es pequeña pero tiene cierto aspecto nebuloso. Ambas son elípticas enanas, satélites de la gran M87 (realmente podríamos decir que la mayoría de galaxias de la zona son satélites de M87, ya que su influencia se extiende por millones y millones de años luz).

M87

Ya conocemos un poco mejor el núcleo del Supercúmulo al que pertenecemos, y sin embargo aún nos quedan cientos de universos por observar. Pero la estación de las galaxias ya está llegando a su fin, y ahora viene el buen tiempo, las nebulosas y los grandes cúmulos estelares. Dejaremos descansar a las galaxias primaverales durante una temporada y volveremos con las pilas cargadas para seguir disfrutando de ellas en unos meses.

La sonrisa de Markarian

Previamente hemos introducido ya los bordes del gran Cúmulo de Virgo, el cúmulo galáctico más cercano a nosotros, situado entre 50 y 60 millones de años luz. Comentábamos también lo difícil que puede suponer verlo todo sin ningún orden, así que nos vamos a acercar a su centro para abordar una de las áreas más conocidas por los aficionados.

M84

El cúmulo posee tres subnúcleos principales:

-Virgo A: centrado en M87, la galaxia “dominante” del cúmulo.

-Grupo de M86: se está moviendo a gran velocidad hacia el centro.

-Virgo B: rodeando M49.

Algunos autores hablan del subgrupo Virgo C, centrado alrededor de M60, así como de la presencia de otras menores agrupaciones con cierta entidad como para tener nombre propio. El Cúmulo de Virgo se aleja de nosotros a una velocidad de 1100 km por segundo, pero esto no quiere decir que todas sus galaxias compartan dicha velocidad, ya que las múltiples interacciones gravitacionales que ocurren en su interior hacen que haya galaxias viajando al doble de esa velocidad, tanto en una dirección como en otra.

HDR Markarian fin2.jpg

La Cadena de Markarian fotografiada por Juan Francisco Salinas Jiménez

Entre las galaxias encontramos un caliente medio intergaláctico formado por plasma que alcanza los 30 millones de grados centígrados. Este plasma, concepto que a veces nos puede parecer algo complejo, es una masa de átomos que se encuentran ionizados, de manera que pueden cargarse eléctricamente y producir interesantes fenómenos, como la formación de filamentos o rayos. El plasma no es, desde luego, un lugar agradable para la vida, y en este espacio intergaláctico, además, tendremos que esquivar estrellas y planetas a la deriva, e incluso nebulosas planetarias que vagan sin rumbo. De hecho, se estima que un 10% del total de estrellas del cúmulo se encuentra flotando entre galaxias, expulsadas por las continuas interacciones como gotas que salpican contra las rocas.

Charles Messier ya se dio cuenta, a finales del siglo XVIII, de la m-virgogran densidad de objetos nebulosos que había en la misma zona, incorporando 16 de ellos a su famoso catálogo. Posteriores astrónomos fueron encontrando decenas y decenas de nuevas manchas, aunque nadie sabría su naturaleza hasta la década de los 20. Hoy centraremos nuestros sentidos en el subgrupo que rodea a M86 y que forma una de las agrupaciones más famosas de cielo profundo, la Cadena de Markarian, llamada así por el astrónomo armenio que, en 1960, descubrió que ese conjunto de galaxias compartían su viaje a través del cosmos.

La parte más conocida de esta cadena es la que engloba a M84 y M86, dos galaxias lenticulares que parecen los ojos de una expresiva cara celeste. M84 es la más débil de las dos, pese a lo cual tiene una generosa magnitud 10.1, que la hace fácilmente visible con cualquier instrumento. Tiene más de 110.000 años luz de diámetro y presenta dos jets que salen de su núcleo en direcciones opuestas debido a la existencia de un agujero negro supermasivo cuyo tamaño se ha estimado en 1500 millones de veces el del Sol. No presenta una gran  proliferación estelar, aunque cuenta con más de 1800 cúmulos globulares a su alrededor y una densa Foto M84banda de polvo que se interpone entre ella y nosotros. No muestra evidencias de colisiones recientes, lo cual no deja de ser llamativo en la zona en la que se encuentra. M86, al contrario, parece haber tenido un pasado algo más turbulento que se manifiesta en forma de cadenas de estrellas que han sido arrancadas en diversas colisiones con galaxias enanas. Con un diámetro de 135.000 años luz, M86 supera a M84 también en cuanto al número de cúmulos globulares, presentando la friolera de 3800. Una peculiaridad importante de M86 es que muestra el mayor desplazamiento al azul del cúmulo, acercándose a nosotros a 244 km por segundo… ¿Si el universo está en continua expansión y, además, hemos dicho que el Cúmulo de Virgo está alejándose de nosotros a 1000 km por segundo, como es posible que esta galaxia se acerque a tanta velocidad? La respuesta es sencilla, y es que M86 se está desplazando rápidamente desde el lado opuesto del cúmulo hacia el centro, en dirección a la Vía Láctea. Lo que saca a relucir este dato es que en el interior de los cúmulos galácticos la gravedad produce desplazamientos bruscos de sus componentes, y no debe extrañarnos, por tanto, encontrar comportamientos anómalos en el movimiento de las galaxias. La siguiente imagen del Chandra muestra a la galaxia seguida una colosal estela de estrellas que alcanza los 200.000 años luz de longitud.

Foto m86 cola

Ya conocidos los “ojos” de la cara galáctica podemos ir a conocer el resto de galaxias menores que pueblan la zona. Primero nos centraremos en esta cara, cuya boca está compuesta por NGC 4388, una galaxia espiral que nos muestra su perfil. Es la primera galaxia Seyfert que se descubrió en el cúmulo, y su paso veloz por el medio intergaláctico ha promovido la pérdida de gran parte de su hidrógeno neutro que ahora se dispone a su alrededor en forma de gran burbuja de gas. La energía de su núcleo ha hecho que dicho gas se ionice produciendo grandes filamentos de gas, como podemos apreciar en la siguiente fotografía:

Foto NGC 4388 subaru

La nariz de la “cara” está formada por NGC 4387, una pequeña galaxia elíptica que brilla con magnitud 12. La ceja es otra galaxia vista de perfil denominada NGC 4402 que, en su camino al centro del cúmulo, está siendo despeinada, literalmente, de sus estrellas más superficiales. IC 3303 es una pequeña galaxia elíptica con una magnitud de 14 y un brillo superficial extremadamente bajo que necesita de una buena adaptación a la oscuridad para poder intuirse siquiera. Desplazándonos hacia el otro continuamos esta interesante cadena de galaxias, viendo en primer lugar a NGC 4413 y NGC 4425, espiral y elíptica respectivamente, en las cuales no distinguiremos ningún detalle especial salvo la presencia de pequeñas manchas difusas. Mucho más llamativa es, a decir verdad, la siguiente pareja que se conforma por NGC 4435 y NGC 4438, siendo conocidas en su conjunto como Arp 120 o “las galaxias de los ojos”. La primera es una pequeña elíptica, pero NGC 4438 es, sin duda, una de las galaxias más exóticas que podemos apreciar en fotografías. Antaño fue una espiral relativamente normal, pero hoy sus brazos se han distorsionado en el espacio, abriéndose de forma contorsionista, como si algo tirase de ellos con fuerza. No se conoce muy bien cuál es el motivo de esta peculiar forma, pero es bastante probable que se deba a la acción de fuerzas externas. Entre los principales candidatos están M86 (a la que le une un puente de gas visible en algunas fotografías), NGC 4435 (la aparente monotonía de esta galaxia parece ir en contra de esta teoría a pesar de la corta distancia que les separa) o el propio medio intergaláctico que azota la región como un huracán ardiendo. Sea como sea, NGC 4438 es una galaxia que merece la pena contemplar, aunque no podamos apreciar las llamativas formas de las fotografías. Lo veremos con un núcleo alargado y brillante apreciándose los dos brazos principales como prolongaciones finas de este núcleo, quedando NGC 4438 como una pequeña esfera, fácil de ver incluso con visión directa.

Foto NGC 4438

Otra pareja continúa la cadena, compuesta por NGC 4458 y NGC 4461, pequeñas manchas nebulosas que empalidecen al lado de sus compañeras. NGC 4473 les sigue, con una magnitud 10.4 y unos 50.000 años luz de diámetro, para dar paso al final del recorrido, clausurado por NGC 4477 y NGC 4479. NGC 4477 es la mayor de esta última pareja, con 65.000 años luz de diámetro y un agujero negro en su interior, mientras que NGC 4479 es una diminuta elíptica de magnitud 12.6, si bien no es difícil de percibir en una noche oscura. Aquí finalizamos esta excursión por el corazón del Cúmulo de Virgo, y no hemos visto ni la mitad de la décima parte de lo que está a nuestro alcance, pero más vale ir con paciencia, digiriendo cada mundo que vemos a través de la lente y grabándolo en nuestra retino. Si no, tantos universos no serán más que un conglomerado de manchas sin orden ni significación alguna, en vez de la maravilla cósmica que pueden suponer para nuestros ojos.

M84 detalles

El gordo y el flaco (NGC 4754 y NGC 4762)

Hemos visto una de las vías de acceso al Cúmulo de Virgo, a partir de la “T” de Coma Berenices. Sin embargo, nada nos impide comenzar el recorrido por el lado opuesto. En mi caso, descubrí estas galaxias una noche mientras buscaba M60, desde Epsilon Virginis o Vindemiatrix. Los objetos que uno encuentra por casualidad siempre dejan huella de una forma más intensa que los demás, y esto fue lo que me ocurrió con NGC 4754 y NGC 4762.

Estas dos galaxias son un buen ejemplo de cómo un mismo tipo de objeto se puede presentar de dos formas distintas, y ya de paso vamos a conocer algunos detalles de las galaxias lenticulares. A medida que una galaxia espiral va madurando, el gas que hay entre sus estrellas va disminuyendo. Por un lado, debido al propio consumo a la hora de producir nuevas estrellas. Por otro, y de forma muy frecuente en grandes cúmulos galácticos, la interacción con otras galaxias va removiendo el medio interestelar y este gas termina por desaparecer. El resultado final es una galaxia a medio camino entre la espiral y la elíptica, con forma de disco pero sin unos brazos bien definidos. Constituyen un 3% del total de galaxias del universo conocido y, como comentábamos, se encuentran especialmente en zonas de gran densidad de galaxias. Se clasifican como S0 o SB0 si presentan barra central.

Foto NGC 4762.jpg

Ya podemos centrarnos en estas dos galaxias lenticulares que se encuentran a una distancia bastante dudosa. Según el método empleado se han obtenido resultados desde 20 hasta 85 millones de años luz, si bien se les puede atribuir una media de unos 65 millones de años luz, concordando con el resto de galaxias del Cúmulo de Virgo. No hay nada claro entre la relación que guardan entre sí. Al parecer ahora mismo no están interactuando (de hecho presentan una pequeña diferencia en cuanto a distancia), pero nada nos dice si en un pasado lejano rozaron sus estrellas. NGC 4762 es la más interesante de las dos, siendo una de las galaxias de perfil más finas que podemos observar con nuestros instrumentos de aficionado. A la distancia asumida, sus 8.7 x 1.7 minutos de arco de longitud se traducirían en unos 170.000 años luz de diámetro, lo cual la convierte en una enorme galaxia mayor que nuestra Vía Láctea. Su disposición, completamente de canto, y su núcleo intenso hicieron pensar inicialmente que se trataba de una espiral, si bien posteriormente se ha llegado a la conclusión de que es una lenticular. La ausencia de polvo y gas ha ayudado sin duda a ello. Además, estudiándola en profundidad se ha descubierto la presencia de una barra central en medio del brillante bulbo rico en estrellas de edad avanzada. A su alrededor se dispone un anillo de estrellas, probable residuo de sus ancestrales y extintos brazos. Sin embargo, visualmente no se aprecia más que un fino disco de perfil con un brillante núcleo que emite radiación electromagnética en forma de ondas ionizadas. Es lo que denominamos LINER, traducido como “Low-ionization nuclear emission-line región”, un tipo de Núcleo Activo que delata la presencia de un agujero negro supermasivo en su interior. Fotografías de larga exposición muestran signos de haber sufrido una interacción en un pasado reciente, como son los bordes engrosados y dispersos de la galaxia, muestra de que alguna otra galaxia la ha “despeinado” a su paso.

Foto NGC 4754

NGC 4754, su cercana compañera, es otra galaxia lenticular que nos muestra su cara sin tapujos. Es, también, una lenticular barrada, con la peculiaridad de que la orientación de su barra no guarda relación con el óvalo externo, sino que presenta una inclinación de unos 45º. Este dato apoya la idea de que NGC 4754 ha sufrido otro percance con alguna galaxia, capaz de alterar la orientación de sus distintas regiones.

Para encontrar a esta pareja de universos podemos usar como referencia, como hemos comentado, a epsilon virginis o Vindemiatrix, una brillante estrella de magnitud 2.8 cuyo nombre hace referencia a “Vindemitor” o el Cosechador, en consonancia con el protagonismo que cobra la estrella en la estación primaveral. Se encuentra a 106 años luz de nosotros y es una gigante amarilla, una estrella que ya ha consumido su hidrógeno y cuyas capas superficiales se están expandiendo a medida que el núcleo colapsa. A tan sólo 2 minutos de esta estrella encontraremos al par galáctico, que se muestra espectacular a 125 aumentos, de manera que entran holgadamente en el campo del ocular, acompañadas por una veintena de estrellas que bailan entre ellas. Desde el primer momento queda patente su llamativo contraste. NGC 4762 es una galaxia muy alargada y fina, como si fuera una aguja plateada de bordes muy definidos. Su núcleo es brillante y puntiforme, fácilmente destacable en el centro del halo, ligeramente engrosado. Los bordes se van haciendo cada vez más finos hasta perderse en la negrura del cielo. Muy cerca, a apenas 10 minutos de arco, NGC 4754 la mira desde la distancia, quizás rencorosa por el empujón que en el pasado pudo haberle dado. Destaca su zona interna, redondeada, algo ovalada, con el mismo eje que su compañera. Mayores aumentos no revelan más detalle, y sin embargo se pierde el efecto visual que ambas consiguen estando en el mismo ocular, por lo que merece la pena observarlas a aumentos relativamente bajos o con un ocular de campo ancho. Su visita no defrauda e invita a volver año tras año.

NGC 4754