Virgo en espiral (NGC 5247)

Llevo varias semanas sin poder actualizar el blog, y no por falta de ganas, sino porque entre el trabajo y las observaciones públicas de julio y agosto apenas tengo tiempo para nada. No obstante, todavía tengo varios dibujos pendientes sobre los que hablar, y hoy le toca el turno a una galaxia que me sorprendió gratamente. Solemos pensar en los objetos Messier como los más sencillos, pero hay galaxias del New General Catalogue (NGC) que muestran su estructura espiral más fácilmente que las descubiertas por el astrónomo francés. La de hoy es un claro ejemplo, un deslumbrante universo-isla que podemos ver en todo su esplendor en la siguiente fotografía:

NGC 5247 es una espiral que vemos de frente, mostrando dos prominentes brazos espirales que se dividen, a su vez, en otros dos tras dar media vuelta alrededor del núcleo. No vemos ninguna barra central, sino que los brazos se originan en el mismo centro arremolinado. Estamos ante lo que se denomina una galaxia “Espiral de Gran Diseño”, que se diferencian claramente de las floculentas, en las que sus brazos parecen estar disgregados en múltiples fragmentos inconexos. No, aquí  vemos unos destacados brazos con múltiples condensaciones, asociaciones estelares con un reciente origen. Por las regiones más periféricas, algo disgregadas del centro, podríamos pensar que NGC 5247 ha sufrido algún reciente encontronazo con otra galaxia, pero lo cierto es que los datos apuntan a que lleva “flotando” solitaria mucho tiempo, y por eso ha sido objeto de numerosos estudios que buscan encontrar una causa para explicar la formación de los brazos espirales.

La galaxia se encuentra a una distancia estimada entre 60 y 70 millones de años luz, englobándose por tanto en el Cúmulo de Virgo, con el que ya estamos más que familiarizados. Su magnitud de 10.5 permite encontrarla con instrumentos de pequeña apertura, si bien necesitaremos telescopios mayores si queremos resolver sus brazos. Con el Dobson de 30 cm no supuso ningún desafío, a diferencia de otras galaxias del catálogo Messier. A 115 aumentos ya mostraba un prominente y brillante núcleo redondeado con una nube tenue y difusa a su alrededor, que alcanzaba unos 5 minutos de diámetro. A 214 aumentos disminuía su contraste pero, por el contrario, los dos brazos espirales principales salieron a la luz, al menos la porción de ellos previa a la bifurcación. Me recordaba a M91 sin barra central, con su brazo septentrional (abajo en el dibujo) algo más engrosado y ostentoso. Antes de cambiar a otra galaxia no pude evitar preguntarme cuántos otros objetos me esperaban en esa constelación para sorprenderme.

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El pequeño sombrero (NGC 5746)

La astronomía nos brinda, en ocasiones, interesantes sorpresas cuando menos lo esperamos, y eso fue lo que me ocurrió hace unos meses, cuando navegaba con mi telescopio por el Cúmulo de Virgo. Dirigí mi “nave espacial” a NGC 5746, una brillante galaxia que se mostraba como una mancha alargada fácilmente visible con visión directa. Entonces, en cuestión de unos pocos segundos, no pude evitar soltar una exclamación: ¡tiene una banda oscura!

 

 

NGC 5746 es una galaxia espiral que, siguiendo los pasos de las imponentes M104 o NGC 4565, presenta una contrastada banda de polvo que la divide en dos cerca de su región ecuatorial. Se sitúa a unos 90 millones de años luz de nosotros y forma parte de una familia de galaxias conocida como Grupo Virgo III, una nube de galaxias que rotan alrededor del Cúmulo de Virgo en forma de cadenas galácticas. NGC 5746 es una galaxia de considerable tamaño, con un diámetro que se aproxima a los 200.000 años. Presenta un bulbo prominente y de forma rectangular (reflejo de una barra central) que destaca en las fotografías de larga exposición, así como un extenso halo que rodea la galaxia como un aura fantasmal. La formación estelar no es demasiado activa y el estudio en el infrarrojo descarta recientes interacciones con otras galaxias.

NGC 5746 se encuentra cerca de la brillante 109 virginis, una estrella blanca de características similares a Vega pero situada a 129 años luz de distancia. La galaxia es fácilmente visible con pequeños instrumentos bajo un cielo oscuro, apareciendo como una mancha alargada de 7 minutos de largo y apenas uno de ancho. El núcleo brilla con intensidad en medio de un llamativo bulbo, y la banda oscura se distingue sin dificultad con visión periférica, sobre todo en las regiones más centrales. Esta banda parece desplazar el núcleo y el bulbo hacia un hemisferio de la galaxia, dando una imagen que podríamos comparar con una puesta de Sol sobre el agua. NGC 5746 es un pequeño sombrero que está acostumbrado a vivir a la sombra de las grandes galaxias, pero merece, sin duda, una larga y dedicada visita.

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Anatomía de una galaxia (NGC 4536)

Entre Virgo y Coma Berenices podríamos pasar años descubriendo sus galaxias, con telescopios pequeños podemos ver cientos de ellas y mayor apertura el número alcanza las cuatro cifras. Hoy vamos a centrarnos en un verdadero portento galáctico que se merece estar en la lista de objetos primaverales de cualquier cazador de galaxias (yo no la conocía con anterioridad, y no entiendo cómo se me podía haber pasado por alto).

Se trata de NGC 4536, un espectacular galaxia cuyos brazos son más brillantes que muchos de los de otras galaxias del catálogo Messier. Aunque se encuentra en la zona del cielo que comprende el Cúmulo de Virgo, en realidad no pertenece a él, sino a un conjunto de familias galácticas que reciben el nombre de Grupos de Virgo II (o Nube de Virgo II). Estas galaxias se sitúan al sur del cúmulo y forman una extensión compuesta por diversos grupos de menor envergadura. NGC 4536 pertenece al Grupo de M61, cuya distancia se estima entre los 50 y los 70 millones de años, según el método por el que lo estudiemos. Es una galaxia de tipo SAB, una espiral con una barra central de cuyos extremos parten dos prominentes brazos plagados de regiones de formación estelar, como podemos observar en la fotografía anterior tomada con el Telescopio Espacial Hubble. Su núcleo brilla con intensidad y emite una gran cantidad de rayos X, debido a la presencia de un agujero negro supermasivo cuya masa se estima entre 10.000 y un millón de masas solares (como comparación, el agujero negro de nuestra Vía Láctea tiene una masa estimada de 6 millones de veces mayor que la del Sol).

Hay dos lugares donde se concentra la mayor proliferación estelar de esta galaxia, y curiosamente no son sus brazos espirales. La zona más antigua reside en el núcleo, mientras que una zona de formación más reciente se engloba a su alrededor, formando un anillo a unos 3 años luz del centro. ¿Cómo se puede saber si una región de formación estelar es más antigua que otra? En este caso, comprobando la población estelar de la zona en cuestión. En el núcleo abundan las gigantes rojas y los remanentes de supernova, de manera que muchas de sus estrellas han tenido tiempo de desarrollarse por completo. En cambio, en el anillo predominan las estrellas de tipo espectral O y B, estrellas que han nacido recientemente e iluminan el gas circundante formando regiones HII.

La magnitud de NGC 4731, de 11.1, la pone al alcance de un par de prismáticos bajo cielos oscuros. Tiene un tamaño de 7.6 minutos de arco en su eje mayor y 3.2 minutos de arco de ancho. Su núcleo, visto al telescopio, es brillante y fácilmente visible con visión directa, de forma redondeada. Un débil halo lo rodea, sin atisbo de la barra central, pero inmediatamente saltan a la vista los brazos espirales. “¿Cómo es posible que me haya perdido esto tanto tiempo?”, fue lo primero que pensé al contemplarla. Los dos brazos se expanden en direcciones opuestas en un ángulo muy abierto, claramente visibles con visión periférica. El más septentrional es más definido, sobre todo en su mitad más cercana al núcleo, que aparece con aspecto grumoso, con débiles condensaciones que se aprecian sin mayor dificultad. Esas condensaciones son regiones de formación estelar (aunque no tienen nada que ver con las del núcleo o las del anillo que ya hemos mencionado), y unas de las formaciones extragalácticas más sencillas de distinguir que he conocido. NGC 4536 se ha convertido para mí en una visita obligada en estas noches primaverales, cuando las ganas de infinito se apoderan de nosotros.
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Discreta M91

La región de Virgo y Coma Berenices está, como ya sabemos de sobra, repleta de galaxias, y como muestra de ello nuestro amigo Charles Messier descubrió ocho de ellas en una misma noche. Imaginad la emoción de ser la primera persona en observar esas misteriosas manchas fantasmales… Hoy vamos a ver una de las nubes que vio Messier en 1781, que engrosó su lista de descubrimientos bajo el nombre de M91.

Posteriormente catalogada por William Herschel como NGC 4548, M91 es una galaxia sobre la cual persistió un halo de misterio que no se reveló hasta hace apenas 50 años. El caso es que no se encontraba ninguna galaxia en la posición que Messier había indicado (en su descripción la localizaba a partir de M58, una cercana galaxia), por lo cual la identidad de M91 permaneció en la sombra durante años. Un astrónomo aficionado descubrió, en 1970, cuál había sido el problema: Messier había confundido la galaxia M89 con M58, por lo cual la posición de referencia era equívoca, dando lugar al error mencionado.

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M91 es una galaxia espiral barrada que alcanza los 100.000 años luz de diámetro, perteneciente al Cúmulo de Virgo. Su población de estrellas se ha estimado en unas 400.000 millones, comparable al número que posee nuestra propia galaxia. Es una galaxia anémica, especialmente pobre en estrellas jóvenes y regiones de formación estelar. Esta escasez se debe a que, a su paso a través del Cúmulo de Virgo, ha ido perdiendo gran cantidad del gas que poseía, perdiendo así la materia prima para formar nuevos astros. En su interior se ha encontrado, no obstante, un agujero negro supermasivo con una masa de aproximadamente 25 millones de soles, unas cuatro veces superior al que habita en el interior de la Vía Láctea.

M91 es el objeto más débil del catálogo Messier y, por tanto, uno de los más difíciles de observar. Es de magnitud 11, pese a lo cual su brillo superficial es bajo y nos obliga a observarla desde cielos oscuros. Sin embargo, bajo las condiciones adecuadas nos permitirá disfrutar de su estructura con relativa facilidad. Con el Dobson de 30 cm pude apreciar su núcleo redondeado que se abría a ambos lados formando una delicada barra de unos 3 minutos de arco de longitud. El halo, extremadamente débil al principio, fue definiéndose poco a poco, hasta que pude comprobar cómo aparecían, con visión periférica, dos interesantes brazos espirales que se extendían unos 2 minutos de arco desde los extremos de la barra. Por momentos desaparecían, pero tras descansar la mirada volvían a dejarse ver, etéreos y volátiles. Sin duda, un objeto al que merece echarle un vistazo de vez en cuando, sobre todo cuando tiene tantos universos islas a su alrededor.

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La esfera perfecta (M89)

Volvemos al Cúmulo de Virgo para estudiar una interesante galaxia descubierta por nuestro amigo Charles Messier en 1781, la noche del 18 de marzo. Imaginad por un momento la sorpresa de Messier cuando, mientras buscaba el cometa Halley, encontro en la constelacion de ocho manchas difusas de una sentada, ademas de M92 en Hércules. Eran tiempos emocionantes para estos primeros exploradores espaciales. De las galaxias que el astrónomo descubrió a lo largo de su vida, M89 fue la última elíptica de su famoso catálogo, y será esta galaxia la protagonista de este artículo.

Foto M89

Con el doble de masa que nuestra Vía Láctea, M89, también conocida como NGC 4552, tiene la peculiaridad de ser una de las esferas más perfectas que se pueden observar en el cielo. Las galaxias elípticas suelen tener una ligera elongación, pero M89 muestra una superficie circular sin ninguna deformidad. Podría ser una galaxia alargada pero en el mismo sentido de nuestro punto de vista, de manera que veríamos la elipse por uno de sus “polos”, apareciendo redondeada a nuestros ojos. A falta de más datos, podemos considerarla como una de las galaxias esféricas más delicadas y brillantes del cielo, con una magnitud de 10. En su interior, como en la mayoría de elípticas, reside un agujero negro cuya masa se ha estimado en unas 700 millones de masas solares, dejando en pañales a nuestro agujero negro que cuenta con “tan sólo” 4 millones. Al observar la galaxia en rayos X se han observado dos enormes burbujas que se extienden más allá de su periferia, formadas por la rápida rotación del agujero negro. Se pueden apreciar en la siguiente imagen del Chandra, en la que podrían confundirse con brazos en espiral. Una población de 2000 cúmulos globulares se dispone alrededor de la galaxia, estando algunos de ellos a 300.000 años luz del centro.

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M89 presenta una baja concentración de gas, como ocurre con la mayoría de elípticas: como causas principales tenemos su avanzada edad y su pertenencia a uno de los grandes cúmulos de galaxias. A pesar de la aparente perfección de su disco de estrellas, M89 presenta una cubierta asimétrica que fue encontrada en 1979, una especie de halo externo que parece ser el resultado de alguna antigua interacción con otra galaxia. Desde hace tiempo se conocía la existencia de un jet que se comparó con el que posee M87, aunque posteriormente se ha llegado a la conclusión de que dicha protrusión es el resto de una galaxia enana que está siendo devorada por M89. La corriente de estrellas alcanza una longitud mayor de 100.000 años luz.

Muy cerca de M89 tenemos una interesante pareja de galaxias, NGC 4550 y NGC 4551. Podemos contar con los dedos de las manos las galaxias que presentan dos poblaciones estelares que giran en direcciones opuestas, y NGC 4550 es la mejor exponente de ellas. Hablando en plata, la mitad de las estrellas de esta galaxia lenticular giran en un sentido, mientras que la mitad restante lo hace en la dirección contraria. Sólo hay otra galaxia con esta misma peculiaridad, NGC 7217, aunque algunas otras presentan una pequeña proporción de estrellas que giran en sentido opuesto. En las zonas internas de NGC 4550, además, se han encontrado grandes franjas de gas y polvo interestelar que adoptan una forma similar a brazos en espiral. La causa del comportamiento aparentemente errático de sus estrellas subyace, con alta probabilidad, en la interacción de la galaxia con una gran masa de gas intergaláctico. Esta masa de hidrogeno colisionaría con NGC 4550 en dirección opuesta a su giro, de manera que las estrellas formadas en su seno se moverían en dicha dirección. NGC 4551, a su lado, es una galaxia elíptica que, pese a su cercana situación, presenta un desplazamiento al rojo diferente, lo cual sugiere que no forman un par físico. Sin embargo, casi con toda probabilidad son miembros del Cúmulo de Virgo.

Foto M89 4550

Tenho Tuomi, Saskatchewan, Canada

La observación de M89 es sencilla, ya que no tiene importantes detalles para mostrarnos, al igual que ocurre con la mayoría de galaxias elípticas. Visible con unos simples prismáticos, aparece como una esfera de 4 minutos de diámetro de bordes difusos. A elevados aumentos su núcleo aparece más brillante y redondeado, visible con facilidad sin usar visión periférica. NGC 4550 y NGC 4551, por otro lado, complementan a la perfección la observación aportando un agradable contraste de formas. NGC 4550, alargada y delicada, forma una estupenda pareja con NGC 4551, más pequeña y redondeada.

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Perdiendo gas (M90 e IC 3583)

Seguimos con el fascinante Cúmulo de Virgo para ver a otra de sus grandes componentes, M90, también conocida como NGC 4569. Se encuentra en una de las zonas con mayor densidad de objetos Messier, de manera que si investigamos con un pequeño telescopio podremos ver en sus cercanías multitud de pequeñas manchas, enormes mundos situados a una distancia de unos 60 millones de años luz.

Foto M90

M90 es una de las galaxias más grandes de esta familia, con un diámetro de unos 165.000 años luz, mayor que nuestra propia Vía Láctea. Pertenece al subgrupo Virgo A, miembro inquebrantable del grupo de M87. Como rasgo distintivo muestra un importante grado de anemización, siendo usada como prototipo de este tipo de galaxias. Una galaxia anémica es aquella que ha perdido una gran cantidad del gas inicial, algo relativamente frecuente en los cúmulos galácticos. La galaxia, que se mueve a gran velocidad por un medio bastante denso, va perdiendo progresivamente el hidrógeno que contenía inicialmente, de la misma manera que si sujetamos un puñado de harina y corremos a gran velocidad terminaremos con la mano vacía, quedando el fino polvo disperso a nuestras espaldas. Es un proceso que en inglés se denomina “stripping” y, al igual que ocurría con NGC 4216, despoja a la galaxia de su “barro creador”, acusando una importante falta de proliferación estelar.

Sin embargo, en el centro de M90 todavía resta un atisbo de actividad, habiéndose producido recientemente un brote de formación estelar. Más de 50.000 estrellas, la mayoría de tipo espectral O y B, se han formado en los últimos 5 millones de años, enormes estrellas masivas que dan algo de vida a esta anciana galaxia. Curiosamente, alrededor de este nido podemos encontrar un anillo de estrellas supergigantes, de tipo espectral A, nacidas en otro estallido de formación, con una edad comprendida entre los 15 y 30 millones de años. Esta proliferación desmedida no ha hecho más que aumentar la pérdida de gas de la galaxia: con tantas estrellas formadas, no es de extrañar que muchas de ellas sean enormes astros incandescentes con una vida muy acelerada, de manera que el centro de la galaxia ha sido testigo de un sinnúmero de supernovas, explosiones que han dispersado el gas circundante, contribuyendo a la carencia de la galaxia.

Foto M90 par

M90, como la mayoría de galaxias de edad avanzada, cuenta con una importante prole de cúmulos globulares, habiéndose registrado un millar de ellos en torno a la galaxia. El número de estrellas que contiene es varias veces superior al de nuestra galaxia, con un billón de ellas distribuidas en sus brazos espirales. Estos brazos no se encuentran bien definidos, la falta de gas se manifiesta en una escasez de regiones de formación estelar, de manera que aparecen oscuros y vacíos en fotografías de larga exposición. Otra galaxia parece compartir espacio con M90, una galaxia irregular, barrada, de tipo magallánico, que no trae consigo más que incertidumbre. Se trata de IC 3583, y su cercana disposición junto a M90 le ha valido para que Halton Arp catalogase al par de galaxias como Arp 76.

Spotlight on IC 3583

Como muestra la increíble fotografía del Hubble, IC 3583 presenta signos de haber interactuado recientemente con otra galaxia: corrientes de dispersas estrellas y polvo, abundantes cúmulos de jóvenes estrellas azuladas… La causante sería, claramente, M90, si no fuera porque el desplazamiento al rojo de IC 3583 indica que se encuentra a 30 millones de años luz, justo la mitad que la distancia estimada para su compañera. Pasará un tiempo hasta que se resuelva el misterio, pero mientras tanto nada nos impedirá disfrutar de su imagen.

M90, con una magnitud de 10.2, es visible a través del buscador como una diminuta mancha difusa. A través del Dobson de 30 cm aparece como un llamativo óvalo de luz que salta a la vista incluso a bajo aumento. Decidí observarla con mi nuevo Nagler de 12 mm, que me sorprendió con su gran campo aparente y la definición de las estrellas. M90 se mostraba como un gran arañazo de luz en el oscuro telón del cielo, con un brillante núcleo de aspecto estelar. Imaginé, por un momento, esas 50.000 estrellas recién nacidas brillando a la par en ese núcleo puntiforme, notando como se me erizaba el cabello de la nuca. Las “alas” de la galaxia, los anémicos brazos, se extendían en ambas direcciones, mostrando un brillo más intenso en las regiones centrales, dispersándose luego y difuminándose hasta perderse de vista en los extremos. La pequeña IC 3583 brillaba a su lado, intentando robarle protagonismo. Con una magnitud superior a 13 y un tamaño de 2 minutos, la visión periférica suponía una gran ayuda para distinguirla como una pequeña mancha ligeramente alargada en el mismo sentido que M90. Una débil estrella parecía superpuesta en su superficie, dando por momentos la sensación de ser un núcleo desviado del centro. La visión de ambas galaxias me mantuvo pegado al ocular durante largo rato, preguntándome cuántas curiosidades más esperarían en este cercano cúmulo de galaxias.

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La reina de las galaxias (IC 1101)

Los superlativos siempre nos han causado gran admiración, y la astronomía no se queda atrás, de manera que llama nuestra atención ver los objetos más lejanos, los más grandes, más brillantes… En este aspecto, la observación de quásares puede suplir nuestra sed, ya que son los objetos más brillantes y distantes que podemos apreciar a través de un telescopio (recordemos esta entrada sobre el quásar 3C 273 o esta otra sobre la variable CTA-102). Sin embargo, cuando hablamos de observar galaxias el margen se estrecha considerablemente. Para un Dobson de 30 cm podríamos definir como galaxias débiles aquéllas que se encuentran en torno a los 400 o 500 millones de años luz, de las cuales ya hemos visto unas cuantas en este blog. Sin embargo, hoy vamos a ir más allá, vamos a vislumbrar la galaxia más masiva que conocemos, así como la más lejana que podemos captar con telescopios modestos.

Se trata de IC 1101, una galaxia que, con una magnitud rondando la 14.5, se encuentra a la singular distancia de mil millones de años luz, algo que sólo habíamos podido saborear con los mencionados quásares. IC 1101 ocupa el centro de un gran cúmulo galáctico conocido como Abell 2029. En imágenes de larga exposición podemos ver a la gran IC 1101 rodeada de todo un séquito de pequeños puntos, galaxias enanas que nada pueden hacer para evitar ser devoradas por la galaxia mayor. IC 1101 es una galaxia elíptica bastante alargada, y de ahí la dificultad de establecer sus límites son seguridad. Por un lado, la mayoría de fuentes mencionan las dimensiones en torno a 4 o 6 millones de años luz. Si tenemos en cuenta que entre la galaxia de Andrómeda y la Vía Láctea hay unos 2.5 millones de años luz, podemos hacernos una idea de lo que esos 6 millones significarían. Sin embargo, la realidad no es tan superlativa. El radio efectivo es aquel en el que se emite la mitad de la luz de la galaxia y nos da una idea de las medidas del cuerpo principal. En este sentido, el radio efectivo de IC 1101 es de algo más de 200.000 años luz, de manera que su diámetro estaría en torno a los 500.000 años luz, medio millón de años luz… No son 6 millones, pero sigue siendo una cifra que desafía la lógica. La luz sigue difundiéndose más allá de ese radio efectivo, billones y billones de estrellas que se encuentran formando un enorme y difuso halo, la mayoría de ellas procedentes de otras galaxias. Si tuviésemos en cuenta todas estas estrellas el diámetro de la galaxia se extendería más allá de los 4 millones de años luz, pero entonces habría que adoptar esos mismos criterios al resto de galaxias, y muchas de ellas crecerían sobremanera. No obstante, si adoptamos como reales esos 500.000 años luz podríamos estar más seguros de su veracidad, a riesgo de ser más conservadores.

Foto IC 1101

Dicen que las comparaciones son odiosas, pero en este caso nos van a ayudar a comprender la magnitud de estos números. Nuestra galaxia tiene un diámetro estimado entre 100.000 y 150.000 años luz, con un área de influencia que supera los 300.000 años luz. M87, la galaxia masiva más cercana a nosotros, tiene un tamaño de 120.000 años luz, aunque sus efectos se extienden a un radio de casi 500.000 años luz. Y aquí entra en juego IC 1101, con su diámetro de 500.000 años luz y un área de influencia de más de 2 millones de años luz de radio. Ahora parece verdaderamente grande… ¿Cómo puede formarse un cuerpo tan colosal? La respuesta es sencilla y adaptable a los seres humanos: comiendo. IC 1101 es una galaxia muy antigua que se ha generado en un entorno rico en galaxias, de manera que desde un primer momento se ha ido fusionando con otras. Poco a poco, IC 1101 se ha convertido en un gran atractor: la gran mayoría de puntos que vemos en la fotografía, pequeñas galaxias satélite, habrán desaparecido en unos pocos miles de millones de años.

Este portento de la naturaleza fue descubierto, curiosamente, por Edward Swift, el hijo de Lewis Swift, el famoso cazador de cometas, a través de un refractor de 40 cm de apertura en el año 1890 (Edward contaba entonces con 19 años de edad). El telescopio, después de su descubrimiento, tuvo que moverse, y padre e hijo no llegaron a un acuerdo en cuanto a la posición de la galaxia, de manera que IC 1101 permaneció largo tiempo sin una descripción en el catálogo IC. El joven Edward jamás habría pensado que había sido el primer ser humano en contemplar el objeto más grande conocido de nuestro universo.

La distancia de IC 1101 juega en contra de su grandeza, así que el simple hecho de detectarla ya debería servir para que nos sintamos satisfechos. Se encuentra en la constelación de Virgo, apenas rozando el límite con Serpens Caput.  Para detectarla necesitaremos observar desde un lugar oscuro y, preferiblemente, con una atmósfera muy estable que nos permita usar altos aumentos. De hecho, decidí dibujarla a través del Celestron C11 de mi amigo Leo, con un ocular Explore Scientific de 17 mm y 92º de campo que permitía obtener un amplio campo visual con un buen contraste de imagen. IC 1101 es un objeto pequeño, con una longitud aparente de 1.2 minutos de arco, aunque relativamente grande si tenemos en cuenta su distancia. Su magnitud de 14.7 restringe la calidad del cielo necesaria para verlo, así como la proporcional dosis de paciencia. Es fácil de situar si localizamos una hilera de cuatro estrellas, apreciables en el dibujo, que se abren a la galaxia. Ésta se sitúa entre dos estrellas extremadamente débiles, brillando como una nubecilla difusa, apenas perceptible, que podemos captar con visión lateral. Aparece ciertamente alargada de norte a sur, y ningún detalle más podremos apreciar con nuestros instrumentos. Aquellos que posean telescopios mucho más potentes podrán distinguir algunas de las galaxias satélite que circundan a IC 1101, como pequeñas estrellas débiles y borrosas que vuelvan a su alrededor. La mayor galaxia del cosmos es un fantasma ante nuestros ojos, y de ahí la importancia de abordar la astronomía aprendiendo a observar “con la mente”: sólo así IC 1101 se convierte en uno de los objetos más impresionantes que podemos ver a través de un humilde juego de cristales y espejos.

IC 1101