Un lejano vecino (NGC 6652)

Hoy le toca el turno a un compañero de M69, un globular que podemos visitar de paso cuando observemos en el interior de la “tetera” de Sagitario. NGC 6522 fue descubierto por James Dunlop en 1826, casi 50 años después que M69, a pesar de que se encuentra a sólo un grado de distancia aparente.

Foto NGC 6652

NGC 6652 dista 32.900 años luz de nosotros y es uno de los globulares más cercanos al núcleo de la Vía Láctea, a poco más de 6.000 años luz de distancia. Todo parece indicar que se formó en el halo galáctico, a pesar de que se encuentre en el bulbo, probablemente atraído en el pasado por la intensa gravedad de nuestra galaxia. Posee una baja metalicidad, una pista más para corroborar su origen alejado del núcleo, ya que si se hubiera formado en las regiones centrales la “contaminación” del espacio interestelar habría producido estrellas de mayor metalicidad, formadas por elementos más pesados. Su edad se estima en unos 11.700 millones de años, por lo que estamos ante un cúmulo relativamente joven.

En 2012 el telescopio Chandra encontró hasta 11 fuentes emisoras de rayos X. Por un lado, algunas de ellas están relacionadas con binarias de rayos X, un sistema binario compuesto por una estrella “normal” que gira en torno a una estrella de neutrones o agujero negro, cediendo parte de su masa a su masivo compañero, momento en el cual se emiten grandes cantidades de rayos X. Otras de las fuentes parecen ser estrellas de neutrones que brillan como faros cósmicos, mientras que algunas otras se correlacionan con variables cataclísmicas (son sistemas binarios en los que una enana blanca absorbe materia de una estrella compañera, de una manera similar a las binarias de rayos X, produciendo un aumento súbito de la magnitud de la estrella).

Para llegar a NGC 6652 podemos salir de M69, bajando al sur hasta una hilera de estrellas brillantes (la más occidental, por cierto, se llama HD 170479 y es una estrella doble con sus dos componentes separados por 3 segundos de arco, con magnitudes de 5.4 y 9.7). Al otro extremo encontramos el cúmulo globular, que brilla con una magnitud 8.5 y un diámetro de unos 6 minutos de arco. A bajo aumento aparece como pequeña esfera nebulosa, sin un gradiente remarcable. Al usar mayores aumentos (en mi caso utilicé el ocular Cronus de 7 mm, con 214 aumentos) el núcleo aparece de aspecto estelar y los bordes parecen alcanzar una mayor distancia, sin cambios bruscos en la homogeneidad de su superficie. Con paciencia comienzan a vislumbrarse algunas estrellas salpicando la periferia del globular, con sutiles destellos que necesitan un cielo oscuro para ser distinguidos. Uno puede imaginar que son los reflejos de esas exóticas estrellas que mandan ráfagas de rayos X, añadiendo interés a un cúmulo pequeño pero ciertamente sugestivo.

NGC 6652

Ambiguo M69

No hace falta esperar mucho estos días para ver cómo asoma Sagitario sobre el horizonte, con la famosa “tetera” bien definida acompañando a una perfilada y grumosa Vía Láctea. Pues bien, vamos a sumergirnos en esta tetera para contemplar dos de sus cúmulos globulares, el primero de los cuales pertenece al catálogo Messier.

Foto M69

M69, también conocido como NGC 6637, fue descubierto por Charless Messier en 1780, siendo uno de los cúmulos globulares más débiles de su lista. Se encuentra a 29.700 años luz de nosotros, a tan sólo 6.000 años luz del centro galáctico. De la misma manera, M70 es un vecino próximo, habiendo entre ambos algo menos de 2.000 años luz: tiene que ser asombrosa su visión recíproca, o mejor aún, la vista desde algún planeta cercano a los dos. Su radio es de unos 42 años luz y tiene una masa equivalente a 300.000 masas solares. La mitad de esta masa está condensada en los 7.2 años luz centrales, a pesar de lo cual pertenece a la categoría V de la clasificación Shapley-Sawyer, una concentración moderada pero sin llegar a extremo.

Entre sus estrellas más masivas podemos ver algunas de tipo espectral G2, lo cual nos da una información privilegiada sobre su edad. Al principio de su formación un globular cuenta con estrellas de todo tipo, pero son las más masivas las que tienen una vida más corta. Estas estrellas son las gigantes azules de tipo espectral O, a las que siguen las blancas de tipo B y A, de manera que van desapareciendo progresivamente. Conociendo el tipo espectral de las estrellas más masivas del cúmulo podemos inferir la edad. Sería una lógica similar a: “las estrellas de tipo A tienen una vida de 12.000 millones de años y las de tipo G de 15.000 millones de años, si en el cúmulo no hay ninguna de tipo A pero sí las hay de tipo G, entonces la edad del cúmulo estará entre 12.000 y 15.000 millones de años”. De esta manera se conoce que la edad de M69 es de unos 13.000 millones de años, algo que no cuadra con la metalicidad del cúmulo (y aquí introducimos un segundo dato importante). En el universo joven las cantidades de hidrógeno y helio eran mayores a las que hay ahora, ya que los elementos más pesados se han ido formando en el interior de las estrellas con posteridad. Así, la muerte de las estrellas ha esparcido los elementos más pesados y ha contaminado el medio: las estrellas de mayor metalicidad se han formado en etapas posteriores, mientras que las de baja metalicidad se formaron en una época en la que el hidrógeno y helio eran mucho más abundantes. De esta manera, la metalicidad de M69 choca directamente con lo que sabemos por su tipo espectral. Para un globular de 13.000 millones de años cabría esperar una metalicidad muy baja, pero en este cúmulo nos topamos con lo contrario, un importante enriquecimiento de elementos pesados. La causa de este desajuste reside directamente en la localización del cúmulo, ya que se encuentra en el bulbo de nuestra galaxia, en la zona central donde hay una mayor proliferación de estrellas y, por tanto, una mayor cantidad de elementos pesados. Por tanto, podemos decir que la metalicidad de una estrella depende principalmente de su edad, pero también del lugar en el que se haya formado.

M69 tiene un tamaño de 10 minutos de arco y una magnitud de 8.3, por lo que es fácilmente visible a través de unos pequeños prismáticos, aunque sólo lo veremos como una pequeña estrella desenfocada. Al telescopio M69 nos muestra su esplendor, sobre todo si observamos desde un lugar oscuro y con una atmósfera limpia. Podremos disfrutar entonces de su enjambre de estrellas que brillan formando una esfera luminosa. Con el Celestron C11 numerosas estrellas salpicaban toda su superficie, llegando a resolverse incluso en el mismo núcleo. Éste, pequeño y de forma triangular, se diferenciaba claramente de la periferia, presentando un notable incremento de brillo, como corresponde a un globular de concentración V. El campo colindante, repleto de puntos, nos recuerda que estamos observando el barrio central de nuestra galaxia, un lugar lleno de transeúntes.

M69

El anillo del escorpión (NGC 6337)

En estas noches cálidas de junio las dos estrellas que forman el aguijón del escorpión se elevan a medianoche, y justo a su derecha vamos a observar el objeto de hoy. La siguiente fotografía supone una buena introducción:

Foto NGC 6337.jpg

Romano Corradi / Observatorio Roque de los Muchachos

Después de la sequía primaveral, las nebulosas planetarias vuelven a tomar algo de protagonismo, en esta ocasión con NGC 6337, una bonita planetaria que se encuentra en Escorpio, a una distancia que se estima entre 4500 y 5200 años luz. Se sitúa en pleno Brazo de Sagitario, el brazo que da cobijo a las grandes nebulosas del verano y que divide el cielo con su imponente luz. Fue descubierta en 1834 por John Hesrchel, en una época en la que nadie podría imaginarse su verdadera naturaleza. Una de las características más llamativas de NGC 6337 es que cinco estrellas atraviesan su disco de lado a lado, transmitiéndonos cierta sensación de artificio. Sin embargo, ha sido la casualidad la que ha colocado a las estrellas en ese lugar desde nuestra perspectiva, siendo sólo una de ellas la enana blanca que ha dado origen a la nebulosa. La estrella central, con una magnitud de 15, resulta bastante difícil de observar con telescopios de apertura media, si bien no es del todo imposible bajo cielos impecables. En la siguiente imagen podemos observar a NGC 6337 en su ambiente más cercano, un lugar repleto de hidrógeno que es ionizado por la multitud de estrellas que se están gestando.

Foto NGC 6337 campo

Don Goldman / Astrodon

Podríamos sentirnos tentados de describir NGC 6337 como una esfera de gas, pero la realidad es muy distinta, ya que presenta una estructura bipolar más parecida a M27, por ejemplo. Su orientación hacia nosotros es lo que evita que veamos los dos lóbulos, aunque una leve inclinación permite apreciar cierta elongación en el halo externo de la nebulosa. Que se formen dos lóbulos opuestos a la estrella es algo que puede desafiar nuestra lógica, cuando sabemos que la nebulosa se forma por la expulsión de las capas superficiales de una gigante roja… ¿Por qué no es, entonces, una esfera perfecta? La respuesta está en la estrella central, que no es una sino un sistema binario. Una pequeña estrella orbita a su compañera principal, dejando una estela de polvo que rodea a la estrella central como si fuera un donut, una estructura que se conoce como torus. Este donut cósmico es el responsable de canalizar el gas que expulsa la estrella central, que sólo puede expandirse a través de sus dos polos opuestos. No ha debido ser fácil descubrir el origen de estas nebulosas, y aún quedan muchos detalles que sacar a la luz para poder explicar de una forma más precisa su formación.

Una vez en el campo donde debería estar la nebulosa, será fácil que no seamos capaces de ver nada salvo una miríada de estrellas pululando aquí y allá. Estamos mirando directos al Brazo de Sagitario, así que no debería extrañarnos. Con mi Dobson de 30 centímetros comencé a notar su presencia al poco rato, como un tenue brillo fantasmagórico que formaba un triángulo con dos estrellas. Decidí entonces poner el filtro OIII y la magia surtió efecto. El anillo de humo apareció de repente ante mis ojos, tenue pero fácilmente reconocible, como una pálida versión de M57, algo más redondeada y débil. El borde, engrosado, no era precisamente fino, apreciándose sin ningún problema un considerable grosor si tenemos en cuenta la dificultad de su observación. Las estrellas colindantes, eso sí, desaparecieron en su mayoría con el filtro. Probé a retirarlo y ya, sabiendo su posición exacta, sí podía observar su contorno, distinguiendo sin problema la estrella más brillante de su hilera central, situada en uno de los extremos, que parecía inmersas en el borde del anillo de humo, rozando el agujero que parecía abrirse a sus pies. Sin duda, fue una de las sorpresas de la noche, así como un aliciente para volver a cazar esa esquiva estrella central. Finalmente decidí dibujar la planetaria con el filtro OIII, por lo cual aparece el campo especialmente vacío de estrellas. La débil estrella que tocaba su borde apenas podía apreciarse con el filtro, pero la he dibujado un poco más brillante para que se vea su posición.

NGC 6337

Bajo la laguna (NGC 6553)

El cielo de verano se va adelantando cada noche, y con él una miríada de estrellas puebla nuestros ojos cuando miramos a través del telescopio. Vamos dejando atrás las galaxias perdidas en un mar oscuro para encontrar luciérnagas de múltiples colores allá donde miremos, con nebulosas, cúmulos… Estamos apuntando directamente al centro de nuestra galaxia. Hemos hablado en varias ocasiones de M8, la Nebulosa de la Laguna, y también dedicamos una entrada a NGC 6544, un interesante globular que se encontraba justo debajo. Pues bien, hoy vamos a seguir bajando por este camino celeste para llegar a otro cúmulo globular, apenas situado a un grado de la nebulosa.

Foto NGC 6553

NGC 6553 se encuentra a 19.600 años luz de distancia de nosotros, casi en línea recta hacia el centro de nuestra galaxia, del que dista unos 7.200 años luz. Es una zona difícil de observar debido a la ingente cantidad de polvo, gas y estrellas que se interpone: estamos observando a través los densos brazos de nuestra galaxia. William Herschel descubrió este globular en 1784, si bien creía que era una nebulosa planetaria al no distinguir ninguna estrella en su interior. NGC 6553 se encuentra inmerso en una órbita casi circular alrededor del núcleo galáctico. Tiene una metalicidad alta y pertenece a la población de cúmulos globulares del bulbo, lo cual se asocia a una edad relativamente joven. Sin embargo se ha estimado su edad en unos entre 12 y 13 mil millones de años, por lo que se formó durante los primeros momentos de vida de la Vía Láctea. Gracias a estos datos podemos aventurar que el bulbo galáctico se enriqueció de metales en esa franja de tiempo, probablemente por la explosión de las primeras grandes estrellas, que poblaron el cielo con hierro, carbono y elementos más pesados.

NGC 6553 pertenece a la categoría XI de la clasificación Shapley-Sawyer, lo cual habla en favor de una baja concentración de estrellas, que presentarán un brillo relativamente homogéneo. Efectivamente, al telescopio no encontramos ningún intenso núcleo brillando sobre el resto, sino una masa nubosa de similar brillo que no destaca especialmente. Tiene unos 4 minutos de arco y una magnitud conjunta de 8, con lo cual no resulta difícil de detectar. Distinguir sus finas estrellas, sin embargo, requerirá unos buenos cielos y apertura moderada. Con mi Dobson de 30 cm lo observé a 214 aumentos, observando una interesante esfera difusa en cuyos bordes se adivinaban varias franjas estelares. Algunas otras, diminutas, salpicaban su superficie, ayudando a sentir que esa débil nubecilla era en realidad una masa formada por miles de soles. Los bordes, poco definidos, exhibían dos débiles protuberancias como si fueran dos orejas triangulares, añadiendo un toque personal a este lejano vecino.

NGC 6553

Breve historia de un cúmulo globular (NGC 6749)

Los cúmulos globulares, que nos parecen tan alejados del tumultuoso disco galáctico, no tienen una vida precisamente tranquila. Hay dos grandes poblaciones de estos cúmulos en nuestra galaxia, los que se encuentran más cercanos al núcleo, en el bulbo, y los más alejados o cúmulos del halo. Según pertenezcan a uno u otro grupo sus características serán diferentes, de manera que los más internos son especialmente ricos en metales (elementos más pesados que el hidrógeno y helio). Los cúmulos del halo, más alejados del tumulto galáctico (supernovas, nubes moleculares en interacción…) se han formado en un medio “libre de humos”, exento de dicha concentración de elementos pesados, por lo cual sus estrellas son ricas en hidrógeno y helio. Todas estas esferas estelares van girando alrededor del núcleo galáctico como una canica que se lanza al lavabo. Si su velocidad es demasiado elevada (velocidad de escape) acabará saliendo disparada por el borde; de otra manera, irá perdiendo gradualmente energía hasta caer finalmente en el oscuro sumidero, que en nuestro ejemplo sería el centro más denso de la Vía Láctea, lugar de residencia de nuestro agujero negro supermasivo.

Durante la mayor parte de su existencia (algunos llegan a los 13.000 millones de años) los cúmulos globulares vagan alrededor de la galaxia sin grandes cambios, perdiendo sutilmente energía, de manera que al final de su vida la gravedad vence la partida y son atraídos al centro galáctico. Algunos sobreviven a su paso por el centro, a costa de perder gran parte de su población de estrellas, aunque luego volverán a ser arrastrados nuevamente, de manera que es imposible que escapen de su inexorable destino. No sólo tienen que luchar contra la gravedad del núcleo de la galaxia, sino contra la gravedad del conjunto de estrellas y gases que pueblan el bulbo.

foto-ngc-6749

NGC 6749 era un cúmulo solitario y tranquilo hasta que, recientemente, la gravedad se empeñó en atraerle al centro de la galaxia. Se formó hace 13.000 millones de años en el halo galáctico, algo que sabemos gracias a su composición pobre en metales. Recientemente atravesó el centro de la galaxia, encontrándose hoy a menos de 1000 años luz del eje ecuatorial de la galaxia, siendo el globular más “céntrico” de cuantos conocemos Se encuentra situado, desde nuestro punto de vista, justo detrás de la Gran Nube del Escudo, una inmensa aglomeración de estrellas con una masa estimada de 10.000 millones de masas solares. Si a eso sumamos, la masa de la barra central de nuestra galaxia (20.000 millones de masas solares) y la del propio bulbo galáctico, que posee un 30% de la masa total de nuestra galaxia, el resultado es tan descomunal que NGC 6749 no tiene ninguna posibilidad de salir ilesa: está rozando ese anillo metálico de la boca del sumidero del lavabo, y es cuestión de tiempo que tanta fuerza termine por dispersas todas sus estrellas.

NGC 6947 es un cúmulo de pequeño tamaño, estimándose su diámetro en unos 45 años luz, y extremadamente difuso, tanto que en la categoría de Shapley-Sawyer ocupa el número XII, el último número de la lista. Otra causa de su dificultad observacional es el oscurecimiento que sufre por su situación. Miles de millones de estrellas pertenecientes al brazo de Orión, así como a todas las estructuras mencionadas, se interponen en nuestra visión, sumado a una gran cantidad de gas, remanentes de supernovas y polvo en general. NGC 6749 alcanzaría una magnitud 4 veces más brillante de no ser por las estrellas y el polvo que bloquean su visión. Su magnitud visual es de 12.4, siendo sus estrellas más brillantes de la 16.5.

Hay algo de discordancia en cuanto a la identificación de este objeto, ya que John Herschel, en 1827, lo describió como “un cúmulo de débiles estrellas dispersas que ocupan todo el ocular”, siendo su posición además 8 minutos más alejada del cúmulo globular. Parece que Herschel pudo haber catalogado simplemente una región más densa de la Vía Láctea, ya que con su telescopio difícilmente podría haberlo resuelto, y su descripción no se adapta a la realidad que hoy conocemos. Y es que NGC 6749 es un cúmulo extremadamente débil, uno de esos objetos con un brillo superficial tan bajo (de 21.8) que se aprecia como un tenue fantasma con visión lateral (tiene fama de ser el cúmulo del catálogo NGC más difícil de ver). Aproveché para observarlo una visita al Veleta, el punto más alto de Sierra Nevada al que se puede llegar en coche, con una atmósfera inmejorable. La única pega esa noche fue el frío viento que nos sorprendió con poco abrigo, pero la calidad visual de los objetos hizo que mereciera la pena. De hecho pude apreciar el brillo tenue y disperso de NGC 6749 sin gran esfuerzo, con una brillante estrella marcando uno de sus bordes. Con visión lateral sus límites se expandían algo más, alcanzando unos 4 minutos de arco de diámetro. Con el paso de los minutos algunas minúsculas estrellas se asomaron en la periferia, para desaparecer sobre la marcha, como una chispa incandescente que se encuentra excesivamente lejos. Me lo tomé como un regalo de la atmósfera cristalina en compensación por el frío que me estaba haciendo pasar.

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Despidiendo estrellas (NGC 6804 y NGC 6842)

Hoy veremos dos nebulosas planetarias veraniegas que, aunque a priori no parezcan especialmente llamativas, cuentan con varias características interesantes. La primera se trata de NGC 6842, una de las pocas planetarias que tienen un puesto en el catálogo Sharpless, con la denominación Sh2-95 (este catálogo es un compendio, principalmente, de regiones HII). Se encuentra en la constelación de Vulpécula o la Raposa, a 5 grados de Albireo, y su magnitud de 13.5 no debe hacer que desestimemos en el intento. Al ser pequeña, de 1 minuto de arco cuadrado, no resulta tan complicado como pueda parecer. Se encuentra a unos 4000 años luz de distancia, protegida por miles de estrellas que sobrevuelan esa zona de nuestra galaxia. La planetaria se encuentra en plena rama de Orión, que vemos de frente, motivo por el cual hay tantas estrellas superpuestas. Eso, sumado a que una importante cantidad de polvo y gas bloquean parte de su luz, hace que no existan fotografías de alto detalle, apareciendo en la mayoría de ellas relativamente borrosa. Su estrella central, de magnitud 15.5, es ciertamente esquiva, ya que a su bajo brillo hay que añadir que queda disimulada por la superficie nebulosa.

Con todo esto, NGC 6842 se deja ver si observamos desde un lugar oscuro. A 115 aumentos ya se podía intuir en un campo densamente poblado de estrellas. Decidí usar mayores aumentos, definiéndose un poco más como un disco pequeño y difuso, aunque lo decisivo aquí es el filtro OIII, que realza “mágicamente” la nebulosa. Por supuesto, no pude ver ni rastro de la estrella central, que con mayores aberturas debe apreciarse sin problemas. También me resultó imposible detectar un engrosamiento muy leve de sus bordes que le proporciona una difusa estructura anular. Aun así, siempre es interesante ver estas burbujas de gas y pensar que, algún día, nuestro sol correrá la misma suerte.

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Nuestro siguiente objetivo es, visualmente, mucho más interesante, ayudado quizás porque se encuentra a medio camino entre el brazo de Sagitario y la rama de Orión, y puede verse menos afectado por el polvo galáctico. Se trata de NGC 6804 y es una de las planetarias más llamativas que podemos encontrar en la constelación del Águila. Descubierta por William Herschel en 1791, fue considerada durante mucho tiempo como un cúmulo abierto, en una época en que las nebulosas eran consideradas aglomeraciones de estrellas lo suficientemente débiles como para no ser resueltas. Así lo describe Herschel, e incluso William Henry Smith, afirmando “haber resuelto sus estrellas”, debido a la presencia de su estrella central y otras dos que aparecen embebidas en su superficie. En 1917, Frances G. Pease (famoso por descubrir Pease 1, la planetaria inmersa en M15) fue el que arrojó luz sobre su verdadera naturaleza al fotografiar el objeto con el reflector de 150 cm de Mount Wilson.

Foto NGC 6894.gif

NGC 6804, situada a 4900 años luz de distancia, presenta una estructura compleja formada por hasta 4 capas gaseosas superpuestas. La tercera es la más brillante, dispuesta a modo de torus alrededor de la estrella central, como si fuera un gran donut. La capa más externa forma una burbuja de más de un año luz de diámetro, muy débil pero visible en telescopios de gran abertura. Un vistazo en fotografías de larga exposición nos permitirá comprobar que hay cierta asimetría en el tamaño de sus capas, de manera que el lado hacia el sureste se encuentra más compactado que el opuesto. Este dato, sumado a que la velocidad radial de cada capa decrece del interior al exterior, ha llevado a la conclusión de que NGC 6804 está interaccionando intensamente con el medio interestelar, con si lanzamos una pompa de jabón contra la pared (aunque no llegará a explotar). Cada una de las capas es fruto de una época distinta, de un pulso de la estrella agonizante que, al fusionar helio, produce un súbito calentamiento y dilatación de sus capas más externas. Sin embargo, su destino ya está escrito. Cada vez soplará con menos fuerza y se transformará en una débil enana blanca, invisible a nuestros ojos.

Como adelantábamos, NGC 6804 es verdaderamente interesante a la hora de observarla a través del telescopio. Ya detectable con pequeños telescopios, gracias a su magnitud 12, con instrumentos de abertura moderada mostrará detalles muy llamativos. En mi caso, la mejor imagen la obtuve a 214 aumentos, apareciendo ante mis ojos un disco tenue en el que, de entrada, podía adivinar cierta heterogeneidad. Una visión más atenta puso en relieve la presencia de varias estrellas en su superficie. La estrella central, de magnitud 14, se adivinaba perfectamente como el eje de una lejana rueda, mientras que otras dos brillantes estrellas la flanqueaban con un ángulo de unos 150 grados. Tres astros más débiles, por último, rondaban la nebulosa a corta distancia. La nubecilla no era perfectamente redonda, sino que presentaba una forma ovalada, y en seguida saltaron a la vista dos condensaciones que marcaban sus bordes en polos opuestos, a modo de estructura anular dividida en dos partes. Una de las estrellas brillantes marcaba una de estas divisiones, mientras que la otra aparecía en realidad por fuera del borde. Me recordó a NGC 40, sólo que ella tiene sus bordes más finos, pero la imagen era ciertamente similar. El filtro OIII apenas proporcionaba mejoría evidente, en detrimento de las estrellas, así que decidí prescindir de él y disfrutar en directo de la nebulosa, imaginando cómo sería estar en esa “onda expansiva” que avanza a más de 50.000 km por hora.

ngc-6804

La pareja del dragón (Arp 81)

El Hubble nos regala la siguiente imagen, y deleitándonos con ella vamos a comenzar el artículo:

Foto NGC 6621.jpg

Se trata de dos galaxias en interacción llamadas NGC 6621 y NGC 6622, ambas formando parte del catálogo Arp de galaxias peculiares como Arp 81. A 265 millones de años luz de distancia, el espectáculo queda garantizado en esta colisión de proporciones gargantuescas. NGC 6622 es la mayor de ellas, situada a la derecha en la fotografía, y es una galaxia barrada espiral que ha perdido gran parte de su estructura, aunque destaca uno de sus brazos, que se ha deformado por las corrientes de marea y se extiende por una distancia de casi 250.000 años luz. El cuerpo de la galaxia propiamente dicha tiene unos 68.000 años luz de longitud y 26.000 de ancho, lo cual nos sirve para hacernos una idea de su enorme brazo espiral. Su compañera, NGC 6621, es una pequeña galaxia lenticular, de apenas 20.000 años luz de diámetro, que al lado de NGC 6622 parece estar relativamente tranquila. Sin embargo, sabemos que ambas están inmersas en un largo y colosal baile, habiéndose estimado que el último acercamiento tuvo lugar hace unos 100 millones de años, tras el cual las galaxias se han alejado 55000 años luz. Próximamente, si esto fuera un vídeo a cámara rápida, veríamos como la velocidad de separación se va ralentizando hasta que la gravedad vuelve a producir otro acercamiento entre ellas. El siguiente contacto será, probablemente, el definitivo, aunando los dos universos y formando una galaxia elíptica.

Esta interacción ha promovido la formación de una ingente cantidad de estrellas, como podemos apreciar por la presencia de múltiples cúmulos azulados, la mayoría de ellos en NGC 6622, con algunas gigantes azules que se pueden individualizar en las fotografías de larga exposición. Otra característica que hace referencia a esta alta proliferación estelar es su elevado brillo en el infrarrojo, que ha llevado a catalogar estas galaxias como LIRG, siglas de “Luminous Infrared Galaxies”. Si nos fijamos en otras propiedades, como la presencia de hidrógeno neutro (en esta entrada hablábamos sobre los distintos tipos de hidrógeno), llama la atención la escasez relativa de este elemento, probablemente porque la interacción entre ambas galaxias ha removido este gas. El hidrógeno molecular, sin embargo, es extremadamente abundante, sobre todo en los brazos, indicándonos también los lugares de formación estelar (aunque no podemos captar el hidrógeno molecular, se puede inferir su localización gracias a la detección de monóxido de carbono).

Ambas galaxias se encuentran en la constelación de Draco, muy cerca de la nebulosa planetaria NGC 6543, por lo que podemos aprovechar y hacerle una visita. Las magnitudes de NGC 6621 y NGC 6622 son, respectivamente, 13.6 y 13.2, y su bajo brillo superficial no hace que sean especialmente fáciles. Sin embargo, bajo una oscura noche se apreciar con aberturas moderadas y una adaptación visual. Con mi Dobson de 30 cm aprecié inicialmente una mancha muy débil y algo alargada, y desde el primer momento podía notar que no era una imagen completamente homogénea. Usé el Cronus de 7 mm, con 214 aumentos, y pude verla un poco más definida. Tras varios minutos de adaptación conseguí, con visión periférica, distinguir cómo uno de los extremos de la mancha era, realmente, otra pequeña nubecilla independiente, NGC 6621, prácticamente en contacto con la más alargada. Además, por momentos aparecía el núcleo de ambas galaxias como una débil condensación casi puntual, desapareciendo al fijar la vista. No atisbé ni rastro del gran brazo de NGC 6622, por lo cual queda apuntada en mi lista de objetos para ver con mayor abertura. Sin embargo, por muy débil que sea, nunca se pierde la sensación de estar viendo algo muy, muy lejano y muy, muy grande.

NGC 6621.png