Las siamesas de Virgo

Mañana llega la primavera y, con ella, vamos a volver a nuestro estudio sobre el Cúmulo de Virgo, la metrópolis alrededor de la cual gira nuestro Grupo Local. En esta entrada resumíamos todas las galaxias vistas hasta el momento en este cúmulo, y hoy vamos a añadir un clásico, dos galaxias en interacción que se han ganado el apodo de “las Siamesas”.

Foto NGC 4567

Se trata de NGC 4567 y NGC 4568, una pareja de galaxias que se sitúan a una distancia de entre 55 y 60 millones de años luz, en consonancia con el mencionado cúmulo. Ambas galaxias comparten un desplazamiento al rojo similar, lo cual las sitúa a la misma distancia, aunque un rápido vistazo a la anterior fotografía basta para ver que no muestran signos sugerente de estar interaccionando. No vemos brazos desgarrados, colas de marea ni exóticas formas fruto de esta interacción, siendo su cercanía lo único que podría hacernos pensar que están en proceso de fusión. Tienen, eso sí, una inusitada proliferación estelar, apreciable en forma de múltiples condensaciones, especialmente en la zona de contacto de ambas galaxias. Es al observar su hidrógeno neutro cuando realmente podemos cerciorarnos de que ambas galaxias están interaccionando, compartiendo material entre ellas y estimulando una oleada de formación de nuevas estrellas. NGC 4568 ha sido huésped, recientemente, de dos supernovas, una en 1990 y otra en 2004.

Herschel descubrió estas galaxias en 1784, y seguro que su curiosa forma le cautivó. NGC 4567 es algo más débil, aunque ambas rondan la onceava magnitud. Son dos galaxias espirales, alargadas, que quedan unidas por uno de sus extremos, formando la silueta de la letra “V”. NGC 4568 es algo mayor, aunque su orientación es prácticamente idéntica. Al ocular se aprecia fácilmente su disposición, incluso con pequeños instrumentos. Las observé detenidamente con mi Dobson de 30 cm hace unas semanas, comprobando que NGC 4568 aparecía algo más alargada. Ambas galaxias mostraban un núcleo brillante y ovalado, y en NGC 4568 alcancé a observar algunas irregularidades, como una pequeña línea más brillante cerca de uno de sus bordes. Pocas galaxias en interacción hay al alcance de pequeños telescopios, y estas noches primaverales ofrecen una buena oportunidad para disfrutar de estas hermanas gemelas.

NGC 4567

Grupos marginales (NGC 2749)

El universo, como ya sabemos, está formado por multitud de galaxias que se agrupan de forma jerarquizada, siendo los grupos galácticos un primer eslabón en la escala. Conocemos numerosos grupos en nuestro entorno, como el de M81, el del Escultor o el de Maffei. A mayores distancias conocemos los cúmulos principales, como el de Virgo, pero el número de grupos conocidos es bastante escaso entre los aficionados, ya que son, por lo general, bastante débiles y carecen, relativamente, de interés. Hoy vamos a visitar uno de estos pequeños grupos galácticos situado en Cáncer, una constelación que tiene, como estamos apreciando, un buen número de objetos para ver.

Foto NGC2749 SDSS

Crédito: SDSS

El catálogo WBL de cúmulos galácticos pobres reúne 732 grupos de galaxias que cuentan con 3 o más miembros, los cuales deben compartir un similar desplazamiento al rojo. El que nos ocupa hoy recibe el nombre de WBL 202, situado a apenas 6 grados de M44, el Pesebre. Se encuentra a la considerable distancia de 195 millones de años luz de nosotros, lo cual nos pone en preaviso de que no será uno de los más luminosos (el cúmulo de Virgo, en comparación, se sitúa a unos 60 millones de años luz y tiene una población 400 veces mayor). Es un grupo cuyo centro lo ocupa NGC 2749, una galaxia elíptica que brilla con una magnitud de 12.8. Es clasificada como una galaxia de núcleo activo de baja luminosidad (low-luminosity active galactic nuclei), en cuyo centro reside un agujero negro supermasivo que, aparentemente, presenta una baja actividad, como ocurre en nuestra propia Vía Láctea. El resto de los integrantes de esta familia son NGC 2745, NGC 2747, NGC 2751 y NGC 2752. Tres de ellas podemos encuadrarlas en el mismo campo del ocular, formando un triángulo que necesita cielos oscuros para poder ser disfrutado. NGC 2749 fue descubierta en 1862 por Heinrich Louis D’arrest, un astrónomo alemán, mientras que el resto permaneció en el anonimato hasta que Albert Marth las descubrió con su telescopio de 1 metro de diámetro. Su considerable apertura debe hacer que nos sintamos satisfechos si conseguimos cazar alguna de estas galaxias.

Al ocular, incluso a bajo aumento, no es difícil apreciar la principal componente. NGC 2749 brilla con un núcleo intenso y puntiforme, rodeada de un halo más débil y circular que se pierde poco a poco. Con visión periférica sus bordes parecen algo más extensos, aunque apenas supera el minuto de arco. Las otras dos galaxias visibles son bastante más débiles, rondando la magnitud 14. NGC 2751 es una galaxia espiral que se nos ofrece algo inclinada, con un brillo superficial muy bajo. Si tenemos la vista adaptada a la oscuridad podremos verla como una débil nubecilla sin forma definida, que desaparece rápidamente en cuanto fijamos la mirada. Más interesante es NGC 2752. A pesar de ser también extremadamente débil, en los momentos en que se deja ver recorta su silueta alargada sobre el cielo oscuro. Es una galaxia espiral que nos muestra su perfil, constituyendo un bonito contraste con su hermana mayor, NGC 2749. En varios miles de millones de años, probablemente, no quedará ninguna de ellas para que podamos disfrutarlas. En lugar de eso todas se habrán unido en una gran galaxia elíptica, si no han contactado antes con otro grupo de galaxias, en esta eterna y movida novela cósmica. De entrada, WBL 202 permanece ajena a las grandes aglomeraciones del universo a medio alcance, disfrutando de una aparente calma en una isla desierta.

NGC 2749.png

Por cierto, junto a NGC 2752 podemos encontrar una bonita estrella doble con sus componentes muy cercanas entre sí, lo suficientemente brillantes como para ser accesibles a la mayoría de telescopios. Sin duda, un merecido añadido a este paisaje galáctico.

NGC 2749 detalles.png

 

Ser Astrónomo: 1) Introducción

Hoy se ha estrenado el programa de Cadena Ser Guadix en el que hablaremos, cada jueves, de distintos aspectos de las astronomía. Se denomina “Ser Astrónomo” y nuestra idea es transmitir un poco de nuestra pasión por esta afición, de manera que los conceptos básicos (y no tan básicos) lleguen a todo el mundo posible. El programa se emitirá, desde hoy, cada jueves entre las 12:30 y 13:00, y en él hablaremos de temas tan variopintos como el nacimiento de las estrellas, los agujeros negros, la mitología, tradiciones relacionadas con el firmamento, nebulosas, galaxias, el principio del universo… Aquí os adjunto nuestra primera entrevista, a modo de introducción, de manera que Miguel Gil (Turismo astronómico) y yo hacemos una declaración de intenciones, presentando la idea que tenemos con respecto a esta emisión y dejando patente la fascinación que es capaz de producir esta afición. A partir del jueves que viene iré complementando cada charla con algunos apuntes e imágenes por escrito, de manera que el blog sirva como complemento al programa.

Pincha en el énlace de abajo para escucharnos en Cadena Ser:

Ser Astrónomo – Programa 1: Introducción

Taller de astronomía en Don Domingo (19-21 de mayo 2017)

Para los interesados, os comparto la información sobre el taller de astronomía que daremos en Don Domingo, en el Parque Natural de Cazorla, el cielo más limpio y oscuro que he conocido hasta ahora. Será el fin de semana del 19 al 21 de mayo de 2017, y para apuntaros podéis hacerlo a través del siguiente enlace:

Taller de astronomía en Don Domingo

Os dejo el programa de ese fin de semana:

Viernes

19:00 Bienvenida

          1.- Introducción a la astronomía

          2.- Nuestro lugar en el cosmos

20:30 Cena

21:30 Observación nocturna

Sábado

10:00 Desayuno

11:00 Observación solar

12:00 Sesiones didácticas:

          1.- Historia de la astronomía

          2.- Sistema solar

          3.- Estrellas dobles y variables

          4.- Cielo profundo

14:30 Comida

16:00 Ruta de naturalaza

20:30 Cena

21:30 Observación nocturna

Domingo

10:00 Desayuno

11:00 Observación solar

12:00 Ruta de naturaleza

14:30 Comida

15:30 Despedida

Duración: fin de semana.

Alumnos: 6 mínimo, 10 máximo.

Incluye: Albergue en régimen de pensión completa. Clases teóricas y prácticas. Desplazamientos desde el hotel en coches particulares (compartidos) para realizar las rutas. (consultar otras condiciones y acompañantes).

Idiomas: castellano, inglés.

Precio: 169 euros en habitación compartida (pensión completa), 149 euros (media pensión).

Solo asistencia al taller un día 50 euros, (1-2 niños hasta 12 años acompañados de un adulto, gratis).  

Solo asistencia al taller los dos días 75 euros, (1-2 niños hasta 12 años acompañados de un adulto, gratis).

Solo observación un día 30 euros, (1-2 niños hasta 12 años acompañados de un adulto, gratis).

Solo observación dos días 50 euros, (1-2 niños hasta 12 años acompañados de un adulto, gratis).

 

El sitio de alojamiento es la casa rural Don Domingo, y doy fe de que la calidad de su comida está a la altura de la del cielo que hay sobre su tejado. En el siguiente enlace podéis entrar en su sitio web:

Casa rural Don Domingo

Las nubes moleculares de Orión-Monoceros (NGC 2149 y NGC 2170)

El universo está enormemente jerarquizado, y siempre hay una estructura que está por encima de otra. Hemos estado en varias ocasiones la nube molecular de Orión, y ahora vamos a conocer la región en la que se engloba. El complejo de nubes moleculares de Orión-Monoceros es una maravillosa estructura que abarca una gran área del cielo, cuya fascinante historia se remonta a la época en la que se extinguieron los dinosaurios.

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Según numerosos estudios, hace 60 millones de años tuvo lugar un encuentro entre una nube de hidrógeno neutro (una masa de gas conocida como “high velocity H1 cloud” o nube de H1 de alta velocidad) y el disco de nuestra galaxia. La nube de alta velocidad tendría un diámetro de unos 1250 años luz y entraría en el disco galáctico desde el hemisferio sur, avanzando a la vertiginosa velocidad de 100 km por segundo (de ahí el adjetivo que las define). Esta colisión sería la que determinaría la formación, 20 millones de años después, de una inmensa nube molecular, formada también por hidrógeno, aunque en su forma molecular en vez de atómica (dos hidrógenos unidos entre sí). Esta gran estructura se vería esculpida, a posteriori, por las fuerzas de marea de nuestra propia galaxia, así como por la influencia de numerosas supernovas y los vientos de jóvenes estrellas supermasivas. El resultado final lleva a la disgregación del complejo molecular en nubes moleculares más pequeñas, formándose así sus principales componentes, las nubes de Orión A, Orión B y Monoceros R2.

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Las nubes de Orión fueron las primeras en nacer, hace unos 30 millones de años, mientras que la de Monoceros se formó más adelante, hace unos 10 millones de años. Las primeras, más cercanas, se encuentran a unos 1500 años luz de distancia, situándose la de Monoceros a 2500 años luz, a pesar de lo cual están estrechamente relacionadas entre sí y comunicadas a través de filamentos. En el seno de la nube molecular de Monoceros R2 comenzaron a destacar algunos núcleos más densos, dando lugar a las nebulosas que nos ocupan hoy.

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NGC 2170, fotografía de Adam Block

NGC 2170 fue descubierta por William Herschel en 1784, mientras que NGC 2149 permaneció oculta a la vista del hombre hasta cien años más tarde, cuando fue descubierta por Édouard Jean-Marie Stephan (el mismo que dio nombre al famoso quinteto de galaxias). Esta última se encuentra en el límite de las nubes de Monoceros R2 y Orión A, la cuales se encuentran unidas y formando una estructura anular, probablemente fruto de la burbuja en expansión producida por una supernova reciente. NGC 2170, la nebulosa más brillante de Monoceros R2, se encuentra a 3 grados y medio de su compañera. Al igual que ocurre con la Nebulosa de Orión, estas masas de gas ocultan tras de sí un enjambre de estrellas recién nacidas, así como otras tantas que están aún por nacer.

NGC 2149 es la más débil de estas nebulosas, precisando un cielo relativamente oscuro. Su tamaño de 3 minutos de arco hace aconsejable usa aumentos elevados, siempre y cuando no perdamos demasiado contraste. Con mi Dobson de 30 cm llegué a apreciarla con mayor claridad a 214 aumentos, apareciendo como una nebulosidad extremadamente débil que se disponía alrededor de una pequeña estrella. Ligeramente alargada, la nubecilla desaparecía por complejo cuando fijaba la vista, aunque con mirada periférica se dejaba ver con relativa facilidad.

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Mucho más brillante es NGC 2170, a pesar de contar con unas dimensiones similares. Aparece como una nebulosidad más densa en torno a una llamativa estrella, con dos prolongaciones que se disponen a ambos lados, abarcando otras dos estrellas como si fueran sus brazos. Con visión periférica se extienden algo más lejos, aunque no llegan a superar los 3 minutos de arco. Es emocionante pensar que estamos contemplando dos pequeñas cimas de un enorme iceberg que se encuentra oculto a nuestros ojos, haciendo patente, una vez más, que el universo se encuentra entrelazado e interactuando en todo momento.

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NGC 925, la otra galaxia del triángulo

NGC 925 es otra de las galaxias que esconde la constelación del Triángulo, frecuentemente dejada de lado, si bien comparte bastantes características de M33, su hermana mayor. Se encuentra a 30 millones de años luz, distancia que Hubble estimó con precisión gracias a la observación de las estrellas cefeidas, como podemos leer en este artículo. Es una galaxia de tipo SAB(s)d, una espiral barrada con una elongación considerable (parámetro indicado por la letra “d”). La “s” hace referencia a la ausencia de un anillo en la barra, estructura que a veces se forma en su interior. Fue descubierta en 1784 por William Herschel y, tras estudiar sus propiedades cinéticas, se ha adscrito como miembro del grupo NGC 1023, junto con otras galaxias como NGC 891.

Una de sus peculiaridades radica en una patente asimetría que domina la galaxia en todos sus rincones. Presenta un brazo sur homogéneo y continuado, relativamente normal, mientras que el septentrional aparece subdivido en múltiples zonas sin orden aparente, como si fuera una galaxia floculenta. Además, el centro de la barra no se correlaciona con el centro dinámico de la galaxia, lo cual ha dado que pensar a los astrónomos. Podría deberse a la presencia de una nube de H1 (hidrógeno neutro) gigante de un millón de masas solares que está interactuando con la galaxia, aunque nada contradice la hipótesis de que se deba a una interacción con otra galaxia. La barra es un elemento interesante, poco densa y con una importante proliferación estelar, además de estar ligeramente desviada del centro de la galaxia, lo cual hace pensar que es una estructura determinada por ondas de presión, más parecida a los brazos en espiral que a típicas barras centrales. Quizás habría, por tanto, que redefinir el término barra. En NGC 925 encontramos una gran proliferación estelar, probablemente fruto de las mencionadas interacciones, que se fundamenta en dos zonas más destacadas, en la barra central y en el extremo del brazo sur, el más “tradicional”.

Visualmente, queda patente desde un primer momento su gran parecido a M33. Un brillo superficial bajo, de 14.2, a pesar de tener una magnitud que ronda la décima. No obstante, su tamaño de 10 minutos de arco hace que la luz se disperse por un área relativamente extensa. Aparece ya a bajo aumento como una mancha alargada y muy difusa, que puede necesitar visión lateral si las condiciones no son idóneas. Mayores aumentos no ayudan a revelar más detalles, aunque con mayor apertura es posible apreciar sus brazos espirales destartalados. Se encuentra enmarcada por cuatro estrellas que forman un trapecio y que pueden ayudar a localizarla si usamos poco aumento. En mi caso el ocular por el que me decanté fue el Hyperion de 13 mm que, a 115x, proporcionaba un interesante campo visual, aunque las estrellas no son especialmente numerosas en esta región del cielo. No obstante, merece la pena hacer una visita a esta peculiar galaxia, aunque sea por dar algo de protagonismo a una constelación que carece de grandes figuras astronómicas, al margen de M33.

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Crónica: taller de Astronomía en Cabo de Gata

Tras múltiples sesiones de observación y algunas charlas temáticas sobre distintos temas relacionados con la astronomía, desde Turismo Astronómico y El Nido del Astrónomo nos decidimos a organizar algo “más grande”, y lanzamos el primer taller de astronomía, que decidimos hacer en los limpios cielos de Cabo de Gata, en el hotel de la Naturaleza en Rodalquilar. La idea era aunar un fin de semana de ocio en un lugar paradisíaco con unas jornadas de aprendizaje centradas en la astronomía, de manera que nos parecía una manera original y amena de pasar un buen fin de semana. Efectivamente, las nubes no pudieron impedir que disfrutáramos de esos tres días.

El viernes dio comienzo el taller con una charla introductoria acerca de los orígenes de la astronomía y su cambio a través de la historia, haciendo hincapié en las maravillas que hemos descubierto a lo largo de estos últimos siglos. Posteriormente fue el momento de situarnos en este gran universo que poblamos, aprendiendo algunas nociones de geografía celeste: nuestro lugar en el cosmos, un viaje hacia escalas cada vez mayores, comenzando en las inmediaciones de nuestro planeta y terminando en la inmensa maraña que es el universo a gran escala, plagado de miles de millones de galaxias que se disponen formando una red cósmica. No pudimos realizar la observación prevista por culpa de las nubes, aunque pudimos aprovechar unos claros antes de la cena para contemplar a Venus (una imagen idéntica a la que vio en su día Galileo), la famosa Nebulosa de Orión y algunos cúmulos estelares como M35. Tras una copiosa cena, en la que intercambiamos mil y una opiniones acerca de todos los temas habidos y por hablar (saltando de la astronomía a la historia, del cambio climático a los viajes en globo, la filosofía, la mente humana y tantos otros temas que nos distrajeron del deseo de observar el firmamento. No obstante, una charla a la luz de una bonita chimenea puso el broche final a la primera noche.

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El sábado contó con el protagonismo del sol en las primeras horas de la mañana, de manera que aprovechamos para intentar buscar algunas de sus manchas y su superficie granulada. La luna, deslumbrada por el astro, se podía apreciar a corta distancia, mostrando tenuemente algunos de los cráteres en su cara decreciente. Tras esta toma de contacto con los grandes cuerpos de nuestro sistema solar tuvo lugar la segunda sesión didáctica, en la que, durante tres horas, hablamos del origen del universo, aprendiendo la importancia de las ondas a la hora de determinar la dirección del movimiento de las galaxias y algunos otros datos fundamentales de astrofísica, explicados de una forma sencilla para que el menos ducho en la materia pudiera seguir la charla sin grandes dificultades. Posteriormente le tocó el turno a temas puramente astronómicos y mucho más visuales, como el nacimiento de las estrellas, distintos tipos de nebulosas y galaxias en el universo, el final de las estrellas, tanto si lo hacen como una nebulosa planetaria o como una descomunal supernova… No faltaron referencias a objetos exóticos como los agujeros negros o a temas candentes como el descubrimiento de exoplanetas o la detección de ondas gravitacionales. Después de la comida acompañamos a los alumnos del curso de fotografía a una visita a las llamativas Salinas de Cabo de Gata, disfrutando de bellas playas volcánicas y escarpadas elevaciones junto al mar.

La noche nos puso la miel en los labios justo antes de cenar, dejándonos entrever algunos claros en el cielo que, como aves de rapiña, aprovechamos con celeridad para buscar algunos objetos. Estrellas dobles y alguno que otro cúmulo estelar se dejó ver, así como los restos de una estrella que había llegado al final de su vida, dando lugar a lo que conocemos como la Nebulosa Esquimal. Cenamos con tranquilidad y después, viendo que el cielo no nos daba tregua, decidimos hacer una observación virtual con el programa Stellarium, que usamos para aprender las distintas constelaciones, puntos de referencia y el lugar de algunos de los objetos celestes más impresionantes.

Personalmente, después de terminar el curso me he quedado con una muy buena sensación. La astronomía es una ciencia maravillosa, y el hecho de poder transmitirla a gente que nunca ha conocido nada sobre ella la hace aún más especial. Emociona saber que hay gente que todavía es capaz de maravillarse con la bóveda celeste, soltando exclamaciones cuando comprende lo pequeños que somos y lo grande que es este universo en el que nos ha tocado vivir.  Muchas gracias a todo el equipo, a Turismo Astronómico y, en especial, a esos “alumnos” que han demostrado tantas ganas de aprender y han contribuido a pasar un fin de semana muy especial.

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Ha pasado ya una semana del taller, y desde Turismo Astronómico y El Nido del Astrónomo queremos invitaros a una nueva edición del taller, que en este caso tendrá lugar en uno de los mejores cielos de Europa, situado en plena Sierra de Cazorla, en la aldea de Don Domingo. Allí disfrutaremos de unos cielos privilegiados en un paisaje rural de praderas perdidas entre altas cumbres que nos permitirán disfrutar de tres días inolvidables, con buena comida y mejor compañía. La primavera es la época de las galaxias, y cientos de ellas aguardan a ser vistas con nuestros equipos de observación. En el siguiente enlace tenéis toda la información al respecto, ¡os esperamos!

Taller de Astronomía en Don Domingo – 19, 20 y 21 de mayo de 2017