VII Star Party en Gorafe (17/06/17)

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El pasado sábado 17 de Junio iniciamos la temporada estival de divulgación astronómica en Gorafe, uno de los pueblos más interesantes de la provincia granadina. A las 20:00 comenzamos con una charla introductoria, un viaje espacial en el cual fuimos descubriendo las maravillas que tenemos sobre nuestras cabezas, intentando comprender también la vastedad del universo en el que vivimos. Al terminar fuimos a la plaza del pueblo, que cuenta con el privilegio de ser un estupendo mirador sin edificios que obstaculicen la visión. Disfrutamos del atardecer a medida que Júpiter se iba dibujando contra el azul del cielo, y las nubes altas fueron perdiendo la batalla. Disfrutamos del gran planeta gaseoso y sus lunas, así como de su imponente mancha roja, para luego observar maravillas más lejanas aún: cúmulos globulares, nebulosas planetarias, estrellas dobles… Terminamos disfrutando de Saturno y sus idílicos anillos, una vista que resulta imposible de olvidar. Os dejo con un pequeño reportaje fotográfico del evento. Muchas gracias a los que vinisteis y, a los que no pudisteis asistir, os animo a venir a los siguientes encuentros que iremos anunciando por aquí (este viernes estaremos en Arenas del Rey):

 

Sagitario a través de unos ojos de búho

A medida que pasa el tiempo disponemos de más medios para observar el cielo, cada vez con mayor calidad y detalle. Sabemos que unos pequeños prismáticos tienen una gran virtud, y es el campo visual tan grande que ofrecen, que nos permite disfrutar de objetos extensos y poblados campos de estrellas. El extremo de este tipo de instrumentos, en cuanto a extensión del campo, es este exótico invento que llegó a mis manos hace unos meses. Estos ojos de búho son unos pequeños binoculares con un aumento de tan sólo 2.3, si bien tienen una apertura de 4 cm, lo cual significa, básicamente, que veremos enormes trozos de cielo y seremos capaces de distinguir objetos mucho más débiles que los que veríamos a simple vista. Con los ojos de búho podemos ver estrellas y objetos de cielo profundo hasta dos magnitudes más débiles de lo habitual, así que podremos apreciar las constelaciones en su totalidad de espacio con sus principales objetos.

Llevaba un tiempo queriendo probar los ojos de búho con Sagitario, y hace unas semanas tuve la oportunidad. El horizonte sur no era el mejor desde nuestro lugar de observación, pero aun así apunté a la constelación y no pude evitar soltar una exclamación. Así que así debía verse el cielo desde los lugares más oscuros del mundo… La Vía Láctea no era una nube difusa sino un bloque marmóreo que brillaba con fuerza, con bordes perfectamente delimitados, entrantes y salientes que parecían la línea de costa de unos acantilados vistos desde arriba. Multitud de estrellas brillaban donde antes no había nada, pero lo que más me sorprendió fue la inmensa cantidad de condensaciones que aparecieron ante mis ojos. La más evidente, cómo no, era la Nebulosa de la Laguna, que aparecía como una mancha alargada y brillante, ¡e incluso podían distinguirse dos partes principales separadas por una zona oscura! M20, la Trífida, era notoria por encima de ella, y una pequeña estrella la apartaba de contrastado M21, el cúmulo abierto que se encuentra a su izquierda.

OB Sagitario.png

Me sorprendió, justo bajo M8, la presencia de un entrante de la Vía Láctea que se adentraba en el lo que los anglosajones llaman “Dark Rift”, ese vacío oscuro que separa las dos vertientes de la Vía Láctea desde nuestro punto de vista. El entrante contrastaba enormemente con la zona negra como el tizón, y no era difícil imaginar a una cercana nebulosa oscura proyectando su sombra sobre el resto de las estrellas. A la izquierda de Kaus Borealis, la estrella que conforma el “tejado de la casa”, podía verse sin ninguna dificultad M22, el famoso cúmulo globular, como una pequeña mancha redondeada, aunque más brillante que las estrellas que había a su alrededor. El cúmulo abierto M25 brillaba alargado sobre M22, amparado bajo 3 estrellas. M24, la “Nube de Sagitario”, dejaba asomar su región más meridional, anticipando las maravillas que podíamos encontrar si alzábamos la mirada un poco más. M23 formaba un triángulo con M20 y Saturno, que se dejaba ver como una brillante estrella amarillenta que, por supuesto, no parpadeaba como sus compañeras. Si seguía hacia abajo, podía ver, a la derecha de Nash, otra nebulosa oscura alargada y acodada, como una bota, que se corresponde con la nebulosa oscura Barnard 295. Por esta zona la vista se iba, sin poder evitarlo, al frondoso Cúmulo de Ptolomeo o M7, en cuyo interior podían incluso distinguirse unas cuantas estrellas salpicadas. Por supuesto, también brillaba a su lado M6, algo más pequeño y alargado. Probablemente pude haber visto algunos otros cúmulos del catálogo NGC, pero dibujar un campo tan grande acaba cansando la vista y la mano, así que decidí dejar la observación ahí, no sin antes dar unos paseos rápidos por el resto de la Vía Láctea, disfrutando de las constelaciones del Cisne, el Escudo, Casiopea… Guardé los ojos de búho con la certeza de que este verano me proporcionarán largas horas de disfrute, tumbado en una hamaca en lo alto de una montaña. No apreciaremos detalles sobre objetos concretos, pero las panorámicas que nos ofrece son, sin duda, algo excepcional.

OB Sagitario detalles

Mizar, Alcor y el planeta que nunca fue

Hoy vamos a ver una de las estrellas dobles más conocidas del cielo, cuyos dos principales componentes podemos distinguir a simple vista. Hablamos, cómo no, de Mizar y Alcor, dos estrellas conocidas desde la antigüedad y que forman la parte central de la cola de la Osa Mayor. Ambas estrellas se encuentran separadas por algo más de 11 minutos de arco, que corresponden en realidad a un cuarto de año luz. A pesar de su cercanía, curiosamente, no forman un sistema físico orbital, sino que ambas se mueven juntas en la misma dirección, formando parte de la Asociación Estelar de la Osa Mayor. Esta asociación fue descubierta por Richard A. Proctor y consiste en un grupo de estrellas que comparten el mismo movimiento en el cielo, desplazándose hacia un punto situado en la constelación de Hércules. Nosotros, junto con la mayoría de estrellas brillantes de la Osa Mayor, formamos parte de esta corriente de estrellas.

Mizar fue la primera estrella doble descubierta a Foto Mizar Bentravés de un telescopio, gracias a Benedetto Castelli que, en 1617, pidió a Galileo que la observara. Se conocieron así los dos principales componentes de Mizar, conocidos desde entonces como Mizar A y Mizar B. La primera de ellas, de magnitud 2.27, es de tipo espectral A2, mientras que la segunda, de tipo espectral A5, es de la cuarta magnitud. Entre ellas hay tan sólo una separación de 500 unidades astronómicas, tardando miles de años en completar una vuelta. Al observarla con un espectrómetro se objetivó que sus líneas se desplazaban del rojo al azul siguiendo un período constante, dando a entender que su distancia oscilaba con respecto a nosotros de manera periódica. De esta manera, Mizar A fue la primera binaria espectroscópica descubierta, allá por el 1884, gracias al trabajo de Edward Charles Pickering. Su período de órbita es de unos 20 días, contando cada una de las estrellas con unas 2.5 masas solares. Pero ahí no queda la cosa, y es que Mizar B es también una binaria espectroscópica, con un período de 175 días y unas masas equivalentes a 1.6 veces la de nuestro sol. Así, la brillante Mizar se convierte de golpe en un sistema cuádruple, con dos parejas girando entre sí de una manera lenta pero inexorable.

Foto Mizar

Dibujo de Camille Flammarion (1882)

Aquí acabaría el capítulo si no fuera porque Alcor también guarda un secreto. Su nombre en otras culturas ya hace referencia a su papel secundario en esta pareja celeste, ya que ha sido conocida como Suha “la olvidada” o Khawwar “la débil”, entre otros. Posee una magnitud de 3.99 y tipo espectral A5, con una superficie que alcanza unos considerables 8000 grados de temperatura. Sin embargo, su mayor secreto es la presencia de una pequeña compañera que orbita a su alrededor, una enana roja de tipo espectral M3 que completa una vuelta en 90 años. A un segundo de arco de distancia de su estrella principal, en términos reales corresponde a tan sólo 25 unidades astronómicas, menos de la distancia media que hay entre Neptuno y el Sol. Por tanto, no sería descabellado que Mizar y Alcor forman un curioso sistema séxtuple, a pesar de se distribuyan en dos grupos bien diferenciados: al fin y al cabo, su destino sigue siendo el mismo.

Sin embargo, Benedetto Castelli añadió una nota más de interés a esta región del cielo. Entre ambas estrellas podemos apreciar una estrella de magnitud 8, fácilmente visible con unos simples prismáticos, que quedó registrada por el astrónomo a principios del siglo XVII, y además llegó a escribir que se había movido ligeramente de un año a otro. Un siglo después, el astrónomo Johann Georg Liebknecht volvió a observarla, y al registrar su posición creyó que la estrella presentaba movimiento propio, no dudando en catalogarla como un nuevo planeta. La llamó Sidus Ludoviciana en honor a la universidad donde trabajaba (la universidad ludoviciana en Giessen, Alemania). Posteriormente, cuando se comprobó que no era tal, se ganó el desapego de un buen número de astrónomos, que criticaron la rapidez de sus afirmaciones. Esta estrella, conocida también como la Estrella de Ludwig, se encuentra a casi 400 años luz de distancia, muy alejada de sus aparentes compañeras, que nos saludan desde corta distancia, a tan solo 83 años luz.

Doble Mizar.png

No debemos perder la oportunidad de observar esta estampa estelar, siendo Mizar fácilmente desdoblada en dos componentes muy cercanas entre sí. La más brillante tiene una intensa tonalidad amarillenta, mientras que Mizar B, más débil, a veces transmite un color más azulado, casi verdoso, difícil de precisar… Al otro lado brilla, solitaria en apariencia, Alcor, y entre ellas reside el planeta imaginario Sidus Ludoviciana. Cuántas historias en un espacio tan reducido…

Doble Mizar - detalles.png

El lejano Hickson 58

Hoy vamos a viajar lejos, mucho más allá del Cúmulo de Virgo, a unos considerables 285 millones de años luz en dirección a la constelación de Leo, una zona del cielo que estos días se encuentra cada vez más baja hacia el horizonte occidental.

Foto NGC 3817

Crédito: SDSS

Hickson 58 es un grupo formado por cinco galaxias, según la mayoría de las fuentes, que se encuentran a una distancia equivalente a la del Cúmulo de Coma. Sus dos componentes más brillantes fueron descubiertas por William Herschel en 1784, y un rápido vistazo a cualquier libro o programa nos mostrará que cada de una de ellas posee dos números distintos del catálogo. El motivo parece sencillo: Herschel dejó anotadas sus posiciones y el astrónomo francés Guillaume Bigourdan, posteriormente, no las pudo encontrar. Sí vio otras dos que ocupaban posiciones cercanas, y las catalogó como dos objetos distintos, proporcionando datos sobre su posición que sí coinciden con sus coordenadas actuales. Lo que ocurrió, probablemente, fue fruto de un error de posición de Herschel, de manera que hoy en día reciben los nombres NGC 3825/3852 y NGC 3822/3848. La primera de ellas, que denominaremos NGC 3825, es una galaxia espiral barrada que posee dos brazos opuestos y simétricos, con una magnitud de 13.1. NGC 3822 es una espiral de tipo Sb, sin barra central y con una cierta elongación de su halo. Con una magnitud de 13, es la más brillante de todo el grupo, visible incluso con visión directa. La siguiente galaxia por orden de brillo, NGC 3817, también se conoce como Hickson 58c, y es una espiral barrada descubierta por Jonh Herschel, el hijo de William, en 1828. Nos acercamos a la magnitud 14 con la cuarta galaxia, Hickson 58d o NGC 3819, una galaxia elíptica que también descubrió John Herschel en el mismo año, completando así de una forma importante la tarea de su padre. El quinto elemento del grupo es NGC 3720, una galaxia extremadamente débil con una magnitud que ronda la 14.5, muy difusa y pequeña.

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Para encontrar a Hickson 58 debemos ir a la frontera entre Leo y Virgo: y hablamos de frontera literalmente, ya que el límite entre ambas constelaciones atraviesa por completo el grupo, dividiendo, por un lado, a NGC 3819 y NGC 3829, que pertenecen a Leo, y a NGC 3817, NGC 3822 y NGC 3825 por otro, ya en los dominios de Virgo. En un primer momento a bajo aumento, saltan a la vista NGC 3822 y NGC 3825, como dos manchas difusas pero brillantes, visibles sin necesidad de ningún esfuerzo. Si seguimos una línea recta entre ambas llegaremos, un poco más lejos, a NGC 3817, que aparece ligeramente más débil, sin una forma definida. Formando un triángulo con NGC 3822 y NGC 3817 tenemos a NGC 3819, más débil aún y de menor tamaño, que requiere visión periférica para apreciarla con algo más de nitidez. No conseguí ver a NGC 3820, aunque lo observé sin conocer su presencia, así que probablemente me pasaría desapercibida. Supongo que conociendo su posición y con un poco de paciencia será visible con el Dobson de 30 cm. La extensión mayor del grupo no llega a los 8 minutos de arco, así que haremos bien en usar aumentos elevados para aumentar el contraste. En mi caso, la mejor visión la obtuve a 214 aumentos, el aumento estándar para las galaxias más pequeñas y el que me proporciona mayor definición. Hickson 58 no es especialmente compacto, ni muestra detalles peculiares en sus componentes, pero observar objetos tan lejanos es siempre algo enriquecedor.

Hickson 58 - detalles

El séquito de Antares (NGC 6144 y ESO 452-SC11)

Pasamos a la última entrada de esta fascinante región para ver los dos globulares más débiles de esta pequeña serie. Uno de ellos, como muestra, no pertenece a ninguno de los conocidos catálogos y no fue descubierto hasta 1981… Pero comenzaremos por NGC 6144, el más brillante de los dos y un objetivo sencillo si disponemos de un horizonte sur despejado. En la siguiente imagen podemos verlo escondido tras la nebulosidad que rodea a Antares:

Foto NGC 6144.jpg

Copyright: Michael Sidonio

Se encuentra a una distancia muy similar a M80, a 33.000, por lo que ambos deben ser vecinos más allá del núcleo galáctico y seguramente disfrutarán de unas vistas recíprocas envidiables… Algo más pequeño que los anteriores, su diámetro se estima en unos 70 años luz, lo cual corresponde a un tamaño aparente de 6.2 minutos de arco. Pertenece a la categoría XI de Shapley-Sawyer, lo cual es indicativo de una baja concentración, muy cercana a los globulares más dispersos, que alcanzan la extrema categoría XII. Se han descubierto en NGC 6144 algunas fuentes de rayos X, una de las cuales corresponde con seguridad a una estrella variable cataclísmica, uno más de los interesantes objetos que pueblan el bestiario galáctico. Esta variable está formada por dos estrellas muy distintas entre sí, una gigante roja y una enana blanca, ambas orbitando entre sí. La gigante roja ha superado lo que se conoce como lóbulo de Roche, la zona de atracción de la estrella, de manera que el gas que sobresale de esta región pierde la atracción gravitatoria de su estrella y es atrapado entonces por la enana blanca, De esta manera, la pequeña y masiva estrella va devorando la materia que cae en su superficie, emitiendo grandes cantidades de energía que podemos percibir desde nuestro humilde planeta como un aumento de brillo transitorio.

Visualmente debemos prepararnos para un objeto bastante más débil que los anteriores. Su magnitud 9 puede llevar a error, pues su bajo brillo superficial puede complicar ligeramente su observación. No obstante, sin la presencia de luces que inoportunen en el horizonte sur podremos verlo sin mayores problemas. Lo observé con el NextStar 102 SLT a una hora en la que el cúmulo estaba demasiado bajo en el cielo, pese a lo cual pude disfrutar de su visión: aún recuerdo la bonita estampa que conformaba junto con Antares y M4 a bajo aumento. Con el ocular de 7 mm, a 94 aumentos, era evidente incluso con visión directa, aunque al usar visión lateral su diámetro parecía mayor. No presentaba un núcleo brillante como en el caso de M80, sino que su luz se repartía homogéneamente por toda su superficie. Ninguna estrella se adivinaba en esa nubecilla redondeada y difusa, aunque sí recuerdo haberlas visto en alguna ocasión con mi Dobson de 30 cm, por lo que volveré a observarlo y a dibujarlo en los siguientes meses. No obstante, la imagen del pequeño refractor no deja de ser placentera, con las estrellas circundantes tremendamente definidas, intentando robar algo de protagonismo a ese lejano cúmulo.

NGC 6144

Vayamos ahora con ese misterioso globular cuyo nombre pasa desapercibido y que, sin embargo, puede causar más de una sorpresa. Se trata de ESO 452-SC11, un globular que podríamos definir como “oscuro” y cuya dificultad resulta evidente por el hecho de haber sido descubierto en el año 1981. Se encuentra a unos 23000 años luz, situado a 3500 años luz sobre el disco galáctico, en una zona de transición entre el halo y el bulbo. Y aquí viene uno de los detalles importantes de este cúmulo, y es que su metalicidad, muy baja, está en consonancia con la de los globulares del halo. La metalicidad, como ya sabemos, es el contenido en elementos más pesados que el hidrógeno, helio o litio: una estrella de baja metalicidad se habría formado presumiblemente en una época más primigenia, un tiempo en el que había menos concentración de elementos pesados (que se formaron a posteriori en el núcleo de las grandes estrellas), y suelen predominar en el halo galáctico. Por tanto, el hecho de que ESO 452-SC11 tenga una baja metalicidad pero se encuentre entre el bulbo y el halo hace sospechar que se ha desplazado en los últimos miles de millones de años: bien pudiera provenir de otra galaxia que nuestra Vía Láctea devoró en su momento…

Tenía previsto observar este cúmulo cuando dispusiera de cielos extremadamente oscuros, y esa oportunidad llegó el año pasado, cuando subí a más 3000 metros de altura, muy cerca del Veleta en Sierra Nevada. El viento no acompañaba, el frío tampoco (a pesar de ser verano), pero no recuerdo haber visto un cielo tan cristalino en toda mi vida. Parecía que las estrellas estaban incrustadas en un techo oscuro y que se podrían tocar con el brazo estirado, así que cuando apunté mi Dobson de 30 cm a ESO 452-SC11 sabía que, al menos, podría distinguirlo. Sin embargo, la sorpresa llegó cuando, siguiendo un camino de estrellas desde Antares, llegué a la zona en cuestión y el cúmulo saltó a la vista con una facilidad que nunca hubiera imaginado. Aparecía como un parche nebuloso sin forma definida, con los bordes difusos pero bien apreciables con visión lateral. Entonces noté embelesado cómo algunas diminutas estrellas hacían su aparición en el halo del globular, más finas que cualquier otra estrella que hubiera contemplado alguna vez a través el telescopio. Hasta una decena de ellas pude contar sin gran esfuerzo, comprobando, una vez más, que bajo cielos oscuros podemos llevar a nuestros ojos mucho más allá de sus límites.

ESO 452-SC11