Pilares de la Creación

El cosmos es un lugar fascinante, capaz de mostrarnos imágenes que desafían a la imaginación y traen a nuestra mente la sensación de vivir en un mundo de ciencia ficción. Una de las fotografías que más veces nos ha hecho soñar ha sido, sin duda, la obtenida por el Hubble en 1995 de M16, que recibió el onírico nombre de “Los Pilares de la Creación”.

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Nadie puede permanecer indiferente ante esta imagen, que no es sino una pequeña parte de una región HII, un lugar donde el gas interestelar se está condensando a medida que se enfría, dando lugar a la formación de estrellas. La intensa radiación emitida por las jóvenes estrellas, a su vez, crea intensos vientos que van moldeando el gas que las circunda. Son, en su mayoría, enormes estrellas de tipo espectral O y B, azules gigantes que alcanzan en su superficie temperaturas mayores a 20.000 grados centígrados. Su radiación erosiona las estructuras gaseosas, produciendo un fenómeno conocido como fotoevaporación, al igual que el escultor va cincelando su obra de arte.

M16, como tal, hace referencia al cúmulo de estrellas y a la nebulosa que le rodea, habiendo sido Messier el primero en captar la nebulosidad. Por el motivo que sea, pasó desapercibida a grandes astrónomos como Willian Herschel, y el almirante Smith cuenta que es extremadamente débil. Sea como sea, la nebulosa recibió posteriormente su propio nombre, catalogada como IC 4703, Sharpless 2-49 o Gum 83. El cúmulo abierto, por otra parte, se denomina NGC 6611. Ambos, cúmulo y nebulosa, forman un complejo situado a unos 7000 años luz, ocupando parte del Brazo de Sagitario, el primer brazo espiral que nos encontramos cuando miramos al interior de la Vía Láctea. El cúmulo está formado por más de 400 estrellas con una vida extremadamente corta, de apenas 1 ó 2 millones de años (aunque se estima una edad de 50.000 años a algunas de ellas). La naturaleza de M16 es, por tanto, comparable a la de M8 o M42: una verdadera guardería estelar. En su interior, como no podía ser de otra manera, guarda maravillosos secretos que la fotografía ha ido desvelando poco a poco.

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Sus estructuras más llamativas son, sin lugar a dudas, esas grandes columnas de gas que se han ganado un hueco en el corazón de todos los aficionados. Esculpidas por la radiación de jóvenes estrellas, las columnas están formadas por masas de hidrógeno especialmente densas, de manera que no dejan pasar adecuadamente la luz. Hay tres pilares principales en la región interna, siendo el mayor el de la izquierda y más pequeño el de la derecha. Vemos el de la izquierda algo más brillante que el resto, debido a que a su superficie llega más cantidad de radiación, capaz de ionizar el hidrógeno. En el interior de estas columnas se están gestando las estrellas de forma activa, y en fotografías de alta definición podemos ver estructuras en forma de yemas que sobresalen de los grandes pilares, y en cuyo interior las protoestrellas seguirán creciendo hasta que su propia radiación las despoje del gas y se dejen ver sin tapujos. Estas estructuras se denominan EGGs (“Evaporating Gaseous Globules”) y son una muestra primigenia en el proceso de creación de estrellas. No en vano estas columnas se conocen como “Los Pilares de la Creación”. Las tres protuberancias, que bien parecen estalagmitas, no son colindantes entre sí. La de la izquierda, de unos 4 años luz de longitud, se sitúa atrás, mientras que la de la derecha, de menor tamaño, es la más cercana a nosotros.

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Si bien las columnas son los elementos más famosos de M16, hay otras estructuras llamativas en su entorno, destacando quizás la denominada “Aguja Estelar”, Foto M16 filamentootra densa nube de frío gas que contrasta enormemente con la nebulosa de fondo. Es más alargada y fina que sus congéneres y alcanza los 9.5 años luz de longitud, más del doble de la distancia que nos separa de la estrella más cercana, Próxima Centauri. Dispersos a lo largo de la región podemos encontrar numerosos Glóbulos de Bok, pequeñas “gotas” de gas que flotan solitarias en el espacio y en cuyo seno reside una joven estrella en formación.

Observaciones recientes con el telescopio Chandra han puesto en evidencia la existencia de una masa de gas muy caliente que avanza hacia M16, pudiendo corresponder a la gigantesca onda de choque producida por una supernova. De ser así, y teniendo en cuenta que M16 está a 7000 años luz de distancia, sería bastante probable que la delicada estructura de la nebulosa, incluyendo sus magníficos pilares, se haya desecho como el castillo de arena que se viene abajo con el agua. En teoría, dicha colisión tuvo lugar hace 6000 años, por lo cual no veríamos la “destrucción” del gas hasta dentro de otros 1000 años. Podemos alegrarnos, por tanto, de haber nacido en esta época.

Ver M16 es un espectáculo a través de cualquier instrumento. La mejor manera de encontrarlo es a simple vista, ya que aparece como una pequeña nebulosidad engarzada en la Vía Láctea, siguiendo el camino de condensaciones por encima de M8 y M17. Si no somos capaces de verla a simple vista, seguramente no podamos obtener gran detalle tras el ocular. El cúmulo se aprecia sin ninguna dificultad, pudiendo contar un centenar de estrellas de distintas magnitudes. Destacan, en el centro, dos estrellas más brillantes, así como una decena de ellas que se arremolinan a unos 5 minutos de distancia. Alrededor de esta zona se dispone una enorme zona neblinosa que ocupa todo el ocular al usar 125 aumentos. En el centro es brillante, más aún si usamos visión periférica, y se abre como dos enormes alas hacia los lados, continuando hacia arriba de forma triangular. El filtro UHC potencia el brillo de la nebulosa, apareciendo mucho más definida, y podemos ir moviendo el telescopio para seguir su silueta, que en algunos puntos se pierde de forma difusa.

M16

Una vez obtenida una visión general decidí proseguir con la observación para sacar detalles más recónditos. Lo primero que noté fue un entrante oscuro a la derecha de las dos brillantes estrellas centrales, como si la homogeneidad de la nebulosa se rompiera por la entrada de otra masa más densa, aunque de una forma extremadamente difusa. Lo dibujé tal cual lo vi, y posteriormente comprobé que coincide exactamente con la localización de la mencionada ”Aguja Estelar”, la masa de gas fina y oscura que también es testigo de la formación de estrellas. Motivado por la inmensa oscuridad de la noche y la estabilidad atmosférica decidí probar suerte con los famosos pilares. Para encontrarlos es imprescindible conocer con exactitud su lugar, ya que son objetos extremadamente débiles y poco contrastados con el resto de la nebulosa. Tenemos que buscarlos justo a la izquierda de una de las estrellas centrales que presiden el cúmulo, y además tenemos que saber lo que buscamos. A pesar de sus interesantes colores fotográficos, lo que buscamos es una sombra, unos finos y pequeños filamentos oscuros que apenas se diferencian del fondo. La primera que vi fue la columna del centro, y casi me dio un vuelco el corazón al conseguirlo, ya que esperaba tener que esforzarme mucho más. Justo antes de distinguirla noté una zona oscura por encima de la estrella, fácilmente visible con visión lateral, y entonces, de repente, vi cómo esa oscuridad se prolongaba hacia la izquierda, mínimamente distinguible del fondo, pero claramente existente. Tendría unos 2 minutos de arco de longitud y unos 20 segundos de anchura aproximadamente. Posteriores intentos volvieron a mostrarme la columna, e inmediatamente apareció el segundo pilar, el más pequeño de ellos, aunque el más contrastado. Pequeño y más fino aún que su compañera, la visión de esas dos columnas me transportó a la famosa fotografía instantáneamente. Primero las observé a 214 aumentos y con el filtro UHC, y una vez familiarizado con ellos no tuve problemas para percibirlos con el Hyperion de 13 mm, a 125 aumentos. Satisfecho con lo conseguido (era uno de mis objetivos para este verano), no pude dar crédito a mi vista cuando noté una pequeña zona oscura y redondeada entre las dos estrellas centrales, algo más grande que el grosor del pilar del centro. Atónito, comprobé rápidamente que era el pilar más alto que, en la retaguardia, se presenta con un menor contraste. Ahora sí, la familia estaba al completo y yo, tras una hora de observación, me sentí totalmente realizado.

La flor de la serpiente (M5)

La primavera es el preludio a una estación repleta de enormes esferas formadas por miles de estrellas, los cúmulos globulares, que aparecen cada vez con más frecuencia conforme nos vamos acercando al centro de la Vía Láctea. En esta época del año podemos ver algunos de los grandes globulares, y no podríamos hablar a conciencia de ellos sin mencionar uno de los más impresionantes que podemos contemplar con cualquier instrumento, e incluso a simple vista si la noche es oscura. Nos referimos a M5, un imponente cúmulo globular que camina entre las constelaciones de la Serpiente y Libra, y uno de los pocos objetos del catálogo Messier que fue descubierto con anterioridad. En concreto, Gottfried Kirch lo encontró en 1702, y no fue hasta 1764 cuando Messier lo sumó a su lista de objetos celestes. Poco después, siguiendo la estela de la mayoría de globulares brillantes, M5 fue resuelto en estrellas por William Herschel, que contó unas doscientas en su interior.

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M5, también denominado NGC 5904, es uno de los mayores cúmulos globulares que rodean a nuestra galaxia, con un diámetro de unos 165 años luz, si bien su influencia se deja notar en un espacio de hasta 400 años luz. Cuenta con el honor, además, de ser uno de los cúmulos más antiguos que se conocen, con una edad que oscila entre los 11.000 y los 13.000 millones de años. Si tenemos en cuenta que la edad estimada de nuestro universo es de 13.700 millones de años nos daremos cuenta de que M5 es un verdadero fósil viviente. Sus estrellas, en su mayoría amarillentas y rojizas, tienen una magnitud superior a 12, y se agolpan hacia el centro produciendo un marcado gradiente. Si bien Herschel contó 200 componentes, más de 100.000 se pueden encontrar con los medios actuales, con algunas estimaciones que hablan de hasta 500.000 estrellas. Pensemos por un momento en la sobrecogedora densidad de estrellas que reinará en M5, especialmente en los 30 años luz de su región central, en los que se acumula la mitad de la masa total de esta gran familia.

Entre sus componentes se han encontrado 105 Foto M5 centroestrellas variables, entre las que hay 97 estrellas de tipo RR Lyrae. Estas estrellas, como explicábamos en esta entrada, han dejado atrás su fase de gigante roja y producen pulsos de brillo en base a cambios de temperatura. El interés de estas estrellas es que presentan una relación constante entre la magnitud absoluta y la frecuencia de los pulsos, gracias a la cual podemos calcular con bastante exactitud su distancia. Estas candelas astronómicas nos han permitido conocer que M5 se encuentra a una distancia de 24.500 años luz, formando un triángulo equilátero con el núcleo de la Vía Láctea y nuestro sol.

Encontraremos M5 al lado de la estrella 5 Serpentis, de magnitud 5.10, una gigante blanca de tipo espectral F8, un tipo de estrella que va camino de convertirse en una gigante roja. 20 minutos al noroeste encontraremos, si apuntamos con unos prismáticos, una pequeña esfera difusa, en la que nos llamará la atención su gran densidad y brillo conjunto. De hecho, M5 es el típico objeto que, cuando paseamos sin rumbo con unos prismáticos, capta nuestra atención invariablemente. Con una magnitud de 5.6, debe ser visible siempre y cuando la noche sea propicia y estemos alejados de toda contaminación lumínica. Al telescopio este cúmulo globular se convierte en uno de los objetos más impresionantes que podemos contemplar en el hemisferio norte. La cultura popular nos dice que M13 es el más espectacular de los cúmulos, pero gran parte de los astrónomos se decantarán por M5 una vez lo disfruten en condiciones ideales.

M5

Ya a 65 aumentos es un objeto de una belleza sobrecogedora, pero en mi Dobson de 30 cm el ocular ideal es el Hyperion de 13 mm, con unos agradables 125 aumentos que encuadran perfectamente a este portento cósmico. Llama la atención desde un primer momento la inmensa cantidad de estrellas, incontables, que se dispersan sobre una superficie de 20 minutos de arco, en una disposición relativamente esférica. El núcleo es brillante, muy brillante, y no apreciamos un corte brusco con respecto a la periferia, sino que se produce un gradiente suave y homogéneo. Las estrellas incandescentes saltan en pleno centro del cúmulo, resolviéndose con pasmosa facilidad hasta sus entrañas más profundas. Una atenta mirada pone de manifiesto unos interesantes detalles que pueden pasar desapercibidos. Cuatro filamentos formados por débiles estrellas parten de sus regiones internas hacia la periferia, formando sutiles curvas que sobresalen del resto de las estrellas, dando la apariencia de dibujar los delicados pétalos de una flor de lis. M5 merece todo el tiempo que podamos dedicarle, y será sin duda objeto de asombro de todo aquel que, por primera vez, se asome a un telescopio y contemple maravillado el efecto de medio millón de soles brillando al unísono.