Sobre la tetera (M28)

De distantes mundos pasamos a un objeto de nuestra propia galaxia que presenta un brillo considerable. Hablamos de otro cúmulo globular, esta vez descubierto por Messier en 1764: M28.

Foto M28

M28, también conocido como NGC 6626, ocupa una posición de dudoso honor al lado del brillante y archiconocido M22. Sin embargo, a diferencia de otros globulares del catálogo NGC, M28 sí puede defenderse ante la presencia de su compañero. Se encuentra a casi 18.000 años luz de distancia, más cerca de nosotros que el núcleo de la Vía Láctea. Con la masa de más de 500.000 soles, su diámetro mide apenas 60 años luz, con lo cual podemos hacernos una idea de las altas densidades que deben tener lugar en su interior. De hecho, sus regiones centrales presentan una concentración bastante elevada de estrellas, siendo un globular de tipo IV en la clasificación de Shapley-Sawyer. Fue el primer cúmulo en el que se descubrió la presencia de púlsar de milisegundos, una estrella de neutrones que gira sobre sí misma muchas veces por segundo, produciendo intensos campos electromagnéticos y la emisión de una gran cantidad de radiación. Posteriormente se han encontrado otros 10 púlsares en el interior de M28, un lugar que resulta ser ciertamente exótico.

Este cúmulo globular puede sorprendernos con cualquiera que sea el telescopio que usemos. Ya es visible con unos simples prismáticos, a menos de un grado de la estrella Kaus Borealis, el extremo septentrional de la tapa de la tetera. Tiene una magnitud de 6.8, por lo que debería incluso ser visible desde los cielos más oscuros de nuestro planeta. Al telescopio presenta un tamaño considerable, llegando a los 10 minutos de arco de diámetro. Lo observé con un Mak 180 mm y debo decir que quedé bastante sorprendido con la imagen que obtuve a 192 aumentos. La esfera nebulosa se convirtió en una inmensa familia de soles, con multitud de puntos que brillaban por todos lados, tanto en la periferia como en las zonas centrales. El núcleo, más brillante y destacado, mediría unos 2 o 3 minutos de arco, desvaneciéndose luego hacia unos bordes más difusos.

M28

Segundo de a bordo (NGC 6642)

1784 fue un año prolífico para William Herschel: los dos anteriores cúmulos que hemos visto en el blog fueron descubiertos en ese año (NGC 6624 y NGC 6569), así como también lo fue el que nos ocupa hoy: NGC 6642.

Foto NGC 6642

Muchos han visto a NGC 6642 en los atlas pero pocos se han acercado a verlo, ya que se encuentra a apenas un grado del famoso M22, permaneciendo bajo su constante sombre. Sin embargo, es un cúmulo muy interesante que, sin duda, merece una visita de vez en cuando. Se encuentra a 26.400 años luz de nosotros, distando del núcleo galáctico unos 5.500 años luz. Su edad es extremadamente avanzada, como se puede inferir de una metalicidad muy baja: cuando se formaron sus estrellas, en el universo apenas se habían formado todavía elementos más pesados que el hidrógeno y el helio. NGC 6642 presenta, además, un número muy bajo de estrellas de baja masa, como si algo las hubiera retirado de entre el resto de estrellas. La causa tiene que ver con un alto movimiento y, probablemente, el “arrancamiento” de las estrellas más pequeñas por parte del núcleo de la Vía Láctea. No es raro que los globulares, al pasar por la región central, vayan anemizándose progresivamente, perdiendo estrellas y disolviéndose poco a poco. No obstante, NGC 6642 tiene todavía vida por delante, ya que su masa se estima en unas 110.000 masas solares. Otra población relativamente frecuente en NGC 6642 son las azules rezagadas, estrellas típicas de lugares de alta densidad. Como ya hemos visto en otras ocasiones, parecen formarse tras la interacción entre dos estrellas: una de ellas pierde sus capas externas y el núcleo, más caliente y brillante, queda a la vista, produciendo una tonalidad azulada por el aumento de la temperatura.

NGC 6642 tiene una magnitud de 8.9 y un diámetro bastante pequeño, de apenas 6 minutos de arco. Pertenece a la categoría IV de Shapley-Sawyer, lo cual ya nos prepara para lo que veremos tras el ocular: un núcleo bien definido con una periferia más débil y extensa. A bajo aumento apenas aparece como una estrella borrosa y desenfocada, con algunas claras irregularidades que pueden captar nuestra atención. Al usar mayores aumentos se define como una pequeña nubecilla grumosa con algunas estrellas brillando en su interior. Cuando uno se fija bien se da cuenta de que, más que estrellas individualizadas, lo que más se distingue son algunas alineaciones de estrellas extremadamente juntas. Es mucho más pequeño que los globulares que hemos visto por la zona, aunque su brillo parece, sin duda, mayor, ya que sus 100.000 estrellas se encuentran congregadas en un espacio mínimo.

NGC 6642

Doble rama horizontal (NGC 6569)

Seguimos nuestro periplo por los cúmulos cercanos al centro de nuestra Vía Láctea, centrándonos esta vez en NGC 6569, un cúmulo globular situado a unos considerables 35.500 años luz de distancia.

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Fue descubierto en 1784 por William Herschel, quien lo describió como una nebulosa redondeada, coinciendo con James Dunlop. Haría falta saltar al siglo siguiente para que se conociera su verdadera naturaleza, salpicada por miles y miles de estrellas. NGC 6569 se encuentra a unos 10.000 años luz del núcleo de la galaxia, perteneciendo por tanto a los globulares del bulbo (en contraposición a los del halo). Su cercanía al núcleo, un lugar donde hay mayor cantidad de elementos químicos a raíz de numerosas supernovas, le ha concedido una alta metalicidad. Una alta metalicidad se asocia, generalmente, a una corta edad, pero hay que tener en cuenta también el lugar donde se ha originado el objeto, ya que, como ocurre en este caso, podemos hablar de objetos extremadamente antiguos con metalicidad más elevada de lo normal.

Vamos a usar a NGC 6569 como excusa para hablar de la rama horizontal. En un diagrama de Hertzprung-Russel se plasman las estrellas de un cúmulo teniendo en cuenta su magnitud absoluta (en vertical) y su color (o temperatura, en el eje horizontal), lo cual nos da una idea de las características de sus estrellas. La mayoría de las estrellas, que pertenecen a la Secuencia Principal, se disponen alineadas formando una diagonal, un lugar donde se encuentra, por ejemplo, nuestro sol. Cuando una estrella de masa media gasta su hidrógeno nuclear se produce la fase de gigante roja, debido a la combustión del hidrógeno en las capas periféricas: el núcleo se encuentra formado entonces por helio, que la estrella irá quemando lentamente, en una fase sin grandes cambios en su luminosidad que se plasma en el diagrama como una línea horizontal, de ahí su nombre: Rama Horizontal. Esta rama es una característica permanente de los cúmulos globulares, ya que el número de estrellas de edad avanzada que presentan es relativamente alto (son verdaderos fósiles estelares). Pues bien, en NGC 6569, así como en unos pocos globulares (como Terzan 5 o NGC 6440), esta rama horizontal presenta un componente doble. Es decir, hay dos poblaciones de estrellas en la rama horizontal, una de ellas algo más luminosa que la otra. En algunos casos esta diferencia se puede atribuir a distintas fases evolutivas en las estrellas, pero en el caso de NGC 6569 parece algo improbable, así que todavía no se conoce realmente la causa de esta duplicidad de su población anciana. ¿Podría ser que se formara a raíz de dos cúmulos menores, cada uno con su historia y composición? Hasta que tengamos más datos no podemos hacer más que especular: es parte del misterio que le otorga a la astronomía un gran encanto.

Foto HB

Podemos buscar NGC 6569 partiendo de NGC 6624 o de delta Sagitarii, saltando de estrella en estrella en esta densa región de la Vía Láctea. Lo observé con el Maksutov-Cassegrain de 180 mm y, la verdad, no quedé decepcionado. A pesar de tener una magnitud de 9.5, sus estrellas más brillantes apenas alcanzan la magnitud 15, así que no contaba con resolverlo esa noche. Resaltaba ya a bajo aumento como una nube redondeada, sin estrellas, tal como describió William Herschel en su momento. A mayor aumento era más patente una región central algo más brillante, justificando su clasificación como globular de tipo VI según la escala Shapley-Sawyer. El centro aparecía grumoso, sin distinguir estrellas individualizadas pero transmitiendo la fuerza retenida de un millar de ellas.

NGC 6569

El exótico globular NGC 6624

Sagitario está repleto de cúmulos globulares, contando con al menos una veintena de ellos que se recortan contra el brillo de la Vía Láctea estival. Desde los oscuros cielos de la Alcarria conquense me decidí a tachar de mi lista algunos de estos cúmulos y, abriendo el atlas por la página de Sagitario, señalé unos cuantos para observar, sin conocer nada sobre ellos.

Foto NGC 6624.png

El primer elegido fue NGC 6624, un cúmulo globular que se encuentra al lado de Kaus Media o delta Sagittarii, la estrella por la cual se vierte el té en la imaginaria tetera que conforma la constelación. Fue descubierto por William Herschel en 1784, aunque, como suele ocurrir, sus estrellas no se resolverían hasta el siglo siguiente. NGC 6624 es uno de los cúmulos globulares más antiguos que conocemos y se encuentra a unos 26.000 años luz de nosotros. Es de clase VI, lo cual indica un gradiente de concentración intermedio. Su particularidad reside en su población de estrellas, entre las que encontramos un interesante sistema doble en el que una enana blanca orbita en torno a una estrella de neutrones, completando una vuelta en 11 minutos… Sí, dos cuerpos separados entre sí por 160.000 km (la mitad, aproximadamente, de la distancia que nos separa de la Luna) dan más de cinco vueltas cada hora que pasa, convirtiéndose en el sistema doble más rápido conocido hasta la fecha. El gas más superficial de la enana blanca es atraído por la estrella de neutrones, formando un disco de acreción que alcanza temperaturas inmensas, resultando en la emisión de intensos rayos X. Por si esto fuera poco, en el centro de NGC 6624 también se ha documentado la presencia de un agujero negro de masa intermedia (unas 7.500 masas solares), un tipo de objeto poco conocido aún, un eslabón perdido entre los agujeros negros de masa estelar y los agujeros negros supermasivos que ocupan el centro de las galaxias.

Para encontrar NGC 6624 podemos partir de la misma Kaus Media. Esta estrella, por cierto, es una gigante roja que se encuentra a más de 300 años luz. Nada nos impide disfrutar, de camino, de su llamativo color amarillento. Una vez centrado el cúmulo en el ocular comprobaremos que tiene un brillo considerable, con una magnitud de 7.6 y un diámetro de 9 minutos de arco. Presenta una zona central más brillante, si bien su gradiente no es nada espectacular, y su intensidad decrece rápidamente hacia su periferia redondeada. En un primer momento puede parecer una nebulosa esférica sin más, aunque con un poco de atención comienzan a titilar algunas lejanas estrellas, apenas perceptibles. Aparecen sobre todo en la periferia, tímidas e intermitentes. Con el Mak de 180 mm pude contar una decena de ellas, extremadamente débiles, pero muy sugerentes, convirtiendo a NGC 6624 en un globular bastante interesante.

NGC 6624.png

Un lejano vecino (NGC 6652)

Hoy le toca el turno a un compañero de M69, un globular que podemos visitar de paso cuando observemos en el interior de la “tetera” de Sagitario. NGC 6522 fue descubierto por James Dunlop en 1826, casi 50 años después que M69, a pesar de que se encuentra a sólo un grado de distancia aparente.

Foto NGC 6652

NGC 6652 dista 32.900 años luz de nosotros y es uno de los globulares más cercanos al núcleo de la Vía Láctea, a poco más de 6.000 años luz de distancia. Todo parece indicar que se formó en el halo galáctico, a pesar de que se encuentre en el bulbo, probablemente atraído en el pasado por la intensa gravedad de nuestra galaxia. Posee una baja metalicidad, una pista más para corroborar su origen alejado del núcleo, ya que si se hubiera formado en las regiones centrales la “contaminación” del espacio interestelar habría producido estrellas de mayor metalicidad, formadas por elementos más pesados. Su edad se estima en unos 11.700 millones de años, por lo que estamos ante un cúmulo relativamente joven.

En 2012 el telescopio Chandra encontró hasta 11 fuentes emisoras de rayos X. Por un lado, algunas de ellas están relacionadas con binarias de rayos X, un sistema binario compuesto por una estrella “normal” que gira en torno a una estrella de neutrones o agujero negro, cediendo parte de su masa a su masivo compañero, momento en el cual se emiten grandes cantidades de rayos X. Otras de las fuentes parecen ser estrellas de neutrones que brillan como faros cósmicos, mientras que algunas otras se correlacionan con variables cataclísmicas (son sistemas binarios en los que una enana blanca absorbe materia de una estrella compañera, de una manera similar a las binarias de rayos X, produciendo un aumento súbito de la magnitud de la estrella).

Para llegar a NGC 6652 podemos salir de M69, bajando al sur hasta una hilera de estrellas brillantes (la más occidental, por cierto, se llama HD 170479 y es una estrella doble con sus dos componentes separados por 3 segundos de arco, con magnitudes de 5.4 y 9.7). Al otro extremo encontramos el cúmulo globular, que brilla con una magnitud 8.5 y un diámetro de unos 6 minutos de arco. A bajo aumento aparece como pequeña esfera nebulosa, sin un gradiente remarcable. Al usar mayores aumentos (en mi caso utilicé el ocular Cronus de 7 mm, con 214 aumentos) el núcleo aparece de aspecto estelar y los bordes parecen alcanzar una mayor distancia, sin cambios bruscos en la homogeneidad de su superficie. Con paciencia comienzan a vislumbrarse algunas estrellas salpicando la periferia del globular, con sutiles destellos que necesitan un cielo oscuro para ser distinguidos. Uno puede imaginar que son los reflejos de esas exóticas estrellas que mandan ráfagas de rayos X, añadiendo interés a un cúmulo pequeño pero ciertamente sugestivo.

NGC 6652

Ambiguo M69

No hace falta esperar mucho estos días para ver cómo asoma Sagitario sobre el horizonte, con la famosa “tetera” bien definida acompañando a una perfilada y grumosa Vía Láctea. Pues bien, vamos a sumergirnos en esta tetera para contemplar dos de sus cúmulos globulares, el primero de los cuales pertenece al catálogo Messier.

Foto M69

M69, también conocido como NGC 6637, fue descubierto por Charless Messier en 1780, siendo uno de los cúmulos globulares más débiles de su lista. Se encuentra a 29.700 años luz de nosotros, a tan sólo 6.000 años luz del centro galáctico. De la misma manera, M70 es un vecino próximo, habiendo entre ambos algo menos de 2.000 años luz: tiene que ser asombrosa su visión recíproca, o mejor aún, la vista desde algún planeta cercano a los dos. Su radio es de unos 42 años luz y tiene una masa equivalente a 300.000 masas solares. La mitad de esta masa está condensada en los 7.2 años luz centrales, a pesar de lo cual pertenece a la categoría V de la clasificación Shapley-Sawyer, una concentración moderada pero sin llegar a extremo.

Entre sus estrellas más masivas podemos ver algunas de tipo espectral G2, lo cual nos da una información privilegiada sobre su edad. Al principio de su formación un globular cuenta con estrellas de todo tipo, pero son las más masivas las que tienen una vida más corta. Estas estrellas son las gigantes azules de tipo espectral O, a las que siguen las blancas de tipo B y A, de manera que van desapareciendo progresivamente. Conociendo el tipo espectral de las estrellas más masivas del cúmulo podemos inferir la edad. Sería una lógica similar a: “las estrellas de tipo A tienen una vida de 12.000 millones de años y las de tipo G de 15.000 millones de años, si en el cúmulo no hay ninguna de tipo A pero sí las hay de tipo G, entonces la edad del cúmulo estará entre 12.000 y 15.000 millones de años”. De esta manera se conoce que la edad de M69 es de unos 13.000 millones de años, algo que no cuadra con la metalicidad del cúmulo (y aquí introducimos un segundo dato importante). En el universo joven las cantidades de hidrógeno y helio eran mayores a las que hay ahora, ya que los elementos más pesados se han ido formando en el interior de las estrellas con posteridad. Así, la muerte de las estrellas ha esparcido los elementos más pesados y ha contaminado el medio: las estrellas de mayor metalicidad se han formado en etapas posteriores, mientras que las de baja metalicidad se formaron en una época en la que el hidrógeno y helio eran mucho más abundantes. De esta manera, la metalicidad de M69 choca directamente con lo que sabemos por su tipo espectral. Para un globular de 13.000 millones de años cabría esperar una metalicidad muy baja, pero en este cúmulo nos topamos con lo contrario, un importante enriquecimiento de elementos pesados. La causa de este desajuste reside directamente en la localización del cúmulo, ya que se encuentra en el bulbo de nuestra galaxia, en la zona central donde hay una mayor proliferación de estrellas y, por tanto, una mayor cantidad de elementos pesados. Por tanto, podemos decir que la metalicidad de una estrella depende principalmente de su edad, pero también del lugar en el que se haya formado.

M69 tiene un tamaño de 10 minutos de arco y una magnitud de 8.3, por lo que es fácilmente visible a través de unos pequeños prismáticos, aunque sólo lo veremos como una pequeña estrella desenfocada. Al telescopio M69 nos muestra su esplendor, sobre todo si observamos desde un lugar oscuro y con una atmósfera limpia. Podremos disfrutar entonces de su enjambre de estrellas que brillan formando una esfera luminosa. Con el Celestron C11 numerosas estrellas salpicaban toda su superficie, llegando a resolverse incluso en el mismo núcleo. Éste, pequeño y de forma triangular, se diferenciaba claramente de la periferia, presentando un notable incremento de brillo, como corresponde a un globular de concentración V. El campo colindante, repleto de puntos, nos recuerda que estamos observando el barrio central de nuestra galaxia, un lugar lleno de transeúntes.

M69

Bajo la laguna (NGC 6553)

El cielo de verano se va adelantando cada noche, y con él una miríada de estrellas puebla nuestros ojos cuando miramos a través del telescopio. Vamos dejando atrás las galaxias perdidas en un mar oscuro para encontrar luciérnagas de múltiples colores allá donde miremos, con nebulosas, cúmulos… Estamos apuntando directamente al centro de nuestra galaxia. Hemos hablado en varias ocasiones de M8, la Nebulosa de la Laguna, y también dedicamos una entrada a NGC 6544, un interesante globular que se encontraba justo debajo. Pues bien, hoy vamos a seguir bajando por este camino celeste para llegar a otro cúmulo globular, apenas situado a un grado de la nebulosa.

Foto NGC 6553

NGC 6553 se encuentra a 19.600 años luz de distancia de nosotros, casi en línea recta hacia el centro de nuestra galaxia, del que dista unos 7.200 años luz. Es una zona difícil de observar debido a la ingente cantidad de polvo, gas y estrellas que se interpone: estamos observando a través los densos brazos de nuestra galaxia. William Herschel descubrió este globular en 1784, si bien creía que era una nebulosa planetaria al no distinguir ninguna estrella en su interior. NGC 6553 se encuentra inmerso en una órbita casi circular alrededor del núcleo galáctico. Tiene una metalicidad alta y pertenece a la población de cúmulos globulares del bulbo, lo cual se asocia a una edad relativamente joven. Sin embargo se ha estimado su edad en unos entre 12 y 13 mil millones de años, por lo que se formó durante los primeros momentos de vida de la Vía Láctea. Gracias a estos datos podemos aventurar que el bulbo galáctico se enriqueció de metales en esa franja de tiempo, probablemente por la explosión de las primeras grandes estrellas, que poblaron el cielo con hierro, carbono y elementos más pesados.

NGC 6553 pertenece a la categoría XI de la clasificación Shapley-Sawyer, lo cual habla en favor de una baja concentración de estrellas, que presentarán un brillo relativamente homogéneo. Efectivamente, al telescopio no encontramos ningún intenso núcleo brillando sobre el resto, sino una masa nubosa de similar brillo que no destaca especialmente. Tiene unos 4 minutos de arco y una magnitud conjunta de 8, con lo cual no resulta difícil de detectar. Distinguir sus finas estrellas, sin embargo, requerirá unos buenos cielos y apertura moderada. Con mi Dobson de 30 cm lo observé a 214 aumentos, observando una interesante esfera difusa en cuyos bordes se adivinaban varias franjas estelares. Algunas otras, diminutas, salpicaban su superficie, ayudando a sentir que esa débil nubecilla era en realidad una masa formada por miles de soles. Los bordes, poco definidos, exhibían dos débiles protuberancias como si fueran dos orejas triangulares, añadiendo un toque personal a este lejano vecino.

NGC 6553