Cuestión de nombres (NGC 2366)

­­Hoy vamos a hablar de un peculiar objeto sobre el cual ha habido cierta confusión en los últimos años. Se trata de NGC 2366, una inmensa región HII con cuyo nombre se ha hecho referencia constantemente a su galaxia huésped. Sí, NGC 2366 es una nebulosa que se encuentra en otra galaxia; y sí, podemos verla con telescopios relativamente pequeños. Pero vayamos por pasos, comenzando con esta fotografía del Hubble como presentación:

Hubble view of NGC 2366

De ella podemos sacar abundante información. Por un lado, resulta extremadamente fácil distinguir una miríada de estrellas que se encuentran en la propia galaxia, lo cual nos habla de su relativa cercanía. Efectivamente, su distancia se estima en unos 11 millones de años luz y pertenece al grupo de M81. No resulta descabellado cuando comprobamos su situación en el cielo, cerca de la espectacular NGC 2403 y, consecuentemente, a unos pocos pasos de M81 y M82. Es una galaxia enana irregular, con una estructura que podría recordar a las Nubes de Magallanes (de hecho, esta categoría de galaxia se conoce como magallánica). Con un tamaño de 24.000 años luz, duplica el tamaño de la mayor de ellas. Otro de los factores que podemos apreciar en la fotografía es la presencia de una importante cantidad de nebulosas rosadas, regiones HII de proliferación estelar que son fruto de algún brote reciente. En concreto, destaca un inmenso y brillante complejo de regiones HII que es lo que viene a llamarse NGC 2366. William Herschel lo describió en su momento, sin hacer ninguna referencia a una nebulosidad difusa circundante. El mismo Ralph Copeland la observó posteriormente con el telescopio de Lord Rosse, encontrando algunos otros elementos colindantes, los cuales registró siempre tomando como referencia a NGC 2366. Sin embargo, el sentido práctico nos apremia a usar NGC 2366 como nombre para la galaxia, ya que de otra manera tendríamos que referirnos a ella con algún otro catálogo de complejos números.

NGC 2363 es el otro nombre que aparece en la literatura junto a este objeto, haciendo referencia a esa pequeña nubecilla que se sitúa cerca de la gran región HII. A priori no parecería descabellado suponer que se trata de una región galáctica más, un complejo de cúmulos estelares de reciente nacimiento. Sin embargo, estudiando su cinemática se ha llegado a la conclusión de que es una galaxia independiente, otra enana irregular que se encuentra en pleno proceso de interacción con NGC 2366. No es de extrañar, por tanto, la presencia de tantas nebulosas, fruto de un brote estelar que ocurrió hace unos 50 millones de años, estimulado seguramente por esta unión entre galaxias.

Encontrar NGC 2366 no es difícil si vamos saltando de estrella en estrella desde NGC 2403, siendo una buena excusa para visitar de nuevo a esta galaxia. Una vez en el lugar podremos ver una pequeña y concentrada nubecilla que podría recordarnos a una estrella desenfocada, que no es más que la región HII conocida como NGC 2366. No nos sorprenderá entonces que se descubriera antes esta nebulosa que la propia galaxia, pues en un primer momento apenas hay rastro de ella. Con el ocular Cronus de 7 mm, a unos considerables 214 aumentos, la región HII se ve más definida, mientras que la galaxia sólo puede adivinarse usando visión periférica, como una mancha extremadamente difusa que se alarga hacia el norte. Su magnitud de 11.1 puede llevar a error, pues su brillo superficial es extremadamente bajo. Ralph Copeland la describió en su momento como una “cola” que sale de NGC 2366, y no podemos culparle, pues podría ser confundido incluso con un cometa de tenue cola. No encontré rastro de NGC 2363, ya que al observarla pensé que era esa brillante mancha que en realidad correspondía a la región HII, lo cual me obligará a visitarla nuevamente alguna noche próxima.

NGC 2366

La galaxia de Uri Geller (UGC 3697)

Después de la brillante M63 vamos a volver a las profundidades de las galaxias lejanas, viajando esta vez a la polifacética constelación de la Jirafa, que cada vez nos sorprende con más objetos interesantes. En este caso vamos a ver una galaxia llamada UGC 3697, más conocida como la galaxia del Signo del Integral, debido a que su forma recuerda este signo matemático.

Foto UGC 3697.jpg

EsAdam Block/Mount Lemmon SkyCenter/Arizona

Se sitúa a unos 150 millones de años luz de distancia, lo cual nos pone en preaviso de que no será especialmente brillante. Pertenece a un tipo de galaxia conocido como galaxias superdelgadas, que engloba a aquellas que presentan una longitud 8 veces mayor que la anchura. UGC 3697 es una galaxia espiral que aparece extremadamente fina, con una baja densidad estelar. Lo más llamativo de este galaxia es, sin duda, la gran deformación que ha sufrido en sus dos extremos, que aparecen plegados hacia lados opuestos, otorgando a la galaxia una forma de S que recuerda también a la famosa NGC 4656 (la galaxia del Palo de Hockey) o a una cuchara que Uri Geller, el famoso mentalista, hubiera usado en uno de sus espectáculos. Hay dos motivos principales por los que una galaxia puede presentar esta disposición. Por un lado, las interacciones entre galaxias: la presencia de UGC 3714, una elíptica que se distancia de ella unos 130.000 años luz, había hecho creer a todo el mundo esta hipótesis, ya que no parecía descabellado pensar que en un pasado no tan remoto había  transitado muy cerca de UGC 3697, arrastrando consigo algunas de las estrellas de la galaxia y produciendo esas alteraciones. Sin embargo, estudios recientes parecen indicar que la causa de la deformidad es, principalmente, la acreción de una pequeña galaxia por parte de UGC 3697. Ya sabemos que las galaxias son máquinas de devorar (tenemos como referencia a nuestra propia Vía Láctea y las numerosas galaxias satélite que ya ha canibalizado), y este hipótesis explicaría los niveles de gas que se han encontrado elevados en las regiones más internas de la galaxia. De hecho, se ha encontrado lo que parece ser el núcleo de una pequeña galaxia orbitando alrededor de UGC 3697, como se puede apreciar en la siguiente imagen:

Foto UGC 3697 sat.PNG

En la fotografía del National Radio Astronomy Observatory (NRAO) podemos observar ese pequeño núcleo galáctico como una pequeña nebulosidad dispuesta al lado de una estrella, justo abajo y a la izquierda de uno de los extremos de la galaxia:

Foto UGC 3697 NRAO

NRAO/AUI

Como comentábamos antes, UGC 3697 no se encuentra aislada en el cosmos, sino que forma parte de un reducido grupo conocido como LGG 141), que comprende a nueve galaxias situadas a una distancia similar. Otra de ellas es UGC 3714, fácilmente visible con el telescopio, una espiral que podemos observar de frente plagada de regiones HII. La magnitud de UGC 3697 varía según las fuentes consultadas, aunque en general ronda entre la 13 y la 14, a pesar de lo cual su brillo superficial es relativamente elevado. No me resultó difícil distinguirla con el Dobson de 30 cm cuando apunté a la región, visible al principio como una mancha alargada y regular, mucho más definida en cuanto la vista se habituó. UGC 3714 era fácilmente visible y más brillante que su compañera, probablemente por estar más concentrada. Tenía el aspecto de una galaxia elíptica, con una forma redondeada y muy pequeña, con un diámetro de menos de 1 minuto de arco. Me decidí entonces a probar suerte con UGC 3697, intentado apreciar su curiosa forma. De entrada no pude ver más que una larga línea, una fantasmagórica franja luminosa, de bordes definidos al usar visión periférica. Tras varios minutos relajando la vista alcancé a distinguir, transitoriamente, una curvatura en el extremo de la galaxia, apenas visible al principio, aunque posteriormente fue apareciendo con mayor facilidad. La curvatura del otro extremo permaneció invisible a mis ojos, pero mi curiosidad quedó saciada y sólo pude alegrarme por haber distinguido algún detalle en esta interesante galaxia.

UGC 3697.png

Algo más que una mancha (M63)

Hoy vamos a hablar del primer objeto que descubrió Pierre Mechain, el fiel compañero de Messier, en el año 1779. Encontró una nebulosidad alargada que se encontraba muy cerca de Cor Caroli, la principal estrella de la constelación Canes Venatici. Aunque no lo sabían por aquel entonces, estaban observando una galaxia tan grande como nuestra Vía Láctea plagada con innumerables soles. La llamaron M63, siguiendo el orden cronológico de los objetos que el francés iba añadiendo a su lista. Un siglo después William Parsons, más conocido como Lord Rosee, fue el primero en distinguir que el objeto en cuestión tenía una estructura en espiral. Su verdadera naturaleza sería una incógnita hasta el siglo XIX…

Foto M63.jpg

Fotografía obtenida por el Hubble

También conocida como NGC 5055, M63 es una galaxia perteneciente al grupo de M51, que se sitúa bastante cerca en el cielo. Su distancia se estima en unos 37 millones de años luz y su diámetro alcanza los 130.000 años luz. Es una bonita espiral floculenta, quizás una de las más características de este tipo. Una galaxia floculenta presenta unos brazos espirales que parecen fragmentados por la presencia de gas, de manera que no observamos dos brazos perfectamente definidos. La disposición del gas puede apreciarse cuando la observamos en el infrarrojo, como podemos comprobar en la siguiente imagen obtenida con el telescopio Spitzer:

Foto M63 spitzer

M63 es una galaxia con numerosas regiones de proliferación estelar, visibles en la mayoría de fotografías de larga exposición. Guarda en su centro un agujero negro supermasivo con una masa equivalente 30 millones de soles. Sus estrellas más periféricas orbitan en torno a él a velocidades tan elevadas que, en condiciones normales, las harían salir despedidas al espacio exterior: sin embargo, M63 posee un halo de materia oscura con la suficiente masa como para retener a las estrellas en su órbita. En 2011 se descubrió una corriente de estrellas que se disponían en forma de arco a unos 14 minutos del núcleo, una estructura que ya se había observado con anterioridad pero nunca se había llegado a estudiar. Ese reguero de estrellas es lo que queda de una galaxia que, hace unos 5.000 millones de años, fue devorada por M63. De hecho, aún hay más, y es que algunos datos apuntan a que dicha galaxia pudo haber tenido su origen en nuestro propio Grupo Local, lo cual nos da una idea de lo amplias que pueden llegar a ser las migraciones de las galaxias. En la siguiente imagen, que podéis encontrar desglosada en este interesante enlace, se aprecian perfectamente estas estructuras irregulares que son prueba de este pasado turbulento:

Foto M63 arcos.jpg

Con una magnitud de 9.3, M63 es visible incluso con un par de prismáticos si observamos desde un lugar oscuro. Numerosas veces la había observado, aunque nunca le había dedicado el tiempo suficiente. Las líneas que separan sus brazos son tan finas y disimuladas que no contaba con poder verlas, pero hace unas semanas decidí darle una oportunidad: el cambio de las temperaturas invitaba a pasar más tiempo delante del telescopio. Con unos 12 minutos de arco de longitud, M63 era notoria en el ocular a bajo aumento, apareciendo como una mancha ovalada en cuyo centro brillaba un potente núcleo de aspecto puntiforme. A su alrededor se disponía una región alargada de considerable brillo, con la forma de un diamante de bordes suaves. Un halo de mayor envergadura se abría tenuemente continuando la forma ovalada, hasta rozar en uno de sus extremos a la gran estrella que parece proteger la galaxia. Una vez en este punto, respiré hondo y comencé a andar por el camino. Después de medio minuto volví al telescopio con la vista descansada, usando el ocular Cronus de 7 mm, que me proporcionaba unos 214 aumentos. Me senté sin prisa, usando la visión periférica por toda la superficie de la galaxia. Entonces, por fin, conseguí ver algún que otro nódulo más brillante, apenas perceptible, sobre el extenso halo. Otro acompañó al anterior a corta distancia, apareciendo durante unos breves instantes en los que el cielo demostraba ser benevolente. De esta manera me entretuve con tres o cuatro puntos brillantes, tras los cuales, con la vista ya mejor adaptada, comencé a notar otra irregularidad en la región más septentrional del halo. Allí, a medio camino del núcleo, aparecía una región más densa con la forma de un brazo espiral que se retorcía hacia atrás, una vista que me dejó atrapado al ocular durante varios minutos más. No sé cuánto más podría haber “rascado” a esta galaxia, pero mi vista exhausta me pedía un descanso, así que, contento como estaba, se lo concedí. Por fin, después de tantos años, M63 había pasado a ser algo más que una mancha.

M63

Rincones anónimos de Virgo

Al observar el cielo de primavera podemos llegar a sentirnos verdaderos exploradores del infinito, buscadores de galaxias lejanas, sintiendo el impulso de encontrar y registrar la mayor parte de ellas. El cúmulo de Virgo es uno de los principales candidatos en el cual perdernos y pasar horas y horas navegando entre sus muchos universos. Ya hemos visto en el blog un buen número de objetos Messier y de otros catálolgos en esta gran familia de galaxias. La otra noche, observando desde un cielo bastante oscuro, abrí el atlas por la zona del cúmulo y eché un rápido vistazo, buscando qué zonas densas me quedaban aún por explorar. Vi un grupito de galaxias cercano a M49, en la zona más meridional, que se agolpaban en un pequeño espacio, y decidí echarles una visita.

Foto NGC 4273

Esta agrupación de galaxias, situadas en el subgrupo B del cúmulo, forma una bonita aglomeración de considerable brillo, siendo sus principales componentes NGC 4273 y NGC 4281. A su alrededor, en una noche oscura podemos ver innumerables galaxias, aunque hoy vamos a ceñirnos a las que se engloban en unos 30 minutos de arco, el campo de visión que me da el Hyperion de 13 mm en mi Dobson de 30 cm. Vamos a empezar describiendo esta pareja de galaxias que dominan la vista. NGC 4273 es una interesante espiral barrada de magnitud 11.7, descubierta como la mayoría de ellas por Wiliam Herschel en 1786. En fotografías de larga exposición muestra unos brazos ensanchados y retorcidos, azulados, plagados por numerosas condensaciones, regiones donde se están formando estrellas de forma activa. Tiene unos 2 minutos de arco, apareciendo al telescopio como una mancha poco definida aunque brillante, ligeramente alargada y de bordes difusos. NGC 4281 resalta a su lado con un brillo ligeramente mayor, alcanzando la magnitud 11.1. Es una espectacular galaxia espiral que se nos muestra ligeramente inclinada. En la siguiente imagen obtenida con el Hubble podemos apreciarla en todo su esplendor. Misteriosas franjas de polvo rodean su núcleo, restos de un intenso crecimiento estelar no muy lejano en el tiempo, una imagen que podría recordarnos a un sistema solar en formación con el disco de polvo sobre el cual desfilan los planetas recién nacidos.

Original NGC 4281.png

Muy cerca de NGC 4273 podemos atisbar NGC 4277, una pequeña espiral de magnitud 13.7 y apenas un minuto de arco de diámetro. Para verla es necesario usar la visión periférica, apareciendo simplemente como una pequeña y tímida mancha. Justo al otro lado se dispone otra galaxia, esta vez lenticular. Se trata de NGC 4268 y, con una magnitud de 13, está al alcance de telescopios de menor apertura. Nos alejamos ahora un poco hacia el norte para encontrar a NGC 4259. Es una espiral de magnitud 13, y su desplazamiento al rojo la sitúa fuera del cúmulo de Virgo, a la considerable distancia de 110 millones de años luz. Podemos imaginar que no resulta fácil calcular distancias en este mar de manchas diminutas y lejanas…

NGC 4273

NGC 4270 es una lenticular más brillante, de magnitud 12 y 2 minutos de arco de longitud. Posee un halo irregular, con plumas en sus extremos que probablemente sean debidas a su interacción con una pequeña galaxia que hay al lado. Por último, y en mi opinión la más interesante, NGC 4266 es una galaxia espiral que nos muestra su perfil. Es de magnitud 14 y, por si eso fuera poco, se encuentra al lado de una estrella de magnitud 9.1, lo cual convierte su observación en todo un desafío. Con un poco de esfuerzo lograremos evadir el brillo de la estrella, y entonces veremos aparecer, momentáneamente, un surco fantasmal que se alarga un poco más allá del halo de la estrella. Su forma alargada y definida será una justa recompensa por el tiempo empleado. Puede que acabemos exhaustos tras observar este grupo de galaxias, pero la sensación de conocer un poco mejor este gran cielo hará que merezca la pena.

NGC 4273 - detalles

El enigma de Markarian 205

El estudio de la radiación electromagnética ha sido uno de los hitos principales a la hora de conocer el universo, tanto su naturaleza como sus verdaderas dimensiones. Ya en el siglo XIX se conocía el efecto Doppler, según el cual un objeto que se alejara de nosotros nos enviaría ondas más anchas que las habituales (desplazadas hacia el rojo), mientras que serían más estrechas si venía directamente hacia nosotros (todos conocemos ya el clásico ejemplo del tren). De esta manera, Vesto Slipher ya se da cuenta, a principios del siglo XX, de que muchas “nebulosas espirales” presentan desplazamientos al rojo extremadamente importantes, siendo Hubble quien cuantifica dicho desplazamiento y lo relaciona entre ellas, de manera que logra uno de sus principales descubrimientos: las galaxias se alejan de nosotros, y lo hacen más rápido conforme más alejadas están, lo cual lleva a la ineludible teoría de la expansión del universo.

Por tanto, el desplazamiento al rojo se ha convertido en una de las pruebas de que el universo se encuentra en expansión, aunque en ciertos momentos ha llegado a tambalearse. Hoy vamos a presentar uno de los principales enigmas que han generado controversia con respecto a este fenómeno. En 1971, Halton Arp, el creador del célebre catálogo Arp de galaxias peculiares, descubrió que había una conexión entre la galaxia NGC 4319 y una fuente de luz estelar, llamada Markarian 205, que se correspondía con un quásar. La galaxia, una bonita espiral barrada de brazos abiertos, presentaba un desplazamiento al rojo, o redshift, de 0.0045, lo cual la situaba a unos 77 millones de años luz de distancia. Inmersa en su halo estaba Markarian 205, cuyo desplazamiento, de 0.070, lo situaba a la considerable distancia de 950 millones de años luz. Por ese motivo, Arp se quedó fascinado al comprobar que entre ambos parecía existir un puente de materia que los conectaba, débil pero claramente presente. De estar unidos y, por tanto, a distancias similares, el fundamento del desplazamiento al rojo podría quedar invalidado, resquebrajando uno de los principios más importantes en cosmología. Si ambas estuvieran a la misma distancia, ¿cómo podríamos confiar en el desplazamiento al rojo para determinar las distancias de otras galaxias?

IDL TIFF file

Por suerte, con la adquisición de mejores imágenes se pudo comprobar que el puente de materia no era tal, sino que pudo deberse a un artefacto en las primeras imágenes obtenidas, posiblemente debido a una estrella cercana. No obstante, sí parece haber algo de materia situada entre ambos objetos, aunque estas prolongaciones de NGC 4319 también se han encontrado en otras partes de la galaxia, sin ninguna relación con otros cuerpos, por lo que debemos desechar su unión con Markarian 205. Este quásar es una gran fuente de radiación ultravioleta, y poder verla en longitudes de onda visibles no hace más que apoyar el hecho de que ha tenido que viajar a través de una gran cantidad de espacio para que se desplace hacia el rojo, disminuyendo la frecuencia de sus ondas. El propio Halton Arp descubrió otros pares de galaxias y quásares en los que había grandes diferencias en cuanto a su distancia, aunque el caso que nos ocupa hoy es el más llamativo de todos.

Lo mejor de todo es que podemos ver a NGC 4319 y a Markarian 205 con un telescopio de mediana apertura, y no sólo eso, sino que comparte campo de visión con otra llamativa galaxia, NGC 4291. Esta última se encuentra a 85 millones de años luz, formando parte del mismo grupo que NGC 4319. Esconde en su interior un agujero negro de una masa bastante superior a la que cabría esperar según el tamaño de la galaxia. La mayoría de galaxias presentan una relación similar entre la masa del agujero negro y la masa estelar de la galaxia, pero en el caso de NGC 4291, así como en el de NGC 4342, la teoría parece fallar. Un estudio reciente se centró en detectar el gas caliente que rodea a estas galaxias, como una medida indirecta del halo de materia oscura que las rodea, y encontró que la materia oscura sí parecía relacionarse directamente con el tamaño del agujero negro. ¿Cómo puede influir la materia oscura en el tamaño del agujero negro central de una galaxia? Por suerte, la respuesta no se conoce todavía, y es que una de las cosas más apasionantes de la astronomía es el gran número de preguntas que aguardan respuesta. En los próximos años, con la puesta en marcha de telescopios mucho más potentes, nuestro conocimiento crecerá de forma exponencial y muchos de estos misterios quedarán resueltos.

Foto NGC 4291

Con esta información a la espalda, nos disponemos a observar estos interesantes universos que se encuentran en la constelación de Draco. NGC 4319 nos llamaría la atención como una esfera nebulosa, algo alargada, que brilla con una magnitud de 12.8. Con 3 minutos de arco de diámetro mayor, sus brazos están reservados a cielos completamente alejados de la contaminación lumínica, aunque nuestro objetivo será otro bien distinto. Con una magnitud de 14.5, Markarian 205 brilla tímidamente a la sombra de la galaxia. Con ayuda de visión periférica podremos apreciarlo como una diminuta estrella, apenas destacada sobre el halo de NGC 4319. Sin embargo, cuando alcancemos a ver sus fotones no perdamos de vista las dimensiones: su luz ha recorrido unos vertiginosos mil millones de años luz hasta llegar a nuestra retina, teniendo que atravesar, además, parte del halo de NGC 4319.

NGC 4319

NGC 4291 brilla simpáticamente formando un interesante trapecio con otras tres brillantes estrellas, de manera que no puede pasar desapercibida. Aparece como una nubecilla redondeada, con el centro algo más brillante, que se va debilitando rápidamente conforme se aleja, alcanzando un diámetro de unos dos minutos de arco. Esta es, sin duda, una postal para recordar en la dispersa constelación del dragón, así como una excusa para profundizar en estos fascinantes temas.

NGC 4319 - detalles

La primera gigante de Virgo (M49)

La primera galaxia descubierta del Cúmulo de Virgo no fue otra sino M49, la galaxia más brillante de esta gran familia de estrellas. Messier fue el primer ser humano que la observó en 1771. Ocho años después fue descubierta, de forma independiente, por Barnabas Oriani (nos sonará por ser el descubridor de M61), y por eso el almirante Smith y William Herschel atribuyeron, erróneamente, el hallazgo a este último.

Foto M49.jpg

Como ya hemos mencionado, M49, con una magnitud de 8.4, es la galaxia más brillante del Cúmulo de Virgo, formando parte del subgrupo B. Este grupo se dirige hacia el subgrupo A, y su onda de choque, visible en rayos X, se encuentra muy cerca de M49. También conocida como NGC 4472 o Arp 134, la galaxia se desplaza a gran velocidad a través de gas a enormes temperaturas, como ocurre en las regiones centrales de los cúmulos galácticos. De hecho, M49 está dejando una débil estela tras de sí, como si el gas intracúmulo estuviera “peinando” sus estrellas, como si fuera un cometa que exhibe una llamativa cola. En inglés este fenómeno se conoce como “stripping” y tiene lugar frecuentemente en estas regiones densas y calientes. A las peculiaridades de M49 hay que sumar el número de cúmulos globulares, que rondan los 6000, como ocurre en las grandes elípticas. En dos de estos cúmulos se ha inferido la presencia de agujeros negros, algo digno de ovación cuando hablamos de una distancia de 60 millones de años luz. M49 presenta un tamaño de unos 160.000 años luz de diámetro en su extensión mayor, aunque su densidad de estrellas es menor que la de M87. Como la mayoría de elípticas, en su interior se esconde un agujero negro supermasivo, con una masa cuyos valores oscilan entre 500 y 2600 masas solares.

M49 rige el movimiento de sus galaxias vecinas, bastante más pequeñas, aunque presenta especial interés su relación con UGC 7636, una pequeña galaxia satélite que está sufriendo su acción de una forma mucho más acusada, siendo despojada de gran cantidad de estrellas. En poco tiempo, UGC 7636 habrá sido completamente canibalizada, y para entonces M49 tendrá otras galaxias cercanas listas para alimentarse nuevamente. En 1969 se registró en M49 una supernova que llegó a alcanzar una magnitud de 13, siendo visible con telescopios de mediana apertura.

M49.png

Podemos buscar M49 a unos 4 grados de epsilon Virginis, la estrella que conocemos como Vindemiatrix. Es una estrella de magnitud 2.8 que significa “la vendimiadora”, una gigante amarilla de tipo espectral G que pertenece al grupo de las Hyades, el famoso grupo de Tauro. De allí, saltando de estrella en estrella, llegaremos a la brillante M49. Con una magnitud de 9.4, es fácilmente con unos simples prismáticos, aunque es con el telescopio como disfrutaremos de su grandeza. Ya a bajo aumento destaca su intenso núcleo, que brilla con una forma redondeada, abrazado por un halo que alcanza los casi 10 minutos de arco de diámetro. Como en la mayoría de elípticas, no hay más detalles que podamos alcanzar con nuestra vista, aunque en este caso podemos disfrutar de algunas otras galaxias que la acompañan en el cúmulo. Al sur encontramos a NGC 4470, una espiral de magnitud superior a 12 que aparece como una pequeña mancha difusa y con centro brillante. NGC 4464, al otro lado, es una elíptica de magnitud 12.8, algo más débil pero fácil de ver con visión periférica. Por último, NGC 4492 es algo mayor, aunque su brillo superficial es menor, por lo que puede resultar una poco más difícil de distinguir, aunque bajo un cielo oscuro no supondrá ningún problema.

M49 - detalles.png

Explorando la Osa Mayor (NGC 4088, NGC 4085 y NGC 4157)

Hoy le toca el turno a otra galaxia que proporcionará una agradable sorpresa al observador que se atreva a buscarla. Se trata de NGC 4088, una galaxia espiral que está interaccionando con NGC 4085, ambas visibles en el mismo campo del ocular. Conocida como Arp 18, NGC 4088 fue descubierta por William Herschel en 1788, mientras que su compañera no formó parte del catálogo hasta el año siguiente.

Foto NGC 4088.jpg

Ambas galaxias se encuentran a unso 51 millones de años luz de distancia, formando parte del grupo de M109, del que ya conocemos a algunos de sus componentes (M109, NGC 3718…). De hecho, forman parte del extremo del grupo más cercano a nosotros. Lo más llamativo de NGC 4088 es, sin duda, su morfología tan peculiar, que no son más que cicatrices de interacciones con otras galaxias (principalmente con NGC 4085, aunque no se descartan encontronazos con otras más lejanas en épocas más remotas). Los indiscutibles protagonistas, como podemos apreciar en la fotografía anterior, son sus dos brazos espirales, que se encuentran formando un ángulo demasiado forzado: No es difícil hacerse una idea de la fuerza a la que deben haberse visto sometidos. Además, destacan también un sinnúmero de cúmulos de jóvenes estrellas recién formadas, esas condensaciones azuladas que se pueden distinguir en sus brazos. El núcleo no ha sufrido tanto las fuerzas de marea generadas por las interacciones, por lo que presume de una textura más homogénea y el color amarillento de las estrellas de edad más avanzada.

Con una magnitud de 11.1, no es difícil encontrar NGC 4088 a bajo aumento, muy cerca de la mencionada M109. Con una longitud  de 5.7 minutos de arco, presenta una forma alargada con su centro más brillante, en forma de barra, y no será difícil sorprendernos cuando distingamos sus brazos, que se extienden formando un ángulo que no es el habitual, ambos en direcciones opuestas. Esta característica la pude ver desde el primer instante con mi Dobson de 30 cm, y sospecho que debe ser visible también con telescopios de menor apertura bajo cielos oscuros. NGC 4085, algo más tímida, se deja ver sin ningún problema como una mancha de menor extensión, llamando la atención su perfil tan fino, como corresponde a una galaxia espiral vista de canto. Ambos universos forman una pareja realmente impresionante que, probablemente, no reciben toda la atención que se merecen.

NGC 4088.png

Pero aún hay más. Una de las veces que estaba observando estas galaxias moví sin querer el tubo, y mientras las buscaba nuevamente fui a dar con otra galaxia brillante y con cierta personalidad. La busqué en el atlas, confirmando que se trataba de NGC 4157, curiosamente otra de las componentes del grupo de M109. Es otra galaxia espiral que nos ofrece su perfil, con una leve inclinación que permite distinguir algunos detalles de su núcleo, al menos en fotografías de larga exposición. Presenta también un importante número de regiones HII, así Foto NGC 4157.jpgcomo abundante polvo oscuro que atenúa la luz de sus regiones más centrales. Tres supernovas se han registrado en esta galaxia, ocurridas en 1937, 1955 y 2003.

Visualmente debo decir que esta galaxia me recordó enormemente a NGC 1055, en Cetus, sobre todo por la compañía de dos brillantes estrellas con las que forma un atractivo triángulo. NGC 4157 es un conspicuo trazo nebuloso en el cielo, algo más extenso que las anteriores galaxias, cuyo centro destaca como una barra brillante. Sus extremos se van agudizando poco a poco hasta desaparecer por completo. Cabría destacar, sin embargo, que la mitad superior de la galaxia, la que incluye al núcleo, se encuentra más iluminada que la inferior, que corresponde con los brazos más cercanos a nosotros, un efecto que no es difícil de apreciar con nuestros propios ojos. Sin duda, un objeto para rematar una visita a estos recónditos y exóticos lugares de la Osa Mayor.

NGC 4157.png