El grupo galáctico de NGC 3158

Vamos a volver a sumirnos en las profundidades del cosmos, esta vez en los dominios de la constelación Leo Menor. Allí, muy cerca de las patas traseras de la Osa Mayor, vamos a disfrutar de un lejano grupo de galaxias que se sitúan a la considerable distancia de 282 millones de años luz. La protagonista del grupo es NGC 3158, una colosal elíptica a cuyo alrededor se sitúan las más de 30 componentes que forman esta familia. Es un claro ejemplo de elíptica cD, aquellas que encontramos en los centros de las agrupaciones galácticas y que rigen la dinámica de éstas. En la siguiente imagen podemos comprobar el potente efecto que transmite NGC 3158.

Foto NGC 3158

La gran elíptica domina el centro del cúmulo, y resulta llamativo contemplar todas esas pequeñas manchas que se arremolinan a su alrededor. Su destino está claro, pasando a formar parte, como tantas otras ya lo habrán hecho, del menú de NGC 3158. Las dimensiones de esta galaxia son muy superiores a nuestra galaxia. Si tenemos en cuenta sus zonas más densas, resulta tener un diámetro de unos 170.000 años luz, aunque su halo llega más allá, alcanzando incluso los 300.000 años luz de diámetro. A ello han contribuido, sin duda, las galaxias canibalizadas a lo largo de los últimos miles de millones de años. Su magnitud de 11.9 le permitió ser descubierta por William Hersechel en 1787, siendo la mayoría de las otras galaxias descubiertas por el francés Guillaume Bigourdan en 1886 (algunas otras necesitaron del telescopio de 72 pulgadas de Lord Rosse).

Casi todas las galaxias apreciables con instrumentos de aficionado son de tipo elíptico, destacando por contraste NGC 3160, una espiral que apreciamos de canto. Con una magnitud de 14.3 y una longitud de 1.3 minutos de arco, supone una bonita aunque débil disparidad ante el resto de galaxias. Una banda oscura y plumas a ambos extremos sugieren una interacción reciente con algunas de las otras galaxias. Del resto, NGC 3163 es la más brillante, una elíptica de magnitud 13.3 (también descubierta por Herschel) cuyo halo no es del todo regular, presentando un abombamiento, fruto, igualmente, de interacciones intergalácticas: en este baile cósmico todas participan.

NGC 3158.png

Las demás galaxias visibles con un Dobson de 30 cm requieren cielos bien oscuros, pudiendo apreciarse tres elípticas alineadas: NGC 3161, NGC 3159 y NGC 3151. Todas ellas aparecían como pequeñas manchas difusas, visibles con visión periférica, siendo NGC 3161 la más débil, con diferencia, con una magnitud de apenas 14.5. Sería interesante poder apreciar el batiburrillo de pequeñas galaxias que rodean a la principal, NGC 3158, aunque tendremos que conformarnos con apreciarlas en fotografías. Aun así, las 6 galaxias que pude distinguir con mi Dobson me dejaron con un buen sabor de boca, especialmente con el contraste de la espiral NGC 3160, que parecía desafiar al resto de sus compañeras.

NGC 3158 detalles

En el reino de las grandes galaxias (M59 y M60)

El cúmulo de Virgo está repleto de objetos descubiertos por Messier, pudiendo encontrar 16 de ellos. Hoy vamos a estudiar una de estas fascinantes galaxias situada al este del cúmulo, conocida ya en 1779, cuando Johann Gottfried Koehler la descubrió mientras observaba un cometa que pasaba por la región. Curiosamente, Messier la observó por primera vez tres días después, motivado también por el mencionado cometa, catalogándola como M60. Un siglo después, el almirante Smith distinguió a su compañera, NGC 4647, y sugirió que podrían ser una pareja de lejanos universos compuestos a su vez por numerosas estrellas, girando uno alrededor del otro: no estaba lejos de la realidad.

Foto M60.jpg

Crédito: Adam Block

M60 es una galaxia gigante elíptica, situada a 55 millones de años luz y con un diámetro que supera los 120.000 años luz. Cuenta en su haber con la inmensa cantidad de un trillón de estrellas (el triple que nuestra galaxia, a groso modo) y se ha convertido en la tercera galaxia más brillante del cúmulo de Virgo, justo por detrás de M87 y M49. Como muchos de estos gigantes, M60 cuenta con una gran cohorte de cúmulos globulares, estimándose su población en 5800. Está rodeada, a su vez, por numerosas galaxias satélite, destacando especialmente M60-UCD1. Es una galaxia enana ultracompacta que, con apenas 300 años luz de diámetro, tiene una masa de 140 millones de estrellas. En su interior reside un agujero negro supermasivo con un 15% de dicha masa, siendo probablemente el mayor agujero negro en proporción a su galaxia huésped. Esta pequeña galaxia parece haber sido, en su juventud, una galaxia masiva, pero encuentros repetidos con M60 hace unos 10.000 millones de años causaron su progresiva desnutrición, alimentando a su compañera como tantas otras galaxias satélite. M60-UCD1 es, por cierto, una de las galaxias más densas que existen, con un centenar de estrellas por año luz cúbico. Es, por tanto, como un inmenso cúmulo globular: el corazón de un monstruo ya extinguido.

Hubble image of Messier 60 and M60-UCD1

M60 y M60-UCD1

Volvemos a la gran M60, que guarda alguna que otra sorpresa. En su núcleo reside un inmenso agujero negro, con una masa estimada entre 3400 y 4500 millones de masas solares, convirtiéndose en uno de los mayores conocidos. Sin embargo, dicho agujero negro no es suficiente para explicar la velocidad de sus estrellas, gracias a lo cual se ha deducido la presencia de un halo de materia oscura bastante considerable. En las zonas más cercanas al núcleo, sin embargo, la batuta la siguen llevando las estrellas y el agujero negro, por lo que es probable que la materia oscura se encuentra dispersa a lo largo de toda la galaxia e incluso más allá.

Al lado de M60 podemos ver una bonita galaxia espiral, a apenas 2.5 minutos de arco de distancia, denominada NGC 4647. Su presencia motivó a Halton Arp a incluir ambas galaxias en su catálogo de galaxias peculiares bajo el número 116. El desplazamiento al rojo nos indica que NGC 4647 está algo más alejada de nosotros que M60, a un máximo de 10 millones de años luz de ella, a pesar de lo cual están gravitacionalmente ligadas entre sí. Durante mucho tiempo esta idea se desechó, ya que su apariencia es totalmente inmaculada, no se aprecian brazos retorcidos ni los signos típicos de interacciones intergalácticas. Sin embargo, en 2012 el Telescopio Espacial Hubble encontró algunas zonas en las que ambas galaxias estaban intercambiando estrellas, captando in fraganti el comienzo de una nueva y longeva relación.

Otras galaxias pueblan el campo, pudiendo apreciar otra considerable galaxia del catálogo Messier, M59, también conocida como NGC 4621. A caballo entre las galaxias elípticas y las lenticulares, M59 ha sido motivo de discusión desde hace tiempo. La principal razón es que, aunque posee todas las características de una galaxia elíptica, cerca de su núcleo contiene un disco de estrellas, algo distintivo de las Foto M59lenticulares. Se encuentra a 60 millones de años luz y su tamaño, menor que M60, se estima en unos 90.000 años luz. Posee, así mismo, un importante número de cúmulos globulares, alcanzando los 2200 (nuestra galaxia, con poco más de 150, empalidece ante estas cifras). La característica más llamativa de M59 quizás sea que su disco de estrellas, de unos 200 años luz de radio, gira en sentido opuesto al del resto de la galaxia. Como hemos visto en otras entradas, este comportamiento podría deberse a una anterior fusión entre dos galaxias, de manera que la rotación de una de ellas se mantiene a pesar del ajetreo. En el núcleo de M59 habita, como podemos imaginar, otro agujero negro supermasivo, esta vez con una masa de 270 millones de masas solares. Puede parecer poco comparado con M60, pero no olvidemos que el agujero negro de nuestra Vía Láctea contiene tan sólo 4 millones de masas solares…

Al ocular estas galaxias no muestran detalles especialmente llamativos. Con una magnitud de 8.8, M60 se lleva el protagonismo, apareciendo como una brillante esfera nebulosa con un centro especialmente intenso, pequeño y redondeado. Con un poco de imaginación, uno puede sentir la fuerza que desprenden sus 5800 cúmulos globulares o su inmenso agujero negro. NGC 4647, a su lado, brilla tímidamente como una débil mancha redondeada, sin rastro aparente de sus brazos espirales, aunque el contraste con su compañera no deja de ser atractivo. Al otro lado tenemos a M59, en la que se adivina cierta forma alargada. No muestra un núcleo tan destacado como M60, sino que presenta un brillo homogéneamente disperso, más tenue. Por último, tenemos una cuarta galaxia que se cuela en el ocular, NGC 4638, que parece implorar algo de atención entre tanta galaxia brillante. Es bastante débil, con una magnitud de 11.1, y presenta, de nuevo, características intermedias entre galaxias lenticulares y elípticas. A la vista, sin embargo, no es más que una nubecilla muy difusa y sin forma aparente que, a pesar de ello, contribuye a dar sensación de profundidad al marco del que forma parte.

M59

Sorpresas en la Osa Mayor (NGC 3718 y HCK 56)

La Osa Mayor vuelve a estar en una posición privilegiada para que los observadores del norte disfrutemos de sus infinitas galaxias, y tantas tiene que siempre hay alguna que nos sorprende. Hoy vamos a ver varias de ellas que se engloban en el mismo campo del ocular, y cada una tiene un encanto propio. El vientre de la osa marca la posición de estas galaxias, pudiendo usar NGC 3718 como referencia. Es ésta una galaxia maravillosa, también conocida como Arp 214, que despliega toda la elegancia que una espiral barrada puede permitirse. Sus dos prominentes brazos se encuentran especialmente abiertos y muestran una gran simetría entre sí. Su anómala disposición es fruto de una interacción con otra galaxia en un pasado no muy lejano, otra espiral cercana que se denomina NGC 3729 y que se sitúa a apenas 150.000 años luz de ella. Sus brazos desperdigados cuentan con algunas condensaciones azuladas, lugares de formación de estrellas que brillan con intensidad y resaltan con respecto al resto de la galaxia. El núcleo, amarillento, es residencia de estrellas de mayor edad, aunque cuenta con un elemento que lo caracteriza de forma muy llamativa: hay una interesante banda de polvo oscuro que divide el núcleo en dos, visible con telescopios de gran apertura. Tras su sombra, miles de estrellas están naciendo en el momento actual, o más bien hace 52 millones de años, el tiempo que sus fotones han tardado en llegar a nuestros ojos.

Fue descubierta por Herschel en 1789, y su núcleo está al alcance de pequeños telescopios (con una magnitud visual de 11), aunque conforme aumentemos la apertura podremos ver más y más detalles. Con mi Dobson de 30 cm quedé sorprendido del brillo central de la galaxia, y en seguida comencé a notar que su luz no era completamente homogénea. Tras unos minutos de adaptación pude comprobar que el núcleo parecía tener dos regiones más luminosas, que se disponían a modo de número “8”, y más tarde comprendí que dicho efecto era debido a la presencia de la banda oscura  central. No tuve conciencia de haber visto la banda en sí, aunque pude distinguir las dos zonas más brillantes que dejaba a ambos lados. La segunda sorpresa vino más adelante, cuando mis ojos fueron capaces de detectar sus dos brazos principales, casi invisibles, apreciables durante unos pocos segundos, como dos prolongaciones que se alejaban del núcleo en direcciones opuestas. El más brillante era el que se acercaba a dos cercanas estrellas, pero a pesar de ello tuve que sudar para disfrutarlo.

NGC 3718 no es la única recompensa que ofrece el cielo en este campo de estrellas, sino que podemos aspirar a localizar una interesantísima agrupación galáctica. El grupo compacto Hickson 56, también conocido como Arp 322, se sitúa al lado de NGC 3718, si bien se encuentra mucho más alejado desde nuestra posición, a unos considerables 425 millones de años luz. Podemos entender, por tanto, la dificultad de su observación. Juntas, forman una hilera que se extiende por 90 segundos de arco de espacio, lo cual equivale a 48.000 años luz a la distancia considerada. No figuran en el catálogo NGC ni en el IC, lo cual da una idea de su debilidad. Son las siguientes:

-Hickson 56a: MGC+09-19-113

-Hickson 56b: UGC 06527

-Hickson 56c: PGC 35618

-Hickson 56d: PGC 35615

-Hickson 56e: PGC 35609

Foto HCK 56.jpg

Crédito: DSS II

Su magnitud oscila alrededor de la 15, siendo HCK 56d la más débil, con una magnitud de 16.8. Estas galaxias por sí mismas serían prácticamente inapreciables si estuvieran aisladas unas de otras, y carecerían de interés, pero la unión hace que reluzcan con entidad propia. HCK 56b y HCK 56d son emisoras de ondas de radio, probablemente por una importante proliferación estelar, mientras que HCK 56a y HKC 56d son galaxias Seyfert, portadoras en su núcleo de un agujero negro supermasivo. HCK 56a, así como HKC 56e, se encuentran algo más separadas del resto, aunque su distancia parece ser similar.Todas ellas tienen menos de 1 minuto de arco de diámetro, y es su unión la que las hace visibles.

Con mi Dobson de 30 cm las pude apreciar con visión indirecta a bajo aumento, antes incluso de buscarlas, cuando todavía estaba disfrutando de NGC 3718. Aparecían como una débil línea borrosa, etérea e intermitente. Al usar mayores aumentos pude ver esa delicada línea fantasmal con mayor claridad, aunque requería de todas formas visión periférica. No había ni rastro de HCK 56a ni HCK 56e que, aisladas, perdían el beneficio de la unión, pero las restantes podían apreciarse sin ninguna dificultad. En varias ocasiones me sobresalté, emocionado, cuando, durante un breve segundo, algunos diminutos puntos aparecieron en medio de la franja: los núcleos lejanos de HCK 56b y HCK 56c que, tímidos, parecían asomarse a ver quién les estaba observando. Con mayor apertura esta curiosa cadena de galaxias debe ser, sin duda, algo digno de recordar.

NGC 3718.png

Ahondando en el grupo Leo II

 

La constelación de Leo, rica en galaxias, es un lugar que puede pasar desapercibido al lado de otras constelaciones como Virgo o Coma Berenices Sin embargo, tiene sorpresas escondidas en cualquiera de sus rincones. Pequeños grupos de galaxias pueblan una zona comprendida entre 30 y 70 millones de años de distancia, y en su conjunto forman una gran familia conocida como Leo II, situada al lado del Cúmulo de Virgo. Hoy veremos uno de estos pequeños grupos en cuyo dentro destacan dos galaxias, NGC 3607 y NGC 3608. La primera de ellas da nombre al grupo, que está compuesto por unas 14 galaxias y se encuentran en el centro de la constelación.

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NGC 3607 es una lenticular gigante, una familia de estrellas que desprenden una importante cantidad de rayos X calientes, tanto en el interior de la galaxia como en el espacio intergaláctico que la separa de sus compañeras. En su región central reside un agujero negro supermasivo con una masa estimada en 100 millones de masas solares. Presenta un disco de unos 15 segundos de diámetro con un anillo de polvo a su alrededor, similar al que rodea a M104, con la particularidad de que rota en sentido opuesto al del resto de la galaxia. Esta característica la comparte con NGC 6308, una elíptica de baja luminosidad cuyos 10 segundos de arco más internos (el equivalente a 4000 años luz de radio) giran también en sentido contrario al resto. Rota lentamente, a unos 15 km/s, lo cual es más típico de las elípticas gigantes.

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Una posible explicación para la existencia de estos núcleos independientes es la fusión con pequeñas galaxias elípticas, cuyos núcleos son lo suficientemente densos como para sobrevivir parcialmente a este proceso y mantener su velocidad de rotación, aunque esta teoría parece poco probable en el caso de estas galaxias. Otra posibilidad hace referencia a la presencia de brotes de formación estelar, como ocurre en NGC 1023, que alterarían la dinámica interna. En este tipo de galaxias la edad de las estrellas centrales es mucho menor que las del resto del disco, pero en NGC 3607 y NGC 3608 no se cumple esta premisa, con lo cual no permiten despejar esta incertidumbre. Esta última hipótesis podría ser cierta, sin embargo, si las galaxias fueran elípticas, por lo que se ha sugerido que NGC 3607 podría ser realmente una elíptica que ha arrastrado hacia sí parte de las estrellas de NGC 3608, adoptando el aspecto de una lenticular clásica. Se necesitarán nuevos estudios más precisos para conocer el origen de estos núcleos que viajan a contracorriente.

Con una magnitud de 10.8 y un tamaño aparente de 4.9×2.5’, NGC 3607 es fácilmente visible como una bonita esfera ligeramente alargada, con un centro brillante que destaca incluso con visión directa. NGC 3608, muy cerca, forma la pareja perfecta de su compañera. Redondeada y algo más débil, también muestra un núcleo más brillante, aunque sus bordes se difuminan antes y se pierden en la oscuridad del cielo. Una tercera galaxia completa este retrato familiar: NGC 3605 es una pequeña elíptica que parece refugiarse en el regazo de NGC 3607. Es la más débil de las tres, aunque con el Dobson de 30 cm se aprecia sin ninguna dificultad a bajo aumento. Podría parecer una más de este grupo pero, según parece, se encuentra ahí por efecto de perspectiva, situándose a una distancia bastante mayor.

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ngc-3607-detalles

Entre cuatro esquinas (grupo de NGC 3998)

Todo el mundo conoce de sobra la forma del “Carro”, parte de la Osa Mayor, y cuando queremos buscar objetos de cielo profundo indudablemente se nos vienen a la cabeza algunos como M51, M97, M81 y M82… Todos estos objetos rodean al famoso carro, pero, ¿conocemos realmente lo que hay en su interior? Las cuatro estrellas principales que forman el “recipiente”, por así decirlo, engloban un espacio en apariencia vacío, que en realidad rebosa de galaxias de distinto tipo y magnitud, algunas dispuestas en pequeños grupos, otras mayores y solitarias… Hoy vamos a dedicarle una entrada a varias galaxias de esta región tan poco visitada.

Foto NGC 3998

Podemos partir de Phecda o gamma UMa, una de las brillantes estrellas que forman el cuadrilátero del carro. A menos de 2 grados hacia el interior reside nuestro objetivo, un grupo de galaxias dominado por NGC 3998, una galaxia lenticular situada a unos 45 millones de años luz. Presenta una forma esférica ligeramente elongada, con un disco de estrellas que no se disponen en forma de brazos. Un brillante núcleo destaca en el centro, escondiendo tras su fuerte luz un agujero negro supermasivo. Su magnitud de 10.5 hace que sea relativamente fácil de encontrar, apreciándose a bajo aumento como una mancha borrosa y redondeada con un núcleo puntiforme en el centro. Justo al lado se puede apreciar otra pequeña galaxia denominada NGC 3990, de magnitud 12.6. A 115 aumentos, con un campo de unos 30 minutos de arco de diámetro, otras galaxias están al alcance de nuestros telescopios. Destaca NGC 3982, una galaxia espiral que vemos de cara, con dos prominentes brazos que se van dividiendo, de un color azulado que delata su proliferación estelar. Se encuentra algo más lejos, a unos 60 millones de años luz, y sus dimensiones alcanzan los 40.000 años luz. No es difícil de ver, con una magnitud de 11.8 y un diámetro de 2 minutos de arco. La galaxia más interesante en cuanto a su aspecto visual es, sin duda, NGC 3972, una galaxia espiral que se nos presenta de perfil. Tiene un brillo superficial muy bajo, por lo que necesitaremos un cielo bien oscuro para distinguirla. Veremos entonces una débil pero bien definida mancha alargada que parece cortar el cielo a través de unos 3 minutos de arco de longitud. No presenta un núcleo brillante ni otro detalle, pero estas galaxias tan alargadas son siempre bienvenidas. Por último, y aún más difícil, tenemos cerca a la pequeña NGC 3980 (también denominada, por error, NGC 3977). Tiene una magnitud de 14.4 y un brillo superficial tan bajo que es, sin duda, el gran desafío a la hora de observar este grupo. Es una pequeña espiral que pondrá a prueba nuestros cielos y nuestra paciencia.

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El núcleo de Virgo (M87)

Hoy ponemos el broche al Cúmulo de Virgo por todo lo alto, ya que a medida que pasan los días está más baja hacia el horizonte y tendremos que esperar unos meses para volver a sumergirnos en las profundidades de esta gran ciudad galáctica. Como recordamos de anteriores entradas, el Cúmulo de Virgo, situado a unos 65 millones de años luz, se podía subdividir en varios grupos, destacando los tres centrales: Virgo A, grupo de M86 y Virgo B. Ya observamos en su momento al grupo de M86, y hoy le toca el turno al mayor de los subgrupos, así como el más céntrico, Virgo A.

Este grupo está presidido por la inmensa M87, que también es la reina indiscutible del Cúmulo de Virgo, el eje de la rueda que gira interminablemente. Por su posición y su gran tamaño, M87 ha ido absorbiendo a un sinnúmero de galaxias menores, que han ido alimentando poco a poco al gigante hasta formar lo que podemos ver hoy. De hecho, el seguimiento de 300 nebulosas planetarias de la galaxia ha puesto de manifiesto que en los últimos mil millones de años M87 ha devorado por completo a una galaxia de tamaño medio. Es una galaxia elíptica con más de un trillón de estrellas entre su población, entre 2 y 3 veces más que nuestra Vía Láctea. Sus dimensiones son difíciles de estimar, ya que sus límites no están bien definidos, encontrando estrellas propias situadas a casi un millón de años luz. Por tanto, si bien su parte central, más visible, mide unos 120.000 años luz, dicha cifra puede quedar en ridículo si se tienen en cuentan las zonas periféricas.

Foto M87.jpg

También es rica, como otras grandes elípticas, en cúmulos globulares, contando con la monstruosa cantidad de 12.000 de ellos, dispuestos a su alrededor y visibles en fotografías de larga exposición como diminutas estrellas que flanquean a la galaxia. Hoy en día apenas queda actividad proliferativa, es una galaxia antigua que ha perdido gran parte de su potencial genésico, pero su núcleo no está precisamente muerto. En él habita un agujero negro supermasivo cuya masa se ha estimado en 3.500 millones de masas solares. Un gran disco de acreción gira a su alrededor, cayendo poco a poco en sus dominios y produciendo una emisión enorme de radiación. De hecho, M87 es famosa también por presentar un jet gaseoso que surge a raíz de su agujero negro, produciendo radiación por un mecanismo que vimos con anterioridad (radiación sincrotrón). Haces de electrones salen disparados por las altas velocidades que sufren alrededor del agujero negro y chocan contra el gas del medio interestelar, excitando los átomos de hidrógeno y produciendo rayos X, convirtiendo a M87 en una de las mayores fuentes de dicha radiación que podemos observar desde la Tierra. Este jet se está alejando rápidamente de la galaxia, cambiando de manera tan acelerada que podemos seguir su evolución. En la siguiente foto podemos ver los cambios que han presentado distintas partes del jet en un período de 13 años.

Foto M87 jet

De hecho, se pensaba que las partículas del jet eran supralumínicas, es decir, que avanzaban a una velocidad superior a la de la luz. Esto, al parecer, no es así, sino que hay que sumar la velocidad propia del chorro (a un porcentaje importante de la velocidad de la luz) y la velocidad a la que M87 se aleja de nosotros, por lo cual la percepción siempre será de una velocidad superior. Este jet, además, es apreciable a través de grandes telescopios sin gran dificultad, siempre que se disponga de una atmósfera estable y de elevados aumentos para usar. En 2014 se encontró en M87 el primer cúmulo globular hiperveloz del que se ha tenido constancia, un cúmulo que viaja a más de 2000 km/s y que está escapando de la influencia de la galaxia. Siguiendo su trayectoria y velocidad se ha llegado a la conclusión de que el agujero negro supermasivo que ocupa el centro de M87 podría no ser uno, sino dos agujeros negros, cada uno proveniente de una galaxia en colisión. Habrá que esperar para conocer la respuesta.

Si bien M87 presenta un gran atractivo en cuanto a información astrofísica, no tendrá muchos detalles que mostrarnos en el apartado visual. Es brillante, eso sí, y visible con cualquier instrumento. Con el Dobson de 30 cm se aprecia como una esfera brillante y bien definida, con un núcleo extremadamente brillante algo más grueso de lo que sería una estrella. Usé más de 400 aumentos en un intento de ver el jet, pero la atmósfera turbulenta no me dejaba enfocar, así que tendré que probar suerte en otra ocasión. Dudo mucho que pueda ni siquiera intuirlo con mi telescopio, pero he aprendido que hay que dar nada por sentado hasta que uno mismo lo compruebe (y ni así siquiera). Otro aliciente que presenta M87 al telescopio, además de conocer que estamos mirando al mismísimo centro del Supercúmulo de Virgo, es cazar a otras galaxias que comparten campo. A 125 aumentos pude detectar 4 de ellas. Las más evidentes son NGC 4478 y NGC 4476, de magnitudes 11.2 y 12.4, respectivamente. Son dos galaxias elípticas fáciles de reconocer a unos 8 minutos de distancia de M87. Las otras reciben, curiosamente, la misma denominación que M87 seguida de una letra: NGC 4486A, de magnitud 13.5, tiene un aspecto estelar, mientras que NGC 4486B, de magnitud 13.3, es pequeña pero tiene cierto aspecto nebuloso. Ambas son elípticas enanas, satélites de la gran M87 (realmente podríamos decir que la mayoría de galaxias de la zona son satélites de M87, ya que su influencia se extiende por millones y millones de años luz).

M87

Ya conocemos un poco mejor el núcleo del Supercúmulo al que pertenecemos, y sin embargo aún nos quedan cientos de universos por observar. Pero la estación de las galaxias ya está llegando a su fin, y ahora viene el buen tiempo, las nebulosas y los grandes cúmulos estelares. Dejaremos descansar a las galaxias primaverales durante una temporada y volveremos con las pilas cargadas para seguir disfrutando de ellas en unos meses.

Lejanos destellos con nombre propio

Hace unas semanas me encontraba bajo un cielo oscuro mirando el atlas por la zona sur de la Osa Mayor, buscando objetos entre sus patas. Encontré dos galaxias con nombre propio y pensé que debería haber una buena razón para que alguien se preocupe en nominarlas de alguna manera, así que les eché un vistazo.

La primera de ellas, IC 708, tenía escrito al lado “Papillon”, que viene a significar “Mariposa” en español. IC 708 forma parte de un cúmulo galáctico que se llama Abell 1314 y que contiene más de 250 galaxias. Se encuentra a una distancia tremendamente elevada, a unos 450 millones de años luz. Entre sus componentes encontramos 4 galaxias que pertenecen al catálogo IC, mientras que el resto forman parte de otros catálogos como el PGC o el UGC. El nombre de “Papillon” deriva de su visión en ondas de radio, y es que en este cúmulo de galaxias se ha encontrado una de las mayores estructuras emisoras de radio que se pueden observar. Alrededor de la galaxia encontramos una zona de intensa emisión con la forma de dos alas abiertas (usando un poco la imaginación), aunque no es la única fuente que encontramos, pues parece que dichas alas fuesen el comienzo de un enorme filamento que se continúa hasta IC 711. En la siguiente imagen podemos apreciar estos fenómenos, además de diversas fuentes de menor tamaño que pululan por todo el cúmulo.

Foto Abell 1314.jpg

IC 708, así como IC 711, son radiogalaxias, es decir, galaxias en las que vemos una importante emisión de ondas de radio. ¿Cómo puede ser que veamos este tipo de radiación entre galaxias? Parece ser que se forma en lugares donde hay grandes nubes de hidrógeno flotando alrededor de galaxias con núcleos muy activos. Del interior de estas galaxias saldrían despedidos enormes cantidades de electrones a velocidades cercanas a la luz que colisionarían directamente con estas nubes, originando la fuerte radiación (denominada sincrotrón) que podemos apreciar desde aquí.

En la vertiente visual Abell 1314 no es tan interesante, aunque supone un desafío por su extrema debilidad, y siempre tiene algo de surrealista y emotivo poder observar objetos tan distantes. A 65 aumentos IC 708 era la más brillante de las galaxias del campo, con una magnitud de 14.1. Redondeada y de bordes difusos, pequeña, nada haría pensar en la fuerza que desprende de su núcleo. Muy cerca, a poco más de dos minutos de distancia, pude apreciar a IC 709, de magnitud 15, más pequeña aún pero fácilmente distinguible con visión indirecta. Al lado de una brillante estrella destaca también IC 712, una elíptica ligeramente elongada. El otro extremo del filamento de ondas de radio, IC 711, puede apreciarse brillando con magnitud 15.1, al lado de un discreto grupo de 5 estrellas. Justo a su lado, visible de manera más fácil con mayor aumento, pude apreciar una débil estrella doble. Posteriormente, comparando el dibujo con imágenes, una de las componentes podría ser una galaxia en vez de una estrella, una elíptica MGC +08-21-06, miembro del grupo también. Por último, la galaxia que más difícil me resultó apreciar y, sin embargo, la más interesante visualmente, fue PGC 35831, una espiral vista de perfil que se encuentra algo más lejos, a unos 480 millones de años luz. Con visión lateral, tras varios minutos conseguí ver claramente su llamativa forma, como una diminuta astilla en medio de la oscuridad del cielo.

Abell 1314.png

Con la vista cansada por el esfuerzo me desplacé, muy cerca, a la siguiente galaxia con nombre propio, NGC 2985, que el atlas denominaba “Espiral en miniatura”. Situada a unos 45 millones de años luz de nosotros, es la galaxia más pequeña en la que se ha podido discernir una estructura espiral. Es una espiral enana cuyo diámetro se encuentra entre los 5.000 y los 10.000 años luz, con un bulbo Foto NGC 3928.pngexcesivamente azulado para su edad, que denota una etapa reciente de intensa proliferación estelar.

Cuando la observé iba con la imagen de una espiral pequeña en mente, y hoy me planteo si fue sugestión o realmente pude distinguir sus brazos. En primer lugar vi una esfera blanquecina con un núcleo más intenso, con el suficiente brillo superficial como para usar mayores aumentos. A 214 aumentos noté algo brillante a la derecha de la galaxia, en su disco, y tuve por unos momentos la impresión de que era uno de sus brazos espirales, impresión que varias veces pude confirmar. Al otro lado, y tras un buen rato observando, pude notar otra pequeña condensación, apenas visible durante varios segundos. Mi escepticismo llegó a posteriori, cuando observé las pocas imágenes que circulan en la red sobre la galaxia. Efectivamente, los brazos estaban en el lugar que yo había visto, pero las fotografías muestran unos brazos muy pequeños y de bajo brillo. La observación, no obstante, la terminé seguro de que los había podido distinguir, por lo cual dejaré para una segunda visita el juicio visual.

NGC 3928