Filamentos en lo más remoto (4ª parte): Abell 2199

Hoy volvemos a viajar a las profundidades del cosmos a completar una imagen que comenzamos hace tiempo, cuando hablamos sobre la Gran Muralla, esa enorme estructura compuesta por millones de galaxias que iban desde Abell 1367, el cúmulo de Leo, a Abell 2151, en hércules, pasando por Abell 1656, también conocido como el cúmulo de Coma. Juntas, conformaban una Gran Muralla de más de 500 millones de años luz de longitud situada a unos 400 millones de años luz de distancia. Hoy vamos a ver otro grupo de galaxias que forman parte de esta enorme estructura, un cúmulo denominado Abell 2199 que también se encuentra en Hércules.

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Lo conforman más de 200 galaxias, entre las que destaca, en el centro, NGC 6166, una supergigante elíptica de tipo cD. Este tipo de galaxias, si recordamos a otras como M87 o IC 1101, se han formado a raíz de múltiples interacciones y ocupan el centro de grandes cúmulos, un lugar privilegiado para ir canibalizando a las menores componentes. NGC 6166 fue descubierta por William Herschel en 1791 y presenta en su interior 4 regiones más brillantes que podrían simular una galaxia de 4 núcleos. Sin embargo, sólo una de esas regiones es el centro de NGC 6166, siendo las otras tres el núcleo de otras tantas galaxias que se encuentran más alejadas, aparentemente unidas por efecto de perspectiva (podemos decirlo con seguridad estudiando el desplazamiento al rojo de cada una, que es claramente diferente). NGC 6166 es una enorme aglomeración de estrellas que ocupa unos 225 mil años luz de diámetro, casi el doble que nuestra propia galaxia. Se encuentra rodeada por un número extremadamente alto de cúmulos globulares: se había estimado su número entre 6.000 y 22.000, aunque un estudio de 2016 sugiere que podríamos estar hablando de más de 39.000 globulares, algo verdaderamente apabullante, aunque es lo que tiene haberse tragado tantas galaxias, cada de las cuales tenía su propio sistema de cúmulos. NGC 6166 es rica en gas y polvo, algo que no concuerda bien con la imagen de una típica galaxia elíptica. En su interior reside un agujero negro supermasivo con una masa equivalente a mil millones de masas solares, dejando al de nuestra Vía Láctea en pañales (tiene tan sólo 6 millones de masas solares). Una gran cantidad de gas frío cae en torno al agujero negro, alcanzando temperaturas tan altas que NGC 6166 se convierte en un potente faro emisor de rayos X.

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Aproveché para observar Abell 2199 cuando estuve en el Moral, haciendo uso del Dobson de 40 cm bajo unos cielos más que decentes. NGC 6166, la principal galaxia, destaca conforme nos asomamos al ocular como una nube redondeada con cierta elongación, de bordes extremadamente difusos que se van perdiendo a medida que se alejan de la zona central más brillante. Otras dos galaxias, de magnitud 15, brillan conformando un triángulo con NGC 6166: son PGC 58233 y PGC 58245. Al lado de NGC 6166, PGC 58262  brilla con magnitud 14.8, y una diminuta PGC 58261 apenas se deja ver con magnitud 16. PGC 58277 es una galaxia de mayor tamaño que se encuentra flanqueada por otras dos. Al telescopio pude apreciarla como una mancha alargada, cerca de otra galaxia llamada PGC 58279, de magnitud 15.9. La mayor parte de estas galaxias no son más que un fantasmagórico y lejano borrón difuso, ¡pero vaya si es lejano! Impresiona poder vislumbrar el centro de una de estas grandes estructuras, más aún sabiendo que forma parte de algo mucho mayor.

Abell 2199 detalles

Contacto en el Boyero (Arp 90)

Seguimos nuestro periplo por la aparentemente desierta constelación del Boyero, si bien vamos tomando conciencia de que entre sus estrellas se esconde un buen número de tesoros. Hoy le toca el turno a una bonita pareja de galaxias que están interaccionando entre sí:

Foto NGC 5929

Nos referimos a NGC 5929 y NGC 5930, también conocidas como Arp 90, ocupando una posición en este último catálogo dedicada a las galaxias espirales con una compañera de alto brillo superficial. A unos 130 millones de años luz, NGC 5930 es la principal componente del par, una galaxia espiral clasificada como barrada, si bien en las pocas fotografías de larga exposición no consigo distinguir ninguna estructura similar a una barra. Se puede apreciar un núcleo pequeño y redondeado, brillante, a cuyo alrededor se arremolinan dos gruesos y difusos brazos en espiral. No se aprecian grandes áreas de formación estelar y su color, pálido y nacarado, es el propio de aquellas galaxias que han perdido un gran número de estrellas. Junto a ella se aprecia otra galaxia, NGC 5929, redondeada y de similar textura, que podría definirse como elíptica o lenticular. Se encuentra en aparente contacto con uno de los brazos de NGC 5930, como si un puente curvado uniera las dos galaxias. Es una galaxia de tipo Seyfert 2 en cuyo núcleo habita un agujero negro supermasivo, que desempeñará un papel importante en el resultado final de esta fusión intergaláctica. En la imagen anterior podemos apreciar una galaxia bien diferente, en la esquina izquierda superior. Se trata de UGC 09857, una galaxia de tipo irregular que se encuentra algo más cerca, a unos 110 millones de años luz. Queda patente desde un primer momento su color azulado, debido seguramente a una gran proliferación estelar, típica de este tipo de galaxias. Quizá sea el resultado de una anterior colisión con Arp 90 la que estimulara dicho brote estelar, quizá tenga sus propios motivos… Sea como sea, podemos olvidarnos de observarla con un telescopio convencional.

NGC 5930, la más brillante de las dos, tiene una magnitud de 12.2, alcanzando unas dimensiones de 1.8 minutos de arco en su eje menor (aproximadamente la mitad de anchura). NGC 5929 apenas alcanza la magnitud 14, pero su pequeño tamaño hará que no sea tan difícil de observar. NGC 5930, con el Dobson de 40 cm, se aprecia sin grandes dificultades como una mancha brillante y redonda, pequeña. Una vez que la vista se adapta a la oscuridad no es difícil entender que esa zona redondeada es la región más interna, apareciendo a ambos lados una nubosidad alargada que corresponde con el disco galáctico. Distinguir sus brazos queda fuera del alcance del telescopio, aunque poder ver, casi en contacto directo, a NGC 5929 añade un atractivo muy interesante a la vista. Ésta pequeña galaxia es una diminuta mota de polvo difuminada y sin detalle alguno, con forma relativamente redondeada; sin embargo, si sabemos lo que realmente estamos viendo, conseguirá que nos quedemos pegados al ocular un buen rato.

NGC 5929

Falsa unión en Boyero (NGC 5857 y NGC 5859)

Boyero no es una constelación que se caracterice por un gran despliegue de objetos de cielo profundo, aunque podemos sorprendernos si indagamos un poco entre sus estrellas. Hoy vamos a hablar de dos galaxias que parecen tocarse, si bien en realidad se encuentran más alejadas entre sí:

Foto NGC 5857

Adam Block/Mount Lemmon SkyCenter/University of Arizona

NGC 5859 es la principal galaxia, mientras que NGC 5857 es la más pequeña de las dos. Ambas fueron descubiertas por William Herschel en 1788, y el desplazamiento al rojo las sitúa a unos 220 millones de años luz. Sin embargo, nuevas mediciones parecen situar a NGC 5859 algo más cerca, de manera que su aparente cercanía no sería más que un efecto de perspectiva. En efecto, no encontramos en estos objetos signos indirectos de estar interaccionando entre sí. NGC 5859 ha sido considerada clásicamente una espiral barrada, si bien dicha barra no se aprecia en fotografías actuales: supongo que el error se debe a que la zona central de la galaxia presenta una forma alargada que podría parecer una barra similar a la de NGC 672. Dos grandes brazos salen desde el núcleo brillante arremolinándose de manera pronunciada, con algunas regiones HII salpicadas aquí y allá. Su tamaño se estima en unos 120.000 años luz, bastante cerca de las dimensiones de nuestra propia galaxia. NGC 5857 es algo más pequeña, estimándose su diámetro de unos 100.000 años luz, y es otra galaxia espiral con halo extenso y difuso que podría ser indicativo de alguna pasada interacción. Lo que más llama mi atención de las fotografías de larga exposición es una mancha azulada cercana al núcleo que debe corresponder a una enorme región de formación estelar.

Visualmente tenemos que tener en cuenta que estas galaxias son débiles, con magnitudes de  12.5 y 13.1, y tienen un bajo brillo superficial. NGC 5859 alcanza los 3 minutos de arco en su eje mayor, apareciendo como una mancha alargada con una barra central más luminosa, entendiendo el motivo de su clasificación como espiral barrada. NGC 5857 es apenas una nube difusa y más pequeña que necesita visión lateral para verla con mayor facilidad. Aparece ligeramente elongada, de apenas un minuto de arco en su eje mayor. Es difícil ver estas dos galaxias y pensar que no están unidas por la gravedad.

NGC 5857

Secretos de la osezna (NGC 6217)

La Osa Menor esconde algunos secretos bien guardados que podemos abrir si tenemos la llave adecuada. Para distinguir el objeto de hoy puede ser suficiente con un pequeño telescopio de unos 10 cm, aunque para exprimir detalles necesitaremos una apertura mayor, motivo por el cual lo intenté hace unas semanas con el Dobson de 40 cm que instalamos en el Moral.

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NGC 6217 es una espléndida galaxia espiral con una prominente barra que también es conocida como Arp 185 (del catálogo de galaxias peculiares), en el apartado de galaxias con filamentos delgados. Efectivamente, en fotografías con suficiente exposición queda patente la presencia de unos finos y tenues brazos que rodean a la estructura principal de la galaxia, posible vestigio de pasadas interacciones intergalácticas. NGC 6217 se encuentra a una distancia que se estima entre 60 y 67 millones de años luz, comparable a la del Cúmulo de Virgo. Su tamaño apenas alcanza un tercio del de nuestra Vía Láctea, y sin embargo en fotografías reluce con gran fuerza gracias a una inmensa cantidad de detalles: cúmulos de azuladas estrellas y nubes rojizas pueblan sus retorcidos brazos espirales, la manifestación de un brote estelar que tuvo lugar hace menos de 10 millones de años. Su núcleo presenta una gran actividad, emitiendo un potente chorro de rayos X cuyo origen se debe a la presencia de un agujero negro supermasivo.

Distinguir NGC 6217 a través del telescopio no es difícil, como ya comentábamos, aunque desentrañar sus secretos ya es harina de otro costal. Sin embargo, cuando me asomé a través del Dobson de 40 cm ya pude notar que su superficie no era completamente regular. Brilla con una magnitud de entre 11 y 12, y cuando la observé su núcleo mostraba una disposición alargada, dejando entrever la prominente barra que caracteriza a esta galaxia. El halo que rodeaba a la barra formaba una nube de unos 3 minutos de arco de diámetro, y con visión periférica los detalles fueron aflorando. Una pequeña estrella compartía campo junto al núcleo de la galaxia, que aparecía redondeado y más brillante. En uno de los extremos la barra parecía girar bruscamente, dando lugar a uno de los retorcidos brazos de una manera que me recordaba a NGC 1300. Al otro lado no pude distinguir el origen del brazo, aunque sí pude apreciar la principal porción de éste que se disponía como la letra T, de manera perpendicular a la barra. Conforme pasaban los minutos mis ojos iban ordenando los fotones de la peculiar galaxia, conformando una imagen bastante parecida a la de las fotografías de larga exposición.

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Los brazos de Hércules (NGC 6207)

La disposición de los objetos celestes resulta relativamente arbitraria, y por ello no resulta infrecuente encontrar que un objeto eclipse a otro que ha ido a parar a sus inmediaciones. Es el caso de NGC 6207, una bonita galaxia que se encuentra bajo la sombra de la imponente y brillante M13.

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Crédito: fuente

Ambos objetos pueden verse en el mismo campo del ocular si usamos bajos aumentos, aunque poca gente disfruta con la presencia de esa pequeña mancha alargada cuando las mil estrellas del cúmulo globular reclaman (exigen) su atención. No en vano, su existencia pasó desapercibida hasta 1787, cuando los atentos ojos de William Herschel dieron con ella. NGC 6207 es una galaxia espiral con tres brazos que salen de su núcleo, visibles sin mayor problema gracias a su inclinación moderada. Están salpicados de regiones HII, lugares de candente formación estelar, aunque no tiene cerca otras galaxias que puedan haber estimulado esta proliferación. Su distancia varía enormemente según las fuentes consultadas, coincidiendo la mayoría en una distancia de entre 30 y 40 millones de años luz, aunque hay quien la sitúa mucho más allá, a unos 60 millones de años luz, en cuyo caso formaría parte de una estructura conocida como la Nube de Draco. Su núcleo parece ser excesivamente brillante, aunque el efecto se lo debemos nuevamente a una superposición casual, ya que una estrella de nuestra propia galaxia, de tipo espectral F, ocupa el centro de NGC 6207. En 2004 otra estrella “apareció” momentáneamente en su halo, una supernova que alcanzó la magnitud 15.7.

Foto NGC 6207

Con una magnitud de 11.6, NGC 6207 es visible incluso con telescopios de 10 cm de diámetro. Sin embargo, si queremos vislumbrar algunos de sus detalles tendremos que usar mayores aperturas y disfrutar de un buen cielo. Tiene una longitud de 3 minutos de arco y 1.1 minutos de ancho, y necesitaremos usar aumentos elevados para distinguir algo más que una mancha alargada. La observé con el Dobson de 40 cm del Moral y, tras disfrutarla a bajo aumento en el mismo campo que M13, decidí acercarme más, hasta llegar a los 450 aumentos que me proporcionaban el ocular Zoom Baader (de hasta 8 mm) y una barlow de x2. La galaxia se apreciaba con visión directa sin mayor problema, destacando su núcleo intruso, de aspecto estelar (nunca mejor dicho). Ya desde un primer momento pude notar que su superficie no era homogénea, y un mínimo de atención bastó para notar uno de sus brazos, retorciéndose hacia el este de forma difusa. Al otro lado destacaba una débil alineación fantasmagórica que correspondía al brazo opuesto, rico en regiones HII, que parecía flotar en el halo alargado de la galaxia. Sin duda, una visión para retener en la memoria y un recuerdo de que los actores secundarios pueden llegar a relucir con brillo propio.

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Una diminuta y lejana espiral (NGC 6068)

La Osa Menor es una gran desconocida en cuanto a objetos de cielo profundo, de forma que los únicos objetos “sonados” son el cúmulo abierto NGC 188 y la nebulosa planetaria IC 3568. Hoy vamos a añadir alguno más a esta escueta lista, un objeto cuyo aliciente es, además, que puede ser observado en cualquier momento del año, si bien es en estas noches cuando más provecho podemos sacarle. Lo observé con el Dobson de 40 cm que instalamos en el observatorio del Moral, es algo que hay que matizar porque, siendo objetivos, es un objeto pequeño y débil.

Foto NGC 6068

NGC 6068 es una galaxia espiral barrada que fue descubierta por William Herschel en 1801. Presenta dos prominentes brazos que se abren a lo largo de un halo alargado que alcanza los 3 minutos de arco de longitud. No se distinguen en fotografías de larga exposición condensaciones ni regiones HII, probablemente sea una galaxia bastante pobre en gas. Se encuentra lejos, a la considerable distancia de 300 millones de años luz, dato que nos ayuda a entender la dificultad de su observación. A su lado presenta una compañera aún más débil, conocida como NGC 6068A (o, si preferimos, MCG+13-11-017), una galaxia alargada de magnitud 14 que nos ofrece su perfil, apareciendo como una fantasmagórica franja luminosa, apenas perceptible con visión periférica. Sin embargo, el Dobson de 40 cm me sorprendió con NGC 6068, mostrándola inicialmente como una mancha difusa y alargada al lado de un grupo de cuatro estrellas más brillantes, entre las cuales se disponía, por cierto, su alargada compañera, en un segundo plano. El centro de NGC 6068 relucía con mayor intensidad y mostraba una franja destacada perpendicular al eje mayor, y fue tras varios minutos observando cuando uno de sus brazos se dejó ver sin gran dificultad, engrosado y muy débil, pero claramente visible. El brazo opuesto, más tenue, necesitó unos cuantos minutos más, pero finalmente se rindió a la persistencia. Dudo mucho que pudiera repetir esa misma observación con mi Dobson de 30 cm, y debo admitir que me sorprendió el nivel de detalle que podían suponer 10 cm de más (para que luego digan que el tamaño no importa). Sin embargo, la mayor sorpresa estaba aún por llegar…

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Emperatriz del norte, Polarissima Borealis

Hay nombres propios con encanto y nombres que describen a la perfección un objeto, y el que nos ocupa hoy cumple ambas características. Es un nombre que nos hace viajar a un septentrional y remoto lugar rodeado de nieve, e incluso nos hace entrever, allí al fondo en el cielo, la aurora boreal: se trata de Polarissima Borealis.

Polarissima borealis es una galaxia que cuenta con el honor de ser la más septentrional entre todas las galaxias del catálogo NGC y el IC (hay unas cuantas galaxias de magnitud superior a 17 que se encuentran más al norte, si bien su observación queda relegada a enormes telescopios). Hoy en día se encuentra a tan sólo 0.9 grados del Polo Norte Celeste, el lugar señalado si prolongásemos el eje de la tierra (del sur al norte) hacia el cielo, muy cerca de la estrella polar. Fue descubierta por John Herschel en 1831, cuya única descripción del objeto reza “Polarissima”: de ahí su llamativo y pintoresco nombre. Por lo demás, es una galaxia espiral que vemos de frente, con brazos extremadamente difusos que apenas se perciben en las mejores fotografías de larga exposición. Se encuentra a la considerable distancia de 303 millones de años luz y tiene un diámetro de unos 100.000 años luz, algo menos que nuestra Vía Láctea. Poco se ha estudiado sobre esta galaxia, destacando únicamente la presencia, en 2010, de una supernova que alcanzó la magnitud 17. Tiene una pequeña galaxia compañera de la que está separada unos 100.000 años luz, denominada PGC 36268 (su observación queda reservada para grandes aperturas).

El interés en esta galaxia radica exclusivamente en su posición en el cielo, de manera que no esperemos ver imponentes brazos espirales ni otros detalles. Con una magnitud de 14.1, nos tendremos que contentar con distinguirla en el cielo boreal, satisfechos por haber contemplado uno de los objetos más norteños de nuestro firmamento. Tiene tan sólo un minuto de arco de diámetro, por lo que tendremos que afinar la vista para verla y usar aumentos elevados para aumentar el contraste con el fondo del cielo. Aparecerá entonces como una diminuta mancha borrosa, redondeada y fantasmagórica, visible especialmente con visión lateral. En noches especialmente oscuras y telescopios grandes podemos aspirar a notar un núcleo más intenso, aunque nunca dejará de ser un lejano y borroso universo. No obstante, es un objeto que todo astrónomo debería ver al menos una vez en su vida.

NGC 3172