Con la fuerza de un solo brazo (NGC 7678)

Llega el otoño y volvemos a dirigir nuestra mirada al corazón de Pegaso, a un lugar aparentemente vacío que se oculta entre sus cuatro brillantes estrellas. En esta ocasión disfrutaremos de una de las galaxias del catálogo Arp de galaxias peculiares:

Foto NGC 7678

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Estamos hablando de NGC 7678, también conocida como Arp 28, un buen ejemplo del subgrupo de “galaxias espirales con un brazo prominente” en el que Halton Arp colocó a este objeto. No hay más que ver cualquier fotografía de larga exposición para entender el motivo que empujó al astrónomo a incluirla en su catálogo. Es una galaxia espiral cuyos brazos se arremolinan a su alrededor, destacando uno de ellos de mayor grosor y brillo. Su superficie moteada deja entrever numerosas condensaciones, regiones de formación estelar fruto, probablemente, de alguna colisión anterior entre distintas galaxias. Esta huella de interacción intergaláctica puede seguirse alrededor de NGC 7678, apreciándose un halo difuso e irregular similar a tantas otras galaxias que han sufrido encuentros en el pasado. Tres supernovas se han detectado en la galaxia durante los últimos 16 años, todas ellas situadas, curiosamente, en el lado opuesto al prominente brazo. NGC 7678 se encuentra a una distancia de entre 140 y 180 millones de años luz, y su tamaño se estima en poco más de 100.000 años luz, algo menor que la Vía Láctea.

Tiene una magnitud de 12.7 y un tamaño de unos 2.5 minutos de arco en su eje mayor. Al telescopio destaca, en primer lugar, como una mancha difusa cuyo centro, puntiforme, brilla con mayor intensidad. Se encuentra rodeada por tres estrellas que forman un llamativo triángulo isósceles, que servirán para delimitar su posición si el cielo no es lo suficientemente oscuro. Una vez  tengamos la vista bien adaptada y veamos la galaxia con facilidad será el momento de tratar de ver su brazo espiral. Tuve que dedicarle varios minutos usando visión lateral, descansando a menudo la vista para no forzarla demasiado, pero finalmente pude detectar ese tenue detalle, como una fantasmagórica línea que aparecía y desaparecía ante mis ojos. Su buena posición estas noches de otoño, alta en el cielo poco después de anochecer, hace que merezca la pena hacerle una visita: NGC 7678 es, probablemente, una de las galaxias más lejanas que es capaz de mostrar parte de su estructura a tanta distancia de nosotros.

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Principio y fin de un catálogo (grupo de NGC 3)

El catálogo NGC (New General Catalogue) es uno de los principales recursos para el astrónomo aficionado, una enorme fuente de datos con objetos de todo tipo, la mayoría de ellos al alcance de telescopios de apertura media bajo cielos oscuros. Fue compilado por Johan Ludvig Emil Dreyer a finales del siglo XIX, basado sobretodo en observaciones de William Herschel y su hijo. Cuando uno comienza en esta afición suele mirar los objetos del catálogo NGC con cierta sensación de miedo, como si estuvieran fuera de sus posibilidades, pero nada más lejos de la realidad: un gran número de estos objetos pueden verse con prismáticos, e incluso algunos son visibles a simple vista (como el Cúmulo Doble de Perseo, la Roseta o NGC 6231 en Escorpio).

Hoy presentamos un grupo de objetos especialmente interesante, no en su aspecto visual, sino porque conforman las últimas entradas del catálogo NGC y algunas de las primeras. Dicho en otras palabras, vamos a observar a NGC 3 y a NGC 4 en el mismo campo que NGC 7834, 7835, 7837, 7838 y 7840. Se encuentran en la constelación de Piscis, cerca de NGC 100 y de NGC 7814.

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La más brillante de ellas es NGC 3, una galaxia lenticular de magnitud 13.3: le sigue NGC 7834, una espiral de magnitud 14.3, ambas a una distancia similar de unos 200 millones de años luz. El resto de galaxias se sitúan mucho más allá, a unos 500 millones de años luz, por lo que también es de esperar que su brillo sea menor. NGC 7838 es una espiral de magnitud 14.6 que se encuentra extremadamente cerca de la pequeña y débil (magnitud 15.8) NGC 7837. Entre ellas apenas distan 0.6 minutos de arco y resolverlas será bastante complicado, siempre y cuando podamos distinguir a la escurridiza NGC 7837. NGC 4 es la más débil de este grupo de galaxias, brillando con una tímida magnitud de 15.9.

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NGC 7840 supone un tenue final de este catálogo, es una misteriosa y apagada galaxia espiral de tonalidad azulada que se deja ver con una magnitud de 15.2. Todas estas galaxias no serán más que borrones difusos y sin forma definida, oscuras manchas en un lugar del cielo donde ni siquiera brillan las estrellas, pero la posición que ocupan en un catálogo les da un aire distinto. Todos esos lejanos mundos comparten un lugar distante y a la vez cercano en una lista de objetos que una especie de seres vivos usa como referencia a la hora de observar el cielo desde un pequeño y azulado planeta que orbita una estrella amarillenta, una más del montón: y eso hace que esas manchas sean especiales.

NGC 3 detalles

Las galaxias Taffy

Descubrí estas interesantes galaxias ojeando el atlas y viendo que tenían un nombre propio: Taffy… Instantáneamente captó mi atención y me encontré con un sistema de galaxias verdaderamente llamativo.

Foto Taffy

También conocidas como UGC 12914 y UGC 12915, las galaxias Taffy son dos galaxias situadas en la constelación de Pegaso a casi 200 millones de años luz. Allí, alejadas de grandes agrupaciones galácticas, estas dos espirales están interaccionando entre sí en un baile de proporciones cósmicas. Su último acercamiento fue hace 20 millones de años, y como consecuencia, un puente de gas se interpone entre ellas, como si no quisieran separarse del todo (algo que no va a ocurrir, puesto que ambas galaxias están abocadas a coalescer y formar una gran galaxia  elíptica). El conjunto emite una gran cantidad de ondas de radio, aunque la mitad de este tipo de radiación se distribuye en el puente de hidrógeno que separa las dos galaxias. En este puente reside una importante región HII que brilla intensamente en rayos X, fruto de la acción de jóvenes y masivas estrellas que estimulan el gas circundante. En UGC 12914 se ha encontrado un anillo de estrellas que destaca junto al núcleo, formado a raíz de un impacto a gran velocidad, lo cual no hace nada más que confirmar el encuentro entre las dos galaxias. UGC 12915 es una importante fuente de radiación infrarroja, señal inequívoca de un brusco brote estelar propiciado por la interacción.

Que la denominación de estas galaxias no nos impida disfrutarlas ya que, a pesar de pertenecer al catálogo UGC, su brillo es relativamente alto. UGC 12914, la más brillante de las dos, tiene una magnitud de 13.2, mientras UGC 12915 es de magnitud 13.9, ambas al alcance modestos telescopios bajo un cielo oscuro. Tienen un tamaño de unos dos minutos de arco, de manera que son visibles incluso a bajo aumento. Con el Dobson de 40 cm no tuve ningún problema para distinguir su recortada silueta contra el negro del cielo. Usé elevados aumentos, forzando el telescopio hasta unos considerables 562 aumentos, para distinguir algunos detalles más. UGC 12914, algo más pequeña, aparecía como una franja luminosa de brillo uniforme. Sin embargo, en UGC 12915 era fácil apreciar su núcleo brillante y puntiforme. Hacia el sur podía adivinar ota región algo más brillante, y en dicho extremo se curvaba ligeramente hacia su compañera, recordándome  a la pareja formada por NGC 4485 y NGC 4490 en Canes Venatici. Las galaxias Taffy son, sin duda, un espectáculo que merecería ser visitado  más a menudo.

Taffy

 

El Supercúmulo de Perseo-Piscis (1ª parte)

Hace meses nos sumergimos en el estudio del Cúmulo de Perseo, observando la enorme fuente de rayos X que se situaba en NGC 1275, y vimos la gran cantidad de galaxias que se pueden contemplar en el mismo campo del ocular. Hoy vamos a dar un paso más, y no es algo precisamente sencillo así que dedicaremos varias entradas a ello. La idea es completar un trozo de nuestro mapa mental del universo con una de las estructuras más grandes que podemos observar desde nuestro humilde observatorio, una estructura que hace empalidecer al propio Cúmulo de Virgo. Anteriormente introducíamos el concepto de la Gran Muralla, una estructura a gran escala que englobaba los Supercúmulos de Coma-Leo y Hércules, situados a unos 300 millones de años luz de distancia. Hoy vamos a estudiar el mayor supercúmulo que tenemos a “corto alcance”, que se encuentra en dirección contraria y se denomina Supercúmulo de Perseo-Piscis. Ya conocemos uno de sus extremos visibles, porque corresponde a Abell 426, el Cúmulo de Perseo, mientras que el otro extremo se introduce en la constelación de Piscis, atravesando gran parte del cielo otoñal. En la zona de Perseo nuestra propia Vía Láctea dificulta el estudio de sus galaxias tras la gran cantidad de polvo y materia de sus brazos, por lo que es probable que continúe más allá de Abell 426. Se estima que esta familia tiene una extensión de unos 350 millones de años luz, una verdadera muralla, ya que el supercúmulo tiene una estructura extremadamente fina, salpicada con algunos grandes cúmulos y grupos galácticos que parecen perlas engarzadas en un velo alargado. En la siguiente imagen podemos encontrar este Supercúmulo en el cuadrante derecho-superior, apareciendo como esa hilera formada por multitud de puntos negros.

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Recientemente ha comenzado a estar en boca de todo el mundo el término Laniakea, que, según estudios recientes, correspondería a una gran agrupación de galaxias de la cual formamos parte. Englobaría, según los datos del movimiento de las galaxias cercanas, al Supercúmulo de Virgo (al cual pertenecemos), el Supercúmulo de Hidra-Centauro y el Supercúmulo del Centauro, entre otros, y se encontraría totalmente enfrentado al Supercúmulo de Perseo-Piscis, el que nos ocupa hoy. Ambos supercúmulos parecen situarse de una forma relativamente simétrica, como podemos comprobar en la siguiente imagen:

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Cada uno de ellos está compuesto de numerosos filamentos formados por galaxias, con zonas más engrosadas que corresponden a los grandes cúmulos, donde más abundan estos “ladrillos” cósmicos. Colindante con el Supercúmulo de Perseo-Piscis tenemos uno de los más impresionantes Vacíos del universo, conocido como el Vacío de Tauro, pero hablaremos de él en la siguiente entrada. Tras esta introducción vamos a ir presentando a algunas valientes que conforman el extremo oriental de esta metrópolis galáctica, y poco a poco iremos dando paso a los grandes grupos que predominan al otro lado.

Comenzamos por NGC 7515, una solitaria galaxia que se sitúa en Pegaso, muy cerca de Markab (alfa Pegasi). Podemos aprovechar esta visita para ojear de nuevo a NGC 7479, la bonita galaxia espiral que nos embelesará con sus brazos si la noche es propicia. Una vez que apuntemos a NGC 7515 lo que más llamará nuestra atención será un bonito sistema binario con dos estrellas que parecen gemelas, blanquecinas, de magnitud 9.9 y una cómoda separación de 26 segundos de arco. Allí, muy cerca, podremos distinguir una tenue nubecilla, pequeña y redondeada. Ningún detalle puede apreciarse en su superficie, ni siquiera a 214 aumentos y con una adaptación más que suficiente. Es de magnitud 12.5 y se encuentra a unos 210 millones de años luz. Si miramos directamente parece desvanecerse poco a poco, aunque con visión lateral es un objeto más sencillo. Tendremos que acostumbrarnos a este comedido brillo superficial, ya que es el que caracteriza a la mayoría de galaxias del Supercúmulo de Perseo-Piscis. NGC 7515 es una galaxia espiral que vemos de frente, una espiral de tipo Sc con unos bonitos brazos bastante simétricos y uniformes, con algunas condensaciones azuladas que nos enseñan que en el supercúmulo vecino también están naciendo estrellas, al igual que ocurre en “nuestro barrio”.

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Para ver el siguiente objetivo, NGC 7831, vamos a ir a Andrómeda, al lado opuesto del cuadrilátero del Pegaso, cerca de Alpha Andromedae, más conocida como Alpheratz. Esta galaxia es una espiral vista de canto, ofreciendo a nuestra vista una imagen bastante más atractiva. Situada algo más lejos, a 235 millones de años luz, posee una magnitud visual de 12.8, pero su brillo superficial es mayor, ya que su luz se dispone en un espacio de 1.7 x 0.4 minutos de arco. Es relativamente grande en términos absolutos, con unos 115.000 años luz de diámetro, y lidera un pequeño grupo de galaxias al que da nombre, y cuyos componentes, más débiles, podemos intentar cazar si nada nos lo impide. Sus principales galaxias compañeras son NGC 7805, NGC 7806, NGC 7819 y NGC 7836. NGC 7831 aparece al ocular como una delicada mancha alargada, junto a dos débiles estrellas, muy fina y relativamente fácil de ver. No hace falta distinguir sus brazos para adivinar su verdadera naturaleza, y es que estas galaxias de canto tienen una gracia característica que hace posible su detección en cuanto se vislumbran al ocular.

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Para terminar este capítulo vamos a ver un trío de galaxias en el que destaca, en el centro, NGC 315, una lejana elíptica que se encuentra a 230 millones de años luz. Es una enorme galaxia que presenta dos prominentes jets bipolares que se pueden apreciar intensamente en ondas de radio. Su origen y estructura parece similar al de M87, que podemos recordar en esta entrada, si bien en este caso se nos muestra completamente de perfil. El causante, escondido en el interior de la galaxia, es un agujero negro supermasivo del cual no conocemos gran cosa. Para tomar conciencia de la increíble longitud de este chorro de energía imaginemos la distancia que nos separa de la Galaxia de Andrómeda, unos 2.5 millones de años luz. Pues bien, el jet de NGC 315 mide, de un extremo a otro, más de 3.5 millones de años luz… Es, sin duda, uno de los objetos más grandes detectados jamás, y cataloga a la galaxia como “radiogalaxia gigante”.

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NGC 315 es fácil de ver bajo un cielo oscuro, con una magnitud de 11.2 según algunas fuentes, y presenta una forma esférica relativamente brillante, apreciable incluso con visión directa. No son tan sencillas sus compañeras, NGC 311 y NGC 318, que la flanquean a apenas 5 minutos de distancia cada una. La primera tiene una magnitud de 13 y es una espiral con cierto ángulo de inclinación con respecto a nosotros, no mostrando ningún detalle ni en fotografías de larga exposición. NGC 318 es la más débil del trío, con una magnitud que ronda la 15 y unas dimensiones de apenas 0.3 x 0.5 minutos de arco. Es una galaxia cuya estructura no se ha definido con precisión, pudiendo ser de tipo lenticular o espiral barrada. Cualquier fotografía puede dar fe de ello, mostrando una pequeña esfera algo alargada y de núcleo brillante, con dos prolongaciones axiales que bien podrían ser atisbos de una barra central o parte de un disco de estrellas que vemos desde el ecuador. Lo cierto es que visualizarla no será todo lo fácil que nos gustaría, necesitando varios minutos de adaptación y visión periférica, así como paciencia y conocer previamente su situación exacta. No obstante, los breves y débiles destellos que nos llegan de ella ayudan a formar, junto a sus compañeras más brillantes, un interesante marco cósmico. Nos vamos adentrando poco a poco en la región septentrional de Andrómeda, una zona en la que el Supercúmulo de Perseo-Piscis nos aguarda con su mejor arsenal y sus grandes familias galácticas.

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La delgada línea oscura (NGC 7814)

La constelación de Pegaso alcanza estas noches el cenit poco después de la puesta de sol, momento idóneo para intentar cazar algunas de sus muchas galaxias. Hoy vamos a ver una especialmente interesante, tanto que entró a formar parte del catálogo Caldwell con el número 43 y recibe el sugerente nombre de “la pequeña Galaxia del Sombrero”, debido a su parecido con la famosa M104.

Estamos hablando de NGC 7814, una pequeña galaxia que podemos localizar a 2 grados y medio de Algenib, Gamma Pegasi, uno de los vértices del cuadrilátero de Pegaso. Con una distancia estimada entre 45 y 50 millones de años luz, pertenece al conocido como Ramal de Pegaso, un grupo de unas 35 galaxias que comparten vecindario cósmico, de la misma manera que la Vïa Láctea y M31 forman parte del Grupo Local. NGC 7814 es una galaxia espiral de tipo Sa, es decir, de forma relativamente esférica y de brazos uniformemente circulares. Su inclinación pone en evidencia su característica más peculiar, esa llamativa banda oscura de polvo que le ha valido su apodo. De hecho, la galaxia tiene tanto gas y polvo que sufre una importante extinción, bloqueando sus regiones más brillantes a nuestra vista y dificultando la visualización de sus regiones internas. Pero no todo está perdido, ya que tenemos la suerte de que el polvo es transparente a la longitud de onda del infrarrojo cercano. Es decir, si disponemos de un instrumento capaz de detectar esta longitud de onda, podemos aventurarnos en el corazón de esta galaxia, y de esa manera conocer su estructura y algunas interesantes características.

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NGC 7814 es, podríamos decir, un clon de M104, con su mismo diámetro (unos 80.000 años luz) y una estructura muy similar. La principal diferencia, apreciable a simple vista, es su distancia, ya que M104 se encuentra a mitad de camino, a unos 24 millones de años luz. NGC 7814 posee un bulbo extremadamente prominente, que lo asemeja en cierta forma a una galaxia lenticular. La gran banda oscura que lo rodea presenta una leve inclinación que permite seguirla en toda su extensión en la siguiente fotografía tomada por Ken Crawford, del observatorio Rancho del Sol:

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Crédito: Ken Crawford, Observatorio Rancho del Sol

Podemos comprobar que dicha banda de polvo presenta cierta curvatura sobre el plano horizontal, fruto de la interacción con otra galaxia en un pasado relativamente remoto. Podemos ver, así mismo, una pequeña galaxia extremadamente débil justo por debajo de NGC 7814, una probable galaxia satélite que acabará siendo engullida próximamente.

Localizar a NGC 7814 es extremadamente sencillo, como hemos dicho, a partir de Algenib, desplazándonos de estrella en estrella hasta encontrar esta difusa mancha. De entrada, a bajo aumento, aparece como una débil nubecilla en la que destaca principalmente su núcleo y un halo redondeado y brillante que corresponde al prominente bulbo. El campo circundante no estaba especialmente poblado, pero conforme pasaban los minutos el ojo iba captando más estrellas diminutas al borde del límite de visión, y fue entonces cuando comencé a pensar que sería capaz de vislumbrar su banda de polvo. Decidí usar mayores aumentos, probando a 214 con el ocular de 7 mm. Aunque el seeing no era perfecto, decidí intentarlo con paciencia, usando visión periférica… Hubo un momento en el que incluso me levanté de la silla y empecé a dar vueltas por la explanada, de manera que cuando llegué al ocular me encontraba más relajado y pude cazar, durante una fracción de segundo, la esquiva banda oscura. Muy débil, realmente la solución pasó por comprender que el halo era mayor de lo que parecía, extendiéndose hacia ambos lados de manera muy débil, y una vez detectado ese débil resplandor la línea oscura aparecía inmersa en él. Varios intentos más me mostraron de nuevo la banda, aunque cerca del núcleo el brillo de la galaxia impedía verla con claridad, por lo que sólo era detectable a un minuto de distancia del núcleo. Luego probé de nuevo a observar a 115 aumentos y, una vez tomada la referencia, me fue más sencillo ver la finísima línea que ocupaba el ecuador de la galaxia. Era la tercera noche que intentaba ver la banda, lo cual demuestra que la astronomía es una afición en la que de nada sirve ir con prisas. Tenemos la suerte de que estos objetos van a estar ahí durante toda nuestra vida, así que aprovechemos para disfrutar de ellos poco a poco, exprimiéndolos a nuestro propio ritmo.

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El final de las estrellas (NGC 7094 y Jones 1)

Las nebulosas planetarias tienen algo que nos fascina, quizás sea el hecho de poder contemplar una estrella despidiéndose, o conocer de primera mano cómo acabará sus días nuestro sol… Incluso las más pequeñas tienen algo de mágico, una pequeña esfera entre tanta estrella puntual, y resulta estimulante imaginar cómo sería su visión desde unos pocos años luz de distancia si pudiéramos viajar hasta ella. Hay una inmensa variedad en cuanto a forma, tamaño e incluso color, y todas ellas tienen un origen similar, comenzando el proceso cuando la estrella tiene unos cuantos miles de millones de años.

La estrella ha consumido el hidrógeno, su principal fuente de combustible, por lo que la gravedad gana terreno y comienza a contraer todo su volumen. Este colapso aumenta la densidad y, con ello, la temperatura, por lo que la fusión de hidrógeno se reactiva en las capas externas de la estrella y su atmósfera crece enormemente, convirtiéndose en una gigante roja. Al mismo tiempo, el aumento de la temperatura condiciona que, en el núcleo, el helio se pueda fusionar y dar lugar a oxígeno y carbono, elementos inservibles para una estrella de masa media (menor de 8 masas solares). El helio es un elemento bastante sensible a la temperatura, por lo que pequeños cambios de temperatura originan importantes aumentos en la intensidad de sus reacciones nucleares. Esto deriva en que la estrella comienza a emitir pulsaciones de energía, fuertes latidos que producen, paulatinamente, la expulsión de sus capas más externas de gas, formando una envoltura que recibe el nombre de nebulosa planetaria. Cuando la estrella pierde suficientes capas de su atmósfera deja en evidencia al brillante núcleo, que ha pasado a denominarse “enana blanca”, y su radiación ioniza los átomos de la envoltura gaseosa, que emite luz propia, fotones que llegan a nuestros telescopios y nos permiten maravillarnos con este interesante proceso. Proceso, además, extremadamente rápido, al menos en términos astronómicos, ya que la fase de nebulosa planetaria dura unos 10.000 años, tras los cuales el gas queda dispersa por el espacio, con una mínima densidad, y la estrella central, la enana blanca, se convierte en un silencioso espectador del cosmos que, poco a poco, se irá apagando en un completo anonimato.

Hoy vamos a ilustrar esta fase de la vida de una estrella con dos interesantes objetos que se encuentran en Pegaso. Esta constelación es famosa, principalmente, por sus numerosas galaxias, por lo que se agradece poder disfrutar en ella de dos nebulosas planetarias. La primera, la más pequeña, es NGC 7094, una esfera filamentosa situada a unos 5500 años luz de distancia, que comparte cielo muy cerca de M15, por lo que podemos aprovechar para observar el cúmulo globular de paso. NGC 7094 puede parecer una nebulosa relativamente normal, pero lo cierto es que muestra algunas características que la hacen especial. Su estrella central pertenece a una categoría denominada “estrellas PG 1159”, estrellas con altas concentraciones de helio, carbono y oxígeno, pero deficientes en hidrógeno, que representan un breve episodio de transición entre la estrella central de una nebulosa planetaria y una enana blanca que ha perdido su envoltura. Por lo tanto, NGC 7094 es una planetaria en vías de extinción, y su estrella, aunque brilla con una magnitud de 13, está apagándose a gran velocidad. El astro pertenece, concretamente, a un subtipo conocido como “estrella PG 1159 híbrida”, ya que muestra en su espectro líneas de Balmer correspondientes al hidrógeno. Sólo hay tres objetos que cumplen estos requisitos (siendo los restantes Sh2-68 y Abell 43, que veremos en otra ocasión) y las causas de su composición no se conocen bien aún. Estudiando NGC 7094 se ha encontrado la presencia de fuertes vientos estelares que pueden estar haciendo que pierda masa a una velocidad relativamente alta, así como una pequeña variabilidad de brillo y temperatura que podrían corresponder a los últimos esfuerzos de la estrella por mantener su compostura.

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Crédito: CHART32

Con un diámetro de 1 minuto y medio de arco, no es difícil de encontrar si disponemos de un mapa detallado, ya que a bajo aumento se distingue sin problema su estrella central, de magnitud 13, en un campo relativamente poblado teniendo en cuenta la zona del cielo en la que nos encontramos. La magnitud de la nebulosa se ha estimado en 13.7, pero su pequeño diámetro hace que podemos verla sin problema si usamos aumentos adecuados. En mi caso, con el Dobson de 30 cm, la mejor visión la obtuve a 214 aumentos, apareciendo la nebulosa como una pequeña esfera bien definida, con la estrella causante justo en el centro. El filtro OIII mejoraba mínimamente la imagen en detrimento de las estrellas, así que decidí disfrutar de ella sin más cristales de por medio (cuando el cielo es bueno, el uso de filtros se reduce muchísimo). Mirando el paisaje celeste que aparecía ante el ocular no podía dejar de maravillarme pensando que esa diminuta estrella, embebida en la nube de gas, dejaría de brillar en lo que dura un suspiro, mostrando una vez más que el cielo no es un cuadro indeleble, sino un lugar en constante movimiento y actividad.

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La segunda planetaria de la noche resultó ser una sorpresa mayúscula. Ya de entrada su nombre nos pone sobre aviso, ya que Jones 1 no es un nombre que relacionemos automáticamente con un objeto celeste. Dicho nombre hace referencia Rebecca Jones, la astrónoma que la descubrió en 1941. Se encuentra más cerca que la anterior, a 2300 años luz de distancia, por lo que su tamaño también es mayor, sobrepasando los 5 minutos de arco de diámetro. A la distancia estimada obtenemos un tamaño real de unos 3.5 años luz, convirtiéndose así Jones 1 en una de las mayores nebulosas planetarias conocidas. Hay varias estimaciones en cuanto a su magnitud visual, variando entre 13 y 15, si bien lo cierto es que presenta un brillo superficial extremadamente bajo. Su estrella central, de magnitud 16, se escapa en este caso a nuestro telescopio, aunque con mayor abertura y mejores cielos no debe ser muy complicada de ver.

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T.A. Rector/Univ.Alaska Anchorage, H. Schweiker/NOAO/AURA/NSF

Tiene una forma peculiar, esferoidal, aunque sus bordes son algo irregulares y engrosados en forma de letra C. Destaca en la imagen anterior una zona anaranjada justo bajo la planetaria que corresponde a una masa de hidrógeno, más bien característica de las zonas de formación estelar, por lo que es independiente de Jones 1. No podemos negar, sin embargo, que produce un llamativo contraste de color. Al telescopio, pude apreciar la nebulosa planetaria con el Hyperion de 13 mm, a 115 aumentos, como una nube informe y extremadamente tenue, tan sólo visible cuando movía ligeramente el tubo. Sin embargo el filtro OIII en este caso sí aportó una importante mejoría, apareciendo, como por arte de magia, una nubecilla de forma levemente ovalada. No pude ver ninguna estrella en su interior, tampoco contaba con ello, pero lo que sí pude apreciar fueron sus dos arcos más brillantes, situados en bordes opuestos, sobre todo con visión periférica. Aunque seguía siendo débil, conforme pasaban los minutos la veía con mayor facilidad, sorprendido por esa estructura de la que hace gala en las fotografías de larga exposición y preguntándome cómo no había oído hablar de ella con anterioridad. Por muchas noches que haya estado alguien bajo las estrellas y por muchos objetos que haya visto, siempre se pueden encontrar maravillas escondidas que requieren una búsqueda algo más intrincada. El resultado siempre merece la pena.

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El comienzo de un catálogo (NGC 1 y NGC 2)

En 1786 William Herschel publicó la primera versión de su General Catalogue, el primer gran catálogo en el que aunó una gran variedad de objetos celestes. Un siglo después,  el astrónomo John Louis Emil Dreyer se propuso la tarea de completar el mencionado catálogo con algunos objetos más, y la Sociedad Real de Astronomía le animó a publicarlo como un catálogo nuevo en vez de una ampliación. Nació así el New General Catalogue, publicado en 1888, una inmensa lista de 7840 objetos dispersos por toda la bóveda celeste, cada uno acompañado de su localización y una breve descripción. Después del catálogo Messier, el NGC es el más socorrido por los aficionados, y su gran variedad de objetos puede proporcionar innumerables horas de disfrute. El neófito puede verlo, al principio, como un paso demasiado grande en su práctica, pensando que sus objetos son débiles y difíciles de encontrar, pero nada más lejos de la realidad: entre los objetos del NGC encontramos verdaderas maravillas al alcance de unos modestos prismáticos, desde grandes galaxias como NGC 2403 a nebulosas como la Roseta, pasando por un sinfín de cúmulos abiertos y globulares perfectamente asequibles a la mayoría de instrumentos.

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Hoy vamos a ver las dos entradas que abren este catálogo, que sigue un orden según su ascensión recta, de manera que a finales del siglo XIX, los objetos de menor ascensión recta eran NGC 1 y NGC 2. Hoy en día, debido al movimiento de precesión de la Tierra, hay al menos 30 objetos con una menor ascensión recta, pero estas dos galaxias tienen el mérito de haber inaugurado el catálogo. Para hacernos una idea, cuando miramos un atlas, el orden de los objetos en el NGC va “de derecha a izquierda”. Esto sirve para que, con un poco de práctica, podamos ubicar los objetos según su posición, de manera que si alguien nos pregunta por NGC 6452 podemos no saber a qué objeto se refiere, pero nos suena que la mayoría de “seismiles” que conocemos rondan las constelaciones veraniegas del Cisne, Lyra, Hércules, Sagitario… Por lo que probablemente el objeto se encuentre en esa franja celeste (la altura ya no podemos saberla por el número del catálogo, puede ser un objeto situado completamente al sur o al norte, pero por lo menos sabemos si pertenece al cielo de verano o al de invierno). Una vez que lo busquemos podremos comprobar que NGC 6452 es una galaxia perteneciente a la constelación Hércules, por lo que no estábamos tan desencaminados.

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Tras este preludio sobre el célebre catálogo vamos a viajar a la constelación de Pegaso para visitar a NGC 1 y NGC 2, dos galaxias cuyo principal interés radica en su posición numérica y, por tanto, su relevancia histórica. Se sitúan muy cerca de Alpheratz, peculiar estrella que pertenece tanto a Andrómeda (su estrella alpha) como a Pegaso (Delta Pegasi), formando parte del famoso cuadrilátero de otoño. Pertenece a un grupo de estrellas conocidas como estrellas de mercurio-manganeso, que presentan una concentración atmosférica extrañamente elevada de dichos elementos, así como escasez de otros más comunes. Son estrellas con una velocidad de rotación lenta, especialmente estables, situación que probablemente facilite su composición química. Esta distribución heterogénea parece deberse a que la gravedad provoca el hundimiento de determinados elementos, mientras que la fuerza de radiación saca a la atmósfera a otros distintos, hecho que quizás tenga que ver con la presencia de una compañera estelar (la mayoría de estas estrellas son binarias). Nos quedan tantas cosas por conocer… A apenas grado y medio de Alpheratz está NGC 1, una galaxia espiral cuya distancia se estima entre 190 y 220 millones de años luz. Tiene un diámetro de unos 130.000 años luz y sus brazos, ovalados, se encuentran salpicados por numerosas regiones azuladas, cúmulos de jóvenes estrellas que se juntan en asociaciones estelares. Tiene una magnitud de 13.65, aunque su pequeño tamaño hace que no sea excesivamente difícil su observación. No nos será tan fácil su compañera, NGC 2, a menos de 2 minutos de distancia, otra galaxia espiral  que aparece casi en contacto con la anterior. Pero no nos dejemos engañar, ya que se encuentra mucho más lejos, a unos respetables 350 millones de años luz de distancia, por lo que su contacto es simple efecto de perspectiva. Es una espiral barrada de magnitud 14.2, bastante más tenue que su compañera, y si el cielo es oscuro la veremos como una débil mancha alargada, más clara si usamos visión periférica, aunque ningún detalle queda visible en estos mundos tan lejanos. Demasiado que podamos verlos usando dos pequeños espejos colocados en el interior de un tubo vacío. A bajo aumento apenas destacaban sobre el fondo, pero al usar el Cronus de 7 mm, con 214 aumentos, ambas nubecillas quedaron más definidas, como dos lejanas y solitarias hermanas.

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