El fantasma de Andrómeda (NGC 7640)

Cuando alguien pregunta por objetos de Andrómeda la contestación, casi unánime, hará referencia a M31; algunos pueden mencionar a NGC 7662, NGC 404, Mirach… Pero hay una galaxia que pasa desapercibida al lado de los anteriores objetos, una galaxia que se encuentra a menos de 4 grados de NGC 7662, la Bola de nieve azul.

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Estamos hablando de NGC 7640, una galaxia espiral que fue descubierta por William Herschel en 1786. Distintos métodos han estimado distancias ligeramente discrepantes, aunque todos ellos la en torno a 30 millones de años luz. Presenta una barra central difícil de apreciar debido al ángulo de la galaxia, con dos prominentes brazos que se retuercen a su alrededor, plagados de grandes estrellas azules y regiones de formación estelar. A medida que se alejan del núcleo, los brazos se van dispersando y mostrando irregularidades, abriéndose en uno de los extremos como si formara un bucle, algo similar a lo que podíamos observar en NGC 55, NGC 247 o NGC 7606, por poner algunos ejemplos. Por delante de su núcleo se aprecia una franja de polvo oscuro, una muestra más de su considerable actividad proliferativa.

Su diámetro se estima en unos 78.000 años luz, algo más de la mitad que nuestra galaxia, y en nuestros telescopios llega a medir unos 10 minutos de arco. Su anchura es de dos minutos de arco, por lo que hablamos de una galaxia considerablemente elongada. Su magnitud, de 11.6, la pone al alcance de pequeños telescopios si el cielo es lo suficientemente oscuro. No obstante, su brillo superficial es reducido, de manera que tendremos que esperar a que nuestros ojos se adapten a la oscuridad. Aparece a bajo aumento como una mancha alargada que se sitúa en el centro de tres estrellas más brillantes. El núcleo destaca ligeramente sobre el resto de la galaxia, con una forma ovalada, de un minuto de arco de diámetro. Con paciencia podemos distinguir una pequeña estrella de magnitud 14 que se sitúa fuera de esta región central, en una de las alas de esta tenue galaxia, así como otra que acompaña a uno de los vértices del triángulo. No es de los objetos más espectaculares que podemos observar, pero siempre se agradece poder contemplar esos fotones tan lejanos que se muestran como algo más que un reflejo apenas visible y sin forma.

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Color esmeralda (IC 289)

El objeto que nos ocupa pertenece a la constelación de Casiopea, si bien se sitúa extremadamente cerca de la Jirafa, tanto que la mejor estrella que podemos tomar como referencia para encontrarlo es CS Cam, una supergigante blanco-azulada que se encuentra a 2.000 años luz de distancia (y que, por cierto, acabará sus días en forma de una brillante supernova). En la siguiente fotografía podemos apreciar nuestro destino de hoy:

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Se trata de IC 289, una bonita nebulosa planetaria que dista de nosotros unos 4.200 años luz y que fue descubierta por Lewis Swift en 1888. En la imagen del Hubble podemos apreciar que tiene dos capas claramente distintas, una interna más brillante y un halo exterior redondeado y tenue. La región externa representa una de las primeras “exhalaciones” de la estrella, mientras que el óvalo interno fue expulsado a posteriori, destacando en este una especie de protuberancia que parece una burbuja a punto de escapar. Llama la atención la intensa tonalidad verdosa que domina la imagen, lo cual es debido a la presencia de oxígeno ionizado. Este tipo de gas ya se detectó en 1860 mediante espectroscopia, pensándose que sus líneas de emisión indicaban la presencia de un nuevo elemento químico. Sin embargo, poco después se llegó a la conclusión de que el gas no era otro que el oxígeno, que debido a la intensa radiación ultravioleta de la estrella central se ionizaba, emitiendo luz en una longitud de onda determinada, en torno a los 500 nm. La radiación de esta longitud de onda impregna nuestra retina y nos hace percibirla de color verde, y de ahí que IC 289, como tantas otras nebulosas planetarias, sea tan brillante en esta tonalidad. El filtro OIII, por cierto, es restrictivo para la mayoría de la radiación excepto para la longitud de onda en torno a los 500 nm, motivo por el cual las planetarias parecen resucitar cuando usamos este tipo de filtros.

Cuando apuntemos nuestros telescopios a IC 289 no seremos capaces de admirar el espectáculo que nos ofrece la primera fotografía, pero aun así esta nebulosa no deja de ser un interesante objeto. Presenta un diámetro de unos 35 segundos de arco y una magnitud en torno a 13, por lo cual necesitaremos cielos oscuros y aperturas de al menos 20 cm. Con mi Dobson de 30 cm, una vez encontrada su ubicación, no fui capaz de distinguir ningún atisbo de luz nebulosa, tan sólo un campo de estrellas en la que destacaba BD +60 0631, un astro de la décima magnitud. Por momentos, tras varios minutos de adaptación me parecía notar algo raro  allí donde debería estar la pequeña nube, y entonces me decidí a probar el filtro OIII, apareciendo la planetaria ante mí como por arte de magia. Se dejaba ver como una tenue esfera fantasmal que desaparecía rápidamente con visión directa. No llegué a ver la estrella central, extremadamente débil incluso para telescopios de gran apertura, pero este tipo de objetos tiene algo especial, aunque no muestren más que una lejana y etérea nube a nuestros ojos: probablemente se deba a que nos enseñan que el universo no es un lienzo inerte sino un hervidero rebosante de vida; vida que, como todo, debe terminar algún día.

IC 289

De familias de ballenas y ondas de radio (Abell 194)

Dirigimos en esta ocasión nuestra mirada a la meridional constelación de Cetus, la ballena, el monstruo que a punto estuvo de devorar a Andrómeda. Allí, entre las principales estrellas de la constelación y Piscis podremos encontrar un lejano cúmulo de galaxias que puede darnos grandes satisfacciones si observamos desde un lugar bien oscuro. Se trata de Abell 194, un cúmulo formado por un centenar de galaxias que se encuentran a unos 265 millones de años luz de distancia (se alejan de nosotros a unos 5.400 km por segundo) y se dispersan por un área de unos 4 grados en el cielo, adoptando una forma lineal, a diferencia de otros cúmulos que son más bien esféricos. Como curiosidad, entre sus miembros podemos encontrar dos entradas del catálogo Arp de galaxias peculiares.

NGC 545 y NGC 547 son quizás dos de las galaxias más llamativas del conjunto. Ambas se denominan Arp 308 y son galaxias elípticas, aunque NGC 545 podría ser lenticular: la gran distancia a la que se encuentra y su posición hacen difícil poder concretar el tipo de galaxia. Tienen una magnitud de 12.2 y 13,2 respectivamente, y un tamaño alrededor de los dos minutos de arco, siendo NGC 545 claramente más alargada. En ellas se engloba la fuente de ondas de radio 3C40, probablemente a raíz de las altas temperaturas que alcanza el gas entre galaxias en interacción (el resultado de esta emisión es la formación de dos enormes lóbulos bipolares que alcanzan millones de años luz de longitud). La otra gran galaxia de la zona es NGC 541, también conocida como Arp 133, una enorme galaxia elíptica: también es una radiogalaxia que emite dos potentes jets, uno de los cuales golpea, precisamente, a una débil galaxia enana irregular, un objeto extremadamente interesante que ha recibido el sugerente nombre de Objeto de Minkowski.

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Desde que el astrónomo Rudolph Minkowski hizo hincapié en esa pequeña mancha azulada, en 1958, se pensó que era el resultado de uno de los jet golpeando una galaxia, lo cual habría estimulado un brote de formación estelar. Sin embargo, un estudio reciente apunta a que esa mancha surgió hace apenas 7 millones de años. Anteriormente no era más que parte del medio intergaláctico, ese material que se sitúa entre galaxias y que, en ocasiones, se calienta en el seno de los grandes cúmulos. Esa porción de medio intergaláctico era algo más densa que el resto, y entonces fue golpeada por uno de los jets de NGC 541, estimulando la formación estelar y, por tanto, la creación de una nueva galaxia. Sus estrellas son exclusivamente supergigantes azules, estrellas de entre 7 y 8 millones de años que le otorgan ese llamativo color a la galaxia. En la siguiente imagen podemos apreciar el aspecto visual y en ondas de radio, quedando patente el gran chorro de radiación que llega a la joven galaxia.

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En la siguiente imagen podemos observar las tres galaxias ya mencionadas con sus respectivos lóbulos que brillan fuertemente en ondas de radio. Los culpables de estos chorros de materia son masivos agujeros negros que atraen el gas que los circunda y lo calientan a elevadas temperaturas a medida que giran rápidamente a su alrededor.

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En el extremo más cercano a NGC 545 y NGC 547 podemos encontrar tres galaxias: dos de ellas relativamente brillantes, NGC 543 y NGC 548, con magnitudes entre 13 y 14. Una tercera galaxia requerirá más esfuerzo para poder apreciarla: se trata de PGC 5314 (también MCG+0-4-140), una pequeña elíptica de magnitud 15.2, que se encuentra conformando un triángulo con dos débiles estrellas. NGC 541 aparece como una mancha brillante de magnitud 13 fácilmente visible con visión directa (el Objeto de Minkowski está reservado a mayores aperturas).

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No muy lejos podemos ver NGC 535, una galaxia espiral de magnitud 14 y una banda oscura que recorre su ecuador, y PGCC 5307, al sur, es otra pequeña galaxia de magnitud 14.9, visible apenas como un punto borroso. Si seguimos hacia el suroeste podemos ver NGC 538 y PGC 5289, que brillan con magnitudes de 11.2 y 14.9, respectivamente. La última, también conocida como UGC 996, presenta una silueta alargada que contrasta con la restantes, más esféricas. Por último, en el extremo sur del campo veremos la galaxia NGC 557, otra atractiva espiral de magnitud 14 que nos muestra una forma ovalada. Muchas otras galaxias podemos  ver por la zona, algunas son miembros de Abell 194 y otras no, pero para ello necesitaremos un atlas completo y una buena dosis de paciencia: nunca nos cansaremos de contemplar estos lejanos universos.

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Nueva visita al Escultor (NGC 253)

NGC  253Hace dos años publiqué una entrada sobre NGC 253. la conocida Galaxia del Escultor, siendo este objeto uno de los primeros que dibujé por aquella época (no estoy muy orgulloso del resultado pero la pondré como recuerdo). Este verano, cuando estuve bajo el mejor cielo que recuerdo en mucho tiempo, decidí visitarla de nuevo en profundidad, plasmando nuevamente mis impresiones sobre el papel. Volví a sorprenderme de su gran tamaño, que llega casi a los 30 minutos de arco, tanto como la luna llena. Su núcleo, brillante y bien definido, adquiere una forma  ovalada alrededor de la cual se dispone el resto de la galaxia al más puro estilo “Andrómeda“. De hecho, cualquiera que mirara por el ocular bien podría confundirse en un primer momento, pues NGC 253 comparte prácticamente el mismo ángulo que M31. A diferencia de su compañera, en la Galaxia del Escultor podemos apreciar sus brazos, especialmente el más meridional, que sale del núcleo y se retuerce hacia el oeste, bajo la atenta mirada de las tres brillantes estrellas que, formando un triángulo, nos servirán para reconocer esta galaxia en cualquier circunstancia. El segundo brazo, en el lado opuesto, es bastante más tenue pero se deja ver si tenemos una buena adaptación a la oscuridad, como una débil porción alargada que destaca ligeramente sobre el disco de la galaxia. Lo que más llamó mi atención fue esa banda oscura que se sitúa al norte del núcleo (por debajo en la imagen del ocular), uno de los múltiples filamentos de polvo que se disponen por la galaxia (recordemos que es una galaxia con una importante tasa de proliferación estelar). Podía verlo sin ninguna dificultad, incluso a mayor aumento, perfilando a la perfección cada uno de sus bordes, con una nitidez que pocas veces hubiera imaginado posible. Disfruté durante largo rato con este portento cósmico, haciéndome pensar en todos los objetos que debería volver a visitar una y otra vez…

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Con la fuerza de un solo brazo (NGC 7678)

Llega el otoño y volvemos a dirigir nuestra mirada al corazón de Pegaso, a un lugar aparentemente vacío que se oculta entre sus cuatro brillantes estrellas. En esta ocasión disfrutaremos de una de las galaxias del catálogo Arp de galaxias peculiares:

Foto NGC 7678

Copyright © J.Shuder

Estamos hablando de NGC 7678, también conocida como Arp 28, un buen ejemplo del subgrupo de “galaxias espirales con un brazo prominente” en el que Halton Arp colocó a este objeto. No hay más que ver cualquier fotografía de larga exposición para entender el motivo que empujó al astrónomo a incluirla en su catálogo. Es una galaxia espiral cuyos brazos se arremolinan a su alrededor, destacando uno de ellos de mayor grosor y brillo. Su superficie moteada deja entrever numerosas condensaciones, regiones de formación estelar fruto, probablemente, de alguna colisión anterior entre distintas galaxias. Esta huella de interacción intergaláctica puede seguirse alrededor de NGC 7678, apreciándose un halo difuso e irregular similar a tantas otras galaxias que han sufrido encuentros en el pasado. Tres supernovas se han detectado en la galaxia durante los últimos 16 años, todas ellas situadas, curiosamente, en el lado opuesto al prominente brazo. NGC 7678 se encuentra a una distancia de entre 140 y 180 millones de años luz, y su tamaño se estima en poco más de 100.000 años luz, algo menor que la Vía Láctea.

Tiene una magnitud de 12.7 y un tamaño de unos 2.5 minutos de arco en su eje mayor. Al telescopio destaca, en primer lugar, como una mancha difusa cuyo centro, puntiforme, brilla con mayor intensidad. Se encuentra rodeada por tres estrellas que forman un llamativo triángulo isósceles, que servirán para delimitar su posición si el cielo no es lo suficientemente oscuro. Una vez  tengamos la vista bien adaptada y veamos la galaxia con facilidad será el momento de tratar de ver su brazo espiral. Tuve que dedicarle varios minutos usando visión lateral, descansando a menudo la vista para no forzarla demasiado, pero finalmente pude detectar ese tenue detalle, como una fantasmagórica línea que aparecía y desaparecía ante mis ojos. Su buena posición estas noches de otoño, alta en el cielo poco después de anochecer, hace que merezca la pena hacerle una visita: NGC 7678 es, probablemente, una de las galaxias más lejanas que es capaz de mostrar parte de su estructura a tanta distancia de nosotros.

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El átomo por la paz (NGC 7252)

La constelación de Acuario, bajo cielos oscuros, nos depara aún muchas sorpresas accesibles a telescopios de baja apertura. Hoy vamos a centrarnos en un portento cósmico, un objeto que es capaz de despertar la imaginación de cualquier que contemple la siguiente fotografía:

Se trata de NGC 7252, también conocido como Arp 226 o con el poético nombre del Átomo por la Paz (Atom for the Peace). Su nombre deriva de su forma, que recuerda a la estructura de un átomo con las órbitas de sus electrones (aunque hoy en día sabemos que no son realmente así). El nombre es un homenaje al discurso de Eisenhower que, en 1953, puso de manifiesto el deseo de usar la tecnología nuclear para fines energéticos en vez de servir como armamento militar. Arp 226 es en realidad el resultado de la colisión entre dos enormes galaxias que se encuentran a una distancia de entre 220 y 300 millones de años luz. Los filamentos desprendidos son los regueros de estrellas y gas que han salido despedidos a raíz de esta colosal interacción, algo similar a lo que nos ocurrirá a nosotros cuando nos demos de bruces con la Galaxia de Andrómeda. Podemos apreciar condensaciones azuladas en estos filamentos, enormes regiones de formación estelar que se han visto estimuladas por el encuentro de distintas masas gaseosas. En el centro de esta masa de estrellas destaca una pequeña estructura en espiral, de apenas 10.000 años luz de diámetro, que no es más que el remanente de una de las galaxias que está participando en el encuentro intergaláctico. Destaca el color azul de esta zona, otra muestra más de las miles de estrellas que están siendo formadas en masa.

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En este “mejunje” de estrellas destacan unos 500 objetos que han sido catalogados como cúmulos ultraluminosos. Estos interesantes grupos de estrellas son los precursores de los cúmulos globulares: con una edad comprendida entre los 50 y 500 millones de años, están plagados por gigantes estrellas azules, permitiéndonos conocer que, al menos una parte de los globulares, se forman en grandes nubes moleculares en momentos de importante proliferación estelar, como son estas colisiones entre galaxias. El más grande de estos cúmulos ultraluminosos se denomina W3 y tiene una masa 35 veces mayor que la de nuestro NGC 5139, omega Centauri, por lo que hablamos de verdaderos colosos espaciales. Tienen, además, diámetros en torno a los 600 años luz, superando con creces a la mayoría de los globulares de la Vía Láctea, que rondan el centenar de años luz.

Con una magnitud de 12.7, NGC 7252 es fácil de observar con instrumentos de aficionado bajo cielos oscuros. Se encuentra en la constelación de Acuario, a medio camino entre Folmahaut y Capricornio. Por muy grande que sea nuestro telescopio, tenemos que olvidarnos de ver esos prodigiosos filamentos, algo que nos tendremos que imaginar debido a su bajo brillo. Con el Dobson de 30 cm aparece como una esfera nebulosa que apenas llega a los 2 minutos de arco diámetro, con un núcleo bastante brillante que destaca sobre la periferia más débil. No hay más detalles que ver en esta pareja de galaxias, pero es, sin duda, un objeto fascinante por todo lo que esconde tras de sí, algo que no debemos olvidar cuando estemos recibiendo sus lejanos fotones. Sería una visión prodigiosa si se encontrara a unos pocos millones de años luz…

NGC 7252

M103 y algunas dobles

Vamos a descansar un poco de globulares en Ofiuco para observar otro tipo de objeto, un cúmulo abierto que se encuentra en la poblada constelación de Casiopea. Nos referimos a M103, una de las últimas entradas del catálogo Messier y un objeto que fue descubierto por su compañero, Pierre Méchain, en 1781.

Lo observé hace unas semanas aprovechando que desde mi terraza se había quedado un cielo relativamente decente. Pensé entonces en sacar el refractor de 102 mm y echar un vistazo, además de observar algunas estrellas dobles, algo que siempre es agradecido a pesar de la contaminación lumínica. Encontrar M103 no supuso ningún problema, visible con prismáticos al lado de delta Cassiopeiaiae o Ruchabh, una binaria eclipsante que forma parte de la conocida figura de Casiopea (sus eclipses ocurren cada 2 años, variando su magnitud de la 2.68 a la 2.74). M103 es uno de los cúmulos abiertos más lejanos que podemos observar con un telescopio pequeño, situado a  una distancia de entre 8.500 y 10.000 años luz. Se han confirmado algo más de 70 estrellas, si bien otras muchas se encuentran superpuestas por perspectiva, dispersas sobre un área de unos 6 minutos de arco de diámetro, que corresponden a unos 15 años luz a la distancia estimada. Dos estrellas llaman la atención en este cúmulo: Struve 131, un sistema binario formado por la estrella más brillante del campo (magnitud 7.3), que presenta una compañera de magnitud 10.5 separada por 13 segundos de arco. Esta estrella doble no pertenece realmente al cúmulo, a diferencia de la gigante roja que ocupa el centro del cúmulo, una estrella de magnitud 10.8 y tipo espectral M6, visible con facilidad a través del telescopio.

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Debo confesar que no conozco más de diez estrellas dobles, mi fascinación por el cielo profundo me ha llevado a descuidar este tipo de objetos, a pesar de lo cual disfruto de ellas cuando se me presenta la oportunidad. Esa noche, desde el patio trasero de mi casa, decidí conocer algunas más, usando para ello la opción que viene integrada en la montura que muestra las principales estrellas dobles que se pueden ver. Mi lista de esa noche, escueta, se basó en las siguientes:

-Sigma Cassiopeiae: este sistema se encuentra a unos 5.000 años luz de la Tierra, formado por dos estrellas de tipo espectral B y magnitudes de 5.01 y 7.24. La primaria brilla con un tono amarillo pálido, mientras que la secundaria aparece blanca, separada de su compañera por unos 3 segundos de arco. A  90 aumentos pude separarlas sin ningún problema, aunque supongo que bajo una noche turbulenta puede resultar más complicado.

-Eta Cassiopeiae: también conocida como Achird, esta estrella está compuesta por dos componentes de magnitudes 3.44 y 7.51. La principal es de tipo espectral G, con un tamaño y temperatura muy similar a nuestro  Sol. La secundaria, de tipo espectral K, es más débil y brilla con una tonalidad rojiza, marronácea, que contrasta con su dorada compañera. Fueron descubiertas p por William Herschel en 1779 y completan una órbita completa en 480 años.

-Nu Draconis es una de esas estrellas dobles que se pueden definir como gemelas. Ambas estrellas blanquecinas brillan con una magnitud de 4.88 y se encuentran a casi 100 años luz de distancia. Los 6 segundos de arco que hay entre ellas convierten su separación en algo sencillo incluso a bajo aumento.

-Alfa Ursae minoris: conocida más popularmente como la estrella Polar, es una estrella doble que se encuentra a 431 años luz de nosotros. La principal, una supergigante amarilla, reluce con un brillo en torno a la segunda magnitud. A su alrededor orbita una cercana estrella invisible a instrumentos visuales (una doble espectroscópica), aunque sí podremos ver otra compañera más lejana, situada a 18 segundos de arco, que brilla con magnitud 8. Se encuentran separadas por 2.400 unidades astronómicas (unos 350.000 millones de km).