Burbujas y medusas cósmicas (Abell 6 y HFG1)

El 14 de marzo salió publicada en AAPOD2 una fotografía que me cautivó y me obligó a mirar al cielo buscando algún retazo de lo que pudiera ver. La fotografía en cuestión es ésta, de Frank Iwaszkiewicz:

Foto Abell 6.jpg

En ella podemos ver dos protagonistas indiscutibles, ambas nebulosas planetarias pero muy distintas entre sí. Abell 6, la pequeña que vemos a la derecha, fue la única que vi, y realmente es la excusa que utilicé para hablar sobre la otra, mucho más interesante y fuera de lo habitual. Ambas se encuentran en la constelación de Casiopea, muy cerca de los límites con Draco. Abell 6, también conocida como PK 136+4.1, es una nebulosa planetaria relativamente joven, que aparece con la habitual forma de burbuja cósmica de un color azulado verdoso, característico del oxígeno ionizado. Presenta algunas irregularidades en su zona central, pero llama la atención la perfección de sus bordes, que se muestran ligeramente engrosados. De la enana blanca que ocupa su centro apenas podemos atisbar un tenue reflejo.

Sin embargo, la otra planetaria llama poderosamente nuestra atención. Su nombre ya es peculiar, ya que se conoce como HFG1, en honor a Heckerthorn, Fesen y Gull, sus descubridores en 1982 (también se denomina PK 136+0.5). Su estrella precursora es V664, de magnitud 14.5, un tipo de estrella denominada binaria precataclísmica, formada por dos estrellas que giran a distancias cada vez más cercanas. Una de ellas es una enana blanca, mientras que la otra es una gigante roja, y completan un giro completo en apenas 14 horas, lo cual da una idea de su proximidad. Fuertes vientos en la zona condicionan la pérdida de abundante gas por parte de la gigante roja, y esto, añadido al hecho de la gran velocidad a la que recorre el medio interestelar, ha propiciado la formación de su elemento más característico. Como se puede apreciar en fotografías de larga exposición, HFG1 va dejando tras de sí un reguero de gas ionizado, una estela de material que se desprende al paso de la estrella como la cola de un enorme cometa. Serpentea a lo largo de unos 20 minutos de arco de longitud, como una víbora rojiza en cuya cabeza se encuentra la porción principal de la planetaria. Podemos apreciar un arco bien definido en uno de los lados de la nebulosa, el frente de choque que nos informa de la dirección hacia la cual se mueve este portento cósmico.

Estos objetos son especialmente interesantes en fotografías de larga exposición, aunque que su bajo brillo superficial los reserva para grandes telescopios y cielos especialmente oscuros. Desde mi lugar de observación habitual me enfrasqué en su búsqueda hace un mes, con Casiopea ya perdiéndose hacia el horizonte, pero quería conocer lo que podía ver antes de que descendiera demasiado. Encontré fácilmente la posición de Abell 6, aunque verla no fue tan sencillo. Tuve que ubicarla perfectamente, en medio de un pequeño triángulo de estrellas, y luego estuve bastante rato intercambiando oculares, probando con los filtros OIII y UHC. Finalmente, con el Hyperion de 13 mm y el filtro OIII conseguí intuir algo, vagamente al principio, aunque con un poco de persistencia pude llegar a apreciar la fantasmagórica forma redondeada de Abell 6. Resoplé aliviado y descansé la vista, dispuesto a afrontar la observación de HFG1. Sin embargo, he de admitir que se me resistió. La constelación se estaba sumergiendo en el hongo luminoso de la periferia de Granada, con lo cual tuve que darme por vencido. Sin embargo, ya está en mi lista de segundas oportunidades, porque estoy seguro de que está al alcance de un Dobson de 12 pulgadas. Solamente hay que buscarla cuando ocupe el lugar más alto del cielo y más lejos aún de cualquier fuente de contaminación lumínica. El otoño que viene habrá que intentarlo nuevamente.

Abell 6

Observando la materia oscura (NGC 672 e IC 1727)

La materia oscura es uno de esos misterios de los que todo el mundo ha oído hablar y que, a pesar de los grandes avances tecnológicos, todavía no llegamos a conocer en profundidad. Sabemos de su existencia porque, aunque no podemos verla, vemos los efectos que causa en su entorno, ya que la materia oscura hace que la materia bariónica (de la que estamos formados nosotros) se mueva de una forma diferente a la esperada. Para entenderlo basta un ejemplo sencillo, usando datos ficticios y cotidianos: imagina un hombre extremadamente delgado que da vueltas sobre sí mismo, sosteniendo una cuerda en cuyo extremo hay una piedra de 1000 kilos girando a su alrededor a gran velocidad. No es de extrañar que nos resulte poco creíble, ya que el sujeto, de apenas 50 kilos de peso, no tendría la fuerza suficientemente para soportar el peso de la piedra. El hombre debería pesar, según podríamos calcular, unos 2000 kilos para que la piedra girase a la velocidad que observamos. ¿Cómo puede ser? Además de los 50 kilos que pesa el individuo debería haber otros 1950 kilos a su alrededor, invisibles, que eviten que él salga disparado tras la pesada piedra. Esa sería la materia oscura, y esa es una de las cosas que podemos observar al escudriñar el universo. Hay muchos movimientos de galaxias que no se pueden explicar con la masa visible, de manera que existe una masa invisible que ha recibido el nombre de materia oscura. Que no la veamos no ha impedido que podamos conocerla a fondo, y de hecho se ha pesado cuánta materia oscura hay en el universo, encontrando que hay cinco veces más masa en forma de materia oscura que en forma de materia visible (un 27% de toda la masa del universo es materia oscura). Se ha comprobado, incluso, que adopta una forma de telaraña cósmica, con filamentos que se unen en nodos en los que se encuentran los cúmulos de galaxias. La materia oscura, por tanto, podría ser el escenario que determina la localización de las galaxias que pueblan el cosmos, una red de caminos que organiza el universo de manera anónima y discreta.

Hoy vamos a estudiar uno de estos filamentos de materia oscura, o, al menos, algunas de las galaxias que lo pueblan, cuya disposición se ha visto enormemente influenciada por este concepto tan abstracto. Viajamos a la constelación del Triángulo, a unos 25 millones de años luz, donde encontramos una bonita pareja de galaxias que nos asegurarán un buen rato de disfrute bajo un cielo oscuro. La principal es NGC 672, una espiral barrada que fue descubierta por William Herschel en 1786. Presenta unos brazos muy débiles y elongados con algunos parches rosados que manifiestan la presencia de regiones de formación estelar, aunque el protagonismo recae, sin duda, sobre la larga y destacada barra central, que brilla con la luz amarillenta de millones de soles. Su tímida compañera es IC 1217, otra galaxia que muestra una débil barra y unos fantasmales brazos apenas distinguibles, probable fruto de su interacción con NGC 672. De hecho, ambas galaxias están a tan sólo 85.000 años luz, menos de lo que mide nuestra Vía Láctea, por lo que no es de extrañar que se dejen notar sus efectos gravitaciones. Se ha detectado, recientemente, un puente de hidrógeno entre ambas galaxias que no hace más que apoyar esta unión estrecha.

Foto NGC 672.jpg

Crédito: Adam Block

El grupo de NGC 672 contiene, además, otras cuatro galaxias, que reciben los matemáticos nombres de AGC 110482, AGC 111945, AGC 111946 y AGC 112521 que, como podemos suponer, quedan fuera de nuestro alcance visual, siendo la mayoría galaxias enanas con una masa excepcionalmente pequeña (el 97% de la masa total del grupo de NGC 672 recae sobre NGC 672 e IC 1727). Todas las galaxias de este grupo han sufrido dos grandes episodios de proliferación estelar, uno antiguo y otro más reciente, coincidentes en el tiempo en cada una de ellas. El primer boom estelar ocurrió hace más de 10.000 millones de años, en el universo joven, mientras que la segunda oleada tuvo lugar hace apenas 8 millones de años luz. Más aún, el grupo de NGC 784, que comparte movimiento con el de NGC 672, también presenta en sus miembros estos dos mismos períodos de brote estelar, sugiriendo que el motivo de esta proliferación debería ser similar tanto en un grupo como en otro. Esto descarta las interacciones entre galaxias como causa principal, ya que entonces no tendrían por qué coincidir los períodos de formación. Recapitulando, hay “algo” capaz de producir que 14 galaxias hayan tenido una intensa proliferación estelar en los últimos millones de años, tras permanecer miles de millones de años en letargo… ¿Cuál es el causante de esa extraña sincronicidad?

El interesante estudio de Adi Zitrin y Noah Brosch publicado en 2008, que podéis encontrar al final del artículo, propone algo extremadamente interesante. Estas 14 galaxias se encontrarían dispuestas a lo largo de un filamento de materia oscura, causa primordial de esta sincronicidad en todas ellas. De hecho, el eje mayor de siete de estas galaxias es muy similar en cuanto a su dirección, eje que coincidiría con el paso del filamento de materia oscura. Podríamos entender este filamento como un tornado que va girando sobre sí mismo, y este giro contribuiría a la rotación de las galaFoto NGC 672 remolinoxias que se encuentran en su camino. El filamento de materia oscura, como comentábamos al principio del artículo, cumple las reglas de la gravedad, de manera que atrae objetos a sus inmediaciones. Ahora supongamos que hay una gran nube de hidrógeno flotando en una zona cercana al filamento. La gravedad haría que la nube se acercara al filamento y, por tanto, a las galaxias, produciéndose la acreción del gas, que llegaría prácticamente por igual a cada una de ellas. Este hidrógeno interactuaría con las galaxias, produciendo una importante proliferación estelar que es la que Adi Zitrin y Noah Brosch analizaron en su trabajo.

Pero vamos a coger ya nuestros telescopios para observar a NGC 672 e IC 1217 en persona, ya con la base teórica a nuestras espaldas. Su localización, cerca del vértice más agudo del Triángulo, resulta fácil de encontrar debido a la presencia de brillantes estrellas en el camino. Necesitaremos, eso sí, un cielo oscuro para poder disfrutar de ellas. NGC 672, la más brillante, posee una magnitud algo menor de 11, al alcance de la mayoría de instrumentos. Con mi Dobson de 30 cm pude apreciar, desde un primer momento, su brillante barra central, que destacaba sobre el fondo del cielo entre dos discretas estrellas. Con visión periférica la barra quedaba confinada en una nube ovalada, extendiéndose el halo hasta alcanzar unos 5 minutos de arco de extensión, quizás algo más. El halo era débil pero fácilmente visible, difuminándose rápidamente hacia sus bordes. IC 1727 tiene una magnitud de 11.5, pero su brillo superficial es muchísimo menor que el de su compañera. De hecho, de entrada no pude apreciarla, ni siquiera con visión periférica. Tuvieron que pasar varios minutos, adaptando mi vista a la oscuridad, para que sus fotones comenzaran a estimular mi retina. Entonces pude notar una nubecilla extremadamente difusa, alargada, que se disponía muy cerca de NGC 672. Al mirarla directamente desaparecía sobre la marcha, para volver a asomarse cuando usaba visión indirecta. Poco a poco su presencia se fue reafirmando y me acabó acompañando de manera más continua, aunque en ningún momento dejó de ser eso, una débil mancha alargada de bordes poco definidos. Una mancha, sin embargo, compuesta por miles de millones de estrellas…

NGC 672.png

Terminé la observación con muy buen sabor de boca. No sólo por el aspecto visual, sino por saber que había estado contemplando dos galaxias atravesadas por un inmenso torbellino invisible, una prueba más para la existencia de un universo enmarañado en el que la materia oscura y la materia bariónica se relacionan entre sí formando enormes telarañas cósmicas.


*Fuente: https://academic.oup.com/mnras/article/390/1/408/974955/The-NGC-672-and-784-galaxy-groups-evidence-for

Unión en Piscis (NGC 520)

Un verdadero espectáculo nos espera en la constelación de Piscis, situado a unos 90 millones de años luz de distancia, un objeto celeste que ha confundido a los astrónomos desde hace cientos de años. En 1784 William Herschel describió a NGC 520 como “débil y considerablemente alargada”, siendo el primer ser humano de la historia en captar sus lejanos fotones. Posteriormente, a medida que mejoraban los instrumentos ópticos, los detalles de esta galaxia fueron asombrando a sus observadores, y no sin razón, como podemos intuir por su inclusión en el catálogo Arp de galaxias peculiares con el nombre Arp 157.

Foto NGC 520 SHT

En los años 60 se consideraba una galaxia proliferativa, de características similares a M82, aunque poco después se comprobó que la verdad era bien distinta: NGC 520 no era una, sino dos galaxias. El estudio de su hidrógeno neutro permitió conocer que NGC 520 era el resultado de la unión entre una galaxia rica en gas y otra con escaso material gaseoso, en una fase similar a la de las famosas Antenas (NGC 4038 y NGC 4039). Podríamos decir, por tanto, que la visión que tenemos de NGC 520 puede ser algo parecido a lo que verán extraterrestres en un futuro cuando miren a nuestro Grupo Local; la Vía Láctea, en unos 4.000 millones de años, bailará con la galaxia de Andrómeda y sus siluetas se fusionarán en caprichosas formas.

Foto NGC 520

Al observar a NGC 520 en el infrarrojo podemos apreciar un número importante de fuentes luminosas, fruto de la gran proliferación estelar que está motivándose a raíz de la interacción. El telescopio Chandra de rayos X dedicó un tiempo de su actividad a analizar este peculiar objeto, distinguiendo dos núcleos que brillaban intensamente en dicha longitud de onda, cada uno representando el centro de cada miembro de la pareja. El núcleo más brillante en rayos X, el más masivo, es, sin embargo, el que menos se aprecia en luz visible, ya que se encuentra oculto por el disco de la galaxia, que vemos de perfil. En su interior se producen estrellas a una velocidad de 0.7 masas solares al año, hasta 35 veces más de lo esperado para estas regiones internas en una galaxia solitaria. La fuente más brillante en luz visible es la más septentrional, y representa el núcleo de la galaxia menos masiva, que vemos de frente y, por tanto, sin polvo que disminuya su intensidad. Ambas galaxias tomaron contacto hace 300 millones de años, quedando destinadas desde entonces a bailar juntas  hasta que la intensidad de la música intergaláctica las fusione en una mayor galaxia, probablemente una gran elíptica.

NGC 520 se encuentra a unos 90 millones de años luz, algo que debemos tener en cuenta cuando lo observemos con nuestros telescopios: no busquemos una galaxia de la magnitud de las Antenas (que se encuentran a la mitad de distancia). Tiene algo más de 100.000 años luz de diámetro, que en el ocular se traducen en una extensión de 4.4 x 1.8 minutos de arco. Si podemos disfrutar de un cielo oscuro nada nos impedirá distinguir a NGC 520, aunque usemos un telescopio de pequeño calibre. Con mi Dobson de 30 cm pude aprecia, ya a pequeños aumentos, que no era una galaxia normal. Su forma parecía algo irregular, alargada, algo ensanchada en uno de sus extremos. Decidí usar mayores aumentos, y a 214x pude exprimir algo más sus detalles. Su forma aparecía entonces casi triangular, con dicho ensanchamiento más patente, siendo el otro extremo bastante más estrecho, casi terminando en punta. Me recordaba en cierta manera a una versión más brillante de NGC 6745, algo que no es de extrañar si la comparamos en fotografía. En los mejores momentos de estabilidad atmosférica los bordes que se abrían hacia la zona más ancha aparecían resaltados, como dos franjas más brillantes que dejaban entre ellas, un espacio más oscuro, atisbo de polvo y gas que separan a estos dos universos en colisión.

NGC 520

Impostor cometario (M52)

Los límites entre Cefeo y Casiopea se encuentran poblados por multitud de cúmulos abiertos y nebulosas, correspondientes al rico brazo galáctico de Perseo. Entre ellos figura uno de sobra conocido por los aficionados, visible incluso desde ciudades contaminadas. Se trata de M52, un cúmulo abierto descubierto por Charles Messier en 1774 y que linda con algunas maravillas celestes como son NGC 7635 (la Nebulosa de la Burbuja) o NGC 7538. M52, también conocido como NGC 7654, es un cúmulo abierto inmerso en el plano galáctico. Esta localización hace prácticamente imposible conocer con exactitud su distancia, de manera que hay estudios que lo sitúan a 3.000 años luz mientras que otros lo hacen a más de 7.000  años luz.

foto-m52

Es una familia cuyos miembros se han contabilizado en 193 componentes, con una edad estimada en unos 35 millones de años, de manera que es relativamente joven. Se ha comprobado que sus estrellas se han ido formando en tandas y de manera secuencial, naciendo primero las de menor masa. M52 tiene un diámetro aparente de 13 minutos de arco. Si tomamos como distancia real unos 5.000 años luz, tendría un diámetro de unos 19 años luz: no presenta una densidad especialmente elevada, en sus regiones más internas tiene una concentración de 3 estrellas por cada pársec cúbico (un pársec es algo más de 3 años luz), no mucho más que en las inmediaciones de nuestro sistema solar.

Con M52 podemos comprender perfectamente el motivo que llevó a Messier a realizar su lista de objetos. A bajo aumento presenta una forma triangular que podríamos definir como cometaria, con una brillante estrella anaranjada que, anclada en un vértice, simularía a la perfección el núcleo del cometa. Conforme usamos mayores aumentos podemos apreciar que el cometa está conformado por multitud de estrellas, decenas de ellas, brillando al unísono como pequeños granos de diamante. Para disfrutar de M52 decidí probar el Maksutov-Cassegrain de 127 mm y f/12, usando el ocular Explore Scientific de 14 mm. M52 cabía perfectamente en el campo, ocupando la región central. Su forma triangular se apreciaba con claridad y me resultó curioso que sus estrellas, perfectamente puntuales, no tenían un brillo muy elevado, aunque en conjunto transmitían una fuerza considerable. La brillante estrella anaranjada, SAO 20606, destacaba sobre el resto, ocupando el vértice del cúmulo. Con una magnitud de 8 y un tipo espectral F, añadía un interesante punto visual que contrastaba con el resto de estrellas, poniendo un broche de oro a un objeto adecuado para todos los públicos (e instrumentos).

m52

 

El grupo Maffei (3ª parte)

Las mejores sorpresas son las que uno encuentra por casualidad, sin esperar nada especial. En mi caso, la noche del 23 de diciembre de 2016 me encontraba bajo un cielo excepcionalmente oscuro, y había pasado gran parte de la noche disfrutando de algunas de las galaxias que conforman el grupo Maffei, que ya hemos ido descubriendo en las últimas dos entradas. Tras observar a las débiles Maffei 1, Maffei 2 e IC 342 me disponía a observar a NGC 1569 sin saber qué esperar, con el único interés en mente de “cazar” a otro miembro del grupo. Sin embargo, desde un primer momento su aspecto captó mi atención y la de mis compañeros. Poco a poco fuimos desentrañando algunos de sus interesantes detalles y, cuando busqué información sobre ella, quedé perdidamente atado a esta maravilla celeste. Antes de hablar de sus peculiaridades, que no son pocas, me gustaría presentarla como una historia, como un vídeo narrativo que, en unas pocas líneas, condensa varios miles de millones de años de continua evolución.

Retrocedemos en el tiempo hasta una época en la que las galaxias se estaban gestando. Nuestra pantalla imaginaria proyecta un fondo negro sobre el que comienza a aparecer una nube blanquecina, una gran masa de gas que, a medida que se enfría, se va condensando y dando lugar a una bonita galaxia enana, que en un futuro será conocida como NGC 1569. Las galaxias enanas son ladrillos que, a menudo, acaban formando parte de otras galaxias mayores, pero no es el caso de NGC 1569: ella se encuentra a una distancia prudencial de las grandes galaxias de su grupo, como son IC 342 o Maffei 1. Sin embargo, otra pequeña galaxia conocida como UGCA 92 pasa velozmente a su lado compartiendo algunas de sus estrellas. El encontronazo arrastra astros y nebulosas de NGC 1569, “esculpiendo” en la galaxia una especie de brazo que se abre hacia el exterior, pero no es la única huella que deja. NGC 1569, como otras muchas galaxias enanas, se encontraba repleta de hidrógeno, y la interacción con UGCA 92 estimula, en proporciones cósmicas, una enorme proliferación de estrellas, que comienzan a nacer en cada punto de la galaxia, en una oleada gestante que se prolonga durante varios millones de años. Estrellas gigantes nacen en este proceso, ionizando el gas que las circunda, que adquiere un bonito color rojizo, pero además generan enormes vientos que, a su vez, moldean el entorno, como si el gas fuera arcilla en manos de un alfarero colosal. Las estrellas más masivas tienen una vida más corta que el resto, de manera que en unos pocos millones de años terminan sus días en forma de supernovas que iluminan la galaxia como un castillo de fuegos artificiales, creando burbujas en expansión que se esparcen a gran velocidad inundando cada rincón de NGC 1569. Posteriormente, tras un periodo de calma, la galaxia vuelve a sufrir nuevos episodios de brote estelar que van tiñendo su superficie como si miles de tomates explotaran a la vez, formando una gran ensalada galáctica que, a 11 millones de años luz de distancia, alimenta hoy nuestros ojos ávidos de luz…

foto-ngc-1569

Se cierra el telón y volvemos a nuestra base terrestre, dispuestos a desgranar algunas de las imágenes que acabamos de presenciar en nuestra mente y que la fotografía anterior, obtenida por el telescopio Hubble, resume con gran definición. NGC 1569 es uno de los principales miembros del grupo Maffei, gracias a que los últimos estudios la sitúan a unos 11 millones de años luz de distancia (a finales del siglo XX se le estimaba una distancia de 7 millones de años luz). Hay que tener en cuenta que los cálculos en esta galaxia se ven dificultados porque, al igual que sus compañeras, se encuentra parcialmente oculta por el disco de la Vía Láctea. NGC 1569 es una galaxia enana irregular que se parece mucho a la Gran Nube de Magallanes, con un alto contenido en gas que, como hemos visto, ha servido durante miles de millones de años para alimentar la formación de nuevas estrellas. El hidrógeno neutro, que se ha estudiado profundamente en esta galaxia, se encuentra presente en grandes proporciones, e incluso ha permitido descubrir una posible galaxia escondida en su halo, posible causante de alguno de los brotes estelares. UGCA 92 es otra galaxia del grupo Maffei situada a una distancia similar a NGC 1569, y estudios recientes han demostrado la presencia de un puente de hidrógeno neutro entre ambas, prueba directa de un anterior contacto que, como hemos mencionado, podría haber sido el causante de una llamativa estructura que presenta NGC 1569, una especie de brazo desplegado rico en hidrógeno ionizado. Teniendo en cuenta que el primer brote estelar parece situarse en un período de tiempo comprendido entre 1000 y 2000 millones de años atrás, no sería descabellado pensar que este encuentro tuvo lugar poco antes.

El último brote estelar ha sido extremadamente reciente, comenzando hace apenas 100 años, en pleno período Cretácico, y todo parece indicar que ha menguado en los últimos 5 millones de años. En los momentos de mayor esplendor la tasa de formación de estrellas era unas 100 veces mayor que en la Vía Láctea, lo cual era posible gracias a la gran cantidad de gas que actuaba como materia prima. Uno de los grandes legados de esta proliferación queda patente en la siguiente fotografía obtenida por el Hubble:

Bursting at the seams

Podría parecer uno de los magníficos cúmulos que se pueden contemplar desde el hemisferio sur, pero su naturaleza es mucho más exótica: se trata de los dos principales supercúmulos de NGC 1569. Ya comentábamos la presencia de uno de estos supercúmulos en IC 342, explicando que son enormes agrupaciones de estrellas que, en el caso de NGC 1569, llegan a tener más de un millón de componentes cada uno. Hay algunos supercúmulos más a lo largo de la galaxia, que destacan iluminando el gas que ellos mismos han ido “erosionando”, formando cavidades que parecen incendios incontrolados. Los principales supercúmulos, los que aparecen en la imagen, reciben el nombre de NGC 1569A y NGC 1569B, siendo el primero, realmente, la superposición de dos de ellos. NGC 1569A presenta una población joven de estrellas, entre las que abundan las estrellas Wolf-Rayet y masivas estrellas de tipo espectral O. Su edad se calcula en unos 5 millones de años, por lo que tuvo que formarse al final del último brote estelar. La población de NGC 1569B es algo mayor, destacando en ella gigantes rojas de mayor edad, con una vida que podría llegar a los 30 millones de años. Las características de NGC 1569A parecen indicar que su evolución va a ser muy similar a la de los cúmulos globulares que conocemos en nuestra galaxia. ¿Será éste uno de los métodos por los que se forman los grandes globulares? ¿Son estos supercúmulos frecuentes en el mundo extragaláctico? El tiempo lo dirá, a medida que podamos observar el cielo con instrumentos más potentes.

Vamos ahora a observar esta maravilla galáctica. La primera vez que la vi, sin saber qué iba a encontrarme, me sorprendió su alto brillo superficial (su magnitud visual es de unos 11.9), así como una interesante forma alargada, más ancha en uno de sus extremos, de unos 2 minutos de arco de longitud. Una estrella parece rozar uno de los bordes, lo cual nos sirve como punto de referencia para ver sus detalles. Y aquí es donde NGC 1569 destaca sobre muchas otras galaxias. Ya a 115 aumentos pude adivinar que algo brillaba en su interior, y a 214 aumentos se apreciaba, sin ninguna dificultad, un par de puntos brillantes muy cercanos entre sí, discretamente más notorios que el resto del halo galáctico. A mayor aumento se adivinaban otras manchas junto a las anteriores, aunque el pésimo seeing no me dejó enfocarlas correctamente, así que decidí realizar el dibujo a 214 aumentos. Además del Dobson de 12 cm, esa noche estuve probando también el C11 de mi amigo Leo y, sorprendentemente, a través de sus lentes pudimos usar un aumento mayor sin que perdiera mucha definición, de manera que unos cuatro puntos aparecían confinados en el núcleo de la galaxia. Es más, incluso con mi NexStar 102 SLT (un refractor de 102 mm de apertura) pude distinguir la galaxia con su fina silueta recortada sobre el fondo del cielo, como un lejano cometa cuya cola se va agudizando hacia uno de sus extremos.

En un primer momento pensé que esos pequeños puntos eran regiones HII, o incluso algunas estrellas superpuestas de nuestra propia galaxia. Sin embargo, me sorprendí cuando, en mi casa, comprobé que eran los grandes supercúmulos estelares (NGC 1569A y NGC 1569B), cuyas magnitudes alcanzan, respectivamente, 14.6 y 15.5. Puse así el punto y final al estudio del extraordinario grupo Maffei, conduciendo en el camino de vuelta con la sensación de regresar de un largo viaje, asombrado por la variedad de formas que uno puede encontrar ahí arriba.

ngc-1569

El grupo Maffei (2ª parte)

Le toca el turno hoy a otra de las principales galaxias de este interesante grupo que, como comentábamos en la última entrada, es uno de los más cercanos a nuestra galaxia y, de no ser porque el disco de la Vía Láctea nos obstruye la visión, sería una de las grandes maravillas del cielo. Nuestra protagonista es, en esta ocasión, IC 342, una galaxia más conocida que sus compañeras ya estudiadas, y de la que podremos disfrutar con mayor facilidad.

Foto IC 342 NOAO.jpg

Crédito: NOAO

Fue descubierta por William F. Denning en 1980 con un reflector de 25 cm, lo cual da una idea de su dificultad: IC 342 es apreciable con pequeños refractores, aunque si queremos distinguir más detalles deberemos usar mayor apertura. Es una galaxia espiral que presenta una orientación casi de frente, aunque su forma no se conoció hasta 1934, cuando Edwin P. Hubble y Milton L. Humason la vieron en fotografías de Mt. Wilson, en California. Se conoce como la “Galaxia Oculta” por estar situada en el plano del disco galáctico, detrás de una gran cantidad de estrellas y polvo, aunque no se encuentra tan oscurecida como Maffei 1 o Maffei 2. Su distancia se ha estimado entre 7 y 11 millones de años luz, difícil de precisar por la materia que se interpone desde nuestro punto de visión. Si estuviera situada en otro lugar del firmamento su aspecto sería sobrecogedor, compitiendo probablemente con la mismísima M51.

IC 342 esconde una pequeña barra central, fácilmente visiblefoto-ic-342-spitzer en imágenes en infrarrojo del Spitzer. Su núcleo presenta una gran proliferación de estrellas, al igual que sus brazos. El gas, muy abundante en esta galaxia, se canaliza a través de la barra central y estimula la formación de nuevas estrellas. Justo en la zona más interna se han encontrado dos grandes regiones HII cuyas estrellas tienen apenas una edad de 5 millones de años, enormes estructuras que reciben el nombre de supercúmulos (en nuestra galaxia sólo se conoce un supercúmulo, Westerlund 1 en la constelación Ara, del cual aconsejo su lectura en Internet por ser extremadamente interesante). Realmente, alrededor del núcleo de IC 342 hay una estructura anular con una intensa formación estelar, en la que se ha documentado la presencia de al menos 5 nubes moleculares gigantes y numerosas regiones HII. No hay en esta galaxia un agujero negro supermasivo, como en tantas otras, sino todo lo contrario: una explosión de vida que se abre camino como una gran ola.

IC 342 mide unos 60.000 años luz de diámetro, lo cual se traduce en unos 21 minutos de arco (a modo de comparación, M51 tiene un diámetro de 11 minutos de arco). Su magnitud, de 9.1, sería mucho menor si habitase la constelación de Virgo o Pegaso, pero tendremos que conformarnos con su visión a través del polvo galáctico. El telescopio WISE (Wide-field Infrared Survey Explorer) ha fotografiado IC 342 en el infrarrojo, atravesando la nube de polvo de nuestra galaxia, y ha mostrado una enorme red de filamentos en sus brazos que se distribuyen en multitud de segmentos, refulgiendo por la intensa proliferación estelar a la luz de enormes estrellas recién nacidas.

A leggy cosmic creature comes out of hiding in this infrared view from NASA's Wide-field Infrared Survey Explorer, or WISE. The spiral beauty, called IC 342 and sometimes the

IC 342 captada por el WISE

IC 342 es, a la vez, fácil y difícil de ver. Por un lado, es extremadamente sencillo apreciar su núcleo, que brilla intensamente como una pequeña esfera luminosa y difusa, acompañando a una bonita hilera de seis estrellas que nos servirán de guía. Sin embargo, ver sus brazos en espiral es harina de otro costal. Tenemos que tener en cuenta que presentan un bajo brillo superficial y que, además, se distribuyen por una gran extensión, lo cual no ayuda a distinguirlos. Por ello nos beneficiaremos de aumentos bajos, ya que si usamos elevados aumentos corremos el riesgo de enmascarar por completo estos detalles. En mi caso, a 115 aumentos obtuve la mejor imagen, con el ocultar Hyperion de 13 mm. El núcleo destacaba intensamente, dejándose ver rodeado de un halo extremadamente débil, cuyos bordes se perdían sin forma alguna. Tras un buen rato usando visión periférica y tratando de relajar la mirada pude atisbar uno de sus principales brazos, que nace del núcleo y se dirige hacia el sur describiendo un fantasmagórico arco. Otro brazo, más tenue incluso, se adivina oculto tras la hilera de estrellas, perdiéndose rápidamente en un extremo de ésta hacia el norte. Para disfrutar de IC 342 hace falta un cielo verdaderamente oscuro, bajo el cual se pueden apreciar más brazos, incluso con menor apertura, aunque esos cielos brillan por su ausencia en los lugares que habitamos. Hoy en día, los cielos oscuros suenan casi a leyenda, a fábulas de ancianos, aunque todos los aficionados soñamos con esperanza el día de acercarnos a uno de ellos…

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El grupo Maffei (1ª parte)

Hoy vamos a comenzar un excitante viaje por uno de los grupos galácticos más cercanos a nosotros y, al mismo tiempo, uno de los menos conocidos. Estamos hablando del grupo Maffei, una familia de una veintena de galaxias que quedan parcialmente ocultas por la Vía Láctea, motivo por el que han pasado desapercibidas hasta hace unas pocas décadas. Fue en 1967 cuando Paolo Maffei, escudriñando el cielo en longitud de onda infrarroja, vio dos objetos que, en la constelación de Casiopea, brillaban intensamente, apenas visibles en longitud de onda visual. Bautizó a las fuentes de infrarrojo como Maffei 1 y Maffei 2, y pocos años después se conoció su verdadera naturaleza, dos galaxias que parecían estar muy cerca de nuestra propia galaxia. Previamente Sharpless las había detectado, aunque pensó que eran nebulosas de emisión, por lo que las denominó Sh2-191 y Sh2-197 (pasaban altamente desapercibidas al compartir parcela celeste con la archiconocida y deslumbrante Nebulosa del Corazón o IC 1805). A finales del siglo XX, el estudio en otras longitudes de onda permitió observar estas galaxias a través del polvo de la Vía Láctea, que hasta entonces había actuado como un turbio telón, y así es como llegamos a conocer a estas vecinas con las que compartimos algo más que la mera geografía. Se comprobó que no vagaban solas por el espacio, sino que compartían vuelo con otra galaxia espiral, IC 342, así como diversas galaxias de menor tamaño (Dwingeloo 1, 2, NGC 1560 o NGC 1569 son algunos otros de sus principales componentes). Hoy en día se conocen 24 galaxias en esta familia, que parecen disponerse en dos subgrupos, el subgrupo de IC 342 y el de Maffei 1, siendo éste último el que se encuentra oculto por mayor densidad de polvo galáctico. En la siguiente imagen, captada en IR, podemos apreciar a Maffei 1 y Maffei 2 muy cerca de IC 1805. Maffei 1 es esa mancha elongada y difusa, de color azulado, que ocupa el centro de la imagen a la izquierda. Maffei 2 aparece como una nube más blanquecina y alargada justo arriba.

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El estudio del movimiento de Maffei 1 e IC 342 llevó a la conclusión de que habían estado en contacto con M31, la galaxia de Andrómeda, hace entre 5000 y 8000 millones de años luz, poco después de la formación del Grupo Local, y fueron expulsadas velozmente a raíz de dicho encuentro. Estos datos provocaron un cambio a la hora de concebir la relación entre la Vía Láctea y M31, ya que se habían usado ambas galaxias como pilares para explicar la evolución del Grupo Local. Sin embargo, al aparecer el grupo Maffei en escenario la situación cambió, de manera que habría que estudiar preferentemente la relación entre las cuatro galaxias principales, ya que el acercamiento de Andrómeda a la Vía Láctea podría deberse, en mayor o menor medida, a la interacción con Maffei 1 e IC 342. Vemos así que existe una gran interrelación en el cosmos, que se asemeja más a un océano lleno de corrientes que a un vacío estático.

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Maffei 1 es la galaxia elíptica gigante más cercana al Grupo Local, situándose a unos 10 millones de años luz. Es una galaxia que alcanza los 75.000 años luz de diámetro, la mitad que la Vía Láctea, y está formada por estrellas de baja metalicidad, lo cual indica una edad avanzada, como la mayoría de galaxias elípticas. Cerca de su núcleo, sin embargo, se hace evidente cierto proceso de proliferación estelar que ha tenido lugar en los últimos 100 millones de Foto Maf 1.jpgaños, si bien no es más que un suspiro de aire fresco en una residencia de ancianos. Todo apunta a que tiene una gran cantidad de cúmulos globulares, como la mayoría de las galaxias elípticas, habiéndose estimado su número en unos 1100, si bien es extremadamente difícil apreciarlos debido a las interferencias con nuestra propia galaxia. La extinción, el “ocultamiento” por la Vía Láctea, se ha estimado en unas 4.7 magnitudes, de manera que si estuviera situada en otro lugar más limpio de gas y polvo brillaría con una magnitud cercana a 7, destacando sobre la mayoría de galaxias. Así, el tamaño que presenta en visual es de apenas 2 minutos de arco de longitud, mientras que si la observamos en infrarrojo ocupa un área de 23 minutos de arco de diámetro, tres cuartas partes de la luna llena. A la hora de observar Maffei 1 con nuestros telescopios tenemos que tener en cuenta que es pequeña y débil, con un bajo brillo superficial, estando camuflada en un grupito de estrellas que reciben el nombre de Czernik 11, un discreto cúmulo abierto en el que contamos 7 u 8 componentes. Y allí, entre el rombo que forman sus principales estrellas, veremos el núcleo de Maffei 1, luchando por dejarse ver tras el telón de la Vía Láctea. Teniendo en cuenta que es un objeto de pequeño tamaño, será mejor usar oculares de gran aumento. En el Dobson de 30 cm el que mejor resultado me proporcionó fue el Cronus de 7 mm, con 214 aumentos, de manera que oscurecía un poco más el fondo y permitía obtener un mejor contraste, dejándose ver esa nubecilla ovalada y tenue, especialmente con visión periférica.

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Maffei 2 es harina de otro costal… Se sitúa más lejos que Maffei 1, a unos 16 millones de años luz, y es una bonita espiral barrada que me recuerda enormemente a M109. Presenta dos prominentes brazos que nacen en los extremos de su barra central y que brillan extremadamente en el infrarrojo, mostrando una bárbara proliferación estelar. De hecho, Maffei 2 es la galaxia de brote estelar (starbust) más cercana a nosotros, una galaxia joven repleta de regiones HII y grandes cúmulos de estrellas. Esta proliferación podría deberse a una posible interacción en el pasado con alguna de las múltiples enanas que pueblan la zona, aunque en el momento actual no muestre signos de fusión reciente.

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Maffei 1 era distinguible con pequeños telescopios, incluso con uno de 10 cm bajo un cielo oscuro, pero Maffei 2 no nos lo pondrá tan fácil. Su escaso brillo puede hacernos temblar, ya que se le atribuye una magnitud de 16, aunque al ser pequeña y densa nos facilitará (levemente) la tarea. Se encuentra cerca de Maffei 1, y para atisbarla necesitaremos conocer con total precisión su posición, así como tener conciencia de que roza lo invisible. La mínima apertura necesaria ronda los 30 cm y, además, el cielo tiene que ser de los más oscuros que podamos soñar en la Península. En mi caso la observé desde el Puerto de Blancares, una oscura zona a 40 minutos de Granada que siempre me ha permitido ver objetos verdaderamente débiles. Me sorprendió poder distinguir a Maffei 2 con relativa facilidad, usando la visión periférica, apenas como una difusa y minúscula nube, recordándome su visión a PGC 16865, la lejana galaxia que aparece inmersa en NGC 1807. Sin embargo, PGC 16865 se encuentra a 246 millones de años luz mientras que Maffei 2 está a tan solo 16 millones. Imaginemos por un momento la cantidad de materia que se interpone entre nosotros y Maffei 2 para que ambas galaxias parezcan similares… De hecho, esta galaxia se encuentra aún más enturbiada que Maffei 1, oscurecida en 5.7 magnitudes, por lo que no es de extrañar que haya sido descubierta a finales del siglo pasado.

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*En el siguiente enlace podéis leer más sobre la estructura y composición de este grupo, con detalles sobre cada una de las galaxias que lo forman:

http://iopscience.iop.org/article/10.1086/313255/pdf