Fantasmas estivales (Palomar 6)

Hay que aprovechar las condiciones propicias para intentar ver más allá de nuestras posibilidades, y una de estas condiciones se dio el pasado verano, cuando me encontré bajo los oscuros cielos de la Sierra en Postero Alto, pudiendo observar estrellas que rondaban la magnitud 6.5. Además de disfrutar con llamativas galaxias y nebulosas, decidí aventurarme en las profundidades del polvo y gas de nuestra galaxia  para intentar desentrañar algunos de sus objetos mejor escondidos… Allí pude encontrar algunos cúmulos globulares verdaderamente débiles, que hacen justicia al término anglosajón obscure.

Hoy os hablaré de Palomar 6, uno más de la selecta lista que engloba a los 15 globulares que fueron encontrados a partir de fotografías obtenidas en el Observatorio Palomar. Ya había podido observar algunos de sus hermanos, como Pal 2, Pal 7, Pal 11 o Pal 12, y no quería perder la oportunidad de ampliar la familia. Palomar 6 se encuentra en los dominios de Ofiuco, aunque para llegar hasta él es más sencillo si salimos desde Sagitario. El cúmulo dista de nosotros algo menos de 20.000 años luz, especialmente poco para lo débil que aparece ante nuestros ojos. Sin embargo, la culpa de su debilidad estriba, como hemos apuntado hace un momento, en su situación especialmente cercana al centro galáctico (se encuentra, tan solo, a unos 2.000 años luz sobre el plano de la galaxia), oculto tras una densa maraña de polvo y gas. Palomar 6 brilla con una magnitud de 11.6 (su brillo superficial es mucho menor, sin embargo) y tiene un tamaño aparente de 1.2 minutos de arco. Para encontrarlo tenemos que prepararnos con una buena dosis de paciencia y adaptación a la oscuridad, aunque también es verdad que no es de los cúmulos Palomar más débiles que existen. Una vez lo tengamos en el campo del telescopio tenemos que respirar con calma y relajar la mirada, intentando encontrar la más mínima diferencia de brillo con respecto al fondo. No hay una gran cantidad de estrellas colindantes, lo cual ayuda a centrar nuestra atención. En mi caso, con el Dobson de 30 cm, comencé a notar su presencia a los pocos minutos de observarlo, a 115 aumentos. Aparecía como una mancha pequeña y apenas perceptible, en el umbral de la visibilidad, un fantasma redondeado que sólo se dejaba ver con visión lateral. A 214 aumentos la nube prácticamente desaparecía de la vista, aunque podía distinguir una decena de estrellas en su seno, diminutos habitantes de un lejano mundo.

Palomar 6.png

Globulares en Ofiuco (4ª parte)

Hoy completamos esta serie de entradas con tres nuevos globulares que se encuentran al norte de la Nebulosa de la Pipa, formando un triángulo. El primero que nos encontramos al subir es NGC 6342. Situado a unos 28.000 años luz de distancia, fue descubierto por William Herschel en 1786. Él no pudo resolverlo, aunque distinguió en su superficie cierto aspecto moteado. Es un globular de tipo IV, con un núcleo bien diferenciado del resto. Al telescopio brilla con una magnitud  de 9.5, conformando una pequeña esfera de casi 3 minutos de arco (en fotografías alcanza los 4.4 minutos). El núcleo es brillante y pequeño, y con un poco de paciencia puede distinguirse una textura granujienta, grumosa, probablemente como ya lo viera Herschel en su momento. La corona es más débil, con una tímida estrella situada en el borde.

NGC 6342.png

Otro vértice del triángulo lo ocupa NGC 6356, uno de los globulares más grandes que pueblan la Vía Láctea. Para entenderlo no tenemos más que compararlo con el anterior: NGC 6356 se encuentra a 49.600 años luz de distancia (cerca del doble) y mide, sin embargo, más del doble, alcanzando los 10 minutos de arco de diámetro. Con una magnitud de 8.2, fue descubierto por William Herschel (cómo no) en 1784. Es un cúmulo de tipo II, si bien está tan lejos que no distinguiremos el núcleo tan destacado como debería. Al telescopio veremos una nube difusa de unos 5 minutos de arco de diámetro con una zona interna algo más brillante. Ninguna estrella surca su superficie salvo una, tenue y diminuta, que se encuentra al sureste, en la región más externan del halo. El centro, eso sí, en ocasiones muestra cierta grumosidad, como si quisiera revelarnos  la gran familia de estrellas que esconde en su interior.

NGC 6356

Vamos a terminar esta colección de globulares saliendo por la puerta grande, con uno de los más brillantes de la lista. Se trata de M9, que fue descubierto por Charles Messier en 1764, y conocido también posteriormente como NGC 6333. Se encuentra por encima de la nebulosa oscura B64 y dista de nosotros unos 25.800 años luz. Está bastante cerca del centro galáctico, a poco más de 5.000 años luz, y la fuerte gravedad de éste le ha producido un achatamiento de su estructura. Unas 250.000 estrellas se encuentran aglomeradas en una esfera de apenas 90 años luz, cifras que nos sirven para intentar entender la enorme densidad de estos cuerpos. Su metalicidad es muy baja, indicándonos que se formó hace mucho tiempo y que, con bastante seguridad, lo hizo alejado del centro de la galaxia (donde la metalicidad de las estrellas suele ser mayor).

M9 tiene una cómoda magnitud de 7.9, fácilmente visible, por tanto, a través del buscador. Aparece a nuestros ojos como una brillante esfera cuyo brillo va decayendo gradualmente a medida que nos alejamos del núcleo, sin grandes diferencias entre estratos. Es ciertamente interesante observarlo desde un lugar oscuro, ya que así podremos distinguir una especie de condensación central, alargada, que recuerda enormemente a la franja de estrellas brillantes que atraviesan M4. De la misma manera, una pequeña franja destaca en M9 de norte a sur, dividiendo la región interna en dos partes diferencias. Una quincena de estrellas pueblan la periferia  del cúmulo, y algunas otras se adivinan en la lejanía de la nube. Al oeste podemos percibir una zona especialmente vacía de estrellas, parte de una cercana nebulosa oscura que se llama Barnard 64, que podremos disfrutar con unos buenos prismáticos bajo un cielo oscuro.

M9

Terminamos aquí nuestro recorrido por la zona de la Nebulosa de la Pipa, habiendo observado 13 cúmulos globulares y algunas nebulosas oscuras. Os recomiendo hacer esta peregrinación alguna vez en la vida, es una manera interesante de comparar un buen número de globulares para entender mejor sus diferentes características, y la verdad es que la Nebulosa de la Pipa es una referencia maravillosa para encontrarlos, no nos cansaremos de observarla una y otra vez.

Globulares en Ofiuco (3ª parte)

Comenzamos nuestra tercera jornada por este viaje entre globulares sumando otros cuatro objetos a nuestra creciente lista. Pondremos nuestra vista, en primer lugar, sobre uno de los más brillantes de la zona: Messier 19.

M19, también conocido como NGC 6273, fue descubierto por Charles Messier en 1764, pero no fue hasta veinte años más tarde  cuando William Herschel vio que estaba compuesto por multitud de pequeñas estrellas. Se encuentra a 28.700 años luz de nosotros, a tan sólo 6.500 años luz del centro galáctico. Visualmente es uno de los cúmulos globulares más alargados que se conocen, aunque parece ser que esta forma se debe a que una nebulosa oscura “recorta” uno de sus bordes. Cuando se observa M19 en el infrarrojo se puede comprobar que su forma es redondeada, como casi todos los globulares. Se extiende por unos 140 años luz de diámetro y su masa es estima en 1.1 millones de masas solares, por lo que estamos ante un globular bastante grande y pesado. Es de tipo VIII, lo cual indica una baja concentración en su región central, fácil de comprobar si lo comparamos con la mayoría de cúmulos que hemos observado por esta región.

Su magnitud aparente, de 7.47, pone a M19 al alcance de un simple buscador, aunque para ver sus detalles necesitaremos usar mayores aumentos. Con el Dobson de 30 cm queda patente su forma alargada, en sentido norte-sur, destacando un amplio núcleo de unos 4 minutos de arco. La corona, más débil, se extiende unos dos minutos más allá. Aparece poblado por una inmensa cantidad de estrellas diminutas, siendo las más brillantes de ellas de magnitud 14. Uno de las características que más llamó mi atención al observar este cúmulo fue la presencia de dos bandas oscuras que se recortaban al sur del núcleo como franjas  sin estrellas, más evidentes con visión lateral. También se aprecian en fotografías de poca exposición y puede que se deban al oscurecimiento producido por nubes de polvo que se interponen en su camino.

M19.png

No tenemos más que ascender poco más de un grado al norte para encontrarnos con nuestro siguiente objetivo, NGC 6284. Se encuentra mucho más lejos que cualquiera de los cúmulos que hemos visto, a unos 50.000 años luz, motivo de su menor brillo y tamaño. Descubierto en 1784 por William Herschel, es un globular de tipo IX, con sus estrellas relativamente dispersas.

Visualmente es  bastante similar a otros de los que hemos visto, como NGC 6316 o NGC 6304. A pesar de ser un globular de tipo IX pude distinguir un núcleo brillante que contrastaba de manera importante con la periferia más débil, alcanzando apenas los 3 minutos de arco de diámetro. Algunas tenues estrellas se dejaban entrever en su superficie, distantes y pequeñas, cuando la atmósfera decidía estabilizarse durante unos segundos.

NGC 6284.png

El siguiente globular de la lista es algo más peculiar, aunque sólo sea por su forma. Es NGC 6235, un globular de tipo X, más disperso aún que los anteriores (recordemos que el más extremo es el tipo XII). Se encuentra a unos 41.000 años luz de distancia, tras una gran cantidad de polvo que disminuye su brillo en al menos tres magnitudes. Es relativamente débil, de magnitud 9 y brillo superficial bajo, pero no tendremos problema para observarlo desde un lugar alejado de las ciudades. Es de los pocos globulares que nos muestran una forma triangular perfectamente definida, algo que llamará poderosamente nuestra atención, De hecho, podríamos confundirlo fácilmente con una pequeña nebulosa difusa, ya que ni siquiera presenta un núcleo que contraste con la periferia. Dos o tres estrellas habitan en su superficie, siendo las restantes demasiado débiles para dejarse ver.

NGC 6235.png

Seguimos al otro lado del núcleo galáctico, aunque algo más cerca, para visitar el próximo objeto. Se trata de NGC 6287, un globular que podría ser el más antiguo de este tipo de objetos. De entre todos los cúmulos situados a 2.000 pársec del núcleo, NGC 6287 es el que tiene una menor metalicidad, de lo cual se deduce que su formación se dio en las primeras etapas del universo, cuando todavía no se habían formado elementos más pesados. Fue descubierto por William Herschel en 1784 y se encuentra a una distancia de 30.300 años luz. Es un globular de tipo VII, algo que queda patente cuando lo observamos a través de un telescopio. Veremos una esfera difusa de unos 3 minutos de diámetro, sin observar ningún gradiente de brillo, ningún núcleo que destaque del resto de superficie. Podemos ver, eso sí, diminutas estrellas dispersas por su superficie, brillando sobre un fondo granujiento que sugiere que muchas otras se encuentran por detrás.

NGC 6287

Globulares en Ofiuco (2ª parte)

Proseguimos con nuestro viaje entre los cúmulos de Ofiuco bordeando la nebulosa de la Pipa, siguiendo el camino que marca su larga y contrastada cánula. Nuestra primera parada de esta etapa es NGC 3616, un concentrado cúmulo globular de tipo III. Fue descubierto por William Herschel en 1784 y se sitúa justo al norte de NGC 6304. Si sobrevoláramos la Vía Láctea lo podríamos ver al otro lado del núcleo, a unos 36.000 años luz de nuestro planeta, en una turbulenta zona repleta de gas polvo. De hecho, presenta una metalicidad especialmente elevada, ya que al estar tan cerca del núcleo ha encontrado a su paso elementos muy pesados que otras estrellas, tras su muerte, han dejado esparcidas por esa zona. Su diámetro se estima en unos 60 años luz, siendo su diámetro aparente de e 5 minutos de arco. Con una magnitud de 8.1, recuerda bastante a NGC 6304, con un núcleo muy brillante y pequeño, de menos de un minuto de arco, con un halo bastante débil. En este caso no conseguí apreciar ninguna de sus estrellas, permaneciendo todo el rato como una nebulosa redondeada de núcleo brillante, más parecido a una pequeña galaxia elíptica: no es fácil destacar cuando el núcleo de toda una galaxia se encuentra a medio camino.

NGC 6316.png

Más interesante nos resultará NGC 6293, un bonito globular que se encuentra a unos 31.000 años luz de distancia, a tan sólo 4.000 del centro galáctico. Sin embargo, una mirada basta para saber que no ha salido tan “perjudicado” de la situación como su compañero. NGC 6293 fue descubierto por el cazador de cometas Lewis A. Swift en 1885 y es un globular de tipo IV. Curiosamente, de todos los cúmulos globulares situados a 10.000 años luz del núcleo de la galaxia, éste es el segundo de menor metalicidad: no sería extraño que su lugar de origen resida mucho más lejos de esta ajetreada zona. Su baja metalicidad se relaciona además con su edad, estimada en unos 14.000 millones de años. Sí, sabemos que el universo tiene una edad de 13.700 millones de años, con lo cual sería un disparate afirmar que la edad de NGC 6293 es superior, debería haberse formado antes de que se produjera el Big Bang: sin embargo, su edad estimada, más imprecisa que la edad del universo, nos hace ver que es uno de los globulares más antiguos conocidos. M92 tiene una edad similar, aunque se encuentra a 31.000 años luz del centro galáctico, lo cual parece hablar en favor de que los globulares se formaron por igual en distintos lugares de la Vía Láctea (algo importante que contradice algunas teorías de formación de cúmulos globulares, según las cuales estos objetos se habrían formado cronológicamente desde las regiones más internas hacia el exterior de la galaxia).

NGC 6293 tiene una magnitud 8.3 que se reparte por un tamaño de unos 8 minutos de arco (equivalente a 70 años luz). Presenta un brillante y pequeño núcleo, similar a los que ya hemos contemplado en los cúmulos previos. Sin embargo, la periferia de NGC 6293 es mucho más llamativa, pudiendo diferenciarse en dos zonas de distinto brillo. En la zona media titilan unas diez estrellas luchando por hacerse notar, mientras que en las regiones más externas apenas encontramos dos  o tres. En el centro, a pesar de su mayor intensidad, no se resuelven estrellas individualizadas, aunque adquiere una interesante textura granujienta. Justo a su lado hay dos estrellas muy cercanas entre sí que, curiosamente, fueron denominadas como NGC 6294 por John Herschel. Parece ser que vio en ellas un objeto nebuloso que describió como “débil, pequeño, gradualmente brillante en el centro, con un cúmulo globular al oeste”. En el catálogo IC ya aparece como lo que es, una estrella doble cuyos componentes, de magnitud 13 y 13.5, se encuentran separadas por 8 segundos de arco. Cuando lo observé con mi Dobson me sorprendió encontrar una zona especialmente oscura y desprovista de estrellas al este del cúmulo, probablemente parte del gran complejo de gas que puebla esta región del cielo.

NGC 6293

No muy lejos de allí, NGC 6355 es un cúmulo globular extremadamente apagado por estas nubes oscuras, en concreto por una conocida como LDN 1793. El cúmulo fue descubierto por Herschel en 1784 y se sitúa a 31.000 años luz, compartiendo parcela con NGC 6293. Sin embargo, no podían ser más diferentes al ocular. A pesar de no ver la nebulosa oscura de la que habíamos hablado pueden apreciarse sus efectos sobre esta familia de estrellas. Aparece con el Dobson de 30 cm como una esfera extremadamente tenue, sin ninguna diferencia entre el centro y la periferia, necesitando visión periférica para poder verlo con claridad. Apenas diez estrellas se dispersan sobre su superficie, brillando con extrema timidez.

NGC 6355

Vamos a terminar el capítulo de hoy con el sexto globular de la zona, más al norte, pero antes nos detendremos en una magnífica estrella doble. La descubrí de casualidad mientras navegaba por la zona, dejándome sorprender por sus dos contrastadas estrellas. Se trata de omicron Ophiuci, un sistema binario que debería estar en las mejores listas de verano. La principal es una gigante amarilla de tipo espectral G y magnitud 5.20, mientras que la secundaria brilla con magnitud 6.80 y es de tipo espectral F, reluciendo como un llamativo punto azul pálido. Cuando nos cansemos  de contemplar a esta singular pareja  podemos mover el tubo hacia arriba, hasta que entre en campo NGC 6325.

Es fácil comprobar las similitudes entre NGC 6325 y NGC 6355: ambos tienen un tamaño de unos 4 minutos de arco y ambos se encuentran intensamente “tapados” por nubes de polvo. El campo estelar que rodea a NGC 6325 es más pobre aún, oculto  por la nebulosa LDN 28. Fue descubierto por John Herschel en 1835 y, a pesar de ser de tipo IV, el fuerte oscurecimiento que sufre lo hace parecer mucho menos concentrado. Se encuentra a unos 25.000 años luz, es decir, por delante del núcleo de la galaxia, aunque su mayor cercanía no nos facilitará la tarea al observarlo. La descripción de 6355 podría aplicarse en este caso, aunque quitando de su superficie las débiles estrellas que se dejaban ver. NGC 6325 aparece como una simple nebulosa redondeada sin ningún otro detalle que mostrar, al menos a telescopios de apertura media. Podría parecer poco interesante, pero en una zona tan rica en cúmulos globulares se agradece que haya variedad, permitiéndonos apreciar tan diferentes formas y texturas.

NGC 6325

Globulares en Ofiuco (1ª parte)

La Vía Láctea baña el cielo con su esplendor desde el verano hasta bien entrado el otoño. Estas noches podemos disfrutar aún de todo lo que esta brumosa franja tiene para ofrecernos. Un rápido vistazo bajo un cielo oscuro delatará la presencia de un “camino” oscuro que parece dividir la Vía Láctea en dos, conocido como la Gran Grieta. Esta aparente falta de estrellas no es tal, sino que se produce por la interposición de un conjunto de nebulosas oscuras que obstaculizan la luz que viene de atrás: precisamente, su interior es rico en estrellas recién nacidas, cuyo brillo queda oculto tras la densa capa de gas y polvo. Pues bien, esta maraña de nebulosas recorta formas diversas a lo largo de su camino desde la constelación del Cisne hasta más al sur de Sagitario y Escorpio. En Ofiuco adopta una peculiar silueta que le ha valido el sobrenombre de “la Pipa”. Bajo un cielo oscuro no nos será difícil apreciar su forma: la cánula de la pipa es la zona más contrastada y, por tanto, más fácil de ver, agrupando una serie de nebulosas conocidas como B65, B66, B67 y B59 (la letra viene de Edward Emerson Barnard, astrónomo que catalogó un gran número de estas nubes oscuras). Aparece como una línea oscura que se adentra en la Vía Láctea a su paso por Ofiuco. Unos prismáticos de gran campo pueden mostrar la región con mayor definición, apreciando sin ningún problema sus bordes. Su opacidad alcanza el nivel 6, el máximo de opacidad en este tipo de objetos. La cazoleta de la pipa está constituida por B78,  de mayor tamaño y con una opacidad de grado 5. El siguiente dibujo lo realicé desde uno de los cielos más oscuros que he visto, con una magnitud límite alrededor de 6.5, cerca de Jérez del Marquesado. Observé la nebulosa con unos prismáticos 8×30 que me prestó Leo, en concreto los 8×30 Kite Lynx HD. Me sorprendió la definición tan alta que me ofrecían, con una imagen brillante y la nebulosa claramente contrastada contra el fondo lechoso de la Vía Láctea. No podía dejar de pensar en cómo un instrumento “tan pequeño” podía rendir tanto para este tipo de objetos: incluso he llegado a plantearme cazar todas las nebulosas oscuras posibles con ellos (debo decir que durante esa noche los disfruté como un niño chico con multitud de objetos de todo tipo, en breve me animaré a escribir una reseña sobre ellos).

Pipa.png

A continuación podéis ver cómo se denomina cada región de la nebulosa:

Pipa detalles

Pero esta zona del cielo no es interesante sólo por sus nebulosas oscuras, sino porque podemos ver, alrededor de la Nebulosa de la Pipa, hasta 13 cúmulos globulares asequibles a instrumentos de apertura media. La mayoría de ellos pueden verse con pequeños telescopios, aunque para resolver algunos de ellos hará falta una apertura de 30 cm, y más aún para los más oscuros y lejanos. En las próximas  cuatro entradas quiero proponer un recorrido por estos cúmulos globulares que nos servirá para conocer en mayor profundidad este tipo de objetos. Además, algunos son muy distintos entre sí, permitiéndonos apreciar sus diferencias y compararlos con un leve movimiento del telescopio. En esta imagen se exponen los globulares observados, tomando como referencia la posición de la famosa nebulosa oscura.

Pipa mapa

Comenzaremos por el sur, no muy lejos de Antares, observando uno de los más brillantes de esta serie de objetos: vamos a empezar con buen pie. Se trata de M62, también conocido como NGC 6266. Fue descubierto por Charles Messier en 1771, aunque él no consiguió resolver sus estrellas, definiéndolo como una nebulosa redondeada con el núcleo más brillante, muy parecido a un cometa. Lo cierto es que M62 es una esfera formada por estrellas que alcanzan, en su conjunto, una masa de alrededor de 1.2 millones de masas solares, situada a unos cómodos 22.500 años luz de distancia. Este gran número de estrellas determina que en las regiones centrales del cúmulo haya una enorme densidad, tanta que es capaz de propiciar la formación de algunos elementos interesantes. Contiene al menos 89 estrellas variables, muchas de ellas RR lyrae, aunque M62 es famoso por poseer el primer agujero negro estelar encontrado en un cúmulo globular de nuestra galaxia (ya se había encontrado previamente uno en M49). Se detectó gracias a la intensa emisión de rayos X que desprendía, producida en el gas que giraba a su alrededor cuando alcanzaba altas temperaturas. Desde su descubrimiento en 2013 se han encontrado otros agujeros negros de masa estelar formando parte de cúmulos globulares, lo cual parece indicar que es más frecuente de lo que se podría pensar.

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M62 es uno de esos cúmulos globulares que no defraudan a nadie que lo observe desde un cielo oscuro, brillando con la séptima magnitud. Ya visible a través del buscador como una pequeña mancha redondeada, alcanza todo su esplendor con cualquier telescopio. Con el Dobson pude ver una maraña de estrellas que ocupaba casi la mitad del campo a 214 aumentos, superando los 7 minutos de arco de diámetro, aunque en fotografías de larga exposición alcanza los 15 minutos de arco (que se corresponde con unos 100 años luz a la distancia estimada). Podía distinguir sin dificultad tres grandes poblaciones de estrellas: la central y más brillante, el núcleo del cúmulo, ocupaba algo más de un minuto de arco y rebosaba de llamativas estrellas que parecían tocarse. A su alrededor se disponía una segunda capa un poco más tenue, con cierta forma triangular, mientras que las restantes estrellas se esparcían hasta rellenar todo el área. Eran estrellas muy pequeñas y débiles, extremadamente numerosas mirara donde mirara. La vista era aún mejor cuando imaginaba que allí, entre algunos de esos minúsculos puntos, residía un pequeño agujero negro.

M62.png

Muy cerca de este cúmulo tenemos otro globular, NGC 6304, que contrasta fuertemente con el anterior. Se encuentra a unos 19.000 años luz de distancia pero su tamaño es más pequeño, superando apenas un diámetro de unos 40 años luz. Sin embargo, en él podemos percibir los efectos de la atenuación debido al complejo de nubes oscuras del que hablábamos al principio de la entrada. Es un cúmulo bastante “contaminado” por estrellas del centro galáctico, motivo por el que su metalicidad es especialmente alta. Fue descubierto por William Herschel en 1786, aunque su verdadera naturaleza no fue revelada hasta el siglo XIX.

NGC 6304 es un globular de tipo IV, lo cual indica una importante concentración en el núcleo (recordemos que en la clasificación de Shapley-Sawyer el grado I hace referencia a la máxima concentración posible, mientras que el grado XII nos habla de globulares extremadamente difusos y dispersos, sin ningún gradiente apreciable). Esta concentración, similar a la de M62, queda patente al observarlo por el ocular, incluso a bajo aumento. De entrada podemos apreciar su pequeño tamaño y un poderoso núcleo, de un minuto de arco de diámetro, que brilla con fuerza. La periferia se extiende hasta alcanzar un diámetro total de unos dos minutos de arco, y se pueden llegar a distinguir cuatro o cinco estrellas rozando el borde, extremadamente débiles, como si fueran ajenas al cúmulo.

NGC 6304.png

Globulares fantasma

Si eres aficionado a la astronomía, los cúmulos globulares o te gustan, o te acaban gustando. Más aún cuando te das cuenta de la inmensa variedad de formas y estructuras que pueden adoptar. Hoy vamos a ver tres de ellos muy cercanos entre sí, característicos por su extrema debilidad, que les da la apariencia de difusas nebulosas redondeadas. Se encuentran justo en el límite entre Serpens Cauda (la Cola de la Serpiente) y Ofiuco.

El primero de ellos pertenece al selecto grupo Palomar y se denomina Palomar 7. Como ya sabemos, los 15 globulares que forman parte de este catálogo fueron descubiertos, en su mayoría, en la década de los 50, en el observatorio Palomar de California. Sin embargo, el que nos ocupa hoy ya se conocía, al parecer, con anterioridad, con la entrada del Index Catalogue IC 1276. Se encuentra bastante cerca de nosotros, a unos 17.600 años de distancia, siendo su pecado estar dispuesto tras densas nubes oscuras que lo han hecho empalidecer y disminuir varias magnitudes. Su tamaño es de 8 minutos de arco y su magnitud de 10.34, pero no nos dejemos engañar, pues su brillo superficial es bastante bajo. Se encuentra en la constelación Serpiente, a una altura similar a la constelación del Escudo, y para verlo necesitaremos un cielo alejado de la contaminación lumínica. Con mi Dobson de 30 cm lo encontré sin problemas con el ocular de 13 mm, a 115 aumentos, apareciendo como una pequeña esfera homogénea, más fácilmente visible con mirada periférica, sin ningún gradiente distinguible. Dos estrellas aparecían tímidas en el seno del cúmulo, seguramente ajenas a la población real, que son mucho más débiles.

Palomar 7.png

El siguiente cúmulo, aunque del catálogo NGC, no es mucho más deslumbrante. Se trata de NGC 6539, una aglomeración de soles situada a unos considerables 25.400 años luz de distancia, sufriendo también los efectos atenuantes de la materia interestelar. Su magnitud de 9.6 también se encuentra algo sobreestimada debido a su bajo brillo superficial, aunque es más sencillo que Palomar 7. Aparece a 214 aumentos como una esfera homogénea, como corresponde a su categoría X de la clasificación Shapley-Sawyer, con bordes homogéneos que se van perdiendo gradualmente. Algunas estrellas pueden intuirse en la periferia, de nuevo estrellas intrusas que quieren hacerse pasar por habitantes de esta enorme familia de estrellas. Visualmente podría pasar por una amplia nebulosa planetaria, y no es de extrañar que no se descubriera hasta 1856.

NGC 6539.png

Cruzamos ahora la invisible línea que delimita las constelaciones y nos situamos en Ofiuco, si bien vamos a ir mucho más lejos en profundidad, hasta los 35.500 años luz, distancia a la que se encuentra NGC 6517, el último globular de este triplete. Su magnitud de 10 y un tamaño aparente menor que el anterior podrían hacernos pensar que nos será bastante difícil encontrarlo, pero nada más lejos de la realidad. El principal motivo para ello reside en su mayor concentración hacia el centro, que produce un brillante núcleo coronado por una periferia más débil. Pertenece a la categoría IV de la clasificación Shapley-Sawyer, siendo útil su comparación con NGC 6539 (categoría X, mucho menos concentrado). Ninguna de sus estrellas se individualizó en mi telescopio a 214 aumentos, si bien me transmitió cierta sensación de granulación, a diferencia de los otros, la sensación de que verdaderamente me encontraba ante un cúmulo globular.

NGC 6517.png

Observar este tipo de globulares, tan débiles e irresolubles, puede parecer algo tedioso e incluso aburrido al principio, aunque cuando uno es consciente de lo que está viendo cambia la perspectiva. También es interesante el hecho de saber que su número es limitado, conociéndose a día de hoy unos 160, aunque se estima que hay unos 180 girando alrededor de la Vía Láctea, lo cual añade el aliciente de cazar el máximo número de ellos.

Sobre la Pipa (NGC 6401 y NGC 6369)

La visión de la Vía Láctea estival bajo un cielo estrellado lejos de las grandes urbes puede llegar a ser verdaderamente sobrecogedora. Mil formas se perfilan en su superficie, destacando en Sagitario la gran nube oscura que comienza en el Cisne. Esta grieta negruzca presenta salientes hacia ambos lados, y si la noche es oscura podremos ver una de estas prolongaciones que se encuentra a la derecha de M8 y por encima de la cola del escorpión, formando un triángulo recto. Nos llamará la atención que presenta una forma muy linear, especialmente con visión indirecta, contrastando con todas las curvas que predominan en la zona. Esta nube oscura es conocida como la Nebulosa de la Pipa, y la zona más rectilínea se corresponde a la cánula y a la boquilla, en el extremo, mientras que hacia el Este se abre un poco más y forma la “cazoleta”. La nube, que podemos recorrer con prismáticos para disfrutar de cada uno de sus recovecos, está formada por varias nebulosas oscuras, destacando Barnard 78 (B78), B67, B66, B65 y B59, constituyendo esta última la boquilla. Pero el interés que hoy tenemos en esta nebulosa es que nos sirve para orientarnos y encontrar los objetos que tenemos en lista, ya que se encuentran justo al norte de “la Pipa”, donde tres estrellas brillantes formando una curva nos ayudarán en la búsqueda.

Comenzaremos por NGC 6401, un débil cúmulo globular que se encuentra a unos 34.000 años luz de distancia. William Herschel y su hijo, en el siglo XVIII, lo confundieron con una nebulosa, lo cual ya nos da una idea de su elevada dificultad. A pesar de tener una magnitud de 7.4, su brillo superficial es extremadamente bajo y sus estrellas quedan fuera del alcance de nuestros telescopios. Destaca una brillante estrella de magnitud 11 que parece engarzada en la corona del cúmulo, pero no es más que un efecto de perspectiva, ya que dicha estrella se encuentra mucho más cerca de nosotros. Una vez localizado, NGC 6401 aparece como una esfera de unos 5 minutos de arco de diámetro, muy débil y de bordes difusos, aunque la visión lateral ayuda a verla con mayor facilidad. Su superficie, sin embargo, podría describirse como “granujienta”, dando la curiosa sensación de que, de un momento a otro, todas sus estrellas van a resolverse. Pero no, NGC 6401 permanece envuelto en el halo de misterio que le rodea y no soltará prenda a no ser que se fotografíe con una exposición lo suficientemente prolongada. Aun así, merece la pena echarle un vistazo y dejar que se nos insinúe con ese crepitar invisible de estrellas que se puede adivinar en su interior.

NGC 6401.png

Vamos a viajar ahora a unos 3.500 años luz de distancia para contemplar una espectacular nebulosa planetaria denominada NGC 6369, conocida también como la Nebulosa del Pequeño Fantasma. Es una joven planetaria con una llamativa estructura anular, cuyas capas externas se expanden a unos 24 km por segundo. Se encuentra inmersa en la nebulosa oscura Barnard 77, por lo que no nos debe sorprender la pobreza en el campo de estrellas una vez que estemos con el telescopio. Nuevamente, la estructura anular de esta planetaria no se debe a una forma esférica, como la lógica podría dictar, sino que posee una estructura cilíndrica en forma de reloj de arena que vemos de frente (estructura similar a M27, en cuyo caso la vemos de perfil). Por este motivo puede parecernos, en fotografías de larga exposición, que la estrella central se encuentra un poco descolocada del centro exacto.

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NGC 6369 se encuentra a medio camino entre dos brillantes estrellas, c Oph y b Oph, formando un triángulo muy abierto con ellas. A bajo aumento ya se puede apreciar como una estrella borrosa y algo engrosada, imagen que irá cambiando si nos acercamos. A 214 aumentos la nebulosa se aprecia redondeada y más grande, aunque no supera el minuto de arco de diámetro, y su magnitud de 11.4 se hace patente, siendo más débil que la mayoría de planetarias que estamos acostumbrados a ver por esta zona. Sin embargo se puede apreciar sin problemas siempre que observemos bajo un lugar alejado de la contaminación lumínica, y con visión periférica comenzará a dejarse ver su interesante estructura: un anillo de humo de bordes engrosados, bastante regular en toda su extensión, sin atisbo de estrella central que causa tal espectáculo. Ésta es una enana blanca cuya magnitud de 16 complica bastante su detección, pero no hace falta verla para disfrutar de las vistas.

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