No es lo que parece (NGC 1579)

El título de la entrada hace referencia a la sorpresa que me llevé cuando leí sobre la verdadera naturaleza de NGC 1579. Uno acaba asociando colores a sustancias, de manera que los colores rojizos suelen hacernos pensar en regiones HII, zonas donde el hidrógeno se ioniza con las estrellas que se están formando. NGC 1579, conocida como la Trífida del Norte, es una bella nebulosa que se encuentra en la constelación de Perseo, y llama la atención en las fotografías por su forma y por su color, que recuerdan en gran medida a M20, la Trífida. Sin embargo, como reza el título, no todo es lo que parece, y ese color rojizo de NGC 1579 no se debe al hidrógeno ionizado, sino a la luz reflejada por una estrella muy joven…

Empecemos por el principio, dejando claro que una nebulosa puede ser iluminada por dos motivos, que sirven para incluirla en una de las siguientes categorías: por un lado, las nebulosas de emisión son aquéllas cuyo hidrógeno se encuentra ionizado por una brillante estrella, generalmente estrellas masivas de vida corta, y emiten ese característico color rojizo que conocemos, por ejemplo, de la Nebulosa de la Laguna, M42 o NGC 7000. La luz es emitida, literalmente, por el hidrógeno que forma la nube, un mecanismo totalmente diferente a lo que ocurre en las nebulosas de reflexión. En éstas, simplemente, el gas transmite la luz que le llega de una estrella, es decir, no “produce” luz nueva, sino que la luz se refleja en la nube. Las estrellas que iluminan las nebulosas de reflexión suelen ser gigantes azules que transmiten su color a la nebulosa, y ese es el motivo por el que la mayoría de ellas aparezcan de esa tonalidad. Sin embargo, como en todo, hay excepciones, y NGC 1579 es una de ellas. Su color rojizo me había llevado a pensar que sería una nebulosa de emisión, como también le ocurrió a Sharpless, que la identificó como región HII y la catalogó como Sh2-222, pero resulta que hay una gran cantidad de polvo entre la nebulosa y nosotros que altera nuestra percepción. Cuando observamos en lugares de nuestra galaxia especialmente poblados de estrellas, como sucede en los brazos espirales, suele haber un efecto conocido como extinción o enrojecimiento, ya que la luz azul es atenuada con mayor intensidad por el polvo interestelar y el resultado es que el objeto en cuestión aparece más rojizo. Y de ahí el motivo del color de NGC 1579, una nebulosa de reflexión que se encuentra fuertemente atenuada, como podemos apreciar en la siguiente imagen de Alson Wong:

Foto NGC 1579.jpg

Situada a unos 2100 años luz de distancia, NGC 1579 sufre una importante extinción por una nube de polvo denominada Lynds 1482 que pertenece a la nube molecular de Taurus-Auriga, situada a unos 500 años luz. La asociación Perseus OB2, que ya estudiamos en esta entrada, también se encuentra en la misma línea de visión, a medio camino entre la nebulosa y nosotros. NGC 1579 es una zona de formación estelar iluminada por sus jóvenes estrellas, algunas de las cuales excitan levemente el gas que les rodea, de manera que hay pequeñas zonas que son realmente nebulosas de emisión, si bien no es la nota predominante. La estrella más importante se llama LkHα-101, una joven estrella de 15 masas solares y un brillo 8000 veces superior al de nuestro sol que tiene una edad extremadamente joven, cubierta por una pequeña región HII. Se encuentra en un momento muy interesante de su formación estelar, justo cuando se está desprendiendo de la envoltura gaseosa que, a modo de placenta, cubre todas las estrellas que están naciendo. En cualquier momento este gas circundante se desprenderá del todo y la estrella brillará con más fuerza aún. LkHα-101 es la principal responsable de iluminar NGC 1579, y eso es algo que sabemos con precisión gracias a su espectro, que coincide completamente con el de la nebulosa. No es la única estrella de la zona, sino que comparte parcela con un centenar de ellas, todas con una edad estimada en apenas medio millón de años. Poco a poco, a medida que salgan de sus “caparazones” de gas, ionizarán todo el gas de alrededor y lo que veremos será una nebulosa de emisión. La siguiente imagen, obtenida con el Hubble, se centra en la región más interna de NGC 1579, captando una de sus llamativas franjas oscuras. La estrella que destaca en la esquina inferior derecha es la mencionada LkHα-101:

Foto NGC 1579 cerca.jpg

Para disfrutar de NGC 1579 merece la pena hacerlo desde un cielo oscuro y con una atmósfera estable, ya que su brillo superficial es más bien bajo y su tamaño, de apenas 6 minutos de arco, requerirá que usemos aumentos considerables si queremos apreciar más detalles. Se encuentra a medio camino entre Perseo y Auriga, pudiendo encontrarlo a partir de cualquiera de estas constelaciones. A bajo aumento, una vez pongamos el ojo en el ocular, es posible que nos pase desapercibida momentáneamente, aunque en seguida notaremos una débil nubecilla que aparece con visión indirecta. Poco a poco la nube va cobrando mayor intensidad, conforme el ojo se va adaptando, y a 214 aumentos muestra una relación tamaño-brillo adecuada para apreciar algunos de sus detalles. En primer lugar destaca el centro, más brillante y con una forma triangular, que se dispersa a lo largo de unos 3 minutos de arco. Sus bordes decaen rápidamente, pero pueden atisbarse jirones de gas situados más allá, destacando quizás una zona que se encuentra junto a dos estrellas especialmente unidas. El filtro UHC no ayudaba, lo cual me resultó extraño, ya que, por lo general, las regiones HII se realzan bastante: NGC 1579 ya estaba dando a entender su verdadera naturaleza. Tras un largo período de observación pude distinguir la principal veta oscura que separaba ambas zonas, y otra se insinuaba algo más alejada, bastante débil de todas formas. Poco a poco la imagen fue fraguando en mi retina hasta que me vi seguro como para plasmarlo en un dibujo. Si la atmósfera hubiera estado más estable el espectáculo habría sido aún mayor.

NGC 1579.png

Parte de un todo (IC 348)

Ya vamos comprobando que el espacio “vacío” está lleno, en realidad, de polvo y gas, como podemos ver en multitud de fotografías que contemplamos a diario. Hoy vamos a estudiar una zona especialmente interesante situada en la Nube Molecular de Perseo, una interesante región que se sitúa a una distancia de entre 600 y 1000 años luz. Comparte localización con la asociación Perseus OB2, en la cual quedan englobadas multitud de estrellas de tipo espectral O y B, jóvenes y grandes astros que iluminan el gas que hay a su alrededor. Entre estas nubes hay algunas que no reciben luz alguna y aparecen como nebulosas oscuras parcheando toda la zona, algunas fácilmente visibles si observamos desde un lugar alejado de la contaminación lumínica. Esta región OB cuenta con dos importantes zonas de formación estelar, una de las cuales ya vimos en su momento, la nebulosa de reflexión NGC 1333. En su interior se ha descubierto un gran número de estrellas jóvenes, muchas de las cuales cuentan con un anillo de gas a su alrededor, así como numerosos objetos Herbig-Haro. Hoy nos centraremos en la otra fábrica de estrellas que se sitúa muy cerca, IC 348. Podemos contemplar ambas zonas en la siguiente fotografía, una a cada lado de la imagen, así como la gran cantidad de polvo que reina en la región. IC 348 es la nebulosidad blanquecina que hay bajo la brillante estrella de la izquierda, mientras que NGC 1333 es una pequeña nubecilla de la misma tonalidad que hay en la mitad derecha:

Pero antes identificaremos la estrella más brillante que preside la asociación OB. Se trata de Zeta Persei (también conocida como Menkib), y su nombre también es usado para referirse a la asociación. Es una estrella de tipo espectral B1, bastante joven, que se sitúa a 750 años luz de distancia. Desde la tierra la vemos con una magnitud de 2.9, si bien posee una luminosidad equivalente a 47.000 veces la del sol. Tiene, por cierto, una compañera de magnitud 9 situada a unos 13 segundos de arco. Menkib, con una masa 19 veces mayor que la del sol, terminará sus días como una brillante supernova, aunque todavía le restan varios millones de años de vida.

Vamos a saltar de Menkib a Atik, también conocida como Omicron Persei, la estrella de magnitud 3.8 que tomaremos de partida para nuestra observación. Es una estrella que comparte el tipo espectral de Menkib, y junto a ella reside IC 348, un pequeño cúmulo abierto, de 15 años luz de diámetro, cuyas estrellas iluminan el gas circundante a modo de vela cósmica. Esta familia de estrellas está compuesta por casi 500 componentes, de los cuales una tercera parte presentan a su alrededor un disco de polvo en cuyo seno se están gestando planetas, como ocurrió en nuestro sistema solar hace 4500 millones de años. Esto es de gran importancia porque nos permite estudiar las primeras etapas de las estrellas, cuya edad ronda los 2 millones de años, si bien se han encontrado algunas extremadamente jóvenes que apenas llegan a los 500.000 años. Su “compañero de nube”, NGC 1333, posee incluso más estrellas recién nacidas, así como cuerpos de Herbig-Haro, de lo cual se deduce que su edad es algo menor. En la siguiente fotografía, hecha por Rafael Rodríguez Morales, podemos apreciar IC 348 con mayor detalle, a la izquierda, además de los impresionantes contrastes cromáticos que se han creado en la región. La nebulosidad más opaca, de forma alargada a la derecha, es Barnard 3; justo bajo IC 348 podemos ver Barnard 4, algo menos evidente:

foto-ic-348

Imagen obtenida por Rafael Rodríguez Morales

Otra particularidad de este cúmulo es que en él se han descubierto tres enanas marrones de baja masa, un peculiar objeto que podría ocupar el eslabón entre los planetas y las estrellas. Se trata de estrellas extremadamente jóvenes que poseen una masa particularmente pequeña, con lo cual su temperatura apenas alcanza los 600 grados Celsius. Estos astros tienen una masa menor de 10 veces la masa de Júpiter, batiendo así el récord estelar de “estrellas con peso pluma” en el universo conocido. Otra estrella especialmente interesante es LRLL 54361, un sistema doble formado por dos protoestrellas que orbitan una alrededor de otra. Cada 25 días este sistema sufre un repentino aumento de brillo, y parece deberse a que cada 25 días, en el periastro (cuando ambas estrellas están más cerca entre sí), sus atmósferas prácticamente entran en contacto, pasando materia de una a otra y produciendo una gran cantidad de energía.

Si observamos el cúmulo a bajo aumento es posible que la brillante Omicron Persei nos deslumbre, aunque si el cielo está oscuro no tendremos problema en ver una marcada nebulosidad en torno a un grupito de estrellas que hay a apenas 10 minutos. Lo cierto es que el cúmulo parece más bien pobre y la vista se va impresionando rápidamente de la nebulosa, cuya silueta se va recortando contra el fondo oscuro. La brillante Omicron Persei se encuentra en la parte inferior del ocular, y en el centro puedo contar una quincena de pequeñas estrellas, destacando un par de ellas más brillantes, rodeadas por algunas extremadamente débiles. La nebulosidad no es homogénea, destacando en torno a esta pareja de estrellas y a otra que se encuentra inmediatamente superior, partiendo de esos puntos débiles prolongaciones que otorgan al conjunto una forma de letra “C”. Hay otras zonas con nebulosidad débil, incluyendo una hilera de tres estrellas que se encuentran cerca de Omicron Persei. Esta estrella, en concreto, también parecía envuelta en una difusa nube redondeada, pero viendo posteriores fotografías probablemente fue debido al propio brillo de la estrella y una leve humedad que iba imperando en el ambiente. Sea como sea, otra faceta que quedó patente fue la verdadera escasez de estrellas que había al suroeste del cúmulo, no pudiendo ver ninguna de ellas en sus inmediaciones. No es que no haya, sino que en ese lugar se encuentra la nebulosa oscura Barnard 4. Muy cerca se encuentra Barnard 3, un poco más contrastada, en dirección a NGC 1333. De esta manera, si observamos estas variadas nebulosas y sus estrellas asociadas, podremos decir que conocemos relativamente bien a esta inmensa región conocida como Perseus OB2 y, como exploradores, podremos marcar su situación en el mapa de nuestros viajes galácticos.

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*Me parece importante tratar el cielo por regiones, de la misma manera que no podemos estudiar el ojo humano y, por otro lado, el área visual del cerebro, sino que para entender el conjunto debemos estudiar cómo llega un fotón a la retina y su camino a través del sistema nervioso. Así, en este caso, tenemos que tomar a NGC 1333 e IC 348 como parte de un todo más grande, un órgano que se manifiesta de distintas maneras en cada uno de sus rincones, contribuyendo a la magia de esta afición y añadiendo aún más incentivos para observar el cielo.

Las tres caras del hidrógeno (IC 1283, NGC 6589, NGC 6590)

Todos sabemos ya que el hidrógeno es el elemento más común en el universo, formando parte del agua que bebemos, el aire que respiramos y las grandes nubes que hay entre las estrellas. De estas nubes vamos a hablar hoy, así como de las distintas formas de hidrógeno que podemos encontrar en el cielo, eligiendo para ello una zona verdaderamente interesante en la que confluyen varias corrientes de gas.

El hidrógeno atómico, o neutro, es la forma más simple de este elemento, un protón y un electrón en constante interacción, y forma grandes nubes que se diseminan por todo el universo. Estas nubes se conocen como regiones HI, zonas de gas poco denso y frío (temperaturas de 150ºC bajo cero), invisible a nuestros ojos. Sin embargo, con instrumentos especializados se puede detectar, ya que emite una línea espectral característica que se conoce como línea de 21 cm. Si dos átomos se unen obtenemos una molécula, y eso es básicamente el material del que están formadas las grandes nubes moleculares, hidrógeno molecular o H2. Éstas predominan en las regiones de los brazos galácticos y son el lugar donde se forman nuevas estrellas, gracias a la progresiva condensación y enfriamiento de sus partículas. Al igual que el hidrógeno atómico, el H2 no es apreciable a simple vista. Sin embargo, con determinados instrumentos podemos localizar algunos otros elementos químicos que acompañan siempre a estas nubes moleculares, como es el caso del monóxido de carbono (CO). De esta manera, la existencia de monóxido de carbono en el cosmos nos revela la presencia concomitante de hidrógeno molecular. La última forma del hidrógeno, y la que mejor conocemos en astronomía, es el hidrógeno ionizado, el protagonista de las regiones HII. Cuando una estrella nace y adquiere suficiente energía, su radiación es capaz de ionizar átomos de hidrógeno, es decir, el electrón es arrancado del átomo y en su interior queda, tan sólo, un solitario protón. En el momento en que el electrón se desprende, emite radiación electromagnética en una determinada longitud de onda, ésta vez visible por nuestros ojos y detectada en determinados instrumentos como una luz característicamente rojiza. Este es el motivo por el que gran parte de las nebulosas tienen esa tonalidad en fotografías, como ocurre con M42, M8 o Sh2-112. En la siguiente imagen, obtenida por Sergio Eguivar, vamos adelantando el espectáculo al que vamos a dedicar la entrada:

Con esta breve introducción teórica ya estamos en disposición de asomarnos al telescopio para “observar” con otros ojos y ver en directo el proceso del que estamos hablando. Justo por debajo de M24, la cual tratamos extensamente en esta entrada, se encuentra una zona de encrucijada entre varias nubes de gas, situadas a una distancia algo mayor de 5000 años luz. La más llamativa, una gran masa de hidrógeno molecular, se denomina Lynds 291 y tiene una forma alargada y geniculada, de más de 250 años luz de longitud y hasta 65 años luz de anchura. En fotografías de larga exposición aparece como una zona oscurecida, ya que, como hemos comentado al principio, el hidrógeno molecular no se percibe en visual. Sin embargo, al norte de la nube podemos apreciar una zona rojiza que corresponde a Sh2-37, uno de nuestros objetivos de esta noche. También se conoce como IC 1283, Gum 78 o RCW 153A, y es la parte más brillante y densa de una región HII de mayor envergadura que tiene forma de anillo y se denomina RCW 153. En toda su extensión, esta nube de hidrógeno ionizado nos envía sus fotones, indicándonos que en su seno se están formando multitud de estrellas. Sh2-37 es fácil de apreciar a través del ocular, como una débil nubecilla difusa alrededor de la brillante estrella HD 167815, de magnitud 7 y tipo espectral B (en realidad es un sistema binario), que es la responsable de ionizar el hidrógeno. El filtro UHC realza el brillo de la nebulosa, aunque sigue teniendo una forma poco definida, y su mayor superficie parece extenderse hacia el sur.

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RCW 153. A la derecha abajo Sh2-37

Volvemos la vista atrás para conocer otra región HII conocida como Sh2-35, alargada y extremadamente débil, difícil incluso de captar en fotografías de larga exposición. Se encuentra al sureste de Lynds 291 y junto a ella encontramos varias estrellas de tipo espectral O y B, estrellas extremadamente jóvenes y energéticas que ionizan todo el gas que hay a su alrededor, conformando la denominada Asociación Sag OB7. Los brazos de nuestra galaxia están poblados de asociaciones como estas que dan color al cielo y generan nuevas estrellas a partir de simple hidrógeno, como el que forma parte de las moléculas de nuestras células. Hay un dato interesante sobre esta zona y tiene que ver con la otra cara del hidrógeno que nos queda por ver, el hidrógeno neutro. Éste se encuentra disperso formando grandes nubes y, como comentábamos al principio, se puede detectar gracias a la línea de emisión de 21 cm. Pues bien, gracias a instrumentos que detectan esta línea de misión se ha podido comprobar que existe una burbuja exenta de hidrógeno neutro justo alrededor de Sh2-37 y Sag OB7, un vacío en expansión similar al que dejaría una persona que salta a una piscina llena de agua. Las grandes estrellas recién formadas producen fuertes vientos capaces de remover y dispersar el gas que las rodea, y eso es lo que ha ocurrido en este lugar, aunque al parecer hay un factor más que promueve la expansión de esta burbuja en la nube de hidrógeno neutro. Todo apunta al efecto producido por varias supernovas ocurridas en los últimos millones de años, estimándose entre 9 y 13 de ellas que, mediante sus ondas expansivas, han “barrido” el gas interestelar.

En el siguiente esquema he intentado representar las distintas nubes de gas que participan en este encuentro galáctico, quedando M24 al norte de la escena:

mapa-sag-ob7

Si miramos con cautela puede que distingamos dos pequeñas nubecillas azuladas que se encuentran cerca de Sh2-37, representadas en el esquema en color celeste. Se trata de dos interesantes nebulosas de reflexión que pertenecen al complejo gaseoso RCW 153. También formadas mayoritariamente por hidrógeno, la luz azulada no es más que un reflejo de las estrellas que hay en su interior. Estas estrellas no tienen energía suficiente para ionizar el hidrógeno, sino que el gas cercano, así como el polvo, reflejan su luz hacia nosotros. Son estrellas azuladas, de ahí el color que percibimos en las fotografías de larga exposición.

La más brillante de ellas es NGC 6590 (aunque en algunos sitios aparece como NGC 6595 que, al parecer, hace alusión a un cúmulo abierto inexistente), situada en torno a una estrella doble cuyas componentes, ambas de magnitud 10, tienen una separación de 20 segundos de arco. En fotografías aparece, junto a estas estrellas, una pequeña nebulosa oscura muy opaca que, seguramente, estará al alcance de telescopios medianos si la noche es buena y nos permite usar aumentos considerables. En mi caso no pude apreciarla (tampoco conocía su existencia), así que habrá que hacerle otra visita más adelante. La otra nebulosa de reflexión, algo más pequeña, es NGC 6589, un poco más débil también pero interesante de ver junto a sus compañeras gaseosas. Con visión periférica se ve con mayor facilidad, mientras que los filtros la hacen desaparecer prácticamente, una prueba más de que no es una nebulosa de emisión.

ngc-6589

Para disfrutar de este complejo de objetos será mejor que lo hagamos en una noche bien oscura, alejados de las luces de la ciudad. Usemos primero unos prismáticos de gran campo para deleitarnos con la miríada de estrellas que pueblan el ocular. Tratemos de recordar la disposición de las distintas nubes que hemos visto y situémoslas con ayuda de la imaginación. No es difícil si tenemos el esquema claro en nuestra mente. Nos podemos ayudar de la nube molecular L291, que aparece como una zona especialmente vacía en contraste con la Vía Láctea colindante. Luego usemos el telescopio para enfrascarnos, poco a poco, en cada uno de los rincones que esta increíble zona tiene para ofrecernos. Cuando cacemos las principales nebulosas no nos quedemos ahí, intentemos ir más allá. ¿Somos capaces de ver la nebulosa oscura de NGC 6589? Puede que necesitemos varios minutos, media hora, una hora… No hay prisa, y si se nos resiste no tenemos más que volver otra noche en la que las condiciones sean más favorables. A base de práctica terminaremos por desentrañar los misterios de estas nubes celestes.

Odisea a Cygnus X

Si miramos al cielo desde un lugar alejado de la contaminación lumínica nos sorprenderá la nitidez y el brillo intenso que muestra la Vía Láctea en la constelación del Cisne. Si nuestros ojos fueran capaces de captar las ondas de radio contemplaríamos, sin duda, uno de los paisajes más extraordinarios que puedan existir.

Foto Cygnus X

No podemos observar en distintas longitudes de onda, pero nada nos impide ver fotos que muestren esas ondas de radio o rayos X, y comprobaremos entonces la gran riqueza que reina en la zona del cisne. Toda esa radiación tiene su epicentro en una zona conocida como Cygnus X, una inmensa región situada a unos 5000 años luz de distancia que actúa como fábrica inmensa de estrellas. Se halla inmersa en una estructura aún mayor conocida como la Superburbuja del Cisne, una gran esfera gaseosa que engloba en su interior a una multitud de nebulosas y cúmulos de estrellas supermasivas. Su origen no se conoce hoy en día, habiéndose propuesto como mecanismo de formación la explosión de múltiples supernovas en los últimos millones de años o los fuertes vientos generados por las estrellas recién nacidas. Sin embargo, un estudio de 2012 defiende la teoría de que su origen está relacionado con la explosión de una hipernova, el último suspiro de una estrella con una masa 40 veces mayor que la de nuestro sol. Sea como sea, Cygnus X es un inmenso bosque repleto de hidrógeno ionizado que se estructura en diferentes bloques o regiones OB. De éstas, Cygnus OB2 es la más importante, tanto en tamaño como en número de estrellas formadas, situándose a unos 5500 años luz de distancia. Como luego veremos, la aglomeración de objetos en esta zona del cielo hace difícil estimar su distancia. Esta riqueza de objetos se debe a que estamos observando, de manera directa, a través de la extensión de la rama de Orión. En la siguiente imagen se puede entender con más claridad, viendo esa rama de Orión que discurre entre los brazos de Perseo y de Sagitario (aconsejo leer esta página).

Foto brazo orion

Hoy vamos a centrarnos en la encrucijada del cisne y su entorno, comenzando por la brillante Sadr o gamma Cygni, la estrella de magnitud 2.23 que, como indica su nombre árabe, señala al pecho del Cisne. Es una gigante amarilla de tipo espectral F8, 150 veces más grande que nuestro sol. Se encuentra a unos 1700 años luz de distancia y no tiene, por tanto, nada que ver con la inmensa masa de gas que la rodea. La zona que hay a su alrededor puede ser un verdadero laberinto si no se tienen las ideas claras. Ya en la década de los 50, ante la enmarañada y aparentemente caótica estructura, se catalogó a toda la región como Sh2-109, la única entrada del catálogo Sharpless que alcanza unas dimensiones de 18 grados de arco. Foto IC 1318Ya su autor, Stewart Sharpless, indicó que “el gran tamaño y la estructura filamentosa de la nebulosa la apartan de cualquier región HII conocida… Evidentemente, esta nebulosa no puede ser considerada una región HII normal”. Y no se equivocaba, ya que se podría considerar, más bien, como una aglomeración de regiones HII. La zona que nos ocupa, la más brillante de Sh2-109, recibe su propia denominación en el catálogo como Sh2-108, y también se conoce como IC 1318 o, simplemente, la Nebulosa de Gamma Cygni. Situada a 4.800 años luz de distancia, presenta tres partes bien diferenciadas, alcanzando cada una los 50 minutos de arco de envergadura. Las zonas más cercanas a Sadr son IC 1318B e IC 1318C, ambas separadas por una gran fisura negra, una nebulosa oscura que se interpone entre ellas y nosotros, denominada LDN 889. El complejo de nebulosas se prolonga de manera que es imposible abarcarlo todo en el mismo campo, lo mejor es dejarse llevar y mover el tubo recorriendo sus entresijos, si bien la parte más interesante es este río oscuro que separa dos prominentes nebulosas de emisión. A bajo aumento hay tantas estrellas en el ocular que es imposible contarlas todas, adquiriendo el fondo incluso un tono blanquecino que corresponde a inmensos campos estelares, integrantes de esta metrópolis que es Cygnus X. Al colocar un filtro UHC la imagen mejora sustancialmente, delimitándose los bordes con mayor definición.

IC 1318

La razón de ser del gas interestelar es la formación de nuevas estrellas, y encontramos un claro ejemplo en el cúmulo abierto NGC 6910, a apenas 40 minutos de arco de la zona anterior. Forma parte de la región conocida como Cygnus OB9, una aglomeración de estrellas y gas de unos 100 años luz de diámetro, muy cerca de la mayor Cygnus OB2. NGC 6910 es un cúmulo muy joven, estimándose su edad en unos 7 millones de años, con más de 60 estrellas de tipo espectral O y B. Su estrella más brillante no supera la magnitud 9, y verdaderamente nos puede parecer un cúmulo de los “normales”, pero tenemos que tener en cuenta que el polvo que lo separa de nosotros hace disminuir su fuerza, tanto que, si no estuviera, sería casi 2 magnitudes más brillante. Con el ocular Hyperion de 13 mm, a 115 aumentos, el cúmulo ocupaba una tercera parte del campo, con unos 10 minutos de arco de diámetro. Destacan dos estrellas más brillantes y amarillentas que marcan los extremos de una letra “Y”, siendo el resto de las estrellas, al menos una treintena, bastante más débiles. Una de las estrellas brillantes, HD 194241, es una gigante roja de tipo espectral K7, mientras que la otra, V2118 Cyg, es una supergigante azul de tipo espectral B2. ¿Cómo puede ser, entonces, que ambas se vean de color amarillo? El culpable es el polvo que flota en el espacio, tan abundante en esa zona que produce un enrojecimiento natural de los objetos, de la misma manera que el sol adquiere un tono rojizo al ponerse tras el horizonte. Una leve neblina envuelve a las estrellas más brillantes, así como a la zona situada sobre la “Y”, en la que débiles estrellas asoman al ocular, probablemente ajenas al cúmulo.

NGC 6910

Tenemos que desplazarnos casi 2 grados de arco para llegar a otra zona bien distinta, una región dominada por nebulosas de reflexión, que en fotografías destacan del resto por su agradable tonalidad azulada. Situadas a una distancia de entre 5500 y 6000 años luz, esta vez el fondo rojizo corresponde a la región Cygnus OB2, mientras que las nebulosas de reflexión brillan al reflejar, como indica su nombre, la luz de cercanas estrellas jóvenes y azuladas. Encontramos tres nebulosas de esta naturaleza consecutivas, y quien busque en diferentes fuentes se puede encontrar con datos abrumadoramente distintos. Cuando uno se maravilla con estos parajes celestes lo que menos importa es el nombre, pero haremos hincapié en ello con vistas a una mejor orientación. La nebulosa más débil, que rodea a la estrella BD +41 3731, de magnitud 9.9 se denomina vdB 131 (del catálogo de nebulosas Van der Bergh). Al ocular aparece como una débil nebulosidad que rodea a la susodicha estrella, tan débil que parece la típica huella que la humedad deja a su paso en la lente. Algo más de una decena de estrellas débiles acompañan a la estrella, formando parte del cúmulo Dolidze 8.

Foto NGC 6914

*Cabe mencionar una curiosidad que el observador avezado habrá notado en la parte inferior izquierda de la fotografía anterior, una extraña estrella amarilla con una especie de corona a su alrededor. Se trata de V1515 Cyg, una estrella variable que pertenece a un tipo de objetos denominados FU Orionis. Son estrellas que, en un momento dado, aumentan su brillo bruscamente (hasta 5 o 6 magnitudes), probablemente debido a la transferencia de masa de un disco de acreción hacia una estrella compañera de menor masa. Esta etapa de mayor brillo dura varias décadas, y se presume que una estrella media sufre entre 10 y 20 erupciones de este tipo a lo largo de su vida.

A 5 minutos de arco de distancia encontramos otra nebulosidad mucho más evidente y atractiva, vdB 132, abarcando a dos estrellas de magnitud 9.3 y 10.6 separadas por unos 41 segundos de arco. Su forma es alargada, quedando las estrellas en uno de sus bordes, revelando con visión indirecta una mayor extensión. El uso de filtros como el UHC o el OIII no sirven para nada, ya que el brillo de la nebulosa no se debe a la ionización del hidrógeno o del oxígeno. De hecho, al usar dichos filtros la nebulosa prácticamente desaparece por completo. Por último, el parche de luz más brillante se denomina propiamente NGC 6914, y también envuelve en su seno a 3 estrellas más notorias. La nebulosidad es algo menos extensa que vdB 132 y parece salir hacia lado opuesto, dando una curiosa sensación de asimetría ordenada. A 115 aumentos todas estas nebulosas quedan englobadas en el mismo campo del ocular, y la gran cantidad de estrellas que pueblan la zona no hacen sino añadir aún más encanto a la estampa. Otras nebulosas más débiles, difusas y oscuras, pululan por los alrededores, pero necesitaremos mayor abertura y cielos oscuros para cazarlas. No hay ninguna prisa.

NGC 6914

Vamos a terminar esta sesión de observación alejándonos del centro del Cisne para ir a parar al lado de Deneb. A poco más de 3 grados de NGC 6914 tenemos, como no podía ser de otra manera, otra región HII, catalogada como Sh2-112. Tiene un diámetro de unos 15 minutos de arco que, a una distancia de 5600 años luz, corresponde a un diámetro real de unos 25 años luz. La estrella causante de su ionización se puede ver en este caso sin problemas, ya que brilla con una generosa magnitud 9.2. Se llama BD +45 3216, de clase espectral O8, y es unas 30 veces más grande que nuestro sol, emitiendo gran parte de su energía en radiación ultravioleta.

Foto Sh2-112.jpg

Fotografía realizada por Manuel J.

La observé sin conocer previamente nada sobre ella ni haber visto fotografía alguna, de manera que no pudiera sugestionarme y ver cosas donde no las había. Para mi sorpresa me encontré con una nebulosa brillante, especialmente al usar el filtro UHC, rodeando a una llamativa estrella que resultó ser BD +45 3216. La nebulosa se extiende, con visión periférica, por gran parte del ocular, con bordes difuminados, si bien su región central es mucho más definida, apareciendo dos bordes extrañamente rectilíneos que llamaron mi atención instantáneamente. Posteriormente pude comprobar que Sh2-112 se encuentra recortada sobre la negrura del cielo por nebulosas oscuras filamentosas que producen esa interesante forma de ángulo recto. No pude ver la débil nebulosidad que hay al otro lado de las franjas oscuras, si bien tampoco conocía de su existencia. Por tanto, podría ser un buen motivo para volver a verla en otra ocasión, esta vez dispuesto a sacarle todo el jugo posible.

Sh2-112

Terminamos así una rápida sesión por esta región de las maravillas y ni siquiera hemos contemplado una mínima fracción de lo que podemos ver, así que sólo queda coger un buen atlas, lápiz y papel y seguir explorando cada rincón del cielo como un navegante en un mar de escarpadas nubes rojizas.

 

Un rincón de contrastes (Corona Australis)

El cielo sur guarda objetos que nos maravillan y despiertan en nosotros un importante deseo de viajar a zonas meridionales para poder disfrutar de sus paisajes celestes. Hoy vamos a hablar de uno de estos parajes formado por una gran variedad de objetos en un espacio de más de un grado de diámetro. Se encuentra en la constelación Corona Australis, justo debajo de Sagitario, y necesita un horizonte bien limpio y estable para mostrar todos sus encantos. Pertenece al denominado Complejo Molecular CrA (Corona Australis), y es una gran asociación de gas en la que está teniendo lugar una importante proliferación estelar. La zona que nos ocupa engloba 3 nebulosas difusas, una nebulosa oscura y un cúmulo globular, así como alguna estrella doble, convirtiendo a esta región en una de las más interesantes y variadas que podemos ver, como podemos comprobar en la espectacular fotografía de Ignacio Díaz Bobillo. Es difícil escoger un punto de inicio, así que comenzaremos por el objeto más lejano, un bonito cúmulo globular denominado NGC 6723.

Foto NGC 6723.jpg

Este cúmulo se encuentra a unos 28.500 años luz de distancia, muy cerca del disco galáctico. Pasó por alto el atento escrutinio de Herschel, siendo descubierto en 1827 por James Dunlop. Varios cientos de miles de estrellas se disponen es una esfera de 108 años luz de diámetro, que en nuestro cielo corresponden a 13 minutos de arco. Es uno de los cúmulos globulares más antiguos que conocemos, datándose su origen hace más de 13.000 millones de años y comparable, por tanto, a la edad Foto NGC 6723-1.jpgde M92. A bajo aumento se ve como una esfera nebulosa, con el núcleo más brillante, y si la atmósfera es estable podrá apreciarse un hervidero de pequeñas estrellas que titilan en la distancia, como diminutos granos de harina. A mayores aumentos se resuelve con más facilidad, pero entonces no puede verse en el mismo campo que el resto de nebulosas, así que ya es cuestión de gustos (nada nos impide verlo primero a nivel general y luego profundizar a mayor aumento).

Vamos a estudiar ahora el complejo nebuloso que domina la zona, que presenta a simple vista dos colores bien llamativos, el negro y el azul. Sí, hablamos del color negro y no es del propio cielo, que en esta zona aparece repleto de estrellas infinitas, sino el negro opaco de una nebulosa oscura que se interpone entre el complejo molecular y nosotros, bloqueando nuestra visión a modo de obstáculo invisible. Esa nube, de la misma naturaleza que el resto de nebulosas de reflexión, no emite luz propia ni es iluminada por ninguna otra estrella, motivo por el cual aparece oscura a nuestros ojos. Su nombre es DN Be 157, derivado de Bernes 157. Ha habido desde el principio mucha discrepancia en estos términos, ya que al parecer el nombre Be 157 fue otorgado a una pequeña nebulosa de reflexión que rodea a V 709 CrA, apenas perceptible, y algunos autores han llegado a considerar toda la zona con ese nombre. Sea como sea, DN Be 157 (DN proviene de “Dark Nebula”) es una espectacular nebulosa oscura que en fotografías muestra una gran heterogeneidad en cuanto a densidad, recorriendo de forma longitudinal la constelación de Corona Australis a través de 8 años luz. Se encuentra a unos 450 años luz de nosotros, y al telescopio se aprecia con facilidad una zona especialmente escasa en estrellas, que comienza a medio camino entre NGC 6723, el cúmulo globular, y el resto de nebulosas que vamos a ver a continuación.

Al otro lado de NGC 6723 destacan, en primer lugar, dos brillantes estrellas que van a orquestar la disposición de las nebulosas. La más occidental tiene dos componentes, dos llamativas estrellas de tipo espectral B, separadas más de 50 segundos de arco.                La más brillante de ellas, denominada HD 176386, tiene una magnitud de 7.2 y a su alrededor se dispone la nebulosa de reflexión NGC 6727, como un etéreo manto que la rodea de forma tenue. La estrella más débil, SAO 210829, se encuentra en el centro de la nebulosa NGC 6726. Ambas nebulosas son en realidad la misma entidad, pero cada denominación hace referencia a la parte más iluminada por cada una de las estrellas. Son nebulosas de reflexión, es decir, no brillan con luz propia, sino que reflejan la luz que desprenden las estrellas más cercanas, en este caso las ya mencionadas. A bajo aumento se aprecian al telescopio como una nebulosidad redondeada, brillante si observamos desde un cielo oscuro, que al usar mayores aumentos se dispone en forma de “8”, especialmente con visión lateral. Los filtros nebulares resaltan ciertas longitudes de onda predominantes en nebulosas de emisión, por lo que aquí no serán muy eficaces, haciendo además que el fondo estrellado pierda protagonismo.

Esta nebulosa de reflexión no termina aquí, sino que alcanza una gran extensión, estando presente también alrededor de la otra estrella brillante que comentábamos en el párrafo anterior, BSO 14. Si prestamos un poco de atención veremos, incluso a bajos aumentos, que se trata de una estrella doble, con una separación entre sus componentes de 13 segundos de arco y unas magnitudes de 6.4 y 6.7. A su alrededor la nebulosa de reflexión toma el nombre de IC 4812. Aparece algo más tenue que las anteriores, si bien con visión lateral se ve sin ningún problema y alcanza un tamaño similar, con sus bordes en forma de cuadrilátero. De la misma manera, poca ayuda nos brindarán los filtros, de forma que nuestro mejor aliado será un cielo oscuro.

Foto NGC 6729

Región de NGC 6729

Vamos a terminar esta apasionante región del cielo con un objeto verdaderamente interesante denominado NGC 6729. Es una nebulosa de reflexión que rodea a la estrella R CrA, a modo de cometa, descubierta por Albert Marth, un astrónomo alemán, en 1861. Pocos años después Julius Schmidt notó que el brillo de la estrella variaba entre la magnitud 9 y 13, y el brillo de la nebulosa también cambiaba en consonancia. A finales del siglo XX se fotografió por primera vez a NGC 6729 en varias ocasiones, con un período de menos de un mes entre foto y foto, pudiendo comprobarse entonces las impresionantes variaciones que en tan poco tiempo tenían lugar en la masa de gas, alterándose incluso su forma y tamaño. En las siguientes imágenes podemos apreciar una de estas secuencias:

Foto NGC 6729 cambios

Teniendo en cuenta los datos de que disponían y el breve período de cambio (se podían llegar a apreciar cambios en la nebulosa en apenas 24 horas), se llegó a la asombrosa conclusión de que el fenómeno se debía a la rápida rotación de una masa gaseosa que orbitaba a la estrella a 1 Unidad Astronómica de distancia. Si recordamos, ocurre algo similar con NGC 2261, la Nebulosa Variable de Hubble, otra muestra más del increíble dinamismo que reina en el cosmos. A través del ocular NGC 6729 se ve apenas como una pequeña nebulosa en la que destaca su forma cometaria, con el vértice ocupado por la estrella R CrA, débil en el momento en el que la observé. Mayores aumentos pueden llegar a revelar algunos filamentos más destacados, pero su vista junto a todos los objetos que hemos mencionado es algo digno de disfrutar al menos una vez desde un cielo cristalino. Sin duda, debemos guardar esta maravillosa zona del cielo en la lista de objetos a la que recurriremos cuando viajemos al otro lado del mundo. Mientras tanto, seguiremos luchando contra el horizonte, mereciendo sobradamente la pena todo el esfuerzo que podamos realizar en su búsqueda.

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A continuación se detallan los principales componentes de este grupo de objetos:

NGC 6723 - detalles

No tres, sino cuatro (M20)

Una de las cosas más fascinantes del verano es el retorno de esas grandes nebulosas que pueblan el cosmos y que añaden un colorido incomparable a cualquier rincón. Si miramos a la zona de Sagitario, Escorpio… estamos buceando directamente en pleno centro galáctico, una zona en la que el brazo de Sagitario se despliega en todo su esplendor, con el fondo imponente del núcleo de la Vía Láctea. Una de estas nubes es la que nos ocupa hoy, o, concretando un poco, un conjunto de nubes.

La nebulosa Trífida, también denominada M20 o NGC 6514, es una de las nebulosas más conocidas, apareciendo su fotografía en la mayoría de libros de astronomía y asombrando con sus perfiladas formas. El nombre fue acuñado por John Herschel, aunque fue previamente descubierta por Messier y William Herschel. Éste último catalogó por separado cada parte de la nebulosa, que denominó H V.10, H V.11 y H V12. Sin embargo, dos años después, en 1786, volvió a “redescubrirla”, catalogándola como H IV.41 y pensando que era una nebulosa planetaria.

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Dejamos ahora a los grandes astrónomos del pasado para viajar a un lugar situado a unos 5.000 años luz y hace apenas un millón de años, cuando en la Tierra el Homo Erectus ya producía instrumentos de piedra y controlaba el fuego a su antojo. En esa época dos grandes nubes moleculares, que flotaban a la deriva en el brazo interno de nuestra galaxia, se encontraron, arremetiendo una contra la otra, uniendo sus moléculas en partículas cada vez más pesadas, produciendo finalmente estrellas con vida propia, masivas y calientes. Estas estrellas tan brillantes producían tal cantidad de radiación ultravioleta que eran capaces de ionizar el gas que tenían alrededor, iluminándolo como una fogata en la oscuridad y sorprendiendo, un millón de años después, a una especie de un lejano planeta que la observa con primitivos instrumentos.

Las dos nubes que dieron lugar a la formación de esta asociación fueron descubiertas gracias a que presentan una mayor temperatura que el resto del gas, apenas 30 grados más, pero que permite delimitarlas y confirmar su existencia muy cerca del centro de la nebulosa. Las nubes se llaman “Nube 2 km.s1” y “Nube C”, siendo la primera responsable de las franjas negras que delimitan las partes de la Trífida. Estos oscuros filamentos no son más que gases a los que la radiación de las estrellas centrales no ha llegado aún, por lo que permanecen oscurecidos. Tradicionalmente se han catalogado como Barnard 85, y presenta realmente cuatro líneas con ciertas irregularidades provocadas por los vientos imperantes en la zona. En esta “Nube 2 km.s1” se ha encontrado uno de los objetos más interesantes de M20. Al sur de esta línea, hacia la periferia, hay una nebulosa oscura denominada TC2, de forma triangular y bajo contraste, en cuyo vértice podemos ver una línea gaseosa que parece salir despedida de la nebulosa. Esa línea se denomina HH 399 que, si recordamos, hace referencia al término “Herbig-Haro”, aquéllas estrellas que se están gestando y son rodeadas por la masa gaseosa primitiva, presentando en ocasiones largos jets o chorros de gas que salen despedidos a grandes velocidades. El jet de HH 399 va recorriendo el espacio a unos 400 km por segundo y se aprecia perfectamente en la siguiente fotografía del Hubble.

Foto M20 jet

La imagen puede resultarnos familiar, y es que comparte muchas características con otras nebulosas como M8 o M16, presentando también esos “dedos” o yemas nebulosas en cuyo interior residen las estrellas en formación. La radiación ultravioleta de las propias estrellas del cúmulo es la encargada de ir tallando el gas, de manera que finalmente la estrella recién nacida se mostrará en todo su esplendor. Hay en M20 una estrella que es, sin duda, la protagonista, miembro primigenio de la cohorte,  que se llama HD 164492. Es una enorme estrella de tipo espectral O7.5, extremadamente caliente y azul, y la principal responsable de la ionización de la parte de emisión de M20. Y mencionamos esto último porque en M20 también encontramos una región compuesta por nebulosas de reflexión, zonas a las que la radiación de HD 164492 no llega y, por tanto, no están ionizadas. Reflejan, sin embargo, la luz de las estrellas que engloba, por lo cual adquiere en fotografías un color azulado que contrasta enormemente con el rojo del hidrógeno ionizado. La Trífida, como tal, hace referencia a la parte de emisión, la que muestra las características formas, si bien todo forma parte del mismo conjunto. El cúmulo estelar que guarda cuenta con unas 150 estrellas recién nacidas, descubiertas por el Sptizer en los últimos años, muchas de las cuales están envueltas en su placenta de gas. La mayor parte de las estrellas del cúmulo está ocultas tras las franjas oscuras y los jirones traslúcidos de gas, aunque las más brillantes pueden distinguirse a su través.

Hemos comentado que M20 se formó por la colisión de dos nubes moleculares, a diferencia de la mayoría de nebulosas, aunque recientes observaciones han revelado la presencia de un remanente de supernova que se encuentra excepcionalmente cerca, llamado SNR W28. Es una nebulosidad formada por los restos de la explosión de una estrella que bien podría haber estimulado la proliferación estelar, o promovido la colisión de ambas nubes. Sea como fuere, el resultado ha sido una innegable obra de arte.

Foto M20 SNR.jpg

Podremos observar M20 desde cualquier lugar, pero tenemos que buscar cielos muy oscuros si queremos aprovechar todo lo que nos puede ofrecer. Telescopios modestos o sitios contaminados nos impedirán apreciar cómodamente las franjas que dividen a la nebulosa, uno de sus principales atractivos. Personalmente, siempre pensé que la Trífida, como indica su nombre, estaba formada por tres franjas oscuras. La había observado desde sitios relativamente contaminados y nunca había visto más allá. Por eso, cuando pude observarla desde los limpios cielos de Sierra Nevada, quedé atónito al comprobar cómo la cuarta línea oscura saltaba a la vista, débil y más pequeña, pero clara y definida. La nebulosa en su conjunto adquiría un brillo importante, y la estabilidad de la atmósfera me empujó a usar el ocular de 7 mm, que me proporcionaba 214 aumentos. Entonces la nebulosa de emisión, el cuerpo principal, ocupaba prácticamente todo el ocular, con el brillante centro rasgado por esos filamentos oscuros que nunca antes había apreciado con tanta claridad. HD 164492 brillaba con fuerza en el centro, acompañada por otras 3 estrellas que, en línea recta, forman parte del mismo sistema estelar (hay más estrellas compañeras pero necesitan de mayor aumento para distinguirlas). Con paciencia pasaron los minutos, aprovechando cada fotón que entraba en el tubo, y fui siendo consciente de la irregularidad de las franjas oscuras. Algunas presentaban entrantes y salientes que rompían la monotonía, dando el aspecto de estar contemplando una fotografía. Probé a usar los filtros UHC y OIII y, aunque resaltaban un poco la nebulosa, escogí observar al natural para poder apreciar mayor número de estrellas en el campo. La vista era sobrecogedora, entendiendo entonces por qué la Trífida es una de las nebulosas más espectaculares que podemos observar.

M20

En el corazón de la Catedral (la Espada de Orión)

Si el cielo fuera una gran ciudad Orión sería, como muchos la han denominado, su Catedral, el lugar que más tesoros resplandecientes alberga y la meca de todo astrónomo aficionado, ya sea novel o veterano, y es que alberga en la constelación una inmensa variedad de objetos de todo tipo, para todos los gustos y colores. Pero si Orión es la catedral, sin duda su zona central sería el retablo de las maravillas, la región conocida como el Tahalí de Orión o la espada. No es difícil imaginarla, pues se ve a simple vista como si colgase del llamativo cinturón, y si la noche es oscura podemos apreciar que no es una simple hilera de estrellas. Pocas regiones del cielo muestran tanto esplendor en un espacio tan reducido, de apenas 3 grados de diámetro, en los cuales encontramos una importante variedad de objetos que bien merecen un libro aparte.

Espada de Orión.png

Comenzaremos con una vista global para situarnos en este océano cósmico. Cuando miramos a la constelación de Orión estamos viendo una inmensa familia de estrellas y gases que conforman lo que se conoce como Asociación Orión OB1, situada en torno a los 1450 años luz. Ésta, a su vez, se puede dividir en cuatro regiones:

  • Orión OB1a: situada al oeste del Cinturón de Orión, es la región más antigua, con 10 millones de años de edad y a una distancia de 1.100 años luz. Al parecer fue la responsable de engendrar a Betelgeuse, que es una estrella de tipo espectral M que ha crecido asombrosamente rápido hasta adquirir su intenso color rojizo.
  • Orión OB1b: engloba a las estrellas del Cinturón, grupo conocido como Collinder 70, con una edad de 2-5 millones de años y algo más lejos que el anterior, a unos 1.500 años luz.
  • Orión OB1c: la zona del Tahalí de Orión que ocupa este capítulo.
  • Orión OB1d: formada por M42 y M43, la nebulosa de Orión propiamente dicha, aunque se encuentre abarcado por Orión OB1c.

Estas dos últimas zonas son las más jóvenes, especialmente Orión OB1d, contando sus estrellas con menos de un millón de años. Teniendo en cuenta que nuestro Sol tiene una de edad de 4.500 millones de años, no es difícil ser conscientes de su efímera vida.

Como curiosidad “geográfica” cabe decir que Orión OB1 y nosotros, junto con otras estrellas y nebulosas de distintas zonas del cielo, pertenecemos a la misma estructura galáctica, conocida como el Cinturón de Gould, descubierta en 1870. Dicha “nube estelar” ocupa un área curvilínea de unos 3.000 años luz de diámetro, y las últimas hipótesis apuntan a que fue formada por la colisión contra nuestra galaxia de una nube de gas hace 50 ó 60 millones de años. Dicha teoría estuvo en entredicho hasta que hace poco se descubrió la existencia de la Nube de Smith, un cúmulo de gas de gran masa que está en vías de colisionar con la Vía Láctea. El sol, que ya tenía una edad respetable por aquélla época, pudo contemplar un espectáculo variopinto. El gas de procedencia extragaláctica colisionó con las estrellas del brazo de Perseo, provocando una onda de choque que desestabilizó las grandes nebulosas que allí residían, produciendo un inmenso brote de formación estelar. Algunas supernovas, fruto de esta gran proliferación, terminaron de esculpir la región tal y como la conocemos hoy. Dedicaremos un capítulo completo a hablar, a grandes rasgos, de la geografía de nuestra galaxia, aunque demos algunas pinceladas mientras tanto.

Retomamos nuestra atención sobre el Tahalí de Orión, la espada, el altar de la Catedral celeste. La siguiente fotografía, realizada por Leonardo Fernández de Alarcón Web con un refractor de 110 mm y F/7, nos muestra la región en cuestión, con el norte arriba:

Foto M42 espada

Vamos a recorrerlo de norte a sur, metódicamente, para poder disfrutar cada una de sus estrellas. Lo primero que nos encontramos es un curioso cúmulo abierto denominado NGC 1981, que pasa desapercibido debido a su cercanía con M42, pero situado en un lugar más solitario sería un objeto muy llamativo. Está formado por una veintena de estrellas brillantes, de magnitud entre 7 y 10, dispuestas a lo largo de un espacio de 20 minutos de arco. Sus estrellas más brillantes se disponen en forma de dos hileras de tres componentes, siendo flanqueadas por dos astros algo más débiles. Entre ellas podemos ver dos interesantes estrellas dobles. La primera, la más sencilla de separar, es Struve 750, la estrella situada más al norte. Su componente principal es de magnitud 6.40 y su secundaria dos magnitudes más oscura, separadas por 4.1 minutos de arco. Son de color blanco-azulado, jóvenes como la mayoría de las estrellas de la zona, y algunos observadores encuentran a la más débil una tonalidad más azulada que a la primaria. La otra estrella doble de interés es Struve 743, de magnitudes 7.7 y 8.2, esta vez más unidas entre sí, a una distancia de 1.8 minutos de arco. Para desdoblarlas necesitaremos mayores aumentos, aunque no supondrá gran problema si la noche es serena, viendo entonces dos pequeñas perlas casi en contacto. El cúmulo puede ser considerado relativamente pobre, pero si la noche es oscura llaman la atención un grupito de estrellas muy débiles dispersas al norte de Struve 743, que dan la sensación de ser, de por sí, otro cúmulo abierto más lejano.

NGC 1977

Nuestra siguiente parada nos sumerge en la niebla de una interesante región HII en la que se están gestando estrellas continuamente, una zona situada a 1.500 años luz de distancia que se compone, a grandes rasgos, de tres grandes masas gaseosas. El color rojo denota su naturaleza de emisión, excitadas por las estrellas que residen en su interior, pero podemos comprobar, en cualquier fotografía, que los tonos azules llegan a predominar, muestra de que son también nebulosas de reflexión que reflejan la luz de sus astros. La mayor de ellas, situada al sur, es NGC 1977, una gran nebulosa de unos 15 años luz de diámetro. En su interior reside c orionis, una estrella de magnitud 4.8 visible a simple vista, compañera de una estrella más tenue a tan sólo 1 minuto de arco de distancia. Esta estrella, junto con otras dos brillantes, se sitúa en el centro de la nebulosa, que tiene forma alargada, con nebulosas oscuras delimitando su forma en algunos de sus bordes. 42 orionis, de magnitud 4.7, es la responsable de ionizar la mayor parte del hidrógeno que conforma la nebulosa. NGC 1975 rodea a la estrella HD 36958, de magnitud 7.34, y es la segunda en extensión y brillo de este grupo. Tiene una forma ligeramente alargada y poco definida, perdiéndose sus bordes hacia el exterior. Muy cerca, y rodeando a la estrella que hay justo al norte de NGC 1975, encontramos la tercera nebulosa, NGC 1973, una pequeña nubecilla que se aprecia mejor con visión indirecta. El conjunto de estas tres nebulosas es especialmente llamativo y constituye una de las nebulosas difusas más brillantes que podemos ver. Sin embargo, siempre será un segundo plato por el delicado lugar que ocupa, al lado de la nebulosa principal  que ya, por fin, vamos a abordar.

Hay mucho que decir sobre M42 y M43 y no hay un espacio ilimitado para ello, así que tendremos que centrarnos en sus principales detalles. Para empezar, imaginemos a una inmensa región llena de gas que poco a poco se ha ido enfriando, con el paso de los años, de forma que sus partículas se van uniendo entre sí, haciéndose cada vez más densas. Así, en un área de más de 100 años luz de diámetro, se fueron formando nuevas estrellas desde hace unos escasos 3 millones de años, apenas un suspiro en la escala cósmica. Ahora FOto m42 trapecio (1)centremos nuestra atención en el centro de esta masa gaseosa, lugar de residencia de cuatro brillantes estrellas que todo astrónomo conoce. Galileo descubrió 3 de ellas, y en el siglo XVII varios astrónomos se dieron cuenta de que eran realmente 4 estrellas, dispuestas en forma de trapecio, nombre con el cual se conoce al grupo. En conjunto, reciben el nombre Theta Orionis, y son estrellas muy jóvenes de tipo espectral O y B, con una edad de apenas un millón de años. Tienen una masa de entre 15 y 30 veces la masa de nuestro sol, y emiten una inmensa cantidad de radiación ultravioleta. Theta Orionis C, la más brillante de ellas, es la principal responsable de ionizar el hidrógeno de la masa de gas circundante y, por tanto, tenemos que agradecerle que podamos disfrutar de este espectáculo. Es la estrella más caliente de todas las que podemos ver a simple vista, con 40.000 grados en su superficie. El Trapecio se encuentra formado, realmente, por once componentes, siendo 6 de ellas accesibles a instrumentos de aficionado. Las componentes E y F, de magnitud 11, requieren de una noche estable para poder verlas, ya que el brillo de la nebulosa juega en nuestra contra a la hora de distinguirlas.

Pero estas estrellas no están solas en el centro de la nebulosa. Invisibles a nuestros ojos, más de 2.000 estrellas se esconden tras el gas de la región, visibles sin embargo con instrumentos específicos como el Chandra X. En la siguiente imagen podemos comparar la zona más céntrica en longitud de onda visible y en el infrarrojo, sobrando las palabras para describirla: la vida se esconde tras esas densas nubes. Los últimos estudios sugieren que en el centro hay un agujero negro de unas 100 masas solares, de manera que podría explicar los anárquicos movimientos observados en las estrellas. De hecho, como ya comentábamos al hablar de IC 405, la estrella AE Aurigae parece tener su origen en el centro de M42, habiendo sido despedida al interactuar con otras estrellas.

Foto m42 centro

Estas grandes estrellas, además de iluminar la nebulosidad a su alrededor, generan fuertes vientos que van moldeando las estructuras a su paso, de manera que la Nebulosa de Orión muestra centenares de arcos y ondas, reflejo de los rápidos movimientos a los que se ve sometido el gas. De esta forma, la nebulosa Foto m42 vientose va expandiendo a pasos agigantados, calentando el espacio a su paso y estimulando la formación, en un futuro cercano, de miles de estrellas nuevas. De hecho, M42 cuenta en su interior con una gran cantidad de discos protoplanetarios y estructuras típicas de estrellas en formación, desde Glóbulos de Bok hasta cuerpos Herbig-Haro. El Telescopio Espacial Hubble ha encontrado hasta 13 planetas gaseosos, similares a Júpiter, vagando a la deriva sin estar ligados a ninguna estrella. Lo cierto es que no son planetas, sino “estrellas fallidas”. Comenzaron a formarse como cualquier otro astro, condensando sus átomos, pero el núcleo no fue capaz de llegar a fusionar el hidrógeno y el helio, de manera que no llegan a brillar con luz propia. Son una especie más de la abigarrada fauna que compone este increíble hábitat espacial.

FOto m42 protoplat

Discos protoplanetarios en Orión

M42 tiene forma esférica, con una gran concavidad en su interior que se ha generado mediante un proceso llamado fotoevaporación en el que las estrellas centrales más masivas alejan el gas y el polvo. Debido a esta dispersión, en cuestión de 100.000 años apenas quedarán restos gaseosos, y el resultado será un gran cúmulo estelar. Sus estrellas más masivas, en un período relativamente corto de tiempo, explotarán en forma de supernovas, volviendo a generar el caos a su alrededor. Hay un gradiente importante de temperatura, de forma que en las regiones más internas se alcanzan los 10.000º K, enfriándose a medida que se aleja del centro.

M43 es en realidad parte de la misma Nebulosa de Orión, aunque fue considerada en el siglo XVIII como un objeto distinto. Un filamento de polvo oscuro separa ambas nebulosas, dando esa sensación. También se la conoce como NGC 1982 o Nebulosa de Mairan, debido a su descubridor Jean-Jacques Dortous de Mairan, y se encuentra ionizada por la estrella HD 37061, justo en su zona central. Fue inmortalizada por Messier a finales del siglo XVIII, en un dibujo junto a M42.

Foto M42 messier

Visualmente, M42 y M43 suponen un espectáculo a través de cualquier instrumento. Con unos simples prismáticos bien firmes y una noche oscura se puede apreciar la nebulosa en el mismo campo que NGC 1981 y el complejo de nebulosas de NGC 1977. M42, si el cielo es favorable, mostrará incluso la porción opuesta al trapecio, ese lazo que la rodea de forma tenue. Las estrellas del trapecio pueden empezar a resolverse con pequeños prismáticos, pero para distinguir sus 4 estrellas será mejor recurrir a grandes prismáticos o a pequeños telescopios

A través del Dobson de 30 cm y un filtro la vista es, sencillamente, superponible a la mayoría de fotografías de M42, e incluso mejor, ya que la zona central no aparece velada y podemos disfrutar de todos sus detalles a la vez. Usando bajos aumentos podemos encuadrarla en el mismo campo, mostrando nebulosidad y filamentos donde quiera que pongamos la vista. La zona central es muy brillante, contrastando enormemente la denominada Boca de Pez, un entrante oscuro que avanza hacia el trapecio, una región rectangular llamada Regio Huygheniana. En este último distinguimos las cuatro estrellas principales, y basta con usar 125 o 214 aumentos para poder ver, si la atmósfera no es turbulenta, las componentes E y F, brillando débilmente a muy poca distancia del resto. Al sur del Trapecio aparece otra bahía oscurecida, más estrecha, que separa Regio Huygheniana de Regio gentili, llamada Sinus gentili.

M42 interna

Las alas se abren en direcciones opuestas, y la occidental (proboscis maior) se divide en dos arcos claramente diferenciados, abiertos en un ángulo de 50º. Uno de ellos se dirige hacia Iota Orionis y se une a la otra ala cerrando un círculo casi perfecto. En esta zona posterior, bastante más débil, se pueden apreciar entrantes de nebulosidad hacia el centro, creando pequeños arcos que se aprecian mejor con visión lateral. Volutas de humo aparecen flotando en el interior de la nebulosa y multitud de estrellas pueblan cada uno de sus rincones. M43, al lado del trapecio, despliega una elegante forma redondeada que se extiende acabando en una curvada punta hacia el norte. Sin duda, cualquier descripción se queda corta ante este monumento estelar. Lo mejor es verlo por uno mismo, no de pasada, sino deteniéndose en cada detalle. Conforme pasen los minutos vislumbraremos zonas hasta entonces invisibles, estrellas que antes parecían no existir, y tras media hora estaremos contemplando una verdadera y “viva” fotografía.

M42

Por último, terminamos este recorrido echando un vistazo a NGC 1980, nebulosa descubierta por William Herschel en torno a Iota Orionis. Dicha estrella, denominada Hatysa, tiene una magnitud aparente de 2.75 y es una gigante azul de tipo espectral O9, con una temperatura mayor a 31.000º K. Es una interesante estrella triple, con dos componentes más débiles a 10 y a 40 segundos de arco. La más alejada, según algunos observadores, tiene un tono rojizo que contrasta con el blanco azulado de sus compañeras. Además, la primaria es a su vez binaria espectroscópica, con una estrella orbitando a su alrededor cada 29 días en una órbita muy excéntrica, que podría haber sido causante de la fuga de AE Aurigae. La naturaleza de NGC 1980 es algo incierta, con cierta controversia acerca de si se trata de una porción de M42 o si es una nebulosa con entidad propia situada más cerca de nosotros. Hay incluso quien dice que es un cúmulo abierto formado por Hatysa y una quincena de estrellas, si bien Herschel describió sin ninguna duda su naturaleza gaseosa.

Espada de Orión - detalles

Sea como sea, la imagen que podemos ver a través de un ocular de gran campo es inolvidable, con tantas formas y sombras que tardaríamos una eternidad en estudiarla a fondo. No en vano es el objeto más visitado del firmamento.