El parto de una estrella (Parsamyan 21)

Cada vez disponemos de mejores telescopios, más grandes y de mejor calidad, con lo cual el número de objetos que podemos observar se va ampliando exponencialmente. Los catálogos tradicionales, como el Messier o el NGC, ya no son suficientes, y a veces buscamos más allá: ya no sólo buscamos objetos lejanos, sino que vamos tras el exotismo de muchos de ellos, y como muestra el objetivo de hoy: Parsamyan 21.

Su nombre puede hacer que se nos agudice el oído, pues es un objeto relativamente “raro”. También se conoce como GC 19.26.6.01, y su naturaleza es verdaderamente interesante. Corresponde a un tipo de estrellas variables conocidas como FU orionis, recibiendo nuestra protagonista el nombre de HBC 687 o Herbig-Haro 221 (si quieres recordar más sobre los cuerpos Herbig-Haro haz clic en este enlace). Este tipo de estrellas son extremadamente jóvenes, envueltas aún en la nube de gas y polvo que les ha visto nacer. Este  gas va girando a su alrededor, produciendo eclipses cada cierto tiempo que resultan en el oscurecimiento de la estrella. Producen intensos vientos estelares de hasta 1000 km por hora, capaces de remover el disco de acreción que van formando a su alrededor. Parsamyan 21 es parte de la masa de gas que envuelve a HBC 687, una nebulosa de reflexión que brilla al reflejar el brllo de la estrella central. Su rápida rotación ha producido la emisión de gas en forma de dos chorros bipolares, uno de los cuales se puede apreciar con un telescopio de apertura moderada bajo un cielo oscuro.

Parsamyayn 21 se encuentra en la constelación del Águila, cerca de la interesante nebulosa planetaria NGC 6804. Es pequeña, alcanzando apenas un minuto de arco en su eje mayor, por lo que no debemos dudar en usar altos aumentos. Una vez tengamos localizada la nebulosa observémosla con paciencia y con visión indirecta. Si la atmósfera es estable no tendremos problema en ver una diminuta mancha nebulosa, casi como una estrella gruesa y desenfocada. El matiz viene cuando insistimos en su observación y esa pequeña mancha parece vestirse con una débil cola de gas, tomando el aspecto de un lejano cometa con sus bordes muy definidos. Es verdaderamente curioso contemplar un objeto de esta naturaleza, más aún si somos conscientes de lo que estamos viendo. En poco tiempo todo el gas circundante quedará disipado y Parsamyan 21 desaparecerá para dejar lugar a una solitaria estrella

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Formación estelar en el Cisne (IC 5146)

Nos sumergimos de lleno en la constelación del Cisne para observar un objeto que aparece frecuentemente en fotografías. Se trata de IC 5146, conocida popularmente como la Nebulosa del Capullo.

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Julie and Jessica Garcia/Adam Block/NOAO/AURA/NSF

Es una región de formación de estrellas en la que conviven nebulosas de emisión, reflexión y de absorción en un armonioso popurrí cuyo colofón es un río de oscuridad que serpentea y desemboca en la nebulosidad. Fue descubierta por Thomas Espin en 1899, aunque hay quien atribuye su descubrimiento a E. Barnard en 1893, a la par que descubría Barnard 168, el “río” que forma parte de este paisaje celeste y del que hablaremos posteriormente. Sea como sea, IC 5146 pasó a formar parte del catálogo Caldwell con el número 19 y, posteriormente, del catálogo Sharpless, conocido como Sh2-125. Se encuentra a unos 4000 años luz de distancia, y en el entramado nebuloso se han encontrado hasta cuatro núcleos de mayor densidad, puntos de ebullición estelar que lideran la gestación de estrellas. En el centro destaca una estrella de magnitud 9, BD 46º 3474, que ha surgido del centro de la nebulosa y cuya emisión ha limpiado de polvo y gas el centro de la misma, esculpiendo su entorno y haciendo que el sobrenombre “del Capullo” tenga algún sentido.

Foto ic 5146 gran

Tom V. Davis

IC 5146 se ha asociado erróneamente a ambas estructuras, la nebulosa y el cúmulo de estrellas que ampara, si bien lo correcto sería denominar IC 5146 a la nebulosa y Collinder 479 al cúmulo, pues fue en este último catálogo cuando se hizo referencia a la agrupación estelar. Más de 100 estrellas se vislumbran en los 12 minutos de arco que mide la nebulosa, aunque el Spitzer ha revelado, en el infrarrojo, más de 200 fuentes emisoras que corresponden a objetos extremadamente jóvenes, como cuerpos Herbig-Haro u objetos T-Tauri. B168 forma parte de LDN 1055, una nube molecular que cuenta con unas 2500 masas solares. B168, oscura por carecer de estrellas que la iluminen, muestra su mayor opacidad a unos 20 minutos de arco de IC 5146, aunque su estela se puede seguir hasta el mismo centro.

Foto IC 5146 spitzer

No es difícil encontrar la nebulosa en la zona más oriental del Cisne, por encima de la brillante Deneb. Podemos guiarnos gracias a M39, que se encuentra especialmente cerca y servirá para maravillarnos y adaptar nuestra visión a la oscuridad. Una vez en el campo veremos, rodeando a un grupito de seis estrellas, una tenue nebulosidad que parece abrazarlas de una forma tremendamente sutil, sin una forma definida. Tendremos que hacer uso de nuestra paciencia para esperar tras el ocular, y un buen rato después, con visión periférica, comenzaremos a desentrañar este curioso objeto. Es mejor usar aumentos relativamente bajos, de otra manera el contraste disminuye y la nube se pierde difuminada en el cielo. Encontré algo de mejoría con el filtro UHC, lo cual no hacer más que corroborar que la mayor parte de la nebulosa es de emisión, mientras que el OIII oscurecía demasiado la imagen. La zona interna, libre de nebulosidad, se hizo patente a los pocos minutos, con algunas otras condensaciones que destacaban muy levemente. Los bordes, más engrosados, parecían otorgar al centro la forma del símbolo infinito, una imagen que me recordaba a la planetaria Jones 1. Media hora después estaba observando una imagen que recordaba a las fotografías que ya conocía, si bien tuve que hacer un esfuerzo importante para no perder detalle. No encontré la nebulosa oscura, pues no sabía con certeza su posición y, además, estaba usando aumentos demasiado elevados para verla. Bajo cielos oscuros bastan un par de prismáticos para poder distinguirla sin dificultad, aunque de ello hablaremos en otro momento.

IC 5146

Una estela de luz en Cefeo (VdB 152)

A veces las fotografías nos inspiran a buscar ciertos objetos que, de otra manera, habríamos creído fuera de nuestro alcance, perdiendo la oportunidad de observarlos con nuestros telescopios. Algo parecido me ocurrió cuando observé por primera vez la exótica nebulosa VdB 152, que podéis apreciar en la siguiente fotografía. Resulta impresionante contemplar esa brillante nube blanco-azulada que va dejando tras de sí una sombría estela de gas y polvo, como un fantasma que se desplaza a través del universo.

Foto VdB 152

Crédito: Éder Iván

También conocida como Cederblad 201, se trata de una nebulosa de reflexión que habita en la constelación de Cefeo a unos 1400 años luz de distancia. Sidney van den Bergh es un astrónomo canadiense que nació en 1929, conocido, entre otras cosas, por crear un catálogo de nebulosas de reflexión que se disponen por todo el cielo. En total registró 158 de estos interesantes objetos, que no son más que porciones de gas iluminadas por alguna estrella cercana. En concreto, VdB 152 ocupa el borde de una nube molecular que se llama LDN 1217. La nebulosa de reflexión es la cubierta que envuelve a un Glóbulo de Bok, esa región oscura que aparece adyacente a ella y que se conoce como Barnard 175. En su interior están naciendo nuevas estrellas, que paulatinamente irán erosionando la nebulosa y dando la cara. Vemos una brillante estrella en el seno de VdB 152, BD+69 1231, de magnitud 9.3. Podríamos estar tentados de decir que es una de las estrellas nacidas en la nube molecular, pero lo cierto es que el movimiento de la estrella y el de la nebulosa son bien distintos, de manera que tienen orígenes dispares. El trayecto de la estrella la ha llevado a rondar esta región de la nebulosa, haciendo que brille al reflejar su luz. Dentro de unos miles de años el movimiento de ambos objetos hará que la porción iluminada de la nebulosa sea otra diferente. En el interior de la nube se pueden observar múltiples estrellas en proceso de formación, siendo una de ellas especialmente llamativa, ocupando en la siguiente imagen el borde derecho superior de la nebulosa.

Foto VdB 152 NOAO

T.A. Rector (University of Alaska Anchorage) and H. Schweiker (WIYN and NOAO/AURA/NSF)

Se trata de un cuerpo de Herbig-Haro, en concreto de HH 450, una estrella en sus primeros estadios de vida cuya rápida rotación produce la expulsión de enormes chorros de gas de forma bipolar. En la imagen también se pueden apreciar dos líneas rojizas, los restos de una antigua explosión de supernova que vagan cerca de la nebulosa.

Observar esta nebulosa es más fácil de lo que podría parecer, siempre y cuando observemos desde un lugar oscuro. Desde un primer momento, incluso a bajo aumento, se detecta sin mayores problemas que hay “algo” alrededor de la estrella principal, una nebulosidad que se aprecia mejor con visión lateral. Poco a poco la luz fantasmal va adoptando una forma alargada, y cuando nuestra vista se encuentra bien adaptada no es difícil distinguirla como si tuviera una forma de “L”, bastante similar a lo que observamos en las fotografías. La estela oscura que va dejando tras de sí es harina de otro costal: como mucho se observa que en la zona de la nebulosa oscura no hay más estrellas que una brillante en su región intermedia, mientras que en el exterior la concentración de estrellas es moderada. Una brillante estrella, STF 2883, pone la guinda a la observación. Es una estrella doble con sus componentes, de magnitud 5.6 y 8.6, separadas por unos 13 segundos de arco. La principal aparece de un color amarillo claro, mientras que la secundaria muestra un azul pálido muy sugerente. Sin duda, es una zona del cielo que vale la pena recorrer.

VdB 152

Nubes en Cefeo (NGC 7129 y NGC 7142)

Hace años, mientras buscaba NGC 7023, descubrí, en el corazón de Cefeo, una curiosa formación de estrellas asociadas a una patente nebulosidad, captando mi atención y haciendo que me detuviera un tiempo para observarlas. Varios años después me decidí a volver al lugar, esta vez con mayor sosiego y disponibilidad de tiempo. Se trataba de NGC 7129, y la siguiente imagen puede darnos una idea de su naturaleza:

Foto NGC 7129

Adam Block/Mount Lemmon SkyCenter/University of Arizona

Volvemos a observar las grandes masas de gas que nos rodean y que rellenan todo el cosmos propiciando la aparición de nuevas estrellas. En este caso estamos observando a unos 3.300 años luz de distancia, al centro de una nube molecular de hidrógeno en la que una elevada densidad ha dado lugar al nacimiento de una cohorte de estrellas, de apenas un millón de años de edad. En concreto, se han podido contar unas 130 estrellas, la mayoría de las cuales son invisibles a nuestros ojos, precisando observar en otras longitudes de onda para distinguirlas. En la siguiente imagen obtenida por el Spitzer, en el infrarrojo, destacan en color verde las estrellas más jóvenes. En concreto, esos filamentos verdosos son objetos Herbig-Haro, de los que hablábamos con anterioridad en esta entrada. Básicamente, son estrellas recién nacidas que generan fuertes vientos, dispersando el gas del que se forman hacia sus polos en forma de rápidos y cambiantes jets que calientan el gas. Uno de los más patentes en longitud de onda visible es el que tenemos en la región superior de esta rosa cósmica, denominado HH 103 (estoy seguro de que, bajo las condiciones de observación adecuadas, debe ser visible a través de telescopios de suficiente apertura).

Foto NGC 7129 Spitzer

La nube molecular original permanece invisible en las fotografías, manifestándose su presencia gracias a las regiones que son iluminadas por las nuevas estrellas. Este tipo de nebulosa es, por tanto, una nebulosa de reflexión, ya que el gas todavía no se encuentra ionizado, como ocurre en las regiones HII. La nebulosa, simplemente, se encarga de “reflejar” la luz de las estrellas que la iluminan. NGC 7129 debe su brillo a 3 estrellas centrales de tipo espectral B; en concreto es una de ellas, LkHα, la que se ha encargado de esculpir la nebulosa, vaciando su contenido interno de gas. Los grandes vientos generados y su erosiva luz ultravioleta han sido sus exclusivas herramientas.

Con una magnitud de 11.5, NGC 7129 es fácilmente visible con cualquier instrumento, distinguiéndose incluso a través del buscador si la noche es oscura. Seis brillantes estrellas llaman la atención en un campo estelar relativamente pobre, y la principal porción de nebulosa se establece alrededor de dos de ellas, disponiéndose como una nube difusa de forma triangular y unos 4 minutos de diámetro. Sus bordes no son definidos, sino que se pierden poco a poco hasta entremezclarse con el cielo. Otra pequeña mancha se encuentra situada al lado, entre otras dos estrellas brillantes. Algo más débil, presenta una forma alargada y los filtros, tanto el UHC como el OIII, no hacen más que oscurecer su silueta, confirmándonos que no son nebulosas de emisión. Una estrella cercana también parecía reflejar un tenue halo de luz fantasmagórica, y es que esta nebulosa, como se puede apreciar en las fotografías, es más grande de lo que podría parecer en un primer momento.

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No deberíamos perder la oportunidad de visitar un cercano cúmulo que prácticamente linda con la nebulosa, a unos 25 minutos de arco. Se trata de NGC 7142, situado a una distancia bastante mayor, estimada en unos 7000 años luz. Está formado por unas 250 estrellas cuya edad, mucho más avanzada, es de unos 3.000 millones de años, más en consonancia con nuestro propio Sol. Resulta curioso contemplar agrupaciones de estrellas que, pese a su avanzada edad, aún continúan unidas como si hubieran nacido ayer. Entre sus estrellas abundan, como es lógico, aquéllas de un color rojizo, si bien se han encontrado un número relativamente alto de rezagadas azules, las estrellas que encontrábamos en algunos globulares y que suelen estar asociadas con lugares extremadamente densos. La siguiente imagen muestra los dos objetos de esta entrada en el mismo campo, tan cercanos pero, a la vez, separados por miles de años luz.

Foto NGC 7129 7142

Crédito: Tony Hallas

NGC 7142, con una magnitud que ronda la novena y un tamaño de entre 10 y 15 minutos de arco, es un objetivo sencillo de observar con pequeños instrumentos. A través de mi Dobson de 30 cm pude contemplar una maraña de diminutas estrellas (una treintena de ellas) de magnitud superior a 13, colocadas todas ellas alrededor de tres estrellas protagonistas de mayor brillo. Un fondo neblinoso delataba la presencia de más componentes en la lejanía, y se podían adivinar algunas alineaciones estelares que colgaban como guirnaldas de las principales estrellas.

NGC 7142

Las nubes moleculares de Orión-Monoceros (NGC 2149 y NGC 2170)

El universo está enormemente jerarquizado, y siempre hay una estructura que está por encima de otra. Hemos estado en varias ocasiones la nube molecular de Orión, y ahora vamos a conocer la región en la que se engloba. El complejo de nubes moleculares de Orión-Monoceros es una maravillosa estructura que abarca una gran área del cielo, cuya fascinante historia se remonta a la época en la que se extinguieron los dinosaurios.

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Según numerosos estudios, hace 60 millones de años tuvo lugar un encuentro entre una nube de hidrógeno neutro (una masa de gas conocida como “high velocity H1 cloud” o nube de H1 de alta velocidad) y el disco de nuestra galaxia. La nube de alta velocidad tendría un diámetro de unos 1250 años luz y entraría en el disco galáctico desde el hemisferio sur, avanzando a la vertiginosa velocidad de 100 km por segundo (de ahí el adjetivo que las define). Esta colisión sería la que determinaría la formación, 20 millones de años después, de una inmensa nube molecular, formada también por hidrógeno, aunque en su forma molecular en vez de atómica (dos hidrógenos unidos entre sí). Esta gran estructura se vería esculpida, a posteriori, por las fuerzas de marea de nuestra propia galaxia, así como por la influencia de numerosas supernovas y los vientos de jóvenes estrellas supermasivas. El resultado final lleva a la disgregación del complejo molecular en nubes moleculares más pequeñas, formándose así sus principales componentes, las nubes de Orión A, Orión B y Monoceros R2.

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Las nubes de Orión fueron las primeras en nacer, hace unos 30 millones de años, mientras que la de Monoceros se formó más adelante, hace unos 10 millones de años. Las primeras, más cercanas, se encuentran a unos 1500 años luz de distancia, situándose la de Monoceros a 2500 años luz, a pesar de lo cual están estrechamente relacionadas entre sí y comunicadas a través de filamentos. En el seno de la nube molecular de Monoceros R2 comenzaron a destacar algunos núcleos más densos, dando lugar a las nebulosas que nos ocupan hoy.

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NGC 2170, fotografía de Adam Block

NGC 2170 fue descubierta por William Herschel en 1784, mientras que NGC 2149 permaneció oculta a la vista del hombre hasta cien años más tarde, cuando fue descubierta por Édouard Jean-Marie Stephan (el mismo que dio nombre al famoso quinteto de galaxias). Esta última se encuentra en el límite de las nubes de Monoceros R2 y Orión A, la cuales se encuentran unidas y formando una estructura anular, probablemente fruto de la burbuja en expansión producida por una supernova reciente. NGC 2170, la nebulosa más brillante de Monoceros R2, se encuentra a 3 grados y medio de su compañera. Al igual que ocurre con la Nebulosa de Orión, estas masas de gas ocultan tras de sí un enjambre de estrellas recién nacidas, así como otras tantas que están aún por nacer.

NGC 2149 es la más débil de estas nebulosas, precisando un cielo relativamente oscuro. Su tamaño de 3 minutos de arco hace aconsejable usa aumentos elevados, siempre y cuando no perdamos demasiado contraste. Con mi Dobson de 30 cm llegué a apreciarla con mayor claridad a 214 aumentos, apareciendo como una nebulosidad extremadamente débil que se disponía alrededor de una pequeña estrella. Ligeramente alargada, la nubecilla desaparecía por complejo cuando fijaba la vista, aunque con mirada periférica se dejaba ver con relativa facilidad.

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Mucho más brillante es NGC 2170, a pesar de contar con unas dimensiones similares. Aparece como una nebulosidad más densa en torno a una llamativa estrella, con dos prolongaciones que se disponen a ambos lados, abarcando otras dos estrellas como si fueran sus brazos. Con visión periférica se extienden algo más lejos, aunque no llegan a superar los 3 minutos de arco. Es emocionante pensar que estamos contemplando dos pequeñas cimas de un enorme iceberg que se encuentra oculto a nuestros ojos, haciendo patente, una vez más, que el universo se encuentra entrelazado e interactuando en todo momento.

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No es lo que parece (NGC 1579)

El título de la entrada hace referencia a la sorpresa que me llevé cuando leí sobre la verdadera naturaleza de NGC 1579. Uno acaba asociando colores a sustancias, de manera que los colores rojizos suelen hacernos pensar en regiones HII, zonas donde el hidrógeno se ioniza con las estrellas que se están formando. NGC 1579, conocida como la Trífida del Norte, es una bella nebulosa que se encuentra en la constelación de Perseo, y llama la atención en las fotografías por su forma y por su color, que recuerdan en gran medida a M20, la Trífida. Sin embargo, como reza el título, no todo es lo que parece, y ese color rojizo de NGC 1579 no se debe al hidrógeno ionizado, sino a la luz reflejada por una estrella muy joven…

Empecemos por el principio, dejando claro que una nebulosa puede ser iluminada por dos motivos, que sirven para incluirla en una de las siguientes categorías: por un lado, las nebulosas de emisión son aquéllas cuyo hidrógeno se encuentra ionizado por una brillante estrella, generalmente estrellas masivas de vida corta, y emiten ese característico color rojizo que conocemos, por ejemplo, de la Nebulosa de la Laguna, M42 o NGC 7000. La luz es emitida, literalmente, por el hidrógeno que forma la nube, un mecanismo totalmente diferente a lo que ocurre en las nebulosas de reflexión. En éstas, simplemente, el gas transmite la luz que le llega de una estrella, es decir, no “produce” luz nueva, sino que la luz se refleja en la nube. Las estrellas que iluminan las nebulosas de reflexión suelen ser gigantes azules que transmiten su color a la nebulosa, y ese es el motivo por el que la mayoría de ellas aparezcan de esa tonalidad. Sin embargo, como en todo, hay excepciones, y NGC 1579 es una de ellas. Su color rojizo me había llevado a pensar que sería una nebulosa de emisión, como también le ocurrió a Sharpless, que la identificó como región HII y la catalogó como Sh2-222, pero resulta que hay una gran cantidad de polvo entre la nebulosa y nosotros que altera nuestra percepción. Cuando observamos en lugares de nuestra galaxia especialmente poblados de estrellas, como sucede en los brazos espirales, suele haber un efecto conocido como extinción o enrojecimiento, ya que la luz azul es atenuada con mayor intensidad por el polvo interestelar y el resultado es que el objeto en cuestión aparece más rojizo. Y de ahí el motivo del color de NGC 1579, una nebulosa de reflexión que se encuentra fuertemente atenuada, como podemos apreciar en la siguiente imagen de Alson Wong:

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Situada a unos 2100 años luz de distancia, NGC 1579 sufre una importante extinción por una nube de polvo denominada Lynds 1482 que pertenece a la nube molecular de Taurus-Auriga, situada a unos 500 años luz. La asociación Perseus OB2, que ya estudiamos en esta entrada, también se encuentra en la misma línea de visión, a medio camino entre la nebulosa y nosotros. NGC 1579 es una zona de formación estelar iluminada por sus jóvenes estrellas, algunas de las cuales excitan levemente el gas que les rodea, de manera que hay pequeñas zonas que son realmente nebulosas de emisión, si bien no es la nota predominante. La estrella más importante se llama LkHα-101, una joven estrella de 15 masas solares y un brillo 8000 veces superior al de nuestro sol que tiene una edad extremadamente joven, cubierta por una pequeña región HII. Se encuentra en un momento muy interesante de su formación estelar, justo cuando se está desprendiendo de la envoltura gaseosa que, a modo de placenta, cubre todas las estrellas que están naciendo. En cualquier momento este gas circundante se desprenderá del todo y la estrella brillará con más fuerza aún. LkHα-101 es la principal responsable de iluminar NGC 1579, y eso es algo que sabemos con precisión gracias a su espectro, que coincide completamente con el de la nebulosa. No es la única estrella de la zona, sino que comparte parcela con un centenar de ellas, todas con una edad estimada en apenas medio millón de años. Poco a poco, a medida que salgan de sus “caparazones” de gas, ionizarán todo el gas de alrededor y lo que veremos será una nebulosa de emisión. La siguiente imagen, obtenida con el Hubble, se centra en la región más interna de NGC 1579, captando una de sus llamativas franjas oscuras. La estrella que destaca en la esquina inferior derecha es la mencionada LkHα-101:

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Para disfrutar de NGC 1579 merece la pena hacerlo desde un cielo oscuro y con una atmósfera estable, ya que su brillo superficial es más bien bajo y su tamaño, de apenas 6 minutos de arco, requerirá que usemos aumentos considerables si queremos apreciar más detalles. Se encuentra a medio camino entre Perseo y Auriga, pudiendo encontrarlo a partir de cualquiera de estas constelaciones. A bajo aumento, una vez pongamos el ojo en el ocular, es posible que nos pase desapercibida momentáneamente, aunque en seguida notaremos una débil nubecilla que aparece con visión indirecta. Poco a poco la nube va cobrando mayor intensidad, conforme el ojo se va adaptando, y a 214 aumentos muestra una relación tamaño-brillo adecuada para apreciar algunos de sus detalles. En primer lugar destaca el centro, más brillante y con una forma triangular, que se dispersa a lo largo de unos 3 minutos de arco. Sus bordes decaen rápidamente, pero pueden atisbarse jirones de gas situados más allá, destacando quizás una zona que se encuentra junto a dos estrellas especialmente unidas. El filtro UHC no ayudaba, lo cual me resultó extraño, ya que, por lo general, las regiones HII se realzan bastante: NGC 1579 ya estaba dando a entender su verdadera naturaleza. Tras un largo período de observación pude distinguir la principal veta oscura que separaba ambas zonas, y otra se insinuaba algo más alejada, bastante débil de todas formas. Poco a poco la imagen fue fraguando en mi retina hasta que me vi seguro como para plasmarlo en un dibujo. Si la atmósfera hubiera estado más estable el espectáculo habría sido aún mayor.

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Parte de un todo (IC 348)

Ya vamos comprobando que el espacio “vacío” está lleno, en realidad, de polvo y gas, como podemos ver en multitud de fotografías que contemplamos a diario. Hoy vamos a estudiar una zona especialmente interesante situada en la Nube Molecular de Perseo, una interesante región que se sitúa a una distancia de entre 600 y 1000 años luz. Comparte localización con la asociación Perseus OB2, en la cual quedan englobadas multitud de estrellas de tipo espectral O y B, jóvenes y grandes astros que iluminan el gas que hay a su alrededor. Entre estas nubes hay algunas que no reciben luz alguna y aparecen como nebulosas oscuras parcheando toda la zona, algunas fácilmente visibles si observamos desde un lugar alejado de la contaminación lumínica. Esta región OB cuenta con dos importantes zonas de formación estelar, una de las cuales ya vimos en su momento, la nebulosa de reflexión NGC 1333. En su interior se ha descubierto un gran número de estrellas jóvenes, muchas de las cuales cuentan con un anillo de gas a su alrededor, así como numerosos objetos Herbig-Haro. Hoy nos centraremos en la otra fábrica de estrellas que se sitúa muy cerca, IC 348. Podemos contemplar ambas zonas en la siguiente fotografía, una a cada lado de la imagen, así como la gran cantidad de polvo que reina en la región. IC 348 es la nebulosidad blanquecina que hay bajo la brillante estrella de la izquierda, mientras que NGC 1333 es una pequeña nubecilla de la misma tonalidad que hay en la mitad derecha:

Pero antes identificaremos la estrella más brillante que preside la asociación OB. Se trata de Zeta Persei (también conocida como Menkib), y su nombre también es usado para referirse a la asociación. Es una estrella de tipo espectral B1, bastante joven, que se sitúa a 750 años luz de distancia. Desde la tierra la vemos con una magnitud de 2.9, si bien posee una luminosidad equivalente a 47.000 veces la del sol. Tiene, por cierto, una compañera de magnitud 9 situada a unos 13 segundos de arco. Menkib, con una masa 19 veces mayor que la del sol, terminará sus días como una brillante supernova, aunque todavía le restan varios millones de años de vida.

Vamos a saltar de Menkib a Atik, también conocida como Omicron Persei, la estrella de magnitud 3.8 que tomaremos de partida para nuestra observación. Es una estrella que comparte el tipo espectral de Menkib, y junto a ella reside IC 348, un pequeño cúmulo abierto, de 15 años luz de diámetro, cuyas estrellas iluminan el gas circundante a modo de vela cósmica. Esta familia de estrellas está compuesta por casi 500 componentes, de los cuales una tercera parte presentan a su alrededor un disco de polvo en cuyo seno se están gestando planetas, como ocurrió en nuestro sistema solar hace 4500 millones de años. Esto es de gran importancia porque nos permite estudiar las primeras etapas de las estrellas, cuya edad ronda los 2 millones de años, si bien se han encontrado algunas extremadamente jóvenes que apenas llegan a los 500.000 años. Su “compañero de nube”, NGC 1333, posee incluso más estrellas recién nacidas, así como cuerpos de Herbig-Haro, de lo cual se deduce que su edad es algo menor. En la siguiente fotografía, hecha por Rafael Rodríguez Morales, podemos apreciar IC 348 con mayor detalle, a la izquierda, además de los impresionantes contrastes cromáticos que se han creado en la región. La nebulosidad más opaca, de forma alargada a la derecha, es Barnard 3; justo bajo IC 348 podemos ver Barnard 4, algo menos evidente:

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Imagen obtenida por Rafael Rodríguez Morales

Otra particularidad de este cúmulo es que en él se han descubierto tres enanas marrones de baja masa, un peculiar objeto que podría ocupar el eslabón entre los planetas y las estrellas. Se trata de estrellas extremadamente jóvenes que poseen una masa particularmente pequeña, con lo cual su temperatura apenas alcanza los 600 grados Celsius. Estos astros tienen una masa menor de 10 veces la masa de Júpiter, batiendo así el récord estelar de “estrellas con peso pluma” en el universo conocido. Otra estrella especialmente interesante es LRLL 54361, un sistema doble formado por dos protoestrellas que orbitan una alrededor de otra. Cada 25 días este sistema sufre un repentino aumento de brillo, y parece deberse a que cada 25 días, en el periastro (cuando ambas estrellas están más cerca entre sí), sus atmósferas prácticamente entran en contacto, pasando materia de una a otra y produciendo una gran cantidad de energía.

Si observamos el cúmulo a bajo aumento es posible que la brillante Omicron Persei nos deslumbre, aunque si el cielo está oscuro no tendremos problema en ver una marcada nebulosidad en torno a un grupito de estrellas que hay a apenas 10 minutos. Lo cierto es que el cúmulo parece más bien pobre y la vista se va impresionando rápidamente de la nebulosa, cuya silueta se va recortando contra el fondo oscuro. La brillante Omicron Persei se encuentra en la parte inferior del ocular, y en el centro puedo contar una quincena de pequeñas estrellas, destacando un par de ellas más brillantes, rodeadas por algunas extremadamente débiles. La nebulosidad no es homogénea, destacando en torno a esta pareja de estrellas y a otra que se encuentra inmediatamente superior, partiendo de esos puntos débiles prolongaciones que otorgan al conjunto una forma de letra “C”. Hay otras zonas con nebulosidad débil, incluyendo una hilera de tres estrellas que se encuentran cerca de Omicron Persei. Esta estrella, en concreto, también parecía envuelta en una difusa nube redondeada, pero viendo posteriores fotografías probablemente fue debido al propio brillo de la estrella y una leve humedad que iba imperando en el ambiente. Sea como sea, otra faceta que quedó patente fue la verdadera escasez de estrellas que había al suroeste del cúmulo, no pudiendo ver ninguna de ellas en sus inmediaciones. No es que no haya, sino que en ese lugar se encuentra la nebulosa oscura Barnard 4. Muy cerca se encuentra Barnard 3, un poco más contrastada, en dirección a NGC 1333. De esta manera, si observamos estas variadas nebulosas y sus estrellas asociadas, podremos decir que conocemos relativamente bien a esta inmensa región conocida como Perseus OB2 y, como exploradores, podremos marcar su situación en el mapa de nuestros viajes galácticos.

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*Me parece importante tratar el cielo por regiones, de la misma manera que no podemos estudiar el ojo humano y, por otro lado, el área visual del cerebro, sino que para entender el conjunto debemos estudiar cómo llega un fotón a la retina y su camino a través del sistema nervioso. Así, en este caso, tenemos que tomar a NGC 1333 e IC 348 como parte de un todo más grande, un órgano que se manifiesta de distintas maneras en cada uno de sus rincones, contribuyendo a la magia de esta afición y añadiendo aún más incentivos para observar el cielo.