Ahondando en el grupo Leo II

 

La constelación de Leo, rica en galaxias, es un lugar que puede pasar desapercibido al lado de otras constelaciones como Virgo o Coma Berenices Sin embargo, tiene sorpresas escondidas en cualquiera de sus rincones. Pequeños grupos de galaxias pueblan una zona comprendida entre 30 y 70 millones de años de distancia, y en su conjunto forman una gran familia conocida como Leo II, situada al lado del Cúmulo de Virgo. Hoy veremos uno de estos pequeños grupos en cuyo dentro destacan dos galaxias, NGC 3607 y NGC 3608. La primera de ellas da nombre al grupo, que está compuesto por unas 14 galaxias y se encuentran en el centro de la constelación.

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NGC 3607 es una lenticular gigante, una familia de estrellas que desprenden una importante cantidad de rayos X calientes, tanto en el interior de la galaxia como en el espacio intergaláctico que la separa de sus compañeras. En su región central reside un agujero negro supermasivo con una masa estimada en 100 millones de masas solares. Presenta un disco de unos 15 segundos de diámetro con un anillo de polvo a su alrededor, similar al que rodea a M104, con la particularidad de que rota en sentido opuesto al del resto de la galaxia. Esta característica la comparte con NGC 6308, una elíptica de baja luminosidad cuyos 10 segundos de arco más internos (el equivalente a 4000 años luz de radio) giran también en sentido contrario al resto. Rota lentamente, a unos 15 km/s, lo cual es más típico de las elípticas gigantes.

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Una posible explicación para la existencia de estos núcleos independientes es la fusión con pequeñas galaxias elípticas, cuyos núcleos son lo suficientemente densos como para sobrevivir parcialmente a este proceso y mantener su velocidad de rotación, aunque esta teoría parece poco probable en el caso de estas galaxias. Otra posibilidad hace referencia a la presencia de brotes de formación estelar, como ocurre en NGC 1023, que alterarían la dinámica interna. En este tipo de galaxias la edad de las estrellas centrales es mucho menor que las del resto del disco, pero en NGC 3607 y NGC 3608 no se cumple esta premisa, con lo cual no permiten despejar esta incertidumbre. Esta última hipótesis podría ser cierta, sin embargo, si las galaxias fueran elípticas, por lo que se ha sugerido que NGC 3607 podría ser realmente una elíptica que ha arrastrado hacia sí parte de las estrellas de NGC 3608, adoptando el aspecto de una lenticular clásica. Se necesitarán nuevos estudios más precisos para conocer el origen de estos núcleos que viajan a contracorriente.

Con una magnitud de 10.8 y un tamaño aparente de 4.9×2.5’, NGC 3607 es fácilmente visible como una bonita esfera ligeramente alargada, con un centro brillante que destaca incluso con visión directa. NGC 3608, muy cerca, forma la pareja perfecta de su compañera. Redondeada y algo más débil, también muestra un núcleo más brillante, aunque sus bordes se difuminan antes y se pierden en la oscuridad del cielo. Una tercera galaxia completa este retrato familiar: NGC 3605 es una pequeña elíptica que parece refugiarse en el regazo de NGC 3607. Es la más débil de las tres, aunque con el Dobson de 30 cm se aprecia sin ninguna dificultad a bajo aumento. Podría parecer una más de este grupo pero, según parece, se encuentra ahí por efecto de perspectiva, situándose a una distancia bastante mayor.

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El Septeto de Copeland

A todos nos asombran los grupos compactos de galaxias, es algo que parece ciencia ficción, varias galaxias compuestas por miles de millones de estrellas bailando en el cosmos, unidas por la misma fuerza que hace caer una hoja al suelo. Muchos de estos grupos tienen nombres propios que perdurarán a lo largo de la historia, destacando, sin duda el Quinteto de Stephan, que ya hemos visto con anterioridad. Sin embargo, hay otras agrupaciones famosas que requieren aberturas más generosas, como el caso que nos ocupa hoy, que es conocido como el Septeto de Copeland. El nombre hace referencia a su descubridor, Ralph Copeland, ayudante de Lord Rosse que, en 1874, se topó en el telescopio de 72 pulgadas con esta agrupación de galaxias. Las catalogó y se equivocó al pasar las coordenadas al papel, de manera que estuvieron “desaparecidas” durante más de un siglo, hasta que Paul Hickson las reencontró y las añadió a su catálogo de galaxias peculiares con el nombre de Hickson 57.

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El Septeto de Copeland se sitúa a una enorme distancia, precisada en el año 2005 con una supernova que tuvo lugar en NGC 3746. Si el Quinteto de Stephan, con más de 300 millones de años luz, ya nos parecía lejano, podremos sentir vértigo al ver Hickson 57, ya que se encuentra a 480 millones de años luz. Si multiplicamos por 28 el tiempo que ha tardado la luz en llegarnos de esas galaxias llegaremos al mismo instante en el que el universo se formó. NGC 3753 es el componente principal del grupo, con una magnitud de 14.5, una galaxia espiral alargada que muestra dos colas deformadas de material que se ha desprendido a raíz de la interacción con sus compañeras. Recientes estudios sugieren que es el resultado de dos espirales que han colisionado entre sí durante los últimos 100 millones de años, promoviendo una importante proliferación estelar. Casi en contacto con ella podemos ver a NGC 3754, una espiral barrada de la magnitud 15, fuente de emisión en radio e infrarrojo. El resto de galaxias ronda la magnitud 15, llegando NGC 3745 a la magnitud 16.2. Se disponen en forma de dos tríos de galaxias, con NGC 3751 algo más alejada. De hecho, ésta última no forma parte de Arp 320, otro nombre con el que se conoce a las restantes galaxias de Hickson 57. Un octavo componente, UGC 6601, aparece en medio de las demás, brillando con una tímida magnitud 17.4, reservada por tanto a mayores telescopios.

Observé el Septeto de Copeland desde un cielo oscuro pero un día con importantes turbulencias en la atmósfera, de manera que usar altos aumentos era un verdadero infierno. A  115 aumentos ya atisbarlas como una doble mancha sin forma en torno a una estrella de magnitud 12, si bien su resolución distaba mucho de ser posible. Decidí, con paciencia, usar el Kronus de 7 mm, observando el conjunto a 214 aumentos, y ahí, tras minutos esperando un poco de estabilidad atmosférica, pude ir captando más cosas. De entrada destacaban dos galaxias a ambos lados de la estrella central, correspondientes a NGC 3753 (magnitud 14.5) y NGC 3746 (magnitud 15). No pude apreciar NGC 3754, la pequeña galaxia que forma pareja con NGC 3743, probablemente estuvieran demasiado juntas teniendo en cuenta las condiciones meteorológicas, así que habrá que probar otro día. La mancha que había en su lugar probablemente correspondía a la silueta de ambas galaxias, prácticamente en contacto. Sí pude distinguir sin mayores problemas a NGC 3750, de magnitud 15, muy cerca de las anteriores. Al otro lado de la estrella, acompañando a NGC 3746, me las vi y sudé para distinguir, con visión periférica y la vista completamente adaptada a la oscuridad, a NGC 3748, de magnitud 15.8. Entre ambas brillaba NGC 3745, de magnitud 16.2, completamente invisible bajo ese cielo. “Apartado” del primer grupo (a tan sólo 2.5 minutos de arco de NGC 3753, pude ver con relativa facilidad a NGC 3751, otra espiral de magnitud 15 y ninguna forma definida. En total pude individualizar 5 galaxias, muy sugerentes a pesar de su extremada debilidad, y es que no todos los días podemos ver tantas estrellas en un espacio tan reducido.

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Cielo profundo al anochecer (NGC 3521)

Hay una barbaridad de diferentes tipos de galaxias en cuanto a formas, color, brillo… Algunas parecen cúmulos globulares, otras nebulosas difusas… Sin embargo, las que personalmente me transmiten la “sensación” de ser verdaderas galaxias, sin excepción, son las que se presentan con cierto grado de inclinación y con un núcleo brillante que se va difuminando hacia la periferia. Es el caso de NGC 3521, una bonita galaxia que se sitúa en medio de ninguna parte, al sur de la figura principal de Leo, en una zona donde las estrellas brillantes resaltan por su ausencia. Sin embargo, este universo es tan brillante que puede competir con la inmensa mayoría de galaxias del catálogo Messier, aunque fue descubierto por William Herschel en 1784.

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NGC 3521 presenta una estructura mixta entre una galaxia espiral normal y una barrada, con características de ambas. Se encuentra a una distancia indeterminada entre los 23 y 35 millones de años luz y forma parte del filamento que conecta nuestro Grupo Local con el Cúmulo de Virgo, llamado “Ramal de Leo” (Leo Spur). Con unos 80.000 años luz de diámetro, cuenta con 150.000 millones de estrellas, y sus brazos se encuentran divididos en multitud de fragmentos, haciéndola entrar en la categoría de galaxias floculentas. De hecho, NGC 3521 recuerda innegablemente a otras floculentas como NGC 2841, NGC 4414 o M63. Imágenes de larga exposición han demostrado recientemente la presencia de burbujas de gas rodeando a la galaxia, de forma irregular, muestra de que en un pasado no muy lejano NGC 3521 interaccionó con otras galaxias colindantes, si bien hoy no hay evidencia de que haya galaxias cercanas.

Uno de los recuerdos que guardo de esta galaxia es que pude verla cuando todavía no había anochecido. Desde los cielos de Sierra Nevada, aproveché que el sol se había puesto hacía poco tiempo para ir buscando la zona de la galaxia y dibujar en el campo las estrellas más brillantes, para luego poder dedicarme por entero a la visión de la galaxia. Las estrellas principales apenas aparecían en el buscador, por lo que pasé un rato entretenido en busca de NGC 3521. Cuando finalmente situé el buscador en la zona y miré tras el ocular, a 125 aumentos, quedé sorprendido por notar, con el fondo aún azulado, una diminuta y redondeada mancha, que correspondía exactamente con el núcleo de la galaxia. Eso no hizo más que confirmarme el gran brillo superficial de este objeto. Ya entrada la noche pude disfrutar de su visión plenamente, y su extenso halo, de 11 minutos de longitud, se hizo patente sin ningún problema. Presentaba un núcleo puntiforme, visible con visión directa, y las regiones internas eran más brillantes, tornándose tenues a medida que se alejaban del centro. El campo de estrellas, como corresponde a esta zona “pobre”, no era muy abundante, pero la veintena de astros que compartían ocular con la galaxia añadían atractivo a ese gran universo.

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Bailando ante el León (NGC 3226 y NGC 3227)

El siguiente par de galaxias forma parte del selecto catálogo que Halton Arp publió en 1966. En él podemos encontrar galaxias con brazos peculiares, otras que interactúan entre sí adoptando curiosas formas, galaxias de un brazo, de tres… y también hay un apartado para espirales acompañadas por galaxias elípticas, en el cual encontramos a NGC 3226 y NGC 3227, que se conocen también como Arp 94.

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En la constelación de Leo, a apenas un grado de la brillante Algieba (una bonita doble que podemos aprovechar para visitar de nuevo), reside esta pareja de galaxias, que se encuentran a la considerable distancia de 77 millones de años luz. NGC 3227 es la mayor de ellas, una espiral que mide alrededor de 100.000 años luz. Sus brazos se encuentran manchados por una importante cantidad de regiones HII, muestra de la gran proliferación estelar que está teniendo lugar en ella. Es una galaxia de tipo Seyfert, con un agujero negro en su núcleo que acelera la materia circundante a grandes velocidades, de manera que emite importantes cantidades de radiación electromagnética. Como ocurre con otras galaxias con núcleos activos, la cantidad recibida de rayos X sufre oscilaciones frecuentes y variables, desde unas cuantas horas a varios meses, debido a la interposición de nubes de gas denso y oscuro que impide el paso libre de la radiación. Muy cerca, NGC 3226 es una galaxia elíptica con un brillo considerable. Su halo se encuentra deformado por la cercanía a su compañera, pero todavía conserva su forma redondeada, con un núcleo muy brillante que, además, emite radiación en forma de ondas de radio y rayos X. Es una galaxia de tipo LINER, cuyo núcleo emite radiación débilmente ionizada, por lo que podríamos decir que se encuentra en una fase inicial que va camino de convertirse en una galaxia Seyfert, como NGC 3227. A fin de cuentas, cada vez parece más claro que todos estos núcleos activos no son más que diferentes caras de la misma moneda. En todos ellos hay un agujero negro, y según su masa y su orientación lo definimos de una u otra manera. Una de las estructuras más llamativas de esta pareja de galaxias es el entramado de restos estelares que están produciendo con su precipitado baile. En fotografías de muy larga exposición, como la siguiente del observatorio Rancho del Sol, pueden apreciarse estas corrientes de marea en forma de sinuosas curvas de luz compuestas por las estrellas que se han ido desgranando de NGC 3226, zarandeadas por la gravedad y lanzadas al vasto infinito.

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Disfrutar de este par de galaxias no es difícil siempre y cuando no se observe desde un centro urbano. Encontrarlas es extremadamente sencillo gracias, como hemos dicho, a su proximidad con Algieba o gamma Leonis. Un vez en campo, y usando bajo aumento, veremos instantáneamente dos manchitas muy unidas y de brillo considerable. NGC 3227 tiene una magnitud de 11.1, mientras que NGC 3226, más débil, alcanza una magnitud de 12.3. Sin embargo, la superficie reducida de ésta última hace que el brillo se concentre más, de manera que puede llegar a ser más fácil de observar. Conforme usamos mayores aumentos obtendremos un mayor detalle, y a 214x la pareja adquiere un porte distinguido. NGC 3227 es muy alargada, apuntando hacia su compañera, y su núcleo brilla intensamente, como si una estrella se hubiera colocado justamente en su centro. NGC 3226, separada levemente por un puente oscuro, es una mancha circular, patente con visión directa, con un núcleo intenso y redondeado más grande y brillante que el de NGC 3227. Juntas simulan un signo de exclamación inclinado que parece realizar una llamada de atención. Y, no en vano, se lo merecen, ya que tienen una fácil localización, brillo asequible y aspecto lo suficientemente agradable como para dedicarle parte de nuestro tiempo.

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Filamentos en lo más remoto (1ª parte)

Hoy contaremos la historia del descubrimiento de una de las mayores estructuras conocidas en el universo, que ayudó a su vez a conocer la intrincada maraña en la que estamos inmersos. Imagina por un momento que estamos en el último cuarto del siglo XX y trabajas para el Centro de Astrofísica de Harvard (CfA), en la extenuante misión de observar cada galaxia de magnitud mayor a 15.5 y calcular su desplazamiento al rojo. De esta manera, una a una, vas colocando las galaxias en un mapa según la distancia que obtienes de este desplazamiento al rojo, y vas levantando un detallado mapa del cosmos que rodea a nuestro pequeño Grupo Local. Entonces te das cuenta, tras varios años de trabajo, que hay algo realmente grande situado a unos 300 millones de años luz de distancia. Cientos, miles de galaxias se sitúan de forma ordenada constituyendo un enorme filamento que se prolonga a lo largo de más de 500 millones de años luz. Pero aún hay más. Una vez que te centras en el Supercúmulo de Coma, a 300 millones de años luz e inmerso este gran muro de galaxias, compruebas atónito que de él salen varios filamentos hacia el exterior, de forma radial, como si fueran los hilos de una tela de araña. Las galaxias se disponen en estos hilos ordenadamente, desafiando al caos, dando a entender que el azar no las ha colocado ahí. Tomas un sorbo de café y respiras profundamente, tomando conciencia de lo que significan los datos que has recopilado. Es el año 1989, y tu nombre, Margaret Geller o John Huchra, pasará a la historia como pionero en el conocimiento de la organización del cosmos, como el explorador que ha descubierto que los árboles del bosque no se disponen de forma aleatoria, sino siguiendo los designios de una fuerza misteriosa que actúa como guía.

En una época en la que se pensaba que los supercúmulos de galaxias eran las estructuras más grandes y que poblaban el universo de una forma relativamente azarosa, el descubrimiento de Margaret Geller y John Huchra fue el primer paso para comprender que el cosmos está formado, hasta donde conocemos hoy en día, por una red de filamentos y nodos, a modo de una inmensa esponja de proporciones inimaginables. Los puntos donde se juntan varios filamentos, los nodos, están constituidos por los supercúmulos de galaxias. Nuestra Vía Láctea pertenece, como ya hemos visto, al Supercúmulo de Virgo, que ya estamos estudiando paralelamente y que desarrollaremos en estos meses. Sin embargo, el que nos ocupa hoy es el Supercúmulo de Coma, el cúmulo masivo más cercano al nuestro y, por tanto, un buen punto de partida. Además, el Supercúmulo de Coma ocupa el centro de esa gran región que hemos visto al principio del capítulo y que ha sido denominada la Gran Muralla, convirtiéndose en una de las mayores estructuras conocidas en el universo. Este muro tiene unas dimensiones colosales, con una longitud de entre 500 y 750 millones de años luz, 200 millones de años luz de anchura y un grosor ínfimo de apenas 16 millones de años luz. Es, pues, como una enorme cinta galáctica que flota en el espacio concentrando la luz de miles de galaxias.

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En el centro de esta hoja cósmica encontramos al Supercúmulo de Coma, que se encuentra presidido a su vez por dos grandes cúmulos de galaxias, el Cúmulo de Leo y el Cúmulo de Coma, que serán los protagonistas de este capítulo… Sí, con nuestros instrumentos de aficionado podremos asomarnos al infinito para observar el corazón de estas gargantuescas estructuras. Pero vayamos por partes…

El Cúmulo de Leo, también denominado Abell 1367, es una familia de galaxias compuesta por más de 1000 componentes, aunque estudios recientes sugieren que en realidad está formado por dos subgrupos de galaxias que están en proceso de fusionarse. Abell 1367 se sitúa a unos 330 millones de años luz y, como decíamos, es uno de los principales componentes de la Gran Muralla cósmica. De él salen dos filamentos, uno en dirección al Supercúmulo de Virgo (el nuestro) y otro hacia su vecino, el Cúmulo de Coma. En el interior de Abell 1367 predominan, como suele ocurrir en estas estructuras, las galaxias elípticas, las galaxias de edad más avanzada. Esto se debe a que en las regiones centrales la densidad de galaxias es mucho mayor (de forma similar a los cúmulos globulares), de manera que las colisiones entre ellas son más frecuentes, dando como resultado la formación de galaxias elípticas. Además, la mayor parte de sus galaxias son pobres en gas interestelar, ofreciendo en las fotografías de larga exposición un color amarillento y apagado, con discos que no muestran estructuras definidas.

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NGC 3842 ocupa el núcleo del Cúmulo de Leo, a 320 millones de años luz de distancia, y es una galaxia gigante elíptica que alberga en su interior el agujero más masivo que conocemos, con una masa de unos 10.000 millones de soles e incluso más. Su horizonte de sucesos, el punto de no retorno para la materia circundante, se encuentra a una gran distancia también, comparable a cinco veces el espacio que separa el Sol de Plutón. Sin embargo, su masa se sitúa en las regiones más internas, Foto UGC 6697aglomerándose en su punto central, o singularidad, de tal manera que hace tambalearse a las leyes de la física. Otra peculiar galaxia es UGC 6697 que, lejos de ser una galaxia fósil como la mayoría de ellas, es un hervidero de formación estelar y de explosiones de supernovas. Es una galaxia irregular que parece haber colisionado recientemente con otra pequeña galaxia, estimulándose la formación estelar y la interacción con el medio intergaláctico que domina el centro de Abell 1367.

Observar todas las galaxias de Abell 1367 sería una tarea difícil y duradera, hay demasiadas galaxias en un área de 2 grados de diámetro y la mayoría de ellas son especialmente tenues. Una opción es dejarnos llevar y navegar sin rumbo a aumentos medios. Veremos diminutas manchas pequeñas y difusas pasando a lo largo del campo de visión, anónimos mundos a los que podemos poner nombre y apellidos si contamos con un buen atlas. Podemos, sin embargo, echar un vistazo al mismísimo corazón de esta familia de galaxias, a la zona que preside la ya mencionada NGC 3842. Con una magnitud de 12.8, esta gran elíptica es el miembro más brillante del Cúmulo de Leo, por lo que fácil intuir que necesitaremos una noche especialmente oscura para disfrutar de la región. A 214 aumentos NGC 3842 se aprecia como una esfera relativamente brillante de 1 minuto de diámetro, cerca de una estrella de magnitud 11.4. Si tenemos la vista adaptada a la oscuridad comprobaremos que algunas otras manchas acompañan a esta galaxia.

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Algunas son elípticas, como NGC 3837 o NGC 3841. Sin embargo, también sorprende encontrar algunas espirales, aunque a la vista sólo parezcan nubecillas excepcionalmente débiles, como NGC 3845, NGC 3844, o NGC 3840. NGC 3844, en concreto, nos muestra una forma alargada que hace intuir su categoría. La mayoría de estas galaxias rondan la magnitud 14, si bien podemos ver otras aún más débiles. Muy cerca de NGC 3842 encontramos una diminuta galaxia espiral denominada PGC 169975, de magnitud 15.4, sólo apreciable con visión lateral y tras permanecer una gran cantidad de tiempo tras el ocular. Otra débil galaxia es NGC 3851, una elíptica de magnitud 15.3 y situada muy cerca de una débil estrella de magnitud 14.2. Es interesante comprobar cómo las galaxias elípticas son, a menudo, más fáciles de distinguir que las espirales. Más alejada del tumulto hay otra pequeña galaxia, algo mayor que las anteriores y de magnitud 15, denominada PGC 36544. Por último, sorprende distinguir la forma tan alargada de UGC 6697, que brilla con una cómoda magnitud 13.6 y apunta hacia NGC 3842, como un cohete que se dirige a toda velocidad hacia el núcleo del cúmulo (algo que no está tan fuera de lugar). Aprovechemos todo el tiempo disponible para disfrutar de una de las mayores estructuras que podemos ver a través de nuestros telescopios. Cuando estemos satisfechos y hayamos sentido algo de vértigo, no tenemos más que apuntar a Coma para volver a disfrutar de esa sensación…

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No hay dos sin tres (Triplete de Leo)

La constelación de Leo hace gala, en estas noches primaverales, de un sinfín de galaxias de todo tipo, presentando agrupaciones verdaderamente interesantes. Hoy nos centraremos en una de las más conocidas de todo el cielo, el Triplete de Leo, conformado por M65, M66 y NGC 3628.

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Son un grupo de galaxias en interacción que han sufrido un encuentro hace relativamente poco tiempo, y seguirán interactuando hasta formar una gran galaxia elíptica. Se piensa que pueden estar ligadas al grupo de M96, que ya vimos con anterioridad, y se discute su pertenencia al cúmulo de Virgo. La mayoría de los estudios sugieren que el grupo de M66 no ha entrado todavía a formar parte de la gran familia de Virgo, aunque puede que en los próximos miles de millones de años acabe por caer en sus redes. La galaxia más brillante del Triplete es M66, con una magnitud de 8.2, de ahí que se defina con su nombre al grupo.

También conocida como NGC 3627, en ella podemos apreciar los resultados de su encuentro anterior, especialmente con NGC 3628. Es una espiral con una marcada barra central, que muestra dos prominentes brazos en sentido horario, cuya deformación le valió para entrar en el catálogo Arp con el número 16. Uno de los brazos se encuentra especialmente extendido (recuerda vagamente a NGC 772), mientras que el otro muestra un ángulo muy cerrado, proporcionando una imagen sumamente interesante. Está plagado de zonas de oscuro gas y de condensaciones más brillantes en las que se están formando estrellas, actividad estimulada tras el contacto con sus galaxias compañeras. En imágenes en infrarrojo y de radio se han podido observar los denominados Supercúmulos de Estrellas, los hipotéticos precursores de los cúmulos globulares que hoy están siendo fuente de investigación. M66 fue descubierta en 1780 por Messier junto a M65, si bien el astrónomo estuvo examinando esa zona del cielo siete años antes, cuando fue visitada por el cometa que recibió su nombre. Según su compañero Méchain, seguramente “el elevado brillo del cometa habría impedido a Messier descubrir esas dos nebulosas”. Podemos imaginar que tuvo que ser un cometa excepcional… Cuatro supernovas han sido descubiertas en M66 durante los últimos 43 años, una de las mayores frecuencias registradas hasta ahora (en el año 1973, 1989, 1997 y 2009), por lo que no estaría de más echar un vistazo a esta galaxia de vez en cuando.

Foto M66

M66 es una galaxia aparentemente grande, midiendo 9 x 4.2 minutos de arco, lo que equivale a unos 95.000 años luz (algo menor que nuestra galaxia). Desde un primer momento impresiona su alto brillo superficial, con un potente núcleo puntiforme que destaca ya a bajos aumentos (núcleo en el que, por cierto, reside un gran agujero negro supermasivo, como en tantas otras galaxias). A 214 aumentos la galaxia ocupa prácticamente la mitad del ocular, ofreciendo en una noche oscura una imagen sorprendente. El núcleo brillante, con forma alargada, se encuentra rodeado por un halo elíptico, que ya desde el primer momento destaca por dar sensación de heterogeneidad. Sus bordes difusos se extienden hacia el exterior, disminuyendo su brillo, pero con visión periférica se pueden apreciar dos característicos detalles. Por un lado, no es nada difícil distinguir el cerrado brazo que parte del extremo de su barra central, en un ángulo de unos 40 grados. Hacia el lado opuesto, una atenta mirada revelará el comienzo del otro brazo, perdiéndose rápidamente en el brillante halo, por lo que no se puede apreciar en toda su extensión. Probablemente desde cielos verdaderamente oscuros no supongan ningún problema a la vista e incluso podrán ser disfrutados de forma directa.

M66

M65 se sitúa a apenas 20 minutos de arco de M66, lo que en la realidad supone tan sólo 200.000 años luz. Sirviendo de comparación, la separación entre M31 y nuestra propia galaxia es de 2.5 millones de años luz, 25 veces mayor. M65 es una galaxia en apariencia tranquila, ya que ha sido la menos afectada por la interacción con M66 y NGC 3628. Sus estrellas, amarillentas, revelan un pasado menos turbulento y una mayor edad, si bien muestra algunos núcleos de proliferación estelar distribuidos en la periferia, testigos de un reciente contacto. Su posición más oblicua que M66 hace difícil distinguir, incluso en fotografías de larga exposición, una pequeña barra central, probablemente formada recientemente.

Foto M65

Su magnitud de 9.6 la convierte en un objetivo más débil que su compañera, algo claramente patente cuando se observa tras el telescopio. Tiene un tamaño generoso, no obstante, con una longitud de 8 y un grosor de 1.5 minutos de arco, que corresponden a 90.000 años luz de diámetro. Se aprecia perfectamente por el buscador como una diminuta mancha difusa, manifestándose como una excelente compañera de M65 al mirarlas por el telescopio, con su forma alargada y el núcleo brillante y pequeño en el centro. Sin embargo, merece la pena usar un ocular de mayor aumento y aislarla en el campo de visión. A 214 aumentos ocupa más de la mitad del campo, y su núcleo puntiforme destaca con fuerza. Somos conscientes entonces de que se encuentra rodeado por una especie de bulbo más brillante y perfectamente circular, que posteriormente se difumina y da lugar al alargado halo que, a modo de alas abiertas, se extiende de forma ordenada y homogénea hacia los extremos. Una pequeña estrella comparte, junto al núcleo, ese bulbo redondeado, dando la apariencia de que M65 tiene un núcleo doble.

M65

Volvemos la vista atrás, alejándonos nuevamente para ver todo el conjunto, reparando entonces en el tercer componente del famoso Triplete. Es NGC 3628, una galaxia espiral que nos muestra la otra cara de la moneda. Mientras que M65 se nos presenta de frente y M66 de forma oblicua, NGC 3628 nos muestra su imponente perfil. Conocida como la “Galaxia de la Hamburguesa”, cualquier fotografía nos aclara rápidamente su nombre. Una gruesa banda oscura atraviesa la galaxia de lado a lado, de forma similar a como ya hemos visto en otras galaxias de perfil, como M104 o NGC 1055. Muestra, además, un halo claramente deformado, de manera que sus bordes, en vez de ser estrechos, dan una apariencia rectangular, con claroscuros poblando su superficie. Estos detalles son indicadores de una interacción con M66 hace unos 800 millones de años, pero no son su principal testigo. En algunas fotografías de larga exposición podemos comprobar una especie de filamento que sobresale de la galaxia y se extiende a lo largo de una vasta región del espacio. Es lo que se conoce como una “cola de marea” y ocurre cuando, tras interactuar con otra galaxia, multitud de estrellas salen despedidas de su lugar de origen, como un chorro de agua que se distribuye por más de 300.000 años luz de distancia. Está formado en su mayoría por grandes estrellas azules que se han formado durante el contacto entre las galaxias “madre”, y ahora vagan por el espacio en compañía de sus hermanas, diseminándose y poblando el espacio intergaláctico a medida que se desprenden de la influencia de NGC 3628. Desde sus planetas deben tener una vista sin igual de este baile galáctico.

Foto NGC 3628

Es la galaxia más débil de las tres, con una magnitud algo mayor de 10, pero es, probablemente, la más interesante con aberturas medias. De entrada llama la atención su gran longitud, que alcanza los 15 minutos de arco, y su grosor más que evidente, que apenas disminuye en sus extremos. Con visión lateral no resultará difícil encontrar la banda oscura que recorre toda su región central. A 65 aumentos ya se puede adivinar sin mayores problemas si la noche es oscura. Al usar mayores aumentos nos será más fácil distinguir la barra, aunque el brillo del resto de la galaxia disminuirá de forma importante, por lo que será nuestra abertura y la calidad del cielo los que nos dirán hasta dónde podemos llegar. Con mi Dobson de 30 cm la imagen óptima la encontré a 214 aumentos, de manera que la galaxia ocupaba prácticamente la totalidad del campo. Aunque débil, se distinguía sin gran dificultad, con su región central más brillante atravesada por la barra oscura, que se extiende casi hasta los extremos.

NGC 3628

Basta un ocular que nos dé unos 65 aumentos para que las tres galaxias aparezcan en el mismo campo, apareciendo entonces como una cara con la boca formada por NGC 3628. Juntas se catalogan, a su vez, como Arp 316. Desde este punto de vista los detalles no son tan evidentes como a mayor aumento; de hecho apenas podremos distinguir detalle alguno salvo los núcleos más prominentes y la barra central de NGC 3628. Sin embargo, es la mejor manera de observar al Triplete de Leo para intentar imaginar la escena que está teniendo lugar. Aunque estuvieron prácticamente en contacto hace unos 800 millones de años, dentro de un tiempo volverán a sentirse atraídas para volver a interactuar, compartiendo cada vez más estrellas y perdiendo poco a poco su estructura, dando lugar a caprichosas formas que nunca llegaremos a ver. Por suerte, el cielo está plagado de galaxias en contacto que muestran todas las etapas de estos encuentros intergalácticos, de forma que no tenemos más que apuntar, por ejemplo, a NGC 4038 y NGC 4039 si queremos ver un posible marco para el futuro del grupo de M66.

Arp 316

Galaxias en Leo (M95, M96 y M105)

El cosmos está plagado de galaxias que, a modo de edificios, se encuentran repartidos por todo el espacio, agrupándose en aldeas, pueblos, ciudades, países… De forma equiparable, podemos ver grupos de galaxias, cúmulos, supercúmulos, cuyo nexo de unión principal es la gravedad. En el cielo de primavera el protagonista es el Supercúmulo de Virgo, una inmensa población de galaxias compuesta por millones de miembros que se disponen con forma de un disco de 200 millones de años luz de diámetro. Más de 100 grupos o cúmulos de galaxias pueblan su espacio, destacando en el centro el Cúmulo de Virgo, el cual abordaremos más adelante y con el detenimiento que merece. Hoy nuestro objetivo es uno de estos grupos, o al menos parte de él. Es el Grupo Leo I, un conjunto de galaxias situadas a unos 38 millones de años luz, entre las que destacan tres objetos Messier: M95, M96 y M105. Tiene unos 8 componentes brillantes y otra decena de miembros más pequeños y débiles, todos ellos unidos a su vez con el Subgrupo de M66, el famoso Triplete de Leo.

Pero, antes de enfrascarnos en tan largo viaje, calentaremos motores con un objeto atractivo a la par que sencillo de ver. Hablamos de 46 Leonis, una estrella supergigante roja que se encuentra a unos 4 grados al este del grupo de galaxias. Situada a 690 años luz de distancia, brilla con una magnitud de 5.44, un brillo comparable a casi 900 soles como el nuestro. Su tamaño, de hecho, es 75 veces mayor que nuestra estrella, ya que sus capas externas se han expandido enormemente, haciendo que disminuya su temperatura (poco más de 3000º centígrados) y el color sea tremendamente rojo. Posee un espectro M1, llamando poderosamente la atención al mirarla tras el ocular. El campo que la rodea no es especialmente rico en estrellas; de hecho, prácticamente se encuentra sola en el campo de visión, pero ver ese punto brillante de tonalidad tan intensa resulta extrañamente cautivador. Aprovechemos si la noche es estable y pongamos un ocular de alto aumento. No nos costará ningún trabajo imaginar a esa enorme estrella roja flotando en medio del espacio a medida que atraviesa el campo de nuestro telescopio.

Centremos ahora nuestra atención en esta pequeña familia de galaxias. El grupo Leo I también se denomina Grupo de M96, lo cual da entender que esta galaxia es la más brillante, con una magnitud ligeramente mayor a 9. M96 fue descubierta por Méchain en 1781, junto a M95, y 4 días después Charles Messier apuntó con su telescopio a este interesante par. Con un diámetro de casi 100.000 años luz, presenta dos brazos espirales abiertos, con multitud de aglomeraciones de estrellas azuladas fácilmente visibles en fotografías de larga exposición. Varias galaxias pueden verse a través de su halo, por efecto de perspectiva, destacando en la siguiente imagen una espiral de perfil con una barra oscura que la atraviesa de extremo a extremo. El brillo tan intenso de su región central esconde dos barras que atraviesan su núcleo, una de ellas especialmente cercana al centro. Es en esta zona, de color amarillento, donde residen las estrellas de mayor edad, así como un agujero negro supermasivo que domina la dinámica central. En 1998 esta galaxia fue testigo de la explosión de una supernova que alcanzó la magnitud 11.8.

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Unos 40 minutos de arco al este de M96 podemos ver a M95, quizás la más interesante de todas. Es una galaxia espiral de unos 46.000 años luz de diámetro, con una imponente barra central que alberga un núcleo brillante. Su halo da cobijo a unas 40 millones de estrellas, por lo que no estamos ante una galaxia precisamente inmensurable. Sus brazos, plagados de gas y regiones HII, con jóvenes estrellas azules, se disponen, a un nivel interno, en una interesante disposición anular, dotando a la galaxia de una apariencia similar a los TIE de la Guerra de las Galaxias. La mayor proliferación estelar se localiza a unos 2000 años luz del núcleo, formando otra estructura en anillo dominada por grandes cúmulos de estrellas. El telescopio Hubble observó sus variables cefeidas para confirmar la constante de Hubble (aquélla que relaciona la velocidad a la que se alejan de nosotros con su distancia), encontrando una distancia de 35 millones de años luz, lo cual parece en consonancia con los 41 millones de años luz a los que se encuentra M96.

Foto M95.jpg

En marzo de 2012 una supernova hizo su aparición en la galaxia, a menos de 2 minutos de arco del centro, con una magnitud 15. Tres días después, su brillo se elevó hasta alcanzar la magnitud 12, fácilmente visible con instrumentos de aficionado. Cuesta imaginar la cantidad de energía que se libera en estas cataclísmicas explosiones, capaces de hacer que un simple punto adquiera el mismo brillo que una galaxia entera.

La tercera notable galaxia de este grupo es M105, otra de las entradas póstumas de Charles Messier. Es la galaxia elíptica más brillante del grupo Leo I, con una magnitud de 9.3, y se encuentra rodeado por un enorme anillo de gas caliente (de 1.3 millones de años luz), invisible con nuestros instrumentos, que llega a rodear también a NGC 3384, otra galaxia elíptica que aparece a unos 7 minutos de arco de M105. Este anillo es una muestra de la interacción que tiene lugar entre estas galaxias, tan cercanas entre sí. De hecho, esta última galaxia, NGC 3384, estuvo una vez en contacto con M96, hace unos mil millones de años. Junto a M105 y NGC 3384, formando un triángulo, hay otra galaxia visible con instrumentos de abertura moderada, NGC 3373, un espiral que nada tiene que ver con sus compañeras, ya que se encuentra más lejos, a unos 64 millones de años luz de distancia.

M95, M96, M105

Para aprovechar la observación de esta familia galáctica merece la pena buscarlas bajo un cielo oscuro y limpio, entre invierno y primavera, cuando la constelación se encuentre casi en el cénit. Debemos buscarlas a medio camino entre Regulus y Denébola, donde caería el extremo de la pata trasera del león. El buscador de 10×50 muestra a M95 y M96 en noches especialmente diáfanas, apenas distinguibles, pero lo suficiente para avisarnos de su presencia. Todo cambia cuando miramos tras el ocular de nuestro telescopio. El Dobson de 30 cm sólo mostrará las cinco galaxias en un mismo campo si usamos un ocular de bajo aumento. A 65x apenas se aprecian detalles en los miembros. M95 y M96 presentan un halo algo más extenso que el resto, teniendo la última una forma más alargada. M105 destaca como una brillante esfera diminuta, acompañada de otras dos pequeñas manchas, más débiles, en disposición triangular. Usando oculares de mayor aumento en estas últimas no conseguiremos ver mucho más, como estamos acostumbrados con las galaxias elípticas. El halo crece un poco más y destaca el núcleo de M105 y NGC 3384 brillando en el centro. NGC 3373 en ningún momento deja de ser una débil nube indefinida, más fácilmente visible con visión lateral.

M95, M96, M105 detalles

M96 es bastante mayor, y ya de entrada destaca su perfil elongado, con el centro más brillante. A 214 aumentos, y con mirada indirecta, se comienza a intuir uno de sus brazos, que sale del núcleo en dirección opuesta a una brillante estrella que hay cerca de la galaxia. El otro brazo, que apunta a la estrella, es más débil, y se deja ver sólo con una adaptación completa a la oscuridad, en momentos en los que las turbulencias atmosféricas no entorpezcan la visión.

M95, a pesar de tener una menor magnitud, puede mostrarnos más cantidad de detalles si la noche es diáfana. Para empezar, a 300 aumentos, destaca con fuerza su núcleo redondeado, y la visión lateral revela rápidamente que se halla presidiendo una barra central que atraviesa el halo circular de lado a lado. Dedicándole unos minutos no es difícil distinguir que, en sus extremos, la barra se divide en dos líneas circulares que trazan la forma externa del halo, dando a la galaxia su característica forma de nave intergaláctica. No llega a formar un círculo completo, pues en sus zonas intermedias es demasiado débil, pero hay un detalle interesante que está al alcance del telescopio. En las fotografías de larga exposición podemos apreciar, en el borde de la galaxia, a unos 90º de la barra central, un pequeño punto brillante, que parece corresponder a una estrella de baja magnitud (de nuestra galaxia) y una región HII de M95 superpuesta junto a la estrella. Antes de saber que existía, varias veces pude notar un punto brillante en esa región, como una pequeña condensación. Efectivamente, no sabría decir si lo que se ve es la estrella o la región HII, pero sea como sea no deja de ser curioso y una prueba de la calidad del cielo en el que se observe. Ya podemos dejar descansar a este atractivo grupo de galaxias, queda mucho por ver en esta región del cielo.

M95