Medusa espacial (IC 443)

La constelación de Géminis contiene, curiosamente, dos medusas en su interior. Por un lado tenemos a la medusa mitológica, con su cabellera plagada de serpientes, representada por la nebulosa Abell 21. Por otro, tenemos a la verdadera medusa del reino animal, con tentáculos que se contornean a través de un espacio lleno de vida. Ésta última se denomina IC 443 o Sh2-248, situada a los pies de Géminis, a unos 5.000 años luz de nosotros.

Foto IC 443

Fotografía de Juan Antonio Sánchez JASP, Granada.

Es el resultado de una de las mayores catástrofes que podemos encontrar a nivel cósmico, el remanente de una supernova que explotó hace 30.000 años (aunque algunos estudios sugieren una edad más temprana, de hasta 3.000 años), en medio de una región HII llena de gas. La estrella original debía tener una masa 20 veces mayor que la del sol, y al quedarse sin combustible interno la gravedad ganó la partida y se produjo un colapso tan rápido que la mayor parte de la estrella salió despedida en todas direcciones, dispersándose en medio de una espectacular explosión. Todo el hidrógeno y helio que formaba las capas externas de la estrella se encuentran hoy flotando en el medio interestelar, componiendo bellas formas a medida que se alejan de la estrella, como ondas de agua al tirar una piedra a la charca. Su diámetro actual llega a alcanzar los 70 años luz, motivo por el cual su brillo superficial es tan bajo, ocupando en nuestro cielo unos 50 minutos de arco. Está compuesta por dos capas principales en forma de caparazón, y un vistazo rápido a cualquier fotografía deja entrever que hacia uno de sus lados la densidad es mucho mayor que en el extremo puesto. Esto es debido a la diferencia de densidad de la región HII que la rodea, que se opone de distinta manera a la expansión de IC 443.

La estrella que dio lugar a este espectáculo celeste no se encuentra en el punto más céntrico, sino un poco más al sur, y es una estrella de neutrones que gira a enorme velocidad, de manera similar a la estrella de M1, la Nebulosa del Cangrejo. Ésta última se clasifica como Plerión, una estrella de neutrones que produce inmensos vientos que son los responsables de moldear el gas circundante. Sin embargo, en IC 443 el principal elemento escultor es el calor generado por la supernova, aunque también produce corrientes de viento relativamente rápidas. La estrella de neutrones se denomina CXOU J061705.3+222127, y no es la única supernova que se ha dado a conocer en el barrio. De hecho, estudios recientes han puesto en evidencia la presencia de una tercera capa gaseosa, más débil y escondida entre las otras dos, que corresponde a la explosión de otra supernova que ocurrió hace unos 100.000 años. ¿Veremos alguna de estas maravillas en el lapso de tiempo que nos ha tocado vivir?

La brillante estrella roja que yace al lado de IC 443, de magnitud 3.2, es Eta Geminorum, conocida como Propus o Tejat Prior. Es una gigante roja de tipo espectral M3 situada a 350 años luz de nosotros. Su fría temperatura de 3.600 grados centígrados traduce esa tonalidad tan intensa que podemos contemplar con cualquier instrumento y que añade un toque de gracia a la observación de la nebulosa. Como complemento, Propus es una estrella doble con una componente de magnitud cercana a 9 situada a 1.4 segundos de arco, con lo cual necesitaremos una atmósfera estable si queremos separarlas.

IC 443

Para ver IC 443 a través de un telescopio necesitamos un cielo suficientemente oscuro, ya que su brillo superficial es extremadamente bajo. Su magnitud 12 se halla dispersa por un área demasiado extensa. Un filtro OIII será indispensable para poder saborear, aunque sea, una pequeña porción de la nebulosa. Llevaba un tiempo intentando ver esta nebulosa. Varias veces en el último invierno había apuntado a la zona con la esperanza de distinguir la más mínima anomalía en la negrura del cielo, pero no tuve suerte. Sin embargo, a principios de abril me encontré bajo un millar de estrellas en uno de los lugares más oscuros que he conocido hasta ahora, al sur de Granada. Géminis ya iba camino de acostarse dejando prioridad a la primavera, pero todavía estaba a tiro de piedra, así que apunté el telescopio a sus pies convencido de que esa noche sería distinto. Y no me equivoqué. Una vez en la zona, me fui directo al lugar donde se sitúa la porción más brillante, y miré a través del ocular de 44x. Un montón de estrellas poblaban el campo, pero no había rastro de IC 443. Sin embargo, tenía conmigo la herramienta principal, así que coloqué el filtro OIII y volví a mirar por el ocular. El número de estrellas disminuyó drásticamente, pero en seguida pude notar, con emoción, un jirón difuso, una débil nebulosidad alargada que siempre había permanecido invisible a mis ojos. “Ahí estás, por fin”, le dije sonriendo. Con el paso de los minutos, mientras disfrutaba de su visión, pude percibirlo de una forma más extensa, como un filamento ancho que ocupaba casi la mitad del campo. No pude cerrar el círculo como se aprecia en las fotos, pero quedé más que satisfecho. Todos tenemos nuestros “némesis”, objetos que se nos resisten una y otra vez, y cada vez que conseguimos cazar uno es motivo para sentirnos algo más llenos por dentro. No hay que desesperar, no hay prisa para verlo todo, esa es la suerte de la que goza la astronomía. Pero eso sí, tenemos que estar atentos y aprovechar los cielos verdaderamente oscuros para buscar esos esquivos objetos

Suspiros bajo el cielo hibernal (Sh2-308)

El cielo está plagado de objetos “oscuros”, interesantes y espectaculares pero muy poco conocidos, normalmente debido a su dificultad para ser vistos o a la necesidad de un cielo especialmente oscuro. Tal es el caso que nos ocupa hoy, una estrella Wolf-Rayet y el anillo cósmico que está formando a su alrededor, en la constelación del Can Mayor.

Una estrella Wolf-Rayet es, como recordamos, una estrella con gran masa (más de 20 veces la de nuestro sol, por lo general), que ha crecido a un ritmo vertiginoso desde su nacimiento, perdiendo masa a una velocidad mayor a la habitual. Esta pérdida de materia se debe a una característica muy peculiar que es la formación de inmensas corrientes de aire, que superan los 2.000 kilómetros por hora, dejando al descubierto el núcleo formado por elementos más pesados como helio, oxígeno y carbono. La envoltura de hidrógeno acaba siendo arrancada por los vientos estelares y forma una nebulosa alrededor de la estrella, como ocurre con NGC 7635 o la “Nebulosa de la Burbuja”, ionizando el gas por la radiación ultravioleta de la estrella.

Foto SH2-308.jpg

Sharpless 2-308 es la nebulosa que ha formado la estrella EZ CMa, también denominada WR 6, un astro 3 veces más pesado que nuestro sol y 380.000 veces más brillante. Su temperatura es de 85.000 grados centígrados, 17 veces más caliente que nuestra estrella. A 5.200 años luz de nosotros, ioniza la envoltura gaseosa que la rodea y nos permite apreciar desde nuestro planeta esos fantasmagóricos filamentos de luz. La estrella, además, es una de las pocas estrellas Wolf-Rayet que emiten radiación en Rayos X, además en el ultravioleta. La nebulosa mide unos 60 años luz de diámetro y se formó hace 70.000 años, apenas un suspiro en la cronología cósmica. En un poco más de tiempo la estrella colapsará y terminará su vida con una gran explosión en forma de supernova.

Para encontrar nada más fácil que buscar Omicron 1 Canis Majoris, una estrella de magnitud 3.8 que se encuentra cerca de la brillante Wezen (delta CMa). Omicron 1 CMa es una gigante roja de tipo espectral K, con un diámetro tan grande que, de estar en nuestro Sistema Solar, superaría con creces la órbita de Marte. Al ocular llama poderosamente la atención con su tonalidad de un rojo anaranjado intenso, en un campo tan rico en estrellas que son imposibles de contar. Allí, entre esa playa de puntitos, brilla la estrella que nos ocupa, EZ CMa, que al lado de la gigante roja parece más bien blanco-azulada. A simple vista, con el ocular de 44 aumentos, la vista es sobrecogedora, pero no hay ni rastro nebuloso, ni un débil jirón que delate su presencia. La primera vez que la vi no conocía sus dimensiones, así que me dediqué a usar una gran variedad de oculares, buscando algo parecido a una nebulosa. Finalmente, con el mismo ocular, a 44 aumentos, decidí usar el filtro OIII. Entonces noté rápidamente un débil filamento junto a Omicron 1 CMa, claramente visible sin embargo con visión lateral. Debía de ser, sin duda, parte de la gran burbuja, y entonces fui consciente de que debía tener un tamaño considerable, teniendo en cuenta su distancia a la estrella central. Otro trazo de nebulosidad hizo su aparición tímidamente al lado del anterior, formando una concavidad que iba tomando forma poco a poco, porque al otro lado de EZ CMa pude notar otra porción de este anillo cósmico. Al cabo de unos pocos minutos no me resultó difícil completar la circunferencia, tan sólo rota en dos o tres puntos donde desaparecía de la vista.

Sh2-308.png

Fue, sin duda, la sorpresa de esa fría noche bajo uno de los cielos más oscuros que he podido disfrutar, en el claro de un bosque de pinos al sur de Granada. Y así, con estos objetos tan apartados de la rutina habitual del astrónomo, uno se da cuenta de la inmensidad que tenemos sobre nuestras cabezas y de lo corta que es una vida para poder saborear todas y cada una de esas maravillas celestes.

En el corazón de la Catedral (la Espada de Orión)

Si el cielo fuera una gran ciudad Orión sería, como muchos la han denominado, su Catedral, el lugar que más tesoros resplandecientes alberga y la meca de todo astrónomo aficionado, ya sea novel o veterano, y es que alberga en la constelación una inmensa variedad de objetos de todo tipo, para todos los gustos y colores. Pero si Orión es la catedral, sin duda su zona central sería el retablo de las maravillas, la región conocida como el Tahalí de Orión o la espada. No es difícil imaginarla, pues se ve a simple vista como si colgase del llamativo cinturón, y si la noche es oscura podemos apreciar que no es una simple hilera de estrellas. Pocas regiones del cielo muestran tanto esplendor en un espacio tan reducido, de apenas 3 grados de diámetro, en los cuales encontramos una importante variedad de objetos que bien merecen un libro aparte.

Espada de Orión.png

Comenzaremos con una vista global para situarnos en este océano cósmico. Cuando miramos a la constelación de Orión estamos viendo una inmensa familia de estrellas y gases que conforman lo que se conoce como Asociación Orión OB1, situada en torno a los 1450 años luz. Ésta, a su vez, se puede dividir en cuatro regiones:

  • Orión OB1a: situada al oeste del Cinturón de Orión, es la región más antigua, con 10 millones de años de edad y a una distancia de 1.100 años luz. Al parecer fue la responsable de engendrar a Betelgeuse, que es una estrella de tipo espectral M que ha crecido asombrosamente rápido hasta adquirir su intenso color rojizo.
  • Orión OB1b: engloba a las estrellas del Cinturón, grupo conocido como Collinder 70, con una edad de 2-5 millones de años y algo más lejos que el anterior, a unos 1.500 años luz.
  • Orión OB1c: la zona del Tahalí de Orión que ocupa este capítulo.
  • Orión OB1d: formada por M42 y M43, la nebulosa de Orión propiamente dicha, aunque se encuentre abarcado por Orión OB1c.

Estas dos últimas zonas son las más jóvenes, especialmente Orión OB1d, contando sus estrellas con menos de un millón de años. Teniendo en cuenta que nuestro Sol tiene una de edad de 4.500 millones de años, no es difícil ser conscientes de su efímera vida.

Como curiosidad “geográfica” cabe decir que Orión OB1 y nosotros, junto con otras estrellas y nebulosas de distintas zonas del cielo, pertenecemos a la misma estructura galáctica, conocida como el Cinturón de Gould, descubierta en 1870. Dicha “nube estelar” ocupa un área curvilínea de unos 3.000 años luz de diámetro, y las últimas hipótesis apuntan a que fue formada por la colisión contra nuestra galaxia de una nube de gas hace 50 ó 60 millones de años. Dicha teoría estuvo en entredicho hasta que hace poco se descubrió la existencia de la Nube de Smith, un cúmulo de gas de gran masa que está en vías de colisionar con la Vía Láctea. El sol, que ya tenía una edad respetable por aquélla época, pudo contemplar un espectáculo variopinto. El gas de procedencia extragaláctica colisionó con las estrellas del brazo de Perseo, provocando una onda de choque que desestabilizó las grandes nebulosas que allí residían, produciendo un inmenso brote de formación estelar. Algunas supernovas, fruto de esta gran proliferación, terminaron de esculpir la región tal y como la conocemos hoy. Dedicaremos un capítulo completo a hablar, a grandes rasgos, de la geografía de nuestra galaxia, aunque demos algunas pinceladas mientras tanto.

Retomamos nuestra atención sobre el Tahalí de Orión, la espada, el altar de la Catedral celeste. La siguiente fotografía, realizada por Leonardo Fernández de Alarcón Web con un refractor de 110 mm y F/7, nos muestra la región en cuestión, con el norte arriba:

Foto M42 espada

Vamos a recorrerlo de norte a sur, metódicamente, para poder disfrutar cada una de sus estrellas. Lo primero que nos encontramos es un curioso cúmulo abierto denominado NGC 1981, que pasa desapercibido debido a su cercanía con M42, pero situado en un lugar más solitario sería un objeto muy llamativo. Está formado por una veintena de estrellas brillantes, de magnitud entre 7 y 10, dispuestas a lo largo de un espacio de 20 minutos de arco. Sus estrellas más brillantes se disponen en forma de dos hileras de tres componentes, siendo flanqueadas por dos astros algo más débiles. Entre ellas podemos ver dos interesantes estrellas dobles. La primera, la más sencilla de separar, es Struve 750, la estrella situada más al norte. Su componente principal es de magnitud 6.40 y su secundaria dos magnitudes más oscura, separadas por 4.1 minutos de arco. Son de color blanco-azulado, jóvenes como la mayoría de las estrellas de la zona, y algunos observadores encuentran a la más débil una tonalidad más azulada que a la primaria. La otra estrella doble de interés es Struve 743, de magnitudes 7.7 y 8.2, esta vez más unidas entre sí, a una distancia de 1.8 minutos de arco. Para desdoblarlas necesitaremos mayores aumentos, aunque no supondrá gran problema si la noche es serena, viendo entonces dos pequeñas perlas casi en contacto. El cúmulo puede ser considerado relativamente pobre, pero si la noche es oscura llaman la atención un grupito de estrellas muy débiles dispersas al norte de Struve 743, que dan la sensación de ser, de por sí, otro cúmulo abierto más lejano.

NGC 1977

Nuestra siguiente parada nos sumerge en la niebla de una interesante región HII en la que se están gestando estrellas continuamente, una zona situada a 1.500 años luz de distancia que se compone, a grandes rasgos, de tres grandes masas gaseosas. El color rojo denota su naturaleza de emisión, excitadas por las estrellas que residen en su interior, pero podemos comprobar, en cualquier fotografía, que los tonos azules llegan a predominar, muestra de que son también nebulosas de reflexión que reflejan la luz de sus astros. La mayor de ellas, situada al sur, es NGC 1977, una gran nebulosa de unos 15 años luz de diámetro. En su interior reside c orionis, una estrella de magnitud 4.8 visible a simple vista, compañera de una estrella más tenue a tan sólo 1 minuto de arco de distancia. Esta estrella, junto con otras dos brillantes, se sitúa en el centro de la nebulosa, que tiene forma alargada, con nebulosas oscuras delimitando su forma en algunos de sus bordes. 42 orionis, de magnitud 4.7, es la responsable de ionizar la mayor parte del hidrógeno que conforma la nebulosa. NGC 1975 rodea a la estrella HD 36958, de magnitud 7.34, y es la segunda en extensión y brillo de este grupo. Tiene una forma ligeramente alargada y poco definida, perdiéndose sus bordes hacia el exterior. Muy cerca, y rodeando a la estrella que hay justo al norte de NGC 1975, encontramos la tercera nebulosa, NGC 1973, una pequeña nubecilla que se aprecia mejor con visión indirecta. El conjunto de estas tres nebulosas es especialmente llamativo y constituye una de las nebulosas difusas más brillantes que podemos ver. Sin embargo, siempre será un segundo plato por el delicado lugar que ocupa, al lado de la nebulosa principal  que ya, por fin, vamos a abordar.

Hay mucho que decir sobre M42 y M43 y no hay un espacio ilimitado para ello, así que tendremos que centrarnos en sus principales detalles. Para empezar, imaginemos a una inmensa región llena de gas que poco a poco se ha ido enfriando, con el paso de los años, de forma que sus partículas se van uniendo entre sí, haciéndose cada vez más densas. Así, en un área de más de 100 años luz de diámetro, se fueron formando nuevas estrellas desde hace unos escasos 3 millones de años, apenas un suspiro en la escala cósmica. Ahora FOto m42 trapecio (1)centremos nuestra atención en el centro de esta masa gaseosa, lugar de residencia de cuatro brillantes estrellas que todo astrónomo conoce. Galileo descubrió 3 de ellas, y en el siglo XVII varios astrónomos se dieron cuenta de que eran realmente 4 estrellas, dispuestas en forma de trapecio, nombre con el cual se conoce al grupo. En conjunto, reciben el nombre Theta Orionis, y son estrellas muy jóvenes de tipo espectral O y B, con una edad de apenas un millón de años. Tienen una masa de entre 15 y 30 veces la masa de nuestro sol, y emiten una inmensa cantidad de radiación ultravioleta. Theta Orionis C, la más brillante de ellas, es la principal responsable de ionizar el hidrógeno de la masa de gas circundante y, por tanto, tenemos que agradecerle que podamos disfrutar de este espectáculo. Es la estrella más caliente de todas las que podemos ver a simple vista, con 40.000 grados en su superficie. El Trapecio se encuentra formado, realmente, por once componentes, siendo 6 de ellas accesibles a instrumentos de aficionado. Las componentes E y F, de magnitud 11, requieren de una noche estable para poder verlas, ya que el brillo de la nebulosa juega en nuestra contra a la hora de distinguirlas.

Pero estas estrellas no están solas en el centro de la nebulosa. Invisibles a nuestros ojos, más de 2.000 estrellas se esconden tras el gas de la región, visibles sin embargo con instrumentos específicos como el Chandra X. En la siguiente imagen podemos comparar la zona más céntrica en longitud de onda visible y en el infrarrojo, sobrando las palabras para describirla: la vida se esconde tras esas densas nubes. Los últimos estudios sugieren que en el centro hay un agujero negro de unas 100 masas solares, de manera que podría explicar los anárquicos movimientos observados en las estrellas. De hecho, como ya comentábamos al hablar de IC 405, la estrella AE Aurigae parece tener su origen en el centro de M42, habiendo sido despedida al interactuar con otras estrellas.

Foto m42 centro

Estas grandes estrellas, además de iluminar la nebulosidad a su alrededor, generan fuertes vientos que van moldeando las estructuras a su paso, de manera que la Nebulosa de Orión muestra centenares de arcos y ondas, reflejo de los rápidos movimientos a los que se ve sometido el gas. De esta forma, la nebulosa Foto m42 vientose va expandiendo a pasos agigantados, calentando el espacio a su paso y estimulando la formación, en un futuro cercano, de miles de estrellas nuevas. De hecho, M42 cuenta en su interior con una gran cantidad de discos protoplanetarios y estructuras típicas de estrellas en formación, desde Glóbulos de Bok hasta cuerpos Herbig-Haro. El Telescopio Espacial Hubble ha encontrado hasta 13 planetas gaseosos, similares a Júpiter, vagando a la deriva sin estar ligados a ninguna estrella. Lo cierto es que no son planetas, sino “estrellas fallidas”. Comenzaron a formarse como cualquier otro astro, condensando sus átomos, pero el núcleo no fue capaz de llegar a fusionar el hidrógeno y el helio, de manera que no llegan a brillar con luz propia. Son una especie más de la abigarrada fauna que compone este increíble hábitat espacial.

FOto m42 protoplat

Discos protoplanetarios en Orión

M42 tiene forma esférica, con una gran concavidad en su interior que se ha generado mediante un proceso llamado fotoevaporación en el que las estrellas centrales más masivas alejan el gas y el polvo. Debido a esta dispersión, en cuestión de 100.000 años apenas quedarán restos gaseosos, y el resultado será un gran cúmulo estelar. Sus estrellas más masivas, en un período relativamente corto de tiempo, explotarán en forma de supernovas, volviendo a generar el caos a su alrededor. Hay un gradiente importante de temperatura, de forma que en las regiones más internas se alcanzan los 10.000º K, enfriándose a medida que se aleja del centro.

M43 es en realidad parte de la misma Nebulosa de Orión, aunque fue considerada en el siglo XVIII como un objeto distinto. Un filamento de polvo oscuro separa ambas nebulosas, dando esa sensación. También se la conoce como NGC 1982 o Nebulosa de Mairan, debido a su descubridor Jean-Jacques Dortous de Mairan, y se encuentra ionizada por la estrella HD 37061, justo en su zona central. Fue inmortalizada por Messier a finales del siglo XVIII, en un dibujo junto a M42.

Foto M42 messier

Visualmente, M42 y M43 suponen un espectáculo a través de cualquier instrumento. Con unos simples prismáticos bien firmes y una noche oscura se puede apreciar la nebulosa en el mismo campo que NGC 1981 y el complejo de nebulosas de NGC 1977. M42, si el cielo es favorable, mostrará incluso la porción opuesta al trapecio, ese lazo que la rodea de forma tenue. Las estrellas del trapecio pueden empezar a resolverse con pequeños prismáticos, pero para distinguir sus 4 estrellas será mejor recurrir a grandes prismáticos o a pequeños telescopios

A través del Dobson de 30 cm y un filtro la vista es, sencillamente, superponible a la mayoría de fotografías de M42, e incluso mejor, ya que la zona central no aparece velada y podemos disfrutar de todos sus detalles a la vez. Usando bajos aumentos podemos encuadrarla en el mismo campo, mostrando nebulosidad y filamentos donde quiera que pongamos la vista. La zona central es muy brillante, contrastando enormemente la denominada Boca de Pez, un entrante oscuro que avanza hacia el trapecio, una región rectangular llamada Regio Huygheniana. En este último distinguimos las cuatro estrellas principales, y basta con usar 125 o 214 aumentos para poder ver, si la atmósfera no es turbulenta, las componentes E y F, brillando débilmente a muy poca distancia del resto. Al sur del Trapecio aparece otra bahía oscurecida, más estrecha, que separa Regio Huygheniana de Regio gentili, llamada Sinus gentili.

M42 interna

Las alas se abren en direcciones opuestas, y la occidental (proboscis maior) se divide en dos arcos claramente diferenciados, abiertos en un ángulo de 50º. Uno de ellos se dirige hacia Iota Orionis y se une a la otra ala cerrando un círculo casi perfecto. En esta zona posterior, bastante más débil, se pueden apreciar entrantes de nebulosidad hacia el centro, creando pequeños arcos que se aprecian mejor con visión lateral. Volutas de humo aparecen flotando en el interior de la nebulosa y multitud de estrellas pueblan cada uno de sus rincones. M43, al lado del trapecio, despliega una elegante forma redondeada que se extiende acabando en una curvada punta hacia el norte. Sin duda, cualquier descripción se queda corta ante este monumento estelar. Lo mejor es verlo por uno mismo, no de pasada, sino deteniéndose en cada detalle. Conforme pasen los minutos vislumbraremos zonas hasta entonces invisibles, estrellas que antes parecían no existir, y tras media hora estaremos contemplando una verdadera y “viva” fotografía.

M42

Por último, terminamos este recorrido echando un vistazo a NGC 1980, nebulosa descubierta por William Herschel en torno a Iota Orionis. Dicha estrella, denominada Hatysa, tiene una magnitud aparente de 2.75 y es una gigante azul de tipo espectral O9, con una temperatura mayor a 31.000º K. Es una interesante estrella triple, con dos componentes más débiles a 10 y a 40 segundos de arco. La más alejada, según algunos observadores, tiene un tono rojizo que contrasta con el blanco azulado de sus compañeras. Además, la primaria es a su vez binaria espectroscópica, con una estrella orbitando a su alrededor cada 29 días en una órbita muy excéntrica, que podría haber sido causante de la fuga de AE Aurigae. La naturaleza de NGC 1980 es algo incierta, con cierta controversia acerca de si se trata de una porción de M42 o si es una nebulosa con entidad propia situada más cerca de nosotros. Hay incluso quien dice que es un cúmulo abierto formado por Hatysa y una quincena de estrellas, si bien Herschel describió sin ninguna duda su naturaleza gaseosa.

Espada de Orión - detalles

Sea como sea, la imagen que podemos ver a través de un ocular de gran campo es inolvidable, con tantas formas y sombras que tardaríamos una eternidad en estudiarla a fondo. No en vano es el objeto más visitado del firmamento.

El cúmulo de Lacaille (NGC 2477)

Todos conocemos, sin duda, los principales objetos de Puppis. M46 con su planetaria, M47, M93, el casco de Thor… Sin embargo, a los observadores del hemisferio norte se nos escapan algunas de las maravillas que la constelación guarda más hacia el sur. Ese es el caso, por ejemplo, de NGC 2477, una de las joyas que los cielos australes reservan para sí. Sin embargo, si la noche es clara y estable, podemos intentar disfrutarlo y perdernos entre sus innumerables estrellas.

Esta parte media de la Popa contiene algunas estrellas brillantes que pueden llamarnos la atención, sin saber muy bien cómo ubicarlas por no ser muy frecuentadas. Si la noche es oscura puede que nos llame la atención una zona que parece neblinosa, y que corresponde con el cúmulo abierto NGC 2451, una impresionante y amplia agrupación de estrellas brillantes dispuestas en un espacio de 50 minutos de arco, con la roja C Puppis presidiendo su centro. En otro momento le haremos la visita que merece, pero hoy nos vamos a ir un poco más abajo aún. La estrella que vemos con facilidad a simple vista es Zeta Puppis, que recibe el nombre Naos. Es una estrella de tipo espectral O4, una de las más luminosas y calientes visibles a simple vista, así como de las más cercanas. Su temperatura mayor a 40.000 grados centígrados es, en parte, responsable de los enormes vientos producidos a su alrededor. Con una masa entre 20 y 50 veces la de nuestro sol, su final como supernova está garantizado, y entonces será, durante un tiempo, la más brillante de todas las estrellas que podamos observar.

Foto NGC 2477 campo.jpg

A apenas 2 grados y medio de Naos encontramos, por fin, a NGC 2477, el cúmulo abierto que nos ocupa hoy (también conocido como Caldwell 71). Ha sido catalogado por muchos como uno de los diez mejores cúmulos del cielo y, con una magnitud de 5.8, es visible a simple vista desde lugares más meridionales. Fue descubierto por Abbé Lacaille en 1751, un sacerdote francés que dedicó gran parte de su vida a la astronomía. Un año antes de su descubrimiento viajó al Cabo de Buena Esperanza, en Sudáfrica, para intentar calcular la distancia a los planetas por trigonometría (los resultados le sirvieron para comprobar que el polo sur estaba más aplanado que el polo norte. Durante su estancia elaboró un catálogo con más de 10.000 estrellas y 42 objetos nebulosos entre los cuales figuraba NGC 2477. Es un cúmulo de edad avanzada, con aproximadamente un millón de años, de ahí el tono amarillento de sus estrellas. Su edad se ha podido calcular estudiando algunas de sus enanas blancas, cuya proporción respecto al resto de la población es un marcador de la edad total. Se encuentra a unos 4.000 años luz de distancia y la mayoría de sus estrellas se sitúan entre la magnitud 12 y 14. Unas 300 estrellas se disponen en un área de 27 minutos de arco, lo cual corresponde a un diámetro real de unos 30 años luz. La brillante estrella de magnitud 4.5 que comparte campo con NGC 2477, B Puppis, no pertenece al cúmulo, sino que se encuentra a poco más de 600 años luz, casi 7 veces más cerca. Es otra joven y masiva estrella de tipo espectral B que tiene “tan sólo” unos 27 millones de años de vida.

Foto NGC 2477.jpg

Encontrar NGC 2477 con el telescopio es sencillo debido a que en regiones tan meridionales del cielo sólo podemos ver las estrellas brillantes, y Naos saltará a la vista sin ninguna dificultad como la estrella más representativa de la zona. Una vez en ella sólo tendremos que subir un poco hacia el noroeste y veremos, por el buscador, una pequeña nube redondeada. Cuando pongamos el ojo tras el ocular quedaremos maravillados por la gran riqueza de este cúmulo. A 125 aumentos se obtiene una imagen espectacular, con el grupo de estrellas ocupando dos terceras partes del campo. Inmediatamente podemos comprobar que, a pesar de tener forma redondeada, no posee un gradiente especialmente marcado como lo mayoría de los cúmulos globulares. De hecho, se parece bastante a M71, e incluso a M56, que ya de por sí son cúmulos globulares escasamente densos. Al intentar contar las componentes es fácil perderse, personalmente cuento alrededor de ciento cincuenta, y un fondo blanquecino hace suponer que el número es todavía mayor, dando la sensación de ser “un verdadero cúmulo”. Muchas de sus estrellas conforman líneas aleatorias de predominio radial, como si fueran prolongaciones que parten hacia la periferia. Sin duda, es uno de los cúmulos abiertos más espectaculares que he podido ver, y el desafío que supone su baja altura lo hace aún más interesante.

NGC 2477.png

La isla de las maravillas (IC 2177)

En el cielo hay grandes regiones prácticamente ignoradas por el astrónomo aficionado, capaces de ofrecer horas de disfrute en noches diáfanas. Una de ellas es, sin duda, la conocida como Nebulosa de la Gaviota o IC 2177. Stephen James O’Meara, en su libro “Deep-sky Companions: Hidden Treasures”, lo describe como el “Paraíso Pirata”, y verdaderamente podríamos decir que es una isla plagada de tesoros escondidos en cada uno de sus rincones. Se encuentra al este de Sirio, y estas noches invernales se muestra en todo su esplendor cuando alcanza su punto más alto. IC 2177 es un lugar tan rico en objetos más pequeños que será fácil perderse si uno no tiene conciencia de lo que está viendo. De la misma forma, la diversidad de nombres atribuidos a ellos hace algo difícil la navegación por estos lares sin llegar a la confusión. No obstante, trataremos de desgranarla paso a paso, disfrutando al máximo cada una de sus playas, bahías y bosques estelares.

Wide-field view of the entire Seagull Nebula (IC 2177)

Comenzaremos por el principio, como debe ser. Nos remontamos a un período relativamente reciente, hace apenas 1 millón de años, y a una distancia algo mayor de 3.000 años luz, en las cercanías de la enorme región Canis Major OB1 (una aglomeración de gases y estrellas recién nacidas unidas por la gravedad, formando una gran familia). En algún punto de esa zona una enorme estrella explotó en forma de supernova, uno de los eventos más violentos que conocemos en nuestro universo, de forma que la onda expansiva barrió a su paso una pequeña región gaseosa, haciendo que se expandiera y produciendo un brote de proliferación estelar a su paso, conformando lo que se conocería posteriormente como Canis Major R1. Esta región cuenta con estrellas especialmente jóvenes que se hallan inmersas en la nebulosa que las vio nacer, y una de estas nebulosas es IC 2177, la protagonista de estas líneas. Su forma alargada le ha hecho meritoria de conocerse con el sobrenombre de “la Gaviota”, presentando dos prolongaciones que extienden curvándose y una región nebulosa más densa que ocupa el lugar de la cabeza. Todo el conjunto alcanza los 3 grados de diámetro, un tamaño aparente similar a 6 lunas llenas, aunque en la realidad es mucho. Su tamaño se estima en unos 250 años luz, y comparación basta decir que la gran Nebulosa de Orión, M42, cuenta con apenas 24 años luz, con lo cual no nos es difícil imaginar la inmensidad de lo que estamos viendo. Cualquier fotografía muestra IC 2177 en toda su extensión con un intenso color rojizo, debido al hidrógeno que las principales estrellas ionizan con su radiación ultravioleta. Son, en su mayoría, estrellas gigantes azules y blancas de tipo espectral O y B, que emiten una gran cantidad de energía.

Podemos dividir a la nebulosa en dos zonas claramente diferenciadas en cualquier fotografía. Por un lado, la cabeza de la gaviota; por otro, las enormes alas extendidas. La primera se denomina Gum 1 (primera entrada en el catálogo de nebulosas que publicó Colim Gum en 1955), y también recibe el nombre de vdB 93 (catálogo publicado por Sidney van den Bergh en 1966) y Sharpless 2-292. Es una nebulosa mixta, es decir, es de reflexión a la vez que de emisión, siendo la precursora de las estrellas que anidan en su interior. La más brillante que podemos apreciar al telescopio es HD 53367, la principal causante de hacer brillar al gas que la rodea. Es una estrella con una masa 20 veces mayor a la de nuestro sol que tiene una compañera secundaria, ambas de tipo espectral B. Al telescopio se aprecia como una nebulosidad de forma redondeada que rodea a la estrella, más definida con visión periférica. El filtro UHC realza su superficie, aunque no muestra mayor nivel de detalle.

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Gum 1, la cabeza de la gaviota

Gum 1 es como un terreno independiente de la “isla pirata”, y desde ella podemos saltar a la tierra de las maravillas que suponen las alas de la gaviota. El nombre IC 2177 designa de forma generalizada a estas últimas y a Gum 1, englobadas como una sola porción, si bien las alas también se conocen como Gum 2 o Sharpless 2-296. Su porción más brillante es la colindante con Gum 1, la región central de las alas. Necesitaremos un ocular de muy bajo aumento para poder apreciarlo en su conjunto. A 44 aumentos, bajo un cielo relativamente oscuro, sorprende la inmensa cantidad de estrellas que puebla la zona, y que se disponen de forma más densa formando una banda de norte a sur. Algo extraño hay en esa banda, y es el filtro UHC el que resalta definitivamente la nebulosidad concomitante, de forma que da la sensación de ser una versión en miniatura de la Vía Láctea veraniega que atraviesa el cielo de lado a lado. Es fácil dejarse perder en ese río de centenares de estrellas, algunas tan débiles que rozan el límite de la percepción. La nebulosa se aprecia mejor con visión indirecta, con una zona más brillante en su región superior, pero en ningún momento deja de tener esa apariencia etérea, casi fantasmal.

IC 2177

Una atenta mirada muestra que el campo del telescopio se encuentra poblado por pequeñas ciudades estelares. Los dos cúmulos abiertos más débiles del conjunto se encuentran justo en la zona central, y pertenecen al “alternativo” catálogo Collinder publicado en 1931. El más septentrional es Cr 465, mientras que al sur se sitúa Cr 466. Ambos son prácticamente indistinguibles, ya que están formados por estrellas muy débiles que se disimulan fácilmente contra el poblado fondo. Cr 465 es algo mayor, contando con unas 30 estrellas, la mitad de las cuales se aprecian sin mayor dificultad por el telescopio. Cr 466 es aún menos evidente, formado por unas 25 estrellas y con una magnitud conjunta de 11.1. En su conjunto, con visión periférica, ambos parecen formar un mismo cúmulo abierto, en una imagen bastante atractiva, ya que a menos de 20 minutos de arco se sitúa otra familia de estrellas, NGC 2343. Con una cincuentena de estrellas, es un cúmulo mucho más llamativo, de algo más de 5 minutos de arco de diámetro. Se encuentra a 3.400 años luz de distancia, inmerso en la nube circundante. Es interesante puntualizar que los dos cúmulos más débiles, Cr 465 y Cr 466, se encuentran a una distancia bastante mayor, a algo más de 6.000 años luz. Intentemos visualizarlos en un espacio tridimensional para ser conscientes del efecto de la distancia. Muy cerca de NGC 2343 encontramos una estrella especialmente brillante, denominada HD 54662, de magnitud 6.23. Es una estrella de tipo espectral O, extremadamente caliente, a 40.000ºC. Tiene un brillo 42.464 veces superior al de nuestro sol y es la responsable de iluminar en buena parte a la nebulosa Gum 2. Con un campo suficientemente amplio podemos contemplar estos últimos objetos formando una línea arqueada, desde la cabeza del águila, Gum 1, hasta este brillante estrella, pasando por las tres familias de estrellas que ya hemos visitado. De fondo, esa blanquecina banda que es tan sólo un reflejo de la inmensa Gum 2.

IC 2177 detalles

Esta región de la isla nos guarda otra sorpresa más, y es que frente a los objetos ya mencionados flota en el agua un bonito cúmulo abierto, NGC 2335, que complementa el paisaje dibujado. Es un cúmulo algo mayor que NGC 2343 y más lejano, situado a unos 4.100 años luz de distancia, motivo por el cual se nos muestra con sus estrellas algo más débiles. Se resuelven sin mayor problema unas treinta componentes dispersas sobre un área de unos 6 minutos de arco, con cierto matiz de neblina residual que es reflejo de las estrellas más débiles del fondo.

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NGC 2327

Dejamos de lado esta interesante zona para observar otra interesante agrupación de objetos. Al borde del ala más meridional residen tres nebulosas con nombre propio que adornan con su reflejo a IC 2177. Dos de ellas se encuentran fuera de su perímetro, rodeadas de negro mar. Son Sharpless 2-295 y Sharpless 2-293, siendo esta última la más brillante de ellas. Ambas se encuentran dispuestas rodeando a dos estrellas brillantes, causantes de la ionización de la masa de gas. Se aprecian como una nebulosidad redondeada de bordes difusos que se pierden en la negrura, más visibles con visión periférica. Realzan al colocar el filtro UHC, y entonces se puede distinguir también parte del ala de la gaviota, plagada como siempre de multitud de estrellas. Entre ellas, podemos apreciar una que se encuentra rodeada por un halo de nebulosidad, pequeño, pero llamativo con visión lateral. Se trata de NGC2327, una pequeña nebulosa de reflexión que rodea a una débil estrella, con un diámetro de 2.3 minutos de arco. Es pequeña, por lo que es conveniente conocer con seguridad el terreno antes de buscarla. Sin duda, complementa perfectamente a las otras dos nebulosas que, como faros en medio del mar, llaman la atención desde cualquier posición.

IC 2177 zona 2 detalles

Seguimos navegando hacia el sur entre una miríada de luciérnagas luminosas, dejándonos llevar por el río nebuloso hasta la última parada de esta visita, el extremo meridional de IC 2177. Es la nebulosa más evidente de cuantas pueblan esta isla, y vigila el resto de la región como una brillante nube incandescente. Se trata de Gum 3, Sharpless 2-297, Cederblad 90 ó vdB 94 (sí, todos y cada uno de estos nombres sirve para designar a la misma pequeña nube), una bonita nebulosa de emisión que se encuentra flanqueada por una oscura nebulosa que en fotografías marca un importante contraste de bordes curvos. Al telescopio no podremos percibir la nebulosa oscura, pero la imagen no está exenta de interés. Lo primero que nos llama la atención es la brillante estrella central, HD 53623, una joven estrella de tipo espectral B y magnitud 8, que se encuentra flanqueada por dos hileras de estrellas brillantes, una a cada lado. Esta estrella central es la principal responsable de ionizar el hidrógeno que la rodea, una masa de gas que adquiere cierta forma ovalada, con débiles extensiones que parecen seguir a las estrellas circundantes. Con visión lateral su tamaño aumenta y, al igual que en las anteriores, el filtro UHC nos proporcionará un mayor contraste, aunque por contrapartida el número de estrellas del campo disminuye y pierde gran parte de su atractivo.

IC 2177 zona 3

Aquí termina este viaje a través de la isla de las maravillas, que seguro nos proporcionará grandes satisfacciones. Nada nos impide, de todas formas, seguir su recorrido por sus intrincadas bahías y golfos, sólo por la cantidad de estrellas que veremos merece la pena. Podremos ver algunas otras condensaciones e incluso un bonito cúmulo abierto, NGC 2353, fácilmente visible con prismáticos y parte también de esta gran familia. La visión de la Gaviota con el telescopio no será como en las fotografías de larga exposición, pero podremos disfrutar como niños viendo la enorme variedad de tesoros que nos ofrece, y el mero hecho de buscarlos ya hará que merezca la pena el esfuerzo.

A través del espejo (Abell 12 y NGC 2194)

Si alguien nos habla de una brillante estrella que deslumbra a una pequeña nube que hay a su lado pensaremos seguramente en Mirach y NGC 404, en Andrómeda. Sin embargo, hay otros ejemplos de dicho fenómeno, y uno de los más difíciles de ver es sin duda el formado por la estrella Mu orionis y la nebulosa planetaria Abell 12, en la constelación de Orión.

Mu orionis es un sistema estelar muy interesante, cuyas dimensiones podemos comprender atendiendo a nuestro propio sistema solar. Está formado por dos estrellas binarias. La principal, Mu orionis A, tiene una pequeña compañera a una distancia de 0.07 unidades astronómicas, bastante más cerca de lo que Mercurio se encuentra del sol. La secundaria, Mu orionis B, posee a su vez una compañera a idéntica distancia que la principal. Entre el sistema A y el B hay 12 unidades astronómicas, equivalente a algo más de la distancia que separa Saturno del sol. Son algo mayores que nuestra estrella, y juntas brillan con una magnitud conjunta de 4.12. Mu orionis es fácilmente reconocible justo por encima de Betelgeuse.

Para ver Abell 12 deberemos escoger una noche con la atmósfera estable y limpia, ya que será el seeing el factor determinante para poder distinguirla. Encontrar su situación no será difícil, ya que se encuentra a unos escasos 50 segundos de arco de Mu orionis, de ahí la gran dificultad para apreciarla. No es un objeto excesivamente débil. Con una magnitud de 12.39, no debería suponer un gran problema para telescopios de abertura media, pero el halo brillante de la estrella será nuestro principal enemigo. A pesar de verlas tan próximas entre sí, Mu orionis se encuentra a unos 150 años luz, mientras que a Abell 12 se le estima una distancia de casi 7.000 años luz. Impresiona darse cuenta del efecto de la distancia, así como imaginar el gran tamaño que debe tener, a pesar de que se vea eclipsada por una estrella de tamaño normal.

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En la observación de Abell 12 hay dos premisas fundamentales: el aumento y el uso de filtros. La primera vez que intenté verla, a 125 aumentos, el halo brillante de la estrella era todo cuanto podía ver. Sin saber muy bien en qué dirección se encontraba la nebulosa, usé la visión periférica para intentar localizarla, pero mis intentos eran en vano. Ni siquiera el filtro OIII servía para nada. Oscurecía el brillo de la estrella, pero seguía siendo un astro solitario. No me atreví a usar mayores aumentos en ese momento, ya que a 125 la estrella bailaba como si no hubiera un mañana, apreciándose las turbulencias de la atmósfera como pocas veces, y el viento hacía temblar el tubo del telescopio. Ya decidido a continuar intentándolo otro día, unos minutos después tuve la sensación de que las estrellas aparecían más puntuales, y decidí probar suerte de nuevo. Esta vez usé el ocular de 7 mm, con 214 aumentos, y coloqué directamente el filtro OIII. Ahogué una exclamación cuando Abell 12 apareció ante mis ojos, de la manera más evidente posible. Una esfera perfecta de medio minuto de arco de diámetro que parecía una imagen fantasma de la estrella, como si fuera un defecto del espejo. Homogénea y de bordes totalmente definidos, era visible directamente, aunque con visión periférica resultaba aún más evidente.

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Podemos aprovechar la observación de Abell 12 para hacer una visita a un cúmulo abierto, NGC 2194, que podemos encontrar a apenas 4º al este de la nebulosa. Se sitúa a unos 10.000 años luz, y está formado por más de cien estrellas dispuestas esféricamente simulando un cúmulo globular disperso. Sus estrellas tienen una edad de unos 400 millones de años y su contenido en metal es bastante bajo, lo cual es indicativo de que se formó en una región alejada del núcleo galáctico. Observé NGC 2194 desde cielos semiurbanos, si bien la noche era especialmente limpia. Sin duda, un gran número de estrellas escaparon a mi vista, pero aun así resultó ser un cúmulo muy interesante.

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Una vez en la zona, NGC 2194 es evidente ya a bajo aumento. En primer lugar, a 125 aumentos, destaca una veintena de estrellas débiles, con cuatro o cinco más brillantes. Algunas se disponen agrupadas  formando hileras aleatorias. El campo del ocular está plagado de estrellas por doquier, destacando en el centro el cúmulo. Poco a poco, con la visión adaptada, comienza a notarse una débil neblina de fondo, la manifestación de decenas de estrellas que necesitan del trabajo en equipo para hacerse notar. Y bien que lo consiguen, otorgando al grupito de estrellas un aspecto neblinoso que lo hace merecedor de realizar una visita de vez en cuando.

La cara de Géminis (NGC 2392)

Si hay algo que uno va aprendiendo conforme ve más y más objetos celestes es que el cosmos es un artista caprichoso, dejándonos en ocasiones imágenes que desafían nuestra imaginación. La entrada de hoy habla sobre NGC 2392, conocida como la Nebulosa del Esquimal o Nebulosa del Payaso, una espectacular nebulosa planetaria que fue descubierta en 1787 por William Herschel. Pero antes de enfrascarnos en ella tenemos que parar en una estación a medio camino, una parada que merece la pena hacer para repostar energía.

Se trata de Wasat (del árabe “mitad”) o delta Geminorum, la estrella que nos servirá como referencia y que marca la cintura de uno de los gemelos. Es una interesante estrella triple con sus componentes más brillantes separadas 5.7 segundos de arco, situadas a 59 años luz de nosotros. La estrella principal, de magnitud 3.53, es de tipo espectral F0, una subgigante que va camino de convertirse en gigante a medida que consume su hidrógeno. Tiene, a su vez, una pequeña estrella orbitando a su alrededor a 0.20 segundos de arco. La estrella secundaria es una enana roja de tipo espectral K6 y magnitud 8.2, por lo que el contraste de colores está garantizado. Gira alrededor de sus dos compañeras a 100 unidades de arco, en un baile a tres que lleva ocurriendo desde hace más de mil millones de años.

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Wasat ha sido parte de la historia de la astronomía como testigo de uno de los eventos más importantes del siglo XX, y es que ocupa un lugar prácticamente en la elíptica, por lo que sufre acercamientos de planetas continuamente, incluso ocultaciones cada más tiempo (Venus la ocultará en 2420. No estaremos ahí para verlo, pero nada nos impide simularlo en algún programa informático). En 1930 fue testigo, como decíamos, del descubrimiento de Plutón, ya que el planeta enano se encontraba a apenas medio grado de arco de la estrella. Wasat fue, por tanto, portada de periódicos, libros y revistas que han pasado a la posteridad. Como quien visita un lugar histórico, intentemos rememorar la imagen de ese pequeño punto de magnitud 14 al lado de esta brillante estrella, y la emoción de Clyde Tombaugh cuando comprobó que, efectivamente, se movía con respecto a las estrellas.

Pluto

Después de visitar a esta histórica estrella no tenemos más que descender unos 2 grados al sureste para encontrar a NGC 2392. Su distancia es algo indeterminada, ya que según el método que se use el resultado varía en un rango entre 2.000 y 4.000 años luz. Lo que vemos en ella es una estrella en proceso de convertirse en enana blanca, proceso que comenzó hace unos 10.000 años, cuando la estrella pasó a ser una gigante roja, debido al agotamiento de sus reservas de hidrógeno. Al carecer de la energía suficiente, la estrella se enfrió, expandiéndose sus capas externas y formando una esfera a su alrededor. Algunos estudios defienden la presencia de un disco de material alrededor de la estrella, de forma que cuando se expandió el material más denso también lo hizo, convirtiéndose en esos filamentos de aspecto cometario que podemos ver en la fotografía. Acto seguido la estrella comenzó a colapsar, provocando fuertes vientos de millones de kilómetros por hora y la emisión de dos lóbulos gaseosos que salieron de forma bipolar. Desde nuestra posición no podemos ver los dos lóbulos independientes porque se sitúa de frente a nosotros, de manera que ambos se sobreponen y nos aparecen como una esfera rodeando a la estrella. De hecho, ni siquiera adoptan una forma completamente circular, sino que las fuertes corrientes de la estrella esculpen los lóbulos otorgándoles unos lados algo más rectilíneos. Estos mismos vientos son, al parecer, los responsables de arremeter contra el material que la estrella expulsó hace más tiempo, formando tras de sí una especie de cola que les da el aspecto de decenas de cometas apuntando al núcleo.

Foto NGC 2392

Por tanto, en esta cara estelar tenemos tres diferentes elementos reseñables. Por un lado la envoltura gaseosa, reflejo de la expansión de la estrella central a medida que se iba enfriando y convirtiendo en una gigante roja. Por otro, una especie de corona inmersa en la envoltura gaseosa, hecha de materiales más densos que formaban parte de un disco circumestelar y que vemos ahora “desde arriba”, erosionados por el viento estelar. Por último la región nebulosa central que está formada por dos lóbulos superpuestos desde nuestro punto de vista. Todos estos gases están siendo ionizados por la estrella central, que además guarda otra sorpresa. Estudios recientes del Instituto de Astrofísica de Andalucía han descubierto que la cantidad de rayos X emitidos por la nebulosa son demasiado elevados teniendo en cuenta los vientos emitidos por la estrella central, de lo que se infiera la existencia de una componente binaria que hasta ahora no ha podido ser observada por métodos directos. De esa manera finalizaríamos este interesante puzle, que se presta a su observación con instrumentos de cualquier abertura.

Es visible con prismáticos como una diminuta estrella de magnitud 10. Incluso modestos telescopios a bajo aumento no lograrán vislumbrar nada más que una pequeña estrella borrosa. Pero será al usar mayores aumentos cuando la nebulosa cobre vida, y una mayor abertura permitirá distinguir los rasgos internos que la hacen tan particular. Con el Dobson de 30 cm, a 125 aumentos la visión ya es soberbia. La estrella central brilla con fuerza, rodeada por un anillo gaseoso que, a su vez, se encuentra envuelto por una corona más débil. Sin embargo, la nebulosa nos pide usar más aumentos. A 300 aumentos la imagen es sobrecogedora. Nos damos cuenta, entonces, de la región central no es un círculo perfecto ni mucho menos, sino que forma una especie de trapecio con los bordes curvados. Una visión más atenta revela que el borde este trapecio se encuentra engrosado en algunos lados, y fuera de él encontramos la corona, separada por un pequeño pasillo oscuro alrededor de la nebulosa interna. Este pasillo oscuro al principio no se distingue, pero con un poco de esfuerzo y visión indirecta comienza a aparecer discretamente. La corona es circular, y con la visión adaptada se llega a percibir que no es perfectamente homogénea en su interior. En los momentos de mayor estabilidad aparece una especie de zona más densa en el lado superior del trapecio, opuesto a la estrella más brillante del campo. Dicha densidad da la sensación de ser algo “grumosa”, y sin duda contribuye a la imagen de esquimal que dan las fotografías, como si fuera la parte superior de la capucha del parka. El filtro OIII resalta todos estos detalles, de manera que sin él es bastante difícil poder ver esas condensaciones de la corona. Estoy seguro de que con mayor estabilidad atmosférica se apreciarán más detalles, y eso es lo bueno de la astronomía, que siempre va a haber ocasión para mejorar la observación.

NGC 2392

Un esquimal, un payaso, un león… Sea lo que sea que uno vea en ella, NGC 2392 es una pieza de museo única e irreproducible, muestra de lo dinámico que puede llegar a ser el cosmos.