Siguiendo migas de pan

La franja de la Vía Láctea es un hervidero de objetos que van apareciendo sucesivamente cuando navegamos a su través. Este hecho es más apreciable en la estación veraniega, cuando no hay lugar al que se mire en el que no se vea algún cúmulo o nebulosa. Sin embargo, la Vía Láctea invernal también está especialmente poblada de multitud de objetos que, en ocasiones, pasan desapercibidos. Hoy nos vamos a centrar en un objeto que se encuentra a mitad de camino entre M46 y M48, pero para llegar a él recorreremos un trayecto en el que podremos disfrutar de un agradable y variado paseo, viendo algunos objetos que ya comienzan a despedirse hasta la siguiente estación.

Comenzaremos por NGC 2610, una nebulosa planetaria ya conocida, pero que observé por segunda vez sin caer en la cuenta de que ya la había visto y dibujado unos meses antes. El error me sirvió para comprobar que el ojo va entrenándose y capta estrellas cada vez más débiles. Como recordatorio diremos que es una nebulosa planetaria de magnitud 12.8, situada a una distancia de entre 6.000 y 8.500 años luz, en la constelación de Hydra. Tiene una bonita estructura anular, sólo visible con potentes telescopios o en fotografías de larga exposición. Está formada por dos capas, a modo de cebolla, cada de las cuales ha sido expelida en distintas etapas, a modo de suspiros consecutivos que la estrella moribundo va lanzando al exterior. Dicha estrella tiene una magnitud 15.5, al alcance de un Dobson de 30 cm bajo unas condiciones ideales. Sin embargo, esa noche realicé la observación desde un pueblo cercano a Granada y, aunque el sur estaba relativamente oscuro, no tiene nada que hacer contra un lugar perdido en el monte. Aun así disfruté de su visión, así como del campo que la rodea. Una estrella está situada justo en su borde, dando la apariencia, como ya comentábamos con anterioridad, de un anillo con una pequeña gema engarzada. Una brillante estrella anaranjada la vigila a apenas 8 minutos de arco de distancia.

NGC 2610.2.png

Siguiendo hacia el oeste, entre una multitudinaria población estelar, daremos con el siguiente objeto, mucho más llamativo, que es NGC 2539, ya en la constelación de la Popa. También bajo la atenta mirada de una brillante estrella, 19 Puppis, es un cúmulo abierto situado a unos 4.000 años de distancia. Su edad es bastante avanzada, entre 600 y 700 millones de años, comparable a la de las Hyades. Como ya sabemos, las estrellas de los cúmulos se van esparciendo hasta que éstos desaparecen, por lo cual es difícil encontrar agrupaciones que superen los 500 millones de años. Hay excepciones, como M67 o Berkeley 17, pero NGC 2539 tiene una edad totalmente respetable. De hecho, si estuviera a la distancia del Pesebre, M44, sería uno de los objetos más llamativos del firmamento.

El cúmulo está formado por un número indeterminado de estrellas, refiriendo algunos autores una población de 60 componentes, mientras que otros le atribuyen más de 150. Tenga las estrellas que tenga, es un cúmulo muy atractivo si se observa desde un cielo oscuro. Una veinte de estrellas brillantes ocupan un área de unos 20 minutos de arco, con varias decenas más salpicando un área circular su alrededor. Cuento más de 50 estrellas, algunas tan débiles que aparecen en el límite de visibilidad del telescopio. La brillante estrella 19 Puppis, de tipo espectral K, domina el campo con una tonalidad amarillenta, dando un toque especial a esta interesante familia.

NGC 2539

El tercer objetivo es un objeto que difícilmente podríamos adivinar en esta región de la Vía Láctea: una galaxia espiral, denominada NGC 2525. Tiene una magnitud de 11.6 pero un brillo superficial bajo que nos hará sudar si las condiciones del cielo no son buenas. Es una galaxia espiral barrada situada a 73 millones de años luz de distancia. Cuenta con dos prominentes brazos en forma de letra “S” que se bifurcan en su camino al exterior, partiendo de una barra central amarillenta en la que se sitúan las estrellas más antiguas. Sus brazos, más azulados, no están al alcance de telescopios de aficionado. Con el Dobson de 30 cm se aprecia como una pequeña nubecilla redondeada, más brillante con visión periférica, que no muestra ningún otro detalle. Por la posición en la que se encuentra, probablemente haya una enorme cantidad de polvo y gas en su línea de visión, por lo que no debemos extrañarnos. El hecho de que podamos distinguir una galaxia a través de uno de los poblados brazos de la Vía Láctea debe ser suficiente motivo de asombro, más aún si esa mancha se encuentra a tan grande distancia.

NGC 2525

Y así, siguiendo migas de pan, llegamos a la casita de chocolate, que en este caso corresponde a un bonito cúmulo abierto denominado NGC 2506 o Caldwell 54, en la constelación del Unicornio. A 10.000 años luz de distancia, es un cúmulo bastante alejado del centro galáctico, lo cual ha servido para obtener datos interesantes. Normalmente se asocia la metalicidad de un objeto con su edad, de manera que se entiende que cuando un cúmulo se ha formado en un “universo temprano” su concentración de elementos pesados será menor, ya que en el ambiente predominaba el hidrógeno y el helio (se ha formado en una época en la que no ha habido todavía un número importante de novas, gracias a las cuales se forman los elementos más pesados). NGC 2506 tiene una edad de unos 2.000 millones de años, extremadamente elevada, pero superada por M67. Sin embargo, éste último cúmulo tiene más cantidad de elementos pesados que NGC 2506, lo cual va en contra de la asociación inversa metalicidad-edad. De este dato se puede concluir que la posición en la galaxia también es un determinante importante en la composición de las estrellas, siendo la metalicidad mayor cuanto más cerca del núcleo se encuentre el cúmulo abierto.

Después de este inciso teórico volvemos a mirar NGC 2506 como lo que es, una nube formada por 800 estrellas que nacieron y aún permanecen juntas, en un espacio de entre 25 y 35 años luz de diámetro. Nuestro sol, a su lado, es un triste lobo solitario. Lord Rosse y su hijo vieron en NGC 2506 una cierta estructura espiral, especialmente en cuanto a sus estrellas más brillantes, en una época en la que se pensaba que todas las nebulosas eran en realidad aglomerados de estrellas. Quizás pensaran que NGC 2506 era la primera “nebulosa espiral” que eran capaces de resolver. Personalmente no encontré una estructura espiral llamativa, aunque posteriormente, revisando el dibujo que hice, sí es cierto que se podría apreciar la forma, teniendo en cuenta las estrellas principales. Unas cuarenta estrellas quedan enmarcadas en un espacio de unos 10-15 minutos de arco, envueltas en un halo de nebulosidad que las arropa fantasmagóricamente. El campo está plagado de estrellas, como corresponde a esta zona inmersa en la Vía Láctea, y sólo por este detalle merece la pena echarle un vistazo desde un lugar oscuro.

NGC 2506

Tres colas tiene la hidra (M83)

La protagonista de hoy es la galaxia más meridional de las que catalogó Messier. Se trata de M83, y es, además, la primera galaxia foránea al Grupo Local en ser descubierta. Situada en la cola de la Hidra, la constelación del Cuervo indica su presencia bajo sus alas.

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M83 es una galaxia que se encuentra a unos 15 millones de años luz y fue definida por Messier como “extremadamente débil”, de forma que “había que concentrarse enormemente para poder distinguirla”. Forma parte del denominado Grupo de Centauro y M83, dominando junto con NGC 5128 un pequeño cúmulo de galaxias que se sitúan entre 10 y 20 millones de años luz. Es una galaxia que podríamos definir de tipo mixto, compartiendo rasgos de galaxias espirales y barradas. Presenta un núcleo muy intenso en medio de una barra formada por estrellas y gas en constante movimiento, y de sus extremos salen tres largos y abiertos brazos en el sentido opuesto de las agujas del reloj, que le han hecho merecedora del sobrenombre “Molinillo Austral”. Dos de los brazos parecen superponerse, pero fotografías con suficiente detalle los muestran perfectamente diferenciados.

Con unos 40.000 años luz de diámetro, es un claro ejemplo de galaxia de brote estelar, estando salpicada por multitud de puntos azules y rojos. Los primeros, cúmulos de estrellas jóvenes que apenas cuentan con unos pocos millones de años de edad, poblados por abundantes supergigantes azules. Los segundos, las regiones HII que están dando lugar a la formación de estrellas. Como es típico de este tipo de galaxias, en ella son frecuentes las supernovas. Hasta hace poco, M83 contaba con el récord en cuanto a número de supernovas observadas, con 6 de ellas en poco más de un siglo. Sin embargo, recientemente se ha visto superada por NGC 6946, que cuenta con 9 de ellas, y empatada por M61. Más de 60 remanentes de supernova se han podido catalogar en M83, muchas de ellas visibles en las fotografías de larga exposición.

Foto M83 nucleo.jpg

Otro atributo interesante de esta galaxia reside en su núcleo, que es sede un agujero negro supermasivo, como tantas otras galaxias. Sin embargo, el núcleo es curiosamente doble, al igual que ocurría con el de M31. Apenas a unos años luz del núcleo propiamente dicho se encuentra un cúmulo abierto con una gran densidad de estrellas, que parece ejercer una gran relevancia en la dinámica central.

A la hora de observarla deberemos elegir la hora adecuada para que se encuentre en el punto más alto posible, justo a su paso por el sur. Para buscarla podemos localizar Gamma Hydrae, también denominada Cauda Hydrae (cola de la Hidra), por su posición en la constelación. Es una gigante amarilla de tipo espectral G, unas 13 veces mayor que el sol y a 132 años luz de distancia. Gamma Hydrae acaba de agotar sus reservas de hidrógeno, por lo que su núcleo está en proceso de condensarse al carecer de energía exotérmica suficiente. Cuando la densidad creciente en el núcleo aumente su temperatura hasta el punto de poder fusionar helio en carbono y oxígeno crecerá hasta convertirse en una gigante roja, unas 5 veces más gran que en el momento actual. Está a punto, por tanto, de “dar el estirón”. Encontraremos M83 si visualizamos un triángulo rectángulo cuyos vértices lo ocupan Gamma Hydrae, M83 y Pi Hydrae, una gigante anaranjada de tipo espectral K.

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Una vez en el buscador, M83 será visible como una mancha borrosa y redondeada, fácilmente distinguible si la noche es oscura. En objetos tan meridionales la atmósfera jugará un papel importante para poder disfrutarla como se merece. Al telescopio resalta fácilmente, recordando en un primer instante a una versión más brillante de M74, la galaxia en espiral de Piscis. Un radiante núcleo destaca en el centro, redondeado, y a su alrededor se dispone un halo difuso y heterogéneo. La región más cercana al centro es más brillante, con cierta forma alargada, mientras que las regiones más externas adquieren una silueta redondeada. Es en esta periferia donde se puede apreciar en primer lugar uno de sus brazos más prominentes, el más largo de ellos, que se extiende hacia unas 5 estrellas en forma de triángulo. Su comienzo no se puede apreciar con claridad debido al gran brillo de la zona central. Justo en el lado opuesto, con visión indirecta, aparece su contrapartida, otro brazo que, débilmente, se pierde en la lejanía, en sentido antihorario. A 125 aumentos, con una adaptación adecuada a la oscuridad, no es especialmente difícil detectar el tercer brazo, el más pequeño de todos y el más brillante en fotografías, si bien en visual se ve aplacado por el núcleo tan intenso. Se aprecia como una pequeña curva luminosa que se desarrolla al amparo del brazo más llamativo, adquiriendo una curvatura más cerrada que sus compañeros, conformando así una estampa sumamente atractiva. Desde cielos más australes debe ser, sin duda, aún mejor.

Sobre M68 y estrellas de bario

El peculiar cuadrilátero que conforman las principales estrellas de Corvus va pregonando la llegada de un ejército de galaxias a todo lo largo del cielo, así como de otros objetos peculiares que pueblan el cielo de primavera. Hoy vamos a abordar un interesante cúmulo globular que se encuentra por debajo de la constelación, y, estrictamente hablando, pertenece a los dominios de Hidra. M68 es un cúmulo globular descubierto en abril de 1780 por Charles Messier (su descubrimiento se atribuyó, erróneamente, a Pierre Méchain), y resuelto en multitud de estrellas, como casi siempre, por William Herschel poco después.

M68 es un globular peculiar por varios motivos. Por un lado, como los cúmulos globulares “invernales” está en una dirección opuesta al centro galáctico, diferenciándose claramente de la mayoría de ellos que rodean el núcleo a una distancia cercana. M68 se encuentra, por el contrario a 60.000 años luz del centro galáctico, y a unos 33.000 años luz de nosotros. Teniendo en cuenta que nos encontramos a 27.000 años luz del núcleo de la galaxia, podemos inferir que M68 se encuentra prácticamente a 180º. Presenta un bajo brillo superficial, ya que sus 100.000 componentes se encuentran poco concentradas, considerándose un globular de tipo X (en una escala del I al XII, según la concentración de sus estrellas).

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Los cúmulos globulares son, como ya sabemos, cuerpos extremadamente antiguos que se formaron casi a la par que la galaxia. De ahí que su contenido en metales (metalicidad) sea bajo, ya que se crearon a partir de una masa gaseosa y no se vieron influenciados por supernovas u otros cuerpos que desprenden elementos metálicos al espacio. Pero M68 presenta una metalicidad del 0.6% de nuestro sol, baja incluso al compararlo con el resto de cúmulos globulares. De ahí, además de por su movimiento algo atípico, se ha deducido que M68 es “un regalo” que nos dejó alguna galaxia que la Vía Láctea devoró en el pasado, el recuerdo de otro mundo con características químicas algo diferentes.

Para encontrar M68 podemos tomar como referencia beta corvi o Kraz, una supergigante amarilla que brilla con la magnitud 2.65 y que está catalogada como una estrella de bario. Normalmente, una gigante roja o amarilla (estrellas relativamente frías) no tiene la energía necesaria para formar bario a partir de la combustión de otros elementos. La razón de presentar este elemento es su interacción con una estrella de carbono que ha contaminado su atmósfera, presentando bario y, eFoto Barion ocasiones, circonio. De hecho, en la mayoría de estrellas de bario se han encontrado enanas blancas orbitando a su alrededor, vestigio de la estrella donante que ha ido perdiendo su materia. Sin embargo, Kraz carece de un segundo componente orbital, con lo cual desbarajusta los esquemas en torno a este tipo de estrellas. ¿Cómo ha podido formar ese bario? ¿Tiene una enana blanca pero es demasiado pequeña para verla? Otro misterio más que el tiempo acabará por aclarar.

Como decíamos, descendiendo algo más de 3 grados hacia el sur llegamos a HR 4803, una cerrada estrella binaria con sus componentes separados por tan sólo 1.4 segundos de arco. De tipo espectral F, la primaria es de magnitud 5.4, mientras que la secundaria es de magnitud 11.3. Justo al este de la estrella doble podremos adivinar, con unos prismáticos, una pequeña esfera nebulosa, con un centro brillante y los bordes difusos, que no es ni más ni menos que M68.

La observé a 2.500 metros de altura en una noche donde el viento apenas dejaba un respiro. La oscuridad del cielo era espectacular, pero la mala calidad de la atmósfera también, con turbulencias allí donde pusiera la vista. Aun así, pude disfrutar de este interesante cúmulo globular entre ráfaga y ráfaga. A bajo aumento ya resulta evidente su naturaleza globular, una esfera nebulosa más brillante en el centro, con diminutas estrellas que se dejan ver por toda su superficie, preferiblemente en la periferia. Decidí subir a 214 aumentos, y entonces el cúmulo adquiere mayor entidad. Ocupaba unos 7 minutos de arco, algo menos que los 11 indicados en las bases de datos, pero sus estrellas periféricas eran demasiado débiles para mostrarse esa noche. Sin duda, en latitudes más meridionales, el tamaño del cúmulo será algo mayor. La zona central era más brillante, con un fondo blanquecino, pero no había ningún gradiente brusco. En lugar de eso, el brillo iba decayendo poco a poco a medida que sus bordes se internaban en la negrura del cielo. Las estrellas se resolvían sin ningún problema en su superficie, tanto en el núcleo como en la periferia, donde chisporroteaban en el límite de su visibilidad. M68 es uno de “esos cúmulos globulares” que, ni grandes ni pequeños, dejan un buen sabor de boca al dedicarles un poco de nuestro tiempo. ¿Lo mirarían con el mismo recelo en la galaxia de la que proviene?

M68

Guardados por la hidra

Hidra es la constelación más extensa que podamos observar en el cielo (si bien no la más brillante), asomando la cabeza por el cielo de invierno y con la cola en pleno cielo de primavera. Así, a medias entre dos estaciones, Hidra recorre el cielo llevando en su lomo a Corvus y Crater. Estas tres constelaciones se relacionan en la mitología griega. Apolo tenía a un cuervo como sirviente, y lo envío a recoger agua. El cuervo descansó a mitad de camino, y como excusa por la tardanza trajo a Apolo una culebra de agua, alegando que le había retrasado. El dios se dio cuenta del engaño y, enojado, lanzó a la culebra, al cuervo y a la taza de agua al cielo, donde se convirtieron, respectivamente, en las constelaciones de Hidra, Corvus y Crater. Estos griegos no saben qué inventar, pero debía ser fascinante escuchar esas historias hace más de dos mil años, en una época en la que los dioses y la magia estaban de moda.

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Los tres objetos de este capítulo se sitúan alrededor de la región central del gran monstruo, y comenzaremos con una pequeña pero bonita nebulosa planetaria. A medio camino entre Puppis y Alphard, la alfa de Hidra, encontramos a NGC 2610, una pequeña planetaria de magnitud 12.8. La noche que abordé su observación una creciente luna iluminaba el cielo desde el oeste, pero aun así no me resultó difícil verla como una pequeña esfera de apenas 1 minuto de arco, visible con visión directa pero más evidente con mirada periférica. Como planetaria aislada es interesante, pero lo más llamativo es que parece tener una piedra preciosa engarzada en su reborde como si fuera un anillo. La gema es una estrella de la magnitud 11.5, no muy brillante pero en una posición muy acertada, convirtiendo una débil planetaria en una pequeña joya. Y no es la única que veremos hoy…

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El siguiente objetivo es una galaxia, una gran espiral situada a unos 41 millones de años luz. En fotografías de alta resolución muestra una pequeña barra en torno a su núcleo, más brillante, y al menos 6 brazos que se arremolinan hacia el exterior. Numerosas regiones HII pueblan toda la zona, aunque son más evidentes en uno de sus lados, sugiriendo una posible interacción con alguna otra galaxia en el pasado. Foto NGC 2835Fue descubierta en 1884 por Wilhelm Tempel, y  su magnitud de 10.3 la pone al alcance de la mayoría de instrumentos, incluso de unos prismáticos bien firmes en un cielo oscuro.

NGC 2835 se encuentra unos 12 grados al este de NGC 2610 y la noche que la vi, a pesar de la luna, resaltó desde el primer momento con el Hyperion de 13 mm a 125 aumentos. Destacaba un núcleo más brillante con un halo de forma alargada, disminuyendo de intensidad conforme se alejaba de la periferia. Con visión lateral sus dimensiones aumentaban de tamaño, alcanzando unos 5 minutos de arco en su lado mayor. No pude ver indicios de ningún brazo. Quizás necesite una noche más oscura, sin luna, o simplemente mayor aumento del espejo del telescopio. Sea como sea, la imagen de una galaxia siempre llama la atención cuando “se ve con la mente”, no necesitando distinguir los brazos para notar esa sensación de vértigo.

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El último de la lista es un objeto tremendamente fotogénico. Si decíamos que NGC 2610 es una pequeña anillo, la nebulosa que nos ocupa ahora, Abell 33, es la más maravillosa alianza que puede haber en el cielo. El Very Large Telescope, en el desierto de Atacama, Chile, capturó este objeto dando lugar a una de las imágenes de nebulosas planetarias más exquisita que pueda existir. Abell 33 se encuentra a unos 2.700 años luz de distancia, y posee una superficie perfectamente simétrica, una esfera expandiéndose a través del especio a partir de una pequeña enana blanca que se acerca a la magnitud 16. El efecto del anillo se consigue gracias a la estrella HD 83535, que con una magnitud de 7 deslumbra ante cualquier objetivo, rozando el borde engrosado de la nebulosa. En fotografías de larga exposición pareciera que es un sol amaneciendo tras una pompa de jabón. Suaves irregularidades se pueden apreciar en el interior de Abell 33, fruto de las corrientes que provoca la estrella central mientras realiza sus últimas espiraciones

Foto Abell 33

Abell 33 tiene una magnitud de 13.4, pero su extensión de más de 4 minutos de arco de diámetro hace que el brillo superficial sea extremadamente bajo. Cuando me dispuse a verla la Luna aún no se había marchado del todo, pero quise intentarlo de todas formas. Una vez localizado el sitio exacto no conseguí ver absolutamente nada, tan sólo la estrella HD 83535 acompañada de algunas más poblando el ocular a 125 aumentos. Probé con distintos aumentos, pero el resultado fue el mismo. Cuando volví a colocar el Hyperion de 13 mm, sin embargo, la adaptación a la oscuridad me permitió notar “algo” ocupando el centro del ocular. De entrada no pude definir lo que era, es simplemente la sensación de que algo de aspecto brumoso está justo delante, tan débil que es apenas imperceptible. Entonces coloqué el filtro OIII, y ese “algo” cobró forma drásticamente, manifestándose como la característica esfera de las fotografías. Seguía siendo extremadamente débil, pero entonces su presencia era evidente. Con visión periférica se apreciaban sin mucha dificultad sus bordes perfectamente definidos, desapareciendo en cuanto fijaba la mirada. En los momentos de mayor estabilidad y con la vista relajada, la imagen era extremadamente clara, si bien no pude notar sus irregularidades internas. No obstante, ver esta joya en el cielo ya es suficiente motivo para apuntar a ella en las frías noches de invierno. El tiempo que le dediquemos, sin duda, merecerá la pena.

Abell 33