Filamentos en lo más remoto (4ª parte): Abell 2199

Hoy volvemos a viajar a las profundidades del cosmos a completar una imagen que comenzamos hace tiempo, cuando hablamos sobre la Gran Muralla, esa enorme estructura compuesta por millones de galaxias que iban desde Abell 1367, el cúmulo de Leo, a Abell 2151, en hércules, pasando por Abell 1656, también conocido como el cúmulo de Coma. Juntas, conformaban una Gran Muralla de más de 500 millones de años luz de longitud situada a unos 400 millones de años luz de distancia. Hoy vamos a ver otro grupo de galaxias que forman parte de esta enorme estructura, un cúmulo denominado Abell 2199 que también se encuentra en Hércules.

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Lo conforman más de 200 galaxias, entre las que destaca, en el centro, NGC 6166, una supergigante elíptica de tipo cD. Este tipo de galaxias, si recordamos a otras como M87 o IC 1101, se han formado a raíz de múltiples interacciones y ocupan el centro de grandes cúmulos, un lugar privilegiado para ir canibalizando a las menores componentes. NGC 6166 fue descubierta por William Herschel en 1791 y presenta en su interior 4 regiones más brillantes que podrían simular una galaxia de 4 núcleos. Sin embargo, sólo una de esas regiones es el centro de NGC 6166, siendo las otras tres el núcleo de otras tantas galaxias que se encuentran más alejadas, aparentemente unidas por efecto de perspectiva (podemos decirlo con seguridad estudiando el desplazamiento al rojo de cada una, que es claramente diferente). NGC 6166 es una enorme aglomeración de estrellas que ocupa unos 225 mil años luz de diámetro, casi el doble que nuestra propia galaxia. Se encuentra rodeada por un número extremadamente alto de cúmulos globulares: se había estimado su número entre 6.000 y 22.000, aunque un estudio de 2016 sugiere que podríamos estar hablando de más de 39.000 globulares, algo verdaderamente apabullante, aunque es lo que tiene haberse tragado tantas galaxias, cada de las cuales tenía su propio sistema de cúmulos. NGC 6166 es rica en gas y polvo, algo que no concuerda bien con la imagen de una típica galaxia elíptica. En su interior reside un agujero negro supermasivo con una masa equivalente a mil millones de masas solares, dejando al de nuestra Vía Láctea en pañales (tiene tan sólo 6 millones de masas solares). Una gran cantidad de gas frío cae en torno al agujero negro, alcanzando temperaturas tan altas que NGC 6166 se convierte en un potente faro emisor de rayos X.

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Aproveché para observar Abell 2199 cuando estuve en el Moral, haciendo uso del Dobson de 40 cm bajo unos cielos más que decentes. NGC 6166, la principal galaxia, destaca conforme nos asomamos al ocular como una nube redondeada con cierta elongación, de bordes extremadamente difusos que se van perdiendo a medida que se alejan de la zona central más brillante. Otras dos galaxias, de magnitud 15, brillan conformando un triángulo con NGC 6166: son PGC 58233 y PGC 58245. Al lado de NGC 6166, PGC 58262  brilla con magnitud 14.8, y una diminuta PGC 58261 apenas se deja ver con magnitud 16. PGC 58277 es una galaxia de mayor tamaño que se encuentra flanqueada por otras dos. Al telescopio pude apreciarla como una mancha alargada, cerca de otra galaxia llamada PGC 58279, de magnitud 15.9. La mayor parte de estas galaxias no son más que un fantasmagórico y lejano borrón difuso, ¡pero vaya si es lejano! Impresiona poder vislumbrar el centro de una de estas grandes estructuras, más aún sabiendo que forma parte de algo mucho mayor.

Abell 2199 detalles

Los brazos de Hércules (NGC 6207)

La disposición de los objetos celestes resulta relativamente arbitraria, y por ello no resulta infrecuente encontrar que un objeto eclipse a otro que ha ido a parar a sus inmediaciones. Es el caso de NGC 6207, una bonita galaxia que se encuentra bajo la sombra de la imponente y brillante M13.

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Crédito: fuente

Ambos objetos pueden verse en el mismo campo del ocular si usamos bajos aumentos, aunque poca gente disfruta con la presencia de esa pequeña mancha alargada cuando las mil estrellas del cúmulo globular reclaman (exigen) su atención. No en vano, su existencia pasó desapercibida hasta 1787, cuando los atentos ojos de William Herschel dieron con ella. NGC 6207 es una galaxia espiral con tres brazos que salen de su núcleo, visibles sin mayor problema gracias a su inclinación moderada. Están salpicados de regiones HII, lugares de candente formación estelar, aunque no tiene cerca otras galaxias que puedan haber estimulado esta proliferación. Su distancia varía enormemente según las fuentes consultadas, coincidiendo la mayoría en una distancia de entre 30 y 40 millones de años luz, aunque hay quien la sitúa mucho más allá, a unos 60 millones de años luz, en cuyo caso formaría parte de una estructura conocida como la Nube de Draco. Su núcleo parece ser excesivamente brillante, aunque el efecto se lo debemos nuevamente a una superposición casual, ya que una estrella de nuestra propia galaxia, de tipo espectral F, ocupa el centro de NGC 6207. En 2004 otra estrella “apareció” momentáneamente en su halo, una supernova que alcanzó la magnitud 15.7.

Foto NGC 6207

Con una magnitud de 11.6, NGC 6207 es visible incluso con telescopios de 10 cm de diámetro. Sin embargo, si queremos vislumbrar algunos de sus detalles tendremos que usar mayores aperturas y disfrutar de un buen cielo. Tiene una longitud de 3 minutos de arco y 1.1 minutos de ancho, y necesitaremos usar aumentos elevados para distinguir algo más que una mancha alargada. La observé con el Dobson de 40 cm del Moral y, tras disfrutarla a bajo aumento en el mismo campo que M13, decidí acercarme más, hasta llegar a los 450 aumentos que me proporcionaban el ocular Zoom Baader (de hasta 8 mm) y una barlow de x2. La galaxia se apreciaba con visión directa sin mayor problema, destacando su núcleo intruso, de aspecto estelar (nunca mejor dicho). Ya desde un primer momento pude notar que su superficie no era homogénea, y un mínimo de atención bastó para notar uno de sus brazos, retorciéndose hacia el este de forma difusa. Al otro lado destacaba una débil alineación fantasmagórica que correspondía al brazo opuesto, rico en regiones HII, que parecía flotar en el halo alargado de la galaxia. Sin duda, una visión para retener en la memoria y un recuerdo de que los actores secundarios pueden llegar a relucir con brillo propio.

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Siguiendo los pasos de Arecibo: M13

El universo está lleno de ondas de distinto tipo, aunque hay un conjunto de ondas de radio que merecen especial atención, ya que fueron emitidas por los seres humanos como una señal de comunicación hacia otros mundos. Ahora se encuentran a 43 años luz de nosotros y, si algún día son encontradas por una raza inteligente, serán capaces de descifrar datos interesantes, como la estructura de nuestro sistema solar, el ADN del que estamos formados, las moléculas más frecuentes e incluso un dibujo de una persona con su altura media y la población del planeta. Se conoce como el Mensaje de Arecibo, porque fue emitido desde el radiotelescopio de Arecibo, enviado desde su órbita espacial en 1974. Su destino es el mismo que vamos a seguir nosotros en este artículo…

Si por algo es famosa la constelación de Hércules es por albergar uno de los cúmulos globulares más conocidos del cielo, conocido como el Gran Cúmulo de Hércules, M13 o NGC 6205, el punto del vasto infinito al que se envió el Mensaje de Arecibo. Visible sin necesidad de ningún instrumento óptico bajo cielos oscuros, M13 es uno de los objetos más impresionantes que la primavera nos puede ofrecer.

Foto M13

Crédito: Roth Ritter

Se encuentra a unos 25.100 años luz de distancia y mide unos considerables 146 años luz de diámetro. Fue descubierto por Edmond Halley en 1714, adelantándose medio siglo a nuestro amigo Charles Messier. William Herschel describió unas alineaciones de estrellas que partían del cúmulo hacia el exterior y que se conocen como patas de araña. Este astrónomo acometió la hercúlea tarea de contar las estrellas de este cúmulo, estimando que lo conformaban unas 8000 componentes. Sin embargo, ni siquiera se acercó, pues la población de esta esfera de luces es de unas 300.000 estrellas, por encima de la media de estos cuerpos. Tiene una categoría V en la clasificación Shapley-Sawyer, lo cual indica la presencia de un gradiente moderado, con un núcleo más denso y periferia difusa.

Se han descubierto algunos elementos interesantes en este cúmulo. En 2005, por ejemplo, se encontró un sistema binario, uno de cuyos componentes resultó ser una estrella de neutrones que emitía rayos X. Para conocer lo que es una estrella de neutrones podemos leer esta entrada, en la que hablábamos acerca de la conocida M1. Barnard 29 es una estrella descubierta en el cúmulo que presenta un tipo espectral B2, lo cual contrasta enormemente con el resto de estrellas, mucho más rojizas, que rondan el tipo espectral G. ¿Cómo es posible, si las estrellas de un cúmulo se forman a la vez, que haya una tan joven en apariencia? Pues bien, la respuesta no está en la edad de las estrellas, sino en su temperatura. Barnard 29 parece ser una estrella evolucionada que ha perdido sus capas más externas, de manera que ha dejado al descubierto su núcleo mucho más caliente y, por tanto, más azulado.

Con una magnitud de 5.8, M13 es fácilmente distinguible a simple vista siempre y cuando nos alejemos de las luces artificiales, apareciendo como una tenue estrella borrosa en uno de los márgenes del cuerpo del héroe griego. Con un par de prismáticos su visión es sublime, con un denso núcleo,  llamando la atención esas dos brillantes estrellas que lo flanquean, HIP 81673 y HIP 81848, ambas rondando la magnitud 7. Con el más pequeño de los telescopios la vista es sobrecogedora. Lo observé una noche que estaba probando el NextStar 102 SLT, y quedé maravillado con el resultado. Usé el ocular Cronus de 7 mm, obteniendo 94 aumentos, suficiente para que las dos brillantes estrellas aparecieran en el mismo campo. M13, con sus 20 minutos de arco de diámetro, dominaba el centro del ocular, con un intenso núcleo redondeado que superaba los 5 minutos de arco. Las estrellas aparecían y desaparecían en su interior, en ocasiones tan juntas que se hacían difíciles de separar. Una zona más débil se extendía alrededor, una corona en la que las estrellas pululaban con mayor libertad, en un número bastante menor. Poco a poco fueron apareciendo las famosas patas de araña que ya describió en su día Herschel, como prolongaciones que salían del núcleo y se extendían más allá, rozando su periferia. Las dos patas centrales, algo más cortas, se quedaban a mitad de camino, pero las otras dos se curvaban y parecían querer abrazar el cúmulo. Sin duda, una imagen para recordar y volver a visitar siempre que tengamos oportunidad.

M13

Filamentos en lo más remoto (3ª parte)

El término de “Gran Muralla” nos sonará familiar si recordamos los artículos acerca de Abell 1656 y Abell 1367, los cúmulos de Coma y Leo, respectivamente, que conforman el Supercúmulo Coma-Leo. Haciendo un breve recordatorio, mencionaremos que ambos cúmulos de galaxias forman parte de una de las mayores estructuras conocidas en el universo a gran escala, una inmensa pared de galaxias de hasta 700 millones de años luz de longitud y unos 200 millones de años luz de ancho. Su descubrimiento por John Huchra y Margaret Geller nos proporcionó una nueva forma de entender el universo, conformado por una sucesión de filamentos y espacios vacíos a modo de esponja de proporciones infinitas. La Gran Muralla tiene, a su vez, tres componentes principales, siendo los más cercanos Abell 1656 y Abell 1367, a poco más de 300 millones de años luz de distancia. Hoy culminaremos el estudio de esta estructura con el último y más lejano de estos componentes, situado a los pies de la constelación Hércules. Se trata de Abell 2151, una aglomeración de unas 200 galaxias que residen a 485 millones de años luz, por lo que al contemplarlas estaremos viajando en el tiempo a una época en la que los eucariotas más primitivos exploraban tierra firme a medida que se diversificaban a velocidades de vértigo. Cabe decir que la constelación de Hércules, famosa por sus cúmulos globulares y nebulosas planetarias, es extremadamente rica en galaxias débiles, constituyendo el marco de los grandes supercúmulos de Hércules. A una distancia similar, dos de ellos destacan por su abundancia y tamaño, siendo el más meridional el hogar de Abell 2151, aunque también se encuentra formado por otros cúmulos (como Abell 2147 y Abell 2152). El otro supercúmulo, más al norte, es algo más cercano (unos 400 millones de años luz) y en él destacan Abell 2197 y Abell 2199).

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Abell 2151, descubierto en 1930 por Harlow Shapley, es un cúmulo en vías de formación, aún joven, formado por varios subcúmulos, tres principales, que están colisionando. Sus galaxias tienen tintes azulados que denotan su escaso tiempo de vida, y si recorremos sus rincones en fotografías nos sorprenderá su gran riqueza en galaxias espirales. Si tenemos en cuenta otros cúmulos más avanzados como el de Virgo recordaremos que las elípticas eran la nota predominante en su equipo. Sin embargo, en Abell 2151 las galaxias espirales suponen al menos el 50% del total, y resulta curioso comprobar la inmensa cantidad de parejas galácticas en interacción. Poco a poco esa gran familia irá evolucionando y envejeciendo, con galaxias elípticas en las que el amarillo predominará sobre el azul. Mientras tanto, podemos dejarnos asombrar por la variedad de formas que observamos en cualquiera de sus regiones.

Vamos a hacer un repaso por su zona central, que contiene a los componentes más llamativos. Con el ocular Kronus de 7 mm obtenía 214 aumentos y una pupila de salida de 1.43, bastante adecuada para observar estos tenues y pequeños objetos, que en su mayoría rondan la magnitud 14 y 15. En el campo que obtuve, de unos 15 minutos de arco de diámetro, pude englobar a 7 de ellas, formando dos hileras. La hilera más externa está conformada por NGC 6043, NGC 6045 y NGC 6047. La primera de ellas es una galaxia lenticular con una pequeña compañera denominada PGC 1541265 que parece rozar su halo. Ambos objetos tienen una velocidad de recesión similar, lo cual nos permite conocer que se encuentran relativamente cerca, si bien no podemos asegurar que estén interaccionando entre sí. NGC 6045 es una galaxia más interesante, al menos visualmente, ya que presenta una forma muy alargada y definida. Es una espiral vista de perfil, de magnitud 13.9 y, por tanto, fácilmente visible al telescopio. Con unos 175.000 años luz de diámetro, se conoce también como Arp 71 por una débil compañera que parece encontrarse en su extremo de forma perpendicular (PGC 84720). De la misma manera que en el caso anterior, no se puede confirmar que ambas galaxias estén siendo alteradas por su cercanía, pero no obstante es un par muy atractivo que podría recordar a NGC 4656 en fotografías de larga exposición. Aún hay más, ya que una tercera galaxia aparece en el lomo de NGC 6045, añadiendo más misterio al asunto, una mínima galaxia redondeada de magnitud 18 que bien podría ser un satélite de la mayor. La última componente de esta hilera, NGC 6047, es una galaxia elíptica de magnitud 13.5, más brillante que el resto, con una forma ligeramente alargada y acompañada por una pequeña estrella en uno de sus extremos.

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La otra hilera de galaxias tiene dos brillantes elípticas, NGC 6039 (erróneamente catalogada como NGC 6042) y NGC 6041. Ésta última presenta otra pequeña galaxia lenticular compañera, PGC 56960, de magnitud superior a 16 y, por tanto, reservada a mayores aberturas o mejores cielos. IC 1170 es otra galaxia espiral que podemos encontrar en la zona, aunque su bajo brillo superficial la pone fuera de nuestro alcance. Sin embargo, en esta región la galaxia más impresionante es NGC 6040, personalmente mi favorita, también conocida como Arp 122. Es un sistema doble en interacción, siendo NGC 6040A una galaxia espiral vista casi de perfil, con unos brazos deformados debido a su cercanía a NGC 6040B, una galaxia lenticular con un brillante núcleo. En los brazos de NGC 6040A pueden apreciarse pequeñas manchas azuladas, huella de las regiones HII de formación estelar que se están formando a raíz de su encuentro intergaláctico. La noche que observé este interesante grupo, bajo los oscuros cielos de Don Domingo, dediqué especialmente mi tiempo a poder distinguir ambas galaxias como cuerpos independientes, algo que nunca había conseguido pero sospechaba al alcance de mi Dobson de 30 cm. De entrada lo aprecié como una sola mancha, brillante (magnitud 13.9) y pequeña, algo más extensa con visión periférica. Tras un largo rato intentándolo, dándome algunos paseos para relajar la musculatura, conseguí por fin distinguir los dos componentes con una forma de letra “L”. No estaban completamente separados, pero esa silueta tan llamativa, ese giro brusco del brillo homogéneo, era lo más cerca que iba a estar de ver a la esquiva NGC 6040B con mi equipo. Tras el esfuerzo realizado relajé la vista, volviendo hacia atrás para contemplar al resto de galaxias en su conjunto. Podría haber dedicado el resto de la noche a cazar, una por una, el mayor número posible de galaxias de Abell 2151, pero el tiempo era limitado y la noche invitaba a observar débiles nebulosas de la región del Cisne.

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A la sombra de un gigante (M92)

Todos conocemos ejemplos de objetos que empalidecen por estar al lado de otros aún más impresionantes, y hoy vamos a ver a uno de ellos que se encuentra en Hércules. Nos referimos a M92, uno de los cúmulos globulares más brillantes que podemos encontrar, si bien cuando mencionamos la constelación del héroe griego todo el mundo piensa instantáneamente en M13.

M92 fue descubierto por Johann Elert Bode en 1777 (famoso entre otras cosas por el descubrimiento de la Nebulosa de Bode o M81). Con una magnitud de 6.3, sería incluso visible a simple vista desde un cielo especialmente oscuro. Es un cúmulo globular situado a unos 26.000 años luz de distancia, compuesto por unas 330.000 estrellas. Su metalicidad es extremadamente baja incluso para un globular, de un 0.5% en comparación con nuestro sol. La metalicidad de una estrella nos habla de la época en la que se formó. Al principio los elementos primordiales en el cosmos eran el hidrógeno y el helio (aún lo siguen siendo), pero conforme pasaba el tiempo nuevos elementos químicos fueron apareciendo en el núcleo de las grandes estrellas, sobre todo a raíz de las supernovas, en las que tenía lugar la fusión de elementos pesados. De esta manera, una estrella que se forme hoy en día tiene, en su “materia prima”, más cantidad de elementos pesados o metales. Lo que nos dice la baja metalicidad de M92 es que cuando se formaron sus estrellas en el universo apenas se podían encontrar estos metales, de forma que tuvo que ser hace mucho tiempo. De hecho, la edad de este cúmulo globular es comparable a la de la Vía Láctea, siendo probablemente el cúmulo globular más anciano del que tenemos conocimiento en nuestro vecindario.

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Sus estrellas se disponen por un área de 109 años luz de diámetro y entre su población encontramos pocas variables, habiéndose contado 28 de ellas (17 de las cuales son de tipo RR Lyrae). Su centro es tan concentrado que en los 2 minutos de arco más internos se acumula la mitad de la emisión total de luz, siendo de categoría IV en la clasificación de Shapley-Sawyer. Como curiosidad, ya sabemos que el polo norte celeste va cambiando a medida que pasa el tiempo, de manera que la Osa Polar no era tal hace 2000 años (en esa época ocupaba una zona más desplazada hacia el cuerpo de la Osa Menor). Pues bien, M92 ocupará este lugar dentro de 14.000 años.

Encontrar este increíble cúmulo es fácil siguiendo el pie de Hércules, pudiendo apreciarse fácilmente con prismáticos. Tiene un tamaño generoso, ocupando 14 minutos de arco, quedando en mi caso bien enmarcado con el Hyperion de 13 mm, a 115 aumentos. Instantáneamente se puede apreciar una miríada de estrellas que forman una esfera casi perfecta, y no hace falta un cielo muy oscuro para distinguir el fuerte gradiente que muestra. El núcleo, intenso, se resuelve con facilidad en incontables estrellas de distinto tamaño, que parecen superponerse unas con otras en una agolpada aglomeración. Su disposición es ligeramente achatada, y si observamos desde un lugar con escasa contaminación podremos distinguir unas prolongaciones que salen del núcleo hacia ambos lados, curvándose de manera que parecen las patas de un pulpo o de un arácnido, añadiendo un atractivo más a esta inmensa bola de soles.

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Planetarias en Hércules (NGC 6210, IC 4593, Abell 39)

La constelación de Hércules es famosa por M13, el gran cúmulo globular, además de M92 y alguna estrella llamativa. Sin embargo, presenta una variedad importante de objetos, pasando por nebulosas planetarias y abundantes galaxias. Hoy vamos a estudiar tres de sus principales nebulosas planetarias, cada una de un catálogo distinto.

La primera de ellas, y la más asequible a la mayoría de telescopios, es NGC 6210, también llamada la Nebulosa de la Tortuga. Con una magnitud de 8.8, pasó desapercibida al exhaustivo examen del firmamento de Wiliam Herschel, siendo descubierta en 1825 por Otto Struve, el famoso observador de estrellas dobles. Situada a unos 6.500 años luz de distancia, NGC 6210 es una planetaria que mide 1.6 años luz de diámetro y muestra una gran variedad de formas en su estructura, que se encuentra fundamentalmente formada por varias capas gaseosas que han sido expelidas en distintas fases de la estrella moribunda. Además, los vientos resultantes de la expulsión de estas capas han causado la formación de filamentos curvados que se retuercen en una maraña de gas, proporcionando una interesante imagen en fotografías de larga exposición.

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NGC 6210 es apreciable en el buscador si la noche es oscura como una estrella más, siendo visible su estructura al mirar por el ocular. A bajos aumentos ya se aprecia como una estrella borrosa, pequeña y difusa, y si la estabilidad atmosférica nos lo permite podremos ir más allá. En mi caso pude llegar hasta los 300 aumentos, corroborando su gran brillo superficial, que apenas se vio afectado. En un primer momento pude apreciar la nebulosa con una forma algo irregular, que no era claramente esférica. Tras varios minutos de adaptación y con visión lateral conseguí apreciar, en momentos de buena estabilidad, dos pequeñas y débiles prolongaciones a ambos lados que podrían interpretarse como la cabeza y la cola de la tortuga. No conseguí ver, sin embargo, la estrella central, que con una magnitud de 12.3 debería ser visible con relativa facilidad. Sin embargo, como ocurre con otras planetarias similares, el alto brillo superficial se encarga de enmascarar a la estrella. Podemos deleitarnos mientras con la cercana estrella TYC2058-280-1, un astro de espectro K, una gigante roja que brilla con un atractivo tono anaranjado.

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Tenemos que desplazarnos ahora unos 14 grados al sur, muy cerca de la cabeza de la Serpiente (aunque todavía en los dominios de Hércules) para contemplar la siguiente nebulosa planetaria, denominada IC 4593. Es más pequeña que la anterior, tanto de forma aparente como real. A unos 3500 años luz de nosotros, su diámetro apenas alcanza los 0.2 años luz, lo cual habla en favor de su relativa juventud. También presenta varias capas superpuestas entre sí, así como dos jets de material ionizado que recuerdan a los de NGC 6826. A la hora de observarla tenemos que tener en cuenta su Foto IC 4593pequeño tamaño, de unos 15 segundos de arco, por lo que puede pasar fácilmente desapercibida a bajos aumentos. En este caso sí podremos observar su estrella central, de magnitud 11, rodeada por una pequeña esfera nebulosa. A la hora de observarla no debemos olvidar lo que es ese diminuto cuerpo celeste, una estrella moribunda que está expulsando sus capas externas a una velocidad de 12 km por segundo y el futuro que le espera a nuestro sol. Además, justo al lado, compartiendo campo a 214 aumentos, tenemos una bonita estrella doble que muestra un contraste cromático interesante. Su componente principal tiene una magnitud de 8.5 y muestra un color amarillento, mientras que la secundaria, de magnitud 9.6, es claramente rojiza, ambas separadas por unos 7 segundos de arco. Son de tipo espectral A, por lo que el contraste debe ser resultado de la leve diferencia de magnitud. Sea como sea, nebulosa y estrella doble forman una estampa digna de disfrutar durante un buen rato.

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Por último, vamos a observar una de las mayores nebulosas planetarias que se conocen, así como también una de las más longevas. Me atrevería a decir que es, además, una de las más bellas que se pueden ver en fotografías. Se trata de Abell 39, que podemos encontrar a unos 5 grados de NGC 6210 en dirección a la constelación de Corona Borealis. Su pertenencia al catálogo Abell ya nos debe poner en preaviso de que necesitaremos cielos extremadamente oscuros para poder distinguirla, así que estamos advertidos. Esta planetaria es famosa por formar una esfera casi perfecta, como una pompa de jabón azulada flotando en medio del cosmos, a una distancia de casi 7000 años luz. Tiene un diámetro de 5 años luz, consecuencia de una expansión que lleva activa desde hace más de 20.000 años. Presenta pequeñas variaciones en cuanto brillo y densidad, producidas probablemente por pequeñas variaciones en la emisión de la estrella central. Ésta se encuentra levemente desviada del centro exacto, sin un motivo aparente que lo explique. Una posible razón sería que la expulsión de gas a modo de chorro podría haber desplazado la estrella como un globo que se desinfla y sale disparado. Los bordes, más densos, se van expandiendo a la vertiginosa velocidad de 35 km por segundo, así que es cuestión de tiempo que se vaya dispersando por el espacio, desapareciendo de nuestra vista de manera definitiva y dejando en su interior a la pequeña e imperecedera enana blanca. Esta estrella tiene una magnitud de 15.5, por lo que requerirá un cielo bien oscuro para distinguirla.

Foto Abell 39

A la hora de observar Abell 39 tenemos que tener en cuenta que su magnitud aparente, de 13.7, se halla repartida en una circunferencia de casi 3 minutos de arco de diámetro, por lo que es extremadamente débil. Con mi Dobson de 30 cm estuve un buen rato en la zona, probando diferentes aumentos, intentando encontrarla, sin saber muy bien por entonces cuál era su tamaño. El cambio súbito llegó al usar el filtro OIII, momento en que la nebulosa apareció por arte de magia. Débil, etérea, sólo visible con visión lateral, pero perfectamente distinguible como una esfera perfecta de bordes muy bien definidos. Su gran tamaño la hace adecuada para disfrutarla a bajos aumentos. En mi caso usé el ocular Panoptic de 2 mm, que me otorgaba unos cómodos 62.5 aumentos y mostraba un campo estelar relativamente abundante, poniendo así punto y aparte a una visita por las principales nebulosas planetarias de la constelación.

Abell 39