Complejo de nebulosas en Gemini OB1

Las estrellas no se forman de manera de aislada: nacen en el seno de una nube molecular que se va enfriando y, una vez alcanzada determinada densidad, la presión en las regiones más internas es capaz de producir la fusión del hidrógeno, dando vida a una estrella. Sin embargo, en el núcleo de estas nubes moleculares las estrellas se forman en racimos, cúmulos estelares que, con el paso del tiempo, se irán separando. Nuestro Sol corrió la misma suerte, aunque hoy apenas nos sintamos parte de ningún grupo concreto (en su momento compartimos nido con algunas de las estrellas de la Osa Mayor). Hoy vamos a conocer una región verdaderamenrte fértil, situada al norte de Orión, junto al brazo derecho del cazador. Allí tenemos no una, sino varias regiones HII que se agrupan en una singular familia, cada una de las cuales es una zona condensada de la misma nube molecular, que se denomina Gem OB1. Como su nombre indica, abarca un área importante de la constelación de Géminis, aunque en su región más meridional alcanza parte de Orión. Es una de las nubes moleculares más extensas de nuestra galaxia, con unas dimensiones de entre 500 y 800 años luz, y en ella hay hasta 13 condensaciones donde se están formando estrellas de forma activa. Podemos ver gran parte de esta nube en la siguiente imagen:

foto-sh2-255

Se sitúa en el brazo de Perseo, a unos 8000 años luz de distancia, y la zona que nos interesa hoy es un complejo de 5 regiones HII que fueron descritas por Sharpless en 1959. Sh2-254 es la más débil, así como la más extensa, ionizada por HD 253247, una estrella de tipo espectral O9.5. Las dos nebulosas más brillantes son, sin lugar a dudas, Sh2-255 y Sh2-257, ambas visibles con instrumentos de mediano calibre. Sh2-255 también es conocida como IC 2162, y fue descubierta con anterioridad por Edward Barnard, en 1890. Un filtro UHC ayuda a observar estos cuerpos, aumentando el contraste del hidrógeno ionizado que conforma las nubes. Entre estas dos últimas nebulosas se encuentra un cúmulo abierto cuyas estrellas apenas han visto la luz. Son tan jóvenes que aún se encuentran envueltas en la nebulosa de la que están naciendo, siendo por tanto invisibles a nuestros ojos. El telescopio Spitzer, sin embargo, es capaz de atravesar este caparazón con sus ojos sensibles al infrarrojo, de manera que puede mostrarnos los astros en su más temprana edad. Deberán pasar unos cuantos años hasta que podamos verlos con nuestros propios ojos (desde unos cientos de miles hasta unos pocos millones de años, apenas un suspiro cósmico…). Los cuerpos más jóvenes se denominan YSO, del inglés “Young Stellar Objects”, y su estudio puede proporcionarnos valiosa información sobre el origen de las estrellas. Sh2-256 y Sh2-258 son otras dos de las nebulosas de este complejo, bastante débiles como para ser apreciadas con nuestros telescopios, si bien no son difíciles de fotografiar, presumiendo de ese tono rojizo tan típico de las guarderías estelares. Hay al menos otros 6 cúmulos escondidos entre estas regiones, ocultos por las masas de gas que los están formando, de manera que en poco tiempo habrá toda una hueste de cúmulos abiertos con los que disfrutarán nuestras futuras generaciones.

Este complejo de nubes se encuentra a los pies de Géminis, justo rozando el brazo derecho que alza Orión mientras apunta con su arco al oeste. Las dos nebulosas más brillantes son relativamente fáciles de ver, dispuestas alrededor de dos brillantes estrellas como pequeñas manchas algodonosas extremadamente tenues, que aumentan su contraste con el fondo cuando usamos un filtro UHC. La zona en conjunto alcanza unas dimensiones de hasta 50 minutos de arco, de manera que nos beneficiaremos de oculares de gran campo aparente. En mi caso usé un ocular de 22 mm y dos pulgadas, acompañado de un filtro UHC. Sh2-255 aparecía algo más brillante, redondeada alrededor de su “estrella central”. A su lado, Sh2-257 destacaba también como una nube circular, más definida al usar visión periférica. Algunas estrellas salpicaban su superficie, como si quisieran formar parte de un marco familiar, aunque no sabría decir si pertenecen al complejo nebuloso. Sh2-254 fue la sorpresa de este grupo, ya que pude distinguirla, con suma dificultad, a continuación de las dos anteriores. Con un tamaño algo mayor, sólo pude ver una de sus regiones, extremadamente débil y etérea, pero claramente visible en los momentos de mayor adaptación a la oscuridad. No podía dejar de mirar ese interesante trío fantasmagórico, pensando en lo pequeño que podía llegar a parecer algo tan importante como el germen de la vida de una estrella.

Sh2-254.png

Os dejo la siguiente versión de la imagen con los nombres incluídos:

sh2-254-detalles

De la mano de Pollux

Géminis se va ocultando estas noches antes cada vez, aunque todavía, si observamos a primera hora de la noche, estamos a tiempo de ver algunos de sus objetos. En este caso vamos a dar un paseo por la pierna del gemelo meridional, aquel cuya cabeza podría considerarse como la estrella Pollux. Podemos comenzar por NGC 2392 (la Nebulosa del Esquimal) o por la pareja que forman Abell 21 y NGC 2395. Nuestro primer objetivo es un cúmulo abierto llamado NGC 2355. Lo observé desde un cielo relativamente contaminado, al lado de Granada, pero cuando el hambre aprieta…

NGC 2355 es uno de esos cúmulos abiertos que podríamos definir como  maduros. Con una edad de más de mil millones de años, pertenece al 7% de cúmulos abiertos con más de 600 millones de años (tomando como referencia la edad de las Hyades). Al igual que muchos de estos cúmulos “ancianos”, NGC 2355 ocupa un lugar en el plano galáctico relativamente elevado, de manera que no sufre las inclemencias o procesos de marea típicos de lugares más centrados, que habrían dispersado, con casi total seguridad, sus componentes. Se encuentra a unos 5400 años luz de nosotros y, con una magnitud de 9.7, es fácilmente visible con instrumentos de aficionado. Tiene unas 140 componentes, aunque visualmente nos conformaremos con bastantes menos. Desde el cielo contaminado conseguí ver unas 30 o 40 estrellas dispersas por un espacio de 7 minutos de diámetro, con una curiosa neblina de fondo que no es más que la suma de las estrellas más débiles.

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El siguiente paso nos lleva mucho más lejos, a una galaxia lenticular que se encuentra a la respetable distancia de 90 millones de años luz. A pesar de estar, aparentemente, muy cerca del anterior cúmulo, NGC 2350 cae en los dominios del Can Mayor. Como ya hemos comentado en otras ocasiones, una galaxia lenticular es aquélla que comparte características con las espirales y con las elípticas. Poseen un disco galáctico, aunque sus estrellas no se disponen en forma de brazos en espiral, ya que han perdido todo el polvo y el gas interestelar. Mide 1.3 x 0.7 minutos de arco, lo cual corresponde a unos 35.000 años luz de diámetro. Estamos, pues, ante una galaxia pequeña y débil, con una magnitud 14, que hará casi imposible  distinguirla bajo cielos contaminados. En mi caso me resultó extremadamente difícil, aunque intuyo que bajo cielos oscuros no supondrá mayor problema. Necesité usar 300 aumentos para tener un mayor contraste con el cielo lechoso, y tras veinte minutos al ocular comencé a notar una tenue mancha difusa, de bordes poco definidos, como un fantasma con forma alargada.

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Por último, vamos a abordar un objeto mucho más agradecido bajo cielos suburbanos. Se trata de una bonita estrella doble que presenta un delicado contraste cromático. Es 38 Geminorum, una pareja de soles que se sitúan a 83 años luz de distancia y tardan casi 2000 años en dar una vuelta completa. La principal es de magnitud 4.7, mientras que la secundaria presenta una magnitud de 7.8, separadas ambas por 7 segundos de arco. Si hablamos del color, tendremos que hacerlo con reservas. Aunque ambas son de tipo espectral F, la mayor parte de la gente coincide en otorgar a la primaria un tono amarillento, mientras la secundaria posee un tono azulado. Sin embargo, no todo el mundo comparte esa opinión. Personalmente me sorprendió el tono amarillento y anaranjado de la secundaria, que contrastaba enormemente con el blanco pálido de la principal. Al parecer son varios los aficionados que afirman ver tonalidades rojizas en la pequeña estrella secundaria, muestra de la variabilidad que existe entre distintos ojos. Sea como sea, 38 Gem es una doble que bien merece nuestra atención, aunque sólo sea para comprobar de qué color vemos a la secundaria.

Doble - 38 gem.png

Pueden parecer objetos poco interesantes, sobre todo después de las grandes galaxias de la primavera o los cúmulos de Invierno que ya hemos visto, pero después de muchas semanas de nubes, ver estas manchas en un cielo relativamente estrellado se agradece como agua de mayo.

Medusa espacial (IC 443)

La constelación de Géminis contiene, curiosamente, dos medusas en su interior. Por un lado tenemos a la medusa mitológica, con su cabellera plagada de serpientes, representada por la nebulosa Abell 21. Por otro, tenemos a la verdadera medusa del reino animal, con tentáculos que se contornean a través de un espacio lleno de vida. Ésta última se denomina IC 443 o Sh2-248, situada a los pies de Géminis, a unos 5.000 años luz de nosotros.

Foto IC 443

Fotografía de Juan Antonio Sánchez JASP, Granada.

Es el resultado de una de las mayores catástrofes que podemos encontrar a nivel cósmico, el remanente de una supernova que explotó hace 30.000 años (aunque algunos estudios sugieren una edad más temprana, de hasta 3.000 años), en medio de una región HII llena de gas. La estrella original debía tener una masa 20 veces mayor que la del sol, y al quedarse sin combustible interno la gravedad ganó la partida y se produjo un colapso tan rápido que la mayor parte de la estrella salió despedida en todas direcciones, dispersándose en medio de una espectacular explosión. Todo el hidrógeno y helio que formaba las capas externas de la estrella se encuentran hoy flotando en el medio interestelar, componiendo bellas formas a medida que se alejan de la estrella, como ondas de agua al tirar una piedra a la charca. Su diámetro actual llega a alcanzar los 70 años luz, motivo por el cual su brillo superficial es tan bajo, ocupando en nuestro cielo unos 50 minutos de arco. Está compuesta por dos capas principales en forma de caparazón, y un vistazo rápido a cualquier fotografía deja entrever que hacia uno de sus lados la densidad es mucho mayor que en el extremo puesto. Esto es debido a la diferencia de densidad de la región HII que la rodea, que se opone de distinta manera a la expansión de IC 443.

La estrella que dio lugar a este espectáculo celeste no se encuentra en el punto más céntrico, sino un poco más al sur, y es una estrella de neutrones que gira a enorme velocidad, de manera similar a la estrella de M1, la Nebulosa del Cangrejo. Ésta última se clasifica como Plerión, una estrella de neutrones que produce inmensos vientos que son los responsables de moldear el gas circundante. Sin embargo, en IC 443 el principal elemento escultor es el calor generado por la supernova, aunque también produce corrientes de viento relativamente rápidas. La estrella de neutrones se denomina CXOU J061705.3+222127, y no es la única supernova que se ha dado a conocer en el barrio. De hecho, estudios recientes han puesto en evidencia la presencia de una tercera capa gaseosa, más débil y escondida entre las otras dos, que corresponde a la explosión de otra supernova que ocurrió hace unos 100.000 años. ¿Veremos alguna de estas maravillas en el lapso de tiempo que nos ha tocado vivir?

La brillante estrella roja que yace al lado de IC 443, de magnitud 3.2, es Eta Geminorum, conocida como Propus o Tejat Prior. Es una gigante roja de tipo espectral M3 situada a 350 años luz de nosotros. Su fría temperatura de 3.600 grados centígrados traduce esa tonalidad tan intensa que podemos contemplar con cualquier instrumento y que añade un toque de gracia a la observación de la nebulosa. Como complemento, Propus es una estrella doble con una componente de magnitud cercana a 9 situada a 1.4 segundos de arco, con lo cual necesitaremos una atmósfera estable si queremos separarlas.

IC 443

Para ver IC 443 a través de un telescopio necesitamos un cielo suficientemente oscuro, ya que su brillo superficial es extremadamente bajo. Su magnitud 12 se halla dispersa por un área demasiado extensa. Un filtro OIII será indispensable para poder saborear, aunque sea, una pequeña porción de la nebulosa. Llevaba un tiempo intentando ver esta nebulosa. Varias veces en el último invierno había apuntado a la zona con la esperanza de distinguir la más mínima anomalía en la negrura del cielo, pero no tuve suerte. Sin embargo, a principios de abril me encontré bajo un millar de estrellas en uno de los lugares más oscuros que he conocido hasta ahora, al sur de Granada. Géminis ya iba camino de acostarse dejando prioridad a la primavera, pero todavía estaba a tiro de piedra, así que apunté el telescopio a sus pies convencido de que esa noche sería distinto. Y no me equivoqué. Una vez en la zona, me fui directo al lugar donde se sitúa la porción más brillante, y miré a través del ocular de 44x. Un montón de estrellas poblaban el campo, pero no había rastro de IC 443. Sin embargo, tenía conmigo la herramienta principal, así que coloqué el filtro OIII y volví a mirar por el ocular. El número de estrellas disminuyó drásticamente, pero en seguida pude notar, con emoción, un jirón difuso, una débil nebulosidad alargada que siempre había permanecido invisible a mis ojos. “Ahí estás, por fin”, le dije sonriendo. Con el paso de los minutos, mientras disfrutaba de su visión, pude percibirlo de una forma más extensa, como un filamento ancho que ocupaba casi la mitad del campo. No pude cerrar el círculo como se aprecia en las fotos, pero quedé más que satisfecho. Todos tenemos nuestros “némesis”, objetos que se nos resisten una y otra vez, y cada vez que conseguimos cazar uno es motivo para sentirnos algo más llenos por dentro. No hay que desesperar, no hay prisa para verlo todo, esa es la suerte de la que goza la astronomía. Pero eso sí, tenemos que estar atentos y aprovechar los cielos verdaderamente oscuros para buscar esos esquivos objetos

La cara de Géminis (NGC 2392)

Si hay algo que uno va aprendiendo conforme ve más y más objetos celestes es que el cosmos es un artista caprichoso, dejándonos en ocasiones imágenes que desafían nuestra imaginación. La entrada de hoy habla sobre NGC 2392, conocida como la Nebulosa del Esquimal o Nebulosa del Payaso, una espectacular nebulosa planetaria que fue descubierta en 1787 por William Herschel. Pero antes de enfrascarnos en ella tenemos que parar en una estación a medio camino, una parada que merece la pena hacer para repostar energía.

Se trata de Wasat (del árabe “mitad”) o delta Geminorum, la estrella que nos servirá como referencia y que marca la cintura de uno de los gemelos. Es una interesante estrella triple con sus componentes más brillantes separadas 5.7 segundos de arco, situadas a 59 años luz de nosotros. La estrella principal, de magnitud 3.53, es de tipo espectral F0, una subgigante que va camino de convertirse en gigante a medida que consume su hidrógeno. Tiene, a su vez, una pequeña estrella orbitando a su alrededor a 0.20 segundos de arco. La estrella secundaria es una enana roja de tipo espectral K6 y magnitud 8.2, por lo que el contraste de colores está garantizado. Gira alrededor de sus dos compañeras a 100 unidades de arco, en un baile a tres que lleva ocurriendo desde hace más de mil millones de años.

Doble - Wasat.png

Wasat ha sido parte de la historia de la astronomía como testigo de uno de los eventos más importantes del siglo XX, y es que ocupa un lugar prácticamente en la elíptica, por lo que sufre acercamientos de planetas continuamente, incluso ocultaciones cada más tiempo (Venus la ocultará en 2420. No estaremos ahí para verlo, pero nada nos impide simularlo en algún programa informático). En 1930 fue testigo, como decíamos, del descubrimiento de Plutón, ya que el planeta enano se encontraba a apenas medio grado de arco de la estrella. Wasat fue, por tanto, portada de periódicos, libros y revistas que han pasado a la posteridad. Como quien visita un lugar histórico, intentemos rememorar la imagen de ese pequeño punto de magnitud 14 al lado de esta brillante estrella, y la emoción de Clyde Tombaugh cuando comprobó que, efectivamente, se movía con respecto a las estrellas.

Pluto

Después de visitar a esta histórica estrella no tenemos más que descender unos 2 grados al sureste para encontrar a NGC 2392. Su distancia es algo indeterminada, ya que según el método que se use el resultado varía en un rango entre 2.000 y 4.000 años luz. Lo que vemos en ella es una estrella en proceso de convertirse en enana blanca, proceso que comenzó hace unos 10.000 años, cuando la estrella pasó a ser una gigante roja, debido al agotamiento de sus reservas de hidrógeno. Al carecer de la energía suficiente, la estrella se enfrió, expandiéndose sus capas externas y formando una esfera a su alrededor. Algunos estudios defienden la presencia de un disco de material alrededor de la estrella, de forma que cuando se expandió el material más denso también lo hizo, convirtiéndose en esos filamentos de aspecto cometario que podemos ver en la fotografía. Acto seguido la estrella comenzó a colapsar, provocando fuertes vientos de millones de kilómetros por hora y la emisión de dos lóbulos gaseosos que salieron de forma bipolar. Desde nuestra posición no podemos ver los dos lóbulos independientes porque se sitúa de frente a nosotros, de manera que ambos se sobreponen y nos aparecen como una esfera rodeando a la estrella. De hecho, ni siquiera adoptan una forma completamente circular, sino que las fuertes corrientes de la estrella esculpen los lóbulos otorgándoles unos lados algo más rectilíneos. Estos mismos vientos son, al parecer, los responsables de arremeter contra el material que la estrella expulsó hace más tiempo, formando tras de sí una especie de cola que les da el aspecto de decenas de cometas apuntando al núcleo.

Foto NGC 2392

Por tanto, en esta cara estelar tenemos tres diferentes elementos reseñables. Por un lado la envoltura gaseosa, reflejo de la expansión de la estrella central a medida que se iba enfriando y convirtiendo en una gigante roja. Por otro, una especie de corona inmersa en la envoltura gaseosa, hecha de materiales más densos que formaban parte de un disco circumestelar y que vemos ahora “desde arriba”, erosionados por el viento estelar. Por último la región nebulosa central que está formada por dos lóbulos superpuestos desde nuestro punto de vista. Todos estos gases están siendo ionizados por la estrella central, que además guarda otra sorpresa. Estudios recientes del Instituto de Astrofísica de Andalucía han descubierto que la cantidad de rayos X emitidos por la nebulosa son demasiado elevados teniendo en cuenta los vientos emitidos por la estrella central, de lo que se infiera la existencia de una componente binaria que hasta ahora no ha podido ser observada por métodos directos. De esa manera finalizaríamos este interesante puzle, que se presta a su observación con instrumentos de cualquier abertura.

Es visible con prismáticos como una diminuta estrella de magnitud 10. Incluso modestos telescopios a bajo aumento no lograrán vislumbrar nada más que una pequeña estrella borrosa. Pero será al usar mayores aumentos cuando la nebulosa cobre vida, y una mayor abertura permitirá distinguir los rasgos internos que la hacen tan particular. Con el Dobson de 30 cm, a 125 aumentos la visión ya es soberbia. La estrella central brilla con fuerza, rodeada por un anillo gaseoso que, a su vez, se encuentra envuelto por una corona más débil. Sin embargo, la nebulosa nos pide usar más aumentos. A 300 aumentos la imagen es sobrecogedora. Nos damos cuenta, entonces, de la región central no es un círculo perfecto ni mucho menos, sino que forma una especie de trapecio con los bordes curvados. Una visión más atenta revela que el borde este trapecio se encuentra engrosado en algunos lados, y fuera de él encontramos la corona, separada por un pequeño pasillo oscuro alrededor de la nebulosa interna. Este pasillo oscuro al principio no se distingue, pero con un poco de esfuerzo y visión indirecta comienza a aparecer discretamente. La corona es circular, y con la visión adaptada se llega a percibir que no es perfectamente homogénea en su interior. En los momentos de mayor estabilidad aparece una especie de zona más densa en el lado superior del trapecio, opuesto a la estrella más brillante del campo. Dicha densidad da la sensación de ser algo “grumosa”, y sin duda contribuye a la imagen de esquimal que dan las fotografías, como si fuera la parte superior de la capucha del parka. El filtro OIII resalta todos estos detalles, de manera que sin él es bastante difícil poder ver esas condensaciones de la corona. Estoy seguro de que con mayor estabilidad atmosférica se apreciarán más detalles, y eso es lo bueno de la astronomía, que siempre va a haber ocasión para mejorar la observación.

NGC 2392

Un esquimal, un payaso, un león… Sea lo que sea que uno vea en ella, NGC 2392 es una pieza de museo única e irreproducible, muestra de lo dinámico que puede llegar a ser el cosmos.

Planetarias en Géminis (Abell 21 y NGC 2371)

La constelación de Géminis, inmersa en plena Vía Láctea invernal, ofrece al aficionado una innumerable variedad de objetos para todos los gustos, de forma que tardaríamos una eternidad en verlos todos. Como hay que ir poco a poco, abrimos sus páginas con la observación de dos nebulosas planetarias, cada una especial a su modo a pesar de no ser frecuentemente visitadas.

La primera de ellas se encuentra cerca de los pies de esta constelación y es Abell 21, más conocida como la “nebulosa de la Medusa”. Este nombre le viene dado por su aspecto en las fotografías de larga exposición, en las que pueden apreciarse largos filamentos que recorren su superficie de forma semicircular, como si fueran las serpientes que poblaban la cabeza de la Gorgona. Situada a 1.500 años luz de nosotros, Abell 21 tiene una extensión estimada de más de 3 años luz, lo cual es indicativo del avanzado estado evolutivo por el que está pasando la estrella central que, convertida en enana blanca, está próxima a exhalar su último suspiro. La magnitud otorgada de 7.68 nos puede llevar a error, ya que  se halla repartida por más de 10 minutos de arco de diámetro. Sus regiones más brillantes adoptan una forma de luna creciente, si bien las regiones más tenues se expanden más allá de forma difusa y etérea.

Foto abell 21.jpg

Es fácil de encontrar en estas noches en las que Géminis se eleva rápidamente en el cielo hasta una altura cómoda. Con mi Dobson 300 cm pude apreciarla muy ligeramente a 65 aumentos sin ningún tipo de filtro, nada más asomar la mirada al ocular, aunque era tan tenue que parecía más bien como si esa región sufriera una intermitente y localizada contaminación lumínica. Sin embargo, al colocar el filtro OIII la nube saltó a la vista inmediatamente, dejándose ver con unos bordes bien nítidos que le otorgaban el aspecto de luna creciente, abierta hacia la izquierda, con varias estrellas inmersas en su interior (una de ellas más brillante, como si fuera el ojo de un fantasma del juego Pac-man). El filtro UHC no fue tan eficaz, aunque se podía apreciar algo mejor que sin filtro. Con visión periférica la densidad de la nebulosa aumentaba, y entonces, sorprendido, noté por segundos cómo la zona ahondada parecía brillar con una débil nebulosidad, adoptando durante esos instantes la nebulosa una forma redondeada. La emoción momentánea me hacía perder esa sensación, pero en cuanto relajaba la vista podía volver a repetir el proceso y ahí estaba, la forma de croissant más marcada que, por momentos, se rellenaba para formar una ensaimada. No pude distinguir los filamentos que componen su cabellera, supongo que necesitarán unos cielos mucho más oscuros, pero desde luego no puedo quejarme, ya que no todos los días se encuentra una nebulosa tan amplia y tan reactiva a los filtros.

Abell 21.png

Abell 21 cuenta, además, con otro añadido, y es que comparte campo con un cúmulo abierto, ambos visibles a la vez en un ocular relativamente amplio. Este cúmulo es NGC 2395 y, con unos 12 minutos de arco de diámetro, es una agrupación de estrellas más bien pobre, con una veintena de ellas que se disponen con una densidad pequeña y sin forma característica. De hecho, por sí sólo carecería de mayor interés, pero el hecho de compartir espacio con un objeto de categoría hace que su visión sea mucho más interesante.

El último objeto de esta observación tFoto 2371iene trampa, ya que recibe su nombre como si fueran dos objetos distintos, NGC 2371 y NGC 2372, tal y como le ocurre a M76 por el hecho de ser bilobulada. De la misma manera, esta nebulosa planetaria presenta dos regiones claramente diferenciadas que explican el equívoco. Las modernas fotografías nos muestran una imagen espectacular, con una estrella central que se encuentra flanqueada por dos masas de gas de color verde y azulado, así como dos “alas” que parecen ser parte de la onda expansiva que genera la estrella. En las masas gaseosas podemos apreciar unos puntos más brillantes en forma de jets, material que ha sido  expelido por la estrella central de forma bipolar (algo similar ocurría, por ejemplo, en NGC 6826). NGC 2371 flota en el espacio a una distancia de unos 4.000 años luz y tiene una magnitud aparente de 13, a pesar de lo cual presenta un alto brillo superficial gracias a su pequeña extensión, de unos 55 segundos de arco.

Foto 2371 2

Situada cerca de Cástor, alfa Gemini, visitar NGC 2371 es un buen pretexto para echarle un ojo a esta brillante estrella de magnitud cercana a 2, que un ocular de aumento mediano revelará como dos componentes amarillentas y brillantes, como dos gemelas que transmiten una gran fuerza al observador. Más adelante dedicaremos un merecido espacio a esta interesante doble, ya que guarda muchos más secretos. NGC 2371 es fácilmente apreciable por el Dobson 30 cm a cualquier aumento, quedando patente fácilmente su naturaleza bipolar. A 125x la imagen, pequeña y bien definida, pedía a gritos un acercamiento, así que coloqué el ocular de 5 mm. A 300 aumentos la cosa es bien distinta, y quedé sorprendido por la gran cantidad de detalle que ofrece esta planetaria. Para empezar, las dos masas de gas parecen más separadas que a menores aumentos, y entre ambas brilla la delicada estrella, en el límite del alcance del telescopio pero fácilmente visible con visión periférica (su magnitud aparente es de 14.8).

NGC 2371

Además pude comprobar que las dos masas de gas no eran tan regulares como parecían en un primer momento. La superior, más pequeña y brillante, con una forma más redondeada. La inferior, si bien algo más débil, parecía más alargada y curvada, sobre todo tras pasar un buen rato tras el ocular, con la visión totalmente adaptada a la oscuridad. No fue la mejor noche en cuanto al cielo, ya que una fina capa de nubes altas transmitía la contaminación de Granada a toda la esfera celeste. Sin embargo reinaba una estabilidad atmosférica como pocas he podido disfrutar, y la visión de esta nebulosa a 300 aumentos es algo que no se olvida fácilmente. Géminis guarda aún muchos tesoros que ofrecer, y poco a poco iremos descubriéndolos.