El grupo galáctico de NGC 3158

Vamos a volver a sumirnos en las profundidades del cosmos, esta vez en los dominios de la constelación Leo Menor. Allí, muy cerca de las patas traseras de la Osa Mayor, vamos a disfrutar de un lejano grupo de galaxias que se sitúan a la considerable distancia de 282 millones de años luz. La protagonista del grupo es NGC 3158, una colosal elíptica a cuyo alrededor se sitúan las más de 30 componentes que forman esta familia. Es un claro ejemplo de elíptica cD, aquellas que encontramos en los centros de las agrupaciones galácticas y que rigen la dinámica de éstas. En la siguiente imagen podemos comprobar el potente efecto que transmite NGC 3158.

Foto NGC 3158

La gran elíptica domina el centro del cúmulo, y resulta llamativo contemplar todas esas pequeñas manchas que se arremolinan a su alrededor. Su destino está claro, pasando a formar parte, como tantas otras ya lo habrán hecho, del menú de NGC 3158. Las dimensiones de esta galaxia son muy superiores a nuestra galaxia. Si tenemos en cuenta sus zonas más densas, resulta tener un diámetro de unos 170.000 años luz, aunque su halo llega más allá, alcanzando incluso los 300.000 años luz de diámetro. A ello han contribuido, sin duda, las galaxias canibalizadas a lo largo de los últimos miles de millones de años. Su magnitud de 11.9 le permitió ser descubierta por William Hersechel en 1787, siendo la mayoría de las otras galaxias descubiertas por el francés Guillaume Bigourdan en 1886 (algunas otras necesitaron del telescopio de 72 pulgadas de Lord Rosse).

Casi todas las galaxias apreciables con instrumentos de aficionado son de tipo elíptico, destacando por contraste NGC 3160, una espiral que apreciamos de canto. Con una magnitud de 14.3 y una longitud de 1.3 minutos de arco, supone una bonita aunque débil disparidad ante el resto de galaxias. Una banda oscura y plumas a ambos extremos sugieren una interacción reciente con algunas de las otras galaxias. Del resto, NGC 3163 es la más brillante, una elíptica de magnitud 13.3 (también descubierta por Herschel) cuyo halo no es del todo regular, presentando un abombamiento, fruto, igualmente, de interacciones intergalácticas: en este baile cósmico todas participan.

NGC 3158.png

Las demás galaxias visibles con un Dobson de 30 cm requieren cielos bien oscuros, pudiendo apreciarse tres elípticas alineadas: NGC 3161, NGC 3159 y NGC 3151. Todas ellas aparecían como pequeñas manchas difusas, visibles con visión periférica, siendo NGC 3161 la más débil, con diferencia, con una magnitud de apenas 14.5. Sería interesante poder apreciar el batiburrillo de pequeñas galaxias que rodean a la principal, NGC 3158, aunque tendremos que conformarnos con apreciarlas en fotografías. Aun así, las 6 galaxias que pude distinguir con mi Dobson me dejaron con un buen sabor de boca, especialmente con el contraste de la espiral NGC 3160, que parecía desafiar al resto de sus compañeras.

NGC 3158 detalles

En el reino de las grandes galaxias (M59 y M60)

El cúmulo de Virgo está repleto de objetos descubiertos por Messier, pudiendo encontrar 16 de ellos. Hoy vamos a estudiar una de estas fascinantes galaxias situada al este del cúmulo, conocida ya en 1779, cuando Johann Gottfried Koehler la descubrió mientras observaba un cometa que pasaba por la región. Curiosamente, Messier la observó por primera vez tres días después, motivado también por el mencionado cometa, catalogándola como M60. Un siglo después, el almirante Smith distinguió a su compañera, NGC 4647, y sugirió que podrían ser una pareja de lejanos universos compuestos a su vez por numerosas estrellas, girando uno alrededor del otro: no estaba lejos de la realidad.

Foto M60.jpg

Crédito: Adam Block

M60 es una galaxia gigante elíptica, situada a 55 millones de años luz y con un diámetro que supera los 120.000 años luz. Cuenta en su haber con la inmensa cantidad de un trillón de estrellas (el triple que nuestra galaxia, a groso modo) y se ha convertido en la tercera galaxia más brillante del cúmulo de Virgo, justo por detrás de M87 y M49. Como muchos de estos gigantes, M60 cuenta con una gran cohorte de cúmulos globulares, estimándose su población en 5800. Está rodeada, a su vez, por numerosas galaxias satélite, destacando especialmente M60-UCD1. Es una galaxia enana ultracompacta que, con apenas 300 años luz de diámetro, tiene una masa de 140 millones de estrellas. En su interior reside un agujero negro supermasivo con un 15% de dicha masa, siendo probablemente el mayor agujero negro en proporción a su galaxia huésped. Esta pequeña galaxia parece haber sido, en su juventud, una galaxia masiva, pero encuentros repetidos con M60 hace unos 10.000 millones de años causaron su progresiva desnutrición, alimentando a su compañera como tantas otras galaxias satélite. M60-UCD1 es, por cierto, una de las galaxias más densas que existen, con un centenar de estrellas por año luz cúbico. Es, por tanto, como un inmenso cúmulo globular: el corazón de un monstruo ya extinguido.

Hubble image of Messier 60 and M60-UCD1

M60 y M60-UCD1

Volvemos a la gran M60, que guarda alguna que otra sorpresa. En su núcleo reside un inmenso agujero negro, con una masa estimada entre 3400 y 4500 millones de masas solares, convirtiéndose en uno de los mayores conocidos. Sin embargo, dicho agujero negro no es suficiente para explicar la velocidad de sus estrellas, gracias a lo cual se ha deducido la presencia de un halo de materia oscura bastante considerable. En las zonas más cercanas al núcleo, sin embargo, la batuta la siguen llevando las estrellas y el agujero negro, por lo que es probable que la materia oscura se encuentra dispersa a lo largo de toda la galaxia e incluso más allá.

Al lado de M60 podemos ver una bonita galaxia espiral, a apenas 2.5 minutos de arco de distancia, denominada NGC 4647. Su presencia motivó a Halton Arp a incluir ambas galaxias en su catálogo de galaxias peculiares bajo el número 116. El desplazamiento al rojo nos indica que NGC 4647 está algo más alejada de nosotros que M60, a un máximo de 10 millones de años luz de ella, a pesar de lo cual están gravitacionalmente ligadas entre sí. Durante mucho tiempo esta idea se desechó, ya que su apariencia es totalmente inmaculada, no se aprecian brazos retorcidos ni los signos típicos de interacciones intergalácticas. Sin embargo, en 2012 el Telescopio Espacial Hubble encontró algunas zonas en las que ambas galaxias estaban intercambiando estrellas, captando in fraganti el comienzo de una nueva y longeva relación.

Otras galaxias pueblan el campo, pudiendo apreciar otra considerable galaxia del catálogo Messier, M59, también conocida como NGC 4621. A caballo entre las galaxias elípticas y las lenticulares, M59 ha sido motivo de discusión desde hace tiempo. La principal razón es que, aunque posee todas las características de una galaxia elíptica, cerca de su núcleo contiene un disco de estrellas, algo distintivo de las Foto M59lenticulares. Se encuentra a 60 millones de años luz y su tamaño, menor que M60, se estima en unos 90.000 años luz. Posee, así mismo, un importante número de cúmulos globulares, alcanzando los 2200 (nuestra galaxia, con poco más de 150, empalidece ante estas cifras). La característica más llamativa de M59 quizás sea que su disco de estrellas, de unos 200 años luz de radio, gira en sentido opuesto al del resto de la galaxia. Como hemos visto en otras entradas, este comportamiento podría deberse a una anterior fusión entre dos galaxias, de manera que la rotación de una de ellas se mantiene a pesar del ajetreo. En el núcleo de M59 habita, como podemos imaginar, otro agujero negro supermasivo, esta vez con una masa de 270 millones de masas solares. Puede parecer poco comparado con M60, pero no olvidemos que el agujero negro de nuestra Vía Láctea contiene tan sólo 4 millones de masas solares…

Al ocular estas galaxias no muestran detalles especialmente llamativos. Con una magnitud de 8.8, M60 se lleva el protagonismo, apareciendo como una brillante esfera nebulosa con un centro especialmente intenso, pequeño y redondeado. Con un poco de imaginación, uno puede sentir la fuerza que desprenden sus 5800 cúmulos globulares o su inmenso agujero negro. NGC 4647, a su lado, brilla tímidamente como una débil mancha redondeada, sin rastro aparente de sus brazos espirales, aunque el contraste con su compañera no deja de ser atractivo. Al otro lado tenemos a M59, en la que se adivina cierta forma alargada. No muestra un núcleo tan destacado como M60, sino que presenta un brillo homogéneamente disperso, más tenue. Por último, tenemos una cuarta galaxia que se cuela en el ocular, NGC 4638, que parece implorar algo de atención entre tanta galaxia brillante. Es bastante débil, con una magnitud de 11.1, y presenta, de nuevo, características intermedias entre galaxias lenticulares y elípticas. A la vista, sin embargo, no es más que una nubecilla muy difusa y sin forma aparente que, a pesar de ello, contribuye a dar sensación de profundidad al marco del que forma parte.

M59

Sorpresas en la Osa Mayor (NGC 3718 y HCK 56)

La Osa Mayor vuelve a estar en una posición privilegiada para que los observadores del norte disfrutemos de sus infinitas galaxias, y tantas tiene que siempre hay alguna que nos sorprende. Hoy vamos a ver varias de ellas que se engloban en el mismo campo del ocular, y cada una tiene un encanto propio. El vientre de la osa marca la posición de estas galaxias, pudiendo usar NGC 3718 como referencia. Es ésta una galaxia maravillosa, también conocida como Arp 214, que despliega toda la elegancia que una espiral barrada puede permitirse. Sus dos prominentes brazos se encuentran especialmente abiertos y muestran una gran simetría entre sí. Su anómala disposición es fruto de una interacción con otra galaxia en un pasado no muy lejano, otra espiral cercana que se denomina NGC 3729 y que se sitúa a apenas 150.000 años luz de ella. Sus brazos desperdigados cuentan con algunas condensaciones azuladas, lugares de formación de estrellas que brillan con intensidad y resaltan con respecto al resto de la galaxia. El núcleo, amarillento, es residencia de estrellas de mayor edad, aunque cuenta con un elemento que lo caracteriza de forma muy llamativa: hay una interesante banda de polvo oscuro que divide el núcleo en dos, visible con telescopios de gran apertura. Tras su sombra, miles de estrellas están naciendo en el momento actual, o más bien hace 52 millones de años, el tiempo que sus fotones han tardado en llegar a nuestros ojos.

Fue descubierta por Herschel en 1789, y su núcleo está al alcance de pequeños telescopios (con una magnitud visual de 11), aunque conforme aumentemos la apertura podremos ver más y más detalles. Con mi Dobson de 30 cm quedé sorprendido del brillo central de la galaxia, y en seguida comencé a notar que su luz no era completamente homogénea. Tras unos minutos de adaptación pude comprobar que el núcleo parecía tener dos regiones más luminosas, que se disponían a modo de número “8”, y más tarde comprendí que dicho efecto era debido a la presencia de la banda oscura  central. No tuve conciencia de haber visto la banda en sí, aunque pude distinguir las dos zonas más brillantes que dejaba a ambos lados. La segunda sorpresa vino más adelante, cuando mis ojos fueron capaces de detectar sus dos brazos principales, casi invisibles, apreciables durante unos pocos segundos, como dos prolongaciones que se alejaban del núcleo en direcciones opuestas. El más brillante era el que se acercaba a dos cercanas estrellas, pero a pesar de ello tuve que sudar para disfrutarlo.

NGC 3718 no es la única recompensa que ofrece el cielo en este campo de estrellas, sino que podemos aspirar a localizar una interesantísima agrupación galáctica. El grupo compacto Hickson 56, también conocido como Arp 322, se sitúa al lado de NGC 3718, si bien se encuentra mucho más alejado desde nuestra posición, a unos considerables 425 millones de años luz. Podemos entender, por tanto, la dificultad de su observación. Juntas, forman una hilera que se extiende por 90 segundos de arco de espacio, lo cual equivale a 48.000 años luz a la distancia considerada. No figuran en el catálogo NGC ni en el IC, lo cual da una idea de su debilidad. Son las siguientes:

-Hickson 56a: MGC+09-19-113

-Hickson 56b: UGC 06527

-Hickson 56c: PGC 35618

-Hickson 56d: PGC 35615

-Hickson 56e: PGC 35609

Foto HCK 56.jpg

Crédito: DSS II

Su magnitud oscila alrededor de la 15, siendo HCK 56d la más débil, con una magnitud de 16.8. Estas galaxias por sí mismas serían prácticamente inapreciables si estuvieran aisladas unas de otras, y carecerían de interés, pero la unión hace que reluzcan con entidad propia. HCK 56b y HCK 56d son emisoras de ondas de radio, probablemente por una importante proliferación estelar, mientras que HCK 56a y HKC 56d son galaxias Seyfert, portadoras en su núcleo de un agujero negro supermasivo. HCK 56a, así como HKC 56e, se encuentran algo más separadas del resto, aunque su distancia parece ser similar.Todas ellas tienen menos de 1 minuto de arco de diámetro, y es su unión la que las hace visibles.

Con mi Dobson de 30 cm las pude apreciar con visión indirecta a bajo aumento, antes incluso de buscarlas, cuando todavía estaba disfrutando de NGC 3718. Aparecían como una débil línea borrosa, etérea e intermitente. Al usar mayores aumentos pude ver esa delicada línea fantasmal con mayor claridad, aunque requería de todas formas visión periférica. No había ni rastro de HCK 56a ni HCK 56e que, aisladas, perdían el beneficio de la unión, pero las restantes podían apreciarse sin ninguna dificultad. En varias ocasiones me sobresalté, emocionado, cuando, durante un breve segundo, algunos diminutos puntos aparecieron en medio de la franja: los núcleos lejanos de HCK 56b y HCK 56c que, tímidos, parecían asomarse a ver quién les estaba observando. Con mayor apertura esta curiosa cadena de galaxias debe ser, sin duda, algo digno de recordar.

NGC 3718.png

Contactos en el cangrejo (NGC 2623)

El objetivo de hoy no es un objeto sencillo de ver; tampoco especialmente llamativo tras el ocular… No, el objetivo de hoy necesita de un cielo bien oscuro, y en el mejor de los casos no veremos más que una mancha pequeña y etérea. Sin embargo, la grandeza de lo que esconde tras de sí hace que merezca la pena intentar cazarla. La siguiente imagen, obtenida por el telescopio Hubble, sirve de presentación:

Foto NGC 2623.jpg

NGC 2623, también conocida como Arp 243, se encuentra en la zona norte de la constelación Cáncer. No es una, sino dos galaxias que protagonizan un baile de larga duración, una interacción intergaláctica que es pregón de lo que ocurrirá entre la Vía Láctea y la Galaxia de Andrómeda en unos pocos miles de millones de años. Se encuentra en un estado de interacción más avanzado que NGC 520, que veíamos el otro día, ya que sus dos núcleos se han fusionado en uno sólo. De hecho, en su centro reside un agujero negro supermasivo con una masa de entre 10 y 100 millones de masas solares que, probablemente, sea el que gobierne la dinámica de estos dos colosos. Y no es para menos, ya que entre un extremo y otro discurren 200.000 años luz, extensión debida, en parte, a la presencia de dos grandes filamentos que han sido desprendidos de cada una de las galaxias progenitoras, reminiscencias de grandes brazos que una vez acunaron, arremolinados, los núcleos de sus respectivas galaxias.

En el brazo septentrional, más definido, se han encontrado más de 100 cúmulos abiertos, cuya formación se ha visto promovida por la colisión entre ambos cuerpos. La edad de estos cúmulos es menor de 10 millones de años, y algunos podrían ser cúmulos protoglobulares, embriones de futuros cúmulos globulares que todavía no se han formado. Estas regiones son muy brillantes en el infrarrojo, gracias al gas que es calentado por las estrellas recién nacidas. Esta incrementada proliferación estelar es responsable, a su vez, de que haya supernovas con una frecuencia mayor de la habitual: en el caso de NGC 2623, la última registrada tuvo lugar en 1999.

El único pecado de este par de galaxias es estar situadas a una distancia demasiado grande, entre 250 y 290 millones de años luz (5 veces más que la distancia media del Cúmulo de Virgo o 100 veces más que M31). Esto deriva en un bajo brillo, de manera que NGC 2623 alcanza una magnitud de 13.9, fuera del alcance de telescopios de baja apertura, a no ser que las condiciones del cielo sean más que idóneas. Con un tamaño de 2.4 x 0.7 minutos de arco, tendremos que buscar algo muy pequeño y muy débil. Con el Dobson de 30 cm pude distinguirla a bajo aumento, haciendo uso de la visión periférica. A 214 aumentos aparecía algo más definida, y la diminuta mancha ya no era tan diminuta, adoptando además un forma algo alargada. Usé la imaginación para repetirme varias veces que en esa mancha fantasmagórica, que apenas podía ver, brillaba el intenso núcleo resultante de la interacción de esas maravillosas galaxias. Sabía que no podía aspirar a ver más detalles, pero el simple hecho de poder distinguir sus fotones, en vivo, ya resultó algo  verdaderamente emocionante.

NGC 2623

Floculenta perfección (NGC 2775)

La constelación de Cáncer es famosa por contener los cúmulos abiertos M44 y M67, conocidos por todo aficionado, pero el tercer objeto más brillante de la constelación no es un cúmulo, sino una galaxia. NGC 2775 cuenta con el privilegio de pertenecer al catálogo Caldwell con el número 48. Descubierta por William Herschel (cómo no) en 1783, su gran atractivo queda patente al contemplar la siguiente fotografía:

Foto NGC 2775.jpg

Pocas galaxias tan perfectas podemos ver con tal nitidez. Es una espiral de tipo Sa, con múltiples brazos en disposición circular que se arremolinan en torno al núcleo. Varias cosas llaman nuestra atención en cuanto a ellos: por un lado, su origen no está en el núcleo brillante y redondeado que preside la galaxia, sino que comienzan a una distancia prudencial, como si surgieran bruscamente de una profunda niebla. Por otro lado, no vemos unos brazos definidos, sino multitud de ellos que, además, parecen estar fragmentados, como otras galaxias floculentas que ya hemos visto. Una gran cantidad de polvo se interpone entre estos brazos formando una red marronácea que añade un gran atractivo a su visión, a lo que hay que añadir la presencia de múltiples condensaciones azuladas que corresponden a regiones HII, lugares de intensa y reciente formación estelar. NGC 2775 se nos presenta levemente inclinada, con una perfecta simetría que produce una agradable sensación a la vista. Tiene un diámetro de unos 75.000 años luz, y su masa se estima en 17.000 millones de masas solares.

Esta galaxia es el miembro más destacado del denominado grupo de NGC 2775, un pequeño grupo que abarca otras galaxias como NGC 2773 o NGC 2777 (con esta última se encuentra relacionada mediante una nube de hidrógeno atómico, aunque no hay evidencias claras de que hayan interaccionado en el pasado). Se sitúa a unos 55 millones de años luz, distancia comparable a la del Cúmulo de Virgo, al cual se haya unido de la misma manera en que lo está nuestro Grupo Local. NGC 2775 forma parte, además, de una agrupación de galaxias conocida como la nube de Antlia-Hydra, un largo filamento formado por más de 100 universos que comparten movimiento a través del cosmos. Hay fuentes que indican la presencia de hasta 5 supernovas en NGC 2775 durante los últimos 30 años, aunque la única que he encontrado registrada ocurrió en 1993, alcanzando una magnitud de 13.9.

NGC 2775 se encuentra a maś cerca de Hydra que del centro de Cáncer, motivo por el cual pertenecía a la primera constelación hasta que, a principios del siglo XX, se redefinieron los límites de las constelaciones, quedando la galaxia englobada dentro del cangrejo. Con una magnitud 10.1, NGC 2775 es fácilmente visible con instrumentos de pequeña apertura, con los cuales destacará, sin duda, su brillante núcleo, que reluce como una potente estrella rodeada de un débil resplandor. Con el Dobson de 30 cm el halo de la galaxia aparece con claridad alrededor del brillante núcleo, una redondeada nube apreciable incluso con visión directa, cuyos bordes se pierden abruptamente en la periferia. No resulta tan llamativa como puede serlo en las fotografías de larga exposición, pero verla en directo, captando sus fotones en el mismo momento, es algo difícil de superar.

NGC 2775

Observando la materia oscura (NGC 672 e IC 1727)

La materia oscura es uno de esos misterios de los que todo el mundo ha oído hablar y que, a pesar de los grandes avances tecnológicos, todavía no llegamos a conocer en profundidad. Sabemos de su existencia porque, aunque no podemos verla, vemos los efectos que causa en su entorno, ya que la materia oscura hace que la materia bariónica (de la que estamos formados nosotros) se mueva de una forma diferente a la esperada. Para entenderlo basta un ejemplo sencillo, usando datos ficticios y cotidianos: imagina un hombre extremadamente delgado que da vueltas sobre sí mismo, sosteniendo una cuerda en cuyo extremo hay una piedra de 1000 kilos girando a su alrededor a gran velocidad. No es de extrañar que nos resulte poco creíble, ya que el sujeto, de apenas 50 kilos de peso, no tendría la fuerza suficientemente para soportar el peso de la piedra. El hombre debería pesar, según podríamos calcular, unos 2000 kilos para que la piedra girase a la velocidad que observamos. ¿Cómo puede ser? Además de los 50 kilos que pesa el individuo debería haber otros 1950 kilos a su alrededor, invisibles, que eviten que él salga disparado tras la pesada piedra. Esa sería la materia oscura, y esa es una de las cosas que podemos observar al escudriñar el universo. Hay muchos movimientos de galaxias que no se pueden explicar con la masa visible, de manera que existe una masa invisible que ha recibido el nombre de materia oscura. Que no la veamos no ha impedido que podamos conocerla a fondo, y de hecho se ha pesado cuánta materia oscura hay en el universo, encontrando que hay cinco veces más masa en forma de materia oscura que en forma de materia visible (un 27% de toda la masa del universo es materia oscura). Se ha comprobado, incluso, que adopta una forma de telaraña cósmica, con filamentos que se unen en nodos en los que se encuentran los cúmulos de galaxias. La materia oscura, por tanto, podría ser el escenario que determina la localización de las galaxias que pueblan el cosmos, una red de caminos que organiza el universo de manera anónima y discreta.

Hoy vamos a estudiar uno de estos filamentos de materia oscura, o, al menos, algunas de las galaxias que lo pueblan, cuya disposición se ha visto enormemente influenciada por este concepto tan abstracto. Viajamos a la constelación del Triángulo, a unos 25 millones de años luz, donde encontramos una bonita pareja de galaxias que nos asegurarán un buen rato de disfrute bajo un cielo oscuro. La principal es NGC 672, una espiral barrada que fue descubierta por William Herschel en 1786. Presenta unos brazos muy débiles y elongados con algunos parches rosados que manifiestan la presencia de regiones de formación estelar, aunque el protagonismo recae, sin duda, sobre la larga y destacada barra central, que brilla con la luz amarillenta de millones de soles. Su tímida compañera es IC 1217, otra galaxia que muestra una débil barra y unos fantasmales brazos apenas distinguibles, probable fruto de su interacción con NGC 672. De hecho, ambas galaxias están a tan sólo 85.000 años luz, menos de lo que mide nuestra Vía Láctea, por lo que no es de extrañar que se dejen notar sus efectos gravitaciones. Se ha detectado, recientemente, un puente de hidrógeno entre ambas galaxias que no hace más que apoyar esta unión estrecha.

Foto NGC 672.jpg

Crédito: Adam Block

El grupo de NGC 672 contiene, además, otras cuatro galaxias, que reciben los matemáticos nombres de AGC 110482, AGC 111945, AGC 111946 y AGC 112521 que, como podemos suponer, quedan fuera de nuestro alcance visual, siendo la mayoría galaxias enanas con una masa excepcionalmente pequeña (el 97% de la masa total del grupo de NGC 672 recae sobre NGC 672 e IC 1727). Todas las galaxias de este grupo han sufrido dos grandes episodios de proliferación estelar, uno antiguo y otro más reciente, coincidentes en el tiempo en cada una de ellas. El primer boom estelar ocurrió hace más de 10.000 millones de años, en el universo joven, mientras que la segunda oleada tuvo lugar hace apenas 8 millones de años luz. Más aún, el grupo de NGC 784, que comparte movimiento con el de NGC 672, también presenta en sus miembros estos dos mismos períodos de brote estelar, sugiriendo que el motivo de esta proliferación debería ser similar tanto en un grupo como en otro. Esto descarta las interacciones entre galaxias como causa principal, ya que entonces no tendrían por qué coincidir los períodos de formación. Recapitulando, hay “algo” capaz de producir que 14 galaxias hayan tenido una intensa proliferación estelar en los últimos millones de años, tras permanecer miles de millones de años en letargo… ¿Cuál es el causante de esa extraña sincronicidad?

El interesante estudio de Adi Zitrin y Noah Brosch publicado en 2008, que podéis encontrar al final del artículo, propone algo extremadamente interesante. Estas 14 galaxias se encontrarían dispuestas a lo largo de un filamento de materia oscura, causa primordial de esta sincronicidad en todas ellas. De hecho, el eje mayor de siete de estas galaxias es muy similar en cuanto a su dirección, eje que coincidiría con el paso del filamento de materia oscura. Podríamos entender este filamento como un tornado que va girando sobre sí mismo, y este giro contribuiría a la rotación de las galaFoto NGC 672 remolinoxias que se encuentran en su camino. El filamento de materia oscura, como comentábamos al principio del artículo, cumple las reglas de la gravedad, de manera que atrae objetos a sus inmediaciones. Ahora supongamos que hay una gran nube de hidrógeno flotando en una zona cercana al filamento. La gravedad haría que la nube se acercara al filamento y, por tanto, a las galaxias, produciéndose la acreción del gas, que llegaría prácticamente por igual a cada una de ellas. Este hidrógeno interactuaría con las galaxias, produciendo una importante proliferación estelar que es la que Adi Zitrin y Noah Brosch analizaron en su trabajo.

Pero vamos a coger ya nuestros telescopios para observar a NGC 672 e IC 1217 en persona, ya con la base teórica a nuestras espaldas. Su localización, cerca del vértice más agudo del Triángulo, resulta fácil de encontrar debido a la presencia de brillantes estrellas en el camino. Necesitaremos, eso sí, un cielo oscuro para poder disfrutar de ellas. NGC 672, la más brillante, posee una magnitud algo menor de 11, al alcance de la mayoría de instrumentos. Con mi Dobson de 30 cm pude apreciar, desde un primer momento, su brillante barra central, que destacaba sobre el fondo del cielo entre dos discretas estrellas. Con visión periférica la barra quedaba confinada en una nube ovalada, extendiéndose el halo hasta alcanzar unos 5 minutos de arco de extensión, quizás algo más. El halo era débil pero fácilmente visible, difuminándose rápidamente hacia sus bordes. IC 1727 tiene una magnitud de 11.5, pero su brillo superficial es muchísimo menor que el de su compañera. De hecho, de entrada no pude apreciarla, ni siquiera con visión periférica. Tuvieron que pasar varios minutos, adaptando mi vista a la oscuridad, para que sus fotones comenzaran a estimular mi retina. Entonces pude notar una nubecilla extremadamente difusa, alargada, que se disponía muy cerca de NGC 672. Al mirarla directamente desaparecía sobre la marcha, para volver a asomarse cuando usaba visión indirecta. Poco a poco su presencia se fue reafirmando y me acabó acompañando de manera más continua, aunque en ningún momento dejó de ser eso, una débil mancha alargada de bordes poco definidos. Una mancha, sin embargo, compuesta por miles de millones de estrellas…

NGC 672.png

Terminé la observación con muy buen sabor de boca. No sólo por el aspecto visual, sino por saber que había estado contemplando dos galaxias atravesadas por un inmenso torbellino invisible, una prueba más para la existencia de un universo enmarañado en el que la materia oscura y la materia bariónica se relacionan entre sí formando enormes telarañas cósmicas.


*Fuente: https://academic.oup.com/mnras/article/390/1/408/974955/The-NGC-672-and-784-galaxy-groups-evidence-for

Unión en Piscis (NGC 520)

Un verdadero espectáculo nos espera en la constelación de Piscis, situado a unos 90 millones de años luz de distancia, un objeto celeste que ha confundido a los astrónomos desde hace cientos de años. En 1784 William Herschel describió a NGC 520 como “débil y considerablemente alargada”, siendo el primer ser humano de la historia en captar sus lejanos fotones. Posteriormente, a medida que mejoraban los instrumentos ópticos, los detalles de esta galaxia fueron asombrando a sus observadores, y no sin razón, como podemos intuir por su inclusión en el catálogo Arp de galaxias peculiares con el nombre Arp 157.

Foto NGC 520 SHT

En los años 60 se consideraba una galaxia proliferativa, de características similares a M82, aunque poco después se comprobó que la verdad era bien distinta: NGC 520 no era una, sino dos galaxias. El estudio de su hidrógeno neutro permitió conocer que NGC 520 era el resultado de la unión entre una galaxia rica en gas y otra con escaso material gaseoso, en una fase similar a la de las famosas Antenas (NGC 4038 y NGC 4039). Podríamos decir, por tanto, que la visión que tenemos de NGC 520 puede ser algo parecido a lo que verán extraterrestres en un futuro cuando miren a nuestro Grupo Local; la Vía Láctea, en unos 4.000 millones de años, bailará con la galaxia de Andrómeda y sus siluetas se fusionarán en caprichosas formas.

Foto NGC 520

Al observar a NGC 520 en el infrarrojo podemos apreciar un número importante de fuentes luminosas, fruto de la gran proliferación estelar que está motivándose a raíz de la interacción. El telescopio Chandra de rayos X dedicó un tiempo de su actividad a analizar este peculiar objeto, distinguiendo dos núcleos que brillaban intensamente en dicha longitud de onda, cada uno representando el centro de cada miembro de la pareja. El núcleo más brillante en rayos X, el más masivo, es, sin embargo, el que menos se aprecia en luz visible, ya que se encuentra oculto por el disco de la galaxia, que vemos de perfil. En su interior se producen estrellas a una velocidad de 0.7 masas solares al año, hasta 35 veces más de lo esperado para estas regiones internas en una galaxia solitaria. La fuente más brillante en luz visible es la más septentrional, y representa el núcleo de la galaxia menos masiva, que vemos de frente y, por tanto, sin polvo que disminuya su intensidad. Ambas galaxias tomaron contacto hace 300 millones de años, quedando destinadas desde entonces a bailar juntas  hasta que la intensidad de la música intergaláctica las fusione en una mayor galaxia, probablemente una gran elíptica.

NGC 520 se encuentra a unos 90 millones de años luz, algo que debemos tener en cuenta cuando lo observemos con nuestros telescopios: no busquemos una galaxia de la magnitud de las Antenas (que se encuentran a la mitad de distancia). Tiene algo más de 100.000 años luz de diámetro, que en el ocular se traducen en una extensión de 4.4 x 1.8 minutos de arco. Si podemos disfrutar de un cielo oscuro nada nos impedirá distinguir a NGC 520, aunque usemos un telescopio de pequeño calibre. Con mi Dobson de 30 cm pude aprecia, ya a pequeños aumentos, que no era una galaxia normal. Su forma parecía algo irregular, alargada, algo ensanchada en uno de sus extremos. Decidí usar mayores aumentos, y a 214x pude exprimir algo más sus detalles. Su forma aparecía entonces casi triangular, con dicho ensanchamiento más patente, siendo el otro extremo bastante más estrecho, casi terminando en punta. Me recordaba en cierta manera a una versión más brillante de NGC 6745, algo que no es de extrañar si la comparamos en fotografía. En los mejores momentos de estabilidad atmosférica los bordes que se abrían hacia la zona más ancha aparecían resaltados, como dos franjas más brillantes que dejaban entre ellas, un espacio más oscuro, atisbo de polvo y gas que separan a estos dos universos en colisión.

NGC 520