El arco celestial (NGC 6670)

La constelación de Draco es tan extensa que a menudo supone un problema orientarse entre sus estrellas, entre las cuales podemos encontrar verdaderas sorpresas. La observación de hoy la realicé con el Dobson de 40 cm del Moral, y no recomendaría emprender la tarea con telescopio de menor apertura (un telescopio de 30 cm podría, quizás, servir bajo cielos extremadamente oscuros).

Foto NGC 6670

La maravillosa fotografía, obtenida con el Hubble, corresponde al objeto conocido como NGC 6670, que en realidad está compuesto por dos galaxias en interacción. Son dos galaxias vistas de perfil que se encuentran a la increíble distancia de 400 millones de años luz. El estudio del hidrógeno neutro que las compone ha proporcionado información muy importante. Por ejemplo, se ha podido saber que ya han sufrido, al menos, un encuentro en un pasado reciente, encontrándose inmersas en su segunda cita cósmica. A pesar de llevar poco tiempo de interacción, las regiones centrales de las galaxias ya muestran signos de estar comenzando un brote estelar, una inmensa proliferación de estrellas propiciada por el encuentro entre sus masas gaseosas. También se ha encontrado una estela de hidrógeno neutro que se extiende mucho más allá de las galaxias, un filamento que llega a alejarse 300 millones de años luz de ambas, una de las consecuencias del mencionado primer encuentro. Al igual que dos coches que colisionan, también se desprenden fragmentos de las galaxias al exterior, sometidas como están a grandes velocidades y fuerzas gravitatorias.

Ambas galaxias tienen un brillo extremadamente bajo, siendo su magnitud menor de 14, de ahí su gran dificultad para observarlas. Sin embargo, merece la pena hacer un esfuerzo, aunque sea por vislumbrar de lejos la magnífica relación entre las dos galaxias. Una vez encontremos el campo tendremos que usar aumentos elevados que aumenten el contraste con el cielo: después, paciencia y visión lateral. Poco a poco las dos galaxias nos irán mostrando sus encantos. La más brillante de ellas será, seguramente, la primera mancha que distingamos, más cercana a una estrella brillante. No podemos pedir ver detalles salvo una etérea condensación alargada de apenas un minuto de longitud. Con el Dobson de 40 cm me pareció apreciar un abombamiento de su región central, como si fuera un huso levemente arqueado pero extremadamente difuso. Su otra compañera, más débil aún, se dejaba ver por el rabillo del ojo, más fina y tenue, continuando el arco que dibujaba la primera. Tras un buen rato al ocular el esfuerzo necesario para verlas fue disminuyendo, aunque no dejaron de ser más que un lejano reflejo de la fotografía que abre esta entrada: un reflejo, sin embargo, más vivo que cualquier foto, sintiendo con los ojos los mismos fotones que esa galaxia, hace 400 millones de años, nos envió a nosotros.

NGC 6670

Los brazos de Hércules (NGC 6207)

La disposición de los objetos celestes resulta relativamente arbitraria, y por ello no resulta infrecuente encontrar que un objeto eclipse a otro que ha ido a parar a sus inmediaciones. Es el caso de NGC 6207, una bonita galaxia que se encuentra bajo la sombra de la imponente y brillante M13.

Foto NGC 6207 m13.jpg

Crédito: fuente

Ambos objetos pueden verse en el mismo campo del ocular si usamos bajos aumentos, aunque poca gente disfruta con la presencia de esa pequeña mancha alargada cuando las mil estrellas del cúmulo globular reclaman (exigen) su atención. No en vano, su existencia pasó desapercibida hasta 1787, cuando los atentos ojos de William Herschel dieron con ella. NGC 6207 es una galaxia espiral con tres brazos que salen de su núcleo, visibles sin mayor problema gracias a su inclinación moderada. Están salpicados de regiones HII, lugares de candente formación estelar, aunque no tiene cerca otras galaxias que puedan haber estimulado esta proliferación. Su distancia varía enormemente según las fuentes consultadas, coincidiendo la mayoría en una distancia de entre 30 y 40 millones de años luz, aunque hay quien la sitúa mucho más allá, a unos 60 millones de años luz, en cuyo caso formaría parte de una estructura conocida como la Nube de Draco. Su núcleo parece ser excesivamente brillante, aunque el efecto se lo debemos nuevamente a una superposición casual, ya que una estrella de nuestra propia galaxia, de tipo espectral F, ocupa el centro de NGC 6207. En 2004 otra estrella “apareció” momentáneamente en su halo, una supernova que alcanzó la magnitud 15.7.

Foto NGC 6207

Con una magnitud de 11.6, NGC 6207 es visible incluso con telescopios de 10 cm de diámetro. Sin embargo, si queremos vislumbrar algunos de sus detalles tendremos que usar mayores aperturas y disfrutar de un buen cielo. Tiene una longitud de 3 minutos de arco y 1.1 minutos de ancho, y necesitaremos usar aumentos elevados para distinguir algo más que una mancha alargada. La observé con el Dobson de 40 cm del Moral y, tras disfrutarla a bajo aumento en el mismo campo que M13, decidí acercarme más, hasta llegar a los 450 aumentos que me proporcionaban el ocular Zoom Baader (de hasta 8 mm) y una barlow de x2. La galaxia se apreciaba con visión directa sin mayor problema, destacando su núcleo intruso, de aspecto estelar (nunca mejor dicho). Ya desde un primer momento pude notar que su superficie no era homogénea, y un mínimo de atención bastó para notar uno de sus brazos, retorciéndose hacia el este de forma difusa. Al otro lado destacaba una débil alineación fantasmagórica que correspondía al brazo opuesto, rico en regiones HII, que parecía flotar en el halo alargado de la galaxia. Sin duda, una visión para retener en la memoria y un recuerdo de que los actores secundarios pueden llegar a relucir con brillo propio.

NGC 6207.png

Una diminuta y lejana espiral (NGC 6068)

La Osa Menor es una gran desconocida en cuanto a objetos de cielo profundo, de forma que los únicos objetos “sonados” son el cúmulo abierto NGC 188 y la nebulosa planetaria IC 3568. Hoy vamos a añadir alguno más a esta escueta lista, un objeto cuyo aliciente es, además, que puede ser observado en cualquier momento del año, si bien es en estas noches cuando más provecho podemos sacarle. Lo observé con el Dobson de 40 cm que instalamos en el observatorio del Moral, es algo que hay que matizar porque, siendo objetivos, es un objeto pequeño y débil.

Foto NGC 6068

NGC 6068 es una galaxia espiral barrada que fue descubierta por William Herschel en 1801. Presenta dos prominentes brazos que se abren a lo largo de un halo alargado que alcanza los 3 minutos de arco de longitud. No se distinguen en fotografías de larga exposición condensaciones ni regiones HII, probablemente sea una galaxia bastante pobre en gas. Se encuentra lejos, a la considerable distancia de 300 millones de años luz, dato que nos ayuda a entender la dificultad de su observación. A su lado presenta una compañera aún más débil, conocida como NGC 6068A (o, si preferimos, MCG+13-11-017), una galaxia alargada de magnitud 14 que nos ofrece su perfil, apareciendo como una fantasmagórica franja luminosa, apenas perceptible con visión periférica. Sin embargo, el Dobson de 40 cm me sorprendió con NGC 6068, mostrándola inicialmente como una mancha difusa y alargada al lado de un grupo de cuatro estrellas más brillantes, entre las cuales se disponía, por cierto, su alargada compañera, en un segundo plano. El centro de NGC 6068 relucía con mayor intensidad y mostraba una franja destacada perpendicular al eje mayor, y fue tras varios minutos observando cuando uno de sus brazos se dejó ver sin gran dificultad, engrosado y muy débil, pero claramente visible. El brazo opuesto, más tenue, necesitó unos cuantos minutos más, pero finalmente se rindió a la persistencia. Dudo mucho que pudiera repetir esa misma observación con mi Dobson de 30 cm, y debo admitir que me sorprendió el nivel de detalle que podían suponer 10 cm de más (para que luego digan que el tamaño no importa). Sin embargo, la mayor sorpresa estaba aún por llegar…

NGC 6068.png

Emperatriz del norte, Polarissima Borealis

Hay nombres propios con encanto y nombres que describen a la perfección un objeto, y el que nos ocupa hoy cumple ambas características. Es un nombre que nos hace viajar a un septentrional y remoto lugar rodeado de nieve, e incluso nos hace entrever, allí al fondo en el cielo, la aurora boreal: se trata de Polarissima Borealis.

Polarissima borealis es una galaxia que cuenta con el honor de ser la más septentrional entre todas las galaxias del catálogo NGC y el IC (hay unas cuantas galaxias de magnitud superior a 17 que se encuentran más al norte, si bien su observación queda relegada a enormes telescopios). Hoy en día se encuentra a tan sólo 0.9 grados del Polo Norte Celeste, el lugar señalado si prolongásemos el eje de la tierra (del sur al norte) hacia el cielo, muy cerca de la estrella polar. Fue descubierta por John Herschel en 1831, cuya única descripción del objeto reza “Polarissima”: de ahí su llamativo y pintoresco nombre. Por lo demás, es una galaxia espiral que vemos de frente, con brazos extremadamente difusos que apenas se perciben en las mejores fotografías de larga exposición. Se encuentra a la considerable distancia de 303 millones de años luz y tiene un diámetro de unos 100.000 años luz, algo menos que nuestra Vía Láctea. Poco se ha estudiado sobre esta galaxia, destacando únicamente la presencia, en 2010, de una supernova que alcanzó la magnitud 17. Tiene una pequeña galaxia compañera de la que está separada unos 100.000 años luz, denominada PGC 36268 (su observación queda reservada para grandes aperturas).

El interés en esta galaxia radica exclusivamente en su posición en el cielo, de manera que no esperemos ver imponentes brazos espirales ni otros detalles. Con una magnitud de 14.1, nos tendremos que contentar con distinguirla en el cielo boreal, satisfechos por haber contemplado uno de los objetos más norteños de nuestro firmamento. Tiene tan sólo un minuto de arco de diámetro, por lo que tendremos que afinar la vista para verla y usar aumentos elevados para aumentar el contraste con el fondo del cielo. Aparecerá entonces como una diminuta mancha borrosa, redondeada y fantasmagórica, visible especialmente con visión lateral. En noches especialmente oscuras y telescopios grandes podemos aspirar a notar un núcleo más intenso, aunque nunca dejará de ser un lejano y borroso universo. No obstante, es un objeto que todo astrónomo debería ver al menos una vez en su vida.

NGC 3172

 

SN 2017eaw, (otra) supernova en NGC 6946

Hace 20 millones de años, mucho antes de que el hombre pisara la tierra, una lejana estrella explotó en forma de supernova: el 14 de mayo de 2017 su luz llegó hasta nosotros por primera vez, después de recorrer un trayecto de 20 millones de años luz. Se trata de una supernova que ha tenido lugar en la galaxia NGC 6946, la Galaxia de los Fuegos Artificiales que, haciendo honor a su nombre, nos muestra uno más de estos eventos. Ostentando el récord de supernovas, en NGC 6946 se han registrado 10 de ellas en los últimos 100 años, siendo la última en 2008. Sin embargo, la que nos ocupa hoy tiene el atractivo de su elevada magnitud: el 14 de mayo, el día de su descubrimiento por parte de Patrick Wiggins en Utah, EEUU, brillaba con una considerable magnitud 12.8.

Foto NGC 6946

Wendee Levy/Adam Block/NOAO/AURA/NSF

La espectrometría de la supernova nos ha hecho saber que se trata de una supernova de tipo IIP, aquélla cuyo origen se debe a la explosión de una estrella, al menos, 8 veces más masiva que nuestro Sol. Estas estrellas van dando lugar a una cadena de reacciones a medida que se va gastando su combustible, obteniendo su energía de elementos cada vez más pesados. La estrella llega a un punto en el que este combustible es níquel (que se transforma rápidamente en hierro), un elemento que, lejos de producir energía con su fusión, requiere energía para que se lleve a cabo. Por tanto, la estrella deja de producir reacciones nucleares y la gravedad no encuentra oposición, produciendo un rápido colapso en el que las capas externas llegan a viajar hacia el interior a una quinta parte de la velocidad de la luz. Tanta es la densidad en el núcleo que la estrella alcanza una temperatura de más de 100 billones de grados centígrados, produciendo la degeneración de sus electrones y estallando en forma de supernova, superando en brillo incluso a toda la galaxia que la alberga. Las supernovas de tipo IIP se caracterizan por presentar una luminosidad inicial mantenida en el tiempo, como una meseta (se conoce como plateau) que se prolonga durante un par de meses, para posteriormente decaer poco a poco. Gracias a este patrón de brillo todavía podemos disfrutar de esta supernova a pesar de que tuviera lugar el 14 de mayo, hace más de un mes. Casi cualquier telescopio nos valdrá para ello, aunque para observar con detalle la galaxia necesitaremos cielos oscuros.

La observé el pasado 19 de junio desde un lugar situado a media hora de Granada, con idea de dedicarle cuánto tiempo necesitara para verla en condiciones. Localizar la galaxia es fácil a partir de dos brillantes estrellas de Cefeo, con las cuales la galaxia forma un triángulo (podemos aprovechar, de paso, la cercana presencia del cúmulo abierto NGC 6939, otro espectáculo para la vista). El núcleo de NGC 6940 fue lo primero en aparecer tras el ocular, acompañado de un débil halo que lo rodeaba, dejando claro que la galaxia tiene un bajo brillos superficial. La supernova brillaba junto a una estrella de magnitud 13.2, algo más intensa que ésta, por lo que debía rondar la misma magnitud que se determinó hace un mes, alrededor de 12.8-13. Poco a poco los brazos de la galaxia se fueron definiendo fantasmagóricamente, primero el más cercano a la galaxia, posteriormente otro dos, partiendo de la zona central, un óvalo más brillante que el resto del halo. Dos de los brazos parecían compartir el mismo origen y la misma dirección, aunque uno de ellos giraba más bruscamente cerca del núcleo. El brazo solitario, algo más ancho, se arremolinaba y giraba en dirección a la supernova, que parecía flotar en tierra de nadie. Este tipo de supernovas predominan en los brazos, los lugares de mayor formación de estrellas y, por tanto, los lugares donde las estrellas supermasivas pueden formarse con más frecuencia.

NGC 6946 SN

La adaptación a la oscuridad era cada vez más patente, hasta el punto de que pude apreciar sin dificultad una gran concentración de estrellas y cúmulos que forman un supercúmulo en NGC 6946, una región que descubrió Hodge en 1967. Esta zona, conocida como NGC 6946-1447 o Hodge 1-2, es una región de unos 2000 años luz de diámetro con forma de arco luminoso, compuesta por enormes cúmulos estelares, algunos de los cuales pueden distinguirse con telescopios de gran apertura.

Foto NGC 6946 gemini North

Gemini North Observatory

La mayor parte de estas estrellas se formaron en un brote ocurrido hace 30 millones de años, probablemente por el impacto de una gran masa de gas extragaláctica. A través del telescopio sólo se aprecia como una diminuta mancha redondeada y débil, visible con visión periférica, pero no todos los días podemos ver cúmulos estelares en otras galaxias… NGC 6946, con sus brazos, el complejo de cúmulos y esa imponente supernova que nos saluda estos días es, sin duda, un lugar en el que perderse en estas agradables noches veraniegas: no faltará mucho tiempo para que la luz de la supernova comience a extinguirse lentamente…

NGC 6946 SN - detalles

Siluetas en la Osa Mayor (NGC 4605)

Nos vamos despidiendo de las galaxias primaverales, en esta ocasión con una peculiar galaxia que sorprenderá a cualquiera que la vea desde un cielo oscuro. Se trata de NGC 4605, una galaxia que se encuentra sobre la Osa Mayor, a medio camino entre M101 y M81.

Foto NGC 4605.jpg

NGC 4605 que se sitúa a unos 15 millones de años luz, formando parte del conocido grupo de M81. En este grupo de galaxias podemos apreciar numerosas formas llamativas, peculiares y brillantes, como M82 con su gran actividad central, NGC 2403 con sus brazos espirales o la galaxia de Draco NGC 6503. Todas forman parte de una treintena de universos que se dispersan por un área relativamente grande del cielo, a una media de 12 millones de años luz de distancia. NGC 4605 es una galaxia enana espiral con una barra central que aparece inclinada respecto a nuestro ángulo de visión, por lo cual no se pueden diferenciar claramente sus brazos. Su tonalidad azulada y las múltiples condensaciones que bañan su superficie, así como esas nubes oscuras, son sólo una muestra del gran número de estrellas que se están formando en su interior.

NGC 4605 fue descubierta por William Herschel en 1790, apreciándola como una mancha alargada y difusa. Hoy, con telescopios de apertura media y en lugares alejados de la contaminación lumínica podemos llegar a apreciar su estructura irregular y los juegos de luces que nos ofrece, convirtiéndose en una agradable sorpresa para todo aquel que no la conozca. De entrada, a bajo aumento aparece como una mancha alargada perdida en un campo de pocas estrellas, algo que no es de extrañar en esta región del cielo. En cuanto usamos mayor aumento constatamos que no estamos ante una galaxia regular. Un núcleo brillante destaca en la región central de una nube alargada que se extiende a través de unos 5 minutos de arco de longitud. Otra región más brillante aparece justo al lado, y la difusa nube sigue un poco más allá, estrechándose conforme se acerca al extremo. Al otro lado, NGC 4605 se va ensanchando poco a poco, apareciendo una porción más luminosa abrazando el borde, dando la sensación de ser una isla independiente.

NGC 4605

Messier misterioso (M102)

Algunos objetos del famoso catálogo parecen haberse rodeado por un área de incertidumbre que aún hoy los rodea, y como prueba de ellos tenemos a M102, un objeto que diversos atlas pueden mostrar en varios sitios distintos.

Fue descubierta por Pierre Mèchain en 1781 y vista poco después por Charles Messier, aunque Mèchain refirió, poco después, que podría haberse equivocado al comprobar su localización, confundiéndola con M101. A partir de ahí diversas galaxias se han relacionado con ésta, todas ellas cercanas pero muy distintas entre sí. NGC 5866, NGC 5879, NGC 5907, NGC 5908… Todos estos nombres han sido honrados con el otorgamiento provisional del título (un puesto en el catálogo más famoso es, sin duda, un puesto honorífico), aunque finalmente todo apunta a que el objeto que vio originalmente Mechàin fue la galaxia NGC 5866. Y hay que admitir que se lo merece:

Foto M102

Es una galaxia lenticular que nos muestra su perfil, aunque comparte algunos elementos de una espiral, destacando esa llamativa banda central. Hay numerosas lenticulares con barras centrales, pero suelen encontrarse dispuestas en la zona más central. La banda de polvo de M102, por el contrario, discurre a través de todo el bulbo, dividiéndolo en dos partes simétricas. Si observamos detenidamente la imagen del Hubble podremos apreciar, además, que la banda no es homogénea, presentando salientes en forma de “dedos” que se alejan del centro, algo parecido a lo que veíamos en NGC 891. Este elemento también es característico de galaxias espirales y es debido a la presencia de estrellas masivas que producen fuertes vientos, moldeando su entorno y produciendo estos géiseres de gas y polvo. 100.000 millones de estrellas pueblan esta gran galaxia que se encuentra a unos 50 millones de años luz de nosotros. Muchas de estas estrellas habitan fuera del disco galáctico, formando parte de un inmenso halo que se aprecia en fotografías de larga exposición como una nube difusa que rodea la galaxia.

M102 preside un grupo de galaxias que llevan su nombre, y a su vez forma parte de una agrupación de familias que podrían estar relacionadas entre sí. Podemos imaginar un enorme cilindro de galaxias que van desde M102, más al norte, pasan por el grupo de M101 y bajan por el grupo de M51, ya más cerca de nosotros. Verdaderamente interesante es plantearse esta geografía cuando miremos el cielo a ojo desnudo, imaginando los tres grupos dispuestos uno detrás de otro, plagados de diminutas manchas de luz. Ya que hemos hablado de su disposición en el cielo hay que añadir que M102 se encontraba a tan sólo un grado de distancia del polo norte celeste hace 6900 años. Dentro de 18900 años volverá a ocupar dicho puesto de honor, siendo la galaxia más septentrional de cuantas conocemos.

Visualmente esta galaxia es una verdadera maravilla, aún cuando su banda oscura quede vetada a grandes telescopios y noches prístinas. Con una magnitud que ronda la décima, se puede apreciar a través del buscador del telescopio, aunque no veremos más que una débil y pequeña mancha. Con un telescopio la situación es bien distinta. La primera vez que la vi quedé gratamente sorprendido, incluso a bajo aumento, y pasó un buen rato hasta que decidí cambiar de ocular. M102 tenía una perfecta forma elipsoidal, un huso celeste visible incluso con visión directa que representaba perfectamente a las galaxias lenticulares. Su centro brillaba con fuerza gracias a un núcleo estelar que contrastaba con el resto. A su alrededor se disponía un brillante bulbo ovalado que daba paso al halo más débil y extenso. Este halo se iba estrechando conforme se alejaba del centro, terminando en dos extremos realmente finos que se perdían en la oscuridad del cielo.

M102