El Cúmulo de Fornax (2ª parte)

Continuamos el estudio del Cúmulo de Fornax, la poblada familia que se encuentra en la constelación del Horno. En el anterior capítulo nos centramos en el subgrupo de NGC 1316, la gran galaxia emisora de ondas de radio que se dirige hacia la región principal, dejándose llevar a través de un puente de materia oscura. Hoy viajaremos directamente al núcleo del cúmulo, una zona especialmente rica en galaxias que se disponen de una forma relativamente esférica, rodeadas por una burbuja de hidrógeno neutro deformada por los vaivenes que han tenido lugar entre sus componentes.

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Crédito: ESO and Digitized Sky Survey 2

El centro del cúmulo está presidido por NGC 1399, una enorme galaxia elíptica que se sitúa a unos 65 millones de años; los dinosaurios estaban extinguiéndose cuando la luz que percibimos hoy salió de este lejano mundo. Es una galaxia de tipo cD, es decir, una gran galaxia caníbal que se encuentra dominando la región central de un grupo de galaxias, un fenómeno usual que encontramos en otros cúmulos, siendo quizás el más conocido el de Virgo, en cuyo centro reside M87. De forma análoga, en el interior de NGC 1399 habita un agujero negro supermasivo con la masa de 500 millones de soles, alimentado por el gas de las múltiples galaxias que han sido devoradas por este monstruo cósmico. Con un diámetro principal de unos 130.000 años luz, su área de influencia va mucho más allá, de manera que se han descubierto algunos de sus cúmulos globulares a más de 800.000 años luz de distancia. Estos cúmulos han dado mucho que hablar y han sido ampliamente estudiados en esta galaxia desde finales del siglo pasado. Lo primero que llama la atención es su número, que ronda la monstruosa cifra de 7000, pudiendo llegar a ser incluso superior. Estudiando sus propiedades se ha llegado a la conclusión de que hay dos grandes familias de cúmulos globulares bien caracterizados, teniendo por un lado algunos de muy baja metalicidad y por otro los de alta metalicidad. La metalicidad se relaciona fuertemente con la edad, de manera que las estrellas más antiguas, formadas en una época donde el hidrógeno era más abundante, presentan una baja metalicidad. A medida que avanzamos en la escala evolutiva de la galaxia encontramos una mayor cantidad de metales, debido principalmente a su formación en el interior de las estrellas, de forma que cuando éstas mueren los metales son dispersados por el espacio, por lo que las estrellas que se formen a raíz de su material tendrán una mayor metalicidad.

Dicho esto, podemos deducir que los dos tipos de cúmulos globulares de NGC 1399 ponen de manifiesto distintos períodos de formación. Según una de las teorías de formación de los cúmulos globulares, denominada “modelo de colapso multifase”, en primer lugar se formaron los cúmulos de baja metalicidad, al mismo tiempo que la propia galaxia se iba condensando e iba dando lugar a sus estrellas, de manera que ambos cuerpos, cúmulos y galaxia, poseían características similares. Posteriormente NGC 1399 ha ido interaccionando con otras galaxias, fusionándose con ellas y promoviendo nuevas oleadas de formación estelar, que paralelamente han producido nuevos cúmulos globulares, que en este caso serían de alta metalicidad. La poderosa gravedad de la galaxia le ha servido también para robar a sus vecinas parte de sus cúmulos globulares periféricos, con gran contenido en metales, de manera que esta subpoblación de globulares han aumentado también en NGC 1399. Resumiendo, NGC 1399 es una galaxia tremendamente dinámica que se ha relacionado con una gran cantidad de galaxias de su alrededor, como se puede comprobar estudiando su población de cúmulos globulares. Una de las principales donantes es, “en la actualidad”, NGC 1404, una galaxia elíptica muy cercana que comparte gran cantidad de sus cúmulos, como podemos apreciar en la siguiente representación:

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Una manera de cuantificar los cúmulos globulares se basa en la frecuencia específica (Sn), que no es más que el número de cúmulos globulares existentes por unidad de luminosidad de la galaxia. En elípticas normales el Sn medio se sitúa en torno a 3.5 (alrededor de 5 en las elípticas inmersas en cúmulos), mientras que en las elípticas cD (caníbales) el Sn puede ser mayor de 20. El Sn de NGC 1399 es algo superior a 11, bastante elevado, mientras que el de NGC 1404 es poco mayor de 2, lo cual indica que ha perdido cúmulos globulares en el pasado. De hecho, haciendo cálculos se puede inferir una pérdida de unos 1000 cúmulos globulares, que habría cedido “amablemente” a NGC 1399, muchos de los cuales pueden apreciarse en la imagen anterior. NGC 1404 no es la única que sufre acoso de NGC 1399; otras, como NGC 1387, también sufren la lejana gravedad de la galaxia, a pesar de su gran distancia a ella.

NGC 1379, otra galaxia elíptica, se encuentra muy cerca de NGC 1387, así como NGC 1381, que forma un triángulo con las anteriores. Esta última es una galaxia lenticular que se nos presenta de perfil, con una magnitud de 12.7 y unos 50.000 años luz de diámetro. Difícil de apreciar, NGC 1382 brilla con una magnitud de 13.8 y su tamaño de 1.5 minutos de arco hace recomendable observarla a mayores aumentos, si bien es distinguible a bajo aumento si conocemos su localización exacta. Rondando a este grupo de galaxias tenemos otra especialmente llamativa. NGC 1380 es una galaxia lenticular de unos 80.000 años luz de diámetro. En fotografías de alta resolución se ha podido atisbar la presencia de bandas de polvo que rodean el núcleo en su región más interna. Se han encontrado también los denominados “faint fuzzies”, que ya comentábamos en la entrada de NGC 1023, cúmulos globulares ricos en metales, muy poco densos, posiblemente relacionados con procesos de fusión previos. En el momento actual no se puede apreciar ninguna galaxia en interacción con NGC 1380, pero dicho encuentro podría haber tenido lugar hace miles de millones de años. Al telescopio aparece como una mancha de brillo elevado (magnitud 11.1) y una forma ovalada con centro ancho, visible incluso con visión directa.

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Muy cerca de ésta última tenemos tres galaxias relativamente débiles. NGC 1374 y NGC 1375, de magnitudes 12 y 13.4, respectivamente, se encuentran muy unidas aparentemente, de manera que la última necesitará toda nuestra atención y cielos oscuros para separarla de su compañera. NGC 1373 es más pequeña aún, midiendo apenas medio minuto de arco de diámetro y con una magnitud de 13.3. De todas formas, con un poco de esfuerzo no supondrá grande dificultades, y si no la apreciamos podemos usar mayores aumentos para intentarlo.

Nos quedan dos galaxias por descubrir en la zona más meridional, dentro de los límites de Eridanus. NGC 1389 es una galaxia lenticular que nos ofrece su perfil, con una magnitud de 12.6. Un poco más al sur encontramos a NGC 1386, la única galaxia espiral que hemos visto hasta ahora. Es una galaxia de tipo Seyfert en cuyo núcleo reside un agujero negro que emite una importante cantidad de energía de forma bipolar. Visualmente podemos apreciar su delicada forma alargada, si bien para disfrutar de sus brazos arremolinados necesitaremos grandes aperturas y un cielo especialmente oscuro.

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Podemos decir que hemos estudiado el centro del cúmulo con cierto detalle, aunque siempre habrá galaxias que se escapen a nuestra visita, necesitando volver a ellas más adelante. No obstante, vamos a dejar una sorpresa para el siguiente capítulo, para cerrar por todo lo alto esta incursión al horno cósmico.

En la siguiente imagen podéis ver las galaxias vistas con su identificación correspondiente. Cuando vayamos a estudiar esta zona es mejor hacerlo en compañía de un buen atlas, ya que de otra manera podemos pasar por alto algunas de las galaxias más débiles y pequeñas.

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El cúmulo de Fornax (1ª parte)

Estos días vamos a dedicarlos a conocer otra parte de nuestra geografía extragaláctica, situada en dirección opuesta al conocido Cúmulo de Virgo. Estamos hablando del Cúmulo de Fornax, también conocido como Abell 373, una agrupación de galaxias que, análogamente al anterior, se sitúa a unos 60 millones de años luz de distancia, en la débil constelación del Horno. Después del mencionado Cúmulo de Virgo, el Cúmulo de Fornax es el más grande de nuestros vecinos más cercanos, localizado muy cerca del Cúmulo de Eridanus. Está compuesto por más de 230 galaxias de variada morfología, destacando un grupo principal, presidido por NGC 1399, y un subgrupo centrado en NGC 1613 que se encuentra en proceso de fusión con el anterior, formando parte de un colosal encuentro entre mundos distintos.

A groso modo podemos decir que es un cúmulo relativamente estable, con sus galaxias más grandes en un estado conocido como “virialized”, en el que no hay grandes perturbaciones gravitatorias. Las galaxias enanas, más pequeñas, sí se encuentran algo más ajetreadas, atraídas por algunas de las galaxias principales y destinadas a ser engullidas en poco tiempo. Rodeando a los dos subgrupos se ha descubierto la presencia un filamento de materia oscura que actúa como un túnel a través del cual se está produciendo el acercamiento de ambos. El medio intracúmulo (ICM por sus siglas en inglés) se encuentra extremadamente caliente, alcanzando temperaturas de hasta 10 millones kelvin, produciendo una importante emisión de rayos X. Este ICM se encuentra deformado, con una cola de unos 500.000 años luz que sugiere que la nube más densa está moviéndose a través de un medio de menor densidad, como si el cosmos fuera un océano vivo en el cual interactúan distintas masas de agua. Otra muestra de la interacción entre galaxias es que se han encontrado algunas estrellas individuales flotando a la deriva entre ellas, probablemente arrastradas en algún encuentro casual y destinadas a vagar sin rumbo en tierra de nadie. Más interesante aún es el descubrimiento de 6 novas en este medio intergaláctico, siendo las más lejanas observadas hasta la fecha. El origen de estas novas se halla en enanas blancas pertenecientes a sistemas binarios, como vimos detalladamente en esta entrada.

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Hoy vamos a centrarnos en el subgrupo de NGC 1316, que supone un 15% del total de galaxias del cúmulo. Aún más interesante es el hecho de que en esta agrupación encontramos un 30% de las galaxias con formación estelar de todo el Cúmulo de Fornax, debido principalmente a que el grupo principal ha perdido gran cantidad de gas, la materia prima para formar estrellas. Esta diferencia es apreciable también en la presencia de una gran nube de hidrógeno neutro que rodea al subgrupo de NGC 1316, cuya consistencia hace bastante improbable que haya interaccionado con anterioridad con el grupo central (de otra manera presentaría irregularidades, pudiendo incluso haber sido removido por completo).

NGC 1316 fue la primera galaxia que observé del cúmulo, y quedé tan sorprendido por su brillo que fue entonces cuando decidí estudiarlo más a fondo. Es una galaxia elíptica situada a 62 millones de años luz de distancia. Con unos 60.000 años luz de diámetro, su aspecto recuerda al de la archiconocida NGC 5128, la Galaxia del Centauro, con la que comparte algo más que la apariencia. NGC 1316 se conoce también como Arp 154 y como Fornax A, indicando esta última denominación su intensa producción de ondas de radio. De hecho, NGC 1316 es la cuarta fuente de radio más brillante del cielo, presentando dos prominentes radio-lóbulos bipolares que alcanzan unas dimensiones de hasta 600.000 años luz. El responsable de estas grandes estructuras habita en el interior de la galaxia, y no es otro que un agujero negro supermasivo con una masa equivalente a 130-150 millones de soles. Se encuentra rodeado por un disco de acreción que gira rápidamente a su alrededor, alcanzando grandes temperaturas y produciendo, además, dos jets de 16.000 años luz de longitud que son lanzados por sus polos.

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La galaxia ha sufrido reiteradas interacciones con otras galaxias, como demuestran grandes filamentos de polvo que son típicos de galaxias en espiral, otra importante similitud con la galaxia del Centauro, así como diversas capas de estrellas que se extienden más allá de los límites de la galaxia, formando llamativos arcos difusos, probablemente restos de anteriores galaxias. Tiene pocos cúmulos globulares, si bien presenta un peculiar tipo de cúmulos abiertos formados por estrellas envejecidas, probablemente remanentes de anteriores épocas de mayor actividad proliferativa. Por si esto no fuera suficiente, otra prueba nos pone sobre la pista de sus anteriores interacciones, y es la presencia de un disco de gas interno, cercano al núcleo, que rota en una dirección excesivamente inclinada con respecto al resto de las estrellas. Según algunos estudios, la última interacción tuvo lugar hace apenas 100 millones de años, si bien ha sufrido otros encuentros en los últimos miles de millones de años. A pesar de la gran cantidad de energía que desprende la galaxia, el núcleo es hoy débil en cuanto a rayos X, dando a entender que su actividad ha disminuido recientemente, una situación que se equipararía perfectamente a la de un cuásar latente. Los cuásares son objetos extremadamente lejanos, siendo interesante el hecho de que apenas conocemos algunos que se encuentren cerca de nuestra galaxia. Observando el núcleo poco activo de NGC 1316 desde otra perspectiva, no sería descabellado pensar que los cuásares suponen una etapa evolutiva de las galaxias jóvenes, el momento de mayor actividad de sus agujeros negros supermasivos, lo cual explicaría su presencia en galaxias lejanas y, por tanto, jóvenes a nuestros ojos.

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Crédito: Martin Pugh

NGC 1316 cuenta con una pequeña compañera que se denomina NGC 1317, una bonita espiral de frente. Ambas fueron descubiertas por James Dunlop en 1826, aunque habrían sido vistas mucho antes si se encontrasen en una situación más septentrional. NGC 1317 parece estar atada a NGC 1316, aunque no han sufrido aún ningún encuentro realmente traumático, como se puede apreciar en su estructura bien compuesta. Se encuentra algo más alejada en el momento actual, formando parte de un baile que culminará dentro de algunos miles de millones de años. En NGC 1316 se han descrito 4 supernovas: la primera en diciembre de 1980 y la segunda en marzo del año siguiente, ambas separadas sólo por 3 meses, mientras que las dos últimas tuvieron lugar en 2006, separadas por 5 meses. Caprichosa galaxia que nos asombra por doble. NGC 1316 va encaminada a convertirse en una digna sucesora de M104, de manera que su bulbo irá haciéndose más brillante y las bandas oscuras se dispondrán de forma circular siguiendo el movimiento natural de la galaxia.

Para encontrarla podemos partir de Acamar o Theta eridani, una bonita doble que se sitúa al final de la constelación Eridanus (de hecho, su nombre proviene del griego “el final del río”). Podemos aprovechar para hacerle una visita y disfrutar con sus dos estrellas de magnitud 3.2 y 4.3, separadas por unos cómodos 8.3 segundos de arco. Ya a bajo aumento se aprecian sin dificultad ambos astros como dos perlas blanquecinas que nos miran desde la prudente distancia de 120 años luz. Desde allí, saltando de estrella en estrella, no nos costará trabajo llegar a NGC 1316. Visualmente, lo primero que apreciamos es que es una galaxia brillante, más de lo que podríamos esperar para una galaxia que se acerca tanto al horizonte, haciendo honor a su magnitud de 9.4. A 115 aumentos encontré una buena relación en cuanto a brillo y aumento, quedando NGC 1316 y NGC 1317 encuadradas sin ningún problema. La principal galaxia presenta un halo alargado, ovalado, con unos bordes relativamente definidos que abrazan a un bulbo bastante más brillante y redondeado. Justo en el centro destaca el núcleo puntiforme, más brillante que el resto, como si quisiera recordarnos que guarda un respetable agujero negro en su interior. En mejores condiciones y en zonas más meridionales no sería descabellado apreciar algunas de las nubes oscuras que fragmentan su disco, si bien pasaron desapercibidas a mi mirada. Su compañera, NGC 1317, con una magnitud de 12.2, presenta un brillo superficial elevado, facilitando su observación como una esfera pequeña y nebulosa, fácilmente visible también con visión directa. Juntas forman un curioso par que nos introduce en una fascinante familia de universos, que seguiremos explorando en la siguiente entrada.

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Intimidades de una vecina (NGC 1049, Hodge 2)

En estas noches invernales la débil constelación de Fornax se encuentra ocultándose hacia el oeste inexorablemente, pero si observamos a primera hora de la noche todavía estamos a tiempo de buscar por algunos de sus rincones. La Galaxia Enana de Fornax es una galaxia elíptica de unos 6.000 años luz de diámetro que orbita a nuestra Vía Láctea como un satélite, al igual que lo hacen otras galaxias enanas, como la de Sagitario o la del Can Mayor. Su magnitud visual de 9.3 puede resultar engañosa, ya que su brillo superficial se acerca más a la magnitud 17. Por ello, resulta hartamente difícil poder atisbarla con nuestros instrumentos, si bien aquéllos que dispongan de cielos paradisíacos en llanuras perdidas de África o islas remotas podrían intentarlo con mayor posibilidad de éxito.

La noche que observé la galaxia de Fornax la constelación se encontraba en plena campana de luz de Granada y tan cercana al horizonte que el tubo de mi Dobson 305 mm prácticamente estaba en horizontal. Aun así, quería echarle un vistazo antes de que se ocultara hasta dentro de unos meses, aun sabiendo que el resultado sería más bien pobre. Por supuesto mi objetivo no era la galaxia en sí, soy muy optimista pero tengo noción de lo imposible. No, otro de los alicientes que presenta esta galaxia, además de poder atisbarla, es conseguir cazar los cúmulos globulares que la rodean, de los cuales se conocen hoy en día seis. Ya de entrada es un dato curioso, pues las galaxias enanas no suelen tener cúmulos globulares a su alrededor, siendo la Enana de Fornax un curioso espécimen para estudiar. Normalmente, por acción de la gravedad, cabría esperar que los cúmulos globulares de Fornax hubieran sido ya devorados por su núcleo, y hasta hace poco no podía explicarse su persistencia en la periferia de la galaxia. Sin embargo, la materia oscura ha aparecido como salvadora de estos problemas, aportando estabilidad a los cuerpos de la galaxia con esa “atracción extra” que se necesitaba para explicarlo. De hecho, se estima que en las galaxias enanas la proporción de materia oscura es mayor al 90% de toda su masa, y que además, a diferencia de lo que se pensaba, no se encuentra acantonada en el núcleo, sino de forma dispersa por todo el volumen galáctico. Todavía quedan muchas cosas por descubrir respecto a este tema que nos tiene en pañales, pero le dedicaremos alguna entrada específica más adelante. Mientras tanto, podéis echar un vistazo a la entrada de Ciencia de Sofá, en la que se dan unas nociones y datos muy interesantes sobre el tema en cuestión.

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Volviendo a nuestros cúmulos globulares, entre ellos el más destacado es NGC 1049, que de hecho fue descubierto 100 años antes que la galaxia que lo alberga por John Herschel (si no sabes quién descubrió un objeto celeste, tienes un 95% de posibilidades de acertar si nombras a Herschel). En 1938, finalmente, Harlow Shapley detectó la luz proveniente de la galaxia, y unos 20 años después Paul W. Hodge descubrió otros cuatro cúmulos globulares que hoy llevan su nombre. NGC 1049 pasó a denominarse Hodge 3. El sexto globular tardaría unos años más en dar la cara. En la siguiente imagen tenemos fotografías de Hodge 1, 2, 3 y 5, en las que podemos apreciar sus diferencias en cuanto a densidad de estrellas.

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NGC 1049 se encuentra a 530.000 años luz de nosotros, por lo que podemos decir que dobla en distancia al errante extragaláctico (NGC 2419). Su magnitud de 12.9 lo hace asequible a instrumentos modestos, si bien su resolución se escapa de nuestras posibilidades. Con un tamaño de 0.4 minutos de arco, hacen falta usar aumentos elevados para poder distinguirlo como tal, y gracias a que contiene más de 360.000 estrellas en su seno. En las pésimas condiciones en las que le apunté con el telescopio pude verlo con relativa facilidad, tras varios sufridos minutos de búsqueda por las invisibles estrellas de esta constelación (más aún cuando casi roza el horizonte). De todas formas, cuando entra en el ocular se deja ver y se muestra como algo que, de entrada, no es una estrella. Viéndolo a 300 aumentos pude verlo como una pequeña esfera difusa, a la que la contaminación lumínica amenzaba continuamente con desaparecer, pero se mostraba sin problemas con visión lateral. Su núcleo era más brillante, puntiforme, apagándose después rápidamente hacia la periferia.

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Al otro lado de la “inexistente” galaxia estaba otro de mis objetivos, Hodge 2. Es otro globular aún más pequeño y más débil, con magnitud 13.5. Su clase VII lo cataloga como un cúmulo relativamente disperso y poco concentrado, pero a la hora de verlo por el telescopio no seremos capaces de notar esos matices. La intensidad de 180.000 soles se verá reducida a apenas un punto intermitente si las condiciones no son buenas. La noche que lo observé, si llego a conocer su magnitud previamente dudo que me hubiera molestado en buscarlo entre el fondo iluminado por las farolas, pero mi ignorancia me sirvió para intentarlo. Los primeros minutos no conseguí ver absolutamente nada en el lugar donde debía buscar, a medio camino entre dos estrellas más brillantes. Al cabo de un vi un débil punto, pero comprobé rápidamente con el atlas que no era más que una estrella de magnitud 13.5. Poco después otra estrella, más débil aún, se dejó ver en la zona, y gracias a la referencia de esos dos puntos pude conocer con precisión la localización de Hodge 2. Entonces, armado de paciencia, relajé la vista y volví a la caza. Tras veinte minutos noté por primera vez un mínimo destello que coincidía exactamente con su ubicación. Contento por poder distinguirlo, lo intenté varias veces con mayor éxito, apareciendo y desapareciendo ante mis ojos, esquivo pero presente al fin y al cabo. En cielos más oscuros y a mayor altura sobre el horizonte no debe suponer ningún problema. Las malas condiciones de la zona del cielo que observaba me hicieron recapacitar y decidí esperar unos meses para cazar el resto de globulares, con más tranquilidad y mejor temperatura. No hay prisa. Esa materia oscura no va a desaparecer de golpe ni los globulares van a disolverse. Llevan ahí unos 10 mil millones de años, así que podrán esperar unos meses.

Preludio en Fornax (NGC 1097)

Hay noches en las que la gran estabilidad atmosférica y el cielo oscuro invitan a lanzarse a por aquellos desafíos que tenemos pendientes, objetos que, por alguna u otra razón, siempre han permanecido incompletos en nuestra mente. La noche del 13 de Noviembre fue una de esas ocasiones, desde los cielos del Purche, cerca de Granada pero a una altura suficiente para que, en determinadas noches, la condiciones sean ideales para la observación. No recuerdo haber visto nunca tantas estrellas brillando en Orion, parecía como si todo el cielo estuviera impregnado de polvillo blanco que no eran sino cientos de estrellas que por primera vez asomaban a mis ojos. En mi lista de asuntos pendientes estaba una galaxia de la constelación del Horno, conocida como Fornax. Ya hemos visto en ella a NGC 1360, pero esconde muchos objetos más, en concreto una gran variedad de galaxias, la mayoría de las cuales pertenecen al conocido Cúmulo de Fornax, el segundo más rico existente en un radio de 100 millones de años luz alrededor de nuestra Vía Láctea.

NGC 1097 es una galaxia que no Foto 1097 jetspertenece a dicho cúmulo, sino que se encuentra a medio camino, a unos 45 millones de años luz, con una envergadura similar a nuestra galaxia. Es una espiral barrada de tipo SBr, donde “r” quiere decir que posee una estructura anular. Esta estructura no se aprecia en primera instancia, ya que lo más llamativo a primera vista son sus dos largos y retorcidos brazos espirales, algo deformados, que salen de una barra central muy brillante. La disposición de sus brazos le ha granjeado un puesto en la clasificación de Arp, con el número 77, y también pertenece a la lista de objetos Caldwell, denominándose C67. En esos brazos se encuentran regiones HII dispersas en las que se están gestando estrellas continuamente. Otra zona especialmente interesante es su núcleo, en el cual reside un gran agujero negro. De hecho, NGC 1097 es una galaxia de tipo Seyfert, con un núcleo activo al que rodea un anillo de estrellas que giran a grandes velocidades. Se han encontrado cuatro “jets” o chorros de material que parecen salir disparados del núcleo, constituyendo los más largos de los que se tiene constancia hoy en día. Al principio se achacaba al núcleo activo, pero parece que son los restos de antiguas colisiones con otras galaxias.

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Con estas grandes fuerzas en juego no es de extrañar la peculiar forma de sus brazos, pero es que además hay otro elemento que parece participar en esta marejada, la denominada NGC 1097A. Es una galaxia enana satélite de NGC 1097 que orbita a tan sólo 42.000 años luz del núcleo de su compañera. Es cuestión de tiempo que alcance su núcleo, quizás deformando nuevamente su estructura espiral para dar lugar a una composición totalmente distinta. En materia de astronomía no se puede saber a ciencia cierta el resultado final del lienzo.

NGC 1097 no es fácil de encontrar desde nuestras latitudes, menos aún teniendo en cuenta que la mayoría de sus estrellas principales son de magnitud mayor a 5. Una vez enfocada a bajo aumento resplandece claramente un núcleo redondo y pequeño, casi puntiforme, con un halo muy estrecho y alargado que sale de él a modo de alas, extendiéndose unos 3 ó 4 minutos de arco por cada lado. A 214 aumentos fue cuando noté el cambio más importante. El núcleo central destacaba más claramente, y los bordes nebulosos llegaban más lejos aún. Al principio no pude apreciar nada más, pero tras adaptar la vista completamente noté una zona más brillante y alargada que formaba una diagonal con la barra central. Esa región continuaba hasta llegar a uno de los extremos del halo central, apreciándose entonces claramente uno de sus brazos. Al otro lado y tras varios minutos más pude apreciar el otro brazo, más débil e impreciso, pero claramente visible con un poco de paciencia y la vista descansada. Una estrella se encontraba inmersa en la barra, entre el núcleo y uno de sus extremos.

NGC 1097

Casi en contacto con este extremo, lo que al principio me había parecido una estrella más brillante, se convirtió en una estrella engrosada y difusa, como si fuera una región HII. Por entonces no lo sabía, pero lo que estaba viendo tan claramente no era sino NGC 1097A, la pequeña compañera de la gran galaxia, como pude comprobar a posteriori con fotografías. Si bien los brazos no los pude apreciar en toda su longitud, fue suficiente como para sentir que, por fin, había conseguido conocer a fondo a esta increíble galaxia.