En el corazón de la Catedral (la Espada de Orión)

Si el cielo fuera una gran ciudad Orión sería, como muchos la han denominado, su Catedral, el lugar que más tesoros resplandecientes alberga y la meca de todo astrónomo aficionado, ya sea novel o veterano, y es que alberga en la constelación una inmensa variedad de objetos de todo tipo, para todos los gustos y colores. Pero si Orión es la catedral, sin duda su zona central sería el retablo de las maravillas, la región conocida como el Tahalí de Orión o la espada. No es difícil imaginarla, pues se ve a simple vista como si colgase del llamativo cinturón, y si la noche es oscura podemos apreciar que no es una simple hilera de estrellas. Pocas regiones del cielo muestran tanto esplendor en un espacio tan reducido, de apenas 3 grados de diámetro, en los cuales encontramos una importante variedad de objetos que bien merecen un libro aparte.

Espada de Orión.png

Comenzaremos con una vista global para situarnos en este océano cósmico. Cuando miramos a la constelación de Orión estamos viendo una inmensa familia de estrellas y gases que conforman lo que se conoce como Asociación Orión OB1, situada en torno a los 1450 años luz. Ésta, a su vez, se puede dividir en cuatro regiones:

  • Orión OB1a: situada al oeste del Cinturón de Orión, es la región más antigua, con 10 millones de años de edad y a una distancia de 1.100 años luz. Al parecer fue la responsable de engendrar a Betelgeuse, que es una estrella de tipo espectral M que ha crecido asombrosamente rápido hasta adquirir su intenso color rojizo.
  • Orión OB1b: engloba a las estrellas del Cinturón, grupo conocido como Collinder 70, con una edad de 2-5 millones de años y algo más lejos que el anterior, a unos 1.500 años luz.
  • Orión OB1c: la zona del Tahalí de Orión que ocupa este capítulo.
  • Orión OB1d: formada por M42 y M43, la nebulosa de Orión propiamente dicha, aunque se encuentre abarcado por Orión OB1c.

Estas dos últimas zonas son las más jóvenes, especialmente Orión OB1d, contando sus estrellas con menos de un millón de años. Teniendo en cuenta que nuestro Sol tiene una de edad de 4.500 millones de años, no es difícil ser conscientes de su efímera vida.

Como curiosidad “geográfica” cabe decir que Orión OB1 y nosotros, junto con otras estrellas y nebulosas de distintas zonas del cielo, pertenecemos a la misma estructura galáctica, conocida como el Cinturón de Gould, descubierta en 1870. Dicha “nube estelar” ocupa un área curvilínea de unos 3.000 años luz de diámetro, y las últimas hipótesis apuntan a que fue formada por la colisión contra nuestra galaxia de una nube de gas hace 50 ó 60 millones de años. Dicha teoría estuvo en entredicho hasta que hace poco se descubrió la existencia de la Nube de Smith, un cúmulo de gas de gran masa que está en vías de colisionar con la Vía Láctea. El sol, que ya tenía una edad respetable por aquélla época, pudo contemplar un espectáculo variopinto. El gas de procedencia extragaláctica colisionó con las estrellas del brazo de Perseo, provocando una onda de choque que desestabilizó las grandes nebulosas que allí residían, produciendo un inmenso brote de formación estelar. Algunas supernovas, fruto de esta gran proliferación, terminaron de esculpir la región tal y como la conocemos hoy. Dedicaremos un capítulo completo a hablar, a grandes rasgos, de la geografía de nuestra galaxia, aunque demos algunas pinceladas mientras tanto.

Retomamos nuestra atención sobre el Tahalí de Orión, la espada, el altar de la Catedral celeste. La siguiente fotografía, realizada por Leonardo Fernández de Alarcón Web con un refractor de 110 mm y F/7, nos muestra la región en cuestión, con el norte arriba:

Foto M42 espada

Vamos a recorrerlo de norte a sur, metódicamente, para poder disfrutar cada una de sus estrellas. Lo primero que nos encontramos es un curioso cúmulo abierto denominado NGC 1981, que pasa desapercibido debido a su cercanía con M42, pero situado en un lugar más solitario sería un objeto muy llamativo. Está formado por una veintena de estrellas brillantes, de magnitud entre 7 y 10, dispuestas a lo largo de un espacio de 20 minutos de arco. Sus estrellas más brillantes se disponen en forma de dos hileras de tres componentes, siendo flanqueadas por dos astros algo más débiles. Entre ellas podemos ver dos interesantes estrellas dobles. La primera, la más sencilla de separar, es Struve 750, la estrella situada más al norte. Su componente principal es de magnitud 6.40 y su secundaria dos magnitudes más oscura, separadas por 4.1 minutos de arco. Son de color blanco-azulado, jóvenes como la mayoría de las estrellas de la zona, y algunos observadores encuentran a la más débil una tonalidad más azulada que a la primaria. La otra estrella doble de interés es Struve 743, de magnitudes 7.7 y 8.2, esta vez más unidas entre sí, a una distancia de 1.8 minutos de arco. Para desdoblarlas necesitaremos mayores aumentos, aunque no supondrá gran problema si la noche es serena, viendo entonces dos pequeñas perlas casi en contacto. El cúmulo puede ser considerado relativamente pobre, pero si la noche es oscura llaman la atención un grupito de estrellas muy débiles dispersas al norte de Struve 743, que dan la sensación de ser, de por sí, otro cúmulo abierto más lejano.

NGC 1977

Nuestra siguiente parada nos sumerge en la niebla de una interesante región HII en la que se están gestando estrellas continuamente, una zona situada a 1.500 años luz de distancia que se compone, a grandes rasgos, de tres grandes masas gaseosas. El color rojo denota su naturaleza de emisión, excitadas por las estrellas que residen en su interior, pero podemos comprobar, en cualquier fotografía, que los tonos azules llegan a predominar, muestra de que son también nebulosas de reflexión que reflejan la luz de sus astros. La mayor de ellas, situada al sur, es NGC 1977, una gran nebulosa de unos 15 años luz de diámetro. En su interior reside c orionis, una estrella de magnitud 4.8 visible a simple vista, compañera de una estrella más tenue a tan sólo 1 minuto de arco de distancia. Esta estrella, junto con otras dos brillantes, se sitúa en el centro de la nebulosa, que tiene forma alargada, con nebulosas oscuras delimitando su forma en algunos de sus bordes. 42 orionis, de magnitud 4.7, es la responsable de ionizar la mayor parte del hidrógeno que conforma la nebulosa. NGC 1975 rodea a la estrella HD 36958, de magnitud 7.34, y es la segunda en extensión y brillo de este grupo. Tiene una forma ligeramente alargada y poco definida, perdiéndose sus bordes hacia el exterior. Muy cerca, y rodeando a la estrella que hay justo al norte de NGC 1975, encontramos la tercera nebulosa, NGC 1973, una pequeña nubecilla que se aprecia mejor con visión indirecta. El conjunto de estas tres nebulosas es especialmente llamativo y constituye una de las nebulosas difusas más brillantes que podemos ver. Sin embargo, siempre será un segundo plato por el delicado lugar que ocupa, al lado de la nebulosa principal  que ya, por fin, vamos a abordar.

Hay mucho que decir sobre M42 y M43 y no hay un espacio ilimitado para ello, así que tendremos que centrarnos en sus principales detalles. Para empezar, imaginemos a una inmensa región llena de gas que poco a poco se ha ido enfriando, con el paso de los años, de forma que sus partículas se van uniendo entre sí, haciéndose cada vez más densas. Así, en un área de más de 100 años luz de diámetro, se fueron formando nuevas estrellas desde hace unos escasos 3 millones de años, apenas un suspiro en la escala cósmica. Ahora FOto m42 trapecio (1)centremos nuestra atención en el centro de esta masa gaseosa, lugar de residencia de cuatro brillantes estrellas que todo astrónomo conoce. Galileo descubrió 3 de ellas, y en el siglo XVII varios astrónomos se dieron cuenta de que eran realmente 4 estrellas, dispuestas en forma de trapecio, nombre con el cual se conoce al grupo. En conjunto, reciben el nombre Theta Orionis, y son estrellas muy jóvenes de tipo espectral O y B, con una edad de apenas un millón de años. Tienen una masa de entre 15 y 30 veces la masa de nuestro sol, y emiten una inmensa cantidad de radiación ultravioleta. Theta Orionis C, la más brillante de ellas, es la principal responsable de ionizar el hidrógeno de la masa de gas circundante y, por tanto, tenemos que agradecerle que podamos disfrutar de este espectáculo. Es la estrella más caliente de todas las que podemos ver a simple vista, con 40.000 grados en su superficie. El Trapecio se encuentra formado, realmente, por once componentes, siendo 6 de ellas accesibles a instrumentos de aficionado. Las componentes E y F, de magnitud 11, requieren de una noche estable para poder verlas, ya que el brillo de la nebulosa juega en nuestra contra a la hora de distinguirlas.

Pero estas estrellas no están solas en el centro de la nebulosa. Invisibles a nuestros ojos, más de 2.000 estrellas se esconden tras el gas de la región, visibles sin embargo con instrumentos específicos como el Chandra X. En la siguiente imagen podemos comparar la zona más céntrica en longitud de onda visible y en el infrarrojo, sobrando las palabras para describirla: la vida se esconde tras esas densas nubes. Los últimos estudios sugieren que en el centro hay un agujero negro de unas 100 masas solares, de manera que podría explicar los anárquicos movimientos observados en las estrellas. De hecho, como ya comentábamos al hablar de IC 405, la estrella AE Aurigae parece tener su origen en el centro de M42, habiendo sido despedida al interactuar con otras estrellas.

Foto m42 centro

Estas grandes estrellas, además de iluminar la nebulosidad a su alrededor, generan fuertes vientos que van moldeando las estructuras a su paso, de manera que la Nebulosa de Orión muestra centenares de arcos y ondas, reflejo de los rápidos movimientos a los que se ve sometido el gas. De esta forma, la nebulosa Foto m42 vientose va expandiendo a pasos agigantados, calentando el espacio a su paso y estimulando la formación, en un futuro cercano, de miles de estrellas nuevas. De hecho, M42 cuenta en su interior con una gran cantidad de discos protoplanetarios y estructuras típicas de estrellas en formación, desde Glóbulos de Bok hasta cuerpos Herbig-Haro. El Telescopio Espacial Hubble ha encontrado hasta 13 planetas gaseosos, similares a Júpiter, vagando a la deriva sin estar ligados a ninguna estrella. Lo cierto es que no son planetas, sino “estrellas fallidas”. Comenzaron a formarse como cualquier otro astro, condensando sus átomos, pero el núcleo no fue capaz de llegar a fusionar el hidrógeno y el helio, de manera que no llegan a brillar con luz propia. Son una especie más de la abigarrada fauna que compone este increíble hábitat espacial.

FOto m42 protoplat

Discos protoplanetarios en Orión

M42 tiene forma esférica, con una gran concavidad en su interior que se ha generado mediante un proceso llamado fotoevaporación en el que las estrellas centrales más masivas alejan el gas y el polvo. Debido a esta dispersión, en cuestión de 100.000 años apenas quedarán restos gaseosos, y el resultado será un gran cúmulo estelar. Sus estrellas más masivas, en un período relativamente corto de tiempo, explotarán en forma de supernovas, volviendo a generar el caos a su alrededor. Hay un gradiente importante de temperatura, de forma que en las regiones más internas se alcanzan los 10.000º K, enfriándose a medida que se aleja del centro.

M43 es en realidad parte de la misma Nebulosa de Orión, aunque fue considerada en el siglo XVIII como un objeto distinto. Un filamento de polvo oscuro separa ambas nebulosas, dando esa sensación. También se la conoce como NGC 1982 o Nebulosa de Mairan, debido a su descubridor Jean-Jacques Dortous de Mairan, y se encuentra ionizada por la estrella HD 37061, justo en su zona central. Fue inmortalizada por Messier a finales del siglo XVIII, en un dibujo junto a M42.

Foto M42 messier

Visualmente, M42 y M43 suponen un espectáculo a través de cualquier instrumento. Con unos simples prismáticos bien firmes y una noche oscura se puede apreciar la nebulosa en el mismo campo que NGC 1981 y el complejo de nebulosas de NGC 1977. M42, si el cielo es favorable, mostrará incluso la porción opuesta al trapecio, ese lazo que la rodea de forma tenue. Las estrellas del trapecio pueden empezar a resolverse con pequeños prismáticos, pero para distinguir sus 4 estrellas será mejor recurrir a grandes prismáticos o a pequeños telescopios

A través del Dobson de 30 cm y un filtro la vista es, sencillamente, superponible a la mayoría de fotografías de M42, e incluso mejor, ya que la zona central no aparece velada y podemos disfrutar de todos sus detalles a la vez. Usando bajos aumentos podemos encuadrarla en el mismo campo, mostrando nebulosidad y filamentos donde quiera que pongamos la vista. La zona central es muy brillante, contrastando enormemente la denominada Boca de Pez, un entrante oscuro que avanza hacia el trapecio, una región rectangular llamada Regio Huygheniana. En este último distinguimos las cuatro estrellas principales, y basta con usar 125 o 214 aumentos para poder ver, si la atmósfera no es turbulenta, las componentes E y F, brillando débilmente a muy poca distancia del resto. Al sur del Trapecio aparece otra bahía oscurecida, más estrecha, que separa Regio Huygheniana de Regio gentili, llamada Sinus gentili.

M42 interna

Las alas se abren en direcciones opuestas, y la occidental (proboscis maior) se divide en dos arcos claramente diferenciados, abiertos en un ángulo de 50º. Uno de ellos se dirige hacia Iota Orionis y se une a la otra ala cerrando un círculo casi perfecto. En esta zona posterior, bastante más débil, se pueden apreciar entrantes de nebulosidad hacia el centro, creando pequeños arcos que se aprecian mejor con visión lateral. Volutas de humo aparecen flotando en el interior de la nebulosa y multitud de estrellas pueblan cada uno de sus rincones. M43, al lado del trapecio, despliega una elegante forma redondeada que se extiende acabando en una curvada punta hacia el norte. Sin duda, cualquier descripción se queda corta ante este monumento estelar. Lo mejor es verlo por uno mismo, no de pasada, sino deteniéndose en cada detalle. Conforme pasen los minutos vislumbraremos zonas hasta entonces invisibles, estrellas que antes parecían no existir, y tras media hora estaremos contemplando una verdadera y “viva” fotografía.

M42

Por último, terminamos este recorrido echando un vistazo a NGC 1980, nebulosa descubierta por William Herschel en torno a Iota Orionis. Dicha estrella, denominada Hatysa, tiene una magnitud aparente de 2.75 y es una gigante azul de tipo espectral O9, con una temperatura mayor a 31.000º K. Es una interesante estrella triple, con dos componentes más débiles a 10 y a 40 segundos de arco. La más alejada, según algunos observadores, tiene un tono rojizo que contrasta con el blanco azulado de sus compañeras. Además, la primaria es a su vez binaria espectroscópica, con una estrella orbitando a su alrededor cada 29 días en una órbita muy excéntrica, que podría haber sido causante de la fuga de AE Aurigae. La naturaleza de NGC 1980 es algo incierta, con cierta controversia acerca de si se trata de una porción de M42 o si es una nebulosa con entidad propia situada más cerca de nosotros. Hay incluso quien dice que es un cúmulo abierto formado por Hatysa y una quincena de estrellas, si bien Herschel describió sin ninguna duda su naturaleza gaseosa.

Espada de Orión - detalles

Sea como sea, la imagen que podemos ver a través de un ocular de gran campo es inolvidable, con tantas formas y sombras que tardaríamos una eternidad en estudiarla a fondo. No en vano es el objeto más visitado del firmamento.

La cara de Géminis (NGC 2392)

Si hay algo que uno va aprendiendo conforme ve más y más objetos celestes es que el cosmos es un artista caprichoso, dejándonos en ocasiones imágenes que desafían nuestra imaginación. La entrada de hoy habla sobre NGC 2392, conocida como la Nebulosa del Esquimal o Nebulosa del Payaso, una espectacular nebulosa planetaria que fue descubierta en 1787 por William Herschel. Pero antes de enfrascarnos en ella tenemos que parar en una estación a medio camino, una parada que merece la pena hacer para repostar energía.

Se trata de Wasat (del árabe “mitad”) o delta Geminorum, la estrella que nos servirá como referencia y que marca la cintura de uno de los gemelos. Es una interesante estrella triple con sus componentes más brillantes separadas 5.7 segundos de arco, situadas a 59 años luz de nosotros. La estrella principal, de magnitud 3.53, es de tipo espectral F0, una subgigante que va camino de convertirse en gigante a medida que consume su hidrógeno. Tiene, a su vez, una pequeña estrella orbitando a su alrededor a 0.20 segundos de arco. La estrella secundaria es una enana roja de tipo espectral K6 y magnitud 8.2, por lo que el contraste de colores está garantizado. Gira alrededor de sus dos compañeras a 100 unidades de arco, en un baile a tres que lleva ocurriendo desde hace más de mil millones de años.

Doble - Wasat.png

Wasat ha sido parte de la historia de la astronomía como testigo de uno de los eventos más importantes del siglo XX, y es que ocupa un lugar prácticamente en la elíptica, por lo que sufre acercamientos de planetas continuamente, incluso ocultaciones cada más tiempo (Venus la ocultará en 2420. No estaremos ahí para verlo, pero nada nos impide simularlo en algún programa informático). En 1930 fue testigo, como decíamos, del descubrimiento de Plutón, ya que el planeta enano se encontraba a apenas medio grado de arco de la estrella. Wasat fue, por tanto, portada de periódicos, libros y revistas que han pasado a la posteridad. Como quien visita un lugar histórico, intentemos rememorar la imagen de ese pequeño punto de magnitud 14 al lado de esta brillante estrella, y la emoción de Clyde Tombaugh cuando comprobó que, efectivamente, se movía con respecto a las estrellas.

Pluto

Después de visitar a esta histórica estrella no tenemos más que descender unos 2 grados al sureste para encontrar a NGC 2392. Su distancia es algo indeterminada, ya que según el método que se use el resultado varía en un rango entre 2.000 y 4.000 años luz. Lo que vemos en ella es una estrella en proceso de convertirse en enana blanca, proceso que comenzó hace unos 10.000 años, cuando la estrella pasó a ser una gigante roja, debido al agotamiento de sus reservas de hidrógeno. Al carecer de la energía suficiente, la estrella se enfrió, expandiéndose sus capas externas y formando una esfera a su alrededor. Algunos estudios defienden la presencia de un disco de material alrededor de la estrella, de forma que cuando se expandió el material más denso también lo hizo, convirtiéndose en esos filamentos de aspecto cometario que podemos ver en la fotografía. Acto seguido la estrella comenzó a colapsar, provocando fuertes vientos de millones de kilómetros por hora y la emisión de dos lóbulos gaseosos que salieron de forma bipolar. Desde nuestra posición no podemos ver los dos lóbulos independientes porque se sitúa de frente a nosotros, de manera que ambos se sobreponen y nos aparecen como una esfera rodeando a la estrella. De hecho, ni siquiera adoptan una forma completamente circular, sino que las fuertes corrientes de la estrella esculpen los lóbulos otorgándoles unos lados algo más rectilíneos. Estos mismos vientos son, al parecer, los responsables de arremeter contra el material que la estrella expulsó hace más tiempo, formando tras de sí una especie de cola que les da el aspecto de decenas de cometas apuntando al núcleo.

Foto NGC 2392

Por tanto, en esta cara estelar tenemos tres diferentes elementos reseñables. Por un lado la envoltura gaseosa, reflejo de la expansión de la estrella central a medida que se iba enfriando y convirtiendo en una gigante roja. Por otro, una especie de corona inmersa en la envoltura gaseosa, hecha de materiales más densos que formaban parte de un disco circumestelar y que vemos ahora “desde arriba”, erosionados por el viento estelar. Por último la región nebulosa central que está formada por dos lóbulos superpuestos desde nuestro punto de vista. Todos estos gases están siendo ionizados por la estrella central, que además guarda otra sorpresa. Estudios recientes del Instituto de Astrofísica de Andalucía han descubierto que la cantidad de rayos X emitidos por la nebulosa son demasiado elevados teniendo en cuenta los vientos emitidos por la estrella central, de lo que se infiera la existencia de una componente binaria que hasta ahora no ha podido ser observada por métodos directos. De esa manera finalizaríamos este interesante puzle, que se presta a su observación con instrumentos de cualquier abertura.

Es visible con prismáticos como una diminuta estrella de magnitud 10. Incluso modestos telescopios a bajo aumento no lograrán vislumbrar nada más que una pequeña estrella borrosa. Pero será al usar mayores aumentos cuando la nebulosa cobre vida, y una mayor abertura permitirá distinguir los rasgos internos que la hacen tan particular. Con el Dobson de 30 cm, a 125 aumentos la visión ya es soberbia. La estrella central brilla con fuerza, rodeada por un anillo gaseoso que, a su vez, se encuentra envuelto por una corona más débil. Sin embargo, la nebulosa nos pide usar más aumentos. A 300 aumentos la imagen es sobrecogedora. Nos damos cuenta, entonces, de la región central no es un círculo perfecto ni mucho menos, sino que forma una especie de trapecio con los bordes curvados. Una visión más atenta revela que el borde este trapecio se encuentra engrosado en algunos lados, y fuera de él encontramos la corona, separada por un pequeño pasillo oscuro alrededor de la nebulosa interna. Este pasillo oscuro al principio no se distingue, pero con un poco de esfuerzo y visión indirecta comienza a aparecer discretamente. La corona es circular, y con la visión adaptada se llega a percibir que no es perfectamente homogénea en su interior. En los momentos de mayor estabilidad aparece una especie de zona más densa en el lado superior del trapecio, opuesto a la estrella más brillante del campo. Dicha densidad da la sensación de ser algo “grumosa”, y sin duda contribuye a la imagen de esquimal que dan las fotografías, como si fuera la parte superior de la capucha del parka. El filtro OIII resalta todos estos detalles, de manera que sin él es bastante difícil poder ver esas condensaciones de la corona. Estoy seguro de que con mayor estabilidad atmosférica se apreciarán más detalles, y eso es lo bueno de la astronomía, que siempre va a haber ocasión para mejorar la observación.

NGC 2392

Un esquimal, un payaso, un león… Sea lo que sea que uno vea en ella, NGC 2392 es una pieza de museo única e irreproducible, muestra de lo dinámico que puede llegar a ser el cosmos.

Una lejana familia (HCG 44 y Algieba)

Leo va alzándose más al comienzo de cada noche, no teniendo que esperar hasta altas horas de la madrugada para disfrutar de sus objetos. Hoy vamos a centrarnos en el pecho del león, que en vez de un corazón guarda dos tesoros a buen recaudo. Por un lado, Algieba, gamma Leonis, es la brillante estrella amarillenta que podemos ver por encima de Regulus. Por otro lado, una pequeña agrupación de galaxias brilla junto a Algieba, dispuestas a ofrecernos una agradable visita.

Empezaremos con Algieba, para ir adaptando la visión a la oscuridad y prepararnos para disfrutar del siguiente objetivo. La llamativa estrella no es tal, sino una estrella doble de componentes muy brillantes, con una magnitud de 2.28 y 3.51, respectivamente. Su nombre proviene del árabe “la frente”, a pesar de lo cual ocupa la zona de la melena que cae sobre el pecho del felino. Situadas a unos 130 años luz de nosotros, giran una alrededor de la otra completando una vuelta en más de 500 años. La principal es de tipo espectral K, con un diámetro 23 veces mayor que nuestro sol y una temperatura cercana a 4.500 grados kelvin. La estrella secundaria, algo más pequeña, es de tipo espectral G. Ambas son gigantes que han dejado de fusionar hidrógeno en helio, con lo cual la gravedad colapsa el núcleo mientras la envoltura gaseosa se va expandiendo, de ahí su gran diámetro. Dentro de unos miles de años tendrá suficiente energía para fusionar helio y transformarlo en elementos más pesados, continuando el ciclo habitual de las estrellas.

Se encuentran separadas entre sí por 4.6 segundos de arco, distancia fácilmente distinguible con la mayoría de telescopios. Aun así nos convendrá elegir una noche estable para disfrutar de ella. Veremos entonces dos estrellas brillantes y amarillentas, una levemente mayor que la otra, que a bajos aumentos parecen tocarse, separándose en cuanto colocamos un ocular de mayor aumento. La mejor imagen la obtuve con el ocular de 7 mm, a 214 aumentos, ambas refulgiendo con la fuerza de las estrellas gigantes. En la menor componente, por cierto, se ha descubierto un planeta situado a poco más de una UA (unidad astronómica) de distancia. Podría parecer similar a la tierra, pero la realidad es que tiene un diámetro más de 8 veces superior al de Júpiter, por lo que la vida allí no debe de ser precisamente sencilla. De todas formas la imaginación puede elucubrar muchas posibilidades. Quién sabe si en un gigante gaseoso tan enorme habrá capas de su atmósfera con una temperatura estable y elementos que permitan la formación de moléculas orgánicas…

Doble - Algieba.png

De Algieba damos un breve salto, moviendo el telescopio tan sólo 2 grados al norte, “cuello arriba”, si bien estamos viajando millones de años luz en la realidad. Hickson 44 es un grupo de galaxias cuya distancia se estima entre 60 y 100 millones de años luz, y al menos 3 de sus componentes son fácilmente visibles con aberturas moderadas. El catálogo Hickson es un compendio de 100 grupos compactos de galaxias publicado en 1982 por Paul Hickson, siendo el más famoso el Quinteto de Stephan, o Hickson 92. El que nos ocupa hoy, HCG 44, está formado por NGC 3185, NGC 3187, NGC 3190 y NGC 3193. Las tres últimas conforman, a su vez, el grupo conocido como Arp 316.

Foto HCG 44.jpg

NGC 3190 es la galaxia principal, ocupando el centro del grupo, una espiral vista de perfil que exhibe una prominente banda oscura de gas, claramente visible en la siguiente fotografía del Hubble. Mide unos 75.000 años luz de diámetro, aproximadamente la mitad que la Vía Láctea, y muestra signos de estar interactuando, especialmente con NGC 3193.

Foto NGC 3190

Ésta última es una galaxia elíptica, la segunda de mayor brillo en esta pequeña familia, con un diámetro de unos 2 minutos de arco. En las fotografías de larga exposición se aprecia un reguero de polvo brillante entre NGC 3190 y NGC 3193, un río de estrellas que ambas galaxias están compartiendo. La vista desde un planeta situado alrededor de ellas sería, sin duda, majestuosa. Sin embargo, la componente más llamativa por su forma es, probablemente, NGC 3187, una espiral barrada deformada con los brazos muy abiertos, casi a 90º de la prominente barra central, debido a la interacción gravitatoria con la galaxia principal. En sus brazos podemos observar un gran número de pequeñas condensaciones, regiones HII y cúmulos abiertos, prueba de la actividad proliferativa que está teniendo lugar en ella. Es la componente más débil del grupo, con una magnitud estimada entre la 13 y la 14. La cuarta componente de HCG 44, que se encuentra excluida de Arp 316, es NGC 3185, una espiral barrada con sus brazos en disposición circular. La familia la rematan otras dos pequeñas galaxias, PGC 86788 y PGC 2806871, visibles tan sólo en fotografías.

Hickson 44

La observación visual de Hickson 44 no es difícil si la noche es oscura. Cuando busqué estas galaxias con mi Dobson 305 mm, lo primero que vieron mis ojos de forma llamativa fueron NGC 3190 y NGC 3193. La primera ocupaba el centro del ocular, brillante, con una silueta alargada y un núcleo brillante que destacaba sin dificultad. NGC 3193, un poco más abajo, era una esfera perfecta con el núcleo más intenso, difuminándose conforme se alejaba hacia los bordes. Creo que es uno de los ejemplos más ilustrativos para diferenciar entre ambos tipos de galaxias (lo sería más aún si NGC 3190 estuviera de frente y mostrara sus brazos con claridad). NGC 3185, un poco más lejos, también se ve sin mayores problemas, una pequeña mancha difusa y de forma circular, con un núcleo menos brillante que en las anteriores. NGC 3187 es, con diferencia, la galaxia más esquiva de la familia, apreciándose con visión lateral muy cerca de NGC 3190. Al principio sólo distinguía una pequeña nebulosidad, pero prestando un poco de más atención pude distinguir su forma fina y alargada, bien definida, aunque los brazos se escapaban a mis ojos. Sin duda, una peculiar e interesante familia de universos a la que visitar en más de una ocasión.

Hickson 44 detalles

Lindando con NGC 7789

La observación de hoy es el complemento ideal para cuando abordemos NGC 7789, el maravilloso cúmulo abierto de Casiopea del que ya hemos hablado con anterioridad. Los compañeros elegidos se encuentran muy cerca del cúmulo, y son una estrella doble y una nebulosa planetaria.

La estrella doble es Sigma Cassiopeiae, un brillante sistema binario que brilla con una magnitud de 4.88, visible por tanto a simple vista junto a uno de los extremos de la constelación. Situada a unos 5.000 años luz de nosotros, sus estrellas son de tipo espectral B, azules, pero llama la atención su diferencia de magnitudes. Mientras que la principal es una gigante azul (8 veces más grande que nuestro Sol), de magnitud 5, su compañera es más pequeña, brillando con una magnitud de 7. Parece ser que constituyen un sistema múltiple físico, girando una alrededor de la otra, aunque se desconoce con exactitud su período. Varios miles de años tienen que pasar seguramente para que completen una vuelta. Tras el ocular presentan una separación de tan sólo 3.1 segundos de arco, y la secundaria no parece especialmente azul, sino que brilla con cierta tonalidad amarillenta, efecto de la diferencia de brillo entre ambas. La magnitud de 7 de la secundaria hace que no quede eclipsada por la principal, aunque si la atmósfera se encuentra turbulenta o la observamos cuando Casiopea se encuentra bajo la estrella polar, como fue mi caso, parecerá algo más difícil de lo que es. La mejor etapa para observarla es en verano y otoño, cuando la constelación se alza y alcanza su punto más elevado.

Sigma Cas.png

El otro objeto que acompaña a NGC 7789, algo más alejado, es una nebulosa planetaria que pertenece al catálogo Abell, con lo cual podemos tachar otra de esta peculiar lista de decesos estelares. Se trata de Abell 84, una planetaria de magnitud superior a 13 y brillo superficial muy bajo, que complica su observación para aberturas pequeñas. En fotografías de larga exposición puede apreciarse una interesante esfera con los bordes más engrosados, destacando una estrella que parece insertada en un extremo a modo de perla de un anillo. Recuerda a una versión más pequeña y difusa de Abell 33, que veremos en breve.

Foto Abell 84

Abell 84 no es un objeto sencillo de observar. Se puede encontrar sin problemas a partir de NGC 7789, a medio camino hacia la constelación de Pegaso. Si la noche es oscura y observamos a aumentos moderados, podremos percibir, una vez que nuestra vista se adapte a la oscuridad, cierta nebulosidad junto a nuestra estrella objetivo. Dedicándole más tiempo su forma redondeada se manifiesta algo más, aunque sigue siendo apenas un fantasma difuso. Es el filtro OIII el que finalmente permite captarla con mayor nitidez, y a pesar de ello necesitaremos hacer uso de visión lateral para contemplarla sin problemas. Su estrella central es completamente invisible a nuestros instrumentos, pero podemos imaginarla en algún lugar en medio de esa burbuja cósmica que tan tenue se nos muestra. La mayor parte de las 86 nebulosas del catálogo Abell son tan débiles que nuestra principal prioridad debería ser poder atisbar algunos de sus fotones.

Abell 84.png

Al este del Can Mayor

Hoy vamos a dedicarle otro capítulo al Can Mayor, una de las constelaciones estrella de esta temporada para aquéllos que cuenten con un horizonte sur despejado. En esta ocasión vamos a recorrer su vertiente más oriental, trazando un camino recto a la derecha de Murzim. Esta estrella, pese a ser la beta de la constelación, es la cuarta en brillo, y se sitúa a 500 años luz de nosotros. Es una estrella 10 veces mayor que nuestro sol, de tipo espectral B, es decir, joven y brillante con un tono blanco-azulado. Su nombre, árabe, significa “el heraldo”, y no podía ser más acertado, ya que su aparición en el cielo precede a la entrada magistral de Sirio. A medio camino entre ella y Beta monocerotis (podemos aprovechar para hacerle una visita) vamos a comenzar nuestro recorrido, con la estrella doble FR CMa.

Situada a más de 1.000 años luz, FR CMa es una estrella de magnitud 5.6, visible a simple vista en un cielo medianamente aceptable. Comparte con Murzim el tipo espectral, y su superficie arde a 25.500 grados centígrados (nuestro sol lo hace a “tan sólo” 5.000 grados). Es una estrella joven, de unos 14 millones de años de edad, pero cuando termine su vida lo hará probablemente en forma de supernova, ya que su masa es unas 12 veces mayor que la del sol. Su compañera es bastante más débil, de magnitud 9.7, y se encuentra muy cercana, a unos 3.9 segundos de arco. Con 125 aumentos ya puede apreciarse si la atmósfera permanece estable, apareciendo la secundaria de color blanquecino. No hay grandes contrastes aquí, pero no deja de ser interesante su cercanía y la gran diferencia de brillo. Por cierto, la estrella que aparece en el campo visual a la izquierda y arriba de FR CMa es HD 44394, una gigante roja de tipo espectral M que sí nos muestra un color rojizo mucho más vivo (se encuentra a 700 años luz).

FR CMa.png

Esta estrella doble es un buen punto de partida para encontrar IC 2165, una pequeña nebulosa planetaria que hace verdadero honor a su nombre. Está formada por dos capas principales de gas que han sido emitidas en distintas etapas de la evolución de su estrella central. Está dos veces más alejada que FR CMa, estimándose su distFoto IC 2165ancia a unos 2.500 años luz. Su magnitud es de 12.5, lo cual la pone al alcance de telescopios de pequeña-moderada abertura, si bien su observación presenta una desventaja, ya que su tamaño apenas llega a los 0.2 minutos de arco de diámetro. Por este motivo, a priori se confundirá con una estrella más, por lo que hay que conocer con precisión su localización. Una vez en el campo podemos interponer entre nuestro ojo y el ocular un filtro OIII, con lo que conseguiremos aumentar el contraste de la nebulosa, haciendo que el resto de estrellas disminuyan su brillo.

La noche que la observé pude notar su naturaleza “extraña” a 125x. Sigue presentando un tamaño mínimo, pero algo en su brillo la delata. Al poner el ocular de 5 mm, con 300 aumentos, pude apreciar ya sin ningún problema un pequeño disco perfectamente circular y homogéneo. Comprendí al instante la denominación “planetaria” que se les da a este tipo de objetos, porque esa pequeña esfera bien podría ser un lejano planeta similar a Neptuno o Urano. No alcancé a ver su estrella central, que brilla con magnitud superior a 15, pero siempre es agradable contemplar esta fase de la vida de las estrellas. Si estuviéramos más cerca de ella podríamos verla quizás muy parecida a NGC 1535, pero en la vida tiene que haber de todo, y para gustos los colores. No siempre vamos a ver anillos internos y formas extravagantes. De vez en cuando gusta ver una diminuta esfera flotando en el espacio.

IC 2165

Avanzamos ya hacia el sur, y a unos 2 grados de Murzim vamos a por el siguiente objetivo, aumentando así mismo la distancia de lo que vemos por el ocular. Ahora vamos a viajar a 8.600 años luz de la Tierra, topándonos con un bonito cúmulo de estrellas, NGC 2204, a las que su juventud todavía no ha dado tiempo de separarse. La familia sigue aún unida por la gravedad, esparcida por un espacio de unos 24 años luz. Al telescopio ocupa algo menos de 15 minutos de arco, y nos muestra unas 40 componentes de distinto brillo, con dos de mayor intensidad presidiendo el conjunto. El campo circundante plagado de estrellas y una débil neblina que se encuentra tras las estrellas del cúmulo hacen de NGC 2204 un objeto digno de visitar cuando recorramos estas zonas meridionales. La neblina, por cierto, no es la nebulosa que dio lugar a las estrellas, que ya se ha dispersado, sino el efecto conjunto de decenas de estrellas demasiado débiles y juntas para resolverlas con nuestros instrumentos.

NGC 2204

Vamos a finalizar la aventura dando un salto en el vacío, dejando a la Vía Láctea muy atrás para sentir el vértigo del cosmos, más concretamente a 90 millones de años luz. A esta distancia lo que vamos a ver, lógicamente, son galaxias, y en nuestro caso a una pareja de ellas, NGC 2211 y NGC 2212. Son dos galaxias elípticas de apenas 1 minuto de arco de diámetro. La más brillante es NGC 2211, con una magnitud de 12.7, mientras que NGC 2212, más débil, ronda la magnitud 13.5. NGC 2211 es la más evidente de las dos, y pude verla sin ninguna dificultad mientras buscaba NGC 2204, a 125 aumentos. NGC 2212 es más difícil de ver, tiene un brillo superficial más bajo. Para verla usé 214 aumentos, aumentando el contraste y apareciendo con visión periférica de manera más evidente, con una orientación perpendicular a su compañera, que con ese ocular muestra un núcleo más brillante y puntiforme.

NGC 2211

De dobles va la cosa

Hoy vamos a perdernos de nuevo realizando una pequeña excursión por los dominios del Can Mayor, tomando como punto de partida la estrella Tau Canis Majoris, rodeada, como ya hemos visto, por el espectacular cúmulo NGC 2362. Este artículo es el resultado de abrir el atlas y explorar con la mirada, señalando con un círculo los objetos que, en cierta manera, captaron mi atención.

Chart dobles CMa.png

El primer objetivo fue NGC 2367, pero no imaginé que su búsqueda iba a traer ante mis ojos una de las más bellas estrellas dobles que jamás he visto. Subiendo un poco hacia el norte a partir de NGC 2362, moviendo lentamente el tubo mientras disfrutaba del paisaje celeste, apareció ante mí una pareja deslumbrante que marcó mi retina con sus contrastados colores. Rápidamente busqué su nombre y comprobé que era 145 CMa o H3945. Conocida también como la “Albireo del sur”, está formada por dos brillantes componentes de magnitud 5 y 5.9. La más brillante de ellas es de tipo espectral K y posee un intenso color amarillento, casi anaranjado. A poco más de 25 segundos de distancia brilla la estrella secundaria, de tipo espectral F, con un tono de un azul claro que contrasta enormemente con su compañera. Ambas no son realmente un sistema binario, sino que están juntas por efecto de perspectiva, pero el ojo no entiende de tecnicismos cuando tiene un espectáculo semejante ante él. A pesar de estar relativamente baja en el horizonte, su alto brillo y su amplia separación la hace perfectamente asequible a cualquier telescopio, ocupando, sin duda, un lugar en el podio de las estrellas dobles.

145 CMa

Seguimos nuestro camino hacia el este, bajo la atenta mirada de Sirio. El siguiente objeto tras el ocular fue un cúmulo abierto, pequeño y poco llamativo, pero con dos curiosos detalles que le hacen merecedor de una visita. El cúmulo en sí es NGC 2367, una agrupación de apenas una veintena de estrellas, relativamente débiles, con forma triangular. Se encuentra a unos 5.000 años luz de nosotros y es pequeño, de unos 5 minutos de arco de longitud. Una visión atenta nos revelará, en su interior, a medio camino entre dos de las puntas del triángulo, una pequeña estrella doble de la novena magnitud, cuyos componentes, blanquecinos, se encuentran separados por 4.8 segundos de arco. Sin embargo, no es la doble más llamativa en el ocular, y es que muy cerca, a unos 20 minutos de distancia del cúmulo, podemos encontrar a HD 57190, una bonita doble que es la antítesis de la anterior 145 CMa. Sus dos componentes, lejos de presentar un gran contraste, son dos gemas idénticas, de magnitud 7.7 y un color blanco-azulado. Lo que más llama la atención, probablemente, sea lo cercanas que están una de la otra, separadas por tan sólo 3.8 segundos de arco. Sin duda, un agradable complemento que aporta valor añadido al pobre NGC 2367. El cúmulo se encuentra rodeado por una débil nebulosa de emisión, los restos de los gases que formaron a sus estrellas, detalle apreciable en fotografías de larga exposición. De hecho, esa difusa masa de gas forma parte de una inmensa estructura llamada “megaburbuja”, que es el desenlace de grandes explosiones de supernovas que ocurrieron prácticamente a la vez, expulsando todo el gas circundante en forma de una enorme esfera conjunta. Para ver esto no hay más remedio que usar la imaginación, pues no existe otra manera de verla.

NGC 2367

Continuamos nuestra ruta para terminar esta pequeña excursión con lo que podríamos definir, a simple vista, como un cúmulo doble. Estamos hablando de NGC 2383 y NGC 2384, dos cúmulos estelares situados a alrededor de 6.000 años luz de distancia. Miden unos 5 minutos de arco y se encuentran muy cerca cuando los vemos por el ocular. Sin embargo, las apariencias engañan. Estudios recientes confieren a NGC 2383 una edad de unos 200 millones de años, mientras que NGC 2384 tendría apenas unos 8 millones de años, mucho más joven. Además, el primero se encuentra 5.400 años luz y NGC 2384 está a 6.900 años luz de distancia. Una vez más la perspectiva es capaz de engañar a nuestros sentidos. Sin embargo, no por ello dejaremos de disfrutar de la imagen de dos familias de soles tan cercanas, cada una con unos 20 componentes de brillo más bien débil. En NGC 2384 podemos ver una bonita estrella doble similar a las previas, de miembros muy similares entre sí, blanquecinas y unos escasos 4.5 segundos de arco entre ellas. Estas pequeñas parejas tienen algo especial, capaces de convertir un objeto cotidiano en una curiosa muestra de lo caprichosa que puede ser la naturaleza.

NGC 2383

Paseo navideño por el Unicornio

Cerramos el año con una observación especialmente navideña, acorde con estas fechas, perfectamente adecuada a aberturas medias y sitios bien oscuros. Es un paseo por algunos de los objetos más reseñables de la constelación del Unicornio, que en estos días se eleva por el cielo persiguiendo a Orión. Comenzaremos el recorrido en su región más boreal, justo por debajo de los pies de Géminis. Allí, a simple vista, se aprecia una zona con estrellas que parecen difuminadas, un efecto claramente visible desde cielos alejados de grandes urbes. En ese batiburrillo de estrellas, una de las zonas más llamativas corresponde a NGC 2264, conocido, con acierto, como el Cúmulo del Árbol de Navidad. Es una agrupación de estrellas que rememoran a la perfección la imagen de un abeto navideño, a lo largo de unos 60×30 minutos de arco. En la base, la estrella 15 Monocerotis brilla con una magnitud de 4.2. Su espectro es de tipo O7, una estrella gigante azul especialmente joven y brillante, superando a nuestra estrella unas 8.500 veces en luminosidad. Toda la zona, perfilando la silueta triangular, se encuentra inmersa en una nebulosa de emisión, una gran región HII, el caldo de cultivo que, a 2.700 años luz de distancia, ha dado lugar a tantas estrellas.

Foto 2264

Visualmente es un objeto muy llamativo. Ya a través del buscador se puede apreciar la aglomeración de estrellas con forma de árbol, más brillante en su base y en su extremo. Al ocular es fácil que alguna parte se salga del campo si no es de gran aumento. La noche que apunté a NNGC 2264 me llamó la atención, desde el primer momento, la fuerte nebulosidad que rodea a 15 Monocerotis, la estrella de la base. Con visión periférica pude apreciar que la mayoría de estrellas de la zona se encontraban inmersas en una débil neblina, fácilmente contrastable al apuntar a regiones más alejadas del cúmulo. En su vértice superior se encuentra la conocida “Nebulosa del Cono”, una nebulosa oscura con forma cónica que parte de dicha estrella hacia arriba. Me dediqué a usar todas las técnicas que conocía para intentar distinguirla, pero al final tuve que darme por vencido, culpando a unas mínimas nubes que rondaban la zona. Lo máximo que alcancé a vislumbrar fue la nebulosidad en zonas adyacentes a la nebulosa oscura, pero no la forma característica que podemos apreciar en fotografías. Aun así no salí descontento con el intento, pues no contaba con ver la nebulosa que engloba al cúmulo y pude verla sin mayores complicaciones.

NGC 2264.png

El siguiente objeto se encuentra muy cerca, a poco más de un grado de la cima del árbol y el escurridizo cono. Se trata de NGC 2261, Caldwell 46 o la Nebulosa variable de Hubble, un objeto que necesita de una buena dosis de imaginación para ser totalmente comprendido. Esta nebulosa ha traído de cabeza a los astrónomos desde hace más de dos siglos. Hasta el siglo XX se había pensado que era una estrella variable (R Monocerotis) asociada a una nebulosa de reflexión con una peculiar forma de abanico. En la década de los 20, Edwin Hubble descubrió que la nebulosa también era variable, cambiando tanto su brillo como su longitud de forma totalmente irregular, distinta al período de la estrella, hasta el punto de cambiar en pocas semanas. El misterio no fue resuelto hasta hace muy poco, gracias a observaciones con el Hubble y otros grandes telescopios. La explicación a este enigma se achaca a una estructura gaseosa de forma toroidal que rodea a R Monocerotis, como si un gran donut envolviera a la estrella. Esta estrella, una gigante azul, desprende materia al espacio que, a consecuencia del torus, adquiere forma bipolar, con un chorro de gas hacia cada polo. Por eso vemos esa forma triangular en la nebulosa. “¿Y dónde está el otro chorro?”, podríamos preguntarnos. El chorro que vemos es el que sale hacia nosotros, mientras que el otro, expulsado hacia atrás, queda oculto por la nube de gases que rodea a la estrella. De esa forma, lo que podemos observar es realmente una de las mitades del conjunto. De hecho, la estrella que vemos en el centro ni siquiera es una estrella, ya que ésta se encuentra oculta tras el gas. Lo que vemos es la envoltura gaseosa fuertemente iluminada por la estrella, por muy puntiforme que parezca. La única manera de ver el astro es en longitudes de onda diferentes a la luz visible.

NGC 2261

Al telescopio NGC 2261 es especialmente fácil de ver, ya que presenta un gran brillo superficial. Se puede apreciar como una estrella (aunque ya sabemos que no es la estrella propiamente dicha), con una nebulosidad intensa de forma triangular, como si fuera un abanico. La nebulosa es más brillante en uno de sus bordes, disminuyendo progresivamente a medida que se aleja, acabando con cierta forma semicircular. Una estrella aparece por momentos inmersa en su superficie.

Hay que recorrer 2 grados hacia el suroeste para encontrar el siguiente objeto de este recorrido, llegando a una de las más conocidas imágenes del cielo profundo. La Nebulosa Roseta es una enorme región HII que se deja adivinar a simple vista a un palmo de distancia a la izquierda de Betelgeuse. La nebulosa se expande por una región del cielo de 130 años luz de diámetro, adoptando una imagen que recuerda a una rosa con su región central menos densa, englobando a un cúmulo de brillantes estrellas que son las que se han formado a raíz del gas circundante. Estas estrellas son, además, las que excitan los átomos de la nebulosa, haciendo que emitan radiación y reluzcan con brillo propio. Es una de las nebulosas más masivas que conocemos en nuestra galaxia, estimándose su masa en unas 10.000 masas solares. El cúmulo se denomina NGC 2244 o Caldwell 49, mientras que la nebulosa, Caldwell 50, recibe varias entradas del catálogo NGC (2237, 2238, 2239 y 2246) debido a su gran tamaño, que supera el grado de diámetro y alcanza una superficie similar a 5 lunas llenas. Ambos, cúmulo y nebulosa, se encuentran a unos 5.200 años luz de nosotros, el doble de la distancia que nos separa del cúmulo del árbol de navidad.

Foto 2237

Su intenso color rojo, debido al hidrógeno ionizado, recuerda a fotografías de la Nebulosa de la Laguna, compartiendo con ella su naturaleza y muchos de esos claroscuros tan típicos. Es una verdadera guardería estelar que todavía funciona a pleno rendimiento, condensando su gas en regiones concretas hasta alcanzar una temperatura tan alta como para emitir luz propia.

Visualmente la Roseta puede llegar a ser un objeto digno de admirar siempre y cuando contemos con un cielo suficientemente oscuro. He llegado a observarla fácilmente al colocar un filtro OIII sobre el buscador, apareciendo entonces perfectamente su forma circular englobando a NGC 2244. Éste es un cúmulo abierto, no especialmente poblado, pero con brillantes estrellas formando su esqueleto, destacando una decena de ellas que adquieren una disposición rectangular. A su alrededor se encuentran los bordes internos de la nebulosa, perfectamente marcados con cualquier ocular y un filtro, preferiblemente un OIII, aunque el UHC también resalta otros detalles diferentes. Para apreciar mejor la nebulosa es preferible usar un ocular de bajo aumento, y aun así tendremos problemas para enmarcarlo en el mismo campo. En mi caso, en el momento de la observación sólo disponía de un ocular de 24 mm, que proporciona en mi Dobson unos 125 aumentos y un campo de 30 minutos de arco, apenas suficiente para ver decentemente la mitad de la nebulosa. Sin embargo aproveché los “altos” aumentos para centrarme en detalles más concisos de la nebulosa, enfocando para ello a una zona especialmente rica en ellos. Parte del cúmulo quedaba en la parte superior derecha del campo, viéndose ampliamente rodeado por la nebulosa, y en algún punto estrechamente conectados por un débil resplandor. La parte interna se encuentra mucho más definida que el anillo exterior, que se pierde poco a poco de forma muy difusa. Destacan algunas islas oscuras que parchean el grosor de la nebulosa, con formas abruptas. El borde interno tampoco es liso, sino que presenta entrantes y salientes fácilmente destacables con visión periférica, añadiendo a la imagen una sensación de fotografía como pocos objetos son capaces de conseguir. Mi objetivo principal fue vislumbrar unas nebulosas oscuras a modo de filamentos que forman una especie de letra “Y” visible en fotografías de larga exposición. Ya en la zona, necesité de unos minutos de adaptación y visión lateral para conseguir verlos, pero allí estaban, una línea difusa y muy débil que dividía a la nebulosa en dos, bifurcándose en su camino hacia la periferia. Acabé agotado por intentar exprimir cada uno de estos detalles en los pétalos de una flor celeste, así que decidí terminar el paseo con un objeto más sencillo y agradecido.

NGC 2244

Beta monocerotis es la estrella más brillante de la constelación del Unicornio, con una magnitud de 3.74. Estamos habituados a ver estrellas dobles en las que sus componentes parecen gemelas en brillo y color. Lo que es tan habitual, como ocurre con esta estrella, es que sean tres las estrellas idénticas, y la imagen es lo suficientemente espectacular como para volcarse en ella cada noche de invierno. El sistema se encuentra a 690 años luz de nuestro sistema solar y sus estrellas son de tipo espectral B3, blanco-azuladas y jóvenes, con una edad que se estima en 34 millones de años (casi nada si lo comparamos con los 4.500 millones de años de nuestro sol).

Beta monocerotis

La principal, con una magnitud de 4.6, se encuentra a 7.4 segundos de arco de la estrella B. Ésta y C se encuentran mucho más unidas, a 2.8 segundos de arco. Ya resolubles a 125, su magnitud tan similar ayuda a poder diferenciarlas con gran facilidad. La imagen de dos soles tan cercanos que casi se tocan y giran uno alrededor del otro, con otra estrella algo más separada que también interactúa con ellos, no es fácil de olvidar. La estrella tarda 14.000 años en dar una vuelta completa alrededor de las otras dos, así que tenemos tiempo de sobra para deleitarnos con este baile cósmico interminable que no ha hecho más que empezar.