Misma familia, padres diferentes (Abell 64 y Abell 72)

El cielo de verano nos ofrece un sinnúmero de oportunidades para observar objetos peculiares, y por eso quiero mostraros a esta pareja de miembros de la familia Abell, el catálogo de nebulosas planetarias que elaboró George Abell en la década de los 60. La primera de ellas se llama Abell 72 y es una bonita y débil nebulosa planetaria que se encuentra en la constelación del Delfín. No he encontrado ninguna información e la red acerca de sus características o su distancia, y eso fue una de las cosas que me animó a observarla cuando tuve la oportunidad este verano.

Tiene un tamaño considerable, con un diámetro de unos 2 minutos de arco, y presenta una forma ovalada repleta de arcos de diferentes densidades que le dan un aspecto filamentoso. Visualmente, no obstante, tendremos que contentarnos con distinguirla del fondo del cielo. A 115 aumentos ni siquiera podía apreciar un fantasmagórico resplandor, algo que cambió mágicamente cuando usé el filtro OIII. Entonces la nebulosa apareció entre un grupito de estrellas, bastante débil pero fácil de ver con visión periférica. Una brillante estrella de magnitud 8 relucía en uno de sus bordes, como si fuera un rubí engarzado en una distante geoda.

Abell 72

A continuación le toca el turno a otro objeto del catálogo Abell, un objeto que, contra todo pronóstico, no es una nebulosa planetaria. Su historia se remonta a 1965, cuando Zwicky y su equipo la incluyen en el CGCG (catálogo general de cúmulos de galaxias). Posteriormente fue observada por George Abell: no había datos sobre su desplazamiento al rojo, así que el astrónomo la consideró una nebulosa planetaria y la incluyó en su famoso catálogo. No fue hasta 1996 cuando se obtuvieron datos del objeto que mostraban su desplazamiento al rojo y lo situaban a una distancia insospechada: ¡a 127 millones de años luz! Abell 64 se convirtió, de la noche a la mañana, en una lejana galaxia que había engañado a numerosos astrónomos. Situada en la constelación del Águila, ronda la quinceava magnitud, aunque presenta un brillo superficial relativamente elevado que nos permitirá verla sin gran dificultad, siempre y cuando observemos desde cielos lo suficientemente oscuros. Se encuentra en un campo lleno de estrellas, como corresponde a esta área del cielo inmersa en la Vía Láctea. La galaxia se aprecia, con visión lateral, como una pequeña mancha alargada que apenas llega al minuto de arco de longitud. Por momentos desaparece de la vista, mientras los ojos luchan por recomponerse del esfuerzo, para luego volver a hacer acto de presencia de una manera extraordinariamente tímida: no olvidemos que se encuentra a 127 millones de años luz…

Abell 64

Los brazos del Delfín (triplete de NGC 6956)

El Delfín ocupa una situación óptima para observar estas noches de verano, y se mantendrá a tiro de telescopio hasta bien entrado el otoño, por lo que podemos aprovechar para conocerlo un poco mejor. Ya vimos, con anterioridad, algunos de sus cúmulos, así como NGC 6905, una interesante nebulosa planetaria. Hoy vamos a ver un trío de galaxias, objetos que uno no asocia a constelaciones estivales, formado por NGC 6956, UGC 11620 y UGC 11623. Hay un trío más conocido en el Delfín compuesto por las galaxias NGC 6927, NGC 6928 y NGC 6930, algo más fácil de observar, al que dedicaremos una entrada próximamente.

Foto NGC 6956.PNG

NGC 6956 es una galaxia verdaderamente interesante, una espiral que nos muestra unos brazos muy abiertos y densos, con cierta asimetría, como si algo los estuviera arrastrando hacia el exterior. Una brillante barra preside su región central y multitud de condensaciones y regiones HII pueblan sus retorcidos brazos. Aparece en contacto estrecho con una blanquecina estrella de magnitud 11.7. Sin embargo, es la perspectiva la que las une, ya que la galaxia se encuentra a unos considerables 190 millones de años luz de distancia. UGC 11623 es una maravillosa espiral barrada que despliega unos brazos totalmente distintos a los anteriores, mucho más cerrados sobre su núcleo. Aparece, así mismo, más rojiza que su compañera, debido probablemente a su mayor riqueza en estrellas de edad avanzada. Su magnitud de 14.9 la restringe a telescopios de abertura considerable y cielos oscuros. El tercer miembro del grupo, UGC 11620, es algo más brillante, con una magnitud de 14.6, y es otra galaxia espiral más pequeña, de reducidos brazos que giran regularmente, con alguna irregularidad en su superficie. Estas dos galaxias comparten el mismo corrimiento al rojo que NGC 6956, de lo cual podemos deducir que comparten también un espacio similar en el cosmos, estando gravitacionalmente atadas entre sí. NGC 6956 cuenta con la particularidad de que ha sido testigo, en la última década, de la aparición de dos supernovas, una de ellas en 2006 y la otra en 2013. ¿Nos dará otra sorpresa pronto?

ngc-6956

NGC 6956, con una magnitud de 13.1, es la galaxia más brillante de las tres, con diferencia. Si las condiciones no son óptimas será la única que consigamos ver, pero lo ideal sería observarlo bajo cielos realmente oscuros. Sólo así podremos aspirar a cazar los interesantes brazos de la galaxia. Con mi Dobson de 30 cm aproveché una visita a Sierra Nevada para centrarme en este interesante grupo. Desde un primer momento fueron obvias las tres galaxias, brillando las del catálogo UGC con menor intensidad y siendo necesaria la visión periférica para verlas, sobre todo al principio. NGC 6956 se percibía más fácilmente al lado de una estrella más brillante. Usé el Cronus de 7 mm para obtener 214 aumentos e intentar sacar más información. Se apreciaba la galaxia con un tamaño considerable (tiene 1.4 x 1.7 minutos de arco de superficie), y su centro más brillante reflejaba cierta heterogeneidad. Esperé pacientemente, usando mirada periférica, adaptando la visión aún más, hasta que finalmente pude percibir que el centro de la galaxia adoptaba la forma de una barra rectilínea que en sus bordes se doblaba hacia el exterior, desapareciendo en seguida de mi vista. Relajé la mirada y nuevamente lo intenté, apareciendo otra vez sus curiosos brazos, de una forma extremadamente tenue, pero visibles desde la lejanía. Es en esos momentos cuando uno siente verdadero vértigo, así como una sensación en el cuerpo que nos pide más.

Los tres tesoros del Delfín

Hay constelaciones que pasan desapercibidas por no contener en su interior los objetos más observados, que están en un segundo plano sin llamar la atención. Sin embargo, a veces esconden tesoros dignos de ver con detenimiento y asombro. Es el caso de la constelación del Delfín, un pequeño grupo de estrellas cuya forma, más que al acuático mamífero, me recuerda a una cometa volando. Su presencia en el cielo obedece, según las leyendas, al delfín que encontró a Anfítrite, una nereida que escapaba de Poseidon, que finalmente accedió a casarse con éste. El dios de los océanos, agradecido con el delfín, lo colocó en el cielo estrellado.

La otra noche, en el Purche, decidí explorar esta constelación que tenía completamente olvidada. Apunté tres objetos para ver, aunque supongo que habrá muchos más. Comencé por NGC 6905, una planetaria conocida como Blue Flash o “Destello Azul”. Iba sin conocer ningún detalle previo, así que me sorprendí al encontrar una agradable nebulosa redondeada que, a 65 aumentos, brillaba en un rico campo estelar. Al usar más aumentos la visión mejoró, quedando patente algunos detalles interesantes. Una estrella brillaba tímida en pleno centro de la nebulosa, la culpable de formar esa bola de gas. Por otro lado se apreciaba una región más densa a un lado de la esfera. A 214 aumentos el disco de la nebulosa dejaba entrever, tras pasar un buen rato delante del ocular, ciertas irregularidades en el disco, como filamentos extremadamente débiles que a veces me hacían dudar de si realmente los estaba viendo. Al otro lado de la zona más densa se apreciaba otra pequeña condensación entre la estrella y la periferia. Con una gran motivación por dar con esta sorpresa, salté hacia el siguiente objetivo.

NGC 6905

NGC 6934 es un cúmulo globular descubierto por Herschel en 1785. Se encuentra de nosotros a 52.000 años luz, y conforme entra en el ocular de bajo aumento sorprende con la delicadeza de su periferia, en la que parece haber un centenar de estrellas espolvoreadas. A 125x y 214x la imagen es espectacular, resolviéndose una inmensa cantidad de estrellas, con un núcleo de aspecto “granujiento”. Conforme hacía el dibujo podía ver cómo el halo aumentaba de tamaño y se perdía de forma difusa. Con este tipo de objetos me ocurre como con los cúmulos abiertos: en ocasiones, los cúmulos más débiles me resultan mucho más sugerentes y atractivos que los “gigantes” en los que se ve todo perfectamente a la primera vista.

NGC 6934

Y hablando de objetos sugerentes, la tercera pieza del Delfín es NGC 7006, otro cúmulo globular bastante más tenue. Y no es para menos, porque se encuentra a una distancia mucho mayor, a 135.000 años luz, siendo uno de los más lejanos conocidos Al apuntar con el telescopio se aprecia como una mancha redondeada, con un núcleo más brillante y un gradiente importante con la periferia. A altos aumentos el núcleo muestra ese aspecto ya comentado, semirresoluble, como de un tazón con cereales (chocokrispies blanquecinos más bien).

NGC 7006

Los cúmulos globulares son verdaderos ancianos en la escala astronómica, habiéndose formado al mismo tiempo que las galaxias. De hecho, se piensa que son los potenciales núcleos de galaxias enanas que al final no consiguieron formarse. Su distancia se determinó gracias a estrellas variables (tipo RR y cefeidas) y dieron una idea de las dimensiones de nuestra galaxia, cambiando el concepto que tenían los astrónomos a comienzos del siglo XX. La observación de cúmulos globulares es siempre interesante. Personalmente me gusta compararlos con “lunas” que rodean a nuestra galaxia, formadas por su mismo material. Cuando alguien ve un globular por primera vez, su impresión queda plasmada, sin lugar a equivocaciones, en forma de exclamación (o el típico “oh…”).

PD: si hablamos de los tesoros del Delfín no podemos terminar la visita sin mencionar a Gamma Delphini, una de las estrellas dobles más bonitas y sencillas para ver durante el verano. Es un sistema binario formado por dos estrellas brillantes y amarillentas, separadas por unos 9’’, lo cual la hace asequible a pequeñas aberturas. Ya sí podemos poner el broche de oro a la visita, con este par que baila a 100 años luz de nosotros, completando una vuelta cada 3.249 años.