Globulares en Ofiuco (2ª parte)

Proseguimos con nuestro viaje entre los cúmulos de Ofiuco bordeando la nebulosa de la Pipa, siguiendo el camino que marca su larga y contrastada cánula. Nuestra primera parada de esta etapa es NGC 3616, un concentrado cúmulo globular de tipo III. Fue descubierto por William Herschel en 1784 y se sitúa justo al norte de NGC 6304. Si sobrevoláramos la Vía Láctea lo podríamos ver al otro lado del núcleo, a unos 36.000 años luz de nuestro planeta, en una turbulenta zona repleta de gas polvo. De hecho, presenta una metalicidad especialmente elevada, ya que al estar tan cerca del núcleo ha encontrado a su paso elementos muy pesados que otras estrellas, tras su muerte, han dejado esparcidas por esa zona. Su diámetro se estima en unos 60 años luz, siendo su diámetro aparente de e 5 minutos de arco. Con una magnitud de 8.1, recuerda bastante a NGC 6304, con un núcleo muy brillante y pequeño, de menos de un minuto de arco, con un halo bastante débil. En este caso no conseguí apreciar ninguna de sus estrellas, permaneciendo todo el rato como una nebulosa redondeada de núcleo brillante, más parecido a una pequeña galaxia elíptica: no es fácil destacar cuando el núcleo de toda una galaxia se encuentra a medio camino.

NGC 6316.png

Más interesante nos resultará NGC 6293, un bonito globular que se encuentra a unos 31.000 años luz de distancia, a tan sólo 4.000 del centro galáctico. Sin embargo, una mirada basta para saber que no ha salido tan “perjudicado” de la situación como su compañero. NGC 6293 fue descubierto por el cazador de cometas Lewis A. Swift en 1885 y es un globular de tipo IV. Curiosamente, de todos los cúmulos globulares situados a 10.000 años luz del núcleo de la galaxia, éste es el segundo de menor metalicidad: no sería extraño que su lugar de origen resida mucho más lejos de esta ajetreada zona. Su baja metalicidad se relaciona además con su edad, estimada en unos 14.000 millones de años. Sí, sabemos que el universo tiene una edad de 13.700 millones de años, con lo cual sería un disparate afirmar que la edad de NGC 6293 es superior, debería haberse formado antes de que se produjera el Big Bang: sin embargo, su edad estimada, más imprecisa que la edad del universo, nos hace ver que es uno de los globulares más antiguos conocidos. M92 tiene una edad similar, aunque se encuentra a 31.000 años luz del centro galáctico, lo cual parece hablar en favor de que los globulares se formaron por igual en distintos lugares de la Vía Láctea (algo importante que contradice algunas teorías de formación de cúmulos globulares, según las cuales estos objetos se habrían formado cronológicamente desde las regiones más internas hacia el exterior de la galaxia).

NGC 6293 tiene una magnitud 8.3 que se reparte por un tamaño de unos 8 minutos de arco (equivalente a 70 años luz). Presenta un brillante y pequeño núcleo, similar a los que ya hemos contemplado en los cúmulos previos. Sin embargo, la periferia de NGC 6293 es mucho más llamativa, pudiendo diferenciarse en dos zonas de distinto brillo. En la zona media titilan unas diez estrellas luchando por hacerse notar, mientras que en las regiones más externas apenas encontramos dos  o tres. En el centro, a pesar de su mayor intensidad, no se resuelven estrellas individualizadas, aunque adquiere una interesante textura granujienta. Justo a su lado hay dos estrellas muy cercanas entre sí que, curiosamente, fueron denominadas como NGC 6294 por John Herschel. Parece ser que vio en ellas un objeto nebuloso que describió como “débil, pequeño, gradualmente brillante en el centro, con un cúmulo globular al oeste”. En el catálogo IC ya aparece como lo que es, una estrella doble cuyos componentes, de magnitud 13 y 13.5, se encuentran separadas por 8 segundos de arco. Cuando lo observé con mi Dobson me sorprendió encontrar una zona especialmente oscura y desprovista de estrellas al este del cúmulo, probablemente parte del gran complejo de gas que puebla esta región del cielo.

NGC 6293

No muy lejos de allí, NGC 6355 es un cúmulo globular extremadamente apagado por estas nubes oscuras, en concreto por una conocida como LDN 1793. El cúmulo fue descubierto por Herschel en 1784 y se sitúa a 31.000 años luz, compartiendo parcela con NGC 6293. Sin embargo, no podían ser más diferentes al ocular. A pesar de no ver la nebulosa oscura de la que habíamos hablado pueden apreciarse sus efectos sobre esta familia de estrellas. Aparece con el Dobson de 30 cm como una esfera extremadamente tenue, sin ninguna diferencia entre el centro y la periferia, necesitando visión periférica para poder verlo con claridad. Apenas diez estrellas se dispersan sobre su superficie, brillando con extrema timidez.

NGC 6355

Vamos a terminar el capítulo de hoy con el sexto globular de la zona, más al norte, pero antes nos detendremos en una magnífica estrella doble. La descubrí de casualidad mientras navegaba por la zona, dejándome sorprender por sus dos contrastadas estrellas. Se trata de omicron Ophiuci, un sistema binario que debería estar en las mejores listas de verano. La principal es una gigante amarilla de tipo espectral G y magnitud 5.20, mientras que la secundaria brilla con magnitud 6.80 y es de tipo espectral F, reluciendo como un llamativo punto azul pálido. Cuando nos cansemos  de contemplar a esta singular pareja  podemos mover el tubo hacia arriba, hasta que entre en campo NGC 6325.

Es fácil comprobar las similitudes entre NGC 6325 y NGC 6355: ambos tienen un tamaño de unos 4 minutos de arco y ambos se encuentran intensamente “tapados” por nubes de polvo. El campo estelar que rodea a NGC 6325 es más pobre aún, oculto  por la nebulosa LDN 28. Fue descubierto por John Herschel en 1835 y, a pesar de ser de tipo IV, el fuerte oscurecimiento que sufre lo hace parecer mucho menos concentrado. Se encuentra a unos 25.000 años luz, es decir, por delante del núcleo de la galaxia, aunque su mayor cercanía no nos facilitará la tarea al observarlo. La descripción de 6355 podría aplicarse en este caso, aunque quitando de su superficie las débiles estrellas que se dejaban ver. NGC 6325 aparece como una simple nebulosa redondeada sin ningún otro detalle que mostrar, al menos a telescopios de apertura media. Podría parecer poco interesante, pero en una zona tan rica en cúmulos globulares se agradece que haya variedad, permitiéndonos apreciar tan diferentes formas y texturas.

NGC 6325

Globulares en Ofiuco (1ª parte)

La Vía Láctea baña el cielo con su esplendor desde el verano hasta bien entrado el otoño. Estas noches podemos disfrutar aún de todo lo que esta brumosa franja tiene para ofrecernos. Un rápido vistazo bajo un cielo oscuro delatará la presencia de un “camino” oscuro que parece dividir la Vía Láctea en dos, conocido como la Gran Grieta. Esta aparente falta de estrellas no es tal, sino que se produce por la interposición de un conjunto de nebulosas oscuras que obstaculizan la luz que viene de atrás: precisamente, su interior es rico en estrellas recién nacidas, cuyo brillo queda oculto tras la densa capa de gas y polvo. Pues bien, esta maraña de nebulosas recorta formas diversas a lo largo de su camino desde la constelación del Cisne hasta más al sur de Sagitario y Escorpio. En Ofiuco adopta una peculiar silueta que le ha valido el sobrenombre de “la Pipa”. Bajo un cielo oscuro no nos será difícil apreciar su forma: la cánula de la pipa es la zona más contrastada y, por tanto, más fácil de ver, agrupando una serie de nebulosas conocidas como B65, B66, B67 y B59 (la letra viene de Edward Emerson Barnard, astrónomo que catalogó un gran número de estas nubes oscuras). Aparece como una línea oscura que se adentra en la Vía Láctea a su paso por Ofiuco. Unos prismáticos de gran campo pueden mostrar la región con mayor definición, apreciando sin ningún problema sus bordes. Su opacidad alcanza el nivel 6, el máximo de opacidad en este tipo de objetos. La cazoleta de la pipa está constituida por B78,  de mayor tamaño y con una opacidad de grado 5. El siguiente dibujo lo realicé desde uno de los cielos más oscuros que he visto, con una magnitud límite alrededor de 6.5, cerca de Jérez del Marquesado. Observé la nebulosa con unos prismáticos 8×30 que me prestó Leo, en concreto los 8×30 Kite Lynx HD. Me sorprendió la definición tan alta que me ofrecían, con una imagen brillante y la nebulosa claramente contrastada contra el fondo lechoso de la Vía Láctea. No podía dejar de pensar en cómo un instrumento “tan pequeño” podía rendir tanto para este tipo de objetos: incluso he llegado a plantearme cazar todas las nebulosas oscuras posibles con ellos (debo decir que durante esa noche los disfruté como un niño chico con multitud de objetos de todo tipo, en breve me animaré a escribir una reseña sobre ellos).

Pipa.png

A continuación podéis ver cómo se denomina cada región de la nebulosa:

Pipa detalles

Pero esta zona del cielo no es interesante sólo por sus nebulosas oscuras, sino porque podemos ver, alrededor de la Nebulosa de la Pipa, hasta 13 cúmulos globulares asequibles a instrumentos de apertura media. La mayoría de ellos pueden verse con pequeños telescopios, aunque para resolver algunos de ellos hará falta una apertura de 30 cm, y más aún para los más oscuros y lejanos. En las próximas  cuatro entradas quiero proponer un recorrido por estos cúmulos globulares que nos servirá para conocer en mayor profundidad este tipo de objetos. Además, algunos son muy distintos entre sí, permitiéndonos apreciar sus diferencias y compararlos con un leve movimiento del telescopio. En esta imagen se exponen los globulares observados, tomando como referencia la posición de la famosa nebulosa oscura.

Pipa mapa

Comenzaremos por el sur, no muy lejos de Antares, observando uno de los más brillantes de esta serie de objetos: vamos a empezar con buen pie. Se trata de M62, también conocido como NGC 6266. Fue descubierto por Charles Messier en 1771, aunque él no consiguió resolver sus estrellas, definiéndolo como una nebulosa redondeada con el núcleo más brillante, muy parecido a un cometa. Lo cierto es que M62 es una esfera formada por estrellas que alcanzan, en su conjunto, una masa de alrededor de 1.2 millones de masas solares, situada a unos cómodos 22.500 años luz de distancia. Este gran número de estrellas determina que en las regiones centrales del cúmulo haya una enorme densidad, tanta que es capaz de propiciar la formación de algunos elementos interesantes. Contiene al menos 89 estrellas variables, muchas de ellas RR lyrae, aunque M62 es famoso por poseer el primer agujero negro estelar encontrado en un cúmulo globular de nuestra galaxia (ya se había encontrado previamente uno en M49). Se detectó gracias a la intensa emisión de rayos X que desprendía, producida en el gas que giraba a su alrededor cuando alcanzaba altas temperaturas. Desde su descubrimiento en 2013 se han encontrado otros agujeros negros de masa estelar formando parte de cúmulos globulares, lo cual parece indicar que es más frecuente de lo que se podría pensar.

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M62 es uno de esos cúmulos globulares que no defraudan a nadie que lo observe desde un cielo oscuro, brillando con la séptima magnitud. Ya visible a través del buscador como una pequeña mancha redondeada, alcanza todo su esplendor con cualquier telescopio. Con el Dobson pude ver una maraña de estrellas que ocupaba casi la mitad del campo a 214 aumentos, superando los 7 minutos de arco de diámetro, aunque en fotografías de larga exposición alcanza los 15 minutos de arco (que se corresponde con unos 100 años luz a la distancia estimada). Podía distinguir sin dificultad tres grandes poblaciones de estrellas: la central y más brillante, el núcleo del cúmulo, ocupaba algo más de un minuto de arco y rebosaba de llamativas estrellas que parecían tocarse. A su alrededor se disponía una segunda capa un poco más tenue, con cierta forma triangular, mientras que las restantes estrellas se esparcían hasta rellenar todo el área. Eran estrellas muy pequeñas y débiles, extremadamente numerosas mirara donde mirara. La vista era aún mejor cuando imaginaba que allí, entre algunos de esos minúsculos puntos, residía un pequeño agujero negro.

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Muy cerca de este cúmulo tenemos otro globular, NGC 6304, que contrasta fuertemente con el anterior. Se encuentra a unos 19.000 años luz de distancia pero su tamaño es más pequeño, superando apenas un diámetro de unos 40 años luz. Sin embargo, en él podemos percibir los efectos de la atenuación debido al complejo de nubes oscuras del que hablábamos al principio de la entrada. Es un cúmulo bastante “contaminado” por estrellas del centro galáctico, motivo por el que su metalicidad es especialmente alta. Fue descubierto por William Herschel en 1786, aunque su verdadera naturaleza no fue revelada hasta el siglo XIX.

NGC 6304 es un globular de tipo IV, lo cual indica una importante concentración en el núcleo (recordemos que en la clasificación de Shapley-Sawyer el grado I hace referencia a la máxima concentración posible, mientras que el grado XII nos habla de globulares extremadamente difusos y dispersos, sin ningún gradiente apreciable). Esta concentración, similar a la de M62, queda patente al observarlo por el ocular, incluso a bajo aumento. De entrada podemos apreciar su pequeño tamaño y un poderoso núcleo, de un minuto de arco de diámetro, que brilla con fuerza. La periferia se extiende hasta alcanzar un diámetro total de unos dos minutos de arco, y se pueden llegar a distinguir cuatro o cinco estrellas rozando el borde, extremadamente débiles, como si fueran ajenas al cúmulo.

NGC 6304.png

El cúmulo de Hind (NGC 6760)

La constelación del Águila no tiene ningún objeto del catálogo Messier, pero tiene entre sus dominios cientos de interesantes objetos, especialmente del New General Catalogue. Hoy vamos a estudiar uno de sus cúmulos globulares, situado por debajo de una de sus alas, una zona en la que proliferan los cúmulos abiertos y las nebulosas planetarias.

Foto NGC 6760

NGC 6760 es una gran esfera de estrellas, un cúmulo globular con más de 300.000 componentes. Dista de nosotros unos 24.100 años luz, rozando el disco galáctico, motivo por el cual aparece más “apagado” de lo que debería, por todo el polvo que enturbia su línea de visión. Fue descubierto en 1845 por  John Russell Hind, un astrónomo británico que nos sonará por ser el descubridor de la Nebulosa Variable de Hind, en Tauro, aunque destacó en muchos otros campos, especialmente como buscador de asteroides y experto en estrellas variables (sobre todo las R leporis y T tauri). NGC 6760 es un cúmulo bastante disperso que no presenta un marcado gradiente, perteneciendo a la categoría IX de Shapley-Sawyer.

Su magnitud es de 8.9, al alcance de pequeños telescopios, aunque su brillo superficial es bastante tenue, así que necesitaremos cielos bastante oscuros para poder disfrutar de esta gran familia de soles. A bajo aumento aparecerá como una mancha difusa y redondeada, más evidente con visión lateral, de unos 3 minutos de arco di diámetro. Apenas hay diferencia entre el núcleo y la periferia, tan sólo podemos adivinar un discreto aumento de brillo conforme nos acercamos al centro. Algunas estrellas comienzan a dejarse ver en las regiones más externas, dos o tres más brillantes y otras tantas mucho más débiles. El cúmulo presenta un aspecto grumoso, que tras una completa adaptación a la oscuridad se manifiesta con minúsculos puntos flotando en la nube, como pequeños granos de harina que se hubieran dejado caer allí arriba. La noche que lo observé reinaba una calima como pocas he visto, ocultando la mayor parte de las estrellas a simple vista. Sin embargo, me sorprendió la calidad de imagen que pude obtener con NGC 6760. No obstante, a posteriori he vuelto a observar el cúmulo y he podido comprobar que esas pequeñas estrellas que solo se adivinaban son en realidad más brillantes y numerosas, poblando esa esfera difusa de un extremo a otro, habitantes diminutos de un inmenso mundo cósmico.

NGC 676'0

Sobre la tetera (M28)

De distantes mundos pasamos a un objeto de nuestra propia galaxia que presenta un brillo considerable. Hablamos de otro cúmulo globular, esta vez descubierto por Messier en 1764: M28.

Foto M28

M28, también conocido como NGC 6626, ocupa una posición de dudoso honor al lado del brillante y archiconocido M22. Sin embargo, a diferencia de otros globulares del catálogo NGC, M28 sí puede defenderse ante la presencia de su compañero. Se encuentra a casi 18.000 años luz de distancia, más cerca de nosotros que el núcleo de la Vía Láctea. Con la masa de más de 500.000 soles, su diámetro mide apenas 60 años luz, con lo cual podemos hacernos una idea de las altas densidades que deben tener lugar en su interior. De hecho, sus regiones centrales presentan una concentración bastante elevada de estrellas, siendo un globular de tipo IV en la clasificación de Shapley-Sawyer. Fue el primer cúmulo en el que se descubrió la presencia de púlsar de milisegundos, una estrella de neutrones que gira sobre sí misma muchas veces por segundo, produciendo intensos campos electromagnéticos y la emisión de una gran cantidad de radiación. Posteriormente se han encontrado otros 10 púlsares en el interior de M28, un lugar que resulta ser ciertamente exótico.

Este cúmulo globular puede sorprendernos con cualquiera que sea el telescopio que usemos. Ya es visible con unos simples prismáticos, a menos de un grado de la estrella Kaus Borealis, el extremo septentrional de la tapa de la tetera. Tiene una magnitud de 6.8, por lo que debería incluso ser visible desde los cielos más oscuros de nuestro planeta. Al telescopio presenta un tamaño considerable, llegando a los 10 minutos de arco de diámetro. Lo observé con un Mak 180 mm y debo decir que quedé bastante sorprendido con la imagen que obtuve a 192 aumentos. La esfera nebulosa se convirtió en una inmensa familia de soles, con multitud de puntos que brillaban por todos lados, tanto en la periferia como en las zonas centrales. El núcleo, más brillante y destacado, mediría unos 2 o 3 minutos de arco, desvaneciéndose luego hacia unos bordes más difusos.

M28

Segundo de a bordo (NGC 6642)

1784 fue un año prolífico para William Herschel: los dos anteriores cúmulos que hemos visto en el blog fueron descubiertos en ese año (NGC 6624 y NGC 6569), así como también lo fue el que nos ocupa hoy: NGC 6642.

Foto NGC 6642

Muchos han visto a NGC 6642 en los atlas pero pocos se han acercado a verlo, ya que se encuentra a apenas un grado del famoso M22, permaneciendo bajo su constante sombre. Sin embargo, es un cúmulo muy interesante que, sin duda, merece una visita de vez en cuando. Se encuentra a 26.400 años luz de nosotros, distando del núcleo galáctico unos 5.500 años luz. Su edad es extremadamente avanzada, como se puede inferir de una metalicidad muy baja: cuando se formaron sus estrellas, en el universo apenas se habían formado todavía elementos más pesados que el hidrógeno y el helio. NGC 6642 presenta, además, un número muy bajo de estrellas de baja masa, como si algo las hubiera retirado de entre el resto de estrellas. La causa tiene que ver con un alto movimiento y, probablemente, el “arrancamiento” de las estrellas más pequeñas por parte del núcleo de la Vía Láctea. No es raro que los globulares, al pasar por la región central, vayan anemizándose progresivamente, perdiendo estrellas y disolviéndose poco a poco. No obstante, NGC 6642 tiene todavía vida por delante, ya que su masa se estima en unas 110.000 masas solares. Otra población relativamente frecuente en NGC 6642 son las azules rezagadas, estrellas típicas de lugares de alta densidad. Como ya hemos visto en otras ocasiones, parecen formarse tras la interacción entre dos estrellas: una de ellas pierde sus capas externas y el núcleo, más caliente y brillante, queda a la vista, produciendo una tonalidad azulada por el aumento de la temperatura.

NGC 6642 tiene una magnitud de 8.9 y un diámetro bastante pequeño, de apenas 6 minutos de arco. Pertenece a la categoría IV de Shapley-Sawyer, lo cual ya nos prepara para lo que veremos tras el ocular: un núcleo bien definido con una periferia más débil y extensa. A bajo aumento apenas aparece como una estrella borrosa y desenfocada, con algunas claras irregularidades que pueden captar nuestra atención. Al usar mayores aumentos se define como una pequeña nubecilla grumosa con algunas estrellas brillando en su interior. Cuando uno se fija bien se da cuenta de que, más que estrellas individualizadas, lo que más se distingue son algunas alineaciones de estrellas extremadamente juntas. Es mucho más pequeño que los globulares que hemos visto por la zona, aunque su brillo parece, sin duda, mayor, ya que sus 100.000 estrellas se encuentran congregadas en un espacio mínimo.

NGC 6642

Doble rama horizontal (NGC 6569)

Seguimos nuestro periplo por los cúmulos cercanos al centro de nuestra Vía Láctea, centrándonos esta vez en NGC 6569, un cúmulo globular situado a unos considerables 35.500 años luz de distancia.

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Fue descubierto en 1784 por William Herschel, quien lo describió como una nebulosa redondeada, coinciendo con James Dunlop. Haría falta saltar al siglo siguiente para que se conociera su verdadera naturaleza, salpicada por miles y miles de estrellas. NGC 6569 se encuentra a unos 10.000 años luz del núcleo de la galaxia, perteneciendo por tanto a los globulares del bulbo (en contraposición a los del halo). Su cercanía al núcleo, un lugar donde hay mayor cantidad de elementos químicos a raíz de numerosas supernovas, le ha concedido una alta metalicidad. Una alta metalicidad se asocia, generalmente, a una corta edad, pero hay que tener en cuenta también el lugar donde se ha originado el objeto, ya que, como ocurre en este caso, podemos hablar de objetos extremadamente antiguos con metalicidad más elevada de lo normal.

Vamos a usar a NGC 6569 como excusa para hablar de la rama horizontal. En un diagrama de Hertzprung-Russel se plasman las estrellas de un cúmulo teniendo en cuenta su magnitud absoluta (en vertical) y su color (o temperatura, en el eje horizontal), lo cual nos da una idea de las características de sus estrellas. La mayoría de las estrellas, que pertenecen a la Secuencia Principal, se disponen alineadas formando una diagonal, un lugar donde se encuentra, por ejemplo, nuestro sol. Cuando una estrella de masa media gasta su hidrógeno nuclear se produce la fase de gigante roja, debido a la combustión del hidrógeno en las capas periféricas: el núcleo se encuentra formado entonces por helio, que la estrella irá quemando lentamente, en una fase sin grandes cambios en su luminosidad que se plasma en el diagrama como una línea horizontal, de ahí su nombre: Rama Horizontal. Esta rama es una característica permanente de los cúmulos globulares, ya que el número de estrellas de edad avanzada que presentan es relativamente alto (son verdaderos fósiles estelares). Pues bien, en NGC 6569, así como en unos pocos globulares (como Terzan 5 o NGC 6440), esta rama horizontal presenta un componente doble. Es decir, hay dos poblaciones de estrellas en la rama horizontal, una de ellas algo más luminosa que la otra. En algunos casos esta diferencia se puede atribuir a distintas fases evolutivas en las estrellas, pero en el caso de NGC 6569 parece algo improbable, así que todavía no se conoce realmente la causa de esta duplicidad de su población anciana. ¿Podría ser que se formara a raíz de dos cúmulos menores, cada uno con su historia y composición? Hasta que tengamos más datos no podemos hacer más que especular: es parte del misterio que le otorga a la astronomía un gran encanto.

Foto HB

Podemos buscar NGC 6569 partiendo de NGC 6624 o de delta Sagitarii, saltando de estrella en estrella en esta densa región de la Vía Láctea. Lo observé con el Maksutov-Cassegrain de 180 mm y, la verdad, no quedé decepcionado. A pesar de tener una magnitud de 9.5, sus estrellas más brillantes apenas alcanzan la magnitud 15, así que no contaba con resolverlo esa noche. Resaltaba ya a bajo aumento como una nube redondeada, sin estrellas, tal como describió William Herschel en su momento. A mayor aumento era más patente una región central algo más brillante, justificando su clasificación como globular de tipo VI según la escala Shapley-Sawyer. El centro aparecía grumoso, sin distinguir estrellas individualizadas pero transmitiendo la fuerza retenida de un millar de ellas.

NGC 6569

El exótico globular NGC 6624

Sagitario está repleto de cúmulos globulares, contando con al menos una veintena de ellos que se recortan contra el brillo de la Vía Láctea estival. Desde los oscuros cielos de la Alcarria conquense me decidí a tachar de mi lista algunos de estos cúmulos y, abriendo el atlas por la página de Sagitario, señalé unos cuantos para observar, sin conocer nada sobre ellos.

Foto NGC 6624.png

El primer elegido fue NGC 6624, un cúmulo globular que se encuentra al lado de Kaus Media o delta Sagittarii, la estrella por la cual se vierte el té en la imaginaria tetera que conforma la constelación. Fue descubierto por William Herschel en 1784, aunque, como suele ocurrir, sus estrellas no se resolverían hasta el siglo siguiente. NGC 6624 es uno de los cúmulos globulares más antiguos que conocemos y se encuentra a unos 26.000 años luz de nosotros. Es de clase VI, lo cual indica un gradiente de concentración intermedio. Su particularidad reside en su población de estrellas, entre las que encontramos un interesante sistema doble en el que una enana blanca orbita en torno a una estrella de neutrones, completando una vuelta en 11 minutos… Sí, dos cuerpos separados entre sí por 160.000 km (la mitad, aproximadamente, de la distancia que nos separa de la Luna) dan más de cinco vueltas cada hora que pasa, convirtiéndose en el sistema doble más rápido conocido hasta la fecha. El gas más superficial de la enana blanca es atraído por la estrella de neutrones, formando un disco de acreción que alcanza temperaturas inmensas, resultando en la emisión de intensos rayos X. Por si esto fuera poco, en el centro de NGC 6624 también se ha documentado la presencia de un agujero negro de masa intermedia (unas 7.500 masas solares), un tipo de objeto poco conocido aún, un eslabón perdido entre los agujeros negros de masa estelar y los agujeros negros supermasivos que ocupan el centro de las galaxias.

Para encontrar NGC 6624 podemos partir de la misma Kaus Media. Esta estrella, por cierto, es una gigante roja que se encuentra a más de 300 años luz. Nada nos impide disfrutar, de camino, de su llamativo color amarillento. Una vez centrado el cúmulo en el ocular comprobaremos que tiene un brillo considerable, con una magnitud de 7.6 y un diámetro de 9 minutos de arco. Presenta una zona central más brillante, si bien su gradiente no es nada espectacular, y su intensidad decrece rápidamente hacia su periferia redondeada. En un primer momento puede parecer una nebulosa esférica sin más, aunque con un poco de atención comienzan a titilar algunas lejanas estrellas, apenas perceptibles. Aparecen sobre todo en la periferia, tímidas e intermitentes. Con el Mak de 180 mm pude contar una decena de ellas, extremadamente débiles, pero muy sugerentes, convirtiendo a NGC 6624 en un globular bastante interesante.

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