Falsa identidad (NGC 6540)

Hoy vamos a ver un peculiar objeto que lleva arrastrando tras de sí la historia de una falsa identidad. Fue descubierto por Herschel en 1784, quien pensó que debía ser una nebulosa difusa. Fue conocido como NGC 6540 y poco después Collinder consideró que era más bien un cúmulo abierto, catalogándolo como Cr 364 (lo cierto es que este último, según podemos ver en fotografías, se acercó algo más a su verdadera naturaleza). Sin embargo, en la década de los 80 Djorgovski (nos sonará su nombre por el cúmulo Djorgovski 2) se interesa por este objeto, relacionándolo más bien con un cúmulo globular que con uno abierto. Lo incluye en su lista de globulares como Djorgovski 3 y poco después, en 1994, Bica lo analiza y confirma su naturaleza globular.

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NGC 6540 es un globular clasificado como “core-collapsed” o de núcleo colapsado, una de las fases avanzadas en la evolución de estos objetos. Con el paso de los años, las estrellas menos pesadas tienden a migrar del centro hacia el exterior, y esto, añadido a la pérdida progresiva de las estrellas más superficiales, produce un aumento de la densidad en el núcleo, que queda comprimido en un espacio relativamente pequeño. Curiosamente, posteriormente la gran densidad de estrellas que se produce en la región central lleva a una frecuente interacción entre ellas y una consecuente liberación de energía, motivando una re-expansión del cúmulo y el proceso vuelve a empezar. NGC 65440 está, por tanto, en la fase de post-colapso, con un núcleo pequeño y denso en el que podemos encontrar un buen número de estrellas azules (recordemos que las rezagadas azules, conocidas como blue stragglers, se producen tras la interacción entre dos estrellas cercanas que acaban exponiendo sus regiones más internas y, por tanto, más calientes y de color azulado).

NGC 6540 presenta una peculiar forma alargada de norte a sur, con dos agrupaciones de estrellas más llamativas en la periferia. Su estructura da a entender que ya ha vivido varios encuentros con el centro de nuestra galaxia, sufriendo las consecuencias de los tirones gravitacionales (en el momento actual se encuentra a tan solo 9.000 años luz del núcleo). NGC 6540 dista de nosotros entre 10.000 y 15.000 años luz, bastante poco si lo comparamos con la mayoría de globulares: sin embargo, su pequeño tamaño y un oscurecimiento de 0.7 magnitudes por el polvo galáctico hacen que pase relativamente desapercibido.

Con una magnitud aparente de 9.3, no es especialmente difícil de observar siempre y cuando estemos bajo un cielo oscuro, si bien presenta un brillo superficial bastante disminuido que puede complicarnos las cosas si usamos telescopios de baja apertura. Con mi Dobson de 30 cm me llevé una sorpresa al observar el poblado campo donde se encuentra NGC 6540. Destacaba en el centro un grupo de estrellas que adoptaban una posición arqueada, de unos 3 o 4 minutos de longitud, e instantáneamente pude apreciar que el centro del arco presentaba una cierta neblina a su alrededor. Tuve que confirmar que eso era realmente el cúmulo, y efectivamente pude comprobar que ese arco de estrellas es el mejor referente para encontrarlo. Es de entender que se haya confundido con una nebulosa o con un cúmulo abierto, porque se encuentra rodeado por un buen número de astros. Una decena de minúsculas y esquivas estrellas se dejaban ver en medio de la nube, dando a entender que en su interior había muchas, muchísimas más.

NGC 6540

Copa de bronce en Hércules (NGC 6229)

Hace un tiempo hablábamos de M92, un impresionante cúmulo globular que era eclipsado continuamente por M13, su compañero de constelación. Pues bien, en Hércules hay un cúmulo aún más débil y distante que pasa desapercibido a menudo, y con razón, aunque en la siguiente fotografía podemos apreciarlo en todo su esplendor:

NGC 6229 es un cúmulo globular que se encuentra a unos considerables 100.000 años luz de distancia, formando parte de los conocidos como cúmulos del halo galáctico. Su distancia es cuatro veces mayor que la de M13, motivo por el cual no es de extrañar que su compañero se lleve todo el protagonismo. Fue descubierto en 1787 por William Herschel y es un globular de categoría IV, con una concentración relativamente importante hacia el núcleo. Se encuentra a más de 80.000 años luz del núcleo de la Vía Láctea, por lo que no se ha visto influenciado de manera decisiva por las fuerzas internas de la galaxia, permaneciendo ajeno a un tumultuoso aglomerado de estrellas que nacen y mueren en una agitada marea cósmica.

La distancia de NGC 6229 será el principal determinante a la hora de observarlo, ya que es un globular bastante débil. Pese a tener una magnitud de 9.4, la magnitud de sus estrellas es extremadamente tenue, por lo cual resolver algunas de ellas será todo un reto. Aparece en primer lugar como una esfera de unos 4 minutos de arco de diámetro, con un núcleo relativamente brillante en el interior que abarca casi 2 minutos de arco. Media docena de estrellas pululan por la periferia, brillando tímidamente en la lejanía. El núcleo muestra una textura claramente granulosa cuando tenemos la visión adaptada a la oscuridad: no se pueden distinguir sus estrellas, pero sí se adivina la gran densidad de ellas que luchan por hacerse notar desde esos 100.000 años luz que nos separan.

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En segundo plano (Djorgovski 2)

Hoy vamos a hablar de unos de esos objetos que podríamos clasificar como oscuros, alternativos o, simplemente, poco conocidos y observados por los aficionados. Se trata de Djorgovski 2, un interesante globular que linda, puerta con puerta, con el increíble par formado por NGC 6520 y Barnard 86. Si hacemos algo de memoria recordaremos que estos dos objetos se encontraban en Sagitario, no muy lejos de M8, y son un cúmulo globular y una densa nebulosa oscura que también se conoce como la Mancha de tinta. Entre ambos, además, destaca una gigante roja que añade una colorida nota al marco. Pues bien, si con tres objetos no había suficiente ahora vamos a añadir un cúmulo globular:

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Crédito:  T. A. Rector/University of Alaska Anchorage and NOAO/AURA/NSF

Djorgovski 2 fue descubierto en 1987 por el astrónomo con el mismo nombre, mientras observaba imágenes tomadas con el telescopio del observatorio de Cerro Tololo. Djor 2, como se abrevia a menudo, es uno de los cúmulos globulares más oscurecidos por el polvo galáctico que podemos encontrar: se estima que su brillo se encuentra disminuido 8 magnitudes más de lo que debería. Teniendo en cuenta que ronda la magnitud 11, si no fuera por todo el gas y polvo que se interpone brillaría con la tercera magnitud, ¡más incluso que Omega Centauri! Por desgracia su situación, hacia el centro galáctico, juega en su contra, aunque también le otorga cierto aire misterioso, eso no se puede negar. Se encuentra a unos 20.000 años luz de distancia, si bien esta estimación es bastante imprecisa por el oscurecimiento que sufre.

Su peculiar nombre no debe hacer que reculemos a la hora de lanzarnos en su búsqueda, pues nos llevaremos una grata sorpresa. Personalmente no tenía muchas esperanzas de verlo, lo había intentado encontrar en alguna otra ocasión sin resultados satisfactorios, así que decidí intentarlo bajo uno de los mejores cielos que he visto en mi vida, con una magnitud límite en torno a 6.5. Encontré el lugar sin dificultad, prolongando una lĺinea imaginaria entre NGC 6520 y Barnard 86: a unos 20 minutos de arco de distancia pude apreciar un cuadrilátero de estrellas que me recordaban enormemente al centro de Hércules, y en su interior, claramente visible, Djor 2 me saludó sin esfuerzo. Al principio lo vislumbré como una débil nubecilla de unos 5 minutos de arco de diámetro, más fácil de ver con visión lateral. Tras dedicarle unos minutos algunas estrellas salpicaron su interior tímidamente, haciéndose más evidentes conforme pasaba el tiempo. Mi mente se preguntaba constantemente cómo era posible que este objeto hubiera pasado desapercibido hasta finales del siglo XX, siendo más brillante que muchos objetos del catálogo NGC. Sea como sea, poder ver Djor 2 me ayudó a cerrar un capítulo que tenía pendiente desde hacía un tiempo, completando un cuadro capaz de saciar al más ávido de los curiosos.

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En una cercana galaxia… (M54)

Nos encanta observar imágenes de galaxias en colisión, y a menudo fantaseamos con el aspecto que tendrá la Vía Láctea cuando “choque” con la Galaxia de Andrómeda… Sin embargo, a menudo nos olvidamos de que ahora mismo nuestra galaxia se encuentra en interacción con, al menos, dos pequeñas galaxias, que se han visto deformadas a su paso por el disco galáctico. Hablamos de la Galaxia Enana del Can Mayor y de la Galaxia Enana Elíptica de Sagitario: hoy vamos a centrarnos en esta última. No debemos confundir la Galaxia Enana Elíptica con la Galaxia Irregular de Sagitario, pues la segunda se encuentra a unos 4 millones de años luz. La elíptica, sin embargo, atraviesa nuestra galaxia como el filo de un sable que se dispusiera a partirla por la mitad. A partir de ahora nos referiremos a este objeto con el nombre de SagDEG (del inglés Sagittarius Dwarf Elliptical Galaxy). Pues bien, SagDEG comenzó sus andaduras como una galaxia elíptica, pero quedó anclada a la Vía Láctea, más masiva, y la potente gravedad de ésta última produjo la deformación de la menor, quedando SagDEG estirada con una elegante forma arqueada. No se descubrió hasta 1994 debido a que sus estrellas se encuentran extremadamente dispersas, además de ocupar un área del cielo difícil de estudiar, justo por detrás del núcleo de la Vía Láctea. Su distancia a la Tierra se ha estimado recientemente en unos 70.000 años luz, y a unos escasos 50.000 años luz del centro galáctico. En unos 100 millones de años volverá a pasar por el núcleo de la Vía Láctea, encuentro que promoverá, probablemente, su definitiva disolución, pasando a formar parte de nuestra galaxia. Pues bien, varios de los cúmulos globulares que podemos observar con nuestro telescopio pertenecen realmente a esta galaxia en vías de extinción: Terzan 7, Terzan 8, Arp 2, y el protagonista de esta entrada: M54. Otros dos cúmulos podrían haber formado parte de la hueste de SagDEG, si bien no está tan claro como con los anteriores: Palomar 12 y Whiting 1.

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Vamos a centrarnos, entonces, en Messier 54, un interesante globular que se encuentra en medio del asa de la tetera de Sagitario. Fue descubierto por Messier en 1778, y posteriormente fue conocido también como NGC 6715. Su magnitud se sitúa alrededor de la octava, si bien su magnitud absoluta es de -10, un verdadero portento dentro de los cúmulos globulares. De hecho, M54 cuenta con la luminosidad de 850.000 soles, dispuestos en un espacio de unos 300 años luz de diámetro. Se sitúa a unos 87.000 años luz de distancia, ocupando la región central de esta galaxia enana. Durante los primeros años tras su descubrimiento se barajó la hipótesis de que M54 era el remanente del núcleo de SagDEG, si bien en años posteriores se ha podido comprobar que es un “simple” cúmulo globular que, en los últimos millones de años, ha venido a ocupar el centro de su galaxia de origen. Entre sus estrellas se encontró el primer agujero negro de masa intermedia que formaba parte de un cúmulo globular, con una masa 9.400 veces superior a la de nuestro Sol.

En una noche oscura, miremos a la constelación de Sagitario. Allí, entre las cuatro estrellas que conforman el asa, no veremos nada especial sin más ayuda. Usemos la imaginación para visualizar un enorme filamento que recorre el cielo de norte a sur, estando en su centro M54, como uno de los vestigios que aún quedan de este cuerpo celeste. Visualmente es más débil que los típicos globulares del catálogo Messier, pero no debemos olvidar la gran distancia a la que se encuentra. Apreciable ya con unos pequeños prismáticos, al telescopio se muestra como una esfera difusa con un núcleo pequeño, casi puntiforme y brillante. A su alrededor se dispone una zona más brillante, rodeada a su vez de un halo débil que se pierde al fundirse con el cielo. Apenas una decena de estrellas, diminutas ellas, se pueden distinguir en las zonas periféricas: en la región central se aprecia un sugerente gorgoteo lejano, como si  M54 nos diera a entender que guarda en su interior millares de estrellas en ebullición.

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Globulares en Ofiuco (4ª parte)

Hoy completamos esta serie de entradas con tres nuevos globulares que se encuentran al norte de la Nebulosa de la Pipa, formando un triángulo. El primero que nos encontramos al subir es NGC 6342. Situado a unos 28.000 años luz de distancia, fue descubierto por William Herschel en 1786. Él no pudo resolverlo, aunque distinguió en su superficie cierto aspecto moteado. Es un globular de tipo IV, con un núcleo bien diferenciado del resto. Al telescopio brilla con una magnitud  de 9.5, conformando una pequeña esfera de casi 3 minutos de arco (en fotografías alcanza los 4.4 minutos). El núcleo es brillante y pequeño, y con un poco de paciencia puede distinguirse una textura granujienta, grumosa, probablemente como ya lo viera Herschel en su momento. La corona es más débil, con una tímida estrella situada en el borde.

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Otro vértice del triángulo lo ocupa NGC 6356, uno de los globulares más grandes que pueblan la Vía Láctea. Para entenderlo no tenemos más que compararlo con el anterior: NGC 6356 se encuentra a 49.600 años luz de distancia (cerca del doble) y mide, sin embargo, más del doble, alcanzando los 10 minutos de arco de diámetro. Con una magnitud de 8.2, fue descubierto por William Herschel (cómo no) en 1784. Es un cúmulo de tipo II, si bien está tan lejos que no distinguiremos el núcleo tan destacado como debería. Al telescopio veremos una nube difusa de unos 5 minutos de arco de diámetro con una zona interna algo más brillante. Ninguna estrella surca su superficie salvo una, tenue y diminuta, que se encuentra al sureste, en la región más externan del halo. El centro, eso sí, en ocasiones muestra cierta grumosidad, como si quisiera revelarnos  la gran familia de estrellas que esconde en su interior.

NGC 6356

Vamos a terminar esta colección de globulares saliendo por la puerta grande, con uno de los más brillantes de la lista. Se trata de M9, que fue descubierto por Charles Messier en 1764, y conocido también posteriormente como NGC 6333. Se encuentra por encima de la nebulosa oscura B64 y dista de nosotros unos 25.800 años luz. Está bastante cerca del centro galáctico, a poco más de 5.000 años luz, y la fuerte gravedad de éste le ha producido un achatamiento de su estructura. Unas 250.000 estrellas se encuentran aglomeradas en una esfera de apenas 90 años luz, cifras que nos sirven para intentar entender la enorme densidad de estos cuerpos. Su metalicidad es muy baja, indicándonos que se formó hace mucho tiempo y que, con bastante seguridad, lo hizo alejado del centro de la galaxia (donde la metalicidad de las estrellas suele ser mayor).

M9 tiene una cómoda magnitud de 7.9, fácilmente visible, por tanto, a través del buscador. Aparece a nuestros ojos como una brillante esfera cuyo brillo va decayendo gradualmente a medida que nos alejamos del núcleo, sin grandes diferencias entre estratos. Es ciertamente interesante observarlo desde un lugar oscuro, ya que así podremos distinguir una especie de condensación central, alargada, que recuerda enormemente a la franja de estrellas brillantes que atraviesan M4. De la misma manera, una pequeña franja destaca en M9 de norte a sur, dividiendo la región interna en dos partes diferencias. Una quincena de estrellas pueblan la periferia  del cúmulo, y algunas otras se adivinan en la lejanía de la nube. Al oeste podemos percibir una zona especialmente vacía de estrellas, parte de una cercana nebulosa oscura que se llama Barnard 64, que podremos disfrutar con unos buenos prismáticos bajo un cielo oscuro.

M9

Terminamos aquí nuestro recorrido por la zona de la Nebulosa de la Pipa, habiendo observado 13 cúmulos globulares y algunas nebulosas oscuras. Os recomiendo hacer esta peregrinación alguna vez en la vida, es una manera interesante de comparar un buen número de globulares para entender mejor sus diferentes características, y la verdad es que la Nebulosa de la Pipa es una referencia maravillosa para encontrarlos, no nos cansaremos de observarla una y otra vez.

Exótico triplete en Escorpio (NGC 6441, Haro 1-36)

Hay paisajes celestes que dejan huella, algo bastante frecuente cuando paseamos por los diversos rincones veraniegos. Hoy vamos a fijarnos en la cola del Escorpión, en una franja del cielo donde podemos observar una llamativa disparidad de formas y colores que conforman tres objetos bien distintos entre sí.

El elemento más característico de este grupo es el cúmulo globular NGC 6441, descubierto en 1826 por James Dunlop. Se encuentra a la considerable distancia de entre 37.500 y 44.000 años luz, lo cual explica la debilidad de sus estrellas. No obstante, el cúmulo es brillante, con una magnitud de 7.5, debido principalmente a que es uno de los globulares más luminosos que existen, con una masa equivalente a 1.6 millones de soles. Se encuentra a unos 12.700 años luz del centro galáctico, siendo además uno de los cúmulos de mayor metalicidad. Es un globular de tipo III, con una importante concentración en sus regiones más internas. De hecho, a pesar de que NGC 6441 cuenta con un diámetro de 175 años luz, la mitad de su brillo se encuentra condensado en los 15 años luz más internos. La población de NGC 6441 es, además, relativamente exótica: podemos encontrar entre sus estrellas un gran número de variables (RR lyrae en su mayoría). Otro de los peculiares habitantes del cúmulo son los púlsares de milisegundo, de los cuales se han contabilizado hasta cuatro (uno de ellos formando un sistema binario con otra estrella). Los púlsares son estrellas de neutrones que se han formado a raíz de explosiones de supernova, girando a velocidades de vértigo (como su nombre indica, pueden girar varias veces sobre sí mismos en un segundo).

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NGC 6441 sería aún más impresionante si no hubiera tanto polvo obstruyendo su camino (tendría una magnitud 0.5 superior). Aun así, no podemos quejarnos: si disponemos de un horizonte sur despejado podremos disfrutar de un bonito globular. Es uno de esos cúmulos esféricos que presentan un núcleo brillante que contrasta enormemente con la periferia, más difusa, que se extiende hasta ocupar unos 6 o 7 minutos de arco. Una textura granujienta domina la superficie, y a elevados aumentos se deja ver alguna que otra estrella pululando por la corona. A pesar de lo lejos que está, no podemos negar que transmite cierta sensación de grandeza.

Pero no acaba aquí el disfrute, y es que el segundo objeto es aún más brillante que NGC 6441. Se trata de K scorpii, una brillante gigante roja que reluce con una magnitud de 3.19. Se encuentra a tan sólo 126 años luz de distancia y su diámetro se estima unas 16 veces superior al de nuestro Sol. Su intensa tonalidad deslumbra el campo del ocular, haciendo sombra incluso a NGC 6441, que a su lado parece un lejano fantasma. Rematando este cuadro familiar tenemos a un interesante objeto que se llama Haro 1-36 (o HD 161948). Inicialmente fue considerado una nebulosa planetaria, si bien hoy en día sabemos que es una binaria simbiótica: el número conocido de estos objetos no llega a 200. Son sistemas binarios formados por una gigante roja y una enana blanca. La gigante roja se ha expandido hasta que sus capas más externas superan el lóbulo de Roche, es decir, el punto en el que dejan de sentirse atraídas por su estrella. La enana blanca, más pequeña y densa, queda orbitando inmersa en la gran nube de gas que se está desprendiendo de la gigante roja. Podemos decir, por tanto, que queda orbitando en el interior mismo de su compañera, sumida en un enorme abrazo cósmico. El gas de la gigante roja va siendo atraído y acretado por la enana blanca, y de vez en cuando ésta desprende enormes cantidades de luz a modo de nova: este tipo de objetos pueden fascinarnos en diversas ocasiones. Visualmente Haro 1-36 aparece como una débil estrella ligeramente desenfocada. Apenas alcanza la magnitud 14, aunque nos sorprenderemos si colocamos un filtro OIII: la estrella, de repente, parece cobrar vida y destacar sobre el resto de objetos que pueblan el ocular. Colocando y quitando el filtro OIII sobre nuestros ojos podremos confirmar su presencia sin dejar lugar a dudas, y una vez localizada nos será más fácil de ver sin necesidad de usar el filtro. Así es como mejor podremos disfrutar de esta fortuita unión cósmica.

NGC 6441

Globulares en Ofiuco (3ª parte)

Comenzamos nuestra tercera jornada por este viaje entre globulares sumando otros cuatro objetos a nuestra creciente lista. Pondremos nuestra vista, en primer lugar, sobre uno de los más brillantes de la zona: Messier 19.

M19, también conocido como NGC 6273, fue descubierto por Charles Messier en 1764, pero no fue hasta veinte años más tarde  cuando William Herschel vio que estaba compuesto por multitud de pequeñas estrellas. Se encuentra a 28.700 años luz de nosotros, a tan sólo 6.500 años luz del centro galáctico. Visualmente es uno de los cúmulos globulares más alargados que se conocen, aunque parece ser que esta forma se debe a que una nebulosa oscura “recorta” uno de sus bordes. Cuando se observa M19 en el infrarrojo se puede comprobar que su forma es redondeada, como casi todos los globulares. Se extiende por unos 140 años luz de diámetro y su masa es estima en 1.1 millones de masas solares, por lo que estamos ante un globular bastante grande y pesado. Es de tipo VIII, lo cual indica una baja concentración en su región central, fácil de comprobar si lo comparamos con la mayoría de cúmulos que hemos observado por esta región.

Su magnitud aparente, de 7.47, pone a M19 al alcance de un simple buscador, aunque para ver sus detalles necesitaremos usar mayores aumentos. Con el Dobson de 30 cm queda patente su forma alargada, en sentido norte-sur, destacando un amplio núcleo de unos 4 minutos de arco. La corona, más débil, se extiende unos dos minutos más allá. Aparece poblado por una inmensa cantidad de estrellas diminutas, siendo las más brillantes de ellas de magnitud 14. Uno de las características que más llamó mi atención al observar este cúmulo fue la presencia de dos bandas oscuras que se recortaban al sur del núcleo como franjas  sin estrellas, más evidentes con visión lateral. También se aprecian en fotografías de poca exposición y puede que se deban al oscurecimiento producido por nubes de polvo que se interponen en su camino.

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No tenemos más que ascender poco más de un grado al norte para encontrarnos con nuestro siguiente objetivo, NGC 6284. Se encuentra mucho más lejos que cualquiera de los cúmulos que hemos visto, a unos 50.000 años luz, motivo de su menor brillo y tamaño. Descubierto en 1784 por William Herschel, es un globular de tipo IX, con sus estrellas relativamente dispersas.

Visualmente es  bastante similar a otros de los que hemos visto, como NGC 6316 o NGC 6304. A pesar de ser un globular de tipo IX pude distinguir un núcleo brillante que contrastaba de manera importante con la periferia más débil, alcanzando apenas los 3 minutos de arco de diámetro. Algunas tenues estrellas se dejaban entrever en su superficie, distantes y pequeñas, cuando la atmósfera decidía estabilizarse durante unos segundos.

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El siguiente globular de la lista es algo más peculiar, aunque sólo sea por su forma. Es NGC 6235, un globular de tipo X, más disperso aún que los anteriores (recordemos que el más extremo es el tipo XII). Se encuentra a unos 41.000 años luz de distancia, tras una gran cantidad de polvo que disminuye su brillo en al menos tres magnitudes. Es relativamente débil, de magnitud 9 y brillo superficial bajo, pero no tendremos problema para observarlo desde un lugar alejado de las ciudades. Es de los pocos globulares que nos muestran una forma triangular perfectamente definida, algo que llamará poderosamente nuestra atención, De hecho, podríamos confundirlo fácilmente con una pequeña nebulosa difusa, ya que ni siquiera presenta un núcleo que contraste con la periferia. Dos o tres estrellas habitan en su superficie, siendo las restantes demasiado débiles para dejarse ver.

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Seguimos al otro lado del núcleo galáctico, aunque algo más cerca, para visitar el próximo objeto. Se trata de NGC 6287, un globular que podría ser el más antiguo de este tipo de objetos. De entre todos los cúmulos situados a 2.000 pársec del núcleo, NGC 6287 es el que tiene una menor metalicidad, de lo cual se deduce que su formación se dio en las primeras etapas del universo, cuando todavía no se habían formado elementos más pesados. Fue descubierto por William Herschel en 1784 y se encuentra a una distancia de 30.300 años luz. Es un globular de tipo VII, algo que queda patente cuando lo observamos a través de un telescopio. Veremos una esfera difusa de unos 3 minutos de diámetro, sin observar ningún gradiente de brillo, ningún núcleo que destaque del resto de superficie. Podemos ver, eso sí, diminutas estrellas dispersas por su superficie, brillando sobre un fondo granujiento que sugiere que muchas otras se encuentran por detrás.

NGC 6287