Siguiendo los pasos de Arecibo: M13

El universo está lleno de ondas de distinto tipo, aunque hay un conjunto de ondas de radio que merecen especial atención, ya que fueron emitidas por los seres humanos como una señal de comunicación hacia otros mundos. Ahora se encuentran a 43 años luz de nosotros y, si algún día son encontradas por una raza inteligente, serán capaces de descifrar datos interesantes, como la estructura de nuestro sistema solar, el ADN del que estamos formados, las moléculas más frecuentes e incluso un dibujo de una persona con su altura media y la población del planeta. Se conoce como el Mensaje de Arecibo, porque fue emitido desde el radiotelescopio de Arecibo, enviado desde su órbita espacial en 1974. Su destino es el mismo que vamos a seguir nosotros en este artículo…

Si por algo es famosa la constelación de Hércules es por albergar uno de los cúmulos globulares más conocidos del cielo, conocido como el Gran Cúmulo de Hércules, M13 o NGC 6205, el punto del vasto infinito al que se envió el Mensaje de Arecibo. Visible sin necesidad de ningún instrumento óptico bajo cielos oscuros, M13 es uno de los objetos más impresionantes que la primavera nos puede ofrecer.

Foto M13

Crédito: Roth Ritter

Se encuentra a unos 25.100 años luz de distancia y mide unos considerables 146 años luz de diámetro. Fue descubierto por Edmond Halley en 1714, adelantándose medio siglo a nuestro amigo Charles Messier. William Herschel describió unas alineaciones de estrellas que partían del cúmulo hacia el exterior y que se conocen como patas de araña. Este astrónomo acometió la hercúlea tarea de contar las estrellas de este cúmulo, estimando que lo conformaban unas 8000 componentes. Sin embargo, ni siquiera se acercó, pues la población de esta esfera de luces es de unas 300.000 estrellas, por encima de la media de estos cuerpos. Tiene una categoría V en la clasificación Shapley-Sawyer, lo cual indica la presencia de un gradiente moderado, con un núcleo más denso y periferia difusa.

Se han descubierto algunos elementos interesantes en este cúmulo. En 2005, por ejemplo, se encontró un sistema binario, uno de cuyos componentes resultó ser una estrella de neutrones que emitía rayos X. Para conocer lo que es una estrella de neutrones podemos leer esta entrada, en la que hablábamos acerca de la conocida M1. Barnard 29 es una estrella descubierta en el cúmulo que presenta un tipo espectral B2, lo cual contrasta enormemente con el resto de estrellas, mucho más rojizas, que rondan el tipo espectral G. ¿Cómo es posible, si las estrellas de un cúmulo se forman a la vez, que haya una tan joven en apariencia? Pues bien, la respuesta no está en la edad de las estrellas, sino en su temperatura. Barnard 29 parece ser una estrella evolucionada que ha perdido sus capas más externas, de manera que ha dejado al descubierto su núcleo mucho más caliente y, por tanto, más azulado.

Con una magnitud de 5.8, M13 es fácilmente distinguible a simple vista siempre y cuando nos alejemos de las luces artificiales, apareciendo como una tenue estrella borrosa en uno de los márgenes del cuerpo del héroe griego. Con un par de prismáticos su visión es sublime, con un denso núcleo,  llamando la atención esas dos brillantes estrellas que lo flanquean, HIP 81673 y HIP 81848, ambas rondando la magnitud 7. Con el más pequeño de los telescopios la vista es sobrecogedora. Lo observé una noche que estaba probando el NextStar 102 SLT, y quedé maravillado con el resultado. Usé el ocular Cronus de 7 mm, obteniendo 94 aumentos, suficiente para que las dos brillantes estrellas aparecieran en el mismo campo. M13, con sus 20 minutos de arco de diámetro, dominaba el centro del ocular, con un intenso núcleo redondeado que superaba los 5 minutos de arco. Las estrellas aparecían y desaparecían en su interior, en ocasiones tan juntas que se hacían difíciles de separar. Una zona más débil se extendía alrededor, una corona en la que las estrellas pululaban con mayor libertad, en un número bastante menor. Poco a poco fueron apareciendo las famosas patas de araña que ya describió en su día Herschel, como prolongaciones que salían del núcleo y se extendían más allá, rozando su periferia. Las dos patas centrales, algo más cortas, se quedaban a mitad de camino, pero las otras dos se curvaban y parecían querer abrazar el cúmulo. Sin duda, una imagen para recordar y volver a visitar siempre que tengamos oportunidad.

M13

Breve historia de un cúmulo globular (NGC 6749)

Los cúmulos globulares, que nos parecen tan alejados del tumultuoso disco galáctico, no tienen una vida precisamente tranquila. Hay dos grandes poblaciones de estos cúmulos en nuestra galaxia, los que se encuentran más cercanos al núcleo, en el bulbo, y los más alejados o cúmulos del halo. Según pertenezcan a uno u otro grupo sus características serán diferentes, de manera que los más internos son especialmente ricos en metales (elementos más pesados que el hidrógeno y helio). Los cúmulos del halo, más alejados del tumulto galáctico (supernovas, nubes moleculares en interacción…) se han formado en un medio “libre de humos”, exento de dicha concentración de elementos pesados, por lo cual sus estrellas son ricas en hidrógeno y helio. Todas estas esferas estelares van girando alrededor del núcleo galáctico como una canica que se lanza al lavabo. Si su velocidad es demasiado elevada (velocidad de escape) acabará saliendo disparada por el borde; de otra manera, irá perdiendo gradualmente energía hasta caer finalmente en el oscuro sumidero, que en nuestro ejemplo sería el centro más denso de la Vía Láctea, lugar de residencia de nuestro agujero negro supermasivo.

Durante la mayor parte de su existencia (algunos llegan a los 13.000 millones de años) los cúmulos globulares vagan alrededor de la galaxia sin grandes cambios, perdiendo sutilmente energía, de manera que al final de su vida la gravedad vence la partida y son atraídos al centro galáctico. Algunos sobreviven a su paso por el centro, a costa de perder gran parte de su población de estrellas, aunque luego volverán a ser arrastrados nuevamente, de manera que es imposible que escapen de su inexorable destino. No sólo tienen que luchar contra la gravedad del núcleo de la galaxia, sino contra la gravedad del conjunto de estrellas y gases que pueblan el bulbo.

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NGC 6749 era un cúmulo solitario y tranquilo hasta que, recientemente, la gravedad se empeñó en atraerle al centro de la galaxia. Se formó hace 13.000 millones de años en el halo galáctico, algo que sabemos gracias a su composición pobre en metales. Recientemente atravesó el centro de la galaxia, encontrándose hoy a menos de 1000 años luz del eje ecuatorial de la galaxia, siendo el globular más “céntrico” de cuantos conocemos Se encuentra situado, desde nuestro punto de vista, justo detrás de la Gran Nube del Escudo, una inmensa aglomeración de estrellas con una masa estimada de 10.000 millones de masas solares. Si a eso sumamos, la masa de la barra central de nuestra galaxia (20.000 millones de masas solares) y la del propio bulbo galáctico, que posee un 30% de la masa total de nuestra galaxia, el resultado es tan descomunal que NGC 6749 no tiene ninguna posibilidad de salir ilesa: está rozando ese anillo metálico de la boca del sumidero del lavabo, y es cuestión de tiempo que tanta fuerza termine por dispersas todas sus estrellas.

NGC 6947 es un cúmulo de pequeño tamaño, estimándose su diámetro en unos 45 años luz, y extremadamente difuso, tanto que en la categoría de Shapley-Sawyer ocupa el número XII, el último número de la lista. Otra causa de su dificultad observacional es el oscurecimiento que sufre por su situación. Miles de millones de estrellas pertenecientes al brazo de Orión, así como a todas las estructuras mencionadas, se interponen en nuestra visión, sumado a una gran cantidad de gas, remanentes de supernovas y polvo en general. NGC 6749 alcanzaría una magnitud 4 veces más brillante de no ser por las estrellas y el polvo que bloquean su visión. Su magnitud visual es de 12.4, siendo sus estrellas más brillantes de la 16.5.

Hay algo de discordancia en cuanto a la identificación de este objeto, ya que John Herschel, en 1827, lo describió como “un cúmulo de débiles estrellas dispersas que ocupan todo el ocular”, siendo su posición además 8 minutos más alejada del cúmulo globular. Parece que Herschel pudo haber catalogado simplemente una región más densa de la Vía Láctea, ya que con su telescopio difícilmente podría haberlo resuelto, y su descripción no se adapta a la realidad que hoy conocemos. Y es que NGC 6749 es un cúmulo extremadamente débil, uno de esos objetos con un brillo superficial tan bajo (de 21.8) que se aprecia como un tenue fantasma con visión lateral (tiene fama de ser el cúmulo del catálogo NGC más difícil de ver). Aproveché para observarlo una visita al Veleta, el punto más alto de Sierra Nevada al que se puede llegar en coche, con una atmósfera inmejorable. La única pega esa noche fue el frío viento que nos sorprendió con poco abrigo, pero la calidad visual de los objetos hizo que mereciera la pena. De hecho pude apreciar el brillo tenue y disperso de NGC 6749 sin gran esfuerzo, con una brillante estrella marcando uno de sus bordes. Con visión lateral sus límites se expandían algo más, alcanzando unos 4 minutos de arco de diámetro. Con el paso de los minutos algunas minúsculas estrellas se asomaron en la periferia, para desaparecer sobre la marcha, como una chispa incandescente que se encuentra excesivamente lejos. Me lo tomé como un regalo de la atmósfera cristalina en compensación por el frío que me estaba haciendo pasar.

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Globulares fantasma

Si eres aficionado a la astronomía, los cúmulos globulares o te gustan, o te acaban gustando. Más aún cuando te das cuenta de la inmensa variedad de formas y estructuras que pueden adoptar. Hoy vamos a ver tres de ellos muy cercanos entre sí, característicos por su extrema debilidad, que les da la apariencia de difusas nebulosas redondeadas. Se encuentran justo en el límite entre Serpens Cauda (la Cola de la Serpiente) y Ofiuco.

El primero de ellos pertenece al selecto grupo Palomar y se denomina Palomar 7. Como ya sabemos, los 15 globulares que forman parte de este catálogo fueron descubiertos, en su mayoría, en la década de los 50, en el observatorio Palomar de California. Sin embargo, el que nos ocupa hoy ya se conocía, al parecer, con anterioridad, con la entrada del Index Catalogue IC 1276. Se encuentra bastante cerca de nosotros, a unos 17.600 años de distancia, siendo su pecado estar dispuesto tras densas nubes oscuras que lo han hecho empalidecer y disminuir varias magnitudes. Su tamaño es de 8 minutos de arco y su magnitud de 10.34, pero no nos dejemos engañar, pues su brillo superficial es bastante bajo. Se encuentra en la constelación Serpiente, a una altura similar a la constelación del Escudo, y para verlo necesitaremos un cielo alejado de la contaminación lumínica. Con mi Dobson de 30 cm lo encontré sin problemas con el ocular de 13 mm, a 115 aumentos, apareciendo como una pequeña esfera homogénea, más fácilmente visible con mirada periférica, sin ningún gradiente distinguible. Dos estrellas aparecían tímidas en el seno del cúmulo, seguramente ajenas a la población real, que son mucho más débiles.

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El siguiente cúmulo, aunque del catálogo NGC, no es mucho más deslumbrante. Se trata de NGC 6539, una aglomeración de soles situada a unos considerables 25.400 años luz de distancia, sufriendo también los efectos atenuantes de la materia interestelar. Su magnitud de 9.6 también se encuentra algo sobreestimada debido a su bajo brillo superficial, aunque es más sencillo que Palomar 7. Aparece a 214 aumentos como una esfera homogénea, como corresponde a su categoría X de la clasificación Shapley-Sawyer, con bordes homogéneos que se van perdiendo gradualmente. Algunas estrellas pueden intuirse en la periferia, de nuevo estrellas intrusas que quieren hacerse pasar por habitantes de esta enorme familia de estrellas. Visualmente podría pasar por una amplia nebulosa planetaria, y no es de extrañar que no se descubriera hasta 1856.

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Cruzamos ahora la invisible línea que delimita las constelaciones y nos situamos en Ofiuco, si bien vamos a ir mucho más lejos en profundidad, hasta los 35.500 años luz, distancia a la que se encuentra NGC 6517, el último globular de este triplete. Su magnitud de 10 y un tamaño aparente menor que el anterior podrían hacernos pensar que nos será bastante difícil encontrarlo, pero nada más lejos de la realidad. El principal motivo para ello reside en su mayor concentración hacia el centro, que produce un brillante núcleo coronado por una periferia más débil. Pertenece a la categoría IV de la clasificación Shapley-Sawyer, siendo útil su comparación con NGC 6539 (categoría X, mucho menos concentrado). Ninguna de sus estrellas se individualizó en mi telescopio a 214 aumentos, si bien me transmitió cierta sensación de granulación, a diferencia de los otros, la sensación de que verdaderamente me encontraba ante un cúmulo globular.

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Observar este tipo de globulares, tan débiles e irresolubles, puede parecer algo tedioso e incluso aburrido al principio, aunque cuando uno es consciente de lo que está viendo cambia la perspectiva. También es interesante el hecho de saber que su número es limitado, conociéndose a día de hoy unos 160, aunque se estima que hay unos 180 girando alrededor de la Vía Láctea, lo cual añade el aliciente de cazar el máximo número de ellos.

Sobre la Pipa (NGC 6401 y NGC 6369)

La visión de la Vía Láctea estival bajo un cielo estrellado lejos de las grandes urbes puede llegar a ser verdaderamente sobrecogedora. Mil formas se perfilan en su superficie, destacando en Sagitario la gran nube oscura que comienza en el Cisne. Esta grieta negruzca presenta salientes hacia ambos lados, y si la noche es oscura podremos ver una de estas prolongaciones que se encuentra a la derecha de M8 y por encima de la cola del escorpión, formando un triángulo recto. Nos llamará la atención que presenta una forma muy linear, especialmente con visión indirecta, contrastando con todas las curvas que predominan en la zona. Esta nube oscura es conocida como la Nebulosa de la Pipa, y la zona más rectilínea se corresponde a la cánula y a la boquilla, en el extremo, mientras que hacia el Este se abre un poco más y forma la “cazoleta”. La nube, que podemos recorrer con prismáticos para disfrutar de cada uno de sus recovecos, está formada por varias nebulosas oscuras, destacando Barnard 78 (B78), B67, B66, B65 y B59, constituyendo esta última la boquilla. Pero el interés que hoy tenemos en esta nebulosa es que nos sirve para orientarnos y encontrar los objetos que tenemos en lista, ya que se encuentran justo al norte de “la Pipa”, donde tres estrellas brillantes formando una curva nos ayudarán en la búsqueda.

Comenzaremos por NGC 6401, un débil cúmulo globular que se encuentra a unos 34.000 años luz de distancia. William Herschel y su hijo, en el siglo XVIII, lo confundieron con una nebulosa, lo cual ya nos da una idea de su elevada dificultad. A pesar de tener una magnitud de 7.4, su brillo superficial es extremadamente bajo y sus estrellas quedan fuera del alcance de nuestros telescopios. Destaca una brillante estrella de magnitud 11 que parece engarzada en la corona del cúmulo, pero no es más que un efecto de perspectiva, ya que dicha estrella se encuentra mucho más cerca de nosotros. Una vez localizado, NGC 6401 aparece como una esfera de unos 5 minutos de arco de diámetro, muy débil y de bordes difusos, aunque la visión lateral ayuda a verla con mayor facilidad. Su superficie, sin embargo, podría describirse como “granujienta”, dando la curiosa sensación de que, de un momento a otro, todas sus estrellas van a resolverse. Pero no, NGC 6401 permanece envuelto en el halo de misterio que le rodea y no soltará prenda a no ser que se fotografíe con una exposición lo suficientemente prolongada. Aun así, merece la pena echarle un vistazo y dejar que se nos insinúe con ese crepitar invisible de estrellas que se puede adivinar en su interior.

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Vamos a viajar ahora a unos 3.500 años luz de distancia para contemplar una espectacular nebulosa planetaria denominada NGC 6369, conocida también como la Nebulosa del Pequeño Fantasma. Es una joven planetaria con una llamativa estructura anular, cuyas capas externas se expanden a unos 24 km por segundo. Se encuentra inmersa en la nebulosa oscura Barnard 77, por lo que no nos debe sorprender la pobreza en el campo de estrellas una vez que estemos con el telescopio. Nuevamente, la estructura anular de esta planetaria no se debe a una forma esférica, como la lógica podría dictar, sino que posee una estructura cilíndrica en forma de reloj de arena que vemos de frente (estructura similar a M27, en cuyo caso la vemos de perfil). Por este motivo puede parecernos, en fotografías de larga exposición, que la estrella central se encuentra un poco descolocada del centro exacto.

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NGC 6369 se encuentra a medio camino entre dos brillantes estrellas, c Oph y b Oph, formando un triángulo muy abierto con ellas. A bajo aumento ya se puede apreciar como una estrella borrosa y algo engrosada, imagen que irá cambiando si nos acercamos. A 214 aumentos la nebulosa se aprecia redondeada y más grande, aunque no supera el minuto de arco de diámetro, y su magnitud de 11.4 se hace patente, siendo más débil que la mayoría de planetarias que estamos acostumbrados a ver por esta zona. Sin embargo se puede apreciar sin problemas siempre que observemos bajo un lugar alejado de la contaminación lumínica, y con visión periférica comenzará a dejarse ver su interesante estructura: un anillo de humo de bordes engrosados, bastante regular en toda su extensión, sin atisbo de estrella central que causa tal espectáculo. Ésta es una enana blanca cuya magnitud de 16 complica bastante su detección, pero no hace falta verla para disfrutar de las vistas.

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El pequeño Omega (M55)

Hay algunos objetos del catálogo Messier cuya existencia pasa algo más desapercibida debido, entre otras cosas, a su situación meridional, sumado a que no posee un brillo excepcionalmente elevado. Ya el buscador de cometas se encontró con dificultades a la hora de localizar el cúmulo globular M55, que había sido descrito en 1751 por Nicolas Louis de Lacaille. Ambos astrónomos vieron una esfera nebulosa sin ninguna estrella en su interior, siendo William Herschel quien lo resolvió años después por primera vez.

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M55, también conocido como NGC 6809, es un cúmulo globular relativamente cercano, situado a unos 17.000 años luz de distancia en una zona lo suficientemente alejada del núcleo de la galaxia como para que no se vea especialmente mermado por el polvo interestelar. Es un cúmulo de categoría XI en la clasificación de Shapley-Sawyer, lo cual habla a favor de una mínima concentración de estrellas hacia el núcleo, apareciendo todas uniformemente diseminadas a lo largo de sus 19 minutos de arco de diámetro. Sus componentes tienen una metalicidad muy baja, de apenas un 1% de la de nuestro sol, siendo así M55 uno de los cúmulos globulares más antiguos que conocemos. Entre las 100.000 estrellas que lo componen se ha encontrado un número reducido de variables, así como algunas rezagadas azules formadas probablemente por el contacto entre dos estrellas antiguas.

Este cúmulo globular no es de los más fáciles de encontrar, encontrándose inmerso en la gran constelación de Sagitario, más al sur de la característica “tetera”. Comencé a buscarlo a partir de las estrellas que forman el mango, y cuando abandoné esa zona con el buscador me sentí como un explorador que zarpa a aguas desconocidas, dejando atrás tierra firme. Saltando de estrella en estrella fui avanzando hacia el horizonte, hasta que pude distinguir una pequeña mancha redondeada y tenue. Cuando puse el ojo tras el ocular no pude evitar soltar una exclamación. Había pecado de creer que sería un globular sin un interés especial, y cuando vi esa enorme esfera formada por multitud de estrellas supe que me encontraba ante un cúmulo muy especial. Lo primero que se me pasó por la mente fue su gran parecido con el famoso Omega Centauri, con la única diferencia del tamaño aparente, siendo éste último bastante más extenso. Aun así, a 115 aumentos M55 ocupaba dos terceras partes del campo, perfectamente redondeado, salpicado por débiles estrellas resueltas desde el mismísimo núcleo hasta el exterior. La zona interna, algo más brillante, tenía una especie de bocado en su periferia, aunque el número de estrellas era tan elevado que sólo se apreciaba con visión indirecta. No es un cúmulo con un llamativo gradiente: su brillo va disminuyendo desde el centro a la corona muy discretamente, sin grandes saltos en la magnitud de sus componentes.

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A menudo me sorprendo escuchando una canción por primera vez y pensando cómo me pudo haber pasado desapercibida hasta ese momento. Con la astronomía pasa algo similar: no puedo imaginar la cantidad de objetos que quedan ahí arriba capaces de ponernos la piel de gallina.

Círculos y cuadrados (NGC 6440 y NGC 6445)

Estamos habituados a observar la miríada de objetos de cielo profundo que van caminando por la Vía Láctea en la constelación de Sagitario, pero también hay otros objetos interesantes que se salen de esta vía. Hoy vamos a ver a dos de ellos que se localizan al noroeste de la constelación, a la derecha de M23, formando una interesante pareja: NGC 6445 y NGC 6440.

NGC 6445 es una nebulosa planetaria especialmente intersante, una de las más extensas que conocemos y que hace alarde de una forma totalmente peculiar. Está formada por un anillo interno que simula un rectángulo, con sus bordes más densos y brillantes, continuándose al exterior con difuminadas y tenues volutas de humo aparentemente anárquicas, fruto, probablemente, de primigenias expulsiones de gas. En su interior brilla una tímida enana blanca de magnitud 19, fuera del alcance de nuestros instrumentos. Su distancia se estima en unos 4500 años luz, midiendo por tanto 3 años luz de longitud y uno de anchura. Su avanzada edad conlleva una mayor variedad de formas debido a que los vientos estelares han tenido más tiempo para ejercer su acción, dando el aspecto de una nebulosa difusa. De hecho, William Herschel la observó en 1786 y la catalogó como “nebulosa difusa” (clase II) en vez de “nebulosa planetaria” (clase IV). Fue más adelante cuando se conoció su verdadera naturaleza, y hoy en día no sabemos si quiera cómo se ha formado realmente. Al parecer tiene una estructura bilobulada promovida por la expulsión inicial de material que adquirió forma de torus, de manera que la difusión posterior de sus capas externas tuvo lugar mayoritariamente por los dos polos. Los vientos estelares han jugado un papel muy importante, complicando el estudio a la vez que han esculpido una verdadera obra de arte celeste. La siguiente imagen, de Michael Sidonio, muestra a NGC 6445 a la derecha acompañada de nuestro siguiente objeto:

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Fuente: Michael Sidonio 

NGC 6440 es ese cúmulo globular que, a bajos aumentos, comparte campo con NGC 6445. Se sitúa a 27.000 años luz de nosotros y su brillo se ha visto altamente reducido por todo el polvo galáctico que se interpone. Según escribió Harlow Shapley en 1918, Curtis lo consideró inicialmente una nebulosa espiral (nombre dado a las galaxias en una época en la que todavía no se conocía su naturaleza), ya que no pudo distinguir estrellas en la fotografía que estaba estudiando, lo cual nos da una idea de la debilidad de sus componentes. A pesar de ello, su magnitud visual es de 9.2, al alcance de cualquier instrumento, con un diámetro de unos 6 minutos de arco.

Con el Panoptic de 24 mm, a 62.5 aumentos, ambos objetos entraban perfectamente en el mismo campo, si bien no es la magnificación apropiada para estudiarlos en detalle. No obstante, su imagen es muy atractiva, apareciendo como dos pequeñas manchas nebulosas, destacando en NGC 6440 su centro más brillante. El cúmulo globular, a mayor aumento, muestra una esfera de bordes difusos y un núcleo más intenso, con alguna tímida estrella que, de vez en cuando, hacía su aparición en la periferia.

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NGC 6445 tiene más que ofrecer cuando usamos mayores aumentos. En mi caso, debido a las turbulencias, llegué a usar 214 aumentos, alcanzando la nebulosa un tamaño considerable, situada entre dos estrellas más brillantes. Me sorprendió la densidad del objeto, que era fácilmente observable incluso con visión directa, pero lo que más llamó mi atención fue la irregularidad que mostraba. Se podía apreciar perfectamente la forma del anillo interno, más bien cuadrangular, con los bordes más condensados formando una letra “C” con marcadas esquinas. El lado abierto de la “C”, en ocasiones, me parecía más difuso y ensanchado, como si continuase hacia el exterior, aunque no podría decirlo con seguridad.

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Segundo plato (NGC 6544)

Este artículo es un complemento del dedicado a M8, así como una llamada de atención para desviar nuestra vista hacia lugares menos concurridos, ya que podemos encontrar tesoros en los lugares menos pensados. Pues bien, en los alrededores de la Laguna podemos encontrar una enorme cantidad de objetos “alternativos”, objetos menos llamativos que viven al amparo de gigantes coloridos. Hoy, en concreto, vamos a dar algunas pinceladas sobre NGC 6544, un bonito cúmulo globular que se encuentra a tan sólo 50 minutos de arco de M8.

Foto  NGC 6544.jpg

Está situado a casi 9500 años luz de nosotros y tiene la peculiaridad de ser uno de los más cercanos al plano galáctico. De hecho, se sitúa tan sólo a unos 300 años luz de este plano galáctico, por lo cual se ve afectado por una importante cantidad de polvo y material interestelar. Sin embargo, su relativa cercanía nos permitirá observarlo sin mayores dificultades. Otra particularidad de este globular es su pequeño tamaño, ya que apenas alcanza los 14 años luz de diámetro, siendo bastante denso, clasificado como un globular de tipo V en la escala de Shapley-Sawyer (siendo XII el más disperso posible). De hecho, su densidad ha promovido la formación de algunas rezagadas azules, y también se ha documentado la existencia de un pulsar que baila en un sistema binario, girando a velocidades de vértigo. De hecho, hay quien teoriza acerca de la existencia de un agujero negro en su interior, aunque la tecnología de la que disponemos no sirve aún para confirmarlo. Se han encontrado también restos de estrellas, en probable relación con el tirón gravitatorio de la galaxia que, al pasar a su lado, arrastra muchos de sus componentes.

Encontrar a NGC 6544 no puede ser más sencillo, dejándose caer desde M8 y girando levemente hacia el Este. Allí, con prismáticos, veremos una pequeña esfera nebulosa con un centro puntiforme, y el telescopio revelará un interesante cúmulo globular. Ya a bajo aumento se aprecia una pequeña esfera que no llega a los 5 minutos de arco, de aspecto nebuloso, con diminutas estrellas chisporroteando en su interior. Podemos usar mayores aumentos para resolverlo con mayor facilidad, siempre y cuando la noche sea oscura y la atmósfera bien estable. A 214 aumentos ocupaba casi una tercera parte del ocular, y la esfera adquiría cierta forma alargada. Las estrellas se resuelven hasta el centro, aunque muy débiles, apareciendo al menos una veintena de ellas, con otras más tenues que aparecen y desaparecen en la oscuridad, jugando al escondite. Tenemos que admitir que no está mal, nada mal, para ser un objeto de “segundo plano”, y no es sino uno de tantos otros que quedan eclipsados por su cercanía a los más famosos objetos.

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