Fantasmas estivales (Palomar 6)

Hay que aprovechar las condiciones propicias para intentar ver más allá de nuestras posibilidades, y una de estas condiciones se dio el pasado verano, cuando me encontré bajo los oscuros cielos de la Sierra en Postero Alto, pudiendo observar estrellas que rondaban la magnitud 6.5. Además de disfrutar con llamativas galaxias y nebulosas, decidí aventurarme en las profundidades del polvo y gas de nuestra galaxia  para intentar desentrañar algunos de sus objetos mejor escondidos… Allí pude encontrar algunos cúmulos globulares verdaderamente débiles, que hacen justicia al término anglosajón obscure.

Hoy os hablaré de Palomar 6, uno más de la selecta lista que engloba a los 15 globulares que fueron encontrados a partir de fotografías obtenidas en el Observatorio Palomar. Ya había podido observar algunos de sus hermanos, como Pal 2, Pal 7, Pal 11 o Pal 12, y no quería perder la oportunidad de ampliar la familia. Palomar 6 se encuentra en los dominios de Ofiuco, aunque para llegar hasta él es más sencillo si salimos desde Sagitario. El cúmulo dista de nosotros algo menos de 20.000 años luz, especialmente poco para lo débil que aparece ante nuestros ojos. Sin embargo, la culpa de su debilidad estriba, como hemos apuntado hace un momento, en su situación especialmente cercana al centro galáctico (se encuentra, tan solo, a unos 2.000 años luz sobre el plano de la galaxia), oculto tras una densa maraña de polvo y gas. Palomar 6 brilla con una magnitud de 11.6 (su brillo superficial es mucho menor, sin embargo) y tiene un tamaño aparente de 1.2 minutos de arco. Para encontrarlo tenemos que prepararnos con una buena dosis de paciencia y adaptación a la oscuridad, aunque también es verdad que no es de los cúmulos Palomar más débiles que existen. Una vez lo tengamos en el campo del telescopio tenemos que respirar con calma y relajar la mirada, intentando encontrar la más mínima diferencia de brillo con respecto al fondo. No hay una gran cantidad de estrellas colindantes, lo cual ayuda a centrar nuestra atención. En mi caso, con el Dobson de 30 cm, comencé a notar su presencia a los pocos minutos de observarlo, a 115 aumentos. Aparecía como una mancha pequeña y apenas perceptible, en el umbral de la visibilidad, un fantasma redondeado que sólo se dejaba ver con visión lateral. A 214 aumentos la nube prácticamente desaparecía de la vista, aunque podía distinguir una decena de estrellas en su seno, diminutos habitantes de un lejano mundo.

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A las faldas de M22 (NGC 6638)

Como ya sabemos, no son pocos los objetos interesantes que aparecen situados junto a otros más llamativos que captan toda su atención (un ejemplo claro es M13 y la galaxia NGC 6207). Pues bien, justo en la tapadera de Sagitario encontramos otra muestra, un pequeño globular que se encuentra deslumbrado por el imponente M22.

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Estamos hablando de NGC 6638, un cúmulo globular que se sitúa a unos 2 grados de M22, muy cerca de la estrella Lambda Sagittarii. El cúmulo fue descubierto por William Herschel en el prolífico año de 1784, descrito como una nebulosa con sus estrellas resueltas. Para entender esta definición tenemos que pensar que William Herschel tenía la profunda convicción de que todas las nebulosas estaban formadas en realidad por multitud de estrellas, y que con el adecuado telescopio se podría resolver cualquiera de ellas. Fue su hijo, poco después, quien definió el objeto como como un cúmulo globular. NGC 6638 se sitúa a 31.100 años luz de nosotros y a apenas 7.000 años luz del núcleo de nuestra galaxia, Pertenece, por tanto, a la población de cúmulos del bulbo galáctico, generalmente de mayor metalicidad que los del halo. Es un globular de tipo VI en la clasificación de Shapley-Sawyer, lo cual nos habla de una concentración moderada, sin un prominente gradiente de brillo.

Es un globular relativamente pequeño, de unos 66 años luz de diámetro, que a la distancia estimada se manifiesta en un diámetro aparente de 7.3 minutos de arco (si bien al telescopio nos parecerá algo más pequeño). Con una magnitud de 9.2, ya es apreciable al buscador como una diminuta mancha que parece una estrella desenfocada. Con el Dobson de 30 cm pude apreciarlo sin ninguna dificultad, una agradable esfera cuyo núcleo, brillante, parecía relativamente heterogéneo. Al usar mayores aumentos pude notar algunas estrellas que salpicaban su superficie, la mayoría de magnitud 14 en adelante, mientras que el núcleo permanecía irresoluble. Algunas prolongaciones parecían proyectarse desde la zona central, pequeñas, con el típico aspecto granujiento de los cúmulos que están en el limbo de la resolución.

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Al centro de la Vía Láctea (M70)

Hace poco hablábamos de M69, un cúmulo globular que se encontraba a unos 29.600 años luz de distancia, muy cerca del núcleo galáctico. Pues bien, hoy apuntaremos nuestros telescopios a un vecino especialmente cercano, M70, otro cúmulo globular bastante similar al anterior que ya nos deslumbra en la siguiente fotografía:

Foto M70

M70 se encuentra situado a 29.300 años luz de nosotros, estando M69 a apenas 2000 años luz de distancia (son vecinos en toda regla, privilegiados además por las imponentes vistas que deben disfrutar recíprocamente). M70, también conocido como NGC 6681, fue descubierto por Charles Messier en 1780, aunque no sería hasta 4 años después cuando se resolvieran por primera sus estrellas, logro que podemos atribuir, como en tantos otros objetos, a William Herschel. El diámetro de este globular se ha estimado en unos 70 años luz, un tamaño estándar para este tipo de objetos. Como una quinta parte de los cúmulos de nuestra galaxia, ha alcanzado un estado que se denomina colapso del núcleo: ha ido perdiendo gradualmente sus estrellas más ligeras, que se han visto empujadas hacia la periferia, quedando en el núcleo las estrellas más pesadas, de manera que tenemos ante nuestros ojos un núcleo pequeño pero especialmente brillante y denso. Es llamativo también el hecho de que M70 permanezca tan bien “formado” a pesar de su situación: ha estado más de 12.000 millones de años orbitando el núcleo galáctico a una distancia tan cercana que es una suerte que haya soportado tan bien sus vaivenes y tirones gravitacionales.

Este cúmulo globular, a pesar de pertenecer al catálogo Messier, no es precisamente de los más brillantes. Con una magnitud que ronda la novena, se puede apreciar con un par de prismáticos si observamos desde un lugar oscuro. Al telescopio se muestra como una esfera nebulosa de unos 8 minutos de arco de diámetro, destacando su brillante núcleo en el centro, poco mayor de un minuto de arco. Algunas estrellas titilan en su región periférica, apareciendo la zona interior ciertamente grumosa. De vez en cuando, algunos valientes astros se asoman a pesar de la tremenda distancia que nos separa.

M70

El concentrado M75

No todos los objetos del catálogo Messier son cercanos y brillantes, (sin tener en cuenta, por supuesto, las distantes galaxias que lo componen): algunos, como el globular M54, se encuentran a más de 80.000 años luz de distancia. El objeto que nos ocupa hoy es el segundo cúmulo globular más lejano de la lista, así como el más concentrado de todos ellos. Se trata de M75, y usaremos la siguiente imagen del telescopio Hubble como carta de presentación:

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M75, también conocido como NGC 6864, fue descubierto por Pierre Méchain en 1780. William Herschel lo observó en 1799: aunque no consiguió resolver sus estrellas, lo describió como un cúmulo globular por su aspecto característico (unos años después pudo, por fin, confirmar su sospecha). M75 pertenece a la categoría I de la clasificación de Shapley-Sawyer, lo cual le otorga el privilegio de ser el globular de la lista de objetos Messier con una concentración más marcada en el núcleo, de manera que tenemos un importante gradiente del centro a la periferia. Su distancia se estima en unos 65.700 años luz, muy por detrás del núcleo de nuestra galaxia. Por suerte, la zona en que se encuentra no es tan rica en estrellas como ocurre en otras regiones veraniegas, un impedimento menos a la hora de observarlo a través de la distancia. Es un globular grande, con un diámetro de unos 150 años luz, que equivalen a unos 6.8 minutos de diámetro aparente.

A pesar de la distancia, M75 es relativamente brillante, con una magnitud de 8.5, visible incluso con prismáticos como una pequeña estrella levemente desenfocada. Al telescopio la vista es tremendamente sugerente, si bien no contemplaremos una enorme esfera plagada de soles: se encuentra tan lejos que no será tarea fácil resolverlo. A elevados aumentos aparece como una nubecilla redondeada, de unos 5 minutos de arco de diámetro, en la que podemos distinguir tres zonas de distinto brillo. El núcleo, el lugar más destacado de M75, es pequeño y muy brillante, mostrándose con una estructura estrellada. Justo alrededor se dispone un segundo nivel algo más débil que da paso a la periferia, una corona tenue cuyos bordes se pierden en el cielo. Es en estos dos últimos estratos donde se pueden adivinar múltiples estrellas tímidas que luchan desde la lejanía, tratando de hacerse ver. Dos o tres de ellas se muestran sin ninguna vergüenza, pero el resto se agolpan entre sí dejando entrever un delicado aspecto granujiento.

M75

El anciano NGC 6558

Las estrellas del bulbo de nuestra galaxia (la zona más interna) no son las mismas que se formaron al comienzo de los tiempos, sino que provienen de generaciones más jóvenes que se han formado a partir del material que sus predecesoras han esparcido por el espacio interestelar. Este dato podemos corroborarlo estudiando la metalicidad de las estrellas, es decir,  la proporción de elementos pesados que forman parte de su composición. Como ya sabemos, cuando una estrella muere expulsa sus elementos hacia el exterior, elementos que luego son usados para formar nuevas estrellas: por tanto, estas nuevas estrellas tendrán entre su composición elementos más pesados de lo habitual, lo que conocemos como una alta metalicidad. Las más antiguas, sin embargo, se formaron con poco más que hidrógeno y helio, pues el espacio interestelar todavía no estaba “sembrado” de elementos pesados, por lo que su metalicidad será mucho menor.

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La metalicidad nos puede dar nociones, por tanto, de la edad de una estrella y de su procedencia. Los cúmulos globulares que están en el bulbo suelen tener una metalicidad relativamente alta, ya que se han “contaminado” con las estrellas de la zona. Sin embargo, NGC 6558 es uno de los globulares más cercanos al núcleo y uno de los de menor metalicidad, lo cual sólo podemos achacar a una avanzada edad. Además pertenece a los cúmulos que han sufrido un colapso de su núcleo (en esta entrada revisábamos este concepto), lo cual no hace más que confirmar su senectud. De hecho, tuvo que formarse a raíz de las primeras grandes nubes moleculares que poblaban la Vía Láctea primigenia, la época de en la que brillaron sus primeras estrellas. NGC 6558 fue descubierto por William Herschel en 1784 con un telescopio de 45 cm de apertura: este dato no debe desanimarnos, pues resulta bastante sencillo de observar incluso con pequeños instrumentos.

Se encuentra a 24.000 años luz, por debajo de la estrella gamma Sagittarii, muy cerca de NGC 6569, que ya vimos en esta entrada. NGC 6558 es un cúmulo de la onceava magnitud y un diámetro de unos 10 minutos de arco, aunque al telescopio nos parecerá más pequeño porque sus regiones más periféricas se pierden fácilmente en el cielo de fondo. A 214 aumentos aparece como una pequeña esfera con un destacado núcleo más brillante de unos dos minutos de arco de diámetro, claramente diferenciado de la periferia más débil. Tuve la suerte de observarlo bajo cielos de magnitud límite en torno a 6.5, gracias a lo cual pude apreciar una marcada ebullición de estrellas que se dejaban ver por toda su superficie, con un aspecto granujiento de lo más sugerente. En la zona periférica estas estrellas eran más patentes y brillantes, sobre todo tras varios minutos de adaptación y haciendo uso de la visión lateral.

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Falsa identidad (NGC 6540)

Hoy vamos a ver un peculiar objeto que lleva arrastrando tras de sí la historia de una falsa identidad. Fue descubierto por Herschel en 1784, quien pensó que debía ser una nebulosa difusa. Fue conocido como NGC 6540 y poco después Collinder consideró que era más bien un cúmulo abierto, catalogándolo como Cr 364 (lo cierto es que este último, según podemos ver en fotografías, se acercó algo más a su verdadera naturaleza). Sin embargo, en la década de los 80 Djorgovski (nos sonará su nombre por el cúmulo Djorgovski 2) se interesa por este objeto, relacionándolo más bien con un cúmulo globular que con uno abierto. Lo incluye en su lista de globulares como Djorgovski 3 y poco después, en 1994, Bica lo analiza y confirma su naturaleza globular.

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NGC 6540 es un globular clasificado como “core-collapsed” o de núcleo colapsado, una de las fases avanzadas en la evolución de estos objetos. Con el paso de los años, las estrellas menos pesadas tienden a migrar del centro hacia el exterior, y esto, añadido a la pérdida progresiva de las estrellas más superficiales, produce un aumento de la densidad en el núcleo, que queda comprimido en un espacio relativamente pequeño. Curiosamente, posteriormente la gran densidad de estrellas que se produce en la región central lleva a una frecuente interacción entre ellas y una consecuente liberación de energía, motivando una re-expansión del cúmulo y el proceso vuelve a empezar. NGC 65440 está, por tanto, en la fase de post-colapso, con un núcleo pequeño y denso en el que podemos encontrar un buen número de estrellas azules (recordemos que las rezagadas azules, conocidas como blue stragglers, se producen tras la interacción entre dos estrellas cercanas que acaban exponiendo sus regiones más internas y, por tanto, más calientes y de color azulado).

NGC 6540 presenta una peculiar forma alargada de norte a sur, con dos agrupaciones de estrellas más llamativas en la periferia. Su estructura da a entender que ya ha vivido varios encuentros con el centro de nuestra galaxia, sufriendo las consecuencias de los tirones gravitacionales (en el momento actual se encuentra a tan solo 9.000 años luz del núcleo). NGC 6540 dista de nosotros entre 10.000 y 15.000 años luz, bastante poco si lo comparamos con la mayoría de globulares: sin embargo, su pequeño tamaño y un oscurecimiento de 0.7 magnitudes por el polvo galáctico hacen que pase relativamente desapercibido.

Con una magnitud aparente de 9.3, no es especialmente difícil de observar siempre y cuando estemos bajo un cielo oscuro, si bien presenta un brillo superficial bastante disminuido que puede complicarnos las cosas si usamos telescopios de baja apertura. Con mi Dobson de 30 cm me llevé una sorpresa al observar el poblado campo donde se encuentra NGC 6540. Destacaba en el centro un grupo de estrellas que adoptaban una posición arqueada, de unos 3 o 4 minutos de longitud, e instantáneamente pude apreciar que el centro del arco presentaba una cierta neblina a su alrededor. Tuve que confirmar que eso era realmente el cúmulo, y efectivamente pude comprobar que ese arco de estrellas es el mejor referente para encontrarlo. Es de entender que se haya confundido con una nebulosa o con un cúmulo abierto, porque se encuentra rodeado por un buen número de astros. Una decena de minúsculas y esquivas estrellas se dejaban ver en medio de la nube, dando a entender que en su interior había muchas, muchísimas más.

NGC 6540

Copa de bronce en Hércules (NGC 6229)

Hace un tiempo hablábamos de M92, un impresionante cúmulo globular que era eclipsado continuamente por M13, su compañero de constelación. Pues bien, en Hércules hay un cúmulo aún más débil y distante que pasa desapercibido a menudo, y con razón, aunque en la siguiente fotografía podemos apreciarlo en todo su esplendor:

NGC 6229 es un cúmulo globular que se encuentra a unos considerables 100.000 años luz de distancia, formando parte de los conocidos como cúmulos del halo galáctico. Su distancia es cuatro veces mayor que la de M13, motivo por el cual no es de extrañar que su compañero se lleve todo el protagonismo. Fue descubierto en 1787 por William Herschel y es un globular de categoría IV, con una concentración relativamente importante hacia el núcleo. Se encuentra a más de 80.000 años luz del núcleo de la Vía Láctea, por lo que no se ha visto influenciado de manera decisiva por las fuerzas internas de la galaxia, permaneciendo ajeno a un tumultuoso aglomerado de estrellas que nacen y mueren en una agitada marea cósmica.

La distancia de NGC 6229 será el principal determinante a la hora de observarlo, ya que es un globular bastante débil. Pese a tener una magnitud de 9.4, la magnitud de sus estrellas es extremadamente tenue, por lo cual resolver algunas de ellas será todo un reto. Aparece en primer lugar como una esfera de unos 4 minutos de arco de diámetro, con un núcleo relativamente brillante en el interior que abarca casi 2 minutos de arco. Media docena de estrellas pululan por la periferia, brillando tímidamente en la lejanía. El núcleo muestra una textura claramente granulosa cuando tenemos la visión adaptada a la oscuridad: no se pueden distinguir sus estrellas, pero sí se adivina la gran densidad de ellas que luchan por hacerse notar desde esos 100.000 años luz que nos separan.

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