Quitémonos el sombrero (M104)

En la constelación de Libra, lindando con Corvus, encontramos una de las galaxias más fotogénicas que se pueden ver incluso con pequeños instrumentos. Hablamos de M104, una espectacular galaxia que hace gala de unos atributos muy peculiares. Para empezar, el cielo parece conocerla con creces, pues una serie de flechas van indicando el camino a seguir.

Foto M104 mapa

La primera de ellas está formada sobre Algorab o Delta corvi, la esquina noreste del cuadrilátero que forma el Cuervo. Unos 4º al norte podremos ver la saeta, con dos estrellas formando el penacho de plumas y tres formando la punta. Realmente no son tres, pues encontramos varias dobles entre ellas. La estrella del centro está compuesta por tres astros claramente diferenciables entre sí, siendo la del medio una triple muy interesante, denominada HIP 61465. Sus dos estrellas principales tienen una magnitud de 8 y están separadas por 27 segundos de arco, mientras que la tercera, más débil, Foto M104 Stargatepresenta una magnitud de casi 11 y se encuentra a unos 40 segundos de arco. Este curioso grupo, junto con el triángulo de brillantes compañeras que hay a su alrededor, forma un asterismo conocido popularmente como el “Stargate”, una especie de portal para viajar al hiperespacio que aparece en la serie de ciencia ficción “Buck Rogers”. Las 6 estrellas, en su conjunto, se catalogan como STF 1659. Merece la pena observar su atractiva forma a bajos aumentos, antes de seguir el recorrido hacia M104.

La siguiente parada es la segunda flecha del camino, la que señala directamente a nuestro destino. Se trata de otro pequeño asterismo en el que, a priori, destacan tres estrellas en línea recta. Una aproximación más atenta revela que la más brillante de ellas, en el extremo oriental, tiene una pequeña compañera a unos 40 segundos de arco de distancia, de magnitud 9, ambas conformando la parte posterior de la flecha. Son, respectivamente, HIP 61656 y HIP 61654, y a su vez forman parte del sistema conocido como Struve 1664, que engloba a otras dos estrellas cercanas y a la “flecha” en su conjunto.

Si seguimos esta pequeña flecha llegaremos, por fin, a la Galaxia del Sombrero. M104 es el primer objeto añadido al catálogo Messier de forma póstuma, cuando Camille Flammarion encontró, en 1921, unas anotaciones escritas por Messier describiendo un objeto que se correspondía con NGC 4594. Esta galaxia proporcionó, además, importantes pistas sobre la naturaleza extragaláctica de las galaxias, cuando Vesto Slipher, en 1912, descubrió que presentaba un importante corrimiento al rojo.

1200px-M104_ngc4594_sombrero_galaxy_hi-res.jpg

M104 es una peculiar galaxia que se encuentra a unos 28 millones de años luz de nosotros, y cualquier búsqueda sobre el tipo de galaxia al que pertenece supondrá, de entrada, ciertas dudas. En algunas publicaciones aparece como una galaxia espiral, mientras que en otras la definen como elíptica. ¿Quién tiene razón? Ambas la tienen, aunque pueda parecer imposible, pues la realidad es que la galaxia del Sombrero es el resultado de la interacción entre los dos tipos de galaxias, que tuvo lugar hace unos 9.000 millones de años. La mayor, una galaxia elíptica, ha “engullido” a una galaxia espiral, y las imágenes en infrarrojo nos muestran, efectivamente, el disco espiral en el centro galáctico. En la siguiente fotografía en infrarrojo podemos ver el disco que forma dicha galaxia espiral. Sus características son, por tanto, mixtas. En un primer momento nos podría parecer una espiral de perfil, con esa gran banda de polvo que la cruza por su ecuador, pero impresiona también el gran bulbo que rodea a su núcleo, mucho mayor de lo esperado en una galaxia espiral. De hecho, el bulbo es aún mayor de lo que muestran las fotografías, expandiéndose como una esfera que rodea todo el conjunto. Su gran barra de polvo, lejos de lo que pudiera parecer, es el principal asentamiento de la formación estelar, siendo el gas que la forma la materia primera para gestar estrellas.

Foto M104 IR

Con unos 50.000 años luz de diámetro, presenta un tamaño más pequeño que nuestra Vía Láctea, si bien su brillo es extremadamente intenso debido al gran número de estrellas que posee. Cerca de su núcleo se ha comprobado que las estrellas se mueven mucho más rápido de lo que deberían, a partir de lo cual se ha deducido la presencia de un agujero negro supermasivo. En la imagen obtenida por el Chandra, en rayos X, se aprecia el brillo central que emite el agujero negro, así como otras pequeñas fuentes que pueden corresponderse a agujeros negros estelares o estrellas de neutrones.

Sombrero Galaxy: A Great Observatories View

Otro dato llamativo de esta imponente galaxia es su gran población de cúmulos globulares, visibles en las últimas fotografías del Hubble. Mientras que nuestra galaxia cuenta con poco más de 150, M104 posee entre 1500 y 2000 cúmulos globulares a su alrededor, lo cual es más típico de galaxias con bulbos tan grandes. Al igual que en la Vía Láctea, se disponen en las zonas más cercanas al núcleo, disminuyendo su número en la periferia.

M104 es visible ya desde el buscador de 10×50 mm como una diminuta mancha difusa, a apenas 15 minutos de arco de la segunda flecha ya comentada. A bajos aumentos ya supone una magnífica visión, con un núcleo brillante rodeado por un halo alargado y con forma de huso, con los extremos cada vez más afilados. Presenta una longitud de casi 9 segundos de arco y una anchura de unos 3.5 segundos, y su magnitud de 9 nos permitirá usar mayores aumentos. Con el ocular de 7 mm, a 214 aumentos, la visión es sobrecogedora si el cielo es medianamente oscura. Ocupa la mitad del campo, acompañada de algunas estrellas brillantes, y su núcleo resalta con una intensidad que pocas veces he podido percibir en una galaxia. Se aprecia perfectamente redondeado, y a su alrededor una zona de menor brillo hace que se perfile el bulbo galáctico. Tiene forma ovalada, pero un rápido vistazo delata que no es perfectamente simétrico. Es más, queda totalmente patente que una franja negra delimita el bulbo e incluso el núcleo, dejando al otro lado una zona menor y más tenue, más fácilmente visible con visión lateral. La banda oscura no es rectilínea, sino que forma un ligero arco de lado a lado, como si arropara en su interior al brillante núcleo. La imagen, una vez tenemos la visión completamente adaptada, adquiere una tridimensionalidad capaz erizar el vello, y no es difícil darle profundidad a la imagen, situándola en unos lejanos 28 millones de años luz. Por supuesto, no vemos sus cúmulos globulares ni el disco interno perteneciente a la galaxia espiral; tampoco lo necesitamos para maravillarnos con una imagen que parece una fotografía en blanco y negro. M104 es, sin duda, una galaxia que ha ganado el derecho a ser visita obligada en el cielo primaveral. Y si podemos disfrutar de ella en la madrugada de una fría noche invernal, mucho mejor, su gélida atmósfera nos recompensará con un espectáculo difícilmente superable.

M104

Danza de gigantes (NGC 4038 y NGC 4039)

A quien espere con paciencia y temple en estas noches invernales, o a quien madrugue bastante, el cielo le tiene preparado un espectáculo sobrecogedor, a medio camino entre lucha de titanes y escena romántica intergaláctica. Estamos hablando de NGC 4038 y NGC 4039, más conocidas como las Galaxias de las Antenas. Son, sin duda, el ejemplo de interacción entre galaxias más claro y detallado que podemos observar con nuestros instrumentos. Su distancia, a unos 45 millones de años luz, contribuye enormemente a ello. En las fotografías de larga exposición podemos apreciar una explosión de formas y colores totalmente característica de este par. Dos masas de luz encorvadas sobre sí mismas se unen en uno de sus extremos, desde donde salen dos largos filamentos curvados que triplican su longitud y se pierden en direcciones opuestas. Se pueden distinguir dos núcleos galácticos bien definidos y brillantes, amarillentos, lugar de residencia de las estrellas más ancianas. Sin embargo, la periferia de ambos cuerpos es un mar de estrellas azules, cúmulos y nebulosas de tonos rojizos, muestra del hidrógeno ionizado típico de regiones HII.

Foto NGC 4038 antenas.png

El Telescopio Espacial Hubble ha encontrado más de un millar de cúmulos abiertos, la mayoría de apenas un millón de años de edad, formados por enormes estrellas azuladas de tipo espectral O y B. Tanta formación de estrellas se debe a la interacción entre ambas galaxias y las corrientes de marea que dominan la dinámica interestelar. La mayoría de esos cúmulos desaparecerá en breve, diseminándose sus estrellas por la tormenta producida. Se piensa, además, que al menos un centenar de los cúmulos más poblados pasarán a formar, en unos mil millones de años, cúmulos globulares como los que pueblan la periferia de nuestra galaxia. Estamos viendo, por tanto, a un par galáctico extremadamente joven que proseguirá su relación hasta convertirse en una galaxia gigante elíptica.

Pero no siempre han estado las Antenas en interacción. Hace poco más de mil millones de años eran galaxias normales, NGC 4038 una barrada espiral y NGC 4039 una espiral, sin nada especial que animara sus vidas. Entonces vino el encontronazo, comenzando hace 900 millones de años de forma tímida, como se encuentran ahora NGC 2207 e IC 2163, que ya hemos observado en el Can Mayor. Poco después la interacción fue mayor, provocando desgarros y deformidades en los discos galácticos, y hace apenas 300 millones de años se formaron lo que se conoce hoy como “las antenas”, esos regueros compuestos por estrellas que han sido dispersadas por las fuertes corrientes producidas.

Foto NGC 4038

NGC 4038 ha sido víctima de 5 supernovas en el último siglo, una muestra más de la gran dinámica a la que está sometida. Dos de ellas ocurrieron en 1921 y en 1972, pero las tres restantes han tenido lugar en apenas nueve años (2004, 2007 y 2013), así que podemos decir que esta galaxia es un verdadero hervidero de estrellas.

Las Antenas se encuentran al Oeste de la constelación Corvus, el Cuervo, justo encima de la estrella 31 crateris, de magnitud 5.26. A bajo aumento, con el Dobson de 30 cm, ya pude apreciar su naturaleza “bífida”, en forma de dos pequeñas manchas alargadas unidas por un extremo en forma de corazón. El cielo era bastante oscuro, a más de 2.000 metros de altura en Sierra Nevada, por lo que decidí subir los aumentos. Comprobando que las galaxias los soportaban perfectamente, y a pesar de un molesto vendaval que no había cedido en toda la noche, decidí usar mi ocular Konus de 5 mm, que me dio unos respetables 300 aumentos. Respetable fue la imagen que obtuve, que me erizó el vello y me hizo mirar dos veces para comprobar lo que estaba viendo. Allí estaban las galaxias, con la forma perfectamente definida como si fuera una fotografía. Tan impresionante era que no eché en falta la visión de las “antenas”, para las cuales, al parecer, necesitaré un cielo más oscuro todavía.

NGC 4038 era la galaxia más brillante, con una forma arriñonada, encorvada sobre sí misma. En sus bordes se apreciaban irregularidades, pequeñas zonas más brillantes que el centro, que en general permanecía más apagado, con el núcleo destacando como un punto más intenso en la bahía formada. Se estrechaba poco a poco hasta entrar en contacto con NGC 4039, más débil pero igualmente sorprendente. Su región central es la más brillante, la que mira hacia su compañera, con un caparazón difuso que se pierde rápidamente en la negrura del cielo. Una estrella brillaba en su zona central, pero al mirar posteriormente fotografías comprobé que no era tal, sino el núcleo de la galaxia, que brilla con una fuerte tonalidad amarillenta. Los minutos volaron mientras los detalles iban aflorando ante mis ojos, y me costó retirarme del ocular para realizar el dibujo.

NGC 4038

Se ha encontrado en estas galaxias unos niveles muy altos de Neón, Magnesio y Silicio, materiales necesarios para la vida tal y como la conocemos. ¿Habrá seres en alguno de aquellos soles contemplando el espectáculo celeste desde la primera fila? No me cabe la menor duda.