El reflejo de la perla de Berenice (M53 y NGC 5053)

Al escuchar el nombre de la Cabellera de Berenice uno piensa en las incontables galaxias que pueblan la zona que va desde esta constelación hasta Leo, pasando por Virgo. Por eso, es llamativa la presencia entre sus estrellas de dos cúmulos globulares, tan cercanos entre sí que se pueden ver bajo el mismo ocular, pero tan distintos que nadie diría que han compartido su origen y su larga vida. La constelación de Coma Berenices forma una especie de triángulo rectángulo, estando en uno de sus extremos Melotte 111, uno de los cúmulos abiertos más cercanos al Sistema Solar que veremos con detenimiento en otra entrada. En el otro extremo brilla la estrella Alfa Com, una estrella de magnitud 4.3 que recibe el poético nombre Diadem, simbolizando la diadema que adorna la cabellera. Es una estrella doble situada a apenas 60 años luz de nosotros, con sus dos componentes extremadamente juntas, separándose un máximo de 0.7 segundos de arco. La siguiente fotografía, de Adriano Valvasori, muestra en el mismo campo a los dos globulares que hoy nos ocupan, pudiendo apreciarse a simple las diferencias tan notorias que los caracterizan.

Foto M53.jpg

Muy cerca de Diadem, a un grado de distancia, encontramos, en primer lugar, a M53, un cúmulo globular descubierto por Johann Elert Bode en 1977 y catalogado dos años después por Messier. Ninguno de ellos vio estrella alguna, sino que fue Herschel el primero en resolver sus componentes. M53 es uno de los globulares más alejados del núcleo galáctico, a unos 60.000 años luz de distancia. Se encuentra a 58.000 años luz de nosotros, por lo que forma un triángulo isósceles casi perfecto. A lo largo de 220 años luz de diámetro se disponen miles de estrellas atraídas por la gravedad, unidas desde hace más de 12 mil millones de años. Se han encontrado en este cúmulo más de 200 azules rezagadas, esas estrellas azuladas que se han formado por la colisión entre otras dos estrellas, y unas 50 variables de tipo RR Lyrae. Se considera un cúmulo globular de clase V en la clasificación que Shapley y Sawyer Hogg propusieron en los años 20. En dicha clasificación los globulares de clase I son los que presentan una mayor concentración, mientras que los de clase XII son extremadamente dispersos.

Podremos apreciar esta característica cuando miremos a través del ocular. M53 es visible a través del buscador siempre y cuando la noche sea lo suficientemente oscura. Con el Hyperion de 13 mm, a 125 aumentos, es un cúmulo globular muy atractivo capaz de retener nuestra mirada durante un buen rato. A lo largo de un diámetro de unos 10 minutos de arco se disponen decenas de estrellas conformando una esfera con un gradiente relativamente marcado. En su centro parecen agolparse, con un brillo de fondo que no es más que el reflejo de sus miles de componentes fulgurando al unísono. Las estrellas van disminuyendo su densidad conforme nos alejamos hacia la periferia, y la visión lateral nos muestra, sin mayor problema, dos “cuernos”, dos prolongaciones que sobresalen del núcleo y se apuntan hacia el sur. Este tipo de detalles suelen estar reservados para los observadores visuales, ya que en fotografías, la inmensa cantidad de estrellas recogidas hace imposible distinguirlos.

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NGC 5053 es otro globular que se encuentra a menos de un grado de distancia de M53. Y no es sólo una cercanía aparente la que se profesan ambos cuerpos, sino que también están muy próximos en la realidad, estando NGC 5053 a 56.700 años luz de nosotros. Con 160 años luz de diámetro, es uno de los cúmulos globulares de menor contenido metálico y, por tanto, uno de los más antiguos que conocemos. Por otro lado, es extremadamente pobre en estrellas, contando con apenas 20.000 componentes dispuestas con una concentración mucho menor que su compañero. En la clasificación Shapley-Sawyer, NGC 5053 se cataloga como un cúmulo de clase XI, gracias a lo cual nos sirve de referente para compararlo con M53, cuya clase, si recordamos, era V. La magnitud 9.47 otorgada a NGC 5053 puede llevar a un error a aquel que crea que es sencillo de observar, pues su brillo superficial es extremadamente débil, de manera que sus estrellas más brillantes alcanzan la magnitud 13.8. Uno se pregunta cómo puede haber tanta diferencia entre dos cúmulos globulares tan cercanos entre sí. NGC 5053 podría formar parte de los restos de marea de la Galaxia Enana de Sagitario, que actualmente se halla “esparcida” alrededor de nuestra propia galaxia. El intenso empuje que habría sufrido sería, por tanto, una posible explicación para dicha escasez de estrellas.

A la hora de observarlo hay que prever su extremadamente bajo brillo superficial y su exigencia con un cielo realmente oscuro. Las primeras observaciones que hice de este cúmulo fueron bajo cielos relativamente buenos, pero en días de humedad elevada que transmitía la contaminación lumínica de Granada. Era entonces una nebulosidad difusa sin bordes claros, apenas perceptible con visión periférica, y alguna estrella débil quería asomar en su superficie. Sin embargo, hace unas semanas tuve la oportunidad de observar bajo uno de los mejores cielos que conozco y en una noche especialmente cristalina, y pude apreciar el cambio tan grande. La nebulosidad era mucho más aparente y de forma redondeada, con unos 10 minutos de diámetro. En seguida pude comprobar que toda su superficie se hallaba salpimentada por diminutas estrellas, algunas tan tenues que desaparecían rápidamente al fijar la mirada sobre ellas. Tuve la sensación entonces de estar contemplando un cúmulo globular, aunque fuera uno tan disperso, aunque si me hubieran dicho que era un lejano cúmulo abierto también me lo habría creído. Lo más llamativo, quizás, sea moverse de M53 a NGC 5053 varias veces para contemplar dos caras tan distintas de una misma moneda y para comprender que el cielo es extremadamente variable y su oferta de colores, formas y brillos, infinita. En este caso pareciera que M53, brillante y distinguido, se estuviera mirando en un espejo antiguo y deslustrado que apenas refleja una oscura sombra. Sin embargo, no podemos negar que esa sombra resulta enormemente interesante y, a su manera, llamativa.

NGC 5053

El anillo de NGC 4725

Una de las grandes verdades de la astronomía es que hay tantas galaxias a nuestra disposición que nunca seremos capaces de verlas todas, por lo cual deberemos ir seleccionando aquéllas que más nos interesan. De vez en cuando descubriremos algunas que no estaban en nuestra lista de objetivos, y podremos sorprendernos por su apariencia, su estructura o la historia que tiene que ofrecernos. Éste es el caso de NGC 4725, una galaxia solitaria que podemos encontrar en la constelación de Coma Berenices. Pertenece a una estructura conocida como la “nube de Coma-Escultor”, un conjunto de galaxias al que también pertenece nuestra Vía Láctea. Con unos 50 millones de años luz de longitud, este grupo forma una especie de cilindro que apunta en dirección a la constelación de Coma, y el Grupo Local constituye uno de sus extremos.

Foto NGC 4725 hub.jpg

NGC 4725 es una galaxia de transición que va camino de convertirse en una espiral barrada, aunque ya presenta una débil y poco densa barra en su interior. Sin embargo, la estructura más llamativa que podemos apreciar en NGC 4725 es su brazo en espiral. Si, hemos hablado en singular y es que esta galaxia, a diferencia de la mayoría de espirales que poseen dos o más brazos, cuenta tan sólo con un largo brazo espiral que la rodea por completo, formando un peculiar anillo estelar. Dicho brazo, posteriormente, se bifurca en dos, mayores y de menor densidad, que se pierden gradualmente de vista hasta desvanecerse por completo. El principal anillo brilla con un intenso tono azulado y está salpimentado por jirones de luz rosada que no son más que regiones HII en las que se están formando estrellas. El color azul viene dado por la presencia de jóvenes cúmulos de estrellas cuyos componentes tienen unos pocos millones de años de edad. El interior de la galaxia, sin embargo, presenta una gama de colores más amarillenta, alrededor de un brillante núcleo redondeado. El intenso brillo de este núcleo delata la presencia de un agujero negro supermasivo alrededor del cual gira a grandes velocidades un disco de acreción. NGC 4725 es, como tantas otras, una galaxia Seyfert de tipo 2 que produce una importante emisión de radiación, uno de los faros cósmicos que pueblan el universo

Foto NGC 4725

Una posible explicación para la estructura anular de la galaxia podría basarse en la formación de la barra central, que habría provocado una desestructuración gravitatoria en su entorno, de manera similar a la formación de los asteroides troyanos que comparten órbita con Júpiter. Al parecer, su origen puede deberse al cambio de resonancia orbital que ocurrió entre Júpiter y Saturno. Este tema podría dar lugar a un largo artículo, pero, a grandes rasgos, la resonancia orbital hace referencia a la relación entre sus dos períodos orbitales, de manera que cuando están en su mayor punto de acercamiento pueden alterar el movimiento de los cuerpos cercanos. De esta manera, la formación de una barra central en la galaxia NGC 4725 ha podido alterar las condiciones imperantes en la región central, de forma que las estrellas hayan cambiado su rumbo y acabado formando ese característico anillo.

La primera vez que observé NGC 4725 no conocía absolutamente nada sobre ella. Estaba en mi lista de objetos por ver y, aprovechando que estaba bajo un cielo espectacularmente oscuro, decidí buscar galaxias. Una vez localizada, algo que no resulta difícil (ya sea a partir de M64, NGC 4565 o Beta Com), la observé con el Hyperion de 13 mm, a 125 aumentos. Quedé sorprendido inmediatamente por su alto brillo, que me dejó verla con visión directa sin ningún problema. Aún más, en seguida pude notar que mostraba cierta estructura a los lados de un brillante núcleo central. Sin pensarlo, la observé con 214 aumentos y, maravillado por lo que estaba viendo, me olvidé el tiempo y del frío. El núcleo era redondeado, muy brillante en su región más interna, como si fuera una estrella inmersa. Una débil barra apareció entonces atravesándolo, poco marcada pero claramente visible, y al final de cada extremo se abrían unos brazos que parecían simular las alas de un TIE de la Guerra de las Galaxias. Dichos brazos se curvaban en sus extremos, y daba la impresión de que se unirían con los del lado opuesto si seguían adelante. De hecho, uno de ellos continuaba rodeando a la galaxia, enmarcando un halo de gran brillo superficial. Algunas estrellas aparecían inmersas en estos curiosos brazos aumentando el interés del conjunto. No dejan de sorprenderme las pocas referencias que he leído acerca de esta galaxia, siendo una de las que más fácilmente me ha mostrado su original anatomía. Es, sin duda, una de esas galaxias que merece la pena visitar una vez más para degustar sus secretos.

NGC 4725

Alfileres en Virgo (NGC 4216, NGC 4206, NGC 4222)

Podríamos decir que las galaxias se disponen en el cielo de una forma arbitraria, dejando a un lado el hecho de que interaccionen entre sí y que formen parte de estructuras mayores en forma de grupos o cúmulos galácticos. De esta manera, si navegamos con nuestro telescopio por el cúmulo de Virgo, una de las zonas más densas en este tipo de objetos, podremos observar galaxias espirales de frente, elípticas, barradas de perfil, otra elíptica un poco más allá, una pequeña e irregular… Se nos muestran con una gran variedad de formas y tamaños, pero en ocasiones el azar quiere mostrarnos imágenes verdaderamente curiosas. Vamos a viajar a una porción del Cúmulo de Virgo muy cercana a la que ya conocemos, al lado de la “T” de Coma Berenices, siguiendo el fascinante proyecto de abarcar el cúmulo en su mayoría. De hecho, apenas tenemos que desplazar el telescopio un grado y medio desde M99 para encuadrar a las protagonistas de esta entrada. Pocas veces en el cielo podemos ver tres objetos tan parecidos en el mismo campo, y es que cualquiera diría que esas tres galaxias han tenido que ser colocadas siguiendo algún caprichoso designio. Nos referimos a NGC 4206, NGC 4216 y NGC 4222, tres galaxias que nos ofrecen su visión de perfil y que parecen, verdaderamente, tres agujas en el cielo.

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La principal es NGC 4216, una bonita galaxia espiral que se nos muestra inclinada, sin llegar a estar completamente de perfil. Su imagen recuerda a M31 o NGC 7331, y realmente podemos decir que son bastante similares, con un brillante núcleo a partir del cual se dejan entrever unos grandes brazos en espiral. Una de sus características más peculiares es su bajo contenido en hidrógeno neutro, denominado HI, distintivo que comparte con muchas otras galaxias de su cúmulo. El hecho de que suela ocurrir en cúmulos de galaxias hace pensar que el hidrógeno neutro, necesario para la formación de estrellas, se pierde al interaccionar con el gas extragaláctico que inunda toda la región. De esta manera, NGC 4216 es una galaxia que podría definirse como “anémica”, con una baja tasa de proliferación estelar y unos colores que se inclinan hacia el rojo y amarillo, propios de estrellas de avanzada edad.Foto NGC 4216.2 No obstante, esta galaxia no es todo lo aburrida que podría parecer. Recientes imágenes muestran regueros de estrellas a su alrededor, restos de galaxias satélite que han interaccionado con ella y han sido disparadas y diseminadas en forma de filamentos de miles de años luz de longitud.

NGC 4216 tiene un desplazamiento al rojo extremadamente pequeño, lo cual llevaría a pensar que se encuentra a una distancia mucho menor a la del Cúmulo de Virgo. Sin embargo, de sobra conocemos que las altas velocidades que se producen en los cúmulos galácticos pueden dar datos alterados, y al parecer esto es lo que ocurre con esta galaxia, que se sitúa más bien a unos 55 millones de años luz. A su alrededor se han catalogado más de 700 cúmulos globulares, casi cinco veces más que los que tiene nuestra Vía Láctea, y un dato más de su acentuada senectud.

NGC 4206 es la siguiente galaxia de este trío en cuanto a brillo, situada un poco más lejos que la precedente, a unos 70 millones de años luz. Es algo más pequeña y tenue, pero su forma es prácticamente idéntica, la hermana pequeña de NGC 4216. Sin embargo, a diferencia de ella, NGC 4206 es totalmente prolífica. En su disco encontramos aglomeraciones azuladas de estrellas jóvenes y brillantes, con restos de polvo y gas entre sus brazos. El núcleo es menos brillante, y su color amarillento denota una mayor tranquilidad, haciendo las veces de residencia de ancianos de esta gran población.

A dusty spiral in Virgo

La hermana pequeña de este interesante trío, y la más débil con diferencia, es NGC 4222, la tercera aguja. Con unas dimensiones aparentes de 3.1 x 0.5 minutos de arco, es la más fina de ellas, y se sitúa también a unos 70 millones de distancia. Su diámetro es de unos 65.000 años luz, aproximadamente la mitad que NGC 4216.

Para ver a las tres agujas es necesaria una noche clara en un lugar alejado de la contaminación lumínica. Para ver a las tres en el mismo campo basta con un ocular que proporcione unos 30 minutos de arco. En mi caso, el elegido fue el Hyperion de 13 mm, que me proporcionaba 125 aumentos. NGC 4216 salta a la vista en primer lugar. Tiene un tamaño generoso, de casi 10 minutos de longitud, de manera que ocupa una tercera parte del campo visual. Su aspecto de óvalo extremadamente alargado es muy sugerente, con un núcleo puntual brillante que destaca sobre el resto del halo. Rodeando al núcleo se puede apreciar un bulbo más brillante, ovalado y curvado, que me recuerda enormemente al de NGC 2683, más definido con visión lateral. Llama la atención la presencia de una pequeña estrella que parece rozar este bulbo, con una magnitud de 14.5.

NGC 4216

NGC 4206 es fácilmente visible al sur, aunque bastante más débil que su compañera. Con una magnitud de 12.15, se aprecia como una mancha fina y alargada, con los bordes mejor delimitados si usamos visión periférica, entre dos tenues estrellas. NGC 4222, la más débil, tiene una magnitud de 13.2 y un brillo superficial lo suficientemente bajo como para que suponga cierto desafío, aún bajo cielos oscuros. Se encuentra al otro lado de NGC 4216 y es difícil de intuir si no se conoce su localización exacta. La primera vez que la observé no sabía dónde buscarla, así que paseé la mirada por toda la zona durante varios minutos hasta que noté un mínimo de nebulosidad que iba y venía al pasar la mirada sobre el campo. Una vez centré mis esfuerzos logré apreciarla como una débil mancha alargada, apenas un suspiro, extremadamente fina y elusiva. Conforme la vista se acostumbra la dificultad disminuye, a medida que aumenta el placer de la observación, y entonces podemos disfrutar plenamente de estas saetas celestes. No encontraremos otras tres galaxias tan finas y unidas de manera frecuente, así que bien merecen que hagamos un esfuerzo por visitarlas.

NGC 4216 detalles

Preámbulo al infinito (2ª parte)

El otro día descubrimos dos de las galaxias que nos servían de punto de inicio para explorar la vasta extensión de cielo poblado por el Cúmulo de Virgo. Hoy veremos otras galaxias cercanas que rodean el curioso asterismo en forma de “T”. Las primeras forman una pareja variopinta, a apenas 40 minutos al este de M99. Se denominan NGC 4298 y NGC 4302, y las dos son galaxias de tipo espiral con una disposición totalmente distinta. Mientras que NGC 4298 se nos presenta de frente, la segunda lo hace totalmente de canto. NGC 4298 muestra unos brazos bien definidos, con líneas de polvo que atraviesan su superficie como patas de araña. Se encuentra a 60 millones de años luz de nosotros, en consonancia con el resto de galaxias de la zona. Su forma es redondeada, contrastando enormemente con la fina y alargada NGC 4302. Esta última nos enseña su mejor perfil, con una banda oscura que la recorre por su ecuador y oculta las estrellas que hay detrás, de manera similar a NGC 891 o NGC 1055. Mide unos 97.000 años luz de diámetro, casi el doble que su compañera, y también se encuentra a unos 60 millones de años luz. De sus tamaños relativos se deduce que están excepcionalmente cerca, a apenas 35.000 años luz de distancia. ¿Cómo es posible entonces que no se encuentren restos de interacción entre ellas? Ni brazos deformados, ni rastros de estrellas o regiones con intensa proliferación estelar, nada de esto podemos ver en este par. Sin embargo, no hay duda de que son vecinos en su viaje por el espacio, tan pacíficos que parecen querer desafiar a los astrofísicos.

NGC 4298 y NGC 4302 tienen magnitudes de 11.4 y 12.7 respectivamente. Sin embargo, la segunda aparece algo más brillante al ocular, quizás debido a que la superficie de NGC 4298 es más grande y, por tanto, su brillo superficial es menor. Sea como sea, son una pareja muy interesante de observar bajo un cielo oscuro, a la par que didáctica, ya que muestran de un rápido vistazo las dos posiciones clásicas de una galaxia espiral. Con mi Dobson de 30 cm no conseguí ver la barra central de NGC 4302, a pesar de lo cual la imagen no deja de ser atractiva. A diferencia de otras galaxias más densas, no soportan bien los aumentos, de manera que por encima de 300 aumentos noté cómo su brillo disminuía bastante hasta el punto de verlas con excesiva dificultad. A 214x obtuve la mejor imagen, con las dos galaxias bien definidas y contrastadas, “el gordo y el flaco”.

NGC 4298.png

Tenemos que irnos un poco más lejos, algo más de un grado al norte, para encontrar nuestro siguiente objetivo, otro objeto del catálogo Messier y, por lo tanto, relativamente brillante. Se trata de M100, una de las galaxias más brillantes y grandes del Cúmulo de Virgo. Gracias a las estrellas cefeidas que alberga se ha estimado su distancia de una manera bastante precisa, situándola a 56 millones de años luz. Es una galaxia espiral de gran diseño, en cuyo núcleo encontramos una diminuta barra y un anillo de estrellas, fruto de la unión de dos pequeños brazos, con un diámetro de apenas 3.000 años luz. El tamaño de M100 alcanza los 107.000 años luz, acercándose a las medidas de nuestra propia galaxia, y está formada por dos grandes brazos en espiral, además de algunos otros más débiles e irregulares. Es una galaxia de brote estelar que, a raíz de interacciones con otros miembros del cúmulo, está sufriendo una importante proliferación estelar.

Foto M100

Fue descubierta por Pierre Méchain en 1781 y catalogada un mes después por Messier. No hasta mediados del siglo XIX cuando Lord Rosse advirtió su estructura espiral, y la incluyó en su lista de 14 nebulosas espirales. Si hubiese llegado a conocer su naturaleza… M100 ha sido objeto de 5 supernovas en el último siglo, apareciendo la última en 2006 con una magnitud de 15.3. La más peculiar, quizás, fue la de 1979, denominada SN 1979c, que alcanzó la magnitud 11. Durante los siguientes fue empalideciendo, al igual que todas las supernovas, pero al observar la galaxia en Rayos X se pudo comprobar que había una fuente importante de emisión en el lugar de la supernova. Lo habitual es que su emisión vaya disminuyendo en pocos meses, pero SN 1979c sigue brillando en Rayos X como si hubiera surgido recientemente. Este anómalo comportamiento ha traído de cabeza a los astrónomos durante décadas, y hoy en día se barajan dos principales posibilidades. Por un lado, al colapsar la estrella podría haber formado un agujero negro. El agujero negro, como tal, no  emite radiación, pero sí la materia que es acelerada a su alrededor, alcanzando altas temperaturas. La otra opción para explicar la emisión de Rayos X sería la presencia de fuertes vientos surgidos a raíz de un púlsar, de manera similar al púlsar de la Nebulosa del Cangrejo, M1. En cualquiera de los casos, podemos afirmar que esta supernova dejó huella en la galaxia, y sus proporciones deben haber sido cataclísmicas para poder apreciarlas desde aquí.

Foto M100 sn

M100 es una galaxia brillante, con una magnitud de 10.1 repartida por una superficie de 7 x 6 minutos de arco. Es visible en el buscador si la noche es oscura como una diminuta y débil mancha cerca del extremo de la “T” que forma HD 107415, una estrella de la sexta magnitud. A bajo aumento podemos apreciar una mancha redondeada, algo achatada por los lados, en un campo de estrellas relativamente pobre. Su núcleo es brillante y con forma ovalada, difuminándose rápidamente hacia la periferia. Para ver más detalles tendremos que usar mayores aumentos. Con el ocular de 7 mm, a 214 aumentos, la galaxia no perdía excesivo brillo, y aparecía con visión directa flanqueada por dos estrellas brillantes. Haciendo uso de la visión periférica se hizo patente el brazo más brillante, el meridional, como una condensación alargada, horizontal, siguiendo una línea paralela a la que forman las dos estrellas citadas. No conseguí ver su curvatura, pero al cabo de varios minutos el brazo opuesto apareció tímidamente, justo al otro lado del núcleo, y entonces la galaxia comenzó a parecer, verdaderamente, una galaxia. Al poco rato me percaté de una mancha tenue y más pequeña situada a unos 6 minutos del núcleo de M100, y al buscarlo en el atlas me percaté de que era NGC 4328, una de las cercanas galaxias con las que M100 parece haber interactuado en un pasado cercano. De hecho, se han encontrado puentes de estrellas y gas que unen discretamente estas galaxias entre sí, prueba directa de sus encontronazos fortuitos.

M100

Una cana en la Cabellera (NGC 4147)

Como ya sabemos, en el cielo siempre hay excepciones a la regla, de forma que, por ejemplo, podemos encontrar galaxias en la constelación de Sagitario, en pleno centro de la Vía Láctea. De la misma manera, la región del Cúmulo de Virgo es un hervidero de galaxias, plagado de nubecillas irresolubles donde quiera que miremos con el telescopio, pero hay un intruso en la constelación de Coma Berenices. Si navegamos por sus dominios, podremos encontrar una mancha difusa redondeada, y de entrada nuestra mente la asociará con una galaxia elíptica, pero nos frotaremos los cuando veamos que podemos distinguir un hormigueo de estrellas en su interior… Y no, no hemos adquirido de golpe una vista prodigiosa capaz de distinguir estrellas extragalácticas, sino que el objeto en cuestión es un cúmulo globular, uno lo suficientemente alejado del centro galáctico como para llamar la atención.

Se trata de NGC 4147, y se sitúa a unos 60.000 años luz de nosotros y a poco más de 70.000 años luz del centro. Si lo dibujamos en nuestra mente, podemos suponer que, si nuestro planeta mirase al centro de la Vía Láctea, para ver el globular tendríamos que mirar hacia arriba completamente. Con una masa cercana a 40.000 masas solares, NGC 4147 parece que está inmerso en la corriente de marea (tidal stream) de la Galaxia Enana Esférica de Sagitario, una galaxia satélite en vías de desaparecer, completamente deformada por su colisión con la Vía Láctea y cuyo centro se piensa que puede ser el cúmulo globular M54 en Sagitario. Por su situación, se ha sugerido que podría ser un cúmulo de dicha galaxia, capturado y adoptado por nuestra Vía Láctea recientemente.

Foto NGC 4147.png

Es un cúmulo globular relativamente pequeño y su población estelar difiere en algunos aspectos de la mayoría de cúmulos “locales”. Entre sus componentes encontramos 19 variables RR y más de 20 azules rezagadas, aquellas estrellas que interaccionan con otras y adquieren mayor energía, adoptando un color azulado. Son estrellas que, básicamente, rejuvenecen al brillar con más energía. Es fácil de comprender su tonalidad sabiendo que al aumentar la temperatura de una llama, su color va cambiando hacia el azul.

No veremos tonos azules o rojizos en NGC 4147, pero no es necesario para definirlo como un cúmulo, cuanto menos, interesante. Llegar hasta él puede ser más sencillo si visualizamos la estrella de magnitud 5.60 llamada 5 Comae Berenices, a medio camino entre Denébola y Melotte 111, la “Cabellera de Berenice” propiamente dicha. De hecho, al lado de esa estrella podemos ver una más débil, 2 Comae Berenices, que es un bonita doble fácil de desdoblar si la noche es serena. Su componente principal, de magnitud 6.10, se encuentra separada por 3.6 segundos de arco de otra estrella algo más débil, de magnitud 7.45. Ambas componentes son de tipo espectral F, por lo que no muestran un marcado cromatismo, aunque hay que gente que aprecia la secundaria de un tono verdoso o incluso liliácea, frente a la primaria blanquecina.

NGC 4147 es visible a través del buscador sin mayores problemas como una pequeña esfera neblinosa. Tras el ocular comprobamos, en un primer vistazo, que es brillante, haciendo honor a su magnitud de 10.7, y tiene cierta forma alargada. Sin embargo, también apreciamos que su tamaño es relativamente pequeño, sin llegar a superar los dos minutos de arco de diámetro. Usaremos, por tanto, aumentos elevados si la noche lo permite para apreciarlo mejor. La primera noche que lo observé, con mucho viento y turbulencias, pude usar el ocular de 5 mm sin mayores problemas, obteniendo 300 aumentos. El cúmulo aparece entonces más grande, apreciándose como una esfera de luz con un gradiente bien marcado, es decir, un núcleo muy brillante y una corona o periferia menos densa, perdiéndose los bordes gradualmente. Cuando el viento no hacía vibrar el telescopio pequeños puntos de luz aparecían sobre su superficie, llegando a ver al menos una docena de tenues estrellas titilando tímidamente. El más brillante de esos puntos apenas llega a la magnitud 14.5, por lo que podemos darnos por satisfechos al percibir varios de ellos.

NGC 4147.png

NGC 4147 es un respiro para esas noches en las que el vértigo infinito de las galaxias aturde nuestros sentidos y nos pide una cierta “cercanía”.

Preámbulo al infinito (1ª parte)

Cada una de las siguientes galaxias merecería ser protagonista por sí misma de un artículo en particular, pero a veces la caprichosa disposición en la esfera celeste hace más práctica su consideración como un grupo. La primavera trae consigo la mayor estructura cósmica que tenemos al alcance de la mano, el Cúmulo de Virgo, cuya vasta extensión puede hacer complicada su completa comprensión. Está formado por una gran cantidad de galaxias, entre 2.000 y 3.000, que se sitúan en torno a unos 60 millones de años luz de nosotros. Es el “cúmulo de los dinosaurios”, ya que cuando los fotones que ahora vemos salieron de sus galaxias, no hacía mucho que los dinosaurios se habían extinguido. En el cielo ocupa un área mayor de 8 grados de arco, y cualquier instrumento que observe la región en una noche oscura verá innumerables manchas blanquecinas atravesando el ocular. Un gran número de ellas están también al alcance de buenos prismáticos, y con un Dobson de 30 cm podemos ver cientos y cientos de universos. Ésta es la principal dificultad si queremos conocer el cúmulo de Virgo con propiedad, y para ello no hay nada mejor que hacerlo siguiendo algún método, patrón o camino preestablecido. De no hacerlo así, tendremos la sensación de perdernos entre mancha y mancha, y no sabremos si estamos dando vueltas sobre nosotros mismos.

La entrada de hoy, a modo de introducción, comienza alrededor de una agrupación de estrellas que marcan, a modo de portal, uno de los extremos de este laberinto galáctico. Es un asterismo que reside en los dominios de Coma Berenices, aunque la mejor manera de encontrarlo es a partir de Denébola o Beta Leonis. Denébola es una estrella de magnitud 2.10 que marca la cola del león. Es de tipo espectral A, más caliente y brillante que nuestro sol, y se ha descubierto a su alrededor un disco de polvo que podría estar gestando nuevos planetas. 5 grados al este encontramos, a través del buscador, la zona que nos ocupa hoy. Es un asterismo compuesto por 5 estrellas que adoptan la forma perfecta de la letra “T” o, más práctico, de un pico. A su alrededor se disponen algunas interesantes galaxias que aprovecharemos para estudiar, sirviendo como aperitivo antes de ahondar en el Cúmulo de Virgo.

Hoz de Leo

La primera que nos encontramos, si venimos desde Denébola, es M98 o NGC 4192, una galaxia con una historia turbulenta. Sabemos que el espacio está en continua expansión, por lo que todas las galaxias se alejan unas de otras. Sin embargo, M98 es de las pocas que tienen un desplazamiento al azul, es decir, parece acercarse hacia nosotros a 125 kilómetros por segundo. Este argumento ha servido a algunos autores para defender su hipótesis de que M98 no pertenece al Cúmulo de Virgo, sino que se dispone por delante de él. Sin embargo, no debemos olvidar que en los cúmulos de galaxias la proximidad entre ellas puede producir alteraciones en su movimiento, y esto parece ser lo que ha ocurrido con M98. Ya de por sí muestra signos evidentes de haber interactuado con otras galaxias, con regiones HII claramente visibles en cualquier fotografía, así como nubes oscuras de polvo y unos brazos en espiral ligeramente deformados.

Foto M98

De hecho, todo indica que M98 sufrió un encuentro con otra galaxia, M99, que ahora se encuentra a 1.3 millones de años luz de ella. La distancia que los separa es la mitad de la que nos separa a nosotros de M31, la Galaxia de Andrómeda, y volverán a interactuar en un futuro lejano, formando definitivamente una gran galaxia elíptica. M98 es una galaxia que se nos presenta inclinada casi 80º con respecto a su eje central, con dos brazos claramente discernibles dispuestos en el sentido de las agujas del reloj. Pertenece al tipo de galaxias de Núcleo Activo, con regiones HII altamente ionizadas en su región más interna. No se sabe a ciencia cierta si la ionización se debe a la formación de estrellas (algo relativamente inusual a nivel del núcleo) o a la presencia de un agujero negro supermasivo.

M98 es una galaxia de magnitud 10.1, con unas dimensiones de casi 10 x 3 minutos de arco. En noches oscuras puede ser vista a través de unos prismáticos estables, pero es con el telescopio como se muestra en todo su esplendor. A bajos aumentos aparece como una mancha alargada, bien definida, con un núcleo más brillante. A 214 aumentos la galaxia ocupa la mitad del campo, ofreciendo una imagen bien clara si observamos desde un cielo en condiciones. Además del núcleo más intenso podemos apreciar parte del halo más realzada, con forma de alas de pájaro que salen del mismo núcleo. Una brillante estrella acompaña a M98, única compañera a altos aumentos. Con mirada periférica y una buena adaptación podemos distinguir una región más brillante a un lado de las alas, correspondiente a una zona más densa de uno de los brazos de la galaxia. Es emocionante poder ver a través de unos espejos reminiscencias de esos mundos tan lejanos, aunque sea una mínima condensación en una delicada nube plateada.

M98

La siguiente galaxia en nuestro punto de mira nos va a hacer conscientes de todo lo que aún nos queda por conocer del universo y nos va a poner en contacto con un tema que todavía está en pañales: la materia oscura. Se trata de M99, denominada también NGC 4254 o la galaxia del Remolino (este último nombre puede ser polémico debido a que es compartido por varios objetos más). Es una curiosa galaxia espiral situada a unos 55 millones de años luz y que pasó al lado de M98, como ya hemos visto, hace unos 750 millones de años. De hecho, mientras aquella galaxia se acerca a nosotros, M99 se aleja a una velocidad de 2.400 km/s (casi un 1% de la velocidad de la luz). Esa velocidad es incluso elevada teniendo en cuenta la velocidad del Cúmulo de VirFoto M99go, que es de unos 1.200 km/s, pero ya sabemos que cuando tiene lugar una interacción entre dos galaxias la velocidad puede alterarse enormemente. La característica más llamativa de esta galaxia es, sin duda, la asimétrica disposición de sus brazos, con uno de ellos tan extendido que parece querer desprenderse. El motivo para explicar este comportamiento ha traído de cabeza a muchos astrónomos, buscando algo capaz de tirar de esas estrellas hacia el vacío intergaláctico.

La respuesta llegó en 2005, cuando un grupo de astrónomos descubrió una inmensa región de hidrógeno neutro que emitía radiación en ondas de radio. Su masa, deducida a raíz de su interacción con M99, era equivalente a 10.000 millones de soles, pero ni una sola estrella era visible. Este intrigante objeto fue catalogado como la primera presunta galaxia oscura, una importante aglomeración de gas y materia que apenas emite luz en el rango visible, denominada VIRGOHI21. ¿Qué es esa materia oscura que la forma? Lo único que se puede hacer es elucubrar al respecto. Podrían ser estrellas extremadamente frías que apenas emitan radiación, planetas, partículas desconocidas hasta ahora, neutrinos… En el tema de la materia oscura lo único que sabemos con seguridad es que existe, gracias a sus efectos gravitacionales. Recientemente el telescopio Hubble ha descubierto la presencia de algo más de un centenar de gigantes rojas, estrellas frías que se acercan al final de su vida. Hay gente que opina que VIRGOHI21 no es más que el resultado de la colisión de M99 con otra galaxia, una porción de la galaxia que salió despedida al espacio a raíz de la interacción, y que las galaxias oscuras no existen realmente como tal. A día de hoy no conocemos la respuesta a estos enigmas, pero no deja de ser interesante imaginar una exótica galaxia formada por materia que no podemos comprender aún. M99, además, ha sido testigo de 4 supernovas en el último siglo, apareciendo la última de ellas en 2014, con una magnitud cercana a 15.

Foto M99 detalle

M99 es una galaxia llamativa se mire por donde se mire. Con una magnitud de 10.4, es visible a través del buscador siempre y cuando la noche sea lo suficientemente oscura. El Dobson de 30 cm muestra sin ningún problema, a primera vista, el brazo extendido que tan bien la caracteriza. M99 adquiere, de entrada, una forma redondeada, que tras una atenta mirada comienza a mostrar irregularidades en su superficie. El famoso brazo sale del centro y se extiende en dirección opuesta a la brillante estrella, más visible con visión indirecta. Pero si le dedicamos un tiempo prudente la galaxia nos mostrará algunos de sus encantos. Por ejemplo, nos daremos cuenta que en realidad está formada por tres brazos. Uno de ellos, más débil, sale en dirección a la mencionada estrella, perdiéndose rápidamente en la negrura del cielo. Es más difícil, pero la paciencia será nuestra mejor aliada. No es fácil tampoco otro pequeño brazo que hace su aparición a un lado de la galaxia, y que se dirige hacia una pequeña estrella que parece rozar el halo galáctico. Pero hay un detalle que se ve más fácilmente que dicho brazo, y es un gran cúmulo de estrellas que reside en su extremo, una región HII denominada HK1, situada cerca la pequeña estrella. Su gran densidad hace que no sea difícil percibirlo, apareciendo como una pequeña condensación redondeada y de bordes difusos, más brillante que el resto del halo. M99 posee otras condensaciones, pero necesitarán de mayores aberturas o cielos más oscuros.

M99

Imaginemos por un momento la emoción de Lord Rosse cuando apuntó a M99 y distinguió una espectacular estructura en espiral, convirtiéndose dicha galaxia en la segunda “nebulosa espiral” que el astrónomo pudo ver. ¿Qué pensaría de esas delicadas curvas? ¿Qué explicación le daría su imaginativa mente? Seguramente nunca llegó a ser consciente de la inmensidad de lo que estaba viendo. Nosotros, en cambio, tenemos consciencia de lo que significa esa espiral, y no sólo eso, sino que incluso podemos imaginar, justo al lado, una masa oscura e invisible que arrastra hacia sí los brazos de su compañera, en un universo cada vez más exótico en el que la física no deja de sorprendernos cada día. El cosmos es un verdadero zoo galáctico, y no conocemos ni la mitad de sus animales.