En el brazo de Perseo (NGC 7538 y NGC 7510)

Hay zonas del cielo que derrochan luces y formas, lugares a los que apuntamos nuestros instrumentos y no podemos dejar de sorprendernos, aunque vayamos a ciegas sin saber lo que vamos a encontrarnos. Cúmulos, nebulosas, saltan a la vista conforme el ocular va avanzando y descubriéndonos un cielo que puede presumir de todo salvo de aburrido. Una de estas zonas es la que rodea a M52, a medio camino entre Casiopea y Cefeo, compartiendo los límites de sendas constelaciones que ya en la mitología aparecían unidas por el matrimonio, siendo ambos reyes de Etiopía y padres de la conocida Andrómeda (pero esa historia nos ocupará otro capítulo). La mayor parte de los objetos celestes que encontramos en este lugar pertenecen a la región Cassiopeia OB2, un enorme complejo de gases en continua evolución, con regiones HII y cúmulos abiertos recién formados que pueblan el brazo de Perseo de nuestra galaxia.

Una de esas regiones HII, visible con instrumentos de aficionado, suele pasar desapercibida porque comparte barrio con el imponente M52 y la delicada NGC 7635, la nebulosa de la Burbuja. Estamos hablando de NGC 7538, también conocida como la “Nebulosa de la Laguna del Norte”, por su similitud con M8. Es una nebulosa de emisión, una región HII en la cual se están gestando estrellas a partir del gas que se condensa por la gravedad y las corrientes dinámicas que, al igual que en el cielo azul, van moldeando las nubes dando lugar a caprichosas formas. NGC 7538 es un objeto rico en Hidrógeno ionizado, de ahí su color rojizo en fotografías, y brilla gracias que las jóvenes estrellas formadas en su interior impregnan sus átomos con radiación ultravioleta, haciendo, literalmente, que salten chispas y un aluvión de fotones salgan disparados en todas las direcciones. Se encuentra a unos 9.100 años luz de nosotros y en su seno acoge a la protoestrella más masiva que conocemos, NGC 7538S. Es una estrella de tipo espectral O, con una masa de entre 20-40 masas solares y un disco de materia y restos que la rodea con un diámetro de hasta 1.000 veces el de nuestro Sistema solar. En su región más interna este disco alcanza altas velocidades, produciendo un jet o chorro de materia que es lanzado en perpendicular hacia el espacio. Este chorro, según los últimos estudios, tiene una vida muy corta, habiendo aparecido hace tan sólo unos 2.000 años. En términos astronómicos es comparable a unos pocos segundos.

Foto 7538.jpg

La primera vez que vi a NGC 7538 fue a propósito. La segunda, sin querer, después de estar viendo M52 y NGC 7635, y al mover levemente el telescopio me encontré con él, sin saber que estaba tan cerca de los anteriores, casi rozándolos. De hecho, sin saber lo que estaba viendo, iba a dibujarlo de nuevo, y entonces me di cuenta de lo parecido que era a NGC 7538. Es una nebulosa de entre 5 y 10 minutos de arco de diámetro que se dispone alrededor de dos brillantes estrellas que llaman la atención por su similitud, como dos ojos que miran desde el cielo. A bajos aumentos es fácil apreciar algo de neblina que las rodea, más concentrada en el centro y difuminándose hacia el exterior. Hay que subir algunos aumentos para apreciar su silueta más claramente. A 125x el cielo se oscureció lo suficiente como para poder verla con comodidad. Casi instantáneamente apareció a la vista una especie de cuerno, una prolongación acaba en punta en uno de los lados de la nebulosa. Fácil de ver, más evidente con visión periférica, me dispuse a dibujarla. A los pocos minutos noté que, al otro lado, otra prolongación aparecía de forma más tímida, más difusa, pero con una forma similar. Tras plasmarla en el papel otra porción más engrosada acompañó a esta última en el ocular, quedando la imagen final como muestra el dibujo, una región central más brillante y tres prolongaciones que se pierden en el cielo oscuro. Las dos estrellas presiden la bonita imagen y ayudan a orientarse. NGC 7538 me sirvió para reforzar la importancia que tiene el tiempo dedicado, ya que conforme pasan los minutos los detalles van apareciendo como por arte de magia.

NGC 7538

Muy cerca de esta nebulosa encontramos otro curioso objeto, una agrupación de estrellas que llaman la atención cuando el ocular pasa por encima, ya que presentan una disposición abigarrada y largada, como si fuera una pirámide aplastada, y su magnitud aparente de 7.9 lo hace resaltar rápidamente de las estrellas de fondo. Previamente había contemplado este cúmulo abierto, pero hasta esa noche de Noviembre no le puse nombre. Se trata de NGC 7510, un llamativo cúmulo de apenas 4 minutos de arco de longitud que se encuentran a casi 10.000 años luz de nosotros. Comparte con NGC 7538 su lugar en ese inmenso complejo que es Cassiopeia OB2, y es uno de los innumerables cúmulos que podemos ver echando un rápido vistazo entre Cefeo y Casiopea (se encuentra dentro de los límites de Cefeo). La mayoría de sus estrellas son de tipo espectral B, como corresponde a estrellas jóvenes de apenas 10 millones de años de antigüedad. Poco a poco irán transformándose en estrellas rojizas y separándose como una bandada de aves que se dispersan, desligándose finalmente en su madurez. Ya visible con prismáticos, muestra su verdadera magnificencia con el telescopio a aumentos medios. A 125x se aprecian dos brillantes hileras de 5 ó 6 estrellas, con otras más tenues dispersas por su interior. El cúmulo a simple vista transmite la sensación de ser un triángulo con un vértice algo achatado, con la base formada por las estrellas más brillantes, en una disposición rectilínea que llama la atención y le da un carácter geométrico al conjunto.

NGC 7510

Merece la pena vagar por toda esta zona sin rumbo, con unos prismáticos o con un ocular de gran campo, dejándose llevar por la inmensidad y la variedad de formas que podemos llegar a encontrar. Ya habrá tiempo de ponerles nombre, pero de vez en cuando gusta observar despojándonos de tecnicismos, dispuestos simplemente a disfrutar con la vista, sin mayores pretensiones. Un grupo de estrellas minúsculas, un jirón de nube, ahí otro, esas estrellas tan brillantes que aparecen rodeadas por otras más tenues, una estrella doble, una esfera difusa flotando en el vacío… La región Cassiopeia OB2 bien merece un paseo.

Iridiscente (NGC 7023)

Imagina una estrella gestándose, inmersa en una enorme cantidad de polvo y gas, que se va condensando gracias a la gravedad. Ahora ponle a la estrella de nombre SAO 19158 y comprueba cómo ese gas que rodeaba a la estrella hace millones de años no ha terminado de extinguirse, quedando a su alrededor como brazos de un fantasma que no quiere marcharse.

Realmente ha habido cierta discordia en cuanto a nomenclatura, refiriéndose realmente NGC 7023 a un cúmulo abierto colindante con esta estrella (personalmente no vi ningún cúmulo por el telescopio), y LBN 487 a la nebulosa propiamente dicha. Este increíble objeto seFoto NGC 7023 encuentra a 1.300 años luz de nosotros y recibe el nombre de Caldwell 4 o Nebulosa de Iris, concepto que se entiende al ver fotografías de larga exposición y comprobar su semejanza con dicha flor. A diferencia de otras que hemos visto, ésta es una nebulosa de reflexión, lo cual implica que no brilla por la ionización de su estrella, sino porque la luz de ésta se “refleja” en sus partículas de polvo en suspensión que no han desaparecido desde que se formó la estrella. Observaciones en infrarrojo indican que la nebulosa podría contener moléculas de carbono complejas conocidas como PAHs, así como anillos de benceno, lo cual dota a LBN 487 de un mayor interés.

Predominan en ella los colores azules, característicos de las zonas de reflexión, y contiene algunas partes con nebulosas de emisión, pequeñas regiones HII de formación de estrellas que generan una luz rojiza en las imágenes.

Se encuentra en uno de los laterales de Cefeo que, con su forma de “casa”, alcanza en estas noches su posición óptima para observar, en lo alto hacia el norte. Una vez la tengamos en el telescopio podremos apreciar, a bajos aumentos, una pequeña nebulosidad rodeando la estrella en cuestión. Es un objeto que requiere cierto tiempo para ver detalles, así que paciencia y oscuridad son los principales ingredientes para verlo en condiciones (una abertura importante ayuda, claro). Con mi Dobson la mejor imagen la obtuve a 125 aumentos, con los cuales empecé a notar ciertas irregularidades. Por un lado había dos zonas bien diferenciadas, una pequeña nebulosa encima de la estrella y otra más alargada por debajo, que se curvaba como si quisiera tocar a una estrella inferior. Una prolongación salía de este último filamento hacia el lado contrario, hacia otra estrella cercana. Toda la zona brillaba con un tenue resplandor fácilmente visible con visión periférica, una inquietante sombra en el cielo. Mientras dibujaba lo que veía tras el ocular fui siendo consciente de que había otras dos regiones más densas, finas, en lados opuestos y mirando al centro. Una vez estuve seguro de verlas las plasmé en el papel.

NGC 7023

Al probar a usar filtros quedé desconcertado. Ni el UHC ni el OIII parecían surtir efecto, llegando a oscurecer incluso la nebulosa, por lo que me basté del Hyperion 13 mm a secas. Tiene sentido, ya que las nebulosas de reflexión no responden a estos filtros, ya que no “emiten” por sí mismas la luz, como lo hacen las nebulosas de emisión. Más aumentos también disminuían el contraste y el detalle (no merece la pena en objetos como éste, amplios y de bajo brillo superficial).

Terminé de observarla con un buen sabor de boca y fui a compararla con fotografías, especialmente para saber si las dos últimas franjas que había visto eran realmente así. Al ver las imágenes quedé sorprendido por la riqueza de formas y el entramado de nubes que presenta esta nebulosa. En próximas salidas habrá que visitarla de nuevo, con el pretexto de buscar el resto de filamentos más débiles.