Una estela de luz en Cefeo (VdB 152)

A veces las fotografías nos inspiran a buscar ciertos objetos que, de otra manera, habríamos creído fuera de nuestro alcance, perdiendo la oportunidad de observarlos con nuestros telescopios. Algo parecido me ocurrió cuando observé por primera vez la exótica nebulosa VdB 152, que podéis apreciar en la siguiente fotografía. Resulta impresionante contemplar esa brillante nube blanco-azulada que va dejando tras de sí una sombría estela de gas y polvo, como un fantasma que se desplaza a través del universo.

Foto VdB 152

Crédito: Éder Iván

También conocida como Cederblad 201, se trata de una nebulosa de reflexión que habita en la constelación de Cefeo a unos 1400 años luz de distancia. Sidney van den Bergh es un astrónomo canadiense que nació en 1929, conocido, entre otras cosas, por crear un catálogo de nebulosas de reflexión que se disponen por todo el cielo. En total registró 158 de estos interesantes objetos, que no son más que porciones de gas iluminadas por alguna estrella cercana. En concreto, VdB 152 ocupa el borde de una nube molecular que se llama LDN 1217. La nebulosa de reflexión es la cubierta que envuelve a un Glóbulo de Bok, esa región oscura que aparece adyacente a ella y que se conoce como Barnard 175. En su interior están naciendo nuevas estrellas, que paulatinamente irán erosionando la nebulosa y dando la cara. Vemos una brillante estrella en el seno de VdB 152, BD+69 1231, de magnitud 9.3. Podríamos estar tentados de decir que es una de las estrellas nacidas en la nube molecular, pero lo cierto es que el movimiento de la estrella y el de la nebulosa son bien distintos, de manera que tienen orígenes dispares. El trayecto de la estrella la ha llevado a rondar esta región de la nebulosa, haciendo que brille al reflejar su luz. Dentro de unos miles de años el movimiento de ambos objetos hará que la porción iluminada de la nebulosa sea otra diferente. En el interior de la nube se pueden observar múltiples estrellas en proceso de formación, siendo una de ellas especialmente llamativa, ocupando en la siguiente imagen el borde derecho superior de la nebulosa.

Foto VdB 152 NOAO

T.A. Rector (University of Alaska Anchorage) and H. Schweiker (WIYN and NOAO/AURA/NSF)

Se trata de un cuerpo de Herbig-Haro, en concreto de HH 450, una estrella en sus primeros estadios de vida cuya rápida rotación produce la expulsión de enormes chorros de gas de forma bipolar. En la imagen también se pueden apreciar dos líneas rojizas, los restos de una antigua explosión de supernova que vagan cerca de la nebulosa.

Observar esta nebulosa es más fácil de lo que podría parecer, siempre y cuando observemos desde un lugar oscuro. Desde un primer momento, incluso a bajo aumento, se detecta sin mayores problemas que hay “algo” alrededor de la estrella principal, una nebulosidad que se aprecia mejor con visión lateral. Poco a poco la luz fantasmal va adoptando una forma alargada, y cuando nuestra vista se encuentra bien adaptada no es difícil distinguirla como si tuviera una forma de “L”, bastante similar a lo que observamos en las fotografías. La estela oscura que va dejando tras de sí es harina de otro costal: como mucho se observa que en la zona de la nebulosa oscura no hay más estrellas que una brillante en su región intermedia, mientras que en el exterior la concentración de estrellas es moderada. Una brillante estrella, STF 2883, pone la guinda a la observación. Es una estrella doble con sus componentes, de magnitud 5.6 y 8.6, separadas por unos 13 segundos de arco. La principal aparece de un color amarillo claro, mientras que la secundaria muestra un azul pálido muy sugerente. Sin duda, es una zona del cielo que vale la pena recorrer.

VdB 152

Nubes en Cefeo (NGC 7129 y NGC 7142)

Hace años, mientras buscaba NGC 7023, descubrí, en el corazón de Cefeo, una curiosa formación de estrellas asociadas a una patente nebulosidad, captando mi atención y haciendo que me detuviera un tiempo para observarlas. Varios años después me decidí a volver al lugar, esta vez con mayor sosiego y disponibilidad de tiempo. Se trataba de NGC 7129, y la siguiente imagen puede darnos una idea de su naturaleza:

Foto NGC 7129

Adam Block/Mount Lemmon SkyCenter/University of Arizona

Volvemos a observar las grandes masas de gas que nos rodean y que rellenan todo el cosmos propiciando la aparición de nuevas estrellas. En este caso estamos observando a unos 3.300 años luz de distancia, al centro de una nube molecular de hidrógeno en la que una elevada densidad ha dado lugar al nacimiento de una cohorte de estrellas, de apenas un millón de años de edad. En concreto, se han podido contar unas 130 estrellas, la mayoría de las cuales son invisibles a nuestros ojos, precisando observar en otras longitudes de onda para distinguirlas. En la siguiente imagen obtenida por el Spitzer, en el infrarrojo, destacan en color verde las estrellas más jóvenes. En concreto, esos filamentos verdosos son objetos Herbig-Haro, de los que hablábamos con anterioridad en esta entrada. Básicamente, son estrellas recién nacidas que generan fuertes vientos, dispersando el gas del que se forman hacia sus polos en forma de rápidos y cambiantes jets que calientan el gas. Uno de los más patentes en longitud de onda visible es el que tenemos en la región superior de esta rosa cósmica, denominado HH 103 (estoy seguro de que, bajo las condiciones de observación adecuadas, debe ser visible a través de telescopios de suficiente apertura).

Foto NGC 7129 Spitzer

La nube molecular original permanece invisible en las fotografías, manifestándose su presencia gracias a las regiones que son iluminadas por las nuevas estrellas. Este tipo de nebulosa es, por tanto, una nebulosa de reflexión, ya que el gas todavía no se encuentra ionizado, como ocurre en las regiones HII. La nebulosa, simplemente, se encarga de “reflejar” la luz de las estrellas que la iluminan. NGC 7129 debe su brillo a 3 estrellas centrales de tipo espectral B; en concreto es una de ellas, LkHα, la que se ha encargado de esculpir la nebulosa, vaciando su contenido interno de gas. Los grandes vientos generados y su erosiva luz ultravioleta han sido sus exclusivas herramientas.

Con una magnitud de 11.5, NGC 7129 es fácilmente visible con cualquier instrumento, distinguiéndose incluso a través del buscador si la noche es oscura. Seis brillantes estrellas llaman la atención en un campo estelar relativamente pobre, y la principal porción de nebulosa se establece alrededor de dos de ellas, disponiéndose como una nube difusa de forma triangular y unos 4 minutos de diámetro. Sus bordes no son definidos, sino que se pierden poco a poco hasta entremezclarse con el cielo. Otra pequeña mancha se encuentra situada al lado, entre otras dos estrellas brillantes. Algo más débil, presenta una forma alargada y los filtros, tanto el UHC como el OIII, no hacen más que oscurecer su silueta, confirmándonos que no son nebulosas de emisión. Una estrella cercana también parecía reflejar un tenue halo de luz fantasmagórica, y es que esta nebulosa, como se puede apreciar en las fotografías, es más grande de lo que podría parecer en un primer momento.

NGC 7129.png

No deberíamos perder la oportunidad de visitar un cercano cúmulo que prácticamente linda con la nebulosa, a unos 25 minutos de arco. Se trata de NGC 7142, situado a una distancia bastante mayor, estimada en unos 7000 años luz. Está formado por unas 250 estrellas cuya edad, mucho más avanzada, es de unos 3.000 millones de años, más en consonancia con nuestro propio Sol. Resulta curioso contemplar agrupaciones de estrellas que, pese a su avanzada edad, aún continúan unidas como si hubieran nacido ayer. Entre sus estrellas abundan, como es lógico, aquéllas de un color rojizo, si bien se han encontrado un número relativamente alto de rezagadas azules, las estrellas que encontrábamos en algunos globulares y que suelen estar asociadas con lugares extremadamente densos. La siguiente imagen muestra los dos objetos de esta entrada en el mismo campo, tan cercanos pero, a la vez, separados por miles de años luz.

Foto NGC 7129 7142

Crédito: Tony Hallas

NGC 7142, con una magnitud que ronda la novena y un tamaño de entre 10 y 15 minutos de arco, es un objetivo sencillo de observar con pequeños instrumentos. A través de mi Dobson de 30 cm pude contemplar una maraña de diminutas estrellas (una treintena de ellas) de magnitud superior a 13, colocadas todas ellas alrededor de tres estrellas protagonistas de mayor brillo. Un fondo neblinoso delataba la presencia de más componentes en la lejanía, y se podían adivinar algunas alineaciones estelares que colgaban como guirnaldas de las principales estrellas.

NGC 7142

SN 2017eaw, (otra) supernova en NGC 6946

Hace 20 millones de años, mucho antes de que el hombre pisara la tierra, una lejana estrella explotó en forma de supernova: el 14 de mayo de 2017 su luz llegó hasta nosotros por primera vez, después de recorrer un trayecto de 20 millones de años luz. Se trata de una supernova que ha tenido lugar en la galaxia NGC 6946, la Galaxia de los Fuegos Artificiales que, haciendo honor a su nombre, nos muestra uno más de estos eventos. Ostentando el récord de supernovas, en NGC 6946 se han registrado 10 de ellas en los últimos 100 años, siendo la última en 2008. Sin embargo, la que nos ocupa hoy tiene el atractivo de su elevada magnitud: el 14 de mayo, el día de su descubrimiento por parte de Patrick Wiggins en Utah, EEUU, brillaba con una considerable magnitud 12.8.

Foto NGC 6946

Wendee Levy/Adam Block/NOAO/AURA/NSF

La espectrometría de la supernova nos ha hecho saber que se trata de una supernova de tipo IIP, aquélla cuyo origen se debe a la explosión de una estrella, al menos, 8 veces más masiva que nuestro Sol. Estas estrellas van dando lugar a una cadena de reacciones a medida que se va gastando su combustible, obteniendo su energía de elementos cada vez más pesados. La estrella llega a un punto en el que este combustible es níquel (que se transforma rápidamente en hierro), un elemento que, lejos de producir energía con su fusión, requiere energía para que se lleve a cabo. Por tanto, la estrella deja de producir reacciones nucleares y la gravedad no encuentra oposición, produciendo un rápido colapso en el que las capas externas llegan a viajar hacia el interior a una quinta parte de la velocidad de la luz. Tanta es la densidad en el núcleo que la estrella alcanza una temperatura de más de 100 billones de grados centígrados, produciendo la degeneración de sus electrones y estallando en forma de supernova, superando en brillo incluso a toda la galaxia que la alberga. Las supernovas de tipo IIP se caracterizan por presentar una luminosidad inicial mantenida en el tiempo, como una meseta (se conoce como plateau) que se prolonga durante un par de meses, para posteriormente decaer poco a poco. Gracias a este patrón de brillo todavía podemos disfrutar de esta supernova a pesar de que tuviera lugar el 14 de mayo, hace más de un mes. Casi cualquier telescopio nos valdrá para ello, aunque para observar con detalle la galaxia necesitaremos cielos oscuros.

La observé el pasado 19 de junio desde un lugar situado a media hora de Granada, con idea de dedicarle cuánto tiempo necesitara para verla en condiciones. Localizar la galaxia es fácil a partir de dos brillantes estrellas de Cefeo, con las cuales la galaxia forma un triángulo (podemos aprovechar, de paso, la cercana presencia del cúmulo abierto NGC 6939, otro espectáculo para la vista). El núcleo de NGC 6940 fue lo primero en aparecer tras el ocular, acompañado de un débil halo que lo rodeaba, dejando claro que la galaxia tiene un bajo brillos superficial. La supernova brillaba junto a una estrella de magnitud 13.2, algo más intensa que ésta, por lo que debía rondar la misma magnitud que se determinó hace un mes, alrededor de 12.8-13. Poco a poco los brazos de la galaxia se fueron definiendo fantasmagóricamente, primero el más cercano a la galaxia, posteriormente otro dos, partiendo de la zona central, un óvalo más brillante que el resto del halo. Dos de los brazos parecían compartir el mismo origen y la misma dirección, aunque uno de ellos giraba más bruscamente cerca del núcleo. El brazo solitario, algo más ancho, se arremolinaba y giraba en dirección a la supernova, que parecía flotar en tierra de nadie. Este tipo de supernovas predominan en los brazos, los lugares de mayor formación de estrellas y, por tanto, los lugares donde las estrellas supermasivas pueden formarse con más frecuencia.

NGC 6946 SN

La adaptación a la oscuridad era cada vez más patente, hasta el punto de que pude apreciar sin dificultad una gran concentración de estrellas y cúmulos que forman un supercúmulo en NGC 6946, una región que descubrió Hodge en 1967. Esta zona, conocida como NGC 6946-1447 o Hodge 1-2, es una región de unos 2000 años luz de diámetro con forma de arco luminoso, compuesta por enormes cúmulos estelares, algunos de los cuales pueden distinguirse con telescopios de gran apertura.

Foto NGC 6946 gemini North

Gemini North Observatory

La mayor parte de estas estrellas se formaron en un brote ocurrido hace 30 millones de años, probablemente por el impacto de una gran masa de gas extragaláctica. A través del telescopio sólo se aprecia como una diminuta mancha redondeada y débil, visible con visión periférica, pero no todos los días podemos ver cúmulos estelares en otras galaxias… NGC 6946, con sus brazos, el complejo de cúmulos y esa imponente supernova que nos saluda estos días es, sin duda, un lugar en el que perderse en estas agradables noches veraniegas: no faltará mucho tiempo para que la luz de la supernova comience a extinguirse lentamente…

NGC 6946 SN - detalles

La cueva (Sh2-155)

El cielo está plagado de gas, hidrógeno en múltiples formas que llena cada espacio del cosmos, formando estrellas cuando se dan las condiciones adecuadas, la materia prima más importante. Hoy vamos a ver una gran masa de gas que se encuentra en la constelación de Cefeo, a una distancia de 2400 años luz, un lugar en el que se unen varias nubes de formación estelar. En concreto, vamos a estudiar la zona fronteriza entre la asociación Cepheus OB3b (un cúmulo de estrellas inmersas en el gas que les ha visto nacer) y la nube molecular Cepheus B. El término de “nube molecular” hace referencia a una región de gas formada por hidrógeno en su forma molecular (H2), una zona de potencial proliferación estelar: la materia prima está ahí, lista para ser usada cuando llegue el momento.

Foto Sh2-155.jpg

Fotografía obtenida por Bill Snyder

La Nebulosa de la Cueva, conocida como Sh2-155 o Caldwell 9, se encuentra entre estas grandes regiones y es un débil objeto envuelto en un halo de misterio. Es una nebulosa de emisión cuyas moléculas de hidrógeno, ionizadas por la luz de brillantes estrellas, emiten luz que puede ser captada desde la Tierra. Su dificultad estriba en que su brillo superficial es extremadamente débil, ya que se encuentra oscurecida por densas masas de polvo interestelar que absorben la mayor parte de sus fotones. En fotografías de larga exposición es un objetivo relativamente fácil de captar, pero en visual tendremos que sudar… Su principal atractivo radica en la peculiar forma que ha adquirido, con ese llamativo arco oscuro que parece la entrada a una lejana cueva. Dicha zona oscura es en realidad la nube molecular Cepheus B, que puede verse en la siguiente imagen, obtenida por telescopio Chandra:

Foto Cepheus B.jpg

Justo en la silueta de la cueva está teniendo lugar una importante proliferación estelar, contando algunas de sus estrellas con una edad menor de un millón de años. Esta nueva generación de estrellas debe su existencia, al parecer, a la onda de choque producida entre ambas masas gaseosas. La asociación OB3b, cuyas estrellas emiten importantes cantidades de viento y radiación, producen un estímulo en la nube molecular Cepheus B, de manera que sus moléculas de hidrógeno comienzan a interaccionar entre sí y, paulatinamente, derivan en la formación de estrellas.

Llama la atención que un objeto tan débil fuese incluido en el catálogo Caldwell. Quizás Patrick Moore buscara añadir algún desafío, algún objeto que nos hiciera ganarnos el esfuerzo invertido. Y bien que lo consiguió. Personalmente ha sido uno de los objetos más difíciles que he observado, a pesar de observarlo bajo cielos verdaderamente oscuros en la región conquense. Su localización requiere algo de tiempo, en uno de los laterales de Cefeo, aunque podemos llegar más fácilmente a partir de M52 o NGC 7635, la nebulosa de la Burbuja. Una vez allí lo más probable es que no veamos nada, pero no desistamos. En mi caso esperé pacientemente, identificando cada estrella y comparándola con una imagen que tenía preparada. Personalmente creo que conocer la forma del objeto con anterioridad puede hacer que nuestra vista se sugestione, pero en ocasiones no queda otro remedio que saber dónde mirar. A los pocos minutos se hizo patente una nebulosidad en torno a las dos estrellas centrales que, según la fotografía, destacaban sobre el techo de la cueva. Poco después otras dos zonas aparecieron poco a poco, tímidas, parte de la enorme asociación Cepheus OB3b. Multitud de estrellas poblaban el campo, como corresponde a esta zona inmersa en la Vía Láctea.

El aumento empleado es crítico, ya que esta nebulosa es un objeto amplio y de un bajo brillo superficial. En mi caso, con el Dobson de 30 cm, el mejor ocular resultó ser el Hyperion de 13 mm, con 115 aumentos, y los filtros, curiosamente, no me resultaron especialmente útiles. Probablemente la excelente calidad del cielo los hacía inservibles. Mi siguiente objetivo, una vez descubiertos los parches de nebulosidad más brillantes, fue captar la boca de la cueva, esa nube de hidrógeno que no emite luz propia. Más de una hora pasé enfrascado ante el ocular, relajando la mirada constantemente para evitar el sobreesfuerzo, y finalmente pude atisbar ese entrante oscuro momentáneamente, en los momentos en los que la atmósfera reunía las condiciones idóneas de estabilidad. Tras verlo por primera vez, las demás ocasiones resultaron algo más sencillas, si bien es de los objetos más esquivos que he visto. Recuerdo haber encontrado con más facilidad los Pilares de la Creación que la cueva de Sh2-155, y quizás por eso deja tan buen sabor de boca. Lo primordial aquí es contar con un cielo de cine, de otra manera el débil brillo de la nebulosa se verá totalmente anulado. Si un día no lo vemos no hay que desesperar, estos objetos acaban cediendo cuando se intentan en varias ocasiones, siempre buscando los mejores cielos posibles.

sh2-155

De cefeidas y magos (Delta Cephei y NGC 7380)

John Goodricke fue un astrónomo neerlandés que vivió en la segunda mitad del siglo XVIII. Su muerte, prematura por una neumonía a los 21 años, no le impidió hacer grandes descubrimientos, destacando la hipótesis de que Algol, una brillante estrella de Perseo, veía su brillo alterado porque era en realidad un sistema binario en el que sus componentes se eclipsaban regularmente. Este atrevimiento le granjeó su entrada a la Royal Society, 4 días antes de fallecer. El prometedor astrónomo también descubrió que una estrella de Cefeo sufría alteraciones periódicas de brillo. Dicha estrella era Delta Cephei, y su brillo variaba de una magnitud 3.5 a 4.3 en un período algo mayor de 5 días y 8 horas. Su importancia entonces ni se podía sospechar, pero sería una de las piezas clave para entender las dimensiones de nuestro universo.

Otra astrónoma importante para la historia, Henrietta Swan Leavitt, que trabajaba en el observatorio del Harvard College, descubrió  en 1912 que las estrellas cefeidas, como se conocían a aquéllas con un patrón similar a Delta Cephei, guardaban una relación estrella entre su magnitud absoluta y la amplitud del período, de forma que las estrellas con mayor brillo intrínseco tenían un período de pulsación más largo. Poco después se determinó la distancia a algunas de estas cefeidas, lo cual sirvió para calibrar la relación período-luminosidad. El último paso en la historia particular de las cefeidas lo dio Edwin Hubble en 1924, cuando encontró, en la galaxia de Andrómeda, algunas de estas estrellas. Observando su período de variabilidad pudo conocer su magnitud absoluta. Una vez conocida ésta, no tuvo más que compararla con la magnitud relativa, el brillo con el que se observa la estrella desde la Tierra, para, con una regla de tres, obtener la distancia a la que se encuentra. De esa manera calculó que la estrella, y por tanto M31, se encontraba a 800.000 años luz, dejando claro que la Gran Nebulosa de Andrómeda no formaba parte, como se pensaba hasta entonces, de nuestra propia galaxia.

Las estrellas cefeidas son estrellas supergigantes de tipo espectral G, de color amarillento, que “pulsan” de forma regular, es decir, su radio se dilata y se contrae a un ritmo constante. Cuando se contraen su temperatura aumenta por la mayor densidad, con lo cual el brillo aumenta rápidamente. Luego, poco a poco, se va dilatando, con lo la temperatura va disminuyendo al tener una mayor superficie por la que distribuirse, perdiendo parte de su brillo. El radio de la estrella está relacionado con el tiempo que dura el período de variación, y esta relación, como hemos visto, es la que permite usar estas estrellas como candelas estelares para conocer distancias lejanas. Se conocen unas 400 cefeidas en nuestra galaxia, si bien hay unas 1.000 catalogadas en las Nubes de Magallanes.

Cefeida

Entendiendo ya su importancia, podemos echar un vistazo a la estrella responsable de la secuencia fortuita de descubrimientos que llevaron a desechar la idea de que las “nebulosas espirales” eran objetos que pertenecían a nuestra galaxia. Esta estrella es, como hemos adelantado, Delta Cephei, una estrella cuya magnitud varía entre 3.5 y 4.35, que se encuentra formando parte de una de las esquinas de Cefeo. Forma un triángulo von Dseta Cephei, de magnitud 3.3, y Epsilon Cephei, de magnitud 4.2. Como podemos ver, sus magnitudes son cercanas al máximo y al mínimo de Delta Cephei, gracias a lo cual podemos usarlas para estimar, a simple vista, su magnitud. La noche que la vi, el 2 de diciembre, su brillo estaba rondando el mínimo, alrededor de 4.3. Será interesante echarle un vistazo cada vez que salgamos estas noches invernales.

Además de su variabilidad, Delta Cephei esconde una sorpresa que, personalmente, no conocía hasta que apunté a ella con el telescopio. Ya lo pude vislumbrar por el buscador, pero fue al ocular del telescopio cuando quedé maravillado al comprobar que es en realidad un sistema doble, perfectamente resoluble con cualquier instrumento, formado por una brillante estrella amarilla y una secundaria que es de color azul verdoso, difícil de describir. Es de magnitud 7.5 y se encuentra situada a 40 segundos de arco. Ambas forman un sistema binario físico que hacen a uno preguntarse cómo sería vivir en un planeta con dos soles tan distintos…

Delta Cephei

Muy cerca de esta estrella, a unos 2 grados de distancia, encontramos otro interesante objeto que puede complementar a la observación del primero. Se trata de NGC 7380, un cúmulo abierto asociado a una nebulosa de emisión llamada Sharpless 2-142. El cúmulo, situado a 7.200 años luz de distancia, fue descubierto por un personaje que ya hemos conocido, Caroline Herschel, en 1787. Al telescopio llama la atFoto 7380ención una curiosa agrupación de estrellas, de una treintena de componentes, dispuestas en una formación triangular. Desde el principio llama la atención que el fondo del cúmulo parece especialmente “brillante”, y basta con usar el filtro UHC para que una bonita nebulosa destaque contra el cielo y enmarque a todas las estrellas. Esta nebulosa, que recibe el nombre de “Nebulosa del Mago” por su forma en fotografías de larga exposición, necesita un tiempo prudencial para mostrar todo su potencial. Inicialmente se aprecia sin problemas su forma triangular que parece proteger el cúmulo, pero varios minutos de observación bastan para mostrar otra prolongación junto a uno de los vértices. Más fácil de  ver resulta otra pequeña mancha que brilla solitaria a unos 5-10 minutos de arco del triángulo principal, claramente visible con visión lateral.

NGC 7380

La imagen, si bien es totalmente diferente a las fotografías, es bastante sugestiva, y la nebulosa es agradecida a unos ojos bien adaptados a la oscuridad. Acompañada del cúmulo, suponen una agradable visión en una zona repleta de objetos como es la constelación de Cefeo.

En el brazo de Perseo (NGC 7538 y NGC 7510)

Hay zonas del cielo que derrochan luces y formas, lugares a los que apuntamos nuestros instrumentos y no podemos dejar de sorprendernos, aunque vayamos a ciegas sin saber lo que vamos a encontrarnos. Cúmulos, nebulosas, saltan a la vista conforme el ocular va avanzando y descubriéndonos un cielo que puede presumir de todo salvo de aburrido. Una de estas zonas es la que rodea a M52, a medio camino entre Casiopea y Cefeo, compartiendo los límites de sendas constelaciones que ya en la mitología aparecían unidas por el matrimonio, siendo ambos reyes de Etiopía y padres de la conocida Andrómeda (pero esa historia nos ocupará otro capítulo). La mayor parte de los objetos celestes que encontramos en este lugar pertenecen a la región Cassiopeia OB2, un enorme complejo de gases en continua evolución, con regiones HII y cúmulos abiertos recién formados que pueblan el brazo de Perseo de nuestra galaxia.

Una de esas regiones HII, visible con instrumentos de aficionado, suele pasar desapercibida porque comparte barrio con el imponente M52 y la delicada NGC 7635, la nebulosa de la Burbuja. Estamos hablando de NGC 7538, también conocida como la “Nebulosa de la Laguna del Norte”, por su similitud con M8. Es una nebulosa de emisión, una región HII en la cual se están gestando estrellas a partir del gas que se condensa por la gravedad y las corrientes dinámicas que, al igual que en el cielo azul, van moldeando las nubes dando lugar a caprichosas formas. NGC 7538 es un objeto rico en Hidrógeno ionizado, de ahí su color rojizo en fotografías, y brilla gracias que las jóvenes estrellas formadas en su interior impregnan sus átomos con radiación ultravioleta, haciendo, literalmente, que salten chispas y un aluvión de fotones salgan disparados en todas las direcciones. Se encuentra a unos 9.100 años luz de nosotros y en su seno acoge a la protoestrella más masiva que conocemos, NGC 7538S. Es una estrella de tipo espectral O, con una masa de entre 20-40 masas solares y un disco de materia y restos que la rodea con un diámetro de hasta 1.000 veces el de nuestro Sistema solar. En su región más interna este disco alcanza altas velocidades, produciendo un jet o chorro de materia que es lanzado en perpendicular hacia el espacio. Este chorro, según los últimos estudios, tiene una vida muy corta, habiendo aparecido hace tan sólo unos 2.000 años. En términos astronómicos es comparable a unos pocos segundos.

Foto 7538.jpg

La primera vez que vi a NGC 7538 fue a propósito. La segunda, sin querer, después de estar viendo M52 y NGC 7635, y al mover levemente el telescopio me encontré con él, sin saber que estaba tan cerca de los anteriores, casi rozándolos. De hecho, sin saber lo que estaba viendo, iba a dibujarlo de nuevo, y entonces me di cuenta de lo parecido que era a NGC 7538. Es una nebulosa de entre 5 y 10 minutos de arco de diámetro que se dispone alrededor de dos brillantes estrellas que llaman la atención por su similitud, como dos ojos que miran desde el cielo. A bajos aumentos es fácil apreciar algo de neblina que las rodea, más concentrada en el centro y difuminándose hacia el exterior. Hay que subir algunos aumentos para apreciar su silueta más claramente. A 125x el cielo se oscureció lo suficiente como para poder verla con comodidad. Casi instantáneamente apareció a la vista una especie de cuerno, una prolongación acaba en punta en uno de los lados de la nebulosa. Fácil de ver, más evidente con visión periférica, me dispuse a dibujarla. A los pocos minutos noté que, al otro lado, otra prolongación aparecía de forma más tímida, más difusa, pero con una forma similar. Tras plasmarla en el papel otra porción más engrosada acompañó a esta última en el ocular, quedando la imagen final como muestra el dibujo, una región central más brillante y tres prolongaciones que se pierden en el cielo oscuro. Las dos estrellas presiden la bonita imagen y ayudan a orientarse. NGC 7538 me sirvió para reforzar la importancia que tiene el tiempo dedicado, ya que conforme pasan los minutos los detalles van apareciendo como por arte de magia.

NGC 7538

Muy cerca de esta nebulosa encontramos otro curioso objeto, una agrupación de estrellas que llaman la atención cuando el ocular pasa por encima, ya que presentan una disposición abigarrada y largada, como si fuera una pirámide aplastada, y su magnitud aparente de 7.9 lo hace resaltar rápidamente de las estrellas de fondo. Previamente había contemplado este cúmulo abierto, pero hasta esa noche de Noviembre no le puse nombre. Se trata de NGC 7510, un llamativo cúmulo de apenas 4 minutos de arco de longitud que se encuentran a casi 10.000 años luz de nosotros. Comparte con NGC 7538 su lugar en ese inmenso complejo que es Cassiopeia OB2, y es uno de los innumerables cúmulos que podemos ver echando un rápido vistazo entre Cefeo y Casiopea (se encuentra dentro de los límites de Cefeo). La mayoría de sus estrellas son de tipo espectral B, como corresponde a estrellas jóvenes de apenas 10 millones de años de antigüedad. Poco a poco irán transformándose en estrellas rojizas y separándose como una bandada de aves que se dispersan, desligándose finalmente en su madurez. Ya visible con prismáticos, muestra su verdadera magnificencia con el telescopio a aumentos medios. A 125x se aprecian dos brillantes hileras de 5 ó 6 estrellas, con otras más tenues dispersas por su interior. El cúmulo a simple vista transmite la sensación de ser un triángulo con un vértice algo achatado, con la base formada por las estrellas más brillantes, en una disposición rectilínea que llama la atención y le da un carácter geométrico al conjunto.

NGC 7510

Merece la pena vagar por toda esta zona sin rumbo, con unos prismáticos o con un ocular de gran campo, dejándose llevar por la inmensidad y la variedad de formas que podemos llegar a encontrar. Ya habrá tiempo de ponerles nombre, pero de vez en cuando gusta observar despojándonos de tecnicismos, dispuestos simplemente a disfrutar con la vista, sin mayores pretensiones. Un grupo de estrellas minúsculas, un jirón de nube, ahí otro, esas estrellas tan brillantes que aparecen rodeadas por otras más tenues, una estrella doble, una esfera difusa flotando en el vacío… La región Cassiopeia OB2 bien merece un paseo.

Iridiscente (NGC 7023)

Imagina una estrella gestándose, inmersa en una enorme cantidad de polvo y gas, que se va condensando gracias a la gravedad. Ahora ponle a la estrella de nombre SAO 19158 y comprueba cómo ese gas que rodeaba a la estrella hace millones de años no ha terminado de extinguirse, quedando a su alrededor como brazos de un fantasma que no quiere marcharse.

Realmente ha habido cierta discordia en cuanto a nomenclatura, refiriéndose realmente NGC 7023 a un cúmulo abierto colindante con esta estrella (personalmente no vi ningún cúmulo por el telescopio), y LBN 487 a la nebulosa propiamente dicha. Este increíble objeto seFoto NGC 7023 encuentra a 1.300 años luz de nosotros y recibe el nombre de Caldwell 4 o Nebulosa de Iris, concepto que se entiende al ver fotografías de larga exposición y comprobar su semejanza con dicha flor. A diferencia de otras que hemos visto, ésta es una nebulosa de reflexión, lo cual implica que no brilla por la ionización de su estrella, sino porque la luz de ésta se “refleja” en sus partículas de polvo en suspensión que no han desaparecido desde que se formó la estrella. Observaciones en infrarrojo indican que la nebulosa podría contener moléculas de carbono complejas conocidas como PAHs, así como anillos de benceno, lo cual dota a LBN 487 de un mayor interés.

Predominan en ella los colores azules, característicos de las zonas de reflexión, y contiene algunas partes con nebulosas de emisión, pequeñas regiones HII de formación de estrellas que generan una luz rojiza en las imágenes.

Se encuentra en uno de los laterales de Cefeo que, con su forma de “casa”, alcanza en estas noches su posición óptima para observar, en lo alto hacia el norte. Una vez la tengamos en el telescopio podremos apreciar, a bajos aumentos, una pequeña nebulosidad rodeando la estrella en cuestión. Es un objeto que requiere cierto tiempo para ver detalles, así que paciencia y oscuridad son los principales ingredientes para verlo en condiciones (una abertura importante ayuda, claro). Con mi Dobson la mejor imagen la obtuve a 125 aumentos, con los cuales empecé a notar ciertas irregularidades. Por un lado había dos zonas bien diferenciadas, una pequeña nebulosa encima de la estrella y otra más alargada por debajo, que se curvaba como si quisiera tocar a una estrella inferior. Una prolongación salía de este último filamento hacia el lado contrario, hacia otra estrella cercana. Toda la zona brillaba con un tenue resplandor fácilmente visible con visión periférica, una inquietante sombra en el cielo. Mientras dibujaba lo que veía tras el ocular fui siendo consciente de que había otras dos regiones más densas, finas, en lados opuestos y mirando al centro. Una vez estuve seguro de verlas las plasmé en el papel.

NGC 7023

Al probar a usar filtros quedé desconcertado. Ni el UHC ni el OIII parecían surtir efecto, llegando a oscurecer incluso la nebulosa, por lo que me basté del Hyperion 13 mm a secas. Tiene sentido, ya que las nebulosas de reflexión no responden a estos filtros, ya que no “emiten” por sí mismas la luz, como lo hacen las nebulosas de emisión. Más aumentos también disminuían el contraste y el detalle (no merece la pena en objetos como éste, amplios y de bajo brillo superficial).

Terminé de observarla con un buen sabor de boca y fui a compararla con fotografías, especialmente para saber si las dos últimas franjas que había visto eran realmente así. Al ver las imágenes quedé sorprendido por la riqueza de formas y el entramado de nubes que presenta esta nebulosa. En próximas salidas habrá que visitarla de nuevo, con el pretexto de buscar el resto de filamentos más débiles.