NGC 457, el cúmulo del extraterrestre

Buscar formas en el cielo es algo que nos encanta hacer desde pequeños, ya sea en nubes o en campos estelares. Hoy vamos a ver uno de los cúmulos abiertos más llamativos, no sólo por su riqueza de estrellas, sino por la forma que adoptan en el cielo, estimulando la imaginación: algunos verán al amigable extraterrestre E.T. de Steven Spielberg, otros verán un avión, una lechuza… Se trata de NGC 457, un cúmulo que ha ido ganando popularidad en los últimos años, para cuya observación no hacen falta más que unos prismáticos. En mi caso usé los impresionantes TS APO de 22×100 mm, apreciando perfectamente su forma y, un poco más lejos, otro lejano cúmulo, NGC 436.

NGC 457 se sitúa a una distancia estimada entre 8000 y 9000 años luz, formando parte, por tanto, del Brazo de Perseo de nuestra galaxia, junto a tantas otras familias de estrellas. Su rasgo más llamativo, además de su forma, es la presencia de dos brillantes estrellas que hacen las veces de ojos, un sistema binario conocido como Phi Cassiopeiae. La mayor de sus componentes es una supergigante amarilla, con un radio 250 veces mayor al de nuestro Sol y una luminosidad 100.000 veces superior. La secundaria, algo menor, presenta 83.000 veces la luminosidad del Sol. Al parecer, ambas estrellas forman parte de un sistema múltiple más amplio, que englobaría también a varias estrellas más, aunque es algo difícil de determinar con precisión por la gran riqueza del campo circundante. Todo apunta a que estas dos estrellas no forman parte del cúmulo abierto, estimándose su distancia entre 2000 y 4000 años luz; los ojos del extraterrestre no son, por tanto, más que un efecto de perspectiva. El cúmulo cuenta con unas 200 estrellas que se disponen por un área de unos 20 años luz, aunque claro, este último dato puede cambiar bastante según la distancia que tomemos como referencia. En NGC 457 se ha encontrado un gran número de estrellas Be, estrellas de tipo espectral B que muestran líneas de emisión de hidrógeno que no deberían estar presentes. Esta emisión no se produce en la misma estrella, sino en un disco circunestelar que se ha formado a su alrededor debido a una rápida rotación sobre sí misma. La consecuencia es la producción de fuertes vientos y una acentuada pérdida de masa mientras perdura este estado transicional de la estrella.

Si queremos estudiar NGC 457 en profundidad necesitaremos un telescopio con aumentos moderados, aunque unos prismáticos pueden mostrar su principal estructura con gran facilidad. En mi caso, con los TS APO 22×100 mm, su tamaño era más que suficiente como para llamar la atención de cualquiera que se asomara a los oculares. Su forma quedaba patente desde un principio, con esa hilera principal, algo más difusa, de la que salen los dos brazos, con los dos brillantes ojos en un extremo y, al otro lado, otras dos estrellas más brillantes que marcan los pies. Personalmente, le veo más parecido a un avión con las alas desplegadas, cuyo morro apunta a otra pequeña mancha que no es sino el cúmulo NGC 436. Se encuentra algo más alejado que su compañero, aunque todavía dentro de los límites del Brazo de Perseo. Aparece a los prismáticos como una pequeña mancha en la que se distinguen algunas diminutas estrellas titilando con timidez, apenas resolubles a 22 aumentos. La visión de ambas familias de estrellas pone de manifiesto la utilidad de un buen par de prismáticos, haciéndolos especialmente adecuados para amplios campos de observación y grandes cúmulos abiertos, aunque con los pequeños no se quedan cortos.

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Van den Bergh y el comienzo de su catálogo (VdB 1)

En 1966 Sidney van den Bergh, un astrónomo canadiense, publicó el catálogo de nebulosas que lleva su nombre, un conjunto de 159 nebulosas de reflexión que se encuentran principalmente en el disco galáctico. Hoy vamos a ver la nebulosa que abre el catálogo, VdB 1, una pequeña nebulosidad que se encuentra muy cerca de Caph o Beta Cassiopeiae, la brillante estrella que marca uno de los extremos de la característica “M” o “W”. Situada a unos 1600 años luz de distancia, se dispone alrededor de tres brillantes estrellas que iluminan el gas circundante, con jirones de diferente densidad que recuerdan a las nubes que se forman en nuestra atmósfera.

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Adam Block, Mt. Lemmon SkyCenter, Universidad de arizona

Un dato más interesante, apreciable en fotografías de larga exposición o con telescopios de gran apertura, es una pequeña y amarillenta nebulosidad que rodea a un par de estrellas situadas al lado de VdB1, apreciables en la parte derecha de la imagen anterior. Dichas estrellas son V376 y V633, dos estrellas especialmente jóvenes que, de vez en cuando, expelen gran cantidad de gas al exterior formando largos filamentos que se retuercen al encontrarse con el gas preexistente. V633 es la principal estrella, alrededor de la cual se ha formado una especie de herradura gaseosa que recibe el nombre de HH 161 y HH 164. Las siglas HH hacen referencia a “Herbig-Haro”, los cuerpos gaseosos que estudiamos en esta entrada y en esta otra. Resumiendo, son nebulosas que surgen de estrellas en formación, altamente energéticas y a menudo de forma bipolar, que viajan a una velocidad tan rápida que podemos apreciar cambios en ellas si las observamos de un año para otro. Duran tan sólo unos pocos miles de años, de ahí que no conozcamos un gran número de cuerpos Herbig-Haro. La otra estrella de la imagen, V376, es otra estrella variable y la nebulosidad se denomina HH 162, otro de estos misteriosos objetos. El Hubble se ha encargado de regalarnos una imagen ampliada de estas jóvenes nebulosas:

A stellar sneezing fit

Ahora que conocemos un poco más la región vamos a lanzarnos a la caza de VdB1, teniendo cuidado de no quedar deslumbrados por la brillante Caph, a apenas 30 minutos de arco de distancia. Una vez en la zona nos llamará la atención un curioso triángulo formado por tres estrellas que rondan la octava magnitud. Pues bien, a su alrededor se dispone VdB1, como una débil nebulosidad que acapara al atractivo trío, fácil de ver incluso a bajo aumento, especialmente con visión periférica. A 214 aumentos obtuve un buen equilibrio entre brillo y tamaño, distinguiendo con mayor facilidad la nebulosidad. Ésta no tenía una forma especialmente definida, algo triangular quizás, siguiendo la forma que marcaban las estrellas, con la región central más destacada sobre el resto. Los filtros UHC y OIII, como ocurre en este tipo de nebulosas, no servía para realzarla, haciéndola desaparecer rápidamente. Me sorprendió su brillo, relativamente elevado, más que muchos objetos del catálogo NGC, por lo que animo a los poseedores de telescopios pequeños a intentar su visión. Sólo hará falta una noche oscura y paciencia, los factores más decisivos en nuestra afición.

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Nubes al viento (Sh2-188)

Todas las constelaciones guardan secretos, objetos tenues y poco conocidos que esperan el momento de ser encontrados. El que nos ocupa hoy se encuentra en Casiopea y, a pesar de denominarse Sh2-188, no es una región HII. Más bien al revés, es una nebulosa planetaria excepcionalmente tenue, tanto que no fue descubierta hasta 1951 por el observatorio Simiez en Rusia, siendo catalogada posteriormente por Sharpless. En la siguiente imagen de Ken Crawford, del observatorio Rancho del Sol, podemos apreciar su espectacular despliegue:

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De entrada puede parecernos muy similar a Abell 21 o Sh2-274, la nebulosa de la Medusa, y puede que ambos objetos compartan más de un atributo. Sh2-188 fue considerada, al principio, un remanente de supernova, debido a la presencia en su parte más brillante de desgarrados filamentos que sugerían un evento especialmente catastrófico, y posteriormente se la consideró una región HII, momento en que fue incluida en el catálogo Sharpless. Sin embargo, años después se llegó a conocer su verdadera naturaleza gracias al espectro de su masa gaseosa, rica, entre otros elementos, en oxígeno ionizado. La estrella causante de tal espectáculo es una diminuta bola de gas cuya superficie supera los 100.000 kelvin. De hecho, en la anterior fotografía podemos verla, situada justo encima de la estrella anaranjada que ocupa el centro de la mitad izquierda de la nebulosa. Ese pequeño punto azulado es la estrella central.

Sh2-188 es una planetaria anular cuya estructura no ha sido especialmente distorsionada, ya que todavía podemos ver la forma anular principal, que comenzó a formarse hace más de 20.000 años. La característica más llamativa de esta nebulosa es la estela de gas que va dejando a su paso, algo que captó la atención de astrofísicos desde su descubrimiento. En la génesis de las nebulosas planetarias, según los modelos actuales, tienen una gran importancia los vientos estelares, de manera que durante la fase principal de la estrella, cuando se convierte en una gigante roja, va generando un viento a baja velocidad que es alcanzado por el viento rápido que la estrella genera posteriormente, cuando comienza a colapsarse por la gravedad. El viento rápido interactúa con el viento lento y se produce un frente de ionización, dando lugar a la forma característica que vemos en la mayoría de planetarias, una envoltura que se expande a unos 45 km por segundo. Y aquí entra a colación el motivo por el que Sh2-188 es especial. Normalmente los objetos se van moviendo a través del universo, porque como hemos visto en innumerables ocasiones el cosmos no es algo estático. La mayoría de nebulosas planetarias viaja a una velocidad entre 30 y 50 km por segundo, alcanzando algunas los 70 km por segundo. Sin embargo, Sh2-188 rompe estas barreras llegando a la vertiginosa velocidad de 125 km por segundo. De la misma manera que si sacamos la mano llena de harina por la ventanilla del coche los polvos van desperdigándose y formando una estela tras nuestro paso, el gas de Sh2-188 va quedando esparcido a su veloz paso a través del medio interestelar (conocido por las siglas ISM en inglés).

Visualmente no debemos esperar gran cosa, pues sólo podemos aspirar a atisbar la zona más brillante de la porción anular de la nebulosa, esa “onda de choque” que es la primera en golpear el medio interestelar. Sin embargo, conocer lo que estamos viendo convierte el desafío en algo excitante, aunque tendremos que disponer de cielos muy oscuros para intentarlo. La localización de Sh2-188 es extremadamente sencilla, cerca de Ruchbah o delta Cas, una brillante gigante blanca de tipo espectral A5 y magnitud 2.66, que se encuentra a unos 100 años luz de distancia. De ahí saltaremos a Chi Cas, una gigante amarilla de 4.68 de magnitud, y muy cerca podremos ver a la bonita gigante roja HD 9352, de magnitud 5.7 y un tono rojizo que delatará su presencia a bajo aumento. Muy cerca, a menos de medio grado de distancia, se encuentra Sh2-188, aunque para localizarla con exactitud será mejor tomar como referencia unas brillantes parejas de estrellas que hay un poco más lejos. Una vez conocida la posición exacta puede que no veamos nada, al menos si observamos con un telescopio “normal” en un cielo “normal”. Pero ya sabemos que, a veces, las cosas no son fáciles, así que es mejor ponernos cómodos y tener paciencia. El filtro OIII se hace imprescindible, a costa de sacrificar estrellas.

Nuestro objetivo será cazar la parte más brillante, la “proa”, la región que va golpeando en primer lugar la materia interestelar. Con mi Dobson de 30 cm, a 115 aumentos, apareció tras un largo rato como un tenue filamento alargado, sin bordes definidos, que desapareció en cuestión de segundos. Insistí y persistí, y de nuevo se dejó entrever por un espacio corto de tiempo. Allí, entre dos débiles estrellas, podía adivinarlo con visión periférica, extremadamente débil, extremadamente etéreo. Cuando la vista no muestra una imagen espectacular, nuestra mente debe encargarse de ello, así que no tardé en imaginarme ese filamento como la onda de choque de una inmensa nube de gas que atravesaba el espacio como un fugaz meteoro, provocando chispas de luz que ahora, 3150 años más tarde, llegaban a mi retina. Puede que mucha gente se pregunte si merece la pena tanto esfuerzo y frío para ver una mancha tan débil que roza la frontera con lo invisible; vaya si lo merece…

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Poker en Casiopea (Be 58, NGC 7788, NGC 7790, Frolov 1, H21)

La constelación de Casiopea es una de las más ricas en cúmulos abiertos gracias a su localización privilegiada en pleno brazo galáctico de Perseo, una de las zonas más densas de nuestra Vía Láctea. En una noche oscura podemos contemplar una inmensa cantidad de pequeñas nubecillas si barremos la constelación con unos buenos prismáticos, cúmulos abiertos de todo tipo y tamaño. Hoy vamos a ver una cadena de cúmulos que se sitúan cerca de Caph o Beta Cas, uno de los extremos de la conocida “M” o “W”.

De los cúmulos que vamos a estudiar, NGC 7788 pertenece a la asociación Casiopea OB5, una gran familia de gas y jóvenes estrellas que se encuentran a unos 7000 años luz de distancia, ocupando un área de 600 años luz de diámetro. La brillante estrella 6 Cas es la reina estelar de esta asociación, con una magnitud de 5.4. Es una supergigante blanca de tipo espectral A3 y una masa equivalente a 25 soles. El resto de cúmulos se encuentran algo más alejados de esta zona, aunque pertenecen también a los dominios del Brazo de Perseo.

Nuestra primera parada se encuentra a 2 grados y medio de Caph, marcando un extremo de esta prodigiosa hilera, y se denomina Berkeley 58, abreviado como Be 58. Es un cúmulo abierto de magnitud 9.7 que se encuentra a 8800 años luz de distancia y, con un tamaño de 11 minutos, es el mayor de cuantos vamos a ver hoy. Tiene una forma redondeada y sus estrellas, muy débiles, lo hicieron pasar desapercibido a ojos de muchos astrónomos hasta mediados de siglo XX, cuando Gösta Lynga compiló el catálogo Berkeley en la Universidad de California. Visualmente es especialmente atractivo, apareciendo primeramente como una delicada nube circular que, al prestar un poco de atención, se revela como un enjambre de diminutas luciérnagas. A bajo aumento se distinguen algunas de sus innumerables estrellas, mejorando su visión a mayores aumentos.  La estrella CG Cas es una cefeida que se encuentra en su corona, perteneciendo presumiblemente al cúmulo, gracias a lo cual podemos estimar la edad de éste en unos 100 millones de años.

Muy cerca de Be 58 podemos contemplar al llamativo NGC 7790, un cúmulo con una forma triangular que recuerda a un cometa. Las estrellas de su extremo más estrecho se encuentran mucho más agolpadas, dando un efecto nebuloso, mientras que la “cola” tiene componentes más dispersas, aunque más brillantes. Con una magnitud de 8.5, es fácilmente visible en unos prismáticos, apareciendo como una pequeña mancha de unos 5 minutos de arco de diámetro. Es un cúmulo único si atendemos a sus estrellas cefeidas, ya que se han encontrado cuatro de éstas bajo su amparo. Lo más fascinante es que dos de ellas forman un sistema binario, siendo la primera estrella doble descubierta cuyos componentes son ambos cefeidas. Recibe el nombre de CE Cas, y ambas estrellas tienen una magnitud de 11 y están separadas por 2.4 segundos de arco, lo cual corresponde a 8000 unidades astronómicas. Tienen un período de entre 4 y 5 días, variando su magnitud levemente. Si recordamos esta entrada, el periodo de las estrellas cefeidas nos informaba acerca de su magnitud absoluta, gracias a lo cual podíamos inferir su distancia, convirtiéndose así en unas de las principales candelas astronómicas, responsables de conocer la naturaleza extragaláctica de las “nebulosas espirales” en la década de los 20. El hecho de que dos cefeidas estén situadas a la misma distancia las convierte en una situación excepcional que permitirá obtener una mayor precisión en la calibración de estas candelas astronómicas. Curiosamente, NGC 7790 contiene dos cefeidas más, llamadas CF Cas y QX Cas, ambas con una variabilidad de unas pocas décimas de magnitud en un período de entre 3 y 5 días. Estas estrellas han permitido estimar la distancia del cúmulo en unos 10600 años luz, así como una edad de unos 120 millones de años.

NGC 7788 nos espera un poco más arriba, con una magnitud de 9 y un tamaño de 9 minutos de arco, adoptando una agradable forma trapezoidal que queda englobada entre cuatro estrellas más brillantes. Es algo más débil que NGC 7790, pero sus estrellas, al igual que las de su compañero, son fácilmente resolubles, al menos una veintena de ellas a bajo aumento. NGC 7788 se encuentra a 7800 años luz de distancia y sus estrellas, en su mayoría de tipo espectral B1, son extremadamente jóvenes. El siguiente cúmulo es tan pobre en estrellas que su naturaleza podría ser discutida, si bien sus estrellas parecen estar a la misma distancia y formar, al menos, una pequeña familia. Su nombre es Frolov 1, un cúmulo situado a 8350 años luz y con una magnitud de 9.2 que está compuesto por apenas una decena de estrellas dispuestas sin ninguna forma aparente. Al verlo tras el ocular por primera vez lo confundí con una zona cercana de mayor densidad de estrellas, si bien no hay ningún otro cúmulo catalogado en las cercanías. Para terminar vamos a echar un vistazo a Harvard 21, algo más llamativo que su vecino, compuesto por una veintena de estrellas muy débiles que se disponen sobre una tenue nubecilla de fondo que contribuye a aumentar la sensación de cúmulo, probablemente formada por multitud de estrellas irresolubles. Los cinco cúmulos pueden ser observados con un ocular de bajo aumento y telescopios de focal corta. En mi caso usé el ocular Panoptic de 24 mm, obteniendo 1 grado de campo de visión, con lo cual necesité hacer el dibujo en dos partes para englobar a los cinco cúmulos. Por cierto, para los aventureros que vayan a observar la zona, hay un sexto cúmulo que me pasó desapercibido en su momento, situado justo por encima de Harvard 21. Se trata de King 12, una pequeña y abigarrada familia de soles que pertenecen, junto a NGC 7788, a la asociación Casiopea OB5.

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La galaxia conejo (IC 10)

Hoy vamos a conocer a un miembro más de nuestro acogedor Grupo Local, del que ya hemos hablado en otras ocasiones y que se encuentra presidido por la Vía Láctea y la Galaxia de Andrómeda, siendo M33, la Galaxia del Triángulo, la tercera en cuanto a tamaño. La mayoría de las restantes galaxias menores se relacionan con alguna de estas galaxias principales, de manera que la del presente artículo está anclada a M31, orbitándola como la Luna a la Tierra.

Se trata de IC 10, una galaxia enana irregular cuyas últimas estimaciones la sitúan a unos 2.6 millones de años luz de distancia. Se encuentra tras una zona densamente poblada de la Vía Láctea, de manera que el brazo de Perseo dificultad su visión y disminuye en gran medida el brillo que nos llega. No obstante, siempre es agradable disfrutar de galaxias en zonas de gran riqueza estelar, e IC 10 es un buen ejemplo de ello. Pasó por alto el escrutinio celeste de los primeros grandes astrónomos que rastrearon el cielo con telescopios, siendo descubierta por Lewis Swift en 1889, descrita como “una débil estrella envuelta en una larga, débil y difusa nebulosidad”. El famoso buscador de cometas no podía imaginar la verdadera naturaleza del objeto que acababa de descubrir. En la década de los 20 se puso en evidencia su localización extragaláctica y más adelante, en 1936, Hubble sugirió que pertenecía al Grupo Local. No se pudo confirmar este dato hasta que en los 60 se midió su velocidad radial y se comprobó que la galaxia se acercaba a nosotros a unos 350 km por segundo. De esta manera no cupo duda de la pertenencia de IC 10 al Grupo Local.

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Crédito: Observatorio Lowell

IC 10 es una pequeña galaxia que apenas alcanza un diámetro de 5000 años luz, pero es, sin duda, una de las galaxias más peculiares que podemos observar en nuestro vecindario. Se trata de la única galaxia del grupo local clasificada como “Starbust Galaxy” o, traducido al castellano, galaxia de estallido estelar. Este nombre tan comercial viene a significar que está sufriendo una importante proliferación de estrellas que, a juzgar por los estudios realizados, comenzó hace unos 10 millones de años. Este dato viene apoyado por la ingente cantidad de estrellas Wolf-Rayet que campan a sus anchas por la galaxia. Estas estrellas, si recordamos otras entradas, vienen a ser astros masivos y muy jóvenes que están perdiendo materia a grandes velocidades, generando rápidos vientos que moldean su entorno como un enorme huracán. Hay más estrellas Wolf-Rayet en IC 10 que en todas las demás galaxias enanas del Grupo Local juntas, y eso es un dato indirecto más de su reciente actividad proliferativa. Para que una galaxia enana forme estrellas a tanta velocidad debe haber recibido un aporte extra de gas, pero no podemos ver ninguna galaxia a su alrededor capaz de aportar la materia prima. Un equipo de investigación está estudiando la posible hipótesis de que un encuentro con otra galaxia enana hubiera sido el responsable de esta proliferación, habiendo quedado dicha galaxia fusionada con IC 10 y, por tanto, invisible a nuestros ojos. Encontrar evidencias de esta idea no es tarea sencilla, ya que habría que estudiar el movimiento de sus estrellas y ver si siguen algún patrón característico que nos ponga en la pista de la fusión. Sin embargo, hay un dato indirecto que puede hacer pensar en este proceso. Se ha encontrado, alrededor de la galaxia, una envoltura de gas, hidrógeno neutro, de hasta 60.000 años luz de diámetro, lo cual hace pensar en que puede ser el remanente de una galaxia que fue engullida hace poco por IC 10. Esta envoltura, además, gira en sentido contrario a la galaxia, apoyando la hipótesis con más fuerza aún.

De confirmarse, esta fusión galáctica sería un importante hallazgo, ya que las grandes galaxias, como la Vía Láctea, se creen haber sido formadas por la unión de muchas pequeñas galaxias. El problema es que, para estudiar la fusión de galaxias enanas, los astrónomos tienen que usar grandes telescopios para observar estas galaxias en las épocas jóvenes del universo, añadiendo una importante dificultad (galaxias muy lejanas y que, por tanto, no muestran un gran nivel de detalle). Si supiésemos que IC 10 se acaba de tragar una galaxia enana podríamos obtener mucha más información de este proceso, estudiando de primera mano lo que ocurre con este tipo de interacción.

Pero IC 10 es una caja de sorpresas, y es que guarda en su interior una importante fuente de rayos X correspondiente a un peculiar sistema binario. En esta entrada aprendimos como una estrella doble puede originar una nova o una supernova, gracias a la acreción de materia por parte de una enana blanca. Pues bien, en estrellas muy masivas el colapso de la estrella, además de la supernova, continúa hasta producir lo que se denomina agujero negro estelar, y ése es el origen de la fuente de rayos X observada en IC 10. Lo interesante es que la estrella compañera eclipsa al agujero negro desde nuestro punto de vista, de manera que se ha podido calcular la masa de éste último, estimándose entre 24 y 33 masas solares, convirtiéndolo así en el agujero negro estelar más masivo conocido hasta el momento.

IC 10 no es difícil de encontrar, muy cerca de Caph, Beta Cassiopeiae, uno de los extremos de la constelación. Su magnitud de 10.4 no es una buena referencia a la hora de estimar la dificultad de verla, ya que posee un bajo brillo superficial y una extensión algo mayor de 5 minutos de arco. Si no fuera por el polvo interestelar que se interpone entre la galaxia y nosotros sería, sin duda, mucho más sencillo. Aun así IC 10 ya es visible a bajo aumento con el Dobson de 30 cm si la noche es buena, una pequeña nubecilla sin forma aparente al lado de dos brillantes estrellas. Relativamente alargada, su silueta es difícil de definir por lo difuso de sus bordes. A 214 aumentos la cosa va mejorando, quedando evidente una zona más brillante que marca el núcleo de la galaxia, desviado de su centro. Con visión lateral se ve con mayor facilidad, una zona más densa que corresponde a la región HII que domina el centro de la galaxia y que se aprecia fácilmente en cualquier fotografía. A esta zona se le denomina HL 111 y es el motor proliferativo de IC 10.

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Pero no es la única región HII que podemos observar, ya que, si observamos con detenimiento, podremos apreciar otra débil condensación alargada, entre tres pequeñas estrellas, que corresponde a dos cercanas regiones HII, HL 45 y HL 50. Es emocionante poder espiar nebulosas de otras galaxias y comprender que no son tan distintas a las que podemos observar, por ejemplo, en Orión o en Sagitario. Para ver esto un requisito es fundamental: un cielo oscuro y una gran transparencia, por lo cual estas noches, que comienzan a ser más frías, van convirtiéndose en las idóneas para lograrlo.

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Subiendo por las piernas de Casiopea (2ª parte)

Tras la vuelta de las vacaciones, abordamos hoy la segunda parte de esta región de la constelación de Casiopea, en la que nos centraremos en tres llamativos cúmulos abiertos que pudieran englobarse juntos en un telescopio de gran campo. Vamos a contemplar la parte más brillante del brazo de Perseo de nuestra galaxia, que recibe el nombre de Arco de Casiopea, situándose gran parte en la zona comprendida entre Ksora o Delta Cas y Epsilon Cas, dos de las brillantes estrellas que forman la “M” o “W” de la constelación.

Comenzaremos por el cúmulo más llamativo, NGC 663, que también está incluido en el catálogo Caldwell con el número 10. Es conocido también como el cúmulo de la Herradura, y no es difícil entender por qué cuando lo observamos tras el telescopio. Cuenta con unas 400 estrellas de entre 15 y 25 millones de años de edad, por lo que estamos ante un cúmulo relativamente joven, en el cual predominan estrellas de tipo espectral B, aunque se ha encontrado una estrella de tipo espectral O y dos de tipo M, gigantes rojas cuya vida se acerca a su final. Se encuentra a una distancia de unos 7000 años luz, justo por delante, al parecer, de la asociación Casiopea OB8, aunque no se descarta que pueda formar parte de dicha familia. Tiene entre sus componentes 24 estrellas de tipo Be, una interesante variedad de estrellas de espectro B que giran sobre sí mismas a gran velocidad, expeliendo una importante cantidad de gas que conforma un disco a su alrededor. Este gas es el responsable de producir líneas de emisión de Balmer, características del hidrógeno que ha sido expelido. Normalmente una estrella de tipo espectral B es rica en helio, de ahí la peculiaridad de mostrar estas líneas de hidrógeno. Además, la rápida rotación de la estrella Be produce un achatamiento de sus polos, proporcionando a muchas de estas estrellas una forma casi ovalada, como ocurre con Achernar o Alpha eridani.

Para encontrarlo no tenemos más que apuntar con nuestros prismáticos a un punto intermedio entre las dos brillantes estrellas mencionadas de Casiopea, y veremos, sin dificultad, una pequeña mancha brillante en la que, si usamos algún tipo de soporte, podremos distinguir algunas de sus principales estrellas. Con una magnitud que, según algunas estimaciones, puede alcanzar la 6.5, es visible desde cielos extremadamente oscuros a simple vista, por lo que puede ser una buena manera de poner a prueba nuestro lugar favorito de observación. Al ocular destaca como una enorme familia de estrellas que se disponen en un área de unos 15 minutos de arco de diámetro. Unas cien estrellas pueden contarse sin problema, muchas de ellas en el límite de visibilidad, conformando un fondo granujiento extremadamente delicado, mientras que dos parejas de estrellas destacan sobremanera como si fueran cuatro ojos blanquecinos. Cada una de estas parejas podría considerarse como el extremo de la herradura, extendiéndose sus compañeras más débiles formando una especie de arco. En mi caso usé tan sólo 62.5 aumentos para poder ver a los cúmulos cercanos, aunque si usamos mayores aumentos el número de estrellas aumenta vertiginosamente.

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Vamos a viajar ahora hasta su vecino cúmulo NGC 659, otra curiosa aglomeración de estrellas que se encuentra un poco más alejada del anterior, a unos 8200 años luz de distancia. Es algo más pequeño, y cuenta con 180 estrellas de joven edad también, estimándose en unos 20 millones de años. NGC 659 comparte muchas similitudes con M103, que, aunque no se describe en este artículo, se encuentra a poco más de un grado de distancia, así que nada nos impide disfrutarlo en la misma noche en que apuntemos a esta poblada región del cielo. Mide 6 minutos de arco de diámetro y su magnitud de 7.9 lo hace asequible a la visión con prismáticos, aunque puede ser tarea difícil por la presencia de la Vía Láctea como telón de fondo. Al telescopio, con 62.5 aumentos aparece como un pequeño cúmulo de estrellas, contando unas 15 de ellas, inmersas en una débil nebulosidad que no es más que el efecto de las lejanas componentes que no se pueden resolver. Al usar mayor aumento podremos resolver muchas de éstas, aunque su imagen pequeña en el mismo campo que NGC 663 es muy sugestiva, y seguramente muchos preferirán esta imagen conjunta (nada nos impide probar cada uno de los oculares que tengamos, el cúmulo no se va a mover de ahí, al menos no en los próximos millones de años).

Para terminar esta expedición vamos a mirar al otro lado de NGC 663, donde aguarda otro bonito cúmulo abierto denominado NGC 654. Se trata de una pequeña familia de entre 60 y 80 estrellas que nacieron hace unos 15-20 millones de años, edad similar a los anteriores cúmulos, lo cual hace pensar que todos han tenido un origen similar. Sus estrellas centrales, las más grandes, se encuentran en un medio interestelar muy poco denso, mientras que cierta cantidad de gas se ha podido detectar en la periferia. Esto hace pensar que el gas interestelar ha podido ser desplazado de las zonas centrales debido al viento formado por las estrellas más masivas, o bien por el efecto de una supernova que, a modo de ventiladora, haya hecho disipar gran parte del gas. Este cúmulo sufre un importante y peculiar fenómeno que se denomina extinción, básicamente consistente en que el polvo que se interpone entre sus estrellas y nosotros oscurece la imagen que llega a nuestra retina, haciendo que su color se desvíe hacia longitudes de onda rojizas. Así, se ha podido estimar la presencia de dos nebulosas intermedias a una distancia de 600 y 3000 años luz, capaces de disminuir el brillo de sus estrellas en varias magnitudes, que se encuentran a unos 7800 años luz. Otra llamativa faceta de NGC 654 es su vecindario, que comparte con una nebulosa de reflexión denominada VdB 6 (justo en la periferia del cúmulo, junto a una amarillenta estrella de magnitud 9.6) y varias nebulosas oscuras denominadas LDN 1332, LDN 1334 y LDN 1337, extremadamente débiles pero bien visibles en la espectacular fotografía de Antonio F. Sánchez, en la que se pueden apreciar sus variopintos y opacos filamentos bloqueando la luz del fondo.

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Imagen obtenida por Antonio F. Sánchez

Visualmente, NGC 654 es un bonito cúmulo abierto en el que, a bajo aumento, se distingue como un parche nebuloso de forma redondeada que acompaña a una brillante estrella, y en cuya superficie se disemina una veintena de diminutas estrellas, titilando en la lejanía. Si usamos mayores aumentos podremos apreciarlas de manera más fácil, y algunas más aparecen entre las principales estrellas, brillando tímidamente y alcanzando la treintena. Los astrónomos que dispongan de mayor abertura y cielos cristalinos podrían atreverse quizás con las nebulosas que rodean a esta familia de estrellas; para el resto, obtendremos una bella imagen si lo contemplamos con un telescopio de campo amplio, apareciendo el cúmulo junto a NGC 663, e incluso alcanzando a ver a la vez a NGC 659 si disponemos de un telescopio de gran campo. Este campo salpimentado de agrupaciones estelares es bastante común en esta época del año, y encontraremos cientos de imágenes similares si vamos a la deriva con nuestro telescopio, recorriendo la Vía Láctea en estas llamativas constelaciones que tan bien se sitúan en el cielo en los meses otoñales.

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Subiendo por las piernas de Casiopea (1ª parte)

Todos tenemos claro que los griegos tenían una imaginación extremadamente prolífica para ver figuras donde nosotros vemos estrellas. Algunas de estas constelaciones tienen una forma que recuerda a su nombre, pero hay otras que nada tienen que ver, destacando, entre otras, Casiopea, que es una antigua reina cuyo cuerpo está formado por cinco brillantes estrellas en forma de letra “M” o “W”, según cuando la observemos. Sin embargo, podemos encontrar una explicación a esa forma contorsionista. Casiopea, como ya sabemos, era la mujer del rey Cefeo, y ambos presumían de la belleza de Andrómeda, su hija, alegando que era mayor que la de las Nereidas. Nero, molesto por tal comparación, se quejó ante Poseidón, que envió a Cetus, la ballena, a destruir el reino de la pareja. La única manera de evitar al monstruo fue ofrecerle a Andrómeda como sacrificio, pero Perseo la salvó ayudado de la cabeza de Medusa. Hasta aquí, la leyenda más contada del cielo nos suena a todos, pero resulta que tras la unión de Andrómeda y Perseo, Casiopea, que buscaba el matrimonio de su hija con Fineo, mandó a cientos de guerreros para asesinar a su yerno. Éste, viéndose acorralado, sacó la cabeza de la Medusa y los petrificó a todos. No es de extrañar, pues, que los dioses castigasen a Casiopea colocándola en el cielo en una postura tan poco refinada, con las rodillas dobladas y moviéndose por el cielo con la cabeza hacia el suelo, como si estuviera zambulléndose en el agua (como escribió el poeta Arato: “nunca más volverá a reinar en un trono, pero se zambulle como un buzo con las rodillas dobladas”).

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Con la explicación mitológica a la contorsionada figura de la reina, vamos a recorrer una zona que corresponde a sus piernas, plagadas, como si fueran lunares, de decenas de cúmulos abiertos para todos los gustos. Comenzaremos en la estrella que marca su extremo, Epsilon Cassiopeiae, también denominada Segin (en la Nasa se conoce como Navi, en honor a Virgil Ivan “Gus” Grissom, uno de los astronautas que murieron en la misión Apolo I). Es una estrella de tipo espectral B3 y una magnitud de 3.38, situada a la considerable distancia de 442 años luz. A ambos lados de esta estrella se sitúan los dos objetos que vamos a ver hoy. El primero de ellos es una interesante y escurridiza nebulosa planetaria cuyo descubrimiento se atribuye a Wilhelmina Fleming, la primera mujer en dedicarse a la astronomía de manera profesional. Trabajó para Edward Charles Pickering y catalogó más de 10.000 estrellas en función de su tipo espectral, descubriendo además numerosas estrellas variables y nebulosas, destacando entre estas últimas IC 434, más conocida como la Nebulosa de la Cabeza de Caballo.

La nebulosa planetaria a la que nos referimos ahora es IC 1747, una pequeña planetaria de apenas 20 segundos de arco de diámetro que se encuentra a unos 30 minutos de Epsilon Cas, por lo que seguramente nos deslumbrará al principio cuando intentemos buscarla. Tiene una magnitud visual de 12, que sumado a su pequeño tamaño le proporciona un brillo superficial elevado. Su estrella central brilla con una magnitud de 15.8, situándola fuera de nuestro alcance, ya que la dificultad es aún mayor por el hecho de estar arropada por un fondo gaseoso. Se encuentra a 9600 años luz de nosotros y a unos 35.000 años luz del centro galáctico, no habiendo más datos de interés en los artículos publicados, que son muy escasos. Su forma, como tantas otras planetarias, es anular, con unos borde gruesos más marcados en dos lados opuestos.

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La primera vez que la observé la encontré con facilidad gracias a su cercana localización a la brillante estrella, apareciendo a bajo aumento como una estrella desenfocada. Al usar el ocular de 5 mm, a 300 aumentos, pude observar un bonito disco redondeado con bordes bien definidos. Por entonces no conocía su estructura, y tras varios minutos observándola me sorprendió notar, durante varios segundos, un agujero oscuro en su interior. Sorprendido, busqué entre mis apuntes a ver si tenía algo anotado sobre ella, pero sólo indicaba su nombre y su posición, así que volví al ocular. Cuando mis ojos se adaptaron nuevamente a la oscuridad comprobé que no me había equivocado, adquiriendo la nebulosa un aspecto anular tremendamente atractivo, con unos bordes más gruesos de lo que suele ser habitual en estas nebulosas. Sonriendo, la dibujé con paciencia, y cuanto más tiempo pasaba mirándola más fácilmente notaba ese anillo engrosado. La contemplé una vez más antes de irme, observando esa esfera de gas entre tantas otras estrellas, estrellas que tarde o temprano seguirán el mismo camino que su compañera.

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Cogí el atlas y comprobé que muy cerca, al otro lado de Epsilon Cas, había un cúmulo abierto, así que me fui directamente hacia él. Se trata de NGC 637, un cúmulo situado a unos 7000 años luz de distancia y compuesto por unas 30 estrellas de edad relativamente joven, contando tan sólo con 10 millones de años de vida. La nebulosa que les vio nacer ya se ha disipado, pero las estrellas persisten unidas entre sí en un espacio de unos 10 años luz de diámetro. Es rico en estrellas variables cefeidas, las estrellas que nos permitieron comenzar a intuir la verdadera envergadura del cosmos, como comentábamos en esta entrada. NGC 637 es un cúmulo pequeño, que no llega a los 5 minutos de arco de diámetro, y sus estrellas más brillantes adoptan la forma del número “2” mirando hacia abajo, con unas 12 estrellas más brillantes y algunas otras asomando tímidamente entre el resto.

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Enlaces relacionados a la galería del Nido del Astrónomo:

-Nebulosas planetarias-

-Cúmulos abiertos-