Algodón en Casiopea (NGC 278)

Si por algo es famosa Casiopea es por sus cúmulos abiertos, así que siempre es de agradecer la presencia de una galaxia brillante como NGC 278:

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Cuando la apunté en la lista no pensé que sería tan interesante de observar. NGC 278 es una galaxia de tipo SAB, a pesar de lo cual la mayoría de los autores coinciden en que no presenta ninguna barra interna. Es una espiral que vemos completamente de frente, descubierta por William Herschel en 1786. Sin embargo, cuenta entre sus méritos con uno más destacado, y es que fue una de las espirales de Lord Rosse: en una época en la que no se conocía la existencia de galaxias, Lord Rosse, armado con su Leviatán de 72 pulgadas de diámetro, describió la presencia de algunas nebulosas con una estructura en espiral. M51 o M101 son algunas de las más conocidas, pero también registró otras más débiles como es el caso de NGC 278. Su distancia se estima en unos 38 millones de años y su tamaño es pequeño, alcanzando apenas un diámetro de 23.000 años luz. Otra de las peculiaridades de esta galaxia es que presenta una importante tasa de proliferación estelar que se dispone formando un anillo de unos 5.000 años luz de diámetro. Esta estructura suele verse en espirales barradas, por lo que su presencia en NGC 278 es algo difícil de explicar. La proliferación estelar se disparó hace pocos millones de años, probablemente debido a la fusión con una pequeña galaxia rica en gas. Esa fue probablemente una de las últimas “comidas” de la galaxia, pues se encuentra en una región del espacio especialmente vacía, siendo su vecina más cercana UGC 672, distando de ella unos 2 millones de años luz.

NGC 278 es una galaxia brillante, con una magnitud de 11.5, visible por tanto con la mayoría de telescopios. Se encuentra lindando con Andrómeda, al lado de las conocidas NGC 147 y NGC 185. El aspecto de NGC 278, nada más asomarnos al ocular, es el de una esfera de unos 2 minutos de arco y núcleo brillante de aspecto casi estelar. Cuando la observé por primera vez me pareció estar contemplando un lejano cúmulo globular, porque ante mi sorpresa su superficie no  parecía perfectamente homogénea. Escribí al lado del dibujo “a veces se ven pequeñas condensaciones que parecen estrellas borrosas”, y efectivamente es algo que muchos observadores destacan de esta galaxia. Una de estas condensaciones ocupaba el borde septentrional de la galaxia, mientras que otra de las más destacadas se situaba hacia el noroeste, ambas correspondiendo a brillantes regiones HII que en fotografías se aprecian sin ningún problema (especialmente la primera de ellas). No pude observar su estructura espiral, así que habrá que hacerle una nueva visita cuando las condiciones sean mejores.

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Color esmeralda (IC 289)

El objeto que nos ocupa pertenece a la constelación de Casiopea, si bien se sitúa extremadamente cerca de la Jirafa, tanto que la mejor estrella que podemos tomar como referencia para encontrarlo es CS Cam, una supergigante blanco-azulada que se encuentra a 2.000 años luz de distancia (y que, por cierto, acabará sus días en forma de una brillante supernova). En la siguiente fotografía podemos apreciar nuestro destino de hoy:

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Se trata de IC 289, una bonita nebulosa planetaria que dista de nosotros unos 4.200 años luz y que fue descubierta por Lewis Swift en 1888. En la imagen del Hubble podemos apreciar que tiene dos capas claramente distintas, una interna más brillante y un halo exterior redondeado y tenue. La región externa representa una de las primeras “exhalaciones” de la estrella, mientras que el óvalo interno fue expulsado a posteriori, destacando en este una especie de protuberancia que parece una burbuja a punto de escapar. Llama la atención la intensa tonalidad verdosa que domina la imagen, lo cual es debido a la presencia de oxígeno ionizado. Este tipo de gas ya se detectó en 1860 mediante espectroscopia, pensándose que sus líneas de emisión indicaban la presencia de un nuevo elemento químico. Sin embargo, poco después se llegó a la conclusión de que el gas no era otro que el oxígeno, que debido a la intensa radiación ultravioleta de la estrella central se ionizaba, emitiendo luz en una longitud de onda determinada, en torno a los 500 nm. La radiación de esta longitud de onda impregna nuestra retina y nos hace percibirla de color verde, y de ahí que IC 289, como tantas otras nebulosas planetarias, sea tan brillante en esta tonalidad. El filtro OIII, por cierto, es restrictivo para la mayoría de la radiación excepto para la longitud de onda en torno a los 500 nm, motivo por el cual las planetarias parecen resucitar cuando usamos este tipo de filtros.

Cuando apuntemos nuestros telescopios a IC 289 no seremos capaces de admirar el espectáculo que nos ofrece la primera fotografía, pero aun así esta nebulosa no deja de ser un interesante objeto. Presenta un diámetro de unos 35 segundos de arco y una magnitud en torno a 13, por lo cual necesitaremos cielos oscuros y aperturas de al menos 20 cm. Con mi Dobson de 30 cm, una vez encontrada su ubicación, no fui capaz de distinguir ningún atisbo de luz nebulosa, tan sólo un campo de estrellas en la que destacaba BD +60 0631, un astro de la décima magnitud. Por momentos, tras varios minutos de adaptación me parecía notar algo raro  allí donde debería estar la pequeña nube, y entonces me decidí a probar el filtro OIII, apareciendo la planetaria ante mí como por arte de magia. Se dejaba ver como una tenue esfera fantasmal que desaparecía rápidamente con visión directa. No llegué a ver la estrella central, extremadamente débil incluso para telescopios de gran apertura, pero este tipo de objetos tiene algo especial, aunque no muestren más que una lejana y etérea nube a nuestros ojos: probablemente se deba a que nos enseñan que el universo no es un lienzo inerte sino un hervidero rebosante de vida; vida que, como todo, debe terminar algún día.

IC 289

M103 y algunas dobles

Vamos a descansar un poco de globulares en Ofiuco para observar otro tipo de objeto, un cúmulo abierto que se encuentra en la poblada constelación de Casiopea. Nos referimos a M103, una de las últimas entradas del catálogo Messier y un objeto que fue descubierto por su compañero, Pierre Méchain, en 1781.

Lo observé hace unas semanas aprovechando que desde mi terraza se había quedado un cielo relativamente decente. Pensé entonces en sacar el refractor de 102 mm y echar un vistazo, además de observar algunas estrellas dobles, algo que siempre es agradecido a pesar de la contaminación lumínica. Encontrar M103 no supuso ningún problema, visible con prismáticos al lado de delta Cassiopeiaiae o Ruchabh, una binaria eclipsante que forma parte de la conocida figura de Casiopea (sus eclipses ocurren cada 2 años, variando su magnitud de la 2.68 a la 2.74). M103 es uno de los cúmulos abiertos más lejanos que podemos observar con un telescopio pequeño, situado a  una distancia de entre 8.500 y 10.000 años luz. Se han confirmado algo más de 70 estrellas, si bien otras muchas se encuentran superpuestas por perspectiva, dispersas sobre un área de unos 6 minutos de arco de diámetro, que corresponden a unos 15 años luz a la distancia estimada. Dos estrellas llaman la atención en este cúmulo: Struve 131, un sistema binario formado por la estrella más brillante del campo (magnitud 7.3), que presenta una compañera de magnitud 10.5 separada por 13 segundos de arco. Esta estrella doble no pertenece realmente al cúmulo, a diferencia de la gigante roja que ocupa el centro del cúmulo, una estrella de magnitud 10.8 y tipo espectral M6, visible con facilidad a través del telescopio.

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Debo confesar que no conozco más de diez estrellas dobles, mi fascinación por el cielo profundo me ha llevado a descuidar este tipo de objetos, a pesar de lo cual disfruto de ellas cuando se me presenta la oportunidad. Esa noche, desde el patio trasero de mi casa, decidí conocer algunas más, usando para ello la opción que viene integrada en la montura que muestra las principales estrellas dobles que se pueden ver. Mi lista de esa noche, escueta, se basó en las siguientes:

-Sigma Cassiopeiae: este sistema se encuentra a unos 5.000 años luz de la Tierra, formado por dos estrellas de tipo espectral B y magnitudes de 5.01 y 7.24. La primaria brilla con un tono amarillo pálido, mientras que la secundaria aparece blanca, separada de su compañera por unos 3 segundos de arco. A  90 aumentos pude separarlas sin ningún problema, aunque supongo que bajo una noche turbulenta puede resultar más complicado.

-Eta Cassiopeiae: también conocida como Achird, esta estrella está compuesta por dos componentes de magnitudes 3.44 y 7.51. La principal es de tipo espectral G, con un tamaño y temperatura muy similar a nuestro  Sol. La secundaria, de tipo espectral K, es más débil y brilla con una tonalidad rojiza, marronácea, que contrasta con su dorada compañera. Fueron descubiertas p por William Herschel en 1779 y completan una órbita completa en 480 años.

-Nu Draconis es una de esas estrellas dobles que se pueden definir como gemelas. Ambas estrellas blanquecinas brillan con una magnitud de 4.88 y se encuentran a casi 100 años luz de distancia. Los 6 segundos de arco que hay entre ellas convierten su separación en algo sencillo incluso a bajo aumento.

-Alfa Ursae minoris: conocida más popularmente como la estrella Polar, es una estrella doble que se encuentra a 431 años luz de nosotros. La principal, una supergigante amarilla, reluce con un brillo en torno a la segunda magnitud. A su alrededor orbita una cercana estrella invisible a instrumentos visuales (una doble espectroscópica), aunque sí podremos ver otra compañera más lejana, situada a 18 segundos de arco, que brilla con magnitud 8. Se encuentran separadas por 2.400 unidades astronómicas (unos 350.000 millones de km).

Burbujas y medusas cósmicas (Abell 6 y HFG1)

El 14 de marzo salió publicada en AAPOD2 una fotografía que me cautivó y me obligó a mirar al cielo buscando algún retazo de lo que pudiera ver. La fotografía en cuestión es ésta, de Frank Iwaszkiewicz:

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En ella podemos ver dos protagonistas indiscutibles, ambas nebulosas planetarias pero muy distintas entre sí. Abell 6, la pequeña que vemos a la derecha, fue la única que vi, y realmente es la excusa que utilicé para hablar sobre la otra, mucho más interesante y fuera de lo habitual. Ambas se encuentran en la constelación de Casiopea, muy cerca de los límites con Draco. Abell 6, también conocida como PK 136+4.1, es una nebulosa planetaria relativamente joven, que aparece con la habitual forma de burbuja cósmica de un color azulado verdoso, característico del oxígeno ionizado. Presenta algunas irregularidades en su zona central, pero llama la atención la perfección de sus bordes, que se muestran ligeramente engrosados. De la enana blanca que ocupa su centro apenas podemos atisbar un tenue reflejo.

Sin embargo, la otra planetaria llama poderosamente nuestra atención. Su nombre ya es peculiar, ya que se conoce como HFG1, en honor a Heckerthorn, Fesen y Gull, sus descubridores en 1982 (también se denomina PK 136+0.5). Su estrella precursora es V664, de magnitud 14.5, un tipo de estrella denominada binaria precataclísmica, formada por dos estrellas que giran a distancias cada vez más cercanas. Una de ellas es una enana blanca, mientras que la otra es una gigante roja, y completan un giro completo en apenas 14 horas, lo cual da una idea de su proximidad. Fuertes vientos en la zona condicionan la pérdida de abundante gas por parte de la gigante roja, y esto, añadido al hecho de la gran velocidad a la que recorre el medio interestelar, ha propiciado la formación de su elemento más característico. Como se puede apreciar en fotografías de larga exposición, HFG1 va dejando tras de sí un reguero de gas ionizado, una estela de material que se desprende al paso de la estrella como la cola de un enorme cometa. Serpentea a lo largo de unos 20 minutos de arco de longitud, como una víbora rojiza en cuya cabeza se encuentra la porción principal de la planetaria. Podemos apreciar un arco bien definido en uno de los lados de la nebulosa, el frente de choque que nos informa de la dirección hacia la cual se mueve este portento cósmico.

Estos objetos son especialmente interesantes en fotografías de larga exposición, aunque que su bajo brillo superficial los reserva para grandes telescopios y cielos especialmente oscuros. Desde mi lugar de observación habitual me enfrasqué en su búsqueda hace un mes, con Casiopea ya perdiéndose hacia el horizonte, pero quería conocer lo que podía ver antes de que descendiera demasiado. Encontré fácilmente la posición de Abell 6, aunque verla no fue tan sencillo. Tuve que ubicarla perfectamente, en medio de un pequeño triángulo de estrellas, y luego estuve bastante rato intercambiando oculares, probando con los filtros OIII y UHC. Finalmente, con el Hyperion de 13 mm y el filtro OIII conseguí intuir algo, vagamente al principio, aunque con un poco de persistencia pude llegar a apreciar la fantasmagórica forma redondeada de Abell 6. Resoplé aliviado y descansé la vista, dispuesto a afrontar la observación de HFG1. Sin embargo, he de admitir que se me resistió. La constelación se estaba sumergiendo en el hongo luminoso de la periferia de Granada, con lo cual tuve que darme por vencido. Sin embargo, ya está en mi lista de segundas oportunidades, porque estoy seguro de que está al alcance de un Dobson de 12 pulgadas. Solamente hay que buscarla cuando ocupe el lugar más alto del cielo y más lejos aún de cualquier fuente de contaminación lumínica. El otoño que viene habrá que intentarlo nuevamente.

Abell 6

Impostor cometario (M52)

Los límites entre Cefeo y Casiopea se encuentran poblados por multitud de cúmulos abiertos y nebulosas, correspondientes al rico brazo galáctico de Perseo. Entre ellos figura uno de sobra conocido por los aficionados, visible incluso desde ciudades contaminadas. Se trata de M52, un cúmulo abierto descubierto por Charles Messier en 1774 y que linda con algunas maravillas celestes como son NGC 7635 (la Nebulosa de la Burbuja) o NGC 7538. M52, también conocido como NGC 7654, es un cúmulo abierto inmerso en el plano galáctico. Esta localización hace prácticamente imposible conocer con exactitud su distancia, de manera que hay estudios que lo sitúan a 3.000 años luz mientras que otros lo hacen a más de 7.000  años luz.

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Es una familia cuyos miembros se han contabilizado en 193 componentes, con una edad estimada en unos 35 millones de años, de manera que es relativamente joven. Se ha comprobado que sus estrellas se han ido formando en tandas y de manera secuencial, naciendo primero las de menor masa. M52 tiene un diámetro aparente de 13 minutos de arco. Si tomamos como distancia real unos 5.000 años luz, tendría un diámetro de unos 19 años luz: no presenta una densidad especialmente elevada, en sus regiones más internas tiene una concentración de 3 estrellas por cada pársec cúbico (un pársec es algo más de 3 años luz), no mucho más que en las inmediaciones de nuestro sistema solar.

Con M52 podemos comprender perfectamente el motivo que llevó a Messier a realizar su lista de objetos. A bajo aumento presenta una forma triangular que podríamos definir como cometaria, con una brillante estrella anaranjada que, anclada en un vértice, simularía a la perfección el núcleo del cometa. Conforme usamos mayores aumentos podemos apreciar que el cometa está conformado por multitud de estrellas, decenas de ellas, brillando al unísono como pequeños granos de diamante. Para disfrutar de M52 decidí probar el Maksutov-Cassegrain de 127 mm y f/12, usando el ocular Explore Scientific de 14 mm. M52 cabía perfectamente en el campo, ocupando la región central. Su forma triangular se apreciaba con claridad y me resultó curioso que sus estrellas, perfectamente puntuales, no tenían un brillo muy elevado, aunque en conjunto transmitían una fuerza considerable. La brillante estrella anaranjada, SAO 20606, destacaba sobre el resto, ocupando el vértice del cúmulo. Con una magnitud de 8 y un tipo espectral F, añadía un interesante punto visual que contrastaba con el resto de estrellas, poniendo un broche de oro a un objeto adecuado para todos los públicos (e instrumentos).

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El grupo Maffei (1ª parte)

Hoy vamos a comenzar un excitante viaje por uno de los grupos galácticos más cercanos a nosotros y, al mismo tiempo, uno de los menos conocidos. Estamos hablando del grupo Maffei, una familia de una veintena de galaxias que quedan parcialmente ocultas por la Vía Láctea, motivo por el que han pasado desapercibidas hasta hace unas pocas décadas. Fue en 1967 cuando Paolo Maffei, escudriñando el cielo en longitud de onda infrarroja, vio dos objetos que, en la constelación de Casiopea, brillaban intensamente, apenas visibles en longitud de onda visual. Bautizó a las fuentes de infrarrojo como Maffei 1 y Maffei 2, y pocos años después se conoció su verdadera naturaleza, dos galaxias que parecían estar muy cerca de nuestra propia galaxia. Previamente Sharpless las había detectado, aunque pensó que eran nebulosas de emisión, por lo que las denominó Sh2-191 y Sh2-197 (pasaban altamente desapercibidas al compartir parcela celeste con la archiconocida y deslumbrante Nebulosa del Corazón o IC 1805). A finales del siglo XX, el estudio en otras longitudes de onda permitió observar estas galaxias a través del polvo de la Vía Láctea, que hasta entonces había actuado como un turbio telón, y así es como llegamos a conocer a estas vecinas con las que compartimos algo más que la mera geografía. Se comprobó que no vagaban solas por el espacio, sino que compartían vuelo con otra galaxia espiral, IC 342, así como diversas galaxias de menor tamaño (Dwingeloo 1, 2, NGC 1560 o NGC 1569 son algunos otros de sus principales componentes). Hoy en día se conocen 24 galaxias en esta familia, que parecen disponerse en dos subgrupos, el subgrupo de IC 342 y el de Maffei 1, siendo éste último el que se encuentra oculto por mayor densidad de polvo galáctico. En la siguiente imagen, captada en IR, podemos apreciar a Maffei 1 y Maffei 2 muy cerca de IC 1805. Maffei 1 es esa mancha elongada y difusa, de color azulado, que ocupa el centro de la imagen a la izquierda. Maffei 2 aparece como una nube más blanquecina y alargada justo arriba.

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El estudio del movimiento de Maffei 1 e IC 342 llevó a la conclusión de que habían estado en contacto con M31, la galaxia de Andrómeda, hace entre 5000 y 8000 millones de años luz, poco después de la formación del Grupo Local, y fueron expulsadas velozmente a raíz de dicho encuentro. Estos datos provocaron un cambio a la hora de concebir la relación entre la Vía Láctea y M31, ya que se habían usado ambas galaxias como pilares para explicar la evolución del Grupo Local. Sin embargo, al aparecer el grupo Maffei en escenario la situación cambió, de manera que habría que estudiar preferentemente la relación entre las cuatro galaxias principales, ya que el acercamiento de Andrómeda a la Vía Láctea podría deberse, en mayor o menor medida, a la interacción con Maffei 1 e IC 342. Vemos así que existe una gran interrelación en el cosmos, que se asemeja más a un océano lleno de corrientes que a un vacío estático.

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Maffei 1 es la galaxia elíptica gigante más cercana al Grupo Local, situándose a unos 10 millones de años luz. Es una galaxia que alcanza los 75.000 años luz de diámetro, la mitad que la Vía Láctea, y está formada por estrellas de baja metalicidad, lo cual indica una edad avanzada, como la mayoría de galaxias elípticas. Cerca de su núcleo, sin embargo, se hace evidente cierto proceso de proliferación estelar que ha tenido lugar en los últimos 100 millones de Foto Maf 1.jpgaños, si bien no es más que un suspiro de aire fresco en una residencia de ancianos. Todo apunta a que tiene una gran cantidad de cúmulos globulares, como la mayoría de las galaxias elípticas, habiéndose estimado su número en unos 1100, si bien es extremadamente difícil apreciarlos debido a las interferencias con nuestra propia galaxia. La extinción, el “ocultamiento” por la Vía Láctea, se ha estimado en unas 4.7 magnitudes, de manera que si estuviera situada en otro lugar más limpio de gas y polvo brillaría con una magnitud cercana a 7, destacando sobre la mayoría de galaxias. Así, el tamaño que presenta en visual es de apenas 2 minutos de arco de longitud, mientras que si la observamos en infrarrojo ocupa un área de 23 minutos de arco de diámetro, tres cuartas partes de la luna llena. A la hora de observar Maffei 1 con nuestros telescopios tenemos que tener en cuenta que es pequeña y débil, con un bajo brillo superficial, estando camuflada en un grupito de estrellas que reciben el nombre de Czernik 11, un discreto cúmulo abierto en el que contamos 7 u 8 componentes. Y allí, entre el rombo que forman sus principales estrellas, veremos el núcleo de Maffei 1, luchando por dejarse ver tras el telón de la Vía Láctea. Teniendo en cuenta que es un objeto de pequeño tamaño, será mejor usar oculares de gran aumento. En el Dobson de 30 cm el que mejor resultado me proporcionó fue el Cronus de 7 mm, con 214 aumentos, de manera que oscurecía un poco más el fondo y permitía obtener un mejor contraste, dejándose ver esa nubecilla ovalada y tenue, especialmente con visión periférica.

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Maffei 2 es harina de otro costal… Se sitúa más lejos que Maffei 1, a unos 16 millones de años luz, y es una bonita espiral barrada que me recuerda enormemente a M109. Presenta dos prominentes brazos que nacen en los extremos de su barra central y que brillan extremadamente en el infrarrojo, mostrando una bárbara proliferación estelar. De hecho, Maffei 2 es la galaxia de brote estelar (starbust) más cercana a nosotros, una galaxia joven repleta de regiones HII y grandes cúmulos de estrellas. Esta proliferación podría deberse a una posible interacción en el pasado con alguna de las múltiples enanas que pueblan la zona, aunque en el momento actual no muestre signos de fusión reciente.

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Maffei 1 era distinguible con pequeños telescopios, incluso con uno de 10 cm bajo un cielo oscuro, pero Maffei 2 no nos lo pondrá tan fácil. Su escaso brillo puede hacernos temblar, ya que se le atribuye una magnitud de 16, aunque al ser pequeña y densa nos facilitará (levemente) la tarea. Se encuentra cerca de Maffei 1, y para atisbarla necesitaremos conocer con total precisión su posición, así como tener conciencia de que roza lo invisible. La mínima apertura necesaria ronda los 30 cm y, además, el cielo tiene que ser de los más oscuros que podamos soñar en la Península. En mi caso la observé desde el Puerto de Blancares, una oscura zona a 40 minutos de Granada que siempre me ha permitido ver objetos verdaderamente débiles. Me sorprendió poder distinguir a Maffei 2 con relativa facilidad, usando la visión periférica, apenas como una difusa y minúscula nube, recordándome su visión a PGC 16865, la lejana galaxia que aparece inmersa en NGC 1807. Sin embargo, PGC 16865 se encuentra a 246 millones de años luz mientras que Maffei 2 está a tan solo 16 millones. Imaginemos por un momento la cantidad de materia que se interpone entre nosotros y Maffei 2 para que ambas galaxias parezcan similares… De hecho, esta galaxia se encuentra aún más enturbiada que Maffei 1, oscurecida en 5.7 magnitudes, por lo que no es de extrañar que haya sido descubierta a finales del siglo pasado.

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*En el siguiente enlace podéis leer más sobre la estructura y composición de este grupo, con detalles sobre cada una de las galaxias que lo forman:

http://iopscience.iop.org/article/10.1086/313255/pdf

Buscando líneas en Stock 2

Cada día, miles de personas apuntan con sus prismáticos al Cúmulo Doble de Perseo y se dejan maravillar por esas familias de estrellas que parecen bullir en la distancia. Sin embargo, muy cerca nos aguarda una sorpresa, la presencia de otro cúmulo abierto tan amplio que, para disfrutar de él, tendremos que verlo con prismáticos, ya que cualquier telescopio pasará por alto esa disgregada agrupación de estrellas que parecerían más bien una densa región de la Vía Láctea. Se trata de Stock 2, también conocido como el cúmulo del hombre musculoso, por la forma que adoptan sus estrellas.

Haciendo un poco de historia, el cúmulo fue descubierto por Jürgen Stock, un astrónomo alemán que fue a trabajar a Chile, siendo el primer director del observatorio Cerro Tololo, reconocido hoy a nivel mundial. Además de conseguir muchos otros logros, elaboró una lista de 24 cúmulos abiertos a los que puso su nombre. Unos pocos ya eran conocidos, pero la mayoría habían pasado desapercibidos por la dispersión de sus componentes. Stock 2 se sitúa a apenas 2 grados del Cúmulo Doble, aunque en realidad está bastante más cerca de nosotros, a unos 1000 años luz de distancia, perteneciendo a la Rama de Orión, ese “pequeño brazo” en el que nos encontramos nosotros también. Su descubrimiento, a mitad de los años 50, se pudo confirmar observando el espectro de las estrellas, la mayoría de las cuales son de tipo A, y colocándolas en un diagrama de Hertzsprung-Russell se comprobó un comportamiento similar en todas ellas. Stock 2 se encuentra velado por una gran cantidad materia interestelar, responsable de una extinción que disminuye su magnitud en 1.5, de manera que si su localización fuera distinta podría llegar a brillar con una magnitud de 3. Podría parecer que Stock 2, un objeto de magnitud 4.4, debería ser fácil de ver a simple vista, pero no nos dejemos engañar, necesitaremos un cielo muy oscuro para verlo sin problema, ya que se extiende por más de un grado de cielo, más de dos veces el diámetro de la luna. Sus estrellas son débiles, encontrándose la mayoría de ellas rondando las magnitudes 11 y 12, si bien las principales estrellas que delimitan su forma son, al menos, casi dos magnitudes más brillantes.

A lo largo de los 25 años luz que mide Stock 2 se han contabilizado casi 200 estrellas, si bien no podremos aspirar a ver tantas cuando nos asomemos con unos prismáticos. Con un telescopio perderíamos la cuenta con facilidad pero, como decíamos al principio, perdería “la gracia” a no ser que usemos un telescopio de campo amplio. Lo observé con mis prismáticos TS APO 22×100 mm, apareciendo ante mis ojos una multitud de débiles estrellas que se entremezclaban formando líneas aparentemente azarosas, confluyendo en el centro. Dos de estas alineaciones marcan las piernas del hombre musculoso, mientras que la zona central señala el torso. La cabeza y los brazos están formados por otras franjas menos definidas en el centro del cúmulo, sumando aproximadamente un centenar de estrellas en este curioso objeto.

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