Burbujas y medusas cósmicas (Abell 6 y HFG1)

El 14 de marzo salió publicada en AAPOD2 una fotografía que me cautivó y me obligó a mirar al cielo buscando algún retazo de lo que pudiera ver. La fotografía en cuestión es ésta, de Frank Iwaszkiewicz:

Foto Abell 6.jpg

En ella podemos ver dos protagonistas indiscutibles, ambas nebulosas planetarias pero muy distintas entre sí. Abell 6, la pequeña que vemos a la derecha, fue la única que vi, y realmente es la excusa que utilicé para hablar sobre la otra, mucho más interesante y fuera de lo habitual. Ambas se encuentran en la constelación de Casiopea, muy cerca de los límites con Draco. Abell 6, también conocida como PK 136+4.1, es una nebulosa planetaria relativamente joven, que aparece con la habitual forma de burbuja cósmica de un color azulado verdoso, característico del oxígeno ionizado. Presenta algunas irregularidades en su zona central, pero llama la atención la perfección de sus bordes, que se muestran ligeramente engrosados. De la enana blanca que ocupa su centro apenas podemos atisbar un tenue reflejo.

Sin embargo, la otra planetaria llama poderosamente nuestra atención. Su nombre ya es peculiar, ya que se conoce como HFG1, en honor a Heckerthorn, Fesen y Gull, sus descubridores en 1982 (también se denomina PK 136+0.5). Su estrella precursora es V664, de magnitud 14.5, un tipo de estrella denominada binaria precataclísmica, formada por dos estrellas que giran a distancias cada vez más cercanas. Una de ellas es una enana blanca, mientras que la otra es una gigante roja, y completan un giro completo en apenas 14 horas, lo cual da una idea de su proximidad. Fuertes vientos en la zona condicionan la pérdida de abundante gas por parte de la gigante roja, y esto, añadido al hecho de la gran velocidad a la que recorre el medio interestelar, ha propiciado la formación de su elemento más característico. Como se puede apreciar en fotografías de larga exposición, HFG1 va dejando tras de sí un reguero de gas ionizado, una estela de material que se desprende al paso de la estrella como la cola de un enorme cometa. Serpentea a lo largo de unos 20 minutos de arco de longitud, como una víbora rojiza en cuya cabeza se encuentra la porción principal de la planetaria. Podemos apreciar un arco bien definido en uno de los lados de la nebulosa, el frente de choque que nos informa de la dirección hacia la cual se mueve este portento cósmico.

Estos objetos son especialmente interesantes en fotografías de larga exposición, aunque que su bajo brillo superficial los reserva para grandes telescopios y cielos especialmente oscuros. Desde mi lugar de observación habitual me enfrasqué en su búsqueda hace un mes, con Casiopea ya perdiéndose hacia el horizonte, pero quería conocer lo que podía ver antes de que descendiera demasiado. Encontré fácilmente la posición de Abell 6, aunque verla no fue tan sencillo. Tuve que ubicarla perfectamente, en medio de un pequeño triángulo de estrellas, y luego estuve bastante rato intercambiando oculares, probando con los filtros OIII y UHC. Finalmente, con el Hyperion de 13 mm y el filtro OIII conseguí intuir algo, vagamente al principio, aunque con un poco de persistencia pude llegar a apreciar la fantasmagórica forma redondeada de Abell 6. Resoplé aliviado y descansé la vista, dispuesto a afrontar la observación de HFG1. Sin embargo, he de admitir que se me resistió. La constelación se estaba sumergiendo en el hongo luminoso de la periferia de Granada, con lo cual tuve que darme por vencido. Sin embargo, ya está en mi lista de segundas oportunidades, porque estoy seguro de que está al alcance de un Dobson de 12 pulgadas. Solamente hay que buscarla cuando ocupe el lugar más alto del cielo y más lejos aún de cualquier fuente de contaminación lumínica. El otoño que viene habrá que intentarlo nuevamente.

Abell 6

Impostor cometario (M52)

Los límites entre Cefeo y Casiopea se encuentran poblados por multitud de cúmulos abiertos y nebulosas, correspondientes al rico brazo galáctico de Perseo. Entre ellos figura uno de sobra conocido por los aficionados, visible incluso desde ciudades contaminadas. Se trata de M52, un cúmulo abierto descubierto por Charles Messier en 1774 y que linda con algunas maravillas celestes como son NGC 7635 (la Nebulosa de la Burbuja) o NGC 7538. M52, también conocido como NGC 7654, es un cúmulo abierto inmerso en el plano galáctico. Esta localización hace prácticamente imposible conocer con exactitud su distancia, de manera que hay estudios que lo sitúan a 3.000 años luz mientras que otros lo hacen a más de 7.000  años luz.

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Es una familia cuyos miembros se han contabilizado en 193 componentes, con una edad estimada en unos 35 millones de años, de manera que es relativamente joven. Se ha comprobado que sus estrellas se han ido formando en tandas y de manera secuencial, naciendo primero las de menor masa. M52 tiene un diámetro aparente de 13 minutos de arco. Si tomamos como distancia real unos 5.000 años luz, tendría un diámetro de unos 19 años luz: no presenta una densidad especialmente elevada, en sus regiones más internas tiene una concentración de 3 estrellas por cada pársec cúbico (un pársec es algo más de 3 años luz), no mucho más que en las inmediaciones de nuestro sistema solar.

Con M52 podemos comprender perfectamente el motivo que llevó a Messier a realizar su lista de objetos. A bajo aumento presenta una forma triangular que podríamos definir como cometaria, con una brillante estrella anaranjada que, anclada en un vértice, simularía a la perfección el núcleo del cometa. Conforme usamos mayores aumentos podemos apreciar que el cometa está conformado por multitud de estrellas, decenas de ellas, brillando al unísono como pequeños granos de diamante. Para disfrutar de M52 decidí probar el Maksutov-Cassegrain de 127 mm y f/12, usando el ocular Explore Scientific de 14 mm. M52 cabía perfectamente en el campo, ocupando la región central. Su forma triangular se apreciaba con claridad y me resultó curioso que sus estrellas, perfectamente puntuales, no tenían un brillo muy elevado, aunque en conjunto transmitían una fuerza considerable. La brillante estrella anaranjada, SAO 20606, destacaba sobre el resto, ocupando el vértice del cúmulo. Con una magnitud de 8 y un tipo espectral F, añadía un interesante punto visual que contrastaba con el resto de estrellas, poniendo un broche de oro a un objeto adecuado para todos los públicos (e instrumentos).

m52

 

El grupo Maffei (1ª parte)

Hoy vamos a comenzar un excitante viaje por uno de los grupos galácticos más cercanos a nosotros y, al mismo tiempo, uno de los menos conocidos. Estamos hablando del grupo Maffei, una familia de una veintena de galaxias que quedan parcialmente ocultas por la Vía Láctea, motivo por el que han pasado desapercibidas hasta hace unas pocas décadas. Fue en 1967 cuando Paolo Maffei, escudriñando el cielo en longitud de onda infrarroja, vio dos objetos que, en la constelación de Casiopea, brillaban intensamente, apenas visibles en longitud de onda visual. Bautizó a las fuentes de infrarrojo como Maffei 1 y Maffei 2, y pocos años después se conoció su verdadera naturaleza, dos galaxias que parecían estar muy cerca de nuestra propia galaxia. Previamente Sharpless las había detectado, aunque pensó que eran nebulosas de emisión, por lo que las denominó Sh2-191 y Sh2-197 (pasaban altamente desapercibidas al compartir parcela celeste con la archiconocida y deslumbrante Nebulosa del Corazón o IC 1805). A finales del siglo XX, el estudio en otras longitudes de onda permitió observar estas galaxias a través del polvo de la Vía Láctea, que hasta entonces había actuado como un turbio telón, y así es como llegamos a conocer a estas vecinas con las que compartimos algo más que la mera geografía. Se comprobó que no vagaban solas por el espacio, sino que compartían vuelo con otra galaxia espiral, IC 342, así como diversas galaxias de menor tamaño (Dwingeloo 1, 2, NGC 1560 o NGC 1569 son algunos otros de sus principales componentes). Hoy en día se conocen 24 galaxias en esta familia, que parecen disponerse en dos subgrupos, el subgrupo de IC 342 y el de Maffei 1, siendo éste último el que se encuentra oculto por mayor densidad de polvo galáctico. En la siguiente imagen, captada en IR, podemos apreciar a Maffei 1 y Maffei 2 muy cerca de IC 1805. Maffei 1 es esa mancha elongada y difusa, de color azulado, que ocupa el centro de la imagen a la izquierda. Maffei 2 aparece como una nube más blanquecina y alargada justo arriba.

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El estudio del movimiento de Maffei 1 e IC 342 llevó a la conclusión de que habían estado en contacto con M31, la galaxia de Andrómeda, hace entre 5000 y 8000 millones de años luz, poco después de la formación del Grupo Local, y fueron expulsadas velozmente a raíz de dicho encuentro. Estos datos provocaron un cambio a la hora de concebir la relación entre la Vía Láctea y M31, ya que se habían usado ambas galaxias como pilares para explicar la evolución del Grupo Local. Sin embargo, al aparecer el grupo Maffei en escenario la situación cambió, de manera que habría que estudiar preferentemente la relación entre las cuatro galaxias principales, ya que el acercamiento de Andrómeda a la Vía Láctea podría deberse, en mayor o menor medida, a la interacción con Maffei 1 e IC 342. Vemos así que existe una gran interrelación en el cosmos, que se asemeja más a un océano lleno de corrientes que a un vacío estático.

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Maffei 1 es la galaxia elíptica gigante más cercana al Grupo Local, situándose a unos 10 millones de años luz. Es una galaxia que alcanza los 75.000 años luz de diámetro, la mitad que la Vía Láctea, y está formada por estrellas de baja metalicidad, lo cual indica una edad avanzada, como la mayoría de galaxias elípticas. Cerca de su núcleo, sin embargo, se hace evidente cierto proceso de proliferación estelar que ha tenido lugar en los últimos 100 millones de Foto Maf 1.jpgaños, si bien no es más que un suspiro de aire fresco en una residencia de ancianos. Todo apunta a que tiene una gran cantidad de cúmulos globulares, como la mayoría de las galaxias elípticas, habiéndose estimado su número en unos 1100, si bien es extremadamente difícil apreciarlos debido a las interferencias con nuestra propia galaxia. La extinción, el “ocultamiento” por la Vía Láctea, se ha estimado en unas 4.7 magnitudes, de manera que si estuviera situada en otro lugar más limpio de gas y polvo brillaría con una magnitud cercana a 7, destacando sobre la mayoría de galaxias. Así, el tamaño que presenta en visual es de apenas 2 minutos de arco de longitud, mientras que si la observamos en infrarrojo ocupa un área de 23 minutos de arco de diámetro, tres cuartas partes de la luna llena. A la hora de observar Maffei 1 con nuestros telescopios tenemos que tener en cuenta que es pequeña y débil, con un bajo brillo superficial, estando camuflada en un grupito de estrellas que reciben el nombre de Czernik 11, un discreto cúmulo abierto en el que contamos 7 u 8 componentes. Y allí, entre el rombo que forman sus principales estrellas, veremos el núcleo de Maffei 1, luchando por dejarse ver tras el telón de la Vía Láctea. Teniendo en cuenta que es un objeto de pequeño tamaño, será mejor usar oculares de gran aumento. En el Dobson de 30 cm el que mejor resultado me proporcionó fue el Cronus de 7 mm, con 214 aumentos, de manera que oscurecía un poco más el fondo y permitía obtener un mejor contraste, dejándose ver esa nubecilla ovalada y tenue, especialmente con visión periférica.

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Maffei 2 es harina de otro costal… Se sitúa más lejos que Maffei 1, a unos 16 millones de años luz, y es una bonita espiral barrada que me recuerda enormemente a M109. Presenta dos prominentes brazos que nacen en los extremos de su barra central y que brillan extremadamente en el infrarrojo, mostrando una bárbara proliferación estelar. De hecho, Maffei 2 es la galaxia de brote estelar (starbust) más cercana a nosotros, una galaxia joven repleta de regiones HII y grandes cúmulos de estrellas. Esta proliferación podría deberse a una posible interacción en el pasado con alguna de las múltiples enanas que pueblan la zona, aunque en el momento actual no muestre signos de fusión reciente.

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Maffei 1 era distinguible con pequeños telescopios, incluso con uno de 10 cm bajo un cielo oscuro, pero Maffei 2 no nos lo pondrá tan fácil. Su escaso brillo puede hacernos temblar, ya que se le atribuye una magnitud de 16, aunque al ser pequeña y densa nos facilitará (levemente) la tarea. Se encuentra cerca de Maffei 1, y para atisbarla necesitaremos conocer con total precisión su posición, así como tener conciencia de que roza lo invisible. La mínima apertura necesaria ronda los 30 cm y, además, el cielo tiene que ser de los más oscuros que podamos soñar en la Península. En mi caso la observé desde el Puerto de Blancares, una oscura zona a 40 minutos de Granada que siempre me ha permitido ver objetos verdaderamente débiles. Me sorprendió poder distinguir a Maffei 2 con relativa facilidad, usando la visión periférica, apenas como una difusa y minúscula nube, recordándome su visión a PGC 16865, la lejana galaxia que aparece inmersa en NGC 1807. Sin embargo, PGC 16865 se encuentra a 246 millones de años luz mientras que Maffei 2 está a tan solo 16 millones. Imaginemos por un momento la cantidad de materia que se interpone entre nosotros y Maffei 2 para que ambas galaxias parezcan similares… De hecho, esta galaxia se encuentra aún más enturbiada que Maffei 1, oscurecida en 5.7 magnitudes, por lo que no es de extrañar que haya sido descubierta a finales del siglo pasado.

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*En el siguiente enlace podéis leer más sobre la estructura y composición de este grupo, con detalles sobre cada una de las galaxias que lo forman:

http://iopscience.iop.org/article/10.1086/313255/pdf

Buscando líneas en Stock 2

Cada día, miles de personas apuntan con sus prismáticos al Cúmulo Doble de Perseo y se dejan maravillar por esas familias de estrellas que parecen bullir en la distancia. Sin embargo, muy cerca nos aguarda una sorpresa, la presencia de otro cúmulo abierto tan amplio que, para disfrutar de él, tendremos que verlo con prismáticos, ya que cualquier telescopio pasará por alto esa disgregada agrupación de estrellas que parecerían más bien una densa región de la Vía Láctea. Se trata de Stock 2, también conocido como el cúmulo del hombre musculoso, por la forma que adoptan sus estrellas.

Haciendo un poco de historia, el cúmulo fue descubierto por Jürgen Stock, un astrónomo alemán que fue a trabajar a Chile, siendo el primer director del observatorio Cerro Tololo, reconocido hoy a nivel mundial. Además de conseguir muchos otros logros, elaboró una lista de 24 cúmulos abiertos a los que puso su nombre. Unos pocos ya eran conocidos, pero la mayoría habían pasado desapercibidos por la dispersión de sus componentes. Stock 2 se sitúa a apenas 2 grados del Cúmulo Doble, aunque en realidad está bastante más cerca de nosotros, a unos 1000 años luz de distancia, perteneciendo a la Rama de Orión, ese “pequeño brazo” en el que nos encontramos nosotros también. Su descubrimiento, a mitad de los años 50, se pudo confirmar observando el espectro de las estrellas, la mayoría de las cuales son de tipo A, y colocándolas en un diagrama de Hertzsprung-Russell se comprobó un comportamiento similar en todas ellas. Stock 2 se encuentra velado por una gran cantidad materia interestelar, responsable de una extinción que disminuye su magnitud en 1.5, de manera que si su localización fuera distinta podría llegar a brillar con una magnitud de 3. Podría parecer que Stock 2, un objeto de magnitud 4.4, debería ser fácil de ver a simple vista, pero no nos dejemos engañar, necesitaremos un cielo muy oscuro para verlo sin problema, ya que se extiende por más de un grado de cielo, más de dos veces el diámetro de la luna. Sus estrellas son débiles, encontrándose la mayoría de ellas rondando las magnitudes 11 y 12, si bien las principales estrellas que delimitan su forma son, al menos, casi dos magnitudes más brillantes.

A lo largo de los 25 años luz que mide Stock 2 se han contabilizado casi 200 estrellas, si bien no podremos aspirar a ver tantas cuando nos asomemos con unos prismáticos. Con un telescopio perderíamos la cuenta con facilidad pero, como decíamos al principio, perdería “la gracia” a no ser que usemos un telescopio de campo amplio. Lo observé con mis prismáticos TS APO 22×100 mm, apareciendo ante mis ojos una multitud de débiles estrellas que se entremezclaban formando líneas aparentemente azarosas, confluyendo en el centro. Dos de estas alineaciones marcan las piernas del hombre musculoso, mientras que la zona central señala el torso. La cabeza y los brazos están formados por otras franjas menos definidas en el centro del cúmulo, sumando aproximadamente un centenar de estrellas en este curioso objeto.

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NGC 457, el cúmulo del extraterrestre

Buscar formas en el cielo es algo que nos encanta hacer desde pequeños, ya sea en nubes o en campos estelares. Hoy vamos a ver uno de los cúmulos abiertos más llamativos, no sólo por su riqueza de estrellas, sino por la forma que adoptan en el cielo, estimulando la imaginación: algunos verán al amigable extraterrestre E.T. de Steven Spielberg, otros verán un avión, una lechuza… Se trata de NGC 457, un cúmulo que ha ido ganando popularidad en los últimos años, para cuya observación no hacen falta más que unos prismáticos. En mi caso usé los impresionantes TS APO de 22×100 mm, apreciando perfectamente su forma y, un poco más lejos, otro lejano cúmulo, NGC 436.

NGC 457 se sitúa a una distancia estimada entre 8000 y 9000 años luz, formando parte, por tanto, del Brazo de Perseo de nuestra galaxia, junto a tantas otras familias de estrellas. Su rasgo más llamativo, además de su forma, es la presencia de dos brillantes estrellas que hacen las veces de ojos, un sistema binario conocido como Phi Cassiopeiae. La mayor de sus componentes es una supergigante amarilla, con un radio 250 veces mayor al de nuestro Sol y una luminosidad 100.000 veces superior. La secundaria, algo menor, presenta 83.000 veces la luminosidad del Sol. Al parecer, ambas estrellas forman parte de un sistema múltiple más amplio, que englobaría también a varias estrellas más, aunque es algo difícil de determinar con precisión por la gran riqueza del campo circundante. Todo apunta a que estas dos estrellas no forman parte del cúmulo abierto, estimándose su distancia entre 2000 y 4000 años luz; los ojos del extraterrestre no son, por tanto, más que un efecto de perspectiva. El cúmulo cuenta con unas 200 estrellas que se disponen por un área de unos 20 años luz, aunque claro, este último dato puede cambiar bastante según la distancia que tomemos como referencia. En NGC 457 se ha encontrado un gran número de estrellas Be, estrellas de tipo espectral B que muestran líneas de emisión de hidrógeno que no deberían estar presentes. Esta emisión no se produce en la misma estrella, sino en un disco circunestelar que se ha formado a su alrededor debido a una rápida rotación sobre sí misma. La consecuencia es la producción de fuertes vientos y una acentuada pérdida de masa mientras perdura este estado transicional de la estrella.

Si queremos estudiar NGC 457 en profundidad necesitaremos un telescopio con aumentos moderados, aunque unos prismáticos pueden mostrar su principal estructura con gran facilidad. En mi caso, con los TS APO 22×100 mm, su tamaño era más que suficiente como para llamar la atención de cualquiera que se asomara a los oculares. Su forma quedaba patente desde un principio, con esa hilera principal, algo más difusa, de la que salen los dos brazos, con los dos brillantes ojos en un extremo y, al otro lado, otras dos estrellas más brillantes que marcan los pies. Personalmente, le veo más parecido a un avión con las alas desplegadas, cuyo morro apunta a otra pequeña mancha que no es sino el cúmulo NGC 436. Se encuentra algo más alejado que su compañero, aunque todavía dentro de los límites del Brazo de Perseo. Aparece a los prismáticos como una pequeña mancha en la que se distinguen algunas diminutas estrellas titilando con timidez, apenas resolubles a 22 aumentos. La visión de ambas familias de estrellas pone de manifiesto la utilidad de un buen par de prismáticos, haciéndolos especialmente adecuados para amplios campos de observación y grandes cúmulos abiertos, aunque con los pequeños no se quedan cortos.

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Van den Bergh y el comienzo de su catálogo (VdB 1)

En 1966 Sidney van den Bergh, un astrónomo canadiense, publicó el catálogo de nebulosas que lleva su nombre, un conjunto de 159 nebulosas de reflexión que se encuentran principalmente en el disco galáctico. Hoy vamos a ver la nebulosa que abre el catálogo, VdB 1, una pequeña nebulosidad que se encuentra muy cerca de Caph o Beta Cassiopeiae, la brillante estrella que marca uno de los extremos de la característica “M” o “W”. Situada a unos 1600 años luz de distancia, se dispone alrededor de tres brillantes estrellas que iluminan el gas circundante, con jirones de diferente densidad que recuerdan a las nubes que se forman en nuestra atmósfera.

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Adam Block, Mt. Lemmon SkyCenter, Universidad de arizona

Un dato más interesante, apreciable en fotografías de larga exposición o con telescopios de gran apertura, es una pequeña y amarillenta nebulosidad que rodea a un par de estrellas situadas al lado de VdB1, apreciables en la parte derecha de la imagen anterior. Dichas estrellas son V376 y V633, dos estrellas especialmente jóvenes que, de vez en cuando, expelen gran cantidad de gas al exterior formando largos filamentos que se retuercen al encontrarse con el gas preexistente. V633 es la principal estrella, alrededor de la cual se ha formado una especie de herradura gaseosa que recibe el nombre de HH 161 y HH 164. Las siglas HH hacen referencia a “Herbig-Haro”, los cuerpos gaseosos que estudiamos en esta entrada y en esta otra. Resumiendo, son nebulosas que surgen de estrellas en formación, altamente energéticas y a menudo de forma bipolar, que viajan a una velocidad tan rápida que podemos apreciar cambios en ellas si las observamos de un año para otro. Duran tan sólo unos pocos miles de años, de ahí que no conozcamos un gran número de cuerpos Herbig-Haro. La otra estrella de la imagen, V376, es otra estrella variable y la nebulosidad se denomina HH 162, otro de estos misteriosos objetos. El Hubble se ha encargado de regalarnos una imagen ampliada de estas jóvenes nebulosas:

A stellar sneezing fit

Ahora que conocemos un poco más la región vamos a lanzarnos a la caza de VdB1, teniendo cuidado de no quedar deslumbrados por la brillante Caph, a apenas 30 minutos de arco de distancia. Una vez en la zona nos llamará la atención un curioso triángulo formado por tres estrellas que rondan la octava magnitud. Pues bien, a su alrededor se dispone VdB1, como una débil nebulosidad que acapara al atractivo trío, fácil de ver incluso a bajo aumento, especialmente con visión periférica. A 214 aumentos obtuve un buen equilibrio entre brillo y tamaño, distinguiendo con mayor facilidad la nebulosidad. Ésta no tenía una forma especialmente definida, algo triangular quizás, siguiendo la forma que marcaban las estrellas, con la región central más destacada sobre el resto. Los filtros UHC y OIII, como ocurre en este tipo de nebulosas, no servía para realzarla, haciéndola desaparecer rápidamente. Me sorprendió su brillo, relativamente elevado, más que muchos objetos del catálogo NGC, por lo que animo a los poseedores de telescopios pequeños a intentar su visión. Sólo hará falta una noche oscura y paciencia, los factores más decisivos en nuestra afición.

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Nubes al viento (Sh2-188)

Todas las constelaciones guardan secretos, objetos tenues y poco conocidos que esperan el momento de ser encontrados. El que nos ocupa hoy se encuentra en Casiopea y, a pesar de denominarse Sh2-188, no es una región HII. Más bien al revés, es una nebulosa planetaria excepcionalmente tenue, tanto que no fue descubierta hasta 1951 por el observatorio Simiez en Rusia, siendo catalogada posteriormente por Sharpless. En la siguiente imagen de Ken Crawford, del observatorio Rancho del Sol, podemos apreciar su espectacular despliegue:

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De entrada puede parecernos muy similar a Abell 21 o Sh2-274, la nebulosa de la Medusa, y puede que ambos objetos compartan más de un atributo. Sh2-188 fue considerada, al principio, un remanente de supernova, debido a la presencia en su parte más brillante de desgarrados filamentos que sugerían un evento especialmente catastrófico, y posteriormente se la consideró una región HII, momento en que fue incluida en el catálogo Sharpless. Sin embargo, años después se llegó a conocer su verdadera naturaleza gracias al espectro de su masa gaseosa, rica, entre otros elementos, en oxígeno ionizado. La estrella causante de tal espectáculo es una diminuta bola de gas cuya superficie supera los 100.000 kelvin. De hecho, en la anterior fotografía podemos verla, situada justo encima de la estrella anaranjada que ocupa el centro de la mitad izquierda de la nebulosa. Ese pequeño punto azulado es la estrella central.

Sh2-188 es una planetaria anular cuya estructura no ha sido especialmente distorsionada, ya que todavía podemos ver la forma anular principal, que comenzó a formarse hace más de 20.000 años. La característica más llamativa de esta nebulosa es la estela de gas que va dejando a su paso, algo que captó la atención de astrofísicos desde su descubrimiento. En la génesis de las nebulosas planetarias, según los modelos actuales, tienen una gran importancia los vientos estelares, de manera que durante la fase principal de la estrella, cuando se convierte en una gigante roja, va generando un viento a baja velocidad que es alcanzado por el viento rápido que la estrella genera posteriormente, cuando comienza a colapsarse por la gravedad. El viento rápido interactúa con el viento lento y se produce un frente de ionización, dando lugar a la forma característica que vemos en la mayoría de planetarias, una envoltura que se expande a unos 45 km por segundo. Y aquí entra a colación el motivo por el que Sh2-188 es especial. Normalmente los objetos se van moviendo a través del universo, porque como hemos visto en innumerables ocasiones el cosmos no es algo estático. La mayoría de nebulosas planetarias viaja a una velocidad entre 30 y 50 km por segundo, alcanzando algunas los 70 km por segundo. Sin embargo, Sh2-188 rompe estas barreras llegando a la vertiginosa velocidad de 125 km por segundo. De la misma manera que si sacamos la mano llena de harina por la ventanilla del coche los polvos van desperdigándose y formando una estela tras nuestro paso, el gas de Sh2-188 va quedando esparcido a su veloz paso a través del medio interestelar (conocido por las siglas ISM en inglés).

Visualmente no debemos esperar gran cosa, pues sólo podemos aspirar a atisbar la zona más brillante de la porción anular de la nebulosa, esa “onda de choque” que es la primera en golpear el medio interestelar. Sin embargo, conocer lo que estamos viendo convierte el desafío en algo excitante, aunque tendremos que disponer de cielos muy oscuros para intentarlo. La localización de Sh2-188 es extremadamente sencilla, cerca de Ruchbah o delta Cas, una brillante gigante blanca de tipo espectral A5 y magnitud 2.66, que se encuentra a unos 100 años luz de distancia. De ahí saltaremos a Chi Cas, una gigante amarilla de 4.68 de magnitud, y muy cerca podremos ver a la bonita gigante roja HD 9352, de magnitud 5.7 y un tono rojizo que delatará su presencia a bajo aumento. Muy cerca, a menos de medio grado de distancia, se encuentra Sh2-188, aunque para localizarla con exactitud será mejor tomar como referencia unas brillantes parejas de estrellas que hay un poco más lejos. Una vez conocida la posición exacta puede que no veamos nada, al menos si observamos con un telescopio “normal” en un cielo “normal”. Pero ya sabemos que, a veces, las cosas no son fáciles, así que es mejor ponernos cómodos y tener paciencia. El filtro OIII se hace imprescindible, a costa de sacrificar estrellas.

Nuestro objetivo será cazar la parte más brillante, la “proa”, la región que va golpeando en primer lugar la materia interestelar. Con mi Dobson de 30 cm, a 115 aumentos, apareció tras un largo rato como un tenue filamento alargado, sin bordes definidos, que desapareció en cuestión de segundos. Insistí y persistí, y de nuevo se dejó entrever por un espacio corto de tiempo. Allí, entre dos débiles estrellas, podía adivinarlo con visión periférica, extremadamente débil, extremadamente etéreo. Cuando la vista no muestra una imagen espectacular, nuestra mente debe encargarse de ello, así que no tardé en imaginarme ese filamento como la onda de choque de una inmensa nube de gas que atravesaba el espacio como un fugaz meteoro, provocando chispas de luz que ahora, 3150 años más tarde, llegaban a mi retina. Puede que mucha gente se pregunte si merece la pena tanto esfuerzo y frío para ver una mancha tan débil que roza la frontera con lo invisible; vaya si lo merece…

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