Suspiros bajo el cielo hibernal (Sh2-308)

El cielo está plagado de objetos “oscuros”, interesantes y espectaculares pero muy poco conocidos, normalmente debido a su dificultad para ser vistos o a la necesidad de un cielo especialmente oscuro. Tal es el caso que nos ocupa hoy, una estrella Wolf-Rayet y el anillo cósmico que está formando a su alrededor, en la constelación del Can Mayor.

Una estrella Wolf-Rayet es, como recordamos, una estrella con gran masa (más de 20 veces la de nuestro sol, por lo general), que ha crecido a un ritmo vertiginoso desde su nacimiento, perdiendo masa a una velocidad mayor a la habitual. Esta pérdida de materia se debe a una característica muy peculiar que es la formación de inmensas corrientes de aire, que superan los 2.000 kilómetros por hora, dejando al descubierto el núcleo formado por elementos más pesados como helio, oxígeno y carbono. La envoltura de hidrógeno acaba siendo arrancada por los vientos estelares y forma una nebulosa alrededor de la estrella, como ocurre con NGC 7635 o la “Nebulosa de la Burbuja”, ionizando el gas por la radiación ultravioleta de la estrella.

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Sharpless 2-308 es la nebulosa que ha formado la estrella EZ CMa, también denominada WR 6, un astro 3 veces más pesado que nuestro sol y 380.000 veces más brillante. Su temperatura es de 85.000 grados centígrados, 17 veces más caliente que nuestra estrella. A 5.200 años luz de nosotros, ioniza la envoltura gaseosa que la rodea y nos permite apreciar desde nuestro planeta esos fantasmagóricos filamentos de luz. La estrella, además, es una de las pocas estrellas Wolf-Rayet que emiten radiación en Rayos X, además en el ultravioleta. La nebulosa mide unos 60 años luz de diámetro y se formó hace 70.000 años, apenas un suspiro en la cronología cósmica. En un poco más de tiempo la estrella colapsará y terminará su vida con una gran explosión en forma de supernova.

Para encontrar nada más fácil que buscar Omicron 1 Canis Majoris, una estrella de magnitud 3.8 que se encuentra cerca de la brillante Wezen (delta CMa). Omicron 1 CMa es una gigante roja de tipo espectral K, con un diámetro tan grande que, de estar en nuestro Sistema Solar, superaría con creces la órbita de Marte. Al ocular llama poderosamente la atención con su tonalidad de un rojo anaranjado intenso, en un campo tan rico en estrellas que son imposibles de contar. Allí, entre esa playa de puntitos, brilla la estrella que nos ocupa, EZ CMa, que al lado de la gigante roja parece más bien blanco-azulada. A simple vista, con el ocular de 44 aumentos, la vista es sobrecogedora, pero no hay ni rastro nebuloso, ni un débil jirón que delate su presencia. La primera vez que la vi no conocía sus dimensiones, así que me dediqué a usar una gran variedad de oculares, buscando algo parecido a una nebulosa. Finalmente, con el mismo ocular, a 44 aumentos, decidí usar el filtro OIII. Entonces noté rápidamente un débil filamento junto a Omicron 1 CMa, claramente visible sin embargo con visión lateral. Debía de ser, sin duda, parte de la gran burbuja, y entonces fui consciente de que debía tener un tamaño considerable, teniendo en cuenta su distancia a la estrella central. Otro trazo de nebulosidad hizo su aparición tímidamente al lado del anterior, formando una concavidad que iba tomando forma poco a poco, porque al otro lado de EZ CMa pude notar otra porción de este anillo cósmico. Al cabo de unos pocos minutos no me resultó difícil completar la circunferencia, tan sólo rota en dos o tres puntos donde desaparecía de la vista.

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Fue, sin duda, la sorpresa de esa fría noche bajo uno de los cielos más oscuros que he podido disfrutar, en el claro de un bosque de pinos al sur de Granada. Y así, con estos objetos tan apartados de la rutina habitual del astrónomo, uno se da cuenta de la inmensidad que tenemos sobre nuestras cabezas y de lo corta que es una vida para poder saborear todas y cada una de esas maravillas celestes.

La isla de las maravillas (IC 2177)

En el cielo hay grandes regiones prácticamente ignoradas por el astrónomo aficionado, capaces de ofrecer horas de disfrute en noches diáfanas. Una de ellas es, sin duda, la conocida como Nebulosa de la Gaviota o IC 2177. Stephen James O’Meara, en su libro “Deep-sky Companions: Hidden Treasures”, lo describe como el “Paraíso Pirata”, y verdaderamente podríamos decir que es una isla plagada de tesoros escondidos en cada uno de sus rincones. Se encuentra al este de Sirio, y estas noches invernales se muestra en todo su esplendor cuando alcanza su punto más alto. IC 2177 es un lugar tan rico en objetos más pequeños que será fácil perderse si uno no tiene conciencia de lo que está viendo. De la misma forma, la diversidad de nombres atribuidos a ellos hace algo difícil la navegación por estos lares sin llegar a la confusión. No obstante, trataremos de desgranarla paso a paso, disfrutando al máximo cada una de sus playas, bahías y bosques estelares.

Wide-field view of the entire Seagull Nebula (IC 2177)

Comenzaremos por el principio, como debe ser. Nos remontamos a un período relativamente reciente, hace apenas 1 millón de años, y a una distancia algo mayor de 3.000 años luz, en las cercanías de la enorme región Canis Major OB1 (una aglomeración de gases y estrellas recién nacidas unidas por la gravedad, formando una gran familia). En algún punto de esa zona una enorme estrella explotó en forma de supernova, uno de los eventos más violentos que conocemos en nuestro universo, de forma que la onda expansiva barrió a su paso una pequeña región gaseosa, haciendo que se expandiera y produciendo un brote de proliferación estelar a su paso, conformando lo que se conocería posteriormente como Canis Major R1. Esta región cuenta con estrellas especialmente jóvenes que se hallan inmersas en la nebulosa que las vio nacer, y una de estas nebulosas es IC 2177, la protagonista de estas líneas. Su forma alargada le ha hecho meritoria de conocerse con el sobrenombre de “la Gaviota”, presentando dos prolongaciones que extienden curvándose y una región nebulosa más densa que ocupa el lugar de la cabeza. Todo el conjunto alcanza los 3 grados de diámetro, un tamaño aparente similar a 6 lunas llenas, aunque en la realidad es mucho. Su tamaño se estima en unos 250 años luz, y comparación basta decir que la gran Nebulosa de Orión, M42, cuenta con apenas 24 años luz, con lo cual no nos es difícil imaginar la inmensidad de lo que estamos viendo. Cualquier fotografía muestra IC 2177 en toda su extensión con un intenso color rojizo, debido al hidrógeno que las principales estrellas ionizan con su radiación ultravioleta. Son, en su mayoría, estrellas gigantes azules y blancas de tipo espectral O y B, que emiten una gran cantidad de energía.

Podemos dividir a la nebulosa en dos zonas claramente diferenciadas en cualquier fotografía. Por un lado, la cabeza de la gaviota; por otro, las enormes alas extendidas. La primera se denomina Gum 1 (primera entrada en el catálogo de nebulosas que publicó Colim Gum en 1955), y también recibe el nombre de vdB 93 (catálogo publicado por Sidney van den Bergh en 1966) y Sharpless 2-292. Es una nebulosa mixta, es decir, es de reflexión a la vez que de emisión, siendo la precursora de las estrellas que anidan en su interior. La más brillante que podemos apreciar al telescopio es HD 53367, la principal causante de hacer brillar al gas que la rodea. Es una estrella con una masa 20 veces mayor a la de nuestro sol que tiene una compañera secundaria, ambas de tipo espectral B. Al telescopio se aprecia como una nebulosidad de forma redondeada que rodea a la estrella, más definida con visión periférica. El filtro UHC realza su superficie, aunque no muestra mayor nivel de detalle.

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Gum 1, la cabeza de la gaviota

Gum 1 es como un terreno independiente de la “isla pirata”, y desde ella podemos saltar a la tierra de las maravillas que suponen las alas de la gaviota. El nombre IC 2177 designa de forma generalizada a estas últimas y a Gum 1, englobadas como una sola porción, si bien las alas también se conocen como Gum 2 o Sharpless 2-296. Su porción más brillante es la colindante con Gum 1, la región central de las alas. Necesitaremos un ocular de muy bajo aumento para poder apreciarlo en su conjunto. A 44 aumentos, bajo un cielo relativamente oscuro, sorprende la inmensa cantidad de estrellas que puebla la zona, y que se disponen de forma más densa formando una banda de norte a sur. Algo extraño hay en esa banda, y es el filtro UHC el que resalta definitivamente la nebulosidad concomitante, de forma que da la sensación de ser una versión en miniatura de la Vía Láctea veraniega que atraviesa el cielo de lado a lado. Es fácil dejarse perder en ese río de centenares de estrellas, algunas tan débiles que rozan el límite de la percepción. La nebulosa se aprecia mejor con visión indirecta, con una zona más brillante en su región superior, pero en ningún momento deja de tener esa apariencia etérea, casi fantasmal.

IC 2177

Una atenta mirada muestra que el campo del telescopio se encuentra poblado por pequeñas ciudades estelares. Los dos cúmulos abiertos más débiles del conjunto se encuentran justo en la zona central, y pertenecen al “alternativo” catálogo Collinder publicado en 1931. El más septentrional es Cr 465, mientras que al sur se sitúa Cr 466. Ambos son prácticamente indistinguibles, ya que están formados por estrellas muy débiles que se disimulan fácilmente contra el poblado fondo. Cr 465 es algo mayor, contando con unas 30 estrellas, la mitad de las cuales se aprecian sin mayor dificultad por el telescopio. Cr 466 es aún menos evidente, formado por unas 25 estrellas y con una magnitud conjunta de 11.1. En su conjunto, con visión periférica, ambos parecen formar un mismo cúmulo abierto, en una imagen bastante atractiva, ya que a menos de 20 minutos de arco se sitúa otra familia de estrellas, NGC 2343. Con una cincuentena de estrellas, es un cúmulo mucho más llamativo, de algo más de 5 minutos de arco de diámetro. Se encuentra a 3.400 años luz de distancia, inmerso en la nube circundante. Es interesante puntualizar que los dos cúmulos más débiles, Cr 465 y Cr 466, se encuentran a una distancia bastante mayor, a algo más de 6.000 años luz. Intentemos visualizarlos en un espacio tridimensional para ser conscientes del efecto de la distancia. Muy cerca de NGC 2343 encontramos una estrella especialmente brillante, denominada HD 54662, de magnitud 6.23. Es una estrella de tipo espectral O, extremadamente caliente, a 40.000ºC. Tiene un brillo 42.464 veces superior al de nuestro sol y es la responsable de iluminar en buena parte a la nebulosa Gum 2. Con un campo suficientemente amplio podemos contemplar estos últimos objetos formando una línea arqueada, desde la cabeza del águila, Gum 1, hasta este brillante estrella, pasando por las tres familias de estrellas que ya hemos visitado. De fondo, esa blanquecina banda que es tan sólo un reflejo de la inmensa Gum 2.

IC 2177 detalles

Esta región de la isla nos guarda otra sorpresa más, y es que frente a los objetos ya mencionados flota en el agua un bonito cúmulo abierto, NGC 2335, que complementa el paisaje dibujado. Es un cúmulo algo mayor que NGC 2343 y más lejano, situado a unos 4.100 años luz de distancia, motivo por el cual se nos muestra con sus estrellas algo más débiles. Se resuelven sin mayor problema unas treinta componentes dispersas sobre un área de unos 6 minutos de arco, con cierto matiz de neblina residual que es reflejo de las estrellas más débiles del fondo.

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NGC 2327

Dejamos de lado esta interesante zona para observar otra interesante agrupación de objetos. Al borde del ala más meridional residen tres nebulosas con nombre propio que adornan con su reflejo a IC 2177. Dos de ellas se encuentran fuera de su perímetro, rodeadas de negro mar. Son Sharpless 2-295 y Sharpless 2-293, siendo esta última la más brillante de ellas. Ambas se encuentran dispuestas rodeando a dos estrellas brillantes, causantes de la ionización de la masa de gas. Se aprecian como una nebulosidad redondeada de bordes difusos que se pierden en la negrura, más visibles con visión periférica. Realzan al colocar el filtro UHC, y entonces se puede distinguir también parte del ala de la gaviota, plagada como siempre de multitud de estrellas. Entre ellas, podemos apreciar una que se encuentra rodeada por un halo de nebulosidad, pequeño, pero llamativo con visión lateral. Se trata de NGC2327, una pequeña nebulosa de reflexión que rodea a una débil estrella, con un diámetro de 2.3 minutos de arco. Es pequeña, por lo que es conveniente conocer con seguridad el terreno antes de buscarla. Sin duda, complementa perfectamente a las otras dos nebulosas que, como faros en medio del mar, llaman la atención desde cualquier posición.

IC 2177 zona 2 detalles

Seguimos navegando hacia el sur entre una miríada de luciérnagas luminosas, dejándonos llevar por el río nebuloso hasta la última parada de esta visita, el extremo meridional de IC 2177. Es la nebulosa más evidente de cuantas pueblan esta isla, y vigila el resto de la región como una brillante nube incandescente. Se trata de Gum 3, Sharpless 2-297, Cederblad 90 ó vdB 94 (sí, todos y cada uno de estos nombres sirve para designar a la misma pequeña nube), una bonita nebulosa de emisión que se encuentra flanqueada por una oscura nebulosa que en fotografías marca un importante contraste de bordes curvos. Al telescopio no podremos percibir la nebulosa oscura, pero la imagen no está exenta de interés. Lo primero que nos llama la atención es la brillante estrella central, HD 53623, una joven estrella de tipo espectral B y magnitud 8, que se encuentra flanqueada por dos hileras de estrellas brillantes, una a cada lado. Esta estrella central es la principal responsable de ionizar el hidrógeno que la rodea, una masa de gas que adquiere cierta forma ovalada, con débiles extensiones que parecen seguir a las estrellas circundantes. Con visión lateral su tamaño aumenta y, al igual que en las anteriores, el filtro UHC nos proporcionará un mayor contraste, aunque por contrapartida el número de estrellas del campo disminuye y pierde gran parte de su atractivo.

IC 2177 zona 3

Aquí termina este viaje a través de la isla de las maravillas, que seguro nos proporcionará grandes satisfacciones. Nada nos impide, de todas formas, seguir su recorrido por sus intrincadas bahías y golfos, sólo por la cantidad de estrellas que veremos merece la pena. Podremos ver algunas otras condensaciones e incluso un bonito cúmulo abierto, NGC 2353, fácilmente visible con prismáticos y parte también de esta gran familia. La visión de la Gaviota con el telescopio no será como en las fotografías de larga exposición, pero podremos disfrutar como niños viendo la enorme variedad de tesoros que nos ofrece, y el mero hecho de buscarlos ya hará que merezca la pena el esfuerzo.

Al este del Can Mayor

Hoy vamos a dedicarle otro capítulo al Can Mayor, una de las constelaciones estrella de esta temporada para aquéllos que cuenten con un horizonte sur despejado. En esta ocasión vamos a recorrer su vertiente más oriental, trazando un camino recto a la derecha de Murzim. Esta estrella, pese a ser la beta de la constelación, es la cuarta en brillo, y se sitúa a 500 años luz de nosotros. Es una estrella 10 veces mayor que nuestro sol, de tipo espectral B, es decir, joven y brillante con un tono blanco-azulado. Su nombre, árabe, significa “el heraldo”, y no podía ser más acertado, ya que su aparición en el cielo precede a la entrada magistral de Sirio. A medio camino entre ella y Beta monocerotis (podemos aprovechar para hacerle una visita) vamos a comenzar nuestro recorrido, con la estrella doble FR CMa.

Situada a más de 1.000 años luz, FR CMa es una estrella de magnitud 5.6, visible a simple vista en un cielo medianamente aceptable. Comparte con Murzim el tipo espectral, y su superficie arde a 25.500 grados centígrados (nuestro sol lo hace a “tan sólo” 5.000 grados). Es una estrella joven, de unos 14 millones de años de edad, pero cuando termine su vida lo hará probablemente en forma de supernova, ya que su masa es unas 12 veces mayor que la del sol. Su compañera es bastante más débil, de magnitud 9.7, y se encuentra muy cercana, a unos 3.9 segundos de arco. Con 125 aumentos ya puede apreciarse si la atmósfera permanece estable, apareciendo la secundaria de color blanquecino. No hay grandes contrastes aquí, pero no deja de ser interesante su cercanía y la gran diferencia de brillo. Por cierto, la estrella que aparece en el campo visual a la izquierda y arriba de FR CMa es HD 44394, una gigante roja de tipo espectral M que sí nos muestra un color rojizo mucho más vivo (se encuentra a 700 años luz).

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Esta estrella doble es un buen punto de partida para encontrar IC 2165, una pequeña nebulosa planetaria que hace verdadero honor a su nombre. Está formada por dos capas principales de gas que han sido emitidas en distintas etapas de la evolución de su estrella central. Está dos veces más alejada que FR CMa, estimándose su distFoto IC 2165ancia a unos 2.500 años luz. Su magnitud es de 12.5, lo cual la pone al alcance de telescopios de pequeña-moderada abertura, si bien su observación presenta una desventaja, ya que su tamaño apenas llega a los 0.2 minutos de arco de diámetro. Por este motivo, a priori se confundirá con una estrella más, por lo que hay que conocer con precisión su localización. Una vez en el campo podemos interponer entre nuestro ojo y el ocular un filtro OIII, con lo que conseguiremos aumentar el contraste de la nebulosa, haciendo que el resto de estrellas disminuyan su brillo.

La noche que la observé pude notar su naturaleza “extraña” a 125x. Sigue presentando un tamaño mínimo, pero algo en su brillo la delata. Al poner el ocular de 5 mm, con 300 aumentos, pude apreciar ya sin ningún problema un pequeño disco perfectamente circular y homogéneo. Comprendí al instante la denominación “planetaria” que se les da a este tipo de objetos, porque esa pequeña esfera bien podría ser un lejano planeta similar a Neptuno o Urano. No alcancé a ver su estrella central, que brilla con magnitud superior a 15, pero siempre es agradable contemplar esta fase de la vida de las estrellas. Si estuviéramos más cerca de ella podríamos verla quizás muy parecida a NGC 1535, pero en la vida tiene que haber de todo, y para gustos los colores. No siempre vamos a ver anillos internos y formas extravagantes. De vez en cuando gusta ver una diminuta esfera flotando en el espacio.

IC 2165

Avanzamos ya hacia el sur, y a unos 2 grados de Murzim vamos a por el siguiente objetivo, aumentando así mismo la distancia de lo que vemos por el ocular. Ahora vamos a viajar a 8.600 años luz de la Tierra, topándonos con un bonito cúmulo de estrellas, NGC 2204, a las que su juventud todavía no ha dado tiempo de separarse. La familia sigue aún unida por la gravedad, esparcida por un espacio de unos 24 años luz. Al telescopio ocupa algo menos de 15 minutos de arco, y nos muestra unas 40 componentes de distinto brillo, con dos de mayor intensidad presidiendo el conjunto. El campo circundante plagado de estrellas y una débil neblina que se encuentra tras las estrellas del cúmulo hacen de NGC 2204 un objeto digno de visitar cuando recorramos estas zonas meridionales. La neblina, por cierto, no es la nebulosa que dio lugar a las estrellas, que ya se ha dispersado, sino el efecto conjunto de decenas de estrellas demasiado débiles y juntas para resolverlas con nuestros instrumentos.

NGC 2204

Vamos a finalizar la aventura dando un salto en el vacío, dejando a la Vía Láctea muy atrás para sentir el vértigo del cosmos, más concretamente a 90 millones de años luz. A esta distancia lo que vamos a ver, lógicamente, son galaxias, y en nuestro caso a una pareja de ellas, NGC 2211 y NGC 2212. Son dos galaxias elípticas de apenas 1 minuto de arco de diámetro. La más brillante es NGC 2211, con una magnitud de 12.7, mientras que NGC 2212, más débil, ronda la magnitud 13.5. NGC 2211 es la más evidente de las dos, y pude verla sin ninguna dificultad mientras buscaba NGC 2204, a 125 aumentos. NGC 2212 es más difícil de ver, tiene un brillo superficial más bajo. Para verla usé 214 aumentos, aumentando el contraste y apareciendo con visión periférica de manera más evidente, con una orientación perpendicular a su compañera, que con ese ocular muestra un núcleo más brillante y puntiforme.

NGC 2211

De dobles va la cosa

Hoy vamos a perdernos de nuevo realizando una pequeña excursión por los dominios del Can Mayor, tomando como punto de partida la estrella Tau Canis Majoris, rodeada, como ya hemos visto, por el espectacular cúmulo NGC 2362. Este artículo es el resultado de abrir el atlas y explorar con la mirada, señalando con un círculo los objetos que, en cierta manera, captaron mi atención.

Chart dobles CMa.png

El primer objetivo fue NGC 2367, pero no imaginé que su búsqueda iba a traer ante mis ojos una de las más bellas estrellas dobles que jamás he visto. Subiendo un poco hacia el norte a partir de NGC 2362, moviendo lentamente el tubo mientras disfrutaba del paisaje celeste, apareció ante mí una pareja deslumbrante que marcó mi retina con sus contrastados colores. Rápidamente busqué su nombre y comprobé que era 145 CMa o H3945. Conocida también como la “Albireo del sur”, está formada por dos brillantes componentes de magnitud 5 y 5.9. La más brillante de ellas es de tipo espectral K y posee un intenso color amarillento, casi anaranjado. A poco más de 25 segundos de distancia brilla la estrella secundaria, de tipo espectral F, con un tono de un azul claro que contrasta enormemente con su compañera. Ambas no son realmente un sistema binario, sino que están juntas por efecto de perspectiva, pero el ojo no entiende de tecnicismos cuando tiene un espectáculo semejante ante él. A pesar de estar relativamente baja en el horizonte, su alto brillo y su amplia separación la hace perfectamente asequible a cualquier telescopio, ocupando, sin duda, un lugar en el podio de las estrellas dobles.

145 CMa

Seguimos nuestro camino hacia el este, bajo la atenta mirada de Sirio. El siguiente objeto tras el ocular fue un cúmulo abierto, pequeño y poco llamativo, pero con dos curiosos detalles que le hacen merecedor de una visita. El cúmulo en sí es NGC 2367, una agrupación de apenas una veintena de estrellas, relativamente débiles, con forma triangular. Se encuentra a unos 5.000 años luz de nosotros y es pequeño, de unos 5 minutos de arco de longitud. Una visión atenta nos revelará, en su interior, a medio camino entre dos de las puntas del triángulo, una pequeña estrella doble de la novena magnitud, cuyos componentes, blanquecinos, se encuentran separados por 4.8 segundos de arco. Sin embargo, no es la doble más llamativa en el ocular, y es que muy cerca, a unos 20 minutos de distancia del cúmulo, podemos encontrar a HD 57190, una bonita doble que es la antítesis de la anterior 145 CMa. Sus dos componentes, lejos de presentar un gran contraste, son dos gemas idénticas, de magnitud 7.7 y un color blanco-azulado. Lo que más llama la atención, probablemente, sea lo cercanas que están una de la otra, separadas por tan sólo 3.8 segundos de arco. Sin duda, un agradable complemento que aporta valor añadido al pobre NGC 2367. El cúmulo se encuentra rodeado por una débil nebulosa de emisión, los restos de los gases que formaron a sus estrellas, detalle apreciable en fotografías de larga exposición. De hecho, esa difusa masa de gas forma parte de una inmensa estructura llamada “megaburbuja”, que es el desenlace de grandes explosiones de supernovas que ocurrieron prácticamente a la vez, expulsando todo el gas circundante en forma de una enorme esfera conjunta. Para ver esto no hay más remedio que usar la imaginación, pues no existe otra manera de verla.

NGC 2367

Continuamos nuestra ruta para terminar esta pequeña excursión con lo que podríamos definir, a simple vista, como un cúmulo doble. Estamos hablando de NGC 2383 y NGC 2384, dos cúmulos estelares situados a alrededor de 6.000 años luz de distancia. Miden unos 5 minutos de arco y se encuentran muy cerca cuando los vemos por el ocular. Sin embargo, las apariencias engañan. Estudios recientes confieren a NGC 2383 una edad de unos 200 millones de años, mientras que NGC 2384 tendría apenas unos 8 millones de años, mucho más joven. Además, el primero se encuentra 5.400 años luz y NGC 2384 está a 6.900 años luz de distancia. Una vez más la perspectiva es capaz de engañar a nuestros sentidos. Sin embargo, no por ello dejaremos de disfrutar de la imagen de dos familias de soles tan cercanas, cada una con unos 20 componentes de brillo más bien débil. En NGC 2384 podemos ver una bonita estrella doble similar a las previas, de miembros muy similares entre sí, blanquecinas y unos escasos 4.5 segundos de arco entre ellas. Estas pequeñas parejas tienen algo especial, capaces de convertir un objeto cotidiano en una curiosa muestra de lo caprichosa que puede ser la naturaleza.

NGC 2383

Un globular y un intruso (NGC 2298 y NGC 2243)

La zona que rodea al Can Mayor, que en estas fechas se sitúa en un lugar privilegiado (un poco bajo, desde luego), ofrece dos objetos muy similares entre sí visualmente, pero totalmente opuestos en su naturaleza, a muy poca distancia entre sí. El primero es NGC 2298, un bonito cúmulo globular que se sitúa a unos 30.000 años luz de nosotros. M79 era, si recordamos el anterior artículo, un componente de la Galaxia Enana del Can Mayor, una galaxia en interacción con la nuestra cuyas estrellas se dispersaban a su alrededor en forma de filamentos alargados. Al igual que M79, NGC 2298 es un cúmulo globular perteneciente a dicha galaxia, y como tal, sus estrellas son algo más jóvenes que las del resto de globulares de la Vía Láctea. Es bastante pequeño, de unos 50 años luz de diámetro, y los estudios sugieren que está perdiendo estrellas a grandes velocidades, debido a las fuerzas de marea que genera nuestra galaxia. Pero no debemos preocuparnos, pasarán miles de años hasta que sus estrellas se dispersen y se entremezclen con las nuestras, así que tenemos tiempo de sobra para observarlo.

Su principal contrapartida a la hora de verlo es su baja altitud sobre el horizonte, en los dominios de la constelación de la Popa, a medio camino entre ésta, Columba y el Can Mayor. Su localización no resulta complicada si bajamos a partir de kappa Canis Majoris. Eso sí, habrá que elegir una noche estable y con un horizonte sur lo más oscuro posible si queremos sacarle provecho. La noche que lo observé me recreé en él, ya que los cúmulos globulares no abundan en esta estación del año, así que su visión siempre es de agradecer. A bajos aumentos se apreciaba sin problemas como una esfera pequeña y perfectamente redondeada de unos 3 minutos de arco de diámetro, con un núcleo más brillante. Coloqué el ocular de 5 mm, que da a mi Dobson de 30 cm unos 300 aumentos, y sonreí cuando comprobé que varias estrellas saltaban sobre esa esfera, que había aumentado de tamaño. Conté una docena de débiles estrellas, con algunas en el límite de la visión del telescopio. La mayor parte de los componentes del cúmulo son de magnitud 16, con lo que no es de extrañar su tímida apariencia. Destaca un fuerte gradiente luminoso, de forma que el núcleo es bastante más brillante que la periferia, diferenciándose de forma brusca el límite que los separa. Una imagen para recordar, sobre todo teniendo en cuenta que es una esfera formada por miles de estrellas que pertenecen, ni más ni menos, a otra galaxia.

NGC 2298.png

El siguiente, al suroeste del Can Mayor, es un objeto singular, un imitador, un cúmulo abierto cuyo afán es ser un globular, y no es de extrañar su envidia sana. De hecho, lo hace tan bien que NGC 2243 parece un cúmulo globular más claramente que el anterior NGC 2298, y engañaría a cualquiera que no se informara previamente. Está situado a la mitad de distancia que su compañero, a casi 15.000 años luz, y sus estrellas se disponen formando un núcleo denso y una periferia redondeada a modo de esfera. Son estrellas de edad bastante avanzada, llegando a los 4.000 millones de años, algo inusual para un cúmulo, pues lo normal es que tras ese período de tiempo sus componentes se hayan dispersado por el espacio.

NGC 2243

NGC 2243 se encuentra justo en el borde del Can Mayor con Columba, por lo que también tendremos que observarlo cuando contemos con un horizonte sur lo suficientemente limpio. En lo primero que uno piensa al ver NGC 2243 es, como ya hemos adelantado, en un cúmulo globular. Una mancha nebulosa perfectamente circular de algo más de 5 minutos de arco de diámetro parece mirarnos desde lejos, con una treintena de débiles estrellas que hacen su aparición titilando con magnitudes superiores a la 13. En los momentos en los que la atmósfera se libra de las turbulencias la cantidad de estrellas apreciables aumenta enormemente, insinuándose muchas de ellas por toda su superficie. El núcleo es más brillante, degradándose a medida que nos acercamos a la periferia. Uno no puede dejar de preguntarse cómo puede ser tan similar a los globulares que ya hemos visto, y la respuesta nos trae a la mente una imagen plagada de estrellas y nos confunde, aunque en este caso no creo que nos importe demasiado.

Gélida Vía Láctea (Sh2-301 y NGC 2362)

La zona del Can Mayor es el equivalente invernal, podríamos decir, a la zona de Sagitario en cuanto a visibilidad de la Vía Láctea, ya que ambas se encuentran bañadas por los brazos de nuestra galaxia (la gran diferencia es que Sagitario apunta hacia el centro de la misma, con lo cual su brillo es intrínsecamente mayor). Esto significa que toda la región que rodea a Sirio, llegando hasta Orión, es especialmente rica en cúmulos y nebulosas, encontrando una inmensa cantidad de ellos allá donde pongamos el ojo. Ya hemos visto algunas de las maravillas de esta zona, como pueden ser M46 o NGC 2359, el Casco de Thor. Hoy le toca el turno a una zona al sur de Sirio, una región rica en estrellas que guarda muchos objetos interesantes.

Foto Sh2-301.jpg

El primero de ellos es Sharpless 2-301, una gran región HII, rica en hidrógeno ionizado, en la que se están formando estrellas de la misma manera que ocurre en M8 o M42. El gas, a medida que se enfría, se va condensando, y la gravedad hace el resto. El catálogo Sharpless es un conjunto de 313 regiones HII que Stewart Sharpless publicó en 1959 a raíz de fotografías del Observatorio Palomar. Suelen ser objetos vistosos en fotografías de alta resolución, si bien al telescopio sólo unos pocos son especialmente llamativos.

Sharpless 2-301 es una nebulosa difusa de unos 8 minutos de diámetro. Con mi telescopio pude apreciarla, a bajos aumentos, como una leve neblina que se hacía más patente al vibrar la imagen. A 65 aumentos, con el filtro UHC la imagen mejoró considerablemente, pudiendo delimitar algo mejor la imagen tan difusa. Aprecié cierta forma ovalada, alrededor de una decena de estrellas de variado brillo, así como otra condensación un poco más marcada alrededor de otra estrella brillante, a unos pocos minutos de la anterior. En observaciones realizadas con mayor abertura, o bajo mejores cielos, se pueden apreciar tres prolongaciones a modo de colas de cometa, que parten de un mismo punto. Con mi Dobson de 30 cm no pude distinguir una forma especialmente característica, si bien la visión de estas nebulosas siempre es altamente sugestiva.

Sharpless 2 301

El otro objeto es mucho más llamativo y no necesita de visión lateral ni importantes esfuerzos observacionales. Nos referimos a NGC 2362, el cúmulo abierto que engloba a la estrella Tau del Can Mayor. Es una estrella situada por debajo de Sirio, de magnitud 4.39 y tipo espectral O8, y, por lo tanto, muy joven. De hecho al cúmulo se le calculan unos 5 millones de años de edad, ante lo cual impresiona la ausencia de una envoltura gaseosa llamativa, restos de la materia que generó las estrellas. Recientemente se ha detectado una débil nebulosidad a su alrededor, bastante más extensa, que probablemente se haya diseminado a raíz de los fuertes vientos provocados por las estrellas.

NGC 2362

NGC 2362 se encuentra a unos 5.000 años luz y se compone de unas 60 estrellas de la misma generación. Ya se puede apreciar al apuntar con el buscador a Tau Canis Majoris, como un pequeño batiburrillo de estrellas rodeando a la brillante estrella. Al ocular la imagen es muy atractiva, apareciendo como unas 40 estrellas dispuestas alrededor del astro central y que adquieren una disposición triangular, con los vértices estirados. Las estrellas más brillantes, diez de ellas, forman este triángulo, mientras que una veintena de componentes menores pululan por su interior, llamando poderosamente la atención. Una visión más atenta revela, además, que Tau Canis Majoris es en realidad una estrella múltiple, pues dos estrellas más débiles casi parecen tocarla. Se encuentran a 8.6 y a 14 segundos respectivamente, situadas hacia el Oeste. No hay posible confusión, ya que su cercanía las diferencia totalmente del resto de estrellas del cúmulo. La estrella, además, tiene otros dos componentes a 0.1 segundos de distancia, ya fuera del alcance de telescopios de aficionado. La lista de objetos por estos lares es interminable, y sin duda volveremos con un buen arsenal de objetivos.

Los dominios de Thor (NGC 2359 y NGC 2360)

Canis Major, o el Can Mayor, es una constelación especialmente llamativa por su principal estrella, Sirio, que es el astro más brillante del hemisferio norte y una de los más cercanos a la Tierra (a poco más de 8 años luz). En estas noches invernales brilla intensamente por debajo de Orion, y si las nubes no nos impiden la observación es una buena ocasión para echar un vistazo a sus alrededores.

A su izquierda ya vimos que se encontraban M46 y M47, los cuales bien merecen un repaso cada vez que tengamos la oportunidad. A medio camino entre ellos y Sirio se encuentra, un poco al norte, una perla astronómica ampliamente disfrutada en fotografías pero que suele quedarse al margen en las observaciones visuales. Es una nebulosa con una forma tan característica que le ha valido el sobrenombre de “El casco de Thor”. Nos referimos a NGC 2359, y es la nebulosa que se ha formado a partir de una estrella Wolf-Rayet. Si recordamos la entrada de NGC 7635, la Nebulosa de la Burbuja, recordaremos que son estrellas extremadamente masivas que comienzan a perder masa a velocidades muy altas, de forma que toda su envoltura va expulsándose al espacio progresivamente hasta formar las atractivas figuras que podemos apreciar desde nuestra particular estación espacial. La estrella responsable de formar NGC 2359 recibe el nombre de WR7 ó HD 56925. Es una estrella que ha envejecido a pasos agigantados, teniendo en la actualidad unos 20 millones de años, si bien la nebulosa comenzó a formarse hace unos 230.000 años. Su masa, mayor a 16 masas solares, la conducirá irremediablemente a terminar su vida en forma de supernova debido a la rápida combustión de todo su material. En la siguiente imagen, de Bob Franke, podemos perdernos entre los jirones gaseosos de esta maravilla celeste:

Foto 2359.jpg

Hasta ahora se ha dedicado a expulsar los gases que la rodean hacia el exterior en pulsos, provocando varias “ondas de choque”. Se ha estimado que lleva tres de estos pulsos, que han promovido la formación de una burbuja a su alrededor, con el gas a merced de los rápidos vientos que llegan a alcanzar velocidades vertiginosas de hasta 1.500 km/s. Sin embargo, en las fotografías podemos apreciar distintos filamentos que otorgan a la nebulosa su aspecto de casco vikingo. Estas alteraciones en la formación se deben a que el gas, en su expulsión de los dominios de WR7, se ha encontrado con una región HII que le opone cierta resistencia. De esta manera, lo que vemos es el gas que intenta abrirse camino a través de un medio relativamente denso, como una nube que recibe un frente frío y se va deformando rápidamente.

NGC 2359 es fácil de localizar, saltando de estrella en estrella desde M46 (de camino, nos llevamos una alegría a la vista). En el buscador no lo pude apreciar con claridad, pero, sin embargo, había “algo” que me hacía saber que estaba ahí, quizás una mínima nebulosidad que alcanzaba mi retina de forma disimulada…). A 125 aumentos pude apreciarlo sin mayores dificultades, si bien era demasiado tenue y apenas se podía distinguir estructura alguna. La cosa cambió al usar el filtro OIII, resaltando enormemente la silueta de la nebulosa, alcanzando un grado de definición que no pensé que podría ver. El anillo central se apreciaba sin ningún problema, algo alargado, rodeando a la estrella central, que brilla con una magnitud de 11.4, sin llegar a ocupar el centro exacto. Lo más interesante eran, quizá, los dos filamentos que salían del anillo, a modo de cuernos, y se iban difuminando con el fondo a medida que se alejaban de él. La mirada periférica ayuda a verlos con una mayor definición y longitud. El campo estelar, sin ser especialmente rico, es llamativo y forma un agradable marco de fondo a la nebulosa. No es difícil imaginarse a esa estrella expulsando sus capas más externas, soplando con fuerza y deformando la inmensa nube que la rodea. El espectáculo desde una estrella cercana sería sobrecogedor.

NGC 2359.png

La noche que vi por primera vez el Casco de Thor, mientras recorría el cielo con el buscador, vi una pequeña nubecilla que captó mi atención, cerca de donde debía estar la nebulosa. Rápidamente la encuadré y miré por el ocular. Me sorprendí al comprobar que era un cúmulo abierto, y no un cúmulo cualquiera, sino uno de los grandes. Intrigado por cuál sería, decidí buscarlo posteriormente, cogí el lápiz y lo plasmé en el papel. A 125 aumentos ocupaba la mitad del ocular, con un centenar de estrellas que adoptaban caprichosas formas, numerosas alineaciones de pequeños astros que poblaban todo el campo de visión. Una estrella más brillante presidía el cúmulo, como si protegiera al resto de su rebaño. Al llegar a mi casa comprobé que era NGC 2360, conocido también como el Cúmulo de Caroline o Caldwell 58.

NGC 2360

Es un cúmulo abierto situado a unos 3.700 años luz de nosotros, con un diámetro de 15 años luz. Gracias al estudio de sus componentes, entre las que se encuentran varias gigantes rojas, podemos datarlo en unos 2 mil millones de años de antigüedad. La estrella más brillante a la que hacía referencia no pertenece realmente al cúmulo, sino que la vemos sobre él por efecto de perspectiva. Lo descubrió Caroline Herschel en el siglo XVIII, y es uno de tantos objetos que esta maravillosa zona depara al astrónomo que le dedique parte de su tiempo.