Buscando nubes en M51

Tengo una lista de objetos para observar en las noches más oscuras, una lista de objetos complicados y extremadamente tenues que aguardan su momento de gloria cuando estoy bajo cielos verdaderamente buenos. Sin embargo, en esas contadas noches también merece la pena dedicarle un tiempo a objetos ya conocidos, con el objetivo de saborearlos aún más. La noche del 1 de mayo me encontré bajo uno de esos cielos, sin viento, sin humedad, con el espacio que había entre estrellas ocupado por un reguero cristalino que no era sino reminiscencia fantasmagórica de cientos de astros mucho más débiles. Me decidí entonces a reencontrarme con una vieja amiga, M51M51, que ocupaba a esas horas un lugar preferente en el cénit. Justo un año antes la observé, estrenando mi Dobson de 30 cm, en un lugar con mayor contaminación lumínica. Fue, sin embargo, la primera vez que pude distinguir sus brazos en espiral, así como el primer dibujo que realicé sentado ante el telescopio, que adjunto como documento histórico. Sirvió, también, como primera entrada de este blog que ya ha cumplido su año de vida, así que hoy haremos un repaso a esta maravilla celeste que siempre nos muestra su mejor cara.

M51 es una galaxia espiral cuya distancia se sitúa, teniendo en cuenta la supernova de 2011, a unos 23 millones de años luz. Se nos presenta de frente, con dos brazos bien distinguidos, y uno de sus principales atractivos radica en la presencia de una galaxia satélite, NGC 5195, que parece surgir de uno de sus extremos, como una orquídea que sale al final del tallo. Ambas galaxias están protagonizando un baile lento e inexorable desde hace mucho tiempo. Hace apenas 500 millones de años NGC 5195, también llamada M51B, atravesó a M51, de manera que ahora ocupa una posición algo más distante. Estas interacciones dejan su huella en forma de regueros de gas y estrellas que salen disparados al exterior, como el delfín que sale del agua y se lleva tras de sí parte del agua de la superficie. Este fenómeno podemos apreciarlo en la fotografía de Álvaro Ibáñez Pérez, APOD del 6 de Septiembre:

Foto M51.jpg

Imagen obtenida por Álvaro Ibáñez Pérez. Abajo, luminancia en la que se observan las corrientes de marea generadas por la interacción entre las galaxias

Foto M51 luminancia.png

Dentro de dos o tres encuentros más las dos quedarán finalmente unidas en una sola. Es curioso comprobar que estas colisiones galácticas no son, ni de lejos, el violento evento que pueden parecer. Hay un espacio enorme entre estrellas, de manera que si comparamos nuestro sol con una canica de 1.5 cm de diámetro, la estrella más próxima, Alfa Centauri, estaría situada a unos 340 km de distancia. Pensemos por un instante en esta magnitud… No es de extrañar, por tanto, que durante una colisión entre dos galaxias no haya apenas interacciones entre sus estrellas. Lo que sí se produce es el movimiento de sus masas de gas, lo cual deriva en un aumento de su proliferación estelar. Gracias a su interacción, M51 y NGC 5195 han visto drásticamente aumentada su población local, manifestándose en forma de numerosas regiones HII y grandes nubes estelares azuladas en la primera. NGC 5195, sin embargo, posee una cantidad de gas interno mucho menor, con lo cual su tasa de formación de estrellas es, también, más reducida.

M51 LRGB final

Imagen obtenida por Juan Francisco Salinas Jiménez

En el centro de M51 destaca la presencia de un inmenso agujero negro, como en tantas otras espirales, y los últimos estudios han revelado la existencia de una banda de polvo en forma de anillo que rodea su zona central, apareciendo como un línea oscura que, curiosamente, se superpone con otra banda oscura en forma de X. No todas las galaxias cuentan con dos anillos de polvo a su alrededor, y no podemos negar que juntos, bandas y agujero negro, forman un curioso trío, marcando la “X” la situación exacta del agujero negro, como si fuera una indicación en un mapa. Messier 51 podría parecernos una galaxia extremadamente grande, debido a la fuerza que transmite en fotografías, pero lo cierto es que su diámetro apenas alcanza los 75.000 años luz, casi la mitad que el de la Vía Láctea.

Foto M51 core

Esa noche del primer día de mayo abordé M51 sin ninguna prisa, con la intención de sacarle más partido que en veces anteriores, y este dibujo es el resultado de más de una hora de observación. Fácilmente apreciable a través del buscador, a bajo aumento su imagen saltó a la vista como una pequeña fotografía. La estructura espiral, fácilmente visible, se adivinaba en esa esfera, mientras que su pequeña compañera aparecía como una manchita sin detalles singulares. Aprovechando la gran estabilidad atmosférica decidí usar el ocular de 7 mm, que me proporcionaba unos efectivos 214 aumentos. La imagen parecía sacada de un libro. La estructura espiral se hizo entonces mucho más evidente, con sus dos brazos saliendo del núcleo y arremolinándose en aparente orden. Al poco tiempo pude notar que no forman una espiral perfecta, sino que, en ocasiones, los brazos adquieren un camino más rectilíneo, con algún que otro giro más cerrado. El puente que comunica ambas galaxias era visible sin dificultad, aunque en su parte más central desaparecía transitoriamente. NGC 5195 no era, a su vez, perfectamente regular. Tenía un núcleo brillante y su zona más brillante adquiría una forma rectangular, muy alargada, apuntando a su compañera mayor. Hacia abajo su halo se extendía tenuemente en forma de semicírculo, como un débil abanico difuso. El puente comenzaba en un extremo de su centro rectangular, con un entrante oscuro que formaba un ángulo pronunciado justo sobre el núcleo. Pasaron los minutos y mis ojos, ya plenamente adaptados a la oscuridad, empezaron a notar diferencias de brillo en los brazos de la galaxia principal. El brazo que acaba comunicando con NGC 5195 mostraba una región más densa en su zona superior, que al comprobarlo en la red resulta que es una agrupación de regiones HII y cúmulos estelares que, en conjunto, producen una zona más brillante. Estas regiones se llaman HK34, CCM53, CCM55 y CCM57. El otro brazo es más rico en regiones HII, de manera que pude distinguir hasta tres condensaciones, más brillantes incluso que la anterior. A la izquierda, la región más densa es simplemente una zona especialmente poblada de estrellas. La que ocupa la esquina inferior derecha está formada por las regiones HII denominadas HK74 y HK77, mientras que la superior la forman HK9, HK17, HK25, HK26 y hK26.

M51-2.png

Con mi telescopio no pude distinguir ninguna de éstas por separado, pero notar el brillo conjunto de estas inmensas nubes de gas produce una sensación indescriptible, como un viaje al infinito, y una inmensa motivación para seguir buscando más “pequeñas” manchas en mundos distantes. Con un telescopio de mayor abertura esas regiones se individualizan y se muestran a ojos del observador como pequeños puntos nebulosos, pero hasta entonces habrá que seguir exprimiéndolos como hasta ahora, y es que un Dobson de 30 cm puede proporcionar interminables satisfacciones.

Vapor de agua extragaláctico (M106)

De las cientos (si no miles) de galaxias que hay al alcance de un telescopio de 30 cm, la mayoría no se mostrarán más que como una mancha, de mayor o menor tamaño, sin detalles evidentes, aunque no por ello su observación carezca de interés. Sin embargo, un gran número de ellas podrán lucir su estructura, ya sea en forma de brazos en espiral, manchas llamativas o brillantes núcleos cargados de fuerza. La galaxia que nos ocupa hoy pertenece a este grupo de galaxias generosas que, siempre bajo un cielo adecuado, nos ofrece algo más que un borrón.

M106 es una galaxia que, pese a pertenecer al catálogo Messier, fue descubierta por Pierre Méchain en 1781 (y añadida al catálogo en pleno siglo XX). A unos 23 millones de años luz de distancia, es una galaxia espiral que pertenece a la Nube de galaxias de la Osa Mayor, compartiendo localización con otros grupos (incluido nuestro Grupo Local) en la Nube de Coma-Escultor. Alrededor de M106 se disponen varias galaxias más pequeñas, por lo que se les denomina, en su conjunto, como Grupo de M106. Presenta una débil inclinación que dificulta un poco su observación, aunque no lo suficiente como para no admirar sus dos prominentes brazos en espiral, plagados de regiones HII y cúmulos de estrellas azuladas, símbolo de su elevada tasa de proliferación estelar.

Hubble view of M 106

Es una galaxia Seyfert de tipo II con un importante agujero negro en su centro, que promueve una gran cantidad de radiación al exterior. Gran parte de esta radiación la emite en forma de microondas, algo relativamente peculiar y que parece deberse a la presencia de un enorme disco de gas en el que predomina el vapor de agua, recibiendo el nombre de MASER (Microwave Amplification by Stimulated Emission of Radiation), que viene a significar “Amplificación de Microondas por la Emisión de Radiación estimulada”. Básicamente, estas inmensas nubes de gas se encuentran en un medio altamente energético (a raíz de la muerte de estrellas o todo lo contrario, en zonas de gran proliferación), de manera que la molécula de agua absorbe energía y la vuelve a soltar en forma de microondas. También se han encontrado MASERs en nuestra propia galaxia, alrededor de grandes estrellas, regiones HII e asociadas a cometas. En un LASER encontramos un mecanismo de formación similar, pero su emisión se lleva a cabo en forma de luz.

M106 presenta, como decíamos, dos prominentes brazos, pero posee además otros dos menos definidos, con una menor densidad de estrellas. Aunque se pueden apreciar en luz visible, como mejor se observan es en rayos X o en ondas de radio. Constituidos mayoritariamente por gas, su origen se puede explicar por emisiones desde el agujero negro central, a modo de jets o chorros producidos a alta velocidad. Las rápidas partículas expulsadas interaccionan con el medio produciendo grandes cantidades de energía, responsables de iluminar los brazos y hacer que brillen con entidad propia.

Foto M106 Rx

Dos supernovas han sido vistas en la galaxia, una en 1981 y otra, alcanzando la magnitud 14, en 2014. Nada impide que pronto seamos testigos de otra gran explosión, dada la elevada tasa de formación estelar que presenta.

Muy cerca se encuentra NGC 4248, una galaxia espiral que Foto NGC 4231nos muestra su perfil y que, a una distancia menor de 25 millones de años luz, comparte atracción por la gran M106. Un poco más lejos, a 23 minutos de arco, otras dos galaxias comparten el campo, mucho más pequeñas y débiles. Son NGC 2431 y NGC 2432, y sus magnitudes, de entre 13 y 14, las convierten en un objetivo más difícil, aunque no supondrán gran problema bajo un cielo oscuro. Son dos bonitas galaxias en espiral que están interactuando entre sí, a una distancia tremendamente más lejos que el resto, estimada en unos 320 millones de años luz, distancia comparable a la del Supercúmulo de Coma o la del Quinteto de Stephan, por poner algunos ejemplos.

M106

Como comentábamos al principio, M106 es una galaxia espectacular con un tamaño considerable, de 18 x 7 minutos de arco. Lo primero que llama la atención al verla con el telescopio, además de su forma ovalada, es su núcleo brillante. Una estrella de magnitud 14.6 aparece inmersa en una de sus alas, dando la sensación de que pudiera ser una supernova. A 125 aumentos conseguí una bonita estampa, englobando a M106, NGC 4248, NGC 4231 y NGC 4232. M106 muestra un gran contraste y llaman la atención sus prominentes brazos en espiral que avanzan en direcciones opuestas, formando una letra “S” con sus extremos alargados. Presenta un núcleo puntiforme con una región ovalada más densa de la que salen los brazos, que son más definidos con visión lateral. NGC 4248 es fácil de ver como una mancha alargada que apunta hacia M106, con una brillante estrella que parece incrustada en su halo: nuevamente tenemos una estrella que juega a ser supernova. Por último, para ver con claridad NGC 4231 y NGC 4232 es necesario conocer su localización, al otro lado de NGC 4248. Son dos manchas extremadamente débiles que necesitan visión periférica para ser distinguidas del fondo oscuro. Tras una correcta adaptación se puede comprobar que NGC 4232 es algo más alargada, mientras que su compañera es una pequeña esfera difusa con los bordes poco definidos.

M106 - detalle

El ojo del huracán (NGC 4151 y NGC 4156)

En el cosmos también hay monstruos, objetos tan grandes y pesados que devoran todo lo que hay a su alrededor: ni siquiera la luz escapa de ellos… Esta clásica descripción hace referencia a un objeto que todos conocemos bien, aunque nunca lo hayamos visto de forma directa. Nos referimos a los agujeros negros, y en concreto al agujero negro supermasivo que ocupa el centro de una galaxia, NGC 4151, en la constelación de Canes Venatici. A través de las fotografías de larga exposición podría parecer una cálida y apacible galaxia, un lugar donde cualquier estrella viviría en paz consigo misma. Sin embargo, si la vemos en rayos X y en ondas de radio la galaxia se mostrará con un aspecto realmente aterrador… Pero vayamos por partes.

Foto NGC 4151.jpg

La gran mayoría de galaxias de tamaño considerable guardan en su interior un agujero negro supermasivo, de masa proporcional al total de su galaxia (cuanto mayor es la galaxia, mayor el agujero negro). Su origen puede explicarse de dos maneras: o comenzó siendo un agujero negro de masa estelar y poco a poco ha ido ingiriendo material hasta alcanzar su tamaño final, o fue formado en una época primigenia, y la misma presión producida por el Big Bang promovió su formación, ya con un tamaño considerable desde el principio. Sea como sea, los agujeros negros supermasivos han resultado ser más frecuentes de lo que se pensaba en un principio, aunque también hay que decir que su comportamiento no es tan agresivo como el de los agujeros negros menores. En primer lugar, porque su masa se halla dispersa por un diámetro bastante mayor, motivo por el cual su horizonte de sucesos no arrastra con la misma fuerza con que lo haría un agujero negro estelar, sus fuerzas de marea son mucho menores. Por tanto, el bulbo de una galaxia que albergue uno de estos “monstruos” no debe ser tan desapacible como podría parecer a priori. De hecho, podría ser un espectáculo visual muy llamativo. No, no veríamos el agujero negro como tal, eso bien lo sabemos, pero sí veríamos el inmenso disco de acreción que gira a su alrededor, formado por gas y materia que se aceleran continuamente, calentándose en el proceso y aumentando su temperatura. Al acercarse al horizonte de sucesos la velocidad de este gas aumentaría exponencialmente, y en algunos casos saldría disparado hacia el espacio de manera bipolar, de forma que aparecerían dos chorros o jets que se prolongarían hacia el espacio extragaláctico. El material de acreción llega a alcanzar temperaturas tan calientes que emitirían ingentes cantidades de rayos X. Y, precisamente, hace 46 años el satélite Uhuru detectó, desde su órbita espacial, una importante fuente de rayos X que parecía provenir de un punto situado en el área de NGC 4151, una galaxia espiral que podemos encontrar a apenas 2 grados de NGC 4244.

Con estas breves nociones podemos echar un vistazo a la imagen combinada del telescopio Chandra con el Jacobus Kapteyn de las Palmas, publicada en un estudio de Noviembre de 2014. En ella, aunque parezca el ojo de Sauron, estamos contemplando las entrañas de la galaxia NGC 4151, en la imagen más detallada de un agujero negro supermasivo obtenida hasta la fecha. El centro brilla intensamente en color azul, manifestando la intensa radiación que emite en Rayos X. El color rojo que rodea a la pupila representa el hidrógeno neutro, que no es más que esa gran cantidad de gas que rodea al agujero negro y forma parte del disco de acreción, girando a su alrededor y cayendo hacia sus dominios, como el barco que engulle un remolino en altamar. Esos puntos amarillentos que brillan son zonas de formación estelar, ya que esta gran dinámica remueve el caldo de cultivo de la galaxia y estimula el nacimiento de estrellas por condensación del gas. De esta manera podemos decir que el agujero negro se va regulando a sí mismo: provoca la formación de estrellas que, posteriormente, acabará por devorar, en un ciclo que se repite cada varios millones de años.

Foto NGC 4151 X

El decalaje observado entre la radiación ultravioleta y el infrarrojo ha permitido estimar el tamaño del agujero negro, que resulta tener 30 días luz de diámetro, o lo que es lo mismo, 777 mil millones de kilómetros (130 veces la distancia que separa al Sol de Plutón). Gracias al conocimiento de sus dimensiones se ha podido calcular la distancia a NGC 4151 de una forma bastante exacta, haciendo uso de la trigonometría, estimándose en 62 millones de años luz. NGC 4151 se ha convertido, así, en la galaxia Seyfert más cercana a la Tierra y, por tanto, en el mejor modelo de estudio para conocer en profundidad a este interesante tipo de galaxia. ¿Más nombres y datos técnicos? Para nada, una galaxia Seyfert es el nombre con el que se conoce a una galaxia en cuyo interior hay un agujero negro supermasivo que emite una intensa radiación electromagnética en distintas longitudes de onda. Una de las más representativas es, como ya hemos visto con anterioridad, M77 en la constelación de Cetus.

Tras estos densos párrafos cargados de física para todos los públicos nos transportamos, por fin, a nuestro oscuro lugar de observación, acompañados del telescopio al que tanto cariño le estamos cogiendo y abanicados por la  fría brisa del cambio de estación, que trae consigo miríadas de galaxias puestas en bandeja para disfrutarlas con tranquilidad. La primera vez que observé NGC 4151 lo hice desde el absoluto desconocimiento, sin saber su aspecto ni sus características, aprovechando que me encontraba bajo un cielo bastante oscuro. Es fácil de encontrar, formando un triángulo isósceles con Chara y NGC 4244, en la rica constelación de Canes Venatici. Con una magnitud de 11.5, es fácilmente visible como una mancha redondeada, ligeramente ovalada, con un centro brillante y puntiforme que destaca sobre el resto del halo, muestra del gargantúa que reside en su interior. Dos estrellas extremadamente débiles la flanquean, apenas visibles con visión lateral. Decidido a buscar detalles, respiré hondo, dirigí la vista hacia el cielo plagado de miles de estrellas, y volví a mirar por el ocular, usando 214 aumentos. Necesité unos minutos de paciencia y una completa adaptación a la oscuridad, y entonces comencé a percibir que los extremos del óvalo parecían más definidos, con una densidad mayor que el resto de la galaxia, apareciendo como dos débiles arcos o signos de paréntesis rodeando al punto central.

NGC 4151

Al mismo tiempo, una segunda mancha hizo su aparición en el campo de visión, a unos 5 minutos de arco de distancia. Redondeada y débil, con poco más de 1 minuto de diámetro, comprobé que correspondía a NGC 4156, una galaxia espiral barrada de magnitud 13.5. Se encuentra muy cerca de NGC 4151, pero la perspectiva es engañosa, pues su distancia se estima en 230 millones de años luz, casi cuatro veces más lejana que su compañera. Curiosamente muestra también una elevada emisión de rayos X en su núcleo, aunque parece que en su caso se debe a una reciente interacción con otra galaxia satélite. El cosmos es un jardín fascinante en el que la más mínima flor puede guardar secretos apasionantes.

El alfiler de plata (NGC 4244)

La constelación de Vanes Venatici ha demostrado continuamente ser un prodigioso nido de galaxias, que pueblan toda su superficie como plantas en un bosque. A unos 13 millones de años luz se encuentra el conocido como Grupo Canes Venatici I, una asociación dispersa de más de 20 galaxias, la mayoría enanas, entre las que podemos ver algunas de mayor importancia como M94 o NGC 4449. Hoy nos centraremos en su segundo miembro más brillante, una bonita galaxia que recibe el poético nombre de la Galaxia del Alfiler de Plata.

Foto NGC 4244

NGC 4244, también denominada Caldwell 26, es una galaxia espiral que se nos presenta completamente de canto, de manera que no podemos distinguir en ella sus brazos en espiral, sino algunas nubes de polvo y cúmulos de estrellas dispersos por toda su superficie. Se le estima un diámetro de 65.000 años luz, y pertenece al grupo de galaxias de tipo tardío, caracterizadas por su disminución en la tasa de formación estelar. No veremos en ella grandes regiones HII como ocurre, por ejemplo, en M33. Su superficie es mucho más homogénea, destacando en el centro una región más brillante, con un núcleo puntiforme que sólo aparece en algunas fotografías de larga exposición. Junto a este núcleo se ha encontrado un enorme cúmulo de estrellas formado por más de un millón de componentes, comparándose su masa a la de un cúmulo globular, que giran alrededor de la galaxia a 30 kilómetros por segundo. La masa de este cúmulo, al igual que otros cúmulos cercanos a los núcleos de galaxias, es proporcional a la masa total de la galaxia, lo cual parece señalar que ambos, cúmulo y galaxia, se formaron a la vez y se han desarrollado de manera paralela, al igual que ocurre con los agujeros negros supermasivos que dominan el centro de otras galaxias.

NGC 4244 se encuentra cerca de Chara, o beta CVn, al lado de una estrella de tipo espectral K2 de magnitud 9.35, que brilla con tono anaranjado. Una vez que vemos la galaxia a través del ocular de bajo aumento entendemos rápidamente el sobrenombre que le ha sido dado. Alcanza 16 minutos de arco de longitud, y al contemplarla no podemos negar que es una de las galaxias de perfil más alargadas que hemos contemplado jamás. Con el ocular de 13 mm ocupa exactamente la mitad del campo visual, apareciendo como una mancha alargada con la zona central algo más brillante y ancha, mientras que los extremos se van estrechando hasta desaparecer por completo. Una veintena de estrellas comparten campo con ella, con una interesante doble que roza el centro de la galaxia. Sin embargo, a pesar de estar separada por unos 3 segundos de arco, no es fácil de disfrutar, pues sus magnitudes son de 14.85 y 14.90, extremadamente débiles. Llegué a contemplarlas como una sola estrella, tenue, visible tan sólo con visión periférica.

NGC 4244.png

Tuve que usar mayores aumentos para poder distinguir detalles en el interior de la galaxia, realizando una “inmersión” en la galaxia, que se perdía por los bordes del ocular. A 214x pude distinguir un aumento de brillo en la región central, más manifiesto que a bajos aumentos, y a los pocos minutos hizo su aparición un pequeño nódulo más brillante que el halo, a unos dos minutos de distancia del núcleo en dirección a la estrella anaranjada. Intenté hacerme a la idea de lo brillante que tenía que ser esa condensación de estrellas para poder distinguirla desde tan lejos. Mientras usaba la visión indirecta para apreciarla mejor pude ver otra condensación, algo más débil, al otro lado del núcleo, de manera que éste era flanqueado por dichas regiones más brillantes. Al volver a usar el ocular de 125 aumentos pude contemplar entonces las condensaciones, que otorgaban un aspecto moteado a ese tercio central de la larga aguja.

Acompañando a Cor Caroli

 

La primavera es la estación de las galaxias, y es por eso que miremos donde miremos con nuestro telescopio, casi con toda seguridad hay al menos una galaxia cerca. Hoy vamos a ver un grupito de 4 galaxias en Canes Venatici, a cuyo encuentro iremos partiendo de la brillante estrella Cor Caroli o Alfa Canis Venaticorum. Este egregio nombre se debe a Edmund Halley y hace referencia a Carlos II de Inglaterra (hay algunas fuentes que lo atribuyen a Carlos I. Halley fue aconsejado por el físico de la corte del Rey, que defendía que el día en que el soberano regresó a Londres, en 1660, la estrella brilló de forma inusual.

Cor Caroli es un estrella doble muy llamativa y sencilla de ver, con sus componentes a unos 19 segundos de separación. Su estrella principal es un astro de magnitud 2.89, con 10.000ºC en su superficie. Situada a 110 años luz de nosotros, es una estrella de tipo espectral A y tiene una masa 2.8 veces mayor que la del Sol. Su compañera es más pequeña, con una magnitud de 5.61, y se sitúa a 650 UA de la primaria, completando una vuelta en más de 8000 años. Es de tipo espectral F, de tonalidad amarillenta, pero su cercanía a la brillante compañera produce curiosos efectos visuales. Hay observadores que dicen distinguir un color anaranjado, mientras que otros la encuentran liliácea, rosácea y algunos, entre los que me encuentro, verdosa. La primera vez que la vi no me llamó la atención ningún color especial, probablemente debido a que la calidad de la atmósfera no acompañaba; sin embargo, la segunda vez que la observé quedé gratamente sorprendido, ya que nunca pensé que podría ver una estrella de color verde. Es una tonalidad difícil de definir, a medio camino entre el verde y amarillo, como la luz de un amanecer que se filtra a través de un frondoso árbol en primavera. Aquí entra en juego la sensibilidad cromática de cada uno, pero sin duda supondrá un bonito espectáculo se mire como se mire.

Foto NGC 5005.jpg

Desde Cor Caroli no tenemos más que movernos unos 4 grados hacia el noreste para que entren en campo las galaxias que queremos observar, un cuarteto que se sitúa a unos 60 millones de años luz, aunque con una gran variabilidad según los métodos empleados, aportando cifras entre 39 y 100 millones de años luz. Una de las mayores es NGC 5005, también llamada Caldwell 29, una galaxia espiral de unos 100.000 años luz de diámetro que se nos muestra levemente inclinada, de manera que en fotografías de larga exposición podemos apreciar sus brazos bien definidos. Es una Galaxia de Núcleo Activo, clasificada como LINER por muchos autores. LINER significa “Low Ionization Nuclear Emission Region” y viene a ser un tipo de núcleo activo que emite menos radiación que otros tipos de galaxias activas como las Seyfert. Sin embargo, parece que el mecanismo subyacente a todas estas Galaxias de Núcleo Activo es un agujero negro que acelera la materia a su alrededor, despidiendo partículas a velocidades cercanas a la luz, de ahí la gran energía que podemos captar desde nuestro planeta. NGC 5005 es una galaxia con una importante proliferación estelar, especialmente en su región central, donde se ha descubierto, a 10.000 años luz del núcleo, un disco de hidrógeno molecular, el caldo de cultivo para formar estrellas. Con unos 6 x 3 minutos de arco y una magnitud poco mayor que 10, es fácilmente visible a través del Dobson, con una forma claramente ovalada y un núcleo brillante, reflejo del monstruo que habita en su interior.

Foto NGC 5033.jpgMuy cerca de ella podemos ver otra gran galaxia denominada NGC 5033, mayor que la anterior, con un diámetro total de unos 180.000 años luz (supera a nuestra propia galaxia). Tiene un tamaño aparente mayor que NGC 5005, de 10 x 5 minutos de arco, aunque lo que veremos a través del telescopio será su región más interna, con lo cual parece más pequeña. Es similar a su compañera en muchos aspectos. Su estructura espiral se deja adivinar en fotografías gracias a su leve inclinación, y guarda en su interior otro gran agujero negro. NGC 5033 es otra galaxia LINER, e incluso se parece a NGC 5005 a la hora de verla por el ocular, con una forma ovalada, algo menor, y con un brillante núcleo en el centro. Con visión periférica el halo ocupa una extensión mayor, aunque no llega a superar a su gemela. Las dos se ven fácilmente en el mismo campo a 65 aumentos, y si la noche es oscura podemos intentar ver otras dos galaxias, más débiles y pequeñas.

NGC 5005.png

NGC 5002 es una galaxia de apenas 20.000 años luz, irregular, similar en tipo y forma a la Nube de Magallanes. Tiene una barra central y un halo totalmente deformada, sin una clara silueta. Mide poco más de un minuto de arco de diámetro, y su magnitud de 14 puede dificultar un poco su identificación, aunque sabiendo su localización no deberíamos tener problemas en una noche oscura. No distinguiremos detalle alguno, tan sólo un tenue manchón, pero no todos los días podemos ver una galaxia irregular a 60 millones de años luz… La otra galaxia es algo más definida, una galaxia espiral denominada NGC 5014, que avanza por el espacio junto a las anteriores. Su magnitud de 13 la hace algo más fácil de ver, y tiene una forma más ovalada, más clara con visión periférica, con los extremos muy finos. Estas dos últimas galaxias son un aditivo reservado para cielos oscuros, pero la mera visión de NGC 5005 y NGC 5033 basta para tenernos pegados al ocular durante un tiempo considerado.

NGC 5005 - detalles.png

Una caja de estrellas (NGC 4449)

Los observadores del hemisferio norte podemos estar resentidos por no poder disfrutar de las impresionantes vistas de la Gran Nube de Magallanes, la galaxia satélite que orbita a corta distancia a la Vía Láctea y que muestra detalles asombrosos a la vista de cualquier instrumento. Sin embargo, en espera de algún día viajar a tierras australes, podemos ver a través de nuestro telescopio otra galaxia irregular que, a pesar de encontrarse bastante más alejada, tiene algunos detalles por mostrarnos. Estamos hablando de NGC 4449, también denominada Caldwell 21 y conocida como la Galaxia de la Caja.

Foto ngc 4449.jpg

Se encuentra situada a unos 12 millones de años luz, formando parte del grupo Canes Venatici I, al que también pertenece M94. Mide unos escasos 16.000 años y es una galaxia de tipo irregular, de características similares a nuestra Nube de Magallanes, pero con una proliferación estelar dos veces mayor. La fotografía del Telescopio Espacial Hubble muestra una explosión de luz y color. Por un lado, esos filamentos de color rosado son enormes burbujas de gas, regiones HII que sirven de caldo de cultivo para la formación estelar. Se pueden distinguir también grandes cúmulos estelares, aglomeraciones de estrellas que se agolpan en el centro y algunas zonas de la periferia. Todas estas características obedecen a una causa concreta: su interacción con otras dos galaxias en los últimos miles de millones de años. Una de ellas, llamada DDO 125, es una enana esferoidal que ha dejado tras de sí un rastro formado por miles de estrellas gigantes rojas, que se pueden apreciar muy cerca de NGC 4449. Su momento de mayor acercamiento fue hace unos 5.000 millones de años, y poco a poco irán acercándose de nuevo hasta formar parte de la misma estructura.

Foto NGC 4449 subaru

De la otra compañera sólo queda el núcleo, en forma de cúmulo globular de grandes proporciones, al igual que ocurre con Omega Centauri en nuestra galaxia. El conjunto se halla rodeado por una inmensa burbuja de hidrógeno neutro, invisible para nuestros ojos, que llega a ocupar un área de 75 minutos de arco, es decir, unas 14 veces el diámetro de NGC 4449. Probablemente sea gas que escapó de la galaxia principal durante sus encuentros intergalácticos, pero todavía supone un misterio para la ciencia.

NGC 4449 es una galaxia accesible a pequeños instrumentos, pero con mayor abertura podremos distinguir en ella detalles especialmente interesantes. Se encuentra muy cerca de Chara, Beta Canis Venaticorum, a medio camino entre dicha estrella y la Superba. De magnitud 10, es apreciable con unos buenos prismáticos como una débil mancha, siempre y cuando contemos con un cielo oscuro. Con el Dobson de 30 cm llama la atención, desde un primer momento, su forma totalmente anómala. Entendemos entonces el sobrenombre de la galaxia, y es que pocos universos islas podemos contemplar que tengan una forma particularmente rectangular. Tiene un tamaño cómodo, de unos 4.4 x 6.2, y permite usar aumentos elevados si la atmósfera no está especialmente turbulenta. Una estrella reside en uno de sus extremos, y muy cerca de ella, ocupando el centro de la galaxia, se aprecia una región especialmente brillante. A 214x el centro es puntiforme, pero a su alrededor podemos ver varias zonas grumosas y brillantes, correspondientes a los grandes cúmulos abiertos que reinan en esta zona de la galaxia. No deja de ser asombroso que podamos observar estructuras particulares en un mundo extragaláctico, por muy cerca, relativamente, que esté. Con visión indirecta se pueden apreciar, al otro lado de la estrella, otras dos zonas más destacadas, delatando así mismo otra brillante aglomeración de soles. La cantidad de detalles que podamos ver será proporcional al tiempo dedicado a observar esta pieza de museo. No podremos evitar extrañar su silueta rectangular, pero el cosmos no entiende de formas, y ese es precisamente uno de sus mayores atractivos.

NGC 4449

Colores y formas exóticas en Canes Venatici

Canes Venatici es una constelación primaveral llamativa por varias razones. En primer lugar, está formada por dos estrellas brillantes sin ninguna forma definida. Para conocer el motivo nos tenemos que remontar al siglo II antes de Cristo, cuando Ptolomeo escribe su Almagesto y mapea toda la esfera celeste visible desde el hemisferio norte. Por aquel entonces la constelación de los Perros de Caza no existía aún, perteneciendo sus estrellas al Boyero, traducido como el pastor. Dichas estrellas venían a formar parte del cayado del pastor, pero los árabes, al adaptar el texto de Ptolomeo, sustituyeron la palabra “cayado” por “hoz”. En principio no parece un error tan importante, pero siglos más tarde, al pasar el texto al latín, se tradujo como “perro”. De ahí que Johannes Hevelius, a finales del siglo XVII, bautizase la constelación como Canes Venatici o los Perros de Caza, imaginándolos al lado del pastor. Esta constelación es, además, rica en galaxias, como corresponde a esta ventana primaveral al exterior de nuestra galaxia, sin brazos espirales que nos interfieran la visión.

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Comenzamos la visita a esta constelación con uno de sus clásicos, la brillante estrella Gamma Canum Venaticorum, también conocida como la Superba. Es una de las estrellas más rojas que podemos encontrar en el cielo, y pertenece al tipo espectral C5, lo cual hace referencia a su naturaleza rica en carbono. Al igual que R leporis, la Superba es una estrella de carbono en la que se está agotando el hidrógeno y el helio. Éste último se ha fusionado dando lugar a grandes concentraciones de carbono en el núcleo, que por corrientes de convección va hacia la superficie. El carbono es un elemento que bloquea las longitudes de onda corta, de manera que los colores azules y violáceos quedan retenidos, y es ése el motivo por el que la vemos de ese color rojo intenso. Es una estrella gigante roja con un volumen de unas 2.2 UA, con lo cual, situada en nuestro sistema solar, sobrepasaría incluso la órbita de Marte. La Superba está inminentemente destinada a convertirse en una enana blanca, dejando a su paso una huella en forma de nebulosa planetaria. Es, además, una estrella variable, cambiando su magnitud de 4.8 a 6.3 cada 5 meses. Con cualquier aumento es evidente su intensa tonalidad, incluso con prismáticos, ocupando el podio de las estrellas más rojas que podemos observar. Su color dependerá de la estabilidad atmosférica y la humedad, pero en líneas generales nada impedirá que la veamos de un color rojo anaranjado intenso que rivaliza con el mismísimo marte. Tras observar diversas estrellas rojas aprenderemos a distinguir este color, relativamente oscuro, con el de las gigantes rojas, que son por lo general más anaranjadas, incluso con tintes amarillentos.

No tenemos más que descender 4 grados y medio hacia el sur para que entre en campo la segunda estrella más brillante de la constelación, Beta Venaticorum, también llamada Chara o Asterion. Estos dos nombres, a pesar de aplicarse a la misma estrella, hacen referencia a los dos perros de la constelación. Es una estrella de magnitud 4.25 que se encuentra a 27 años luz de nosotros. Asterion es una enana amarilla de tipo espectral G0, con unas características sorprendentemente similares a las de nuestro sol, tanto en tamaño como en temperatura. De hecho, pertenece a un grupo de 30 estrellas seleccionadas para buscar la presencia de exoplanetas. Si algún día aprendemos a viajar entre las estrellas, Asterion será probablemente uno de los primeros destinos.

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Otro interés de esta estrella es su cercanía aparente a una espectacular pareja galáctica formada por NGC 4485 y NGC 4490. Ambas pertenecen al denominado Grupo Canes Venatici II, una veintena de galaxias que se encuentran gravitacionalmente unidas a unos 25 millones de años luz de nosotros, siendo su principal miembro M106. NGC 4490 y NGC 4485 son dos galaxias en interacción que hace unos 400 millones de años tuvieron su primer encontronazo, alterándose su estructura espiral. Ahora se están distanciando, dejando una estela de estrellas entre ellas de 24.000 años luz. NGC 4490 es la mayor de ellas, con 35.000 años luz y dos brazos espirales que todavía no se han deformado excesivamente. En fotografías de larga exposición se aprecian multitud de condensaciones y regiones HII, fruto de la intensa proliferación que está sufriendo desde hace millones de años, sobre todo en la cara que da a su compañera. La interacción no ha hecho más que incrementar esta formación estelar, hecho que se manifiesta también en la aparición de dos supernovas en las últimas décadas (en 1982 y 2008).

NGC 4485 es más pequeña y ha perdido casi toda estructura visible, aunque en algunas fotografías todavía pueden distinguirse reminiscencias de su estructura espiral. En las zonas más cercanas a NGC 4490 se aprecia también un importante brote estelar, pero el resto de la galaxia ha perdido su capacidad germinativa, siendo especialmente escaso su contenido interestelar de hidrógeno neutro, probablemente arrebatado por su compañera.

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NGC  4490 es visible con unos meros prismáticos en un cielo oscuro, aunque para apreciar detalles más sutiles serán necesarios los prismáticos. Con el Dobson de 30 cm la imagen es sublime, mostrándose ya a bajo aumento ambas galaxias con un gran brillo superficial. NGC 4490 presenta un núcleo brillante y pequeño, puntiforme, con un halo alargado cuyos extremos están curvados en direcciones opuestas, otorgando a la galaxia forma de letra “S”. A mayor aumento se hace aún más evidente, y se comienza a apreciar una especie de “columna vertebral” en la galaxia que la recorre de arriba abajo, atravesando el núcleo, que parece ser algo más grueso. Con la visión totalmente adaptada a la oscuridad se puede apreciar cierta estructura grumosa en la región que va del núcleo hacia su compañera, y una débil estrella hace su aparición en el extremo opuesto, en los límites de la visibilidad. NGC 4485 es más pequeña y débil, pero supone un broche de oro a la observación de esta pareja. Tiene forma redondeada, ligeramente ovalada, con la zona central algo más brillante- Con visión periférica su tamaño parece ser un poco mayor. Apuntar a estas dos galaxias en una noche oscura y usar aumentos elevados nos permitirá disfrutarlas como si viéramos una fotografía en blanco y negro.

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Terminamos la visita con otro magnífico alarde de contraste de colores que, junto a la Superba, demuestra la gran variedad cromática que se puede encontrar en el cielo. Se trata de 2 CVn, una estrella doble que puede pasar fácilmente desapercibida, con magnitud de 5,7. Es una espectacular estrella doble que pasa desapercibida ante otros objetos de la constelación. La estrella principal es de tipo espectral M1, poniéndonos por tanto en preaviso de su color rojizo. Su compañera, situada a unos cómodos 11 segundos de arco de separación, es una pequeña estrella de magnitud 8.71, de tipo espectral F7. Es una estrella amarilla de mayor envergadura que nuestro sol, pero su apariencia al lado de la principal es de un agradable color azulado, gracias a la diferencia de brillo. Se sitúan a 770 años luz de nosotros, y es una doble apta para todas las aberturas.

Doble - 2 CVn

Además guarda una sorpresa, y es la presencia de una débil galaxia junto a ella. Se trata de PGC 4548454 (acompañada por otra algo más débil, PGC 4570259). Según algunos catálogos es de magnitud 12, pero no nos dejemos engañar, pues tiene un brillo superficial extremadamente bajo. Es de esos objetos difíciles que requieren bastante tiempo para llegar a intuirlo, aun conociendo su situación con precisión. Tras permanecer unos diez minutos tras el ocular llegué a notar una debilísima nebulosidad, sin forma alguna definida, justo donde debía estar. No he encontrado información respecto a esta galaxia, ni respecto a otras tres que hay junto a ella, ya totalmente fuera de alcance de instrumentos asequibles. Aun así, no es necesario distinguir estos mundos lejanos para arrancar una exclamación a cualquiera que mire por el telescopio, pues la imagen de 2 CVn es un reclamo permanente al que mirar en las noches de primavera.