M51 a través del NextStar 102 SLT

M51, la Galaxia del Remolino, es uno de esos objetos que nunca nos cansamos de observar. Ya la había disfrutado ampliamente con el Dobson de 300 mm, dedicándole gran cantidad de tiempo, así como con otros instrumentos relativamente amplios. Así que decidí darle una oportunidad con el “pequeño” refractor NextStar 102 SLT. Me demostró, una vez más, que es un instrumento tremendamente versátil y que puede ser el instrumento principal de una observación sin ningún problema. De entrada se hizo evidente el gran disco de M51, con un núcleo intenso y redondeado, incluso con visión directa. Su compañera deslustrada, NGC 5195, se hacía patente como una tenue mancha pequeña a su lado, con su región central algo más brillante. Con el ocular Cronus de 7 mm decidí dedicarle algo más de tiempo, gracias a lo cual fueron haciendo acto de presencia los famosos brazos de la galaxia. Conseguí distinguir claramente dos de ellos, abrazando el núcleo en una llamativa espiral, siendo uno de ellos el que se continuaba hasta la pequeña lenticular NGC 5195, un puente celeste que se difuminaba rápidamente antes de llegar a su destino. Una débil estrella aparecía superpuesta con el disco de M51, en contacto con uno de sus brazos, y por más que lo intenté no conseguí sacar más detalles. Tampoco me quejo, intuir la presencia de los brazos era mi principal objetivo, e incluso bajo un cielo algo lechoso por las nubes altas el pequeño refractor no tuvo problemas para ello. Cada vez estoy más contento con este versátil tubo.

M51 4''.png

Con un solo brazo (NGC 4618)

NGC 4027 no es, ni mucho menos, la única galaxia “manca” que podemos encontrar, y tenemos otro claro ejemplo en NGC 4618, una galaxia capaz de mantenernos pegados al ocular durante largo tiempo.

Foto NGC 4618

Crédito: Adam Block

Descubierta por William Herschel en 1787, fue catalogada como Arp 23 por Halton Arp en su conocida lista de galaxias peculiares, junto con su compañera NGC 4625. Se encuentran a 30 millones de años luz en la constelación de Canes Venatici, muy cerca de Chara, más conocida como beta Canes Venaticorum. Forman parte de un grupo mayor de galaxias, el grupo Canes II, junto a otras galaxias de categoría como M106, NGC 4490 o NGC 4414. Esta “nube” galáctica, que presenta una forma alargada, se encuentra algo más alejada del grupo Canes I, que cuenta entre sus integrantes con M94, NGC 4449 y NGC 4214, entre otras, situadas a una distancia que ronda los 15 millones de años luz. Tomar conciencia de estas agrupaciones nos ayuda a comprender mejor este enmarañado unvierso en el que nos ha tocado vivir.

Ambas galaxias son enanas irregulares, similares a nuestras satélites magallánicas, aunque se puede apreciar en ellas una cierta estructura espiral, especialmente en NGC 4625. NGC 4618, por el contrario, presenta un prominente brazo espiral que gobierna el aspecto de la galaxia, plagado a su vez de numerosas regiones de formación estelar. Estudiando el hidrógeno neutro de ambas galaxias se ha llegado a la conclusión de que la interacción entre las dos no es tan influyente como podría parecer, de manera que śolo una pequeña parte del hidrógeno de 4618 se ve afectado por la gravedad. Sus cambios morfológicos tienen que deberse, por tanto, a factores internos, entre los cuales figuran hipótesis que atañen a agujeros negros o grandes explosiones de supernovas: se necesitan más observaciones para desentrañar este misterio. Lo que sí está claro es que ambas galaxias presentan una importante proliferación de estrellas, como tantas otras enanas irregulares, algo que llama la atención ya que, a menudo, no se debe precisamente a encuentros intergalácticos. En este caso parece ser que se produce una proliferación estelar en cadena, de manera que una región HII crea estrellas masivas, algunas de las cuales explotan como supernovas en un período corto de tiempo, estimulando el gas circundante y dando lugar a una oleada de formación de estrellas por repetición de este proceso (formación, supernova, formación…).

El hidrógeno molecular ha permitido también estimar la masa de las galaxias, de manera que sabemos que NGC 4618 tiene una masa de 4.700 millones de soles, mientras que NGC 4625 presenta el doble de masa. Si observamos cualquier fotografía veremos que esta última es de menor extensión que su compañera, pero la realidad es muy diferente, como se descubrió recientemente gracias al GALEX (Galaxy Evolution Explorer), un instrumento capaz de captar luz en ultravioleta. Se pudo ver entonces que la galaxia es cuatro veces más extensa que en luz visible, llegando a alcanzar un diámetro de 56.000 años luz. Estos brazos espirales, hasta entonces invisibles, están formados por jóvenes estrellas azuladas, recién nacidas, estimuladas en su caso por recientes interacciones con otras galaxias (fijémonos que tenemos, en estas dos galaxias, dos causas distintas de formación estelar a pesar de compartir el mismo entorno).

Foto NGC 4625 uv

Conocidas ya las principales características de esta pareja de galaxias sólo nos queda coger nuestros telescopios y salir a un lugar bien oscuro. NGC 4618 es, sin duda, la protagonista visual de esta estampa galáctica, apreciándose sin dificultad incluso a bajo aumento como una pequeña mancha ovalada. Con el Dobson de 30 cm aproveché una noche con buena estabilidad atmosférica y disfruté de estas galaxias a 214 aumentos, justo después de haber estado con NGC 4027. Para mi sorpresa, me fue más sencillo vislumbrar el prominente brazo de NGC 4618, que aparecía curvado junto al borde ovalado de la galaxia. Era tenue, pero la mirada periférica lo revelaba sin mayores problemas, conformando una curiosa visión a la que no estamos acostumbrados, recordando enormemente a las fotografías que se pueden encontrar en la red. NGC 4625, cercana y discreta, resultaba fácil de ver con visión lateral, apareciendo como una pequeña mancha difusa y redondeada sin mayores detalles aparentes. Si nuestros pudieran observar la luz ultravioleta otro gallo cantaría…

NGC 4618

Con un solo brazo (NGC 4027)

A una distancia de entre 70 y 80 millones de años se encontraban las galaxias NGC 4038 y NGC 4039, más conocidas como las Antenas, de las cuales ya disfrutamos hace meses en esta entrada. Ambas galaxias son las protagonistas de un grupo de galaxias relativamente disperso, y hoy fijaremos nuestra mirada en una de sus galaxias compañeras, una que se encuentra a apenas medio grado del famoso par, en la constelación del Cuervo:

NGC_4027

Crédito: ESO

NGC 4027 es una galaxia peculiar, tanto que pertenece al catálogo de Halton Arp con el nombre de Arp 22, en la categoría de galaxias con un solo brazo. Efectivamente, en cualquier fotografía de larga exposición queda patente esta extravagante formación, un enorme brazo que le otorga a esta galaxia el aspecto de un “6” cósmico. El origen de este brazo se lo debemos a una interacción con otra galaxia que tuvo lugar hace millones de años, un encuentro en el que la gravedad fue esculpiendo y modelando esas estrellas que no llegaron a ser arrancadas de su huésped. Desde un principio los ojos acusadores recayeron sobre una pequeña galaxia que se encuentra a 4 minutos de arco de distancia, lo cual corresponde a unos 300.000 años luz, galaxia que recibió el nombre de NGC 4027A. No había nada que uniera a ambas galaxias, al menos en el espectro de luz visible, pero todos los indicios apuntaban a ella. No fue hasta hace poco que se pudo estudiar la región observando el hidrógeno atómico y se confirmó la sospecha, apareciendo un enorme puente de hidrógeno entre ambas galaxias, una estela en forma de espiral que delataba un encuentro relativamente reciente entre ambas.

Foto NGC 4027 H1.PNG

Izquierda: hidrógeno neutro. Derecha: visual

Este tropiezo intergaláctico propició, además de la formación de su prominente brazo, todo un enjambre de formación estelar, manifestándose en forma de múltiples regiones HII y condensaciones azuladas que se pueden apreciar hoy en día, tanto en la galaxia principal como en la más pequeña. Gracias al mapeo del hidrógeno se ha podido saber que ambas galaxias se hallan inmersas en una envoltura de materia oscura que llega a medir más de 1.5 veces la distancia entre ellas y que seguramente será la responsable de la huida en espiral de la galaxia más pequeña. Con los telescopios venideros este fenómeno podrá estudiarse de una forma mucho más profunda y exacta, de manera que podemos esperar grandes avances en este campo en los próximos años.

NGC 4027 fue descubierta por William Herschel en 1785, y no es de extrañar que no pudiera distinguir su brazo espiral o la débil compañera, NGC 4027A: de hecho, pensó que esa mancha debía ser un cúmulo globular extremadamente tenue… Tenemos que tener en cuenta que, aunque NGC 4027 posee una magnitud 11, su brillo superficial es bastante menor, algo lógico cuando sabemos a qué distancia se encuentra. La observé desde cielos relativamente oscuros, si bien esa noche había una débil y difusa neblina casi inapreciable, lo justo para disminuir el número de estrellas visibles normalmente. Aun así, dediqué un tiempo suficiente a NGC 4027 como para aprovechar los detalles que podía ofrecer. Es de esos objetos débiles que, con un poco de paciencia, nos puede ofrecer un rato bastante agradable. La observé a 214 aumentos con intención de sacarle todo el jugo posible: cuando la vista se acostumbró no resultó difícil observar una mancha informe, extremadamente débil, que forma un triángulo rectángulo con otras dos estrellas más brillantes. El tiempo jugó a mi favor, y tras un corto instante apareció ante mis ojos su núcleo central que, a decir verdad, aparecía ligeramente elongado (posteriormente pude comprobar que NGC 4027 es una galaxia barrada, de ahí la longitud de su núcleo). Una diminuta estrella se dejaba entrever durante breves segundos, y la usé como referencia para distinguir su brazo principal. Después de bastante tiempo tras el ocular, relajando la vista, respirando profundamente, usando todas mis artimañas, por fin comencé a notar el esquivo brazo, que por momentos se asemejaba enormemente al de las fotografías. Giraba bruscamente para retorcerse de manera abrupta, dirigiendo su débil resplandor hacia la pequeña estrella que servía de guía. Desde lugares más meridionales, con la galaxia bien alta en el cielo, la vista debe ser inspiradora…

NGC 4027

Algo más que una mancha (M63)

Hoy vamos a hablar del primer objeto que descubrió Pierre Mechain, el fiel compañero de Messier, en el año 1779. Encontró una nebulosidad alargada que se encontraba muy cerca de Cor Caroli, la principal estrella de la constelación Canes Venatici. Aunque no lo sabían por aquel entonces, estaban observando una galaxia tan grande como nuestra Vía Láctea plagada con innumerables soles. La llamaron M63, siguiendo el orden cronológico de los objetos que el francés iba añadiendo a su lista. Un siglo después William Parsons, más conocido como Lord Rosee, fue el primero en distinguir que el objeto en cuestión tenía una estructura en espiral. Su verdadera naturaleza sería una incógnita hasta el siglo XIX…

Foto M63.jpg

Fotografía obtenida por el Hubble

También conocida como NGC 5055, M63 es una galaxia perteneciente al grupo de M51, que se sitúa bastante cerca en el cielo. Su distancia se estima en unos 37 millones de años luz y su diámetro alcanza los 130.000 años luz. Es una bonita espiral floculenta, quizás una de las más características de este tipo. Una galaxia floculenta presenta unos brazos espirales que parecen fragmentados por la presencia de gas, de manera que no observamos dos brazos perfectamente definidos. La disposición del gas puede apreciarse cuando la observamos en el infrarrojo, como podemos comprobar en la siguiente imagen obtenida con el telescopio Spitzer:

Foto M63 spitzer

M63 es una galaxia con numerosas regiones de proliferación estelar, visibles en la mayoría de fotografías de larga exposición. Guarda en su centro un agujero negro supermasivo con una masa equivalente 30 millones de soles. Sus estrellas más periféricas orbitan en torno a él a velocidades tan elevadas que, en condiciones normales, las harían salir despedidas al espacio exterior: sin embargo, M63 posee un halo de materia oscura con la suficiente masa como para retener a las estrellas en su órbita. En 2011 se descubrió una corriente de estrellas que se disponían en forma de arco a unos 14 minutos del núcleo, una estructura que ya se había observado con anterioridad pero nunca se había llegado a estudiar. Ese reguero de estrellas es lo que queda de una galaxia que, hace unos 5.000 millones de años, fue devorada por M63. De hecho, aún hay más, y es que algunos datos apuntan a que dicha galaxia pudo haber tenido su origen en nuestro propio Grupo Local, lo cual nos da una idea de lo amplias que pueden llegar a ser las migraciones de las galaxias. En la siguiente imagen, que podéis encontrar desglosada en este interesante enlace, se aprecian perfectamente estas estructuras irregulares que son prueba de este pasado turbulento:

Foto M63 arcos.jpg

Con una magnitud de 9.3, M63 es visible incluso con un par de prismáticos si observamos desde un lugar oscuro. Numerosas veces la había observado, aunque nunca le había dedicado el tiempo suficiente. Las líneas que separan sus brazos son tan finas y disimuladas que no contaba con poder verlas, pero hace unas semanas decidí darle una oportunidad: el cambio de las temperaturas invitaba a pasar más tiempo delante del telescopio. Con unos 12 minutos de arco de longitud, M63 era notoria en el ocular a bajo aumento, apareciendo como una mancha ovalada en cuyo centro brillaba un potente núcleo de aspecto puntiforme. A su alrededor se disponía una región alargada de considerable brillo, con la forma de un diamante de bordes suaves. Un halo de mayor envergadura se abría tenuemente continuando la forma ovalada, hasta rozar en uno de sus extremos a la gran estrella que parece proteger la galaxia. Una vez en este punto, respiré hondo y comencé a andar por el camino. Después de medio minuto volví al telescopio con la vista descansada, usando el ocular Cronus de 7 mm, que me proporcionaba unos 214 aumentos. Me senté sin prisa, usando la visión periférica por toda la superficie de la galaxia. Entonces, por fin, conseguí ver algún que otro nódulo más brillante, apenas perceptible, sobre el extenso halo. Otro acompañó al anterior a corta distancia, apareciendo durante unos breves instantes en los que el cielo demostraba ser benevolente. De esta manera me entretuve con tres o cuatro puntos brillantes, tras los cuales, con la vista ya mejor adaptada, comencé a notar otra irregularidad en la región más septentrional del halo. Allí, a medio camino del núcleo, aparecía una región más densa con la forma de un brazo espiral que se retorcía hacia atrás, una vista que me dejó atrapado al ocular durante varios minutos más. No sé cuánto más podría haber “rascado” a esta galaxia, pero mi vista exhausta me pedía un descanso, así que, contento como estaba, se lo concedí. Por fin, después de tantos años, M63 había pasado a ser algo más que una mancha.

M63

La señora de los anillos (M94)

Los Perros de Caza guardan, como ya sabemos, una inmensa cantidad de galaxias, y hoy le toca el turno a la más brillante de ellas, denominada M94, NGC 4736 o la Galaxia del Ojo de Gato. Situada en pleno centro de la constelación, brilla con una magnitud de 8.2 y se encuentra a unos 16 millones de años, comandando el grupo de galaxias que lleva su nombre y que cuenta con integrantes de la talla de NGC 4244 o NGC 4449. Es una familia vecina al grupo de M81, prácticamente situados a la misma distancia, uno al lado del otro.

M94, pese a ser la “reina” de su grupo, se encuentra en medio relativamente solitario, hecho que dificultad la explicación de algunas de sus características, que son propias de galaxias que han interaccionado con otras. Presenta, en un primer vistazo, una estructura en anillo, aunque vamos a ir desgranándola desde el centro hacia su periferia. Es una galaxia espiral con un núcleo muy brillante, en cuyo centro, al parecer, reside una pequeña barra de estrellas que transporta el gas y promueve una importante proliferación estelar, que se concentra en forma de anillo alrededor de este núcleo. En la siguiente imagen, obtenida por el Hubble, podemos apreciar este anillo poblado de estrellas gigantes azules que se pueden apreciar perfectamente de forma individualizada.

Foto M94 anillo

Cierta actividad caracteriza al núcleo, que emite radiación levemente ionizada, otorgando a M94 la categoría de LINER (o “región de emisión nuclear de baja ionización”), probablemente por la presencia de un agujero negro en su interior. Pero si observamos las fotografías de larga exposición nos llamará la atención una estructura externa que también presenta forma de anillo, más débil que las regiones internas pero más brillante que la zona intermedia. Inicialmente se consideró como una estructura anular, pero posteriormente, al observarlo en otras longitudes de onda, se comprobó que está formada por dos brazos en espiral que surgen del anillo interno y, además, son ricas en formación estelar. Un estudio de 2009 estimó que este “anillo” externo es responsable de la formación del 10% de las nuevas estrellas de M94, y contiene un 23% de toda la masa de la galaxia.

Foto M94 X

Y hablando de masa, otra de las peculiares características de M94 es en relación a la materia oscura. En principio, cada vez está más extendida la opinión de que la materia oscura supone un porcentaje mucho mayor de masa que la materia observable, de manera que, por ejemplo, en nuestra Vía Láctea se ha estimado que la materia oscura pesa 10 veces más que la materia visible. Sin embargo, un estudio de 2008 reveló que toda la masa de M94 corresponde a la materia visible, de manera que su contenido en materia oscura sería escaso, e incluso nulo. De todas formas aún tenemos que esperar a obtener resultados más concluyentes que confirmen los datos o que proporcionen pistas para conocer el motivo de esta escasez de materia oscura.

Las tres estructuras que conforman M94 se pueden apreciar con el telescopio desde un lugar bien oscuro, si bien sus brazos quedarán fuera del alcance de instrumentos de aficionado. En primer lugar podremos ver una esfera de tamaño considerable, con unos 7 u 8 minutos de arco de diámetro. Presenta un núcleo muy brillante y puntiforme, rodeado por un halo interno más notorio, que tras una buena adaptación a la oscuridad adquiere una forma ligeramente ovalada. El conjunto se encuentra rodeado, a su vez, por el disco galáctico, perfectamente esférico y más tenue, con bordes bien delimitados y homogéneos que representan el anillo externo de la galaxia. Por momentos podría confundirse con una galaxia elíptica, e incluso con un cúmulo globular, pero ese núcleo y el bulbo tan brillante nos dan la pista de que estamos ante una espiral, algo peculiar, de eso no hay duda, pero espiral al fin y al cabo.

M94

Cuando las galaxias se sinceran (NGC 4631 y NGC 4656)

Pocas constelaciones hay tan pequeñas y “oscuras” como Canes Venatici y tan ricas en espectaculares galaxias de todos los tipos y formas, de manera que uno puede pasar la primavera entera tratando de verlas todas y quedándose apenas en el principio. Hoy le toca el turno a una de las estampas más conocidas entre los aficionados y ajena al catálogo Messier, una prueba más de que no todos los objetos asequibles e impresionantes pertenecen a esa lista de objetos.

Las protagonistas de esta entrada se conocen con el sobrenombre de “la Ballena” y “el palo de Hockey”, y se encuentran rozando el cúmulo Melotte 111, en la Cabellera de Berenice. Forman, más concretamente, parte de la Nube de Galaxias Coma I, una agrupación de galaxias (junto con M64, NGC 4656 y otras) que están siendo atraídas por el Cúmulo de Virgo. Tienen mucho que mostrar, así que iremos siguiendo un orden estricto para no dejar nada en el tintero. Comenzaremos por la Ballena, que está formada por NGC 4631 y NGC 4627. La galaxia principal, el cuerpo del cetáceo, es NGC 4631. Situada a unos cercanos 22 millones de años luz, es una espectacular galaxia espiral barrada que nos muestra un perfil extremadamente curioso, deformado por la interacción persistente con sus galaxias compañeras. Su núcleo y la zona más ancha parecen estar desviados hacia un lado, con áreas desgarradas y múltiples condensaciones aquí y allá, reflejo de estos tejemanejes intergalácticos. La galaxia ha sido a su vez sede de una inmensa cantidad de supernovas en los últimos millones de años. En longitud de onda de radio presenta dos grandes burbujas de gas, la mayor de las cuales mide 10.000 años luz de diámetro, que podrían explicarse como consecuencia de la explosión de miles de supernovas. NGC 4631 presenta diversos puentes, hasta 5 de ellos, que la unen con las galaxias colindantes que veremos a continuación, formados a raíz de interacciones en el pasado. La principal causante de la deformación de NGC 4631, y a quien debemos su peculiar forma, es NGC 4627, la galaxia elíptica enana que podemos ver a escasos 3 minutos del centro de NGC 4631. Junto con su compañera, ambas forman parte del catálogo Arp de Galaxias Peculiares con el número 281. La pequeña NGC 4627 es bastante más débil que la ballena. Mientras que NGC 4631 tiene una magnitud de 9.8, NGC 4627 apenas alcanza la magnitud 13.

Foto NGC 4631

Fotografía captada por Juan Antonio Sánchez JASP

Igualmente interesante es NGC 4656, también conocida como la galaxia del Palo de Hockey, debido a que aparece como una larga barra que acaba deformada hacia un lado. Al principio se tomó a esta desviación como una galaxia independiente, de manera que recibe su propia denominación como NGC 4657. Sin embargo, hoy todo apunta a que no es más que una región externa de NGC 4656 que se desvió, resultado de la interacción con NGC 4631. Sí, NGC 4656 también ha participado en este juego intergaláctico, algo que sabemos por dos motivos. Por un lado, comparte el mismo desplazamiento al rojo que la Ballena, con lo cual se encuentran a la misma distancia, separadas por unos 140.000 años luz. Por otro lado, como ya comentábamos previamente, se han encontrado restos galácticos conectando ambas galaxias a modo de puente estelar. NGC 4656 es una galaxia espiral barrada que el tiempo está convirtiendo en una galaxia de tipo irregular, similar a las Magallánicas que rodean a nuestra Vía Láctea. Está, al igual que NGC 4631, plagada de brillantes asociaciones estelares y regiones HII.

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Un instrumento de pequeña abertura nos mostrará el grupo de galaxias en un bonito marco, con sus características formas bien visibles si la noche no está contaminada. Sin embargo, un telescopio de mayor tamaño nos abre nuevas posibilidades, permitiéndonos apreciar las regiones HII que pueblan ambas galaxias. NGC 4631 aparece espectacular, ocupando a 214 aumentos todo el campo del ocular, destacando su zona ensanchada desviada hacia un lado, con una brillante estrella que marca el centro de la galaxia. NGC 4627 parece el chorro de agua que la ballena expulsa por su espiráculo, lanzado hacia el solitario espacio.

NGC 4631

Hasta 8 regiones más densas pude contar con mi Dobson de 30 cm. Dos de ellas se disponen en el centro, bajo la estrella, y justo al lado destaca #35/36, una brillante asociación estelar con una forma perfectamente redondeada que se puede apreciar con el telescopio usando visión lateral (estos números hacen referencia al atlas de regiones HII elaborado por Hodge y Kennicutt en 1983). Hacia uno de los extremos, ocupando el ojo de la ballena, está la región #19, una brillante nebulosa rica en HII, a juzgar por su color rojizo, que no debe ser. Justo abajo, un conjunto de condensaciones estelares (#17/18/21/22) se desmarca de la galaxia como si fuera una prominencia independiente, probablemente fruto de su interacción con NGC 4656. Hacia el otro lado, a medida que la galaxia se va estrechando, pude distinguir otras tres asociaciones estelares, denominadas #63/64, #79 y #91-94. Mientras observaba detenidamente estos “accidentes geográficos” no podía creer que estuviera topografiando con tanto detalle una galaxia ajena a la nuestra, convirtiéndose así NGC 4631 en la galaxia que más detalles muestra a telescopios de moderada abertura (compartiendo el podio, probablemente, con M101).

NGC 4631 detalles

NGC 4656, a su lado, parece bastante pobre, aunque también muestra más detalles que la mayoría de galaxias. Es alargada, y la parte visible, apenas la mitad de la galaxia, ocupa un tercio del ocular a 214 aumentos. La zona final del “Stick” se dobla llamativamente y muestra tres brillantes condensaciones, siendo la última más alargada e independiente, dando la sensación, efectivamente, de ser otra galaxia atraída por NGC 4656. Al otro extremo destaca enormemente el núcleo, con dos condensaciones intensas y otra que parece sobresalir de la galaxia hacia el lado contrario del otro extremo. Tenuemente, la galaxia continúa su camino más allá del núcleo, aunque en seguida se pierde su rastro por su extremada debilidad, dejando nada más que una prolongación fantasmal. Esta zona del cielo requiere, sin duda, de todo el tiempo que podamos dedicarle, ya que el número de sorpresas será proporcional al de minutos (incluso horas) que pasemos ante el ocular.

NGC 4656

Paisajes galácticos (Hickson 68)

Todos tenemos nuestros objetos favoritos, que a menudo van constituyendo una lista más grande conforme vamos explorando el cielo. Hasta hace poco apenas había oído hablar de Hickson 68, motivo por el cual quedé completamente asombrado cuando lo observé a través de mi telescopio. No sabía muy bien lo que iba a ver, tan sólo tenía claro que era un pequeño grupo de galaxias relativamente débiles dispuestas en un espacio reducido. Pero Hickson 68, y la zona circundante, es mucho más que eso, convirtiéndose en uno de los paisajes primaverales más fascinantes que podemos disfrutar desde un cielo oscuro.

Las cinco galaxias que conforman Hickson 68 están situadas a unos 100 millones de años luz de distancia, pese a lo cual tres de ellas ofrecen una cómoda magnitud en torno a 11. La principal componente es NGC 5350, una espectacular espiral barrada que se nos muestra de frente, con dos prominentes brazos de los que van saliendo extensiones hacia el exterior. Multitud de regiones HII y condensaciones azuladas pueblan su superficie, muestra de la gran actividad proliferativa que reina en la galaxia, mientras que su núcleo, extremadamente brillante, guarda un agujero negro supermasivo. NGC 5350 es una galaxia Seyfert, un faro cósmico en cuyo núcleo podemos percibir un aluvión de radiación en múltiples longitudes de onda. Muy cerca, a apenas 4 minutos de distancia, podemos ver dos interesantes galaxias lenticulares prácticamente en contacto, probablemente interactuando entre sí. Una de ellas, NGC 5354, es redondeada, mientras que la otra, NGC 5353, presenta una forma alargada con un núcleo muy brillante. Ésta última es la más brillante del grupo, con una magnitud de 11, y es por ello que Hickson 68 también se conoce como el Grupo de NGC 5353. Otros dos pequeños universos son visibles, de manera mucho más tenue y algo más alejados. NGC 5355 es una pequeña galaxia de apenas 1 minuto de arco de diámetro y magnitud 13.2, mientras que NGC 5358, aún más débil, alcanza la magnitud 14.6. Este grupo de galaxias ocupa un lugar estratégico interesante, ya que forma parte del filamento que une Abell 1656, el Supercúmulo de Coma, y el Cúmulo de Virgo, a 300 y a 65 millones de años luz, respectivamente. Como comentábamos en esta entrada, los grandes cúmulos se encuentran en encrucijadas, son los vértices entre los cuales se disponen filamentos galácticos a modo de aristas o autovías galácticas.

NGC 5350.png

Pero Hickson 68 no es sólo impresionante a nivel extragaláctico, sino que se encuentra en un escenario onírico, presidido por dos brillantes estrellas que guardan entre sí un contraste asombroso. HD 121197, de la magnitud 6.4, es una gigante roja de tipo espectral K, mientras que su compañera, BD +41 2434s, es una estrella amarilla situada mucho más cerca, rondando la magnitud 10. Sin embargo, la cercanía entre ambas hace empalidecer a la secundaria, que se nos muestra con un color azulado especialmente delicado y contrastado con el tono anaranjado de la principal. Están separadas por 50 segundos de arco, pero el efecto, sumado al de las lejanas manchas galácticas, es sumamente sugestivo. Por si fuera poco, otra doble, esta vez mucho más cerrada y débil, se encuentra al lado de NGC 5358. Son dos estrellas blanquecinas extremadamente cercanas entre sí, de la magnitud 12, que no necesitan ningún contraste cromático para asombrar al observador, que no sabrá a qué parte del ocular dedicar su atención. Lo mejor es observar sin prisas y dedicarle a cada objeto su merecido tiempo, disfrutando al terminar del idílico paisaje en su conjunto.

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