Jugando en el cielo (NGC 281)

¿Recuerdas esas regiones HII que hemos visto en otras galaxias? Sobre todo en las que se nos presentan de frente, como M33 o M101… Son regiones de formación estelar, con nebulosas rodeando las recién nacidas estrellas azuladas. En nuestra propia galaxia tenemos un buen número de ellas visibles desde nuestra posición (M8, NGC 7023…), todas distintas y con características que hacen a cada una especial. Hoy vamos a hablar de una de ellas, NGC 281, que se encuentra en el brazo de Perseo a una distancia aproximada de 9.500 años luz (cuando la luz salió de esas estrellas, en la tierra llegaba a su fin la última Edad de Hielo). Podemos encontrarla fácilmente cerca de Schedar o alfa Cassioppeia, una bonita doble (en esta entrada de Santos podéis leer sobre ella) que forma uno de los “picos” de esta constelación.

Foto NGC 281

NGC 281, o IC 11, es conocida como la Nebulosa Pacman por su forma, que recuerda al personaje del clásico videojuego. Esta figura ayuda a ser definida gracias a la presencia de nebulosas oscuras que recortan su silueta. Mide unos 48 años luz, bastante grande si la comparamos con la Nebulosa de Orion (12 años luz) y una nimiedad siGlob bok lo hacemos con la Nebulosa de la Tarántula en la Gran Galaxia de Magallanes (500 años luz). En ella se está gestando una familia de brillantes estrellas azuladas llamada IC 1590, que alcanzan altas temperaturas en su superficie (su espectro, OB, indica su corta edad y alto brillo, como veremos en otro momento). En el centro de la nebulosa brilla la estrella HD 5005, que con su radiación ultravioleta es la principal responsable de ionizar el gas circundante. En realidad esta estrella es cuádruple, siendo sus componentes discernibles en una noche estable.

Como buena región HII presenta, al igual que veíamos en M8, Glóbulos de Bok, que son “bolsas” de gas oscuro que rodean estrellas en plena formación, o protoestrellas. Son, metafóricamente, placentas de futuras estrellas azuladas. He leído informes de aficionados que han sido capaces de ver algunos con telescopios de 80 cm de abertura.

Bajo los buenos y limpios cielos del Camino de la Cabra,  entre Granada y Málaga, dediqué un buen rato a NGC 281 con mi Dobson 305 mm, sin saber realmente lo que iba a encontrar para no ir predispuesto. Ya desde el principio, a 65 aumentos, aprecié perfectamente su forma de “boca abierta”, de Pac Man, con los bordes de la boca bien definida. Con el Hiperion 13 mm, a 125x, la imagen ocupaba cómodamente gran parte del campo y permitía ver más detalles, zonas más densas que otras. Al aplicar el filtro UHC noté un importante aumento en el contraste, siendo consciente entonces de que las dimensiones eran bastante mayores, con una nueva zona de nebulosidad por encima de la “cara”. El filtro OIII mejoraba algo la imagen, pero sin llegar a los resultados del UHC.

NGC 281

El campo que rodea a NGC 281 es rico en estrellas, como corresponde por su cercanía a la vía láctea. En el centro de la nebulosa pude apreciar a la brillante HD 5005. Me sorprendí cuando vi otra estrella muy cercana a ella, casi rozándola, ya distinguible a 65 aumentos. No sabía que era una estrella múltiple, así que disfruté gratamente con la sorpresa. No deja de ser admirable poder ver tantos objetos de distinta naturaleza en un mismo campo: una nebulosa de emisión, un cúmulo estelar, una nebulosa oscura y una estrella múltiple. Una pena que esos glóbulos de Bok estén fuera del alcance por ahora…

Decesos marinos (NGC 7293 y NGC 7009)

Acuario es una de esas constelaciones “difíciles” que no tiene una forma clara, como podríamos decir del Escorpión o el Cisne, por ejemplo. Está en una zona, además, que no tiene grandes estrellas que ayuden a orientarse, ni famosos objetos para ver. Pero objetos tiene, y lo suficientemente interesantes como para dedicarles una entrada sólo para ellos. En el cielo encontramos distintas etapas de la vida de una estrella, desde que nace hasta que muere. Ahora nos vamos a centrar en esta última fase, usando a dos grandes exponentes, como son NGC 7293 y NGC 7009.

NGC 7293, también conocida como la nebulosa de la Hélice o el ojo de Dios, es una nebulosa planetaria famosa en el mundo entero, aunque la mayoría de la gente no conozca su nombre ni su naturaleza. Ha tenido el honor, además, de ser la portada de la versión de 2014 de la mítica serie Cosmos, de Carl Sagan. Es una nebulosa peculiar por varios motivos. A diferencia de la mayoría de nebulosas planetarias (poniendo como comparativa a M57), NGC 7293 es enorme, ocupando 25 minutos de arco. Este gran tamaño se debe, sencillamente, a que es una de las más cercanas a nuestro sistema solar, flotando a unos 700 años luz. No está formada simplemente por una envoltura de gas, sino que estudios recientes indican que tiene dos discos gaseosos, producidos en distintas épocas. Uno inicial que se formó hace unos 12.000 años, y otro, que se desplaza más rápidamente, hace 6.600 años. Son, ambos, el resultado de la expulsión de las envolturas más superficiales por parte de una estrella moribunda que va siendo comprimida por la fuerza de la gravedad. Al calentar el hidrógeno de las capas más superficiales (su interior ya es rico en Helio), el gas se expande y es expulsado hacia el exterior.  Esta estrella, que va camino de convertirse en una enana blanca, emite una gran cantidad de radiación al comienzo de su muerte, lo cual excita los átomos de la nebulosa y los hacen brillar. Fotografías de larga exposición revelan la presencia de “cometas”, nebulosidades pequeñas que parecen desplazarse de la periferia al centro, con una cola a sus espaldas. En un principio se planteó la hipótesis de que fueran verdaderos cometas procedentes de una “nube de Oort” de la nebulosa, pero posteriormente se comprobó que cada uno de esos núcleos cometarios tiene un diámetro superior al de nuestro sistema solar, dinamitando dicha hipótesis. Qué contienen realmente, sigue siendo un misterio, pero no deja indiferente contemplar esas nubes que son golpeadas por la radiación de la estrella y vestidas con una iridiscente estela de gas.

CometariosNGC 7293 es una buena oportunidad para estudiar las nebulosas planetarias, gracias a su ya mencionada cercanía. Es un objeto muy amplio y con un brillo superficial muy bajo, factores por los cuales probablemente pasaría desapercibido hasta su descubrimiento 1.824. Con prismáticos ya se aprecia como una mancha amplia y difusa, por encima de la constelación Piscis Austrinus (Folmahaut nos puede servir de referencia).

A bajos aumentos, con el telescopio, ya se aprecia como una gran esfera en forma anular, vagamente discernible si no es con filtros, en medio de tres brillantes estrellas que forman un triángulo. Una vez colocamos el filtro OIII, la nebulosa aparece ante nosotros sin atisbo de timidez. Personalmente la mejor visión, para captar ciertos detalles, la obtuve a 125 aumentos. Se puede apreciar la estrella central, no especialmente brillante, acompañada por una decena de tenues estrellas inmersas en la nebulosidad. Ésta tiene una clara forma de anillo de humo, con el centro de menor brillo superficial. La adaptación a la oscuridad es crucial en este tipo de objetos. Al cabo de varios minutos pude percibir que la circunferencia interna no era una circunferencia perfecta. Tenía un entrante en su zona norte, un cabo que penetraba en el vacío interior (no es vacío realmente, a simple vista se aprecia cierta nebulosidad de menor intensidad que la periferia). Poco después pude comprobar que la parte exterior del anillo tampoco era redonda, destacando un “pico” que se prolongaba hacia una de las estrellas que lo rodean. Con visión periférica se adivinaban ciertas irregularidades más a lo largo del disco, dando una imagen espectacular. Eché en falta, sin embargo, la sensación de “doble hélice” que muchos refieren. Supongo que será cuestión de práctica y buenos cielos (esa noche tenía buenos cielos, así que me queda practicar).

NGC 7293

La otra nebulosa planetaria que esconde la constelación de Acuario es NGC 7009, también conocida como la nebulosa Saturno. Descubierta por Herschel y nombrada por Lord Rosse, se encuentra a una distancia entre 2.000 y 4.000 años luz de nosotros, bastante más lejos que NGC 7293. Su nombre proviene de la forma característica que presenta desde nuestra perspectiva, con dos nódulos bipolares que semejan los anillos de Saturno, visto de perfil. La causa de esta formación se desconoce, como tantas cosas: distintas densidades, vientos intensos dentro de la nebulosa… Pero eso no nos impide poder disfrutar del espectáculo que supone.

Al telescopio hacen falta ciertos aumentos para ver esta estructura característica. A 65x ya muestra un alto brillo superficial, viéndose como una estrella engrosada que resalta sobre el resto. A 125 aumentos, en una buena noche, ya se aprecian sin problema los dos nódulos, a modo de asas. El filtro OIII ayuda a verla más brillante, pero, personalmente, no obtuve mayor definición, con lo cual prefiero la imagen sin filtro. A 214x resaltan algo más las “asas” y, siendo la calidad atmosférica aceptable, decidí dibujarlo con el ocular de 7 mm. A los pocos minutos noté cómo un halo rodeaba a la parte más brillante, no sé si sería reflejo o gaseoso, pero lo plasmé en el dibujo. Su estrella central tiene una magnitud de 11.5, fácilmente alcanzable con cualquier instrumento óptico… Sin embargo me fue totalmente imposible apreciar cualquier atisbo de estrella. Quiero suponer que fue debido a que está rodeada por una capa de gas brillante que lo enmascara ante la vista. Sea como sea, es un buen aliciente para observarla una y otra vez, buscando esa estrella que juega al escondite.

NGC 7009

Un enjambre y un suspiro (NGC 6712 e IC 1295)

El Escudo, también conocido como Scutum o Escudo de Sobieski, es una pequeña constelación que se encuentra entre Sagitario y Águila, conocido más bien por la inmensa condensación de la vía láctea que se llama popularmente “La Nube del Escudo”. En ese espacio encontramos también dos famosos cúmulos abiertos, M11 y M26. Lo que no podía imaginarme era lo que descubrí en él la otra noche, en uno de los mejores cielos que hay cerca de Granada, en el Camino de la Cabra. Me refiero a NGC 6712 e IC 1295, una peculiar pareja que han pasado directamente a formar parte de mi lista de objetos a enseñar.

NGC 6712 es un cúmulo globular peculiar en varios sentidos. Físicamente, por su gran cercanía al núcleo de la galaxia. Es un cúmulo que se localiza a 22.500 años luz de nosotros, pero roza el núcleo a tan sólo 1.000 kilómetros. En el interior de NGC 6712 no se han encontrado estrellas de masa menor a la del sol, probablemente debido a que las enormes fuerzas de marea que se producen en el centro galáctico han “arrastrado” consigo a las estrellas más pequeñas. De hecho, parece que estas corrientes han producido una especie de forma de cometa en el cúmulo, que no es apreciable desde nuestra situación.

NGC 6712 - IC 1295

A bajos aumentos ya se adivina que NGC 6712 no es una “nebulosa”. Algunas estrellas parecen titilar en esa nube redondeada, especialmente en su periferia. A 125 aumentos la visión es espectacular, resolviéndose ya la mayor parte de las estrellas. Es uno de esos cúmulos pequeños que son extremadamente sugerentes y delicados. Con visión periférica se evidencia una banda negra que lo atraviesa por uno de sus lados. Posteriormente lo he corroborado con fotografías y con testimonios de otros observadores, teniendo así otro aliciente para observarlo.

IC 1295 es una bonita nebulosa planetaria que se encuentra a apenas 25 minutos de arco de NGC 6712. Con oculares de bajo-medio aumento se ven ambos objetos en el mismo campo, proporcionando una agradable sensación a la vista. IC 1295 tiene una forma perfectamente redondeada y responde excepcionalmente bien al filtro OIII, quedando mucho más marcada y dejándose ver, con visión periférica, una disposición anular, soportando bien altos aumentos. En su centro brilla tenue una pequeña estrella. En fotografías de larga exposición o con grandes aberturas se aprecia una segunda cubierta externa más tenue que la interna, fruto de las distintas etapas en las que la estrella expulsa sus gases.

Ver al mismo tiempo dos objetos tan distintos entre sí es algo que no se puede olvidar fácilmente. Uno está compuesto por un millón de estrellas ancianas. El otro es una estrella que ha expelido su último aliento de forma silenciosa, como le ocurrirá a nuestro sol cuando nosotros ya no estemos aquí.

Burbujas en el espacio (NGC 7635)

“El viaje fue movido. Atravesar un agujero de gusano no es precisamente agradable, y menos el que conecta nuestro sistema solar con la región 2 del brazo de Perseo. Eso sí, al llegar la vista es espectacular, con enormes nubes de gas rodean a las estrellas. Estamos en la región Cassiopeia OB, una zona en la que se están formando nuevas estrellas a
partir del  hidrógeno que flota y brilla con un tono rojizo. Ponemos rumbo al territorio marcado en el sistema Sh2-162de navegación, una nube HII que alcanzamos a ver a lo lejos, llena de distintas condensaciones, con largos filamentos de humo que se deshacen en el espacio. Según la pantalla es Sh2-162, os envío una imagen que acabo de sacar. Algo llama poderosamente mi atención, algo esférico… Parpadeo varias veces para cerciorarme de que lo que estoy viendo es real. ¿Una burbuja? Marcus, mi ayudante de a bordo, me mira estupefacto. Efectivamente, frente a nosotros se halla, flotando en el vacío, una inmensa burbuja de gas, una maldita pompa de jabón. He visto esferas en mis viajes, he visto estrellas que al morir expelen nubes redondas, pero esto… esto es distinto. Nos acercamos bajando la velocidad, siendo conscientes de lo verdaderamente grande que es esa esfera, perdiéndose sus bordes en la vastedad del abismo. En su interior brilla una  enorme estrella que parece invitarnos a pasar. Haciéndole caso, nos disponemos a cruzar el borde  de la esfera, tras el cual nos recibe una inmensa corriente de aire que desvía la trayectoria de la nave y la zarandea como si fuera una mariposa volando en un huracán. En medio del ajetreo y las turbulencias decidimos detener los motores y dejarnos llevar, a la espera de que amaine un poco y podamos retomar el control. Y navegamos sin rumbo…”

NGC7635

Si me preguntaran cuál es mi objeto favorito no sabría contestar, pero lo que sí tendría claro es que NGC 7635 estaría en mi lista más selecta. En la constelación de Casiopea, lindando con Cefeo, y a una distancia entre 7.000 y 11.000 años luz, se encuentra esta región HII en la que destaca, en fotografías de larga exposición, una curiosa formación. Es una burbuja de gas que se ha formado a partir de una estrella Wolf-Rayet (en esta otra entrada hablábamos de NGC 6888 y su estrella Wolf-Rayet). Estas estrellas, a grosso modo, son estrellas muy masivas y de vida muy corta que pierden de forma rápida la envoltura de gases que las compone, promoviendo la formación de fuertes vientos que empujan la nebulosa hacia el exterior, provocando la aparición de caprichosas formas. Este gas se ioniza por la radiación ultravioleta de la estrella en cuestión, BD+60 2522, y ya tenemos el espectáculo servido. Es sólo cuestión de tiempo que esta estrella llegue al final de su vida, colapsándose y estallando en forma de supernova, destrozando entonces cualquier atisbo de burbuja que pueda quedar aún.

NGC 7635

Es una nebulosa difícil de observar, que requiere instrumentos grandes para distinguir los detalles más finos. Sin embargo, algo podremos ver… Con mi Dobson 305 mm he necesitado dos noches para conseguir ver lo que plasmo en el dibujo. A bajo aumento destaca la nebulosidad asociada a BD+60 2522, con la forma de una hoja de árbol. Esa zona de gas es, en realidad, uno de los extremos de la circunferencia (una circunferencia no tiene extremos, pero entendemos la intención). Detrás de ella brillan reminiscencias de la región HII que rodea a toda la región, fácilmente visibles también. A diferencia del UHC, el filtro OIII me sirvió para ver estos detalles más definidos, obteniendo la mejor imagen a 125x (a mayores aumentos la nebulosa es más débil). Tras un buen rato adaptando la visión y sabiendo dónde mirar comenzó a hacerse patente la parte más oriental y brillante de la burbuja, de la circunferencia propiamente dicha.

Emociona poder ver atisbos de esta esfera, aunque no pudiera “cerrar” el círculo por completo. No obstante, la apunto a la lista de objetos para ver una y otra vez bajo todos los cielos. Estoy seguro de que al final, a base de práctica y hábito, una noche la burbuja aparecerá como por arte de magia.

PD: muy cerca de NGC 7635 está el famoso cúmulo Messier 52. Le dedicaremos otra entrada exclusiva, pero mientras tanto no estaría de más echarle un vistazo, sorprende con cualquier instrumento que se vea (en buenas noches se ve fácilmente a simple vista como una pequeña mancha entre Casiopea y Cefeo).