Cuestión de nombres (NGC 2366)

­­Hoy vamos a hablar de un peculiar objeto sobre el cual ha habido cierta confusión en los últimos años. Se trata de NGC 2366, una inmensa región HII con cuyo nombre se ha hecho referencia constantemente a su galaxia huésped. Sí, NGC 2366 es una nebulosa que se encuentra en otra galaxia; y sí, podemos verla con telescopios relativamente pequeños. Pero vayamos por pasos, comenzando con esta fotografía del Hubble como presentación:

Hubble view of NGC 2366

De ella podemos sacar abundante información. Por un lado, resulta extremadamente fácil distinguir una miríada de estrellas que se encuentran en la propia galaxia, lo cual nos habla de su relativa cercanía. Efectivamente, su distancia se estima en unos 11 millones de años luz y pertenece al grupo de M81. No resulta descabellado cuando comprobamos su situación en el cielo, cerca de la espectacular NGC 2403 y, consecuentemente, a unos pocos pasos de M81 y M82. Es una galaxia enana irregular, con una estructura que podría recordar a las Nubes de Magallanes (de hecho, esta categoría de galaxia se conoce como magallánica). Con un tamaño de 24.000 años luz, duplica el tamaño de la mayor de ellas. Otro de los factores que podemos apreciar en la fotografía es la presencia de una importante cantidad de nebulosas rosadas, regiones HII de proliferación estelar que son fruto de algún brote reciente. En concreto, destaca un inmenso y brillante complejo de regiones HII que es lo que viene a llamarse NGC 2366. William Herschel lo describió en su momento, sin hacer ninguna referencia a una nebulosidad difusa circundante. El mismo Ralph Copeland la observó posteriormente con el telescopio de Lord Rosse, encontrando algunos otros elementos colindantes, los cuales registró siempre tomando como referencia a NGC 2366. Sin embargo, el sentido práctico nos apremia a usar NGC 2366 como nombre para la galaxia, ya que de otra manera tendríamos que referirnos a ella con algún otro catálogo de complejos números.

NGC 2363 es el otro nombre que aparece en la literatura junto a este objeto, haciendo referencia a esa pequeña nubecilla que se sitúa cerca de la gran región HII. A priori no parecería descabellado suponer que se trata de una región galáctica más, un complejo de cúmulos estelares de reciente nacimiento. Sin embargo, estudiando su cinemática se ha llegado a la conclusión de que es una galaxia independiente, otra enana irregular que se encuentra en pleno proceso de interacción con NGC 2366. No es de extrañar, por tanto, la presencia de tantas nebulosas, fruto de un brote estelar que ocurrió hace unos 50 millones de años, estimulado seguramente por esta unión entre galaxias.

Encontrar NGC 2366 no es difícil si vamos saltando de estrella en estrella desde NGC 2403, siendo una buena excusa para visitar de nuevo a esta galaxia. Una vez en el lugar podremos ver una pequeña y concentrada nubecilla que podría recordarnos a una estrella desenfocada, que no es más que la región HII conocida como NGC 2366. No nos sorprenderá entonces que se descubriera antes esta nebulosa que la propia galaxia, pues en un primer momento apenas hay rastro de ella. Con el ocular Cronus de 7 mm, a unos considerables 214 aumentos, la región HII se ve más definida, mientras que la galaxia sólo puede adivinarse usando visión periférica, como una mancha extremadamente difusa que se alarga hacia el norte. Su magnitud de 11.1 puede llevar a error, pues su brillo superficial es extremadamente bajo. Ralph Copeland la describió en su momento como una “cola” que sale de NGC 2366, y no podemos culparle, pues podría ser confundido incluso con un cometa de tenue cola. No encontré rastro de NGC 2363, ya que al observarla pensé que era esa brillante mancha que en realidad correspondía a la región HII, lo cual me obligará a visitarla nuevamente alguna noche próxima.

NGC 2366

La galaxia de Uri Geller (UGC 3697)

Después de la brillante M63 vamos a volver a las profundidades de las galaxias lejanas, viajando esta vez a la polifacética constelación de la Jirafa, que cada vez nos sorprende con más objetos interesantes. En este caso vamos a ver una galaxia llamada UGC 3697, más conocida como la galaxia del Signo del Integral, debido a que su forma recuerda este signo matemático.

Foto UGC 3697.jpg

EsAdam Block/Mount Lemmon SkyCenter/Arizona

Se sitúa a unos 150 millones de años luz de distancia, lo cual nos pone en preaviso de que no será especialmente brillante. Pertenece a un tipo de galaxia conocido como galaxias superdelgadas, que engloba a aquellas que presentan una longitud 8 veces mayor que la anchura. UGC 3697 es una galaxia espiral que aparece extremadamente fina, con una baja densidad estelar. Lo más llamativo de este galaxia es, sin duda, la gran deformación que ha sufrido en sus dos extremos, que aparecen plegados hacia lados opuestos, otorgando a la galaxia una forma de S que recuerda también a la famosa NGC 4656 (la galaxia del Palo de Hockey) o a una cuchara que Uri Geller, el famoso mentalista, hubiera usado en uno de sus espectáculos. Hay dos motivos principales por los que una galaxia puede presentar esta disposición. Por un lado, las interacciones entre galaxias: la presencia de UGC 3714, una elíptica que se distancia de ella unos 130.000 años luz, había hecho creer a todo el mundo esta hipótesis, ya que no parecía descabellado pensar que en un pasado no tan remoto había  transitado muy cerca de UGC 3697, arrastrando consigo algunas de las estrellas de la galaxia y produciendo esas alteraciones. Sin embargo, estudios recientes parecen indicar que la causa de la deformidad es, principalmente, la acreción de una pequeña galaxia por parte de UGC 3697. Ya sabemos que las galaxias son máquinas de devorar (tenemos como referencia a nuestra propia Vía Láctea y las numerosas galaxias satélite que ya ha canibalizado), y este hipótesis explicaría los niveles de gas que se han encontrado elevados en las regiones más internas de la galaxia. De hecho, se ha encontrado lo que parece ser el núcleo de una pequeña galaxia orbitando alrededor de UGC 3697, como se puede apreciar en la siguiente imagen:

Foto UGC 3697 sat.PNG

En la fotografía del National Radio Astronomy Observatory (NRAO) podemos observar ese pequeño núcleo galáctico como una pequeña nebulosidad dispuesta al lado de una estrella, justo abajo y a la izquierda de uno de los extremos de la galaxia:

Foto UGC 3697 NRAO

NRAO/AUI

Como comentábamos antes, UGC 3697 no se encuentra aislada en el cosmos, sino que forma parte de un reducido grupo conocido como LGG 141), que comprende a nueve galaxias situadas a una distancia similar. Otra de ellas es UGC 3714, fácilmente visible con el telescopio, una espiral que podemos observar de frente plagada de regiones HII. La magnitud de UGC 3697 varía según las fuentes consultadas, aunque en general ronda entre la 13 y la 14, a pesar de lo cual su brillo superficial es relativamente elevado. No me resultó difícil distinguirla con el Dobson de 30 cm cuando apunté a la región, visible al principio como una mancha alargada y regular, mucho más definida en cuanto la vista se habituó. UGC 3714 era fácilmente visible y más brillante que su compañera, probablemente por estar más concentrada. Tenía el aspecto de una galaxia elíptica, con una forma redondeada y muy pequeña, con un diámetro de menos de 1 minuto de arco. Me decidí entonces a probar suerte con UGC 3697, intentado apreciar su curiosa forma. De entrada no pude ver más que una larga línea, una fantasmagórica franja luminosa, de bordes definidos al usar visión periférica. Tras varios minutos relajando la vista alcancé a distinguir, transitoriamente, una curvatura en el extremo de la galaxia, apenas visible al principio, aunque posteriormente fue apareciendo con mayor facilidad. La curvatura del otro extremo permaneció invisible a mis ojos, pero mi curiosidad quedó saciada y sólo pude alegrarme por haber distinguido algún detalle en esta interesante galaxia.

UGC 3697.png

El brote estelar de NGC 2146

Camelopardalis, la constelación de la Jirafa, es una verdadera caja de sorpresas. A pesar de la debilidad de sus estrellas (no se conformó como constelación hasta el siglo XVII), esconde una gran cantidad de objetos de cielo profundo especialmente llamativos, como son, por ejemplo, NGC 1569, IC 342 o la curiosa Cascada de Kemble. Hoy vamos a ampliar la lista con una espectacular galaxia, de esas que se pueden admirar tras el ocular como algo más que una mancha. Se trata de NGC 2146 y, como presentación, basta con mirar la siguiente fotografía.

Varias cosas nos deben quedar claras al contemplar la imagen. Es una galaxia espiral barrada con dos brazos tremendamente distorsionados, que ya de entrada nos cuentan una historia con grandes fuerzas en juego. Con un diámetro de 80.000 años luz, NGC 2146 se sitúa a la considerable distancia de 70 millones de años luz. Curiosamente, no fue descubierta por William Herschel, como tantos otros objetos, sino que permaneció oculta hasta 1876, cuando el alemán Friedrich Winnecke puso su vista encima con un telescopio de 16 cm de apertura. Esta galaxia presenta dos características que la hacen especial, las cuales no hacen más que mostrar los efectos de una interacción entre galaxias. La compañera que provocó dichas alteraciones puede ser NGC 2146A, también conocida como PGC 18960, aunque tampoco puede descartarse que haya sufrido un reciente proceso de fusión, estando la galaxia causante canibalizada en el interior de NGC 2146. Es probable que no hayaFoto NGC 2146 HI una sola causa, sino que sea el resultado de distintas interacciones en un período de tiempo relativamente largo. En la siguiente imagen podemos apreciar el hidrógeno neutro que rodea a esta galaxia, que se dispone en forma de filamento alargado debido, según un estudio de 2000, a un proceso de fusión con otra pequeña galaxia que tuvo lugar hace 800 millones de años.

Los brazos de NGC 2146 son, sin duda, el elemento más llamativo que salta a la vista al contemplar una de sus fotografías. Aparecen a ambos lados del centro tremendamente distorsionados: uno de ellos se desvía a 45 grados y forma un lazo al otro lado del núcleo, pasando a través de 3 brillantes estrellas que pertenecen a nuestra galaxia. En medio de este lazo de luz podemos apreciar una aglomeración de regiones HII en forma de brillantes condensaciones blanco-rosáceas. Una muestra más de la proliferación estelar que es desatada tras estas interacciones. El otro brazo se desvía bruscamente de su dirección y discurre en dirección opuesta. NGC 2146 es, como podemos suponer, una galaxia de brote estelar que brilla enormemente en el infrarrojo. De hecho, es la doceava fuente más luminosa en esta longitud de onda, una muestra de esas miles de estrellas que se esconden tras su polvo. Y aquí entra en juego otro de sus rasgos distintivos, la maraña que forma el polvo cerca del núcleo y que bloquea gran parte de su luz. Muchos comparan su forma con la silueta de una mano de escuálidos dedos, y es visible a través de grandes telescopios.

Foto NGC 2146 bandas.jpg

ESA/Hubble & NASA

Con esta información en el bolsillo, vamos a echar un vistazo a esta impresionante galaxia, más difícil de encontrar que de ver (es la pega que tiene la constelación de la Jirafa). Una vez en el campo no nos resultará difícil distinguir una manchita alargada de unos 6 x 3 minutos y una magnitud de 11.38. Con mi Dobson de 30 cm, de entrada, ya pude notar que esta galaxia no era normal. A 115x quedaba patente la distorsión de uno de sus brazos, que aparecía como una prolongación que se desviaba hacia una alineación de tres estrellas, que son idóneas como referencia. Pensé que esa mancha era otra galaxia colisionando hasta que observé una fotografía y comprobé que era uno de los propios brazos de la galaxia. El otro brazo se disponía al otro lado de un núcleo alargado y brillante, y por momentos se podía intuir su desviación brusca, que contribuía a la marcada asimetría que caracteriza a esta galaxia. No llegué a distinguir ninguna nebulosidad oscura en el centro, aunque no descarto que, bajo mejores cielos, pueda distinguirse con un telescopio de 30 cm. NGC 2146 es, sin duda, una oportunidad única para comprobar los resultados finales de la interacción entre galaxias.

NGC 2146.png

El grupo Maffei (3ª parte)

Las mejores sorpresas son las que uno encuentra por casualidad, sin esperar nada especial. En mi caso, la noche del 23 de diciembre de 2016 me encontraba bajo un cielo excepcionalmente oscuro, y había pasado gran parte de la noche disfrutando de algunas de las galaxias que conforman el grupo Maffei, que ya hemos ido descubriendo en las últimas dos entradas. Tras observar a las débiles Maffei 1, Maffei 2 e IC 342 me disponía a observar a NGC 1569 sin saber qué esperar, con el único interés en mente de “cazar” a otro miembro del grupo. Sin embargo, desde un primer momento su aspecto captó mi atención y la de mis compañeros. Poco a poco fuimos desentrañando algunos de sus interesantes detalles y, cuando busqué información sobre ella, quedé perdidamente atado a esta maravilla celeste. Antes de hablar de sus peculiaridades, que no son pocas, me gustaría presentarla como una historia, como un vídeo narrativo que, en unas pocas líneas, condensa varios miles de millones de años de continua evolución.

Retrocedemos en el tiempo hasta una época en la que las galaxias se estaban gestando. Nuestra pantalla imaginaria proyecta un fondo negro sobre el que comienza a aparecer una nube blanquecina, una gran masa de gas que, a medida que se enfría, se va condensando y dando lugar a una bonita galaxia enana, que en un futuro será conocida como NGC 1569. Las galaxias enanas son ladrillos que, a menudo, acaban formando parte de otras galaxias mayores, pero no es el caso de NGC 1569: ella se encuentra a una distancia prudencial de las grandes galaxias de su grupo, como son IC 342 o Maffei 1. Sin embargo, otra pequeña galaxia conocida como UGCA 92 pasa velozmente a su lado compartiendo algunas de sus estrellas. El encontronazo arrastra astros y nebulosas de NGC 1569, “esculpiendo” en la galaxia una especie de brazo que se abre hacia el exterior, pero no es la única huella que deja. NGC 1569, como otras muchas galaxias enanas, se encontraba repleta de hidrógeno, y la interacción con UGCA 92 estimula, en proporciones cósmicas, una enorme proliferación de estrellas, que comienzan a nacer en cada punto de la galaxia, en una oleada gestante que se prolonga durante varios millones de años. Estrellas gigantes nacen en este proceso, ionizando el gas que las circunda, que adquiere un bonito color rojizo, pero además generan enormes vientos que, a su vez, moldean el entorno, como si el gas fuera arcilla en manos de un alfarero colosal. Las estrellas más masivas tienen una vida más corta que el resto, de manera que en unos pocos millones de años terminan sus días en forma de supernovas que iluminan la galaxia como un castillo de fuegos artificiales, creando burbujas en expansión que se esparcen a gran velocidad inundando cada rincón de NGC 1569. Posteriormente, tras un periodo de calma, la galaxia vuelve a sufrir nuevos episodios de brote estelar que van tiñendo su superficie como si miles de tomates explotaran a la vez, formando una gran ensalada galáctica que, a 11 millones de años luz de distancia, alimenta hoy nuestros ojos ávidos de luz…

foto-ngc-1569

Se cierra el telón y volvemos a nuestra base terrestre, dispuestos a desgranar algunas de las imágenes que acabamos de presenciar en nuestra mente y que la fotografía anterior, obtenida por el telescopio Hubble, resume con gran definición. NGC 1569 es uno de los principales miembros del grupo Maffei, gracias a que los últimos estudios la sitúan a unos 11 millones de años luz de distancia (a finales del siglo XX se le estimaba una distancia de 7 millones de años luz). Hay que tener en cuenta que los cálculos en esta galaxia se ven dificultados porque, al igual que sus compañeras, se encuentra parcialmente oculta por el disco de la Vía Láctea. NGC 1569 es una galaxia enana irregular que se parece mucho a la Gran Nube de Magallanes, con un alto contenido en gas que, como hemos visto, ha servido durante miles de millones de años para alimentar la formación de nuevas estrellas. El hidrógeno neutro, que se ha estudiado profundamente en esta galaxia, se encuentra presente en grandes proporciones, e incluso ha permitido descubrir una posible galaxia escondida en su halo, posible causante de alguno de los brotes estelares. UGCA 92 es otra galaxia del grupo Maffei situada a una distancia similar a NGC 1569, y estudios recientes han demostrado la presencia de un puente de hidrógeno neutro entre ambas, prueba directa de un anterior contacto que, como hemos mencionado, podría haber sido el causante de una llamativa estructura que presenta NGC 1569, una especie de brazo desplegado rico en hidrógeno ionizado. Teniendo en cuenta que el primer brote estelar parece situarse en un período de tiempo comprendido entre 1000 y 2000 millones de años atrás, no sería descabellado pensar que este encuentro tuvo lugar poco antes.

El último brote estelar ha sido extremadamente reciente, comenzando hace apenas 100 años, en pleno período Cretácico, y todo parece indicar que ha menguado en los últimos 5 millones de años. En los momentos de mayor esplendor la tasa de formación de estrellas era unas 100 veces mayor que en la Vía Láctea, lo cual era posible gracias a la gran cantidad de gas que actuaba como materia prima. Uno de los grandes legados de esta proliferación queda patente en la siguiente fotografía obtenida por el Hubble:

Bursting at the seams

Podría parecer uno de los magníficos cúmulos que se pueden contemplar desde el hemisferio sur, pero su naturaleza es mucho más exótica: se trata de los dos principales supercúmulos de NGC 1569. Ya comentábamos la presencia de uno de estos supercúmulos en IC 342, explicando que son enormes agrupaciones de estrellas que, en el caso de NGC 1569, llegan a tener más de un millón de componentes cada uno. Hay algunos supercúmulos más a lo largo de la galaxia, que destacan iluminando el gas que ellos mismos han ido “erosionando”, formando cavidades que parecen incendios incontrolados. Los principales supercúmulos, los que aparecen en la imagen, reciben el nombre de NGC 1569A y NGC 1569B, siendo el primero, realmente, la superposición de dos de ellos. NGC 1569A presenta una población joven de estrellas, entre las que abundan las estrellas Wolf-Rayet y masivas estrellas de tipo espectral O. Su edad se calcula en unos 5 millones de años, por lo que tuvo que formarse al final del último brote estelar. La población de NGC 1569B es algo mayor, destacando en ella gigantes rojas de mayor edad, con una vida que podría llegar a los 30 millones de años. Las características de NGC 1569A parecen indicar que su evolución va a ser muy similar a la de los cúmulos globulares que conocemos en nuestra galaxia. ¿Será éste uno de los métodos por los que se forman los grandes globulares? ¿Son estos supercúmulos frecuentes en el mundo extragaláctico? El tiempo lo dirá, a medida que podamos observar el cielo con instrumentos más potentes.

Vamos ahora a observar esta maravilla galáctica. La primera vez que la vi, sin saber qué iba a encontrarme, me sorprendió su alto brillo superficial (su magnitud visual es de unos 11.9), así como una interesante forma alargada, más ancha en uno de sus extremos, de unos 2 minutos de arco de longitud. Una estrella parece rozar uno de los bordes, lo cual nos sirve como punto de referencia para ver sus detalles. Y aquí es donde NGC 1569 destaca sobre muchas otras galaxias. Ya a 115 aumentos pude adivinar que algo brillaba en su interior, y a 214 aumentos se apreciaba, sin ninguna dificultad, un par de puntos brillantes muy cercanos entre sí, discretamente más notorios que el resto del halo galáctico. A mayor aumento se adivinaban otras manchas junto a las anteriores, aunque el pésimo seeing no me dejó enfocarlas correctamente, así que decidí realizar el dibujo a 214 aumentos. Además del Dobson de 12 cm, esa noche estuve probando también el C11 de mi amigo Leo y, sorprendentemente, a través de sus lentes pudimos usar un aumento mayor sin que perdiera mucha definición, de manera que unos cuatro puntos aparecían confinados en el núcleo de la galaxia. Es más, incluso con mi NexStar 102 SLT (un refractor de 102 mm de apertura) pude distinguir la galaxia con su fina silueta recortada sobre el fondo del cielo, como un lejano cometa cuya cola se va agudizando hacia uno de sus extremos.

En un primer momento pensé que esos pequeños puntos eran regiones HII, o incluso algunas estrellas superpuestas de nuestra propia galaxia. Sin embargo, me sorprendí cuando, en mi casa, comprobé que eran los grandes supercúmulos estelares (NGC 1569A y NGC 1569B), cuyas magnitudes alcanzan, respectivamente, 14.6 y 15.5. Puse así el punto y final al estudio del extraordinario grupo Maffei, conduciendo en el camino de vuelta con la sensación de regresar de un largo viaje, asombrado por la variedad de formas que uno puede encontrar ahí arriba.

ngc-1569

El grupo Maffei (2ª parte)

Le toca el turno hoy a otra de las principales galaxias de este interesante grupo que, como comentábamos en la última entrada, es uno de los más cercanos a nuestra galaxia y, de no ser porque el disco de la Vía Láctea nos obstruye la visión, sería una de las grandes maravillas del cielo. Nuestra protagonista es, en esta ocasión, IC 342, una galaxia más conocida que sus compañeras ya estudiadas, y de la que podremos disfrutar con mayor facilidad.

Foto IC 342 NOAO.jpg

Crédito: NOAO

Fue descubierta por William F. Denning en 1980 con un reflector de 25 cm, lo cual da una idea de su dificultad: IC 342 es apreciable con pequeños refractores, aunque si queremos distinguir más detalles deberemos usar mayor apertura. Es una galaxia espiral que presenta una orientación casi de frente, aunque su forma no se conoció hasta 1934, cuando Edwin P. Hubble y Milton L. Humason la vieron en fotografías de Mt. Wilson, en California. Se conoce como la “Galaxia Oculta” por estar situada en el plano del disco galáctico, detrás de una gran cantidad de estrellas y polvo, aunque no se encuentra tan oscurecida como Maffei 1 o Maffei 2. Su distancia se ha estimado entre 7 y 11 millones de años luz, difícil de precisar por la materia que se interpone desde nuestro punto de visión. Si estuviera situada en otro lugar del firmamento su aspecto sería sobrecogedor, compitiendo probablemente con la mismísima M51.

IC 342 esconde una pequeña barra central, fácilmente visiblefoto-ic-342-spitzer en imágenes en infrarrojo del Spitzer. Su núcleo presenta una gran proliferación de estrellas, al igual que sus brazos. El gas, muy abundante en esta galaxia, se canaliza a través de la barra central y estimula la formación de nuevas estrellas. Justo en la zona más interna se han encontrado dos grandes regiones HII cuyas estrellas tienen apenas una edad de 5 millones de años, enormes estructuras que reciben el nombre de supercúmulos (en nuestra galaxia sólo se conoce un supercúmulo, Westerlund 1 en la constelación Ara, del cual aconsejo su lectura en Internet por ser extremadamente interesante). Realmente, alrededor del núcleo de IC 342 hay una estructura anular con una intensa formación estelar, en la que se ha documentado la presencia de al menos 5 nubes moleculares gigantes y numerosas regiones HII. No hay en esta galaxia un agujero negro supermasivo, como en tantas otras, sino todo lo contrario: una explosión de vida que se abre camino como una gran ola.

IC 342 mide unos 60.000 años luz de diámetro, lo cual se traduce en unos 21 minutos de arco (a modo de comparación, M51 tiene un diámetro de 11 minutos de arco). Su magnitud, de 9.1, sería mucho menor si habitase la constelación de Virgo o Pegaso, pero tendremos que conformarnos con su visión a través del polvo galáctico. El telescopio WISE (Wide-field Infrared Survey Explorer) ha fotografiado IC 342 en el infrarrojo, atravesando la nube de polvo de nuestra galaxia, y ha mostrado una enorme red de filamentos en sus brazos que se distribuyen en multitud de segmentos, refulgiendo por la intensa proliferación estelar a la luz de enormes estrellas recién nacidas.

A leggy cosmic creature comes out of hiding in this infrared view from NASA's Wide-field Infrared Survey Explorer, or WISE. The spiral beauty, called IC 342 and sometimes the

IC 342 captada por el WISE

IC 342 es, a la vez, fácil y difícil de ver. Por un lado, es extremadamente sencillo apreciar su núcleo, que brilla intensamente como una pequeña esfera luminosa y difusa, acompañando a una bonita hilera de seis estrellas que nos servirán de guía. Sin embargo, ver sus brazos en espiral es harina de otro costal. Tenemos que tener en cuenta que presentan un bajo brillo superficial y que, además, se distribuyen por una gran extensión, lo cual no ayuda a distinguirlos. Por ello nos beneficiaremos de aumentos bajos, ya que si usamos elevados aumentos corremos el riesgo de enmascarar por completo estos detalles. En mi caso, a 115 aumentos obtuve la mejor imagen, con el ocultar Hyperion de 13 mm. El núcleo destacaba intensamente, dejándose ver rodeado de un halo extremadamente débil, cuyos bordes se perdían sin forma alguna. Tras un buen rato usando visión periférica y tratando de relajar la mirada pude atisbar uno de sus principales brazos, que nace del núcleo y se dirige hacia el sur describiendo un fantasmagórico arco. Otro brazo, más tenue incluso, se adivina oculto tras la hilera de estrellas, perdiéndose rápidamente en un extremo de ésta hacia el norte. Para disfrutar de IC 342 hace falta un cielo verdaderamente oscuro, bajo el cual se pueden apreciar más brazos, incluso con menor apertura, aunque esos cielos brillan por su ausencia en los lugares que habitamos. Hoy en día, los cielos oscuros suenan casi a leyenda, a fábulas de ancianos, aunque todos los aficionados soñamos con esperanza el día de acercarnos a uno de ellos…

IC 342.png

Lo que Messier se perdió (NGC 2403)

La constelación de Camelopardalis guarda, a pesar de su poco atractivo a simple vista, una importante cantidad de notables objetos de cielo profundo. Ya vistas las inmediaciones de la Cascada de Kemble, nos acercamos ahora a otra región mucho más lejana, en concreto, a 8 millones de años luz de la Tierra. A estas distancias sólo podemos referirnos, por supuesto, a una galaxia, NGC 2403. Llama la atención que no pertenezca al catálogo Messier, siendo quizás el objeto septentrional más brillante que no esté incluido en su lista, más notorio que muchos otros objetos de mayor fama.

NGC 2403, también conocida como Caldwell 7, es una de las galaxias más imponentes de la Nube de galaxias Coma-Escultor, una estructura que engloba varios grupos de galaxias, entre los cuales se encuentra nuestro Grupo Local. Con un diámetro de unos 70.000 años luz, es una galaxia algo menor que la nuestra, que guarda el privilegio de haber albergado las primeras variables cefeidas descubiertas fuera del Grupo Local. El estudio de esas variables, como veremos en otro momento, ha sido fundamental para conocer las distancias en el cosmos. NGC 2403 es una galaxia espiral con una inmensa cantidad de regiones HII de formación estelar, que recuerda vagamente a M33, la Galaxia del Triángulo. Sin embargo, estudios recientes parecen indicar que no predominan en ella los fenómenos de formación, salvo en algunas zonas más periféricas en sus brazos. La región HII más grande y brillante posee nombre propio, NGC 2404, y está al alcance de instrumentos de mediana abertura. Gracias a su cercanía podemos ver a la galaxia relativamente grande en el cielo, con una longitud de unos 20 minutos de arco.

Foto 2403.jpg

Se encuentra inclinada unos 15 grados con respecto al plano horizontal, no dejando ver sus brazos de una forma tan clara a como lo haría si estuviera de frente, en cuyo caso el espectáculo sería aún mayor. Dos supernovas han tenido lugar en esta galaxia en el último siglo, una en 1954 y otra 2003. Cuando la observemos tenemos que tener en cuenta que varias estrellas se interponen delante de ella, lo cual ha dado lugar más de una vez a confusiones y “falsas” supernovas, con la consecuente decepción del observador.

Visualmente, NGC 2403 es  perfectamente visible con unos prismáticos 15×70, siendo fácil de encontrar saltando de estrella en estrella a partir de la estrella que marca el hocico de la Osa Mayor, llamada Muscida. También se aprecia en el buscador de 50 mm como una pequeña mancha alargada que pide a gritos mayores aumentos. A 125x la imagen es espectacular, siempre y cuando que la noche sea lo suficientemente oscura y limpia. La galaxia ocupa casi la mitad del ocular, con una forma alargada y un núcleo ovalado muy brillante que contrasta fuertemente con el resto del halo. Algunas estrellas aparecen íntimamente relacionadas con el disco de la galaxia, destacando dos de ellas más brillantes.

NGC 2403

No hace falta esperar mucho tiempo para ver, si la vista se encuentra adaptada, que esta galaxia muestra algunas irregularidades, diferentes densidades que se intuyen desde el primer momento. Con visión periférica, un brazo sale del núcleo y se dirige hacia la izquierda y abajo, rodeando al núcleo por debajo, zona en la que su brillo se realza, haciéndolo especialmente notorio. Al lado de una estrella en el lateral de este brazo aparece una condensación fácilmente detectable, que corresponde a NGC 2403. Otras condensaciones son visibles, destacando una cercana al centro y otra fuera del aparente halo galáctico. El brazo otorga a la imagen una sensación de tridimensionalidad muy agradable, y por momentos el ojo quiere adivinar una compleja trama espiral que se retuerce sobre su núcleo. Al terminar me quedé con la sensación de que se le puede sacar más partido, así que necesitará una nueva cita en las frías noches invernales. Una vez visto un objeto, la mente lo recuerda instintivamente, y la próxima vez resulta más fácil la observación, pudiendo entonces seguir completando el puzzle y encontrar nuevas estructuras y formas en esta bonita galaxia.

Bajando por la Cascada de Kemble

En el cielo encontramos una gran variedad de nombres de descubridores que han aportado su granito de arena haciendo del cielo un lugar más familiar. Lucian Kemble, un sacerdote de la orden de los Franciscanos, se encontraba en 1980 mirando el oscuro cielo de Camelopardalis. Esta constelación, cuyas estrellas más brillantes son de magnitud 5, hace referencia a la jirafa, animal que los griegos creían formado por una cabeza de camello y cuerpo de leopardo (de ahí Camello-Leopardo, Camelopardalis). A pesar de la oscuridad de esta agrupación de estrellas, esconde en su interior una enorme variedad de joyas al alcance de unos simples prismáticos. Lucian Kemble descubrió, en 1980, una curiosa alineación de estrellas que van de la magnitud 5 a la 10, ocupando un área relativamente grande en el cielo, de aproximadamente cinco lunas llenas. En conmemoración a este astrónomo amateur se le denominó a la línea de estrellas la Cascada de Kemble, siendo un objeto especialmente agradable para disfrutar con unos prismáticos, que nos mostrarán una bonita hilera de estrellas tan rectas que parece que alguien las ha colocado ahí a propósito. Pero aún hay más, y es que esta cascada de estrellas nos sirve de puente para localizar dos interesantes objetos: un cúmulo abierto y una bonita nebulosa planetaria.

Foto kemble.jpg

NGC 1502 se halla cerca del final de la cascada, y se aprecia con unos prismáticos como una pequeña mancha difusa. Es un joven cúmulo de estrellas que no supera 5 millones de años de edad. Destacan en el centro, a primera vista, dos brillantes estrellas que constituyen un sistema binario conocido como Struve 485. Muy cerca se encuentra otra estrella triple, catalogada como Struve 484, con sus componentes de menor brillo. Estos grupos se encuentran flanqueados por una treintena de estrellas de diferente brillo, otorgando una visión especialmente interesante a 214x. Sin duda el mayor atractivo de esta agrupación de estrellas son sus dos componentes más brillantes que parecen presidir el conjunto con un fuerte color amarillento. Se encuentran a una distancia estimada entre 2.000 y 3.000 años luz, y en el campo de unos prismáticos comparten escenario con el siguiente objeto que nos ocupa.

NGC 1502

La planetaria NGC 1501 es un pequeño anillo de humo en el cielo, una nebulosa de tipo anular que descansa justo cuando termina la cascada de Kemble, como si el fin de ésta fuera indicar su posición a los navegantes estelares. Se encuentra a 5.000 años luz de nosotros y su envoltura alcanza un diámetro de 1.4 años luz, lo cual habla en favor de su relativa juventud (conforme pasen los años la nebulosa se irá expandiendo progresivamente hasta que sus gases acaben difuminados, perdiéndose de la vista y formado parte del gas interestelar que, en las circunstancias adecuadas, dará lugar a la formación de nuevas estrellas).

NGC 1501

Ya a 125 aumentos se aprecia su forma redonda, con un tamaño cómodo para ser una nebulosa planetaria, de unos 52 segundos de arco. Posee un alto brillo superficial, y si la noche es buena no es difícil distinguir el aro exterior. La noche que observé a NGC 1501 el cielo estaba especialmente limpio y los filtros no podían ofrecerme mucha mejoría, aunque en general la mayoría de observadores coincide en que mejora bastante con el filtro OIII. El anillo era claramente visible a 214 aumentos, y una tenue estrella brilla tímida en su centro, más evidente con visión periférica. Es la estrella que se está apagando, y que brilla con una magnitud de 14.5, necesitando para verla una apertura generosa y una claridad de cielo importante. NGC 1501 se conoce con el sobrenombre de la “Nebulosa de la Ostra”, y está claro que la estrella central es la joya que guarda con recelo. Dentro de unos miles de años será invisible a nuestros ojos, pero mientras nada nos impide disfrutar de esa delicada perla blanquecina y lejana.