Contacto en el Boyero (Arp 90)

Seguimos nuestro periplo por la aparentemente desierta constelación del Boyero, si bien vamos tomando conciencia de que entre sus estrellas se esconde un buen número de tesoros. Hoy le toca el turno a una bonita pareja de galaxias que están interaccionando entre sí:

Foto NGC 5929

Nos referimos a NGC 5929 y NGC 5930, también conocidas como Arp 90, ocupando una posición en este último catálogo dedicada a las galaxias espirales con una compañera de alto brillo superficial. A unos 130 millones de años luz, NGC 5930 es la principal componente del par, una galaxia espiral clasificada como barrada, si bien en las pocas fotografías de larga exposición no consigo distinguir ninguna estructura similar a una barra. Se puede apreciar un núcleo pequeño y redondeado, brillante, a cuyo alrededor se arremolinan dos gruesos y difusos brazos en espiral. No se aprecian grandes áreas de formación estelar y su color, pálido y nacarado, es el propio de aquellas galaxias que han perdido un gran número de estrellas. Junto a ella se aprecia otra galaxia, NGC 5929, redondeada y de similar textura, que podría definirse como elíptica o lenticular. Se encuentra en aparente contacto con uno de los brazos de NGC 5930, como si un puente curvado uniera las dos galaxias. Es una galaxia de tipo Seyfert 2 en cuyo núcleo habita un agujero negro supermasivo, que desempeñará un papel importante en el resultado final de esta fusión intergaláctica. En la imagen anterior podemos apreciar una galaxia bien diferente, en la esquina izquierda superior. Se trata de UGC 09857, una galaxia de tipo irregular que se encuentra algo más cerca, a unos 110 millones de años luz. Queda patente desde un primer momento su color azulado, debido seguramente a una gran proliferación estelar, típica de este tipo de galaxias. Quizá sea el resultado de una anterior colisión con Arp 90 la que estimulara dicho brote estelar, quizá tenga sus propios motivos… Sea como sea, podemos olvidarnos de observarla con un telescopio convencional.

NGC 5930, la más brillante de las dos, tiene una magnitud de 12.2, alcanzando unas dimensiones de 1.8 minutos de arco en su eje menor (aproximadamente la mitad de anchura). NGC 5929 apenas alcanza la magnitud 14, pero su pequeño tamaño hará que no sea tan difícil de observar. NGC 5930, con el Dobson de 40 cm, se aprecia sin grandes dificultades como una mancha brillante y redonda, pequeña. Una vez que la vista se adapta a la oscuridad no es difícil entender que esa zona redondeada es la región más interna, apareciendo a ambos lados una nubosidad alargada que corresponde con el disco galáctico. Distinguir sus brazos queda fuera del alcance del telescopio, aunque poder ver, casi en contacto directo, a NGC 5929 añade un atractivo muy interesante a la vista. Ésta pequeña galaxia es una diminuta mota de polvo difuminada y sin detalle alguno, con forma relativamente redondeada; sin embargo, si sabemos lo que realmente estamos viendo, conseguirá que nos quedemos pegados al ocular un buen rato.

NGC 5929

Falsa unión en Boyero (NGC 5857 y NGC 5859)

Boyero no es una constelación que se caracterice por un gran despliegue de objetos de cielo profundo, aunque podemos sorprendernos si indagamos un poco entre sus estrellas. Hoy vamos a hablar de dos galaxias que parecen tocarse, si bien en realidad se encuentran más alejadas entre sí:

Foto NGC 5857

Adam Block/Mount Lemmon SkyCenter/University of Arizona

NGC 5859 es la principal galaxia, mientras que NGC 5857 es la más pequeña de las dos. Ambas fueron descubiertas por William Herschel en 1788, y el desplazamiento al rojo las sitúa a unos 220 millones de años luz. Sin embargo, nuevas mediciones parecen situar a NGC 5859 algo más cerca, de manera que su aparente cercanía no sería más que un efecto de perspectiva. En efecto, no encontramos en estos objetos signos indirectos de estar interaccionando entre sí. NGC 5859 ha sido considerada clásicamente una espiral barrada, si bien dicha barra no se aprecia en fotografías actuales: supongo que el error se debe a que la zona central de la galaxia presenta una forma alargada que podría parecer una barra similar a la de NGC 672. Dos grandes brazos salen desde el núcleo brillante arremolinándose de manera pronunciada, con algunas regiones HII salpicadas aquí y allá. Su tamaño se estima en unos 120.000 años luz, bastante cerca de las dimensiones de nuestra propia galaxia. NGC 5857 es algo más pequeña, estimándose su diámetro de unos 100.000 años luz, y es otra galaxia espiral con halo extenso y difuso que podría ser indicativo de alguna pasada interacción. Lo que más llama mi atención de las fotografías de larga exposición es una mancha azulada cercana al núcleo que debe corresponder a una enorme región de formación estelar.

Visualmente tenemos que tener en cuenta que estas galaxias son débiles, con magnitudes de  12.5 y 13.1, y tienen un bajo brillo superficial. NGC 5859 alcanza los 3 minutos de arco en su eje mayor, apareciendo como una mancha alargada con una barra central más luminosa, entendiendo el motivo de su clasificación como espiral barrada. NGC 5857 es apenas una nube difusa y más pequeña que necesita visión lateral para verla con mayor facilidad. Aparece ligeramente elongada, de apenas un minuto de arco en su eje mayor. Es difícil ver estas dos galaxias y pensar que no están unidas por la gravedad.

NGC 5857

A la sombra del boyero (NGC 5544 y NGC 5545)

La constelación de Boyero es famosa por Arturo, estrella que estas noches primaverales domina el cielo, aunque no es tan conocida por sus objetos de cielo profundo, exceptuando quizás el brillante M3. Hoy vamos a conocer a uno de los lejanos miembros de esta constelación, una pareja de galaxias cuya puesta en escena nos hará soltar una exclamación:

Foto NGC 5544

Crédito: Caelum Observatory

Se trata de NGC 5544 y NGC 5545, dos galaxias que se encuentran a unos 140 millones de años luz y, aunque débiles, pueden proporcionarnos unos momentos interesantes de observación. NGC 5544 es la más brillante de las dos, con una magnitud de 13, una espiral barrada que se nos presenta de frente, con unos brazos concéntricos y apagados que parecen evidenciar una falta de proliferación estelar. NGC 5545, de magnitud 15, es una espiral alargada que se encuentra por delante de su compañera, y cualquier fotografía de larga exposición la muestra plagada de condensaciones rosáceas y azuladas, regiones HII donde se están gestando estrellas. El desplazamiento al rojo sitúa a NGC 5545 mucho más lejos que NGC 5544, aunque ya sabemos que, cuando dos galaxias están interactuando, sus movimientos relativos pueden dar lugar a falsas estimaciones en la distancia.

Ambas se conocen tambien como Arp 199 y fueron descubiertas por William Herschel en 1783. Fue su hijo, sin embargo, el primero que sugirió que se trataba en realidad de dos objetos distintos. El descubridor de un objeto nos dice mucho sobre la dificultad de su observación, y que el detalle final lo encontrara John Herschel nos pone en preaviso de que estamos ante un objeto débil que necesitará de cielos oscuros y aperturas moderadas. Se encuentran muy cerca de NGC 5529, otra espiral vista de canto que merece la pena observar, será sin duda una de nuestras protagonistas en otra entrada futura. Lo primero que veremos de Arp 199 será su componente más brillante, la espiral NGC 5544, que aparece sin dificultad como una mancha ligeramente elongada, alcanzando apenas un minuto de arco de diámetro. Si tenemos paciencia y disfrutamos de un cielo oscuro podremos ver, difícilmente al principio, la esquiva NGC 5545. A pesar de tener una magnitud 15, se deja ver si conocemos previamente su existencia, sólo tenemos que mirar con atención con visión periférica y esperar esos momentos preciados en los que la atmósfera nos regala su estabilidad. Entonces podremos ver la débil galaxia como una tenue mancha alargada que conecta directamente con NGC 5544 como si fuera una protuberancia que sale de ella. Con mayor apertura podríamos atisbar su estructura espiral, pero de momento nos conformaremos con ver esas dos tímidas nubes.

NGC 5544.png

Dejando migas de pan (NGC 5466)

Podemos llegar a pensar que los cúmulos globulares son esferas enormes de estrellas sencillamente estáticas que han estado en su sitio desde que se formó nuestra galaxia, pero la verdad es muy distinta. Cada uno de los globulares ha tenido un origen diferente, ha ido evolucionando de una manera totalmente característica y su camino lo ha llevado a lugares mucho más alejados del punto inicial. Y para muestra un botón: vamos a transportarnos al lejano cúmulo NGC 5466, que se encuentra en la constelación del Boyero, relativamente pobre, como ya hemos podido descubrir, en objetos de cielo profundo llamativos. Sin embargo, este cúmulo globular supone una agradable sorpresa en un cielo demasiado oscuro, rompiendo la monotonía y mostrándonos una interesante historia.

Foto NGC 5466.jpg

Es uno de esos cúmulos globulares especialmente antiguos, cuyo origen se remonta al mismo que nuestra galaxia, cuando el universo era joven, tal y como se puede comprobar de la baja metalicidad de sus estrellas. Es muy poco luminoso, contando con unas 50.000 estrellas dispersas en un diámetro de 140 años luz, lo que le confiere un grado XII en la clasificación Shapley-Sawyer, la densidad más baja en la que se puede catalogar un cúmulo globular. Pero lo más interesante de este cúmulo globular no es el número de estrellas, sino las migas de pan que va dejando a su paso. Un estudio de 2007 sugirió que NGC 5466 es realmente el remanente de una enana esferoidal, lo que queda del núcleo de una galaxia que hace tiempo comenzó a orbitar a la Vía Láctea. Su baja densidad de estrellas hizo que, con cada paso por el plano galáctico, sufriera un tirón gravitatorio y perdiera con ello un importante porcentaje de sus componentes. Estas estrellas que nuestra galaxia arrancaba han ido quedándose rezagadas, formando un reguero de astros que marca el camino por el que NGC 5466 va moviéndose, como las gotas de agua que quedan en el aire cuando un delfín sale del agua de un salto. Este reguero de estrellas se encuentra a 45º del plano galáctico y llega desde Boyero hasta la constelación de la Osa Mayor. NGC 5466, además, cuenta en su interior con una decena de “blue stragglers” o azules rezagadas, estrellas demasiado calientes y azules que contrastan con las ancianas y rojizas estrellas del cúmulo. Su origen se explica de dos maneras: o bien se producen por la colisión de dos estrellas, generando una de mayor tamaño, o bien forman parte de un sistema binario, de manera que una estrella cede su masa a la otra, que “rejuvenece” y se torna azulada.

A 10 grados de Arturo, podemos buscar NGC 5466 saltando de estrella en estrella, o bien saliendo desde M3, que se encuentra algo más cerca. Con una magnitud de 9, podemos intentar cazarlo con prismáticos si la noche es espectacular, aunque su bajo brillo superficial nos lo pondrá muy difícil: recordemos que es un globular de tipo XII… Al telescopio es cuando adquiere todo su esplendor, si bien tampoco nos deslumbrará con sus estrellas. Sus componentes más brillantes son de magnitud 14, mientras que la gran mayoría ronda entre la 16 y 17 magnitud. A bajo aumento parece, recién puesto el ojo en el ocular, una nube uniforme redondeada, en la que en seguida aparece una multitud de estrellas poblando cada una de sus regiones. Con 9 minutos de arco, en el Hyperion de 13 mm ocupa una tercera parte del campo, y más que un cúmulo globular podría pasar por cúmulo abierto muy concentrado. Con paciencia y visión periférica pude contar 30 estrellas, 40… por momentos pareciera que muchas más, tan débiles algunas que aparecían y desaparecían constantemente. Estacan algunas alineaciones de estrellas al sur del cúmulo, en su corona, pero quizás el detalle más llamativo que vi fue una franja oscura que recorría gran parte de su superficie. En fotografías no se aprecia tan bien, aunque en aquéllas con poco tiempo de exposición puede apreciarse una sutil disminución de estrellas en dicha zona. El campo no está muy poblado, no podemos pedir más en esta zona del cielo, demasiado tenemos con estar contemplando el corazón liberado de una antigua galaxia que va dejando restos tras de sí.

NGC 5466.png