El átomo por la paz (NGC 7252)

La constelación de Acuario, bajo cielos oscuros, nos depara aún muchas sorpresas accesibles a telescopios de baja apertura. Hoy vamos a centrarnos en un portento cósmico, un objeto que es capaz de despertar la imaginación de cualquier que contemple la siguiente fotografía:

Se trata de NGC 7252, también conocido como Arp 226 o con el poético nombre del Átomo por la Paz (Atom for the Peace). Su nombre deriva de su forma, que recuerda a la estructura de un átomo con las órbitas de sus electrones (aunque hoy en día sabemos que no son realmente así). El nombre es un homenaje al discurso de Eisenhower que, en 1953, puso de manifiesto el deseo de usar la tecnología nuclear para fines energéticos en vez de servir como armamento militar. Arp 226 es en realidad el resultado de la colisión entre dos enormes galaxias que se encuentran a una distancia de entre 220 y 300 millones de años luz. Los filamentos desprendidos son los regueros de estrellas y gas que han salido despedidos a raíz de esta colosal interacción, algo similar a lo que nos ocurrirá a nosotros cuando nos demos de bruces con la Galaxia de Andrómeda. Podemos apreciar condensaciones azuladas en estos filamentos, enormes regiones de formación estelar que se han visto estimuladas por el encuentro de distintas masas gaseosas. En el centro de esta masa de estrellas destaca una pequeña estructura en espiral, de apenas 10.000 años luz de diámetro, que no es más que el remanente de una de las galaxias que está participando en el encuentro intergaláctico. Destaca el color azul de esta zona, otra muestra más de las miles de estrellas que están siendo formadas en masa.

Foto NGC 7252 1

En este “mejunje” de estrellas destacan unos 500 objetos que han sido catalogados como cúmulos ultraluminosos. Estos interesantes grupos de estrellas son los precursores de los cúmulos globulares: con una edad comprendida entre los 50 y 500 millones de años, están plagados por gigantes estrellas azules, permitiéndonos conocer que, al menos una parte de los globulares, se forman en grandes nubes moleculares en momentos de importante proliferación estelar, como son estas colisiones entre galaxias. El más grande de estos cúmulos ultraluminosos se denomina W3 y tiene una masa 35 veces mayor que la de nuestro NGC 5139, omega Centauri, por lo que hablamos de verdaderos colosos espaciales. Tienen, además, diámetros en torno a los 600 años luz, superando con creces a la mayoría de los globulares de la Vía Láctea, que rondan el centenar de años luz.

Con una magnitud de 12.7, NGC 7252 es fácil de observar con instrumentos de aficionado bajo cielos oscuros. Se encuentra en la constelación de Acuario, a medio camino entre Folmahaut y Capricornio. Por muy grande que sea nuestro telescopio, tenemos que olvidarnos de ver esos prodigiosos filamentos, algo que nos tendremos que imaginar debido a su bajo brillo. Con el Dobson de 30 cm aparece como una esfera nebulosa que apenas llega a los 2 minutos de arco diámetro, con un núcleo bastante brillante que destaca sobre la periferia más débil. No hay más detalles que ver en esta pareja de galaxias, pero es, sin duda, un objeto fascinante por todo lo que esconde tras de sí, algo que no debemos olvidar cuando estemos recibiendo sus lejanos fotones. Sería una visión prodigiosa si se encontrara a unos pocos millones de años luz…

NGC 7252

La belleza de la ausencia (NGC 7606)

La constelación de Acuario es un lugar, por lo general, poco conocido. Es verdad que el número de objetos de cielo profundo que contiene no es de los más altos, pero aun así podríamos dedicar varias noches a explorar sus rincones más recónditos y seguro que nos sorprenderíamos con el resultado. Hoy vamos a viajar a una lejana galaxia que se encuentra en la región más septentrional de la constelación, una galaxia que se denomina NGC 7606 y se sitúa a unos 100 millones de años luz de distancia, solitaria en una zona relativamente pobre en galaxias.

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Crédito: Mt. Lemmon SkyCenter (Universidad de Arizona)

Es una galaxia espiral que se nos presenta en un ángulo de inclinación cercano a los 40 grados, mostrando varios brazos que se arremolinan alrededor de un brillante núcleo redondeado que no muestra evidencia de ninguna barra central. Sus brazos, bien definidos, están salpicados  por regiones azuladas, miles de millones de estrellas jóvenes que se disponen a través de 175.000 años luz de diámetro, dimensiones mayores que nuestra Vía Láctea. En el interior, como ocurre en la mayoría de galaxias, el color se torna amarillento, fruto de las estrellas más ancianas que suelen poblar el bulbo. Sin embargo, no son sus estrellas la faceta más llamativa de NGC 7606, sino precisamente la ausencia de ellas, patente en una zona al norte del núcleo, en la que los brazos, simplemente, parecen dejar un hueco entre sí, como si alguien le hubiera disparado con un cañón cósmico provocándole un agujero en su estructura. La causa de esta peculiar formación es desconocida, apenas hay estudios sobre esta galaxia, aunque, si tenemos en cuenta “malformaciones” ocurridas en otras galaxias, el motivo siempre suele ser una interacción con alguna otra compañera. Un agujero de estas dimensiones (a ojo, unos 20.000 años luz de diámetro) no se puede explicar con un evento estelar, viéndonos obligados a culpar a una anterior colisión o interacción con otra galaxia. Es de extrañar que NGC 7606 no llamase la atención de Hilton Arp y no la incluyese en su catálogo de galaxias peculiares.

Encontrar esta galaxia no es complicado, ya que si la noche es oscura sólo tendremos que fijarnos en un bonito grupo de tres estrellas que reciben el nombre de psi Aquarii (más concretamente psi 1, psi 2 y psi 3, siendo esta última una estrella doble con una separación de 1.4” y unas magnitudes de 5 y 9 en sus componentes). Ya que estamos en esta zona podemos aprovechar para disfrutar de una pequeña estrella doble, HD 220436, cuyos componentes, ambos de magnitud levemente superior a 7, están separados por 6.8”, conformando un bonito sistema de fácil resolución. Desde aquí no tenemos más que navegar durante un grado de arco para llegar a nuestra galaxia, NGC 7606, que ronda la magnitud 11 y está, por tanto, al alcance de telescopios de baja apertura si observamos desde un cielo oscuro. En primer lugar veremos su núcleo, que se nos muestra como una mancha redondeada y brillante, rodeado por un débil halo que se difumina hacia sus bordes de forma fantasmagórica. Se encuentra entre dos brillantes estrellas que nos pueden servir de referencia a la hora de intentar cazar su región más oscura, cosa nada fácil y que requerirá una buena adaptación a la oscuridad. Conforme pasan los minutos veremos que el halo tiene una forma elongada, y entonces, si tenemos paciencia, nuestros ojos captarán un difuso vacío de pequeño tamaño que se sitúa en su región septentrional, visible tan sólo con visión periférica y durante algunos segundos. No es tarea fácil mantener la concentración tanto tiempo, y nuestros ojos corren el riesgo de cansarse. Llega un momento en que podemos notar una pérdida de visión, y entonces lo mejor es descansar un momento, levantarnos y dar un paseo por la zona (teniendo cuidado de no deslumbrarnos con ninguna fuente de luz). Luego podremos intentarlo de nuevo, y notaremos que los detalles que antes nos evadían ahora se muestran tímidamente, con los bordes más definidos. Sin duda, una galaxia más de las que disfrutar cuando el horizonte sur se encuentre limpio de contaminación lumínica.

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Decesos marinos (NGC 7293 y NGC 7009)

Acuario es una de esas constelaciones “difíciles” que no tiene una forma clara, como podríamos decir del Escorpión o el Cisne, por ejemplo. Está en una zona, además, que no tiene grandes estrellas que ayuden a orientarse, ni famosos objetos para ver. Pero objetos tiene, y lo suficientemente interesantes como para dedicarles una entrada sólo para ellos. En el cielo encontramos distintas etapas de la vida de una estrella, desde que nace hasta que muere. Ahora nos vamos a centrar en esta última fase, usando a dos grandes exponentes, como son NGC 7293 y NGC 7009.

NGC 7293, también conocida como la nebulosa de la Hélice o el ojo de Dios, es una nebulosa planetaria famosa en el mundo entero, aunque la mayoría de la gente no conozca su nombre ni su naturaleza. Ha tenido el honor, además, de ser la portada de la versión de 2014 de la mítica serie Cosmos, de Carl Sagan. Es una nebulosa peculiar por varios motivos. A diferencia de la mayoría de nebulosas planetarias (poniendo como comparativa a M57), NGC 7293 es enorme, ocupando 25 minutos de arco. Este gran tamaño se debe, sencillamente, a que es una de las más cercanas a nuestro sistema solar, flotando a unos 700 años luz. No está formada simplemente por una envoltura de gas, sino que estudios recientes indican que tiene dos discos gaseosos, producidos en distintas épocas. Uno inicial que se formó hace unos 12.000 años, y otro, que se desplaza más rápidamente, hace 6.600 años. Son, ambos, el resultado de la expulsión de las envolturas más superficiales por parte de una estrella moribunda que va siendo comprimida por la fuerza de la gravedad. Al calentar el hidrógeno de las capas más superficiales (su interior ya es rico en Helio), el gas se expande y es expulsado hacia el exterior.  Esta estrella, que va camino de convertirse en una enana blanca, emite una gran cantidad de radiación al comienzo de su muerte, lo cual excita los átomos de la nebulosa y los hacen brillar. Fotografías de larga exposición revelan la presencia de “cometas”, nebulosidades pequeñas que parecen desplazarse de la periferia al centro, con una cola a sus espaldas. En un principio se planteó la hipótesis de que fueran verdaderos cometas procedentes de una “nube de Oort” de la nebulosa, pero posteriormente se comprobó que cada uno de esos núcleos cometarios tiene un diámetro superior al de nuestro sistema solar, dinamitando dicha hipótesis. Qué contienen realmente, sigue siendo un misterio, pero no deja indiferente contemplar esas nubes que son golpeadas por la radiación de la estrella y vestidas con una iridiscente estela de gas.

CometariosNGC 7293 es una buena oportunidad para estudiar las nebulosas planetarias, gracias a su ya mencionada cercanía. Es un objeto muy amplio y con un brillo superficial muy bajo, factores por los cuales probablemente pasaría desapercibido hasta su descubrimiento 1.824. Con prismáticos ya se aprecia como una mancha amplia y difusa, por encima de la constelación Piscis Austrinus (Folmahaut nos puede servir de referencia).

A bajos aumentos, con el telescopio, ya se aprecia como una gran esfera en forma anular, vagamente discernible si no es con filtros, en medio de tres brillantes estrellas que forman un triángulo. Una vez colocamos el filtro OIII, la nebulosa aparece ante nosotros sin atisbo de timidez. Personalmente la mejor visión, para captar ciertos detalles, la obtuve a 125 aumentos. Se puede apreciar la estrella central, no especialmente brillante, acompañada por una decena de tenues estrellas inmersas en la nebulosidad. Ésta tiene una clara forma de anillo de humo, con el centro de menor brillo superficial. La adaptación a la oscuridad es crucial en este tipo de objetos. Al cabo de varios minutos pude percibir que la circunferencia interna no era una circunferencia perfecta. Tenía un entrante en su zona norte, un cabo que penetraba en el vacío interior (no es vacío realmente, a simple vista se aprecia cierta nebulosidad de menor intensidad que la periferia). Poco después pude comprobar que la parte exterior del anillo tampoco era redonda, destacando un “pico” que se prolongaba hacia una de las estrellas que lo rodean. Con visión periférica se adivinaban ciertas irregularidades más a lo largo del disco, dando una imagen espectacular. Eché en falta, sin embargo, la sensación de “doble hélice” que muchos refieren. Supongo que será cuestión de práctica y buenos cielos (esa noche tenía buenos cielos, así que me queda practicar).

NGC 7293

La otra nebulosa planetaria que esconde la constelación de Acuario es NGC 7009, también conocida como la nebulosa Saturno. Descubierta por Herschel y nombrada por Lord Rosse, se encuentra a una distancia entre 2.000 y 4.000 años luz de nosotros, bastante más lejos que NGC 7293. Su nombre proviene de la forma característica que presenta desde nuestra perspectiva, con dos nódulos bipolares que semejan los anillos de Saturno, visto de perfil. La causa de esta formación se desconoce, como tantas cosas: distintas densidades, vientos intensos dentro de la nebulosa… Pero eso no nos impide poder disfrutar del espectáculo que supone.

Al telescopio hacen falta ciertos aumentos para ver esta estructura característica. A 65x ya muestra un alto brillo superficial, viéndose como una estrella engrosada que resalta sobre el resto. A 125 aumentos, en una buena noche, ya se aprecian sin problema los dos nódulos, a modo de asas. El filtro OIII ayuda a verla más brillante, pero, personalmente, no obtuve mayor definición, con lo cual prefiero la imagen sin filtro. A 214x resaltan algo más las “asas” y, siendo la calidad atmosférica aceptable, decidí dibujarlo con el ocular de 7 mm. A los pocos minutos noté cómo un halo rodeaba a la parte más brillante, no sé si sería reflejo o gaseoso, pero lo plasmé en el dibujo. Su estrella central tiene una magnitud de 11.5, fácilmente alcanzable con cualquier instrumento óptico… Sin embargo me fue totalmente imposible apreciar cualquier atisbo de estrella. Quiero suponer que fue debido a que está rodeada por una capa de gas brillante que lo enmascara ante la vista. Sea como sea, es un buen aliciente para observarla una y otra vez, buscando esa estrella que juega al escondite.

NGC 7009