Nueva visita al Escultor (NGC 253)

NGC  253Hace dos años publiqué una entrada sobre NGC 253. la conocida Galaxia del Escultor, siendo este objeto uno de los primeros que dibujé por aquella época (no estoy muy orgulloso del resultado pero la pondré como recuerdo). Este verano, cuando estuve bajo el mejor cielo que recuerdo en mucho tiempo, decidí visitarla de nuevo en profundidad, plasmando nuevamente mis impresiones sobre el papel. Volví a sorprenderme de su gran tamaño, que llega casi a los 30 minutos de arco, tanto como la luna llena. Su núcleo, brillante y bien definido, adquiere una forma  ovalada alrededor de la cual se dispone el resto de la galaxia al más puro estilo “Andrómeda“. De hecho, cualquiera que mirara por el ocular bien podría confundirse en un primer momento, pues NGC 253 comparte prácticamente el mismo ángulo que M31. A diferencia de su compañera, en la Galaxia del Escultor podemos apreciar sus brazos, especialmente el más meridional, que sale del núcleo y se retuerce hacia el oeste, bajo la atenta mirada de las tres brillantes estrellas que, formando un triángulo, nos servirán para reconocer esta galaxia en cualquier circunstancia. El segundo brazo, en el lado opuesto, es bastante más tenue pero se deja ver si tenemos una buena adaptación a la oscuridad, como una débil porción alargada que destaca ligeramente sobre el disco de la galaxia. Lo que más llamó mi atención fue esa banda oscura que se sitúa al norte del núcleo (por debajo en la imagen del ocular), uno de los múltiples filamentos de polvo que se disponen por la galaxia (recordemos que es una galaxia con una importante tasa de proliferación estelar). Podía verlo sin ninguna dificultad, incluso a mayor aumento, perfilando a la perfección cada uno de sus bordes, con una nitidez que pocas veces hubiera imaginado posible. Disfruté durante largo rato con este portento cósmico, haciéndome pensar en todos los objetos que debería volver a visitar una y otra vez…

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Cúmulos en Ofiuco (4ª parte)

Hoy completamos esta serie de entradas con tres nuevos globulares que se encuentran al norte de la Nebulosa de la Pipa, formando un triángulo. El primero que nos encontramos al subir es NGC 6342. Situado a unos 28.000 años luz de distancia, fue descubierto por William Herschel en 1786. Él no pudo resolverlo, aunque distinguió en su superficie cierto aspecto moteado. Es un globular de tipo IV, con un núcleo bien diferenciado del resto. Al telescopio brilla con una magnitud  de 9.5, conformando una pequeña esfera de casi 3 minutos de arco (en fotografías alcanza los 4.4 minutos). El núcleo es brillante y pequeño, y con un poco de paciencia puede distinguirse una textura granujienta, grumosa, probablemente como ya lo viera Herschel en su momento. La corona es más débil, con una tímida estrella situada en el borde.

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Otro vértice del triángulo lo ocupa NGC 6356, uno de los globulares más grandes que pueblan la Vía Láctea. Para entenderlo no tenemos más que compararlo con el anterior: NGC 6356 se encuentra a 49.600 años luz de distancia (cerca del doble) y mide, sin embargo, más del doble, alcanzando los 10 minutos de arco de diámetro. Con una magnitud de 8.2, fue descubierto por William Herschel (cómo no) en 1784. Es un cúmulo de tipo II, si bien está tan lejos que no distinguiremos el núcleo tan destacado como debería. Al telescopio veremos una nube difusa de unos 5 minutos de arco de diámetro con una zona interna algo más brillante. Ninguna estrella surca su superficie salvo una, tenue y diminuta, que se encuentra al sureste, en la región más externan del halo. El centro, eso sí, en ocasiones muestra cierta grumosidad, como si quisiera revelarnos  la gran familia de estrellas que esconde en su interior.

NGC 6356

Vamos a terminar esta colección de globulares saliendo por la puerta grande, con uno de los más brillantes de la lista. Se trata de M9, que fue descubierto por Charles Messier en 1764, y conocido también posteriormente como NGC 6333. Se encuentra por encima de la nebulosa oscura B64 y dista de nosotros unos 25.800 años luz. Está bastante cerca del centro galáctico, a poco más de 5.000 años luz, y la fuerte gravedad de éste le ha producido un achatamiento de su estructura. Unas 250.000 estrellas se encuentran aglomeradas en una esfera de apenas 90 años luz, cifras que nos sirven para intentar entender la enorme densidad de estos cuerpos. Su metalicidad es muy baja, indicándonos que se formó hace mucho tiempo y que, con bastante seguridad, lo hizo alejado del centro de la galaxia (donde la metalicidad de las estrellas suele ser mayor).

M9 tiene una cómoda magnitud de 7.9, fácilmente visible, por tanto, a través del buscador. Aparece a nuestros ojos como una brillante esfera cuyo brillo va decayendo gradualmente a medida que nos alejamos del núcleo, sin grandes diferencias entre estratos. Es ciertamente interesante observarlo desde un lugar oscuro, ya que así podremos distinguir una especie de condensación central, alargada, que recuerda enormemente a la franja de estrellas brillantes que atraviesan M4. De la misma manera, una pequeña franja destaca en M9 de norte a sur, dividiendo la región interna en dos partes diferencias. Una quincena de estrellas pueblan la periferia  del cúmulo, y algunas otras se adivinan en la lejanía de la nube. Al oeste podemos percibir una zona especialmente vacía de estrellas, parte de una cercana nebulosa oscura que se llama Barnard 64, que podremos disfrutar con unos buenos prismáticos bajo un cielo oscuro.

M9

Terminamos aquí nuestro recorrido por la zona de la Nebulosa de la Pipa, habiendo observado 13 cúmulos globulares y algunas nebulosas oscuras. Os recomiendo hacer esta peregrinación alguna vez en la vida, es una manera interesante de comparar un buen número de globulares para entender mejor sus diferentes características, y la verdad es que la Nebulosa de la Pipa es una referencia maravillosa para encontrarlos, no nos cansaremos de observarla una y otra vez.

Exótico triplete en Escorpio (NGC 6441, Haro 1-36)

Hay paisajes celestes que dejan huella, algo bastante frecuente cuando paseamos por los diversos rincones veraniegos. Hoy vamos a fijarnos en la cola del Escorpión, en una franja del cielo donde podemos observar una llamativa disparidad de formas y colores que conforman tres objetos bien distintos entre sí.

El elemento más característico de este grupo es el cúmulo globular NGC 6441, descubierto en 1826 por James Dunlop. Se encuentra a la considerable distancia de entre 37.500 y 44.000 años luz, lo cual explica la debilidad de sus estrellas. No obstante, el cúmulo es brillante, con una magnitud de 7.5, debido principalmente a que es uno de los globulares más luminosos que existen, con una masa equivalente a 1.6 millones de soles. Se encuentra a unos 12.700 años luz del centro galáctico, siendo además uno de los cúmulos de mayor metalicidad. Es un globular de tipo III, con una importante concentración en sus regiones más internas. De hecho, a pesar de que NGC 6441 cuenta con un diámetro de 175 años luz, la mitad de su brillo se encuentra condensado en los 15 años luz más internos. La población de NGC 6441 es, además, relativamente exótica: podemos encontrar entre sus estrellas un gran número de variables (RR lyrae en su mayoría). Otro de los peculiares habitantes del cúmulo son los púlsares de milisegundo, de los cuales se han contabilizado hasta cuatro (uno de ellos formando un sistema binario con otra estrella). Los púlsares son estrellas de neutrones que se han formado a raíz de explosiones de supernova, girando a velocidades de vértigo (como su nombre indica, pueden girar varias veces sobre sí mismos en un segundo).

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NGC 6441 sería aún más impresionante si no hubiera tanto polvo obstruyendo su camino (tendría una magnitud 0.5 superior). Aun así, no podemos quejarnos: si disponemos de un horizonte sur despejado podremos disfrutar de un bonito globular. Es uno de esos cúmulos esféricos que presentan un núcleo brillante que contrasta enormemente con la periferia, más difusa, que se extiende hasta ocupar unos 6 o 7 minutos de arco. Una textura granujienta domina la superficie, y a elevados aumentos se deja ver alguna que otra estrella pululando por la corona. A pesar de lo lejos que está, no podemos negar que transmite cierta sensación de grandeza.

Pero no acaba aquí el disfrute, y es que el segundo objeto es aún más brillante que NGC 6441. Se trata de K scorpii, una brillante gigante roja que reluce con una magnitud de 3.19. Se encuentra a tan sólo 126 años luz de distancia y su diámetro se estima unas 16 veces superior al de nuestro Sol. Su intensa tonalidad deslumbra el campo del ocular, haciendo sombra incluso a NGC 6441, que a su lado parece un lejano fantasma. Rematando este cuadro familiar tenemos a un interesante objeto que se llama Haro 1-36 (o HD 161948). Inicialmente fue considerado una nebulosa planetaria, si bien hoy en día sabemos que es una binaria simbiótica: el número conocido de estos objetos no llega a 200. Son sistemas binarios formados por una gigante roja y una enana blanca. La gigante roja se ha expandido hasta que sus capas más externas superan el lóbulo de Roche, es decir, el punto en el que dejan de sentirse atraídas por su estrella. La enana blanca, más pequeña y densa, queda orbitando inmersa en la gran nube de gas que se está desprendiendo de la gigante roja. Podemos decir, por tanto, que queda orbitando en el interior mismo de su compañera, sumida en un enorme abrazo cósmico. El gas de la gigante roja va siendo atraído y acretado por la enana blanca, y de vez en cuando ésta desprende enormes cantidades de luz a modo de nova: este tipo de objetos pueden fascinarnos en diversas ocasiones. Visualmente Haro 1-36 aparece como una débil estrella ligeramente desenfocada. Apenas alcanza la magnitud 14, aunque nos sorprenderemos si colocamos un filtro OIII: la estrella, de repente, parece cobrar vida y destacar sobre el resto de objetos que pueblan el ocular. Colocando y quitando el filtro OIII sobre nuestros ojos podremos confirmar su presencia sin dejar lugar a dudas, y una vez localizada nos será más fácil de ver sin necesidad de usar el filtro. Así es como mejor podremos disfrutar de esta fortuita unión cósmica.

NGC 6441

Envuelta en llamas (la estrella de hidrógeno de Campbell)

Cuando uno piensa en los objetos de cielo profundo de la constelación del Cisne se imagina extensas y difusas nebulosas y ricos cúmulos estelares. Hoy vamos a ver un objeto distinto, más parecido a NGC 6888 que a cualquier otro. Se conoce como la Estrella de Hidrógeno de Campbell (Campbell’s Hydrogen Star), pero su nombre oficial es PK 64+5.1. En la siguiente imagen, obtenida con el telescopio Hubble, podemos contemplarla en todo su esplendor:

A smouldering star

La estrella que ocupa el centro de la imagen llamó la atención a finales del siglo XIX, cuando Willemina Fleming vio que tenía un espectro peculiar. En 1899 William Campbell descubrió que la estrella estaba cubierta por una débil y pequeña envoltura gaseosa, a modo de nebulosa planetaria, rica en elementos pesados como carbono y neón. La estrella de Campbell, como pasó a conocerse entonces, es una estrella de tipo Wolf-Rayet, algo que nos sonará si recordamos objetos como NGC 6888 o NGC 7635 (la Nebulosa de la Burbuja). Una estrella Wolf-Rayet es una estrella extremadamente masiva que genera fuertes vientos, produciendo una rápida pérdida de masa. De hecho, recientes estudios de este objeto han detectado vientos de hasta 700 km por segundo: no es de extrañar que produzcan la dispersión de sus capas más externas. La estrella de Campbell se encuentra a unos 4.000 años luz de distancia, así que no esperemos ver un objeto especialmente extenso.

Con una magnitud de 10.44, su principal dificultad estriba en su pequeño tamaño y en el brillo de la estrella central, que reluce con una magnitud de 11.3. La débil nubecilla apenas alcanza los 5 segundos de arco de diámetro, así que tendremos que usar elevados aumentos y disponer de una atmósfera estable y con la mínima contaminación lumínica. Podemos ubicarla a partir de la conocida Albireo, que se encuentra a unos 2 grados y medio de nuestro objetivo, al que tendremos que llegar saltando de estrella en estrella. Una vez en campo es probable que no veamos más que la estrella central: será el momento entonces de cambiar de ocular. A 429 aumentos la estrella parecía envuelta en el típico halo pequeño y difuso que aparece cuando la atmósfera está especialmente húmeda. Sin embargo, moviendo el tubo podía compararla con otras estrellas de brillo similar, pudiendo apreciar que dicho halo aparecía exclusivamente en la estrella de Campbell. Mucha gente refiere distinguir en esa pequeña esfera gaseosa un color rojizo o anaranjado (debido principalmente al carbono), pero en mi caso no pude ver más que una tonalidad grisácea (mis ojos, por otro lado, no son especialmente sensibles a los cambios de color). Aun así, no deja de ser un objeto interesante, una vez que tenemos en cuenta los violentos procesos que está sufriendo y las rápidas ráfagas que produce a su alrededor.

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Con la fuerza de un solo brazo (NGC 7678)

Llega el otoño y volvemos a dirigir nuestra mirada al corazón de Pegaso, a un lugar aparentemente vacío que se oculta entre sus cuatro brillantes estrellas. En esta ocasión disfrutaremos de una de las galaxias del catálogo Arp de galaxias peculiares:

Foto NGC 7678

Copyright © J.Shuder

Estamos hablando de NGC 7678, también conocida como Arp 28, un buen ejemplo del subgrupo de “galaxias espirales con un brazo prominente” en el que Halton Arp colocó a este objeto. No hay más que ver cualquier fotografía de larga exposición para entender el motivo que empujó al astrónomo a incluirla en su catálogo. Es una galaxia espiral cuyos brazos se arremolinan a su alrededor, destacando uno de ellos de mayor grosor y brillo. Su superficie moteada deja entrever numerosas condensaciones, regiones de formación estelar fruto, probablemente, de alguna colisión anterior entre distintas galaxias. Esta huella de interacción intergaláctica puede seguirse alrededor de NGC 7678, apreciándose un halo difuso e irregular similar a tantas otras galaxias que han sufrido encuentros en el pasado. Tres supernovas se han detectado en la galaxia durante los últimos 16 años, todas ellas situadas, curiosamente, en el lado opuesto al prominente brazo. NGC 7678 se encuentra a una distancia de entre 140 y 180 millones de años luz, y su tamaño se estima en poco más de 100.000 años luz, algo menor que la Vía Láctea.

Tiene una magnitud de 12.7 y un tamaño de unos 2.5 minutos de arco en su eje mayor. Al telescopio destaca, en primer lugar, como una mancha difusa cuyo centro, puntiforme, brilla con mayor intensidad. Se encuentra rodeada por tres estrellas que forman un llamativo triángulo isósceles, que servirán para delimitar su posición si el cielo no es lo suficientemente oscuro. Una vez  tengamos la vista bien adaptada y veamos la galaxia con facilidad será el momento de tratar de ver su brazo espiral. Tuve que dedicarle varios minutos usando visión lateral, descansando a menudo la vista para no forzarla demasiado, pero finalmente pude detectar ese tenue detalle, como una fantasmagórica línea que aparecía y desaparecía ante mis ojos. Su buena posición estas noches de otoño, alta en el cielo poco después de anochecer, hace que merezca la pena hacerle una visita: NGC 7678 es, probablemente, una de las galaxias más lejanas que es capaz de mostrar parte de su estructura a tanta distancia de nosotros.

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El átomo por la paz (NGC 7252)

La constelación de Acuario, bajo cielos oscuros, nos depara aún muchas sorpresas accesibles a telescopios de baja apertura. Hoy vamos a centrarnos en un portento cósmico, un objeto que es capaz de despertar la imaginación de cualquier que contemple la siguiente fotografía:

Se trata de NGC 7252, también conocido como Arp 226 o con el poético nombre del Átomo por la Paz (Atom for the Peace). Su nombre deriva de su forma, que recuerda a la estructura de un átomo con las órbitas de sus electrones (aunque hoy en día sabemos que no son realmente así). El nombre es un homenaje al discurso de Eisenhower que, en 1953, puso de manifiesto el deseo de usar la tecnología nuclear para fines energéticos en vez de servir como armamento militar. Arp 226 es en realidad el resultado de la colisión entre dos enormes galaxias que se encuentran a una distancia de entre 220 y 300 millones de años luz. Los filamentos desprendidos son los regueros de estrellas y gas que han salido despedidos a raíz de esta colosal interacción, algo similar a lo que nos ocurrirá a nosotros cuando nos demos de bruces con la Galaxia de Andrómeda. Podemos apreciar condensaciones azuladas en estos filamentos, enormes regiones de formación estelar que se han visto estimuladas por el encuentro de distintas masas gaseosas. En el centro de esta masa de estrellas destaca una pequeña estructura en espiral, de apenas 10.000 años luz de diámetro, que no es más que el remanente de una de las galaxias que está participando en el encuentro intergaláctico. Destaca el color azul de esta zona, otra muestra más de las miles de estrellas que están siendo formadas en masa.

Foto NGC 7252 1

En este “mejunje” de estrellas destacan unos 500 objetos que han sido catalogados como cúmulos ultraluminosos. Estos interesantes grupos de estrellas son los precursores de los cúmulos globulares: con una edad comprendida entre los 50 y 500 millones de años, están plagados por gigantes estrellas azules, permitiéndonos conocer que, al menos una parte de los globulares, se forman en grandes nubes moleculares en momentos de importante proliferación estelar, como son estas colisiones entre galaxias. El más grande de estos cúmulos ultraluminosos se denomina W3 y tiene una masa 35 veces mayor que la de nuestro NGC 5139, omega Centauri, por lo que hablamos de verdaderos colosos espaciales. Tienen, además, diámetros en torno a los 600 años luz, superando con creces a la mayoría de los globulares de la Vía Láctea, que rondan el centenar de años luz.

Con una magnitud de 12.7, NGC 7252 es fácil de observar con instrumentos de aficionado bajo cielos oscuros. Se encuentra en la constelación de Acuario, a medio camino entre Folmahaut y Capricornio. Por muy grande que sea nuestro telescopio, tenemos que olvidarnos de ver esos prodigiosos filamentos, algo que nos tendremos que imaginar debido a su bajo brillo. Con el Dobson de 30 cm aparece como una esfera nebulosa que apenas llega a los 2 minutos de arco diámetro, con un núcleo bastante brillante que destaca sobre la periferia más débil. No hay más detalles que ver en esta pareja de galaxias, pero es, sin duda, un objeto fascinante por todo lo que esconde tras de sí, algo que no debemos olvidar cuando estemos recibiendo sus lejanos fotones. Sería una visión prodigiosa si se encontrara a unos pocos millones de años luz…

NGC 7252