Un diamante bajo el escorpión (NGC 5986)

El hemisferio sur nos presenta objetos realmente maravillosos que a los observadores septentrionales nos dejan asombrados, soñando con poder verlos en alguna ocasión con nuestros propios ojos. Sin embargo, muchos de estos objetos están al alcance desde latitudes medias, aunque tendremos que lidiar con su baja posición en el cielo. Por ello, siempre que podamos disponer de un horizonte sur despejado no debemos perder la oportunidad de intentar cazar algunas de estas esquivas joyas. En julio me encontré una noche clara con Escorpio alto en el cielo. Decidí buscar bajo sus pinzas con ayuda de un atlas, y me dejé llevar hacia un cúmulo globular que prometía ser interesante.

NGC 5986 fue descubierto por James Dunlop en 1826, aunque al principio fue confundido con una nebulosa. Se trata de un cúmulo globular que se encuentra a unos 40.000 años luz de distancia y se encuadra en los límites de la constelación Lupus (la leyenda de esta constelación nos habla del rey de Arcadia, Licaón, que fue colocado como un lobo en el cielo debido a su gran crueldad). Este cúmulo pertenece al halo interno de nuestra galaxia, orbitando en torno al núcleo de la Vía Láctea con una órbita relativamente excéntrica. Con unos 100 años luz de diámetro, podemos encontrar hasta cinco poblaciones diferentes de estrellas en cuanto a su composición, las cuales podrían señalar distintas etapas de formación. Entre sus componentes destacan varias variables de tipo RR lyrae, estrellas cuya importancia radica en que son usadas como candela estelar para estimar distancias (de manera similar a las cefeidas), y han permitido estimar una distancia más concreta de unos 36.500 años luz. NGC 5986 cuenta, además, con la presencia de dos brillantes astros de tipo espectral A-F que se encuadran dentro de las estrellas post-AGB. Es término AGB significa “Asymptotic Giant Branch” o, en castellano, Rama Asintótica Gigante, y representan una de las últimas etapas de la evolución estelar, un momento previo a la formación de una nebulosa planetaria. Hay indicios de que este tipo de estrellas podrían ser usadas también como candelas estelares, ayudando a precisar grandes distancias en nuestra galaxia.

Este cúmulo globular es de clase VII, con un núcleo poco definido, algo más concentrado que la periferia. Sin embargo, no fue esa la sensación que me dio cuando lo observé con mi Dobson de 30 cm. Para encontrarlo podemos guiarnos por la estrella eta Lupi, una estrella doble (triple en realidad) con dos componentes de magnitudes 3.41 y 7.5 separados por 14 segundos de arco. Muy cerca de allí, a apenas 2 grados y medio de distancia, podremos apreciar un esfera nebulosa de magnitud 7.6, ya intuidle con prismáticos a pesar de su baja posición en el cielo. Su tamaño aparente es de unos 10 minutos de arco, aunque las estrellas más periféricas no serán visibles con nuestros instrumentos. Lo primero que destaca al observarlo con el telescopio es su núcleo: cuando lo vi me pareció notar un incesante burbujeo en su interior. Tiene forma redondeada, aunque con visión periférica noté dos prolongaciones que protuían en direcciones opuestas, ambas repletas a su vez de ese contenido granujiento. A su alrededor, y bien diferenciado del núcleo, el halo se extendía más allá, rodeando a una brillante estrella que se encuentra a apenas 2 minutos de la región más central (¿será una de las estrellas post-AGB que hemos mencionado con anterioridad?). Mientras mi visión se adaptada sólo aprecia una esfera neblinosa, pero en cuestión de segundos esa nubecilla se convirtió en un sinfín de estrellas que, apretujadas, luchaban por ganar algo de efímera gloria. Eran extremadamente pequeñas y débiles, pero ocupaban cada rincón del globular, haciendo que su visión resultará verdaderamente especial. Sin duda, desde lugares más meridionales será posible disfrutarlo aún más; mientras, nos conformaremos con espiarlo por encima del horizonte.

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Cuádruple espiral (NGC 5248)

La constelación del Boyero no es precisamente una de las más llamativas en cuanto a objetos de cielo profundo. No obstante, si tenemos la oportunidad de observar bajo cielos oscuros podemos hacer algunos viajes interesantes. Hoy vamos a hablar de una galaxia que se encuentra al este de Arturo, a medio camino en dirección a Spica, la principal estrella de Virgo.

NGC 5248 es una galaxia espiral barrada que fue descubierta por William Herschel en 1784. Su distancia es incierta, pero diversos estudios coinciden en situarla entre 50 y 60 millones de años luz. Aunque nos pueda parecer muy alejada del Cúmulo de Virgo, podemos decir que es uno de sus componentes. Concretamente pertenece a una cadena de agrupaciones galácticas que reciben el nombre, en su conjunto, de Virgo III, y se disponen a la izquierda del Cúmulo de Virgo formando un filamento de unos 40 millones de años luz de longitud. Este filamento comprende a su vez varios subgrupos, siendo NGC 5248 el principal componente del grupo que lleva su nombre. Las otras galaxias que se encuentran formando parte del mismo son UGC 8575 y UGC 8614, cuya magnitud, aunque débil, las pone al alcance de telescopios de apertura media.

Esta galaxia posee un tamaño comparable al de la Vía Láctea. Dos grandes brazos se arremolinan alrededor de su núcleo y, a medio camino, se difuminan conforme se alejan a la periferia. Sin embargo, NGC 5248 guarda un curiosa sorpresa, y es que presenta otros dos brazos muy cerca del núcleo, cuya longitud llega apenas a los 1.000 años luz del centro. El final de estos pequeños brazos internos se continúa con una región de intensa proliferación de estrellas, un brote estelar con forma de anillo. En esta zona se sitúan varios supercúmulos estelares, unas enormes y masivas estructuras repletas de jóvenes estrellas y que ya vimos al observar la galaxia NGC 1569.

Cuando observemos NGC 5248 al telescopio tenemos que tener en cuenta que presenta un brillo superficial bastante pobre, así que debemos elegir un cielo oscuro y un momento en el que se encuentre cercana al cénit. Inicialmente apreciaremos una mancha difusa y ovalada, de unos 6 minutos de arco de longitud y algo más de 4 de anchura, con un núcleo brillante que destaca sobre el resto. Con un poco de paciencia podremos ir exprimiendo los detalles de esta compañera celeste, apreciando con visión periférica la presencia de sus brazos principales, que se alejan del núcleo en sentidos opuestos. 

NGC 5248

Parejas en Sagitario (M21 y M20)

Hoy vamos a ver una interesante pareja de objetos. Hay quien podría pensar que M21, por el hecho de ser un cúmulo abierto del catálogo Messier, carece de un interés especial, pero la cosa cambia cuando observamos el panorama a bajo aumento, pues entonces comparte campo con una maravilla celeste, la Nebulosa Trífida, mostrando una estampa digna de dejarnos tras el ocular durante largo rato.

Messier 21, también conocido como NGC 6531, es un cúmulo abierto que fue descubierto por Charles Messier en 1764, a la par que otros muchos objetos que pueblan esta zona del centro galáctico. Se encuentra a unos 4.250 años luz de distancia, formando parte de la asociación Sagitarius OB1. Esta asociación es una familia de estrellas y gas entre cuyos componentes se encuentra la Nebulosa de la Laguna (M8) y Mu Sagittarii, una supergigante blanca con un radio 115 veces mayor que el de nuestro Sol. Las estrellas de M21 son bastante jóvenes, habiéndose estimado que ninguna de ellas llega a alcanzar los 5 millones de años.

La magnitud de este cúmulo es de 6.5 y, por tanto, sería observable a simple vista bajo condiciones idóneas. Los prismáticos más pequeños ya lo muestran sin problema como una pequeña mancha blanquecina, muy cerca de M8 y M20. Un telescopio nos mostrará los 57 componentes que, se cree, pertenecen al cúmulo. Se encuentran dispersos por un área de 17 minutos de diámetro, encontrándose más concentrados en torno a la región central. No hay rastro de nebulosidad, que ya se ha dispersado tras la formación de las estrellas, pero tampoco se aprecian astros rojizos, ya que no han tenido tiempo de formarse aún. Como comentábamos al principio, a aumentos medios no deja de ser un cúmulo abierto relativamente normal, agradable de ver pero sin nada que lo destaque de otros muchos. Sin embargo, si observamos desde un cielo oscuro y usamos oculares de gran campo podremos deleitarnos con la presencia concomitante de M20, que muestra a la perfección sus oscuros filamentos. M20 se encuentra algo más lejos, a unos 5.500 años luz de distancia, y es la oportunidad ideal para contemplar dos grupos de estrellas en distintas etapas de su evolución. Las estrellas de M20 todavía se encuentran envueltas en una densa nube de hidrógeno, mientras que las de M21, despojadas de todo rastro de gas, se irán dispersando poco a poco y perdiendo su atracción gravitatoria.

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