Al borde de Virgo (M85 y NGC 4394)

En Virgo hay varias galaxias que están al alcance de unos buenos prismáticos bajo cielos oscuros, y M85 es una de ellas:

También conocida como NGC 4382, M85 es una galaxia lenticular, aunque algunos estudios recientes parecen identificarla como una elíptica. Ya sabemos lo difícil que puede ser en ocasiones esta distinción, pues los dos tipos de galaxia, dependiendo de la orientación, pueden adoptar la misma forma redondeada u ovalada. M85 fue descubierta por Pierre Méchain en 1781, y es una de las galaxias más septentrionales del Cúmulo de Virgo, al cual pertenece. Presenta poco hidrógeno neutro, lo cual, añadido a varios detalles de su estructura interna, hace pensar que sufrió una colisión con otra galaxia hace entre 4.000 y 7.000 millones de años, cuando nuestro Sol ni siquiera había nacido.

Cerca de M85 podemos observar una pequeña galaxia que está interactuando con ella, NGC 4394. Fue descubierta por William Herschel tres años después que Méchain encontrara a M85. Es una espiral difusa con una prominente barra central que tiene magnitud 11 y  3 minutos de diámetro, lo cual corresponde a unos 40.000 años luz a la distancia a la que se encuentra. Es una galaxia de tipo LINER (Low-ionization nuclear emission-line region), un tipo de galaxias que emiten radiación desde sus regiones más centrales: su causa puede ser la presencia de un agujero negro supermasivo de 100 millones de masas solares o, por otro lado, la emisión producida por una gran cantidad de estrellas jóvenes. Otra galaxia más pequeña está también interactuando con M85, una elíptica enana que se denomina MCG 3-32-38. En 2006 apareció un objeto de aspecto estelar y magnitud 13 en el disco de M85, con un comportamiento que no correspondía con el de las supernovas. Tras un período de observación se llegó a la conclusión de que se debía a la colisión entre dos estrellas de baja masa, un fenómeno poco frecuente que se conoce como “novas rojas luminosas”.

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Rondando la décima magnitud, podemos encontrar sin problema a M85 saltando de galaxia en galaxia. Presenta un aspecto alargado de unos 5 minutos de arco de diámetro mayor, con un núcleo brillante y redondeado que se va difuminando hacia la periferia. Los bordes no son definidos, y un pequeño punto aparece inmerso en su disco, como si fuera una supernova: en realidad es una estrella impostora, un miembro de nuestra propia Vía Láctea que se hace pasar por un viajero lejano. A su lado podemos ver sin dificultad otra nubecilla redondeada que se corresponde con NGC 4394. Presenta un núcleo brillante y puntiforme, y con visión lateral destaca una delicada barra que atraviesa su superficie de lado a lado.

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El misterioso caso de Japeto

Esta entrada no es el registro de una observación sino algo que me ha sorprendido conocer, una muestra de la genialidad que pueden padecer algunas personas y que me gustaría compartir, así como un reto observacional de cara a los siguientes meses. Vamos a situarnos en el siglo XVII, una época importante para la astronomía, ya que en 1609 Galileo realizaba las primeras observaciones con un telescopio. A finales de siglo, Giovanni Cassini apuntó su rudimentario telescopio hacia Saturno y describió, entre otras cosas, la presencia de una luna que sólo era visible cuando se encontraba al oeste del planeta. Al cruzar al otro lado desaparecía por completo durante más de un mes, para reaparecer al otro lado con renovado brillo. Unos años después, con un telescopio algo más sofisticado, se dio cuenta de que el satélite no desaparecía sino que disminuía su brillo considerablemente. Con solo esta información Cassini hizo dos deducciones increíbles:

-Dicha luna se encontraba anclada gravitacionalmente a Saturno, de manera que siempre mostraba la misma cara al planeta (como ocurre con la Luna y la Tierra).

-La diferencia de brillo del satélite se debía a que la mitad de su superficie presentaba una tonalidad oscura que contrastaba con el brillo de la otra mitad.

Tres siglos después la sonda Cassini nos enviaba estas imágenes:

Giovanni Cassini, con un rudimentario telescopio, dedujo características de un lejano y pequeño mundo que se situaba a millones de kilómetros de distancia. Hoy la causa de esa coloración no está clara, aunque todo parece apuntar a que la luna Febe tiene gran parte de la culpa, probablemente por una transferencia del polvo de su superficie. Esta teoría se vio reforzada, en 2009, con el descubrimiento de un enorme anillo que rodeaba a Saturno a gran distancia, siguiendo la órbita de Febe, tan sólo visible en el rango infrarrojo del espectro. Este anillo podría estar formado por polvo proveniente de la luna Febe y sería una explicación para el tinte oscuro de Japeto. La siguiente imagen es una recreación del anillo descubierto, donde se puede comparar con el “pequeño” tamaño relativo del planeta:

Como curiosidad de Japeto cabe resaltar una curiosa formación sobreelevada que rodea su ecuador como un enorme cinturón, con una media de 13 kilómetros de altura (en algunos puntos alcanza los 20 km) y que otorga al satélite un aspecto de nuez pedregosa. Su origen es incierto también, aunque podría deberse a una colisión que habría generado una nube de material orbitando en torno a la luna: posteriormente habría precipitado sobre su superficie formando esta peculiar cordillera.

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Ya sólo nos queda observar este interesante satélite e intentar averiguar cuál es el hemisferio que podemos ver desde nuestro planeta. Se encuentra al este de Saturno, así que deberíamos verlo próximo a la magnitud 12, pasando al otro lado del planeta dentro de un mes, y entonces su brillo aumentará hasta alcanzar la magnitud 10.2… ¿Somos capaces de simular la hazaña de Cassini?