Nueva visita a NGC 7009

Las noches que podemos disfrutar de los lugares más oscuros son perfectas para descubrir nuevos objetos, nuevos mundos, aunque haremos bien en volver a observar aquellos que ya conocemos en busca de otros detalles. Este verano, después de observar algunas nuevas galaxias desde Postero Alto, decidí hacer una nueva visita a una vieja amiga: NGC 7009, más conocida como la Nebulosa Saturno. En esta entrada podéis leer el informe que escribí sobre ella hace ya dos años, con un dibujo que mostraba sus dos características “antenas” que le otorgan su gran parecido con el planeta anillado. No obstante, tenía la sensación de que podía exprimirlo aún más, y por eso decidí dedicarle el tiempo necesario bajo los cielos de la sierra.ngc7009_nasa_esa_hubble

NGC 7009 fue descubierta en 1782 por William Herschel con un telescopio reflector de 30 cm de  apertura, convirtiéndose así en el primer objeto descubierto con un instrumento distinto a un refractor. Herschel fue, además, quien comparó la estructura de la nebulosa con un planeta, de donde procede el nombre actual de “nebulosa planetaria”. Sin embargo, no fue hasta 1849 cuando Lord Rosse distinguió sus protuberancias y acuñó el nombre con el que se la conoce hoy en día. Las dos asas características son objetos conocidos como FLIERs, material que ha sido expulsado de la estrella central en forma de jets que estimulan el entorno y emiten una gran cantidad de radiación. Uno de los jets es fácilmente visible brillando como una débil estrella en una de las asas de la nebulosa, siendo el opuesto invisible a aperturas medias. El anillo central es fácilmente reconocible con visión lateral, formando un óvalo de brillo superior al halo, ligeramente más destacado que el de NGC 7662. La estrella central, de magnitud 13, no se encuentra lo suficientemente contrastada como para apreciarla con facilidad: en mi caso no conseguí verla, probablemente porque la nebulosa, de magnitud 8.5, eclipsa el brillo de la pequeña enana blanca. Otra sorpresa me deparó la oscura noche tras muchos minutos de observación: en fotografías de larga exposición puede apreciarse un brillante nódulo que forma parte de una especie de anillo más tenue que se dispone de manera perpendicular al otro anillo.  Pues bien, tras un tiempo ese nódulo se dejaba entrever poco a poco, y otro más débil hacia su aparición al otro lado, contribuyendo a la sensación de estar percibiendo dos anillos entrelazados. Terminé la observación de la nebulosa con la sensación de haber contemplado otro objeto bien distinto al de la otra vez, mucho más completo y detallado. No debemos perder la oportunidad de buscar más allá de lo que ya conocemos…

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El concentrado M75

No todos los objetos del catálogo Messier son cercanos y brillantes, (sin tener en cuenta, por supuesto, las distantes galaxias que lo componen): algunos, como el globular M54, se encuentran a más de 80.000 años luz de distancia. El objeto que nos ocupa hoy es el segundo cúmulo globular más lejano de la lista, así como el más concentrado de todos ellos. Se trata de M75, y usaremos la siguiente imagen del telescopio Hubble como carta de presentación:

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M75, también conocido como NGC 6864, fue descubierto por Pierre Méchain en 1780. William Herschel lo observó en 1799: aunque no consiguió resolver sus estrellas, lo describió como un cúmulo globular por su aspecto característico (unos años después pudo, por fin, confirmar su sospecha). M75 pertenece a la categoría I de la clasificación de Shapley-Sawyer, lo cual le otorga el privilegio de ser el globular de la lista de objetos Messier con una concentración más marcada en el núcleo, de manera que tenemos un importante gradiente del centro a la periferia. Su distancia se estima en unos 65.700 años luz, muy por detrás del núcleo de nuestra galaxia. Por suerte, la zona en que se encuentra no es tan rica en estrellas como ocurre en otras regiones veraniegas, un impedimento menos a la hora de observarlo a través de la distancia. Es un globular grande, con un diámetro de unos 150 años luz, que equivalen a unos 6.8 minutos de diámetro aparente.

A pesar de la distancia, M75 es relativamente brillante, con una magnitud de 8.5, visible incluso con prismáticos como una pequeña estrella levemente desenfocada. Al telescopio la vista es tremendamente sugerente, si bien no contemplaremos una enorme esfera plagada de soles: se encuentra tan lejos que no será tarea fácil resolverlo. A elevados aumentos aparece como una nubecilla redondeada, de unos 5 minutos de arco de diámetro, en la que podemos distinguir tres zonas de distinto brillo. El núcleo, el lugar más destacado de M75, es pequeño y muy brillante, mostrándose con una estructura estrellada. Justo alrededor se dispone un segundo nivel algo más débil que da paso a la periferia, una corona tenue cuyos bordes se pierden en el cielo. Es en estos dos últimos estratos donde se pueden adivinar múltiples estrellas tímidas que luchan desde la lejanía, tratando de hacerse ver. Dos o tres de ellas se muestran sin ninguna vergüenza, pero el resto se agolpan entre sí dejando entrever un delicado aspecto granujiento.

M75

Misma familia, padres diferentes (Abell 64 y Abell 72)

El cielo de verano nos ofrece un sinnúmero de oportunidades para observar objetos peculiares, y por eso quiero mostraros a esta pareja de miembros de la familia Abell, el catálogo de nebulosas planetarias que elaboró George Abell en la década de los 60. La primera de ellas se llama Abell 72 y es una bonita y débil nebulosa planetaria que se encuentra en la constelación del Delfín. No he encontrado ninguna información e la red acerca de sus características o su distancia, y eso fue una de las cosas que me animó a observarla cuando tuve la oportunidad este verano.

Tiene un tamaño considerable, con un diámetro de unos 2 minutos de arco, y presenta una forma ovalada repleta de arcos de diferentes densidades que le dan un aspecto filamentoso. Visualmente, no obstante, tendremos que contentarnos con distinguirla del fondo del cielo. A 115 aumentos ni siquiera podía apreciar un fantasmagórico resplandor, algo que cambió mágicamente cuando usé el filtro OIII. Entonces la nebulosa apareció entre un grupito de estrellas, bastante débil pero fácil de ver con visión periférica. Una brillante estrella de magnitud 8 relucía en uno de sus bordes, como si fuera un rubí engarzado en una distante geoda.

Abell 72

A continuación le toca el turno a otro objeto del catálogo Abell, un objeto que, contra todo pronóstico, no es una nebulosa planetaria. Su historia se remonta a 1965, cuando Zwicky y su equipo la incluyen en el CGCG (catálogo general de cúmulos de galaxias). Posteriormente fue observada por George Abell: no había datos sobre su desplazamiento al rojo, así que el astrónomo la consideró una nebulosa planetaria y la incluyó en su famoso catálogo. No fue hasta 1996 cuando se obtuvieron datos del objeto que mostraban su desplazamiento al rojo y lo situaban a una distancia insospechada: ¡a 127 millones de años luz! Abell 64 se convirtió, de la noche a la mañana, en una lejana galaxia que había engañado a numerosos astrónomos. Situada en la constelación del Águila, ronda la quinceava magnitud, aunque presenta un brillo superficial relativamente elevado que nos permitirá verla sin gran dificultad, siempre y cuando observemos desde cielos lo suficientemente oscuros. Se encuentra en un campo lleno de estrellas, como corresponde a esta área del cielo inmersa en la Vía Láctea. La galaxia se aprecia, con visión lateral, como una pequeña mancha alargada que apenas llega al minuto de arco de longitud. Por momentos desaparece de la vista, mientras los ojos luchan por recomponerse del esfuerzo, para luego volver a hacer acto de presencia de una manera extraordinariamente tímida: no olvidemos que se encuentra a 127 millones de años luz…

Abell 64

La galaxia del cisne (NGC 7013)

Sabemos ya que cada constelación tiene sus objetos más “típicos”, pero luego podemos encontrar algunas sorpresas más alternativas que nunca esperaríamos encontrar en ese lugar. Las galaxias nos rodean por todos lados, en casi cualquier rincón del cielo que miremos con un telescopio lo suficientemente grande podríamos encontrar, al menos, un universo-isla. Son las estrellas y el polvo de nuestra galaxia los responsables de ocultar gran parte de ellas, interponiéndose como ocurre en las constelaciones de Sagitario, Casiopea o, en el que caso que nos ocupa hoy, el Cisne.

NGC 7013 es una galaxia que se deja ver tímidamente entre la inmensa cantidad de gas y polvo de la Vía Láctea, y lo hace con relativa facilidad a pesar de los impedimentos. Se encuentra situada a unos considerables 40 millones de años luz de distancia, muy cerca en el firmamento de la estrella zeta Cygni, que marca el final de una de las alas del ave. La galaxia podría pasar por una lenticular, aunque la mayoría de autores apuntan más hacia una espiral evolucionada. La causa de esta diversidad de opiniones radica en que sus brazos espirales no se encuentran bien definidos, debido principalmente a una baja densidad de estrellas (podríamos catalogar a NGC 7013 como una galaxia anémica). Presenta dos anillos más brillantes en sus regiones centrales, y es en ellos donde se engloba la mayor parte del hidrógeno neutro capaz de formar nuevas estrellas. Su diámetro se estima en unos 50.000 años luz, presentando una emisión electromagnética en su región central característica que la clasifica como una galaxia LINER  (low-ionization nuclear emission-line region). Estas galaxias tienen en su  centro agujeros negros  supermasivos que calientan el gas que los circunda, emitiendo esta particular energía (podríamos decir que son una versión menos intensa de las galaxias Seyfert).

Con una magnitud de 12, NGC 7013 fue descubierta por William Herschel en 1784. Cuando la observé con mi Dobson de 30 cm quedé gratamente sorprendido. En un primer momento, a bajo aumento ya pude apreciarla mientras movía el tubo como una mancha fantasmal y difusa, situada muy cerca de una estrella relativamente brillante. Poco a poco, la mancha fue perfilando una forma alargada, que alcanzaba en su eje mayor algo más de 3 minutos da arco. Decidí usar el ocular Cronus de 7 mm,, con 214 aumentos, y una buena dosis de paciencia, tras la cual pude sacar algo más de jugo a la galaxia. El centro era aparentemente estelar y brillante, rodeado de un destacado bulbo luminoso con forma ovalada que contrastaba de manera importante con el resto de la galaxia, un halo que se extendía fantasmagóricamente como si fuera una versión en miniatura de M31. Un buen número de estrellas la acompañaban en cortejo, envidiosas seguramente porque, a pesar de la distancia, la lejana galaxia se colaba entre ellas para llegar a nuestros ojos.

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El anciano NGC 6558

Las estrellas del bulbo de nuestra galaxia (la zona más interna) no son las mismas que se formaron al comienzo de los tiempos, sino que provienen de generaciones más jóvenes que se han formado a partir del material que sus predecesoras han esparcido por el espacio interestelar. Este dato podemos corroborarlo estudiando la metalicidad de las estrellas, es decir,  la proporción de elementos pesados que forman parte de su composición. Como ya sabemos, cuando una estrella muere expulsa sus elementos hacia el exterior, elementos que luego son usados para formar nuevas estrellas: por tanto, estas nuevas estrellas tendrán entre su composición elementos más pesados de lo habitual, lo que conocemos como una alta metalicidad. Las más antiguas, sin embargo, se formaron con poco más que hidrógeno y helio, pues el espacio interestelar todavía no estaba “sembrado” de elementos pesados, por lo que su metalicidad será mucho menor.

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La metalicidad nos puede dar nociones, por tanto, de la edad de una estrella y de su procedencia. Los cúmulos globulares que están en el bulbo suelen tener una metalicidad relativamente alta, ya que se han “contaminado” con las estrellas de la zona. Sin embargo, NGC 6558 es uno de los globulares más cercanos al núcleo y uno de los de menor metalicidad, lo cual sólo podemos achacar a una avanzada edad. Además pertenece a los cúmulos que han sufrido un colapso de su núcleo (en esta entrada revisábamos este concepto), lo cual no hace más que confirmar su senectud. De hecho, tuvo que formarse a raíz de las primeras grandes nubes moleculares que poblaban la Vía Láctea primigenia, la época de en la que brillaron sus primeras estrellas. NGC 6558 fue descubierto por William Herschel en 1784 con un telescopio de 45 cm de apertura: este dato no debe desanimarnos, pues resulta bastante sencillo de observar incluso con pequeños instrumentos.

Se encuentra a 24.000 años luz, por debajo de la estrella gamma Sagittarii, muy cerca de NGC 6569, que ya vimos en esta entrada. NGC 6558 es un cúmulo de la onceava magnitud y un diámetro de unos 10 minutos de arco, aunque al telescopio nos parecerá más pequeño porque sus regiones más periféricas se pierden fácilmente en el cielo de fondo. A 214 aumentos aparece como una pequeña esfera con un destacado núcleo más brillante de unos dos minutos de arco de diámetro, claramente diferenciado de la periferia más débil. Tuve la suerte de observarlo bajo cielos de magnitud límite en torno a 6.5, gracias a lo cual pude apreciar una marcada ebullición de estrellas que se dejaban ver por toda su superficie, con un aspecto granujiento de lo más sugerente. En la zona periférica estas estrellas eran más patentes y brillantes, sobre todo tras varios minutos de adaptación y haciendo uso de la visión lateral.

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Dos por el precio de uno (NGC 6052)

La constelación de Hércules guarda un buen número de objetos interesantes para observar cuando estemos bajo las condiciones ideales. Este verano pude disfrutar de un peculiar y pequeño que se esconde junto a una de las piernas del héroe griego, cerca dela Corona Boreal.

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Descubierta en 1864 por Albert Marth, ha habido cierta confusión con NGC 6052, un objeto descrito por William Herschel casi un siglo antes cuyas coordenadas eran similares (fue catalogado entonces como NGC 6064), si bien hoy persiste cierta ambigüedad, por lo que no debemos extrañarnos si algún atlas lo describe como NGC 6064. Este objeto llamó la atención de Halton Arp, que lo describió como una galaxia irregular y la catalogó como Arp 209. Fue en la segunda mitad del siglo XX cuando se vio que NGC 6052 era en realidad el resultado de una colisión entre dos galaxias espirales de avanzada edad. Como consecuencia de este encuentro, los brazos han salido despedidos en todas direcciones, formando una maraña en la que es imposible encontrar orden alguno. Multitud de regiones HII, zonas brillantes y azuladas en la fotografía, se han formado a raíz de la interacción entre las grandes masas de gas que tenía cada galaxia, motivando una enorme oleada de formación estelar.

La distancia a estas galaxias se estima en unos 230 millones de años luz, así que no nos deberá extrañar que presenten una magnitud en torno a 14 y un tamaño aparente muy pequeño, que no llega a superar el minuto de arco. Por suerte, su brillo superficial es de 11.6, permitiendo su observación telescopios de 20 cm bajo cielos oscuros. Con mi Dobson de 30 cm pude encontrarla sin problemas y, a bajo aumento, se dejaba ver como una pequeña y tenue mancha. Es un objeto que necesita aumentos elevados, por lo que decidí probar con el ocular de 5 mm (300 aumentos), que no me defraudó en absoluto. Sin apenas perder brillo, NGC 6052 dejó de ser una mancha difusa para comenzar a perfilar una interesante silueta triangular. Levemente alargada, una prolongación perpendicular al eje principal era la responsable de esta forma, que en las fotografías de larga exposición corresponde a una de las zonas de mayor proliferación.

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Falsa identidad (NGC 6540)

Hoy vamos a ver un peculiar objeto que lleva arrastrando tras de sí la historia de una falsa identidad. Fue descubierto por Herschel en 1784, quien pensó que debía ser una nebulosa difusa. Fue conocido como NGC 6540 y poco después Collinder consideró que era más bien un cúmulo abierto, catalogándolo como Cr 364 (lo cierto es que este último, según podemos ver en fotografías, se acercó algo más a su verdadera naturaleza). Sin embargo, en la década de los 80 Djorgovski (nos sonará su nombre por el cúmulo Djorgovski 2) se interesa por este objeto, relacionándolo más bien con un cúmulo globular que con uno abierto. Lo incluye en su lista de globulares como Djorgovski 3 y poco después, en 1994, Bica lo analiza y confirma su naturaleza globular.

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NGC 6540 es un globular clasificado como “core-collapsed” o de núcleo colapsado, una de las fases avanzadas en la evolución de estos objetos. Con el paso de los años, las estrellas menos pesadas tienden a migrar del centro hacia el exterior, y esto, añadido a la pérdida progresiva de las estrellas más superficiales, produce un aumento de la densidad en el núcleo, que queda comprimido en un espacio relativamente pequeño. Curiosamente, posteriormente la gran densidad de estrellas que se produce en la región central lleva a una frecuente interacción entre ellas y una consecuente liberación de energía, motivando una re-expansión del cúmulo y el proceso vuelve a empezar. NGC 65440 está, por tanto, en la fase de post-colapso, con un núcleo pequeño y denso en el que podemos encontrar un buen número de estrellas azules (recordemos que las rezagadas azules, conocidas como blue stragglers, se producen tras la interacción entre dos estrellas cercanas que acaban exponiendo sus regiones más internas y, por tanto, más calientes y de color azulado).

NGC 6540 presenta una peculiar forma alargada de norte a sur, con dos agrupaciones de estrellas más llamativas en la periferia. Su estructura da a entender que ya ha vivido varios encuentros con el centro de nuestra galaxia, sufriendo las consecuencias de los tirones gravitacionales (en el momento actual se encuentra a tan solo 9.000 años luz del núcleo). NGC 6540 dista de nosotros entre 10.000 y 15.000 años luz, bastante poco si lo comparamos con la mayoría de globulares: sin embargo, su pequeño tamaño y un oscurecimiento de 0.7 magnitudes por el polvo galáctico hacen que pase relativamente desapercibido.

Con una magnitud aparente de 9.3, no es especialmente difícil de observar siempre y cuando estemos bajo un cielo oscuro, si bien presenta un brillo superficial bastante disminuido que puede complicarnos las cosas si usamos telescopios de baja apertura. Con mi Dobson de 30 cm me llevé una sorpresa al observar el poblado campo donde se encuentra NGC 6540. Destacaba en el centro un grupo de estrellas que adoptaban una posición arqueada, de unos 3 o 4 minutos de longitud, e instantáneamente pude apreciar que el centro del arco presentaba una cierta neblina a su alrededor. Tuve que confirmar que eso era realmente el cúmulo, y efectivamente pude comprobar que ese arco de estrellas es el mejor referente para encontrarlo. Es de entender que se haya confundido con una nebulosa o con un cúmulo abierto, porque se encuentra rodeado por un buen número de astros. Una decena de minúsculas y esquivas estrellas se dejaban ver en medio de la nube, dando a entender que en su interior había muchas, muchísimas más.

NGC 6540